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Intolerancia Religiosa entre los Protestantes

 

 

  Por: Héctor A. Delgado
   
 

Era voluntad divina al permitir en surgimiento de Estados Unidos como imperio que en el “siempre hubiera libertad para que las gentes pudieran adorarlo de acuerdo con los imperativos de su conciencia. Era su intención [la de Dios] que las instituciones civiles manifestaran con expansión y desarrollo la libertad que otorgan los atributos del evangelio”. Evidentemente el “Señor ha favorecido a los Estados Unidos más que a cualquier otra nación”.

Pero en la profecía se predice un cambio radical en su política de acción y en relación con los grandes principios de libertad civil y religiosa. Sólo en detrimento de estos nobles y grandes principios de libertad, puede resurgir el espíritu hostil e intolerante del pasado. Y en la opinión de Thomas Jefferson “el espíritu de los tiempos puede cambiar, cambiará. Nuestros gobernantes llegarán a ser corruptos, nuestro pueblo, descuidado, un solo fanático puede comenzar la persecución, y los mejores hombres ser sus víctimas”.[3] Pero, ¿será posible que EEUU cumpla las especificaciones de la profecía? ¿Es posible que la nación “que se jacta de la libertad” llegue a eliminarla algún día?[4] ¿No constituye esta declaración una interpretación extremista y desacertada de la Iglesia Adventista? Seguramente NO. En este capítulo daremos algunas pruebas solamente, que creemos son suficientes para demostrar que nuestro enfoque está basado en una interpretación fehaciente de la profecía bíblica y la historia pasada y presente. De manera que el futuro es comprensible. Bien se ha observado que, “los adventistas, tenemos más razones que nunca para confiar en las verdades en las que nos hemos encomendado”.[5] 

Una mirada al pasado

Lo que hemos dicho hasta ahora sobre las libertades civiles y religiosas en los Estados Unidos, no significa que desde sus mismos comienzos todo fue un paraíso en esta poderosa nación. “La persecución de los bautistas en el estado de Virginia hizo que el joven James Madison le escribiera a un amigo diciendo: ‘Ese principio diabólico de la persecución concebido por el infierno se propaga… y a su eterna infamia el clero puede suministrar su cuota de diablillos para tal empresa. Esto me fastidia más que ninguna otra cosa, cualquiera que sea… Me he peleado, y siendo amonestado fui abusado y ridiculizado durante mucho tiempo por esto, con tan poco éxito que se me acaba la paciencia  elemental. Por esto [te recomiendo] que tengas piedad de mí y ores para que la libertad de conciencia [reviva entre nosotros]’”. Esta fue la razón por la que los bautista de Virginia dijeron que si en la “Convención Constitucional de 1787 no se incluían una “Declaración de Derechos que protegiera la libertad religiosa”, ellos sencillamente “no apoyarían la ratificación”.

Cuando los bautistas de Danbury fueron objeto de persecución, Thomás Jefferson le escribió  una carta a la Asociación Bautista, diciendo: “Creyendo con ustedes que la religión es un asunto que está solamente entre el hombre y Dios, y que el hombre no debe dar cuentas a ningún otro por su fe o culto, y que los poderes legislativos del gobierno alcanzan sólo  a las acciones y no a las opiniones, contemplo con reverencia soberana ese acto de todo el pueblo americano que declaró que su legislatura  no debía ‘promulgar leyes con respecto al establecimiento de la religión o prohibir el libre ejercicio de ella, construyendo así una muralla de separación entre la Iglesia y el Estado’”.[6] Se entiende que el contexto histórico, más el sentido claro de estas palabras, reflejan muy bien “la intención original de la Primera Enmienda”. Es bueno saber que los fundadores de EEUU no estaban proponiendo la existencia de una nación sin religión y sin Dios (como en la Unión Soviética), pero sí, una “Constitución sin religión”. Y es que su interés era sencillamente separar la Iglesia y el Estado.

Los padres fundadores buscaban crear “una nación (por primera vez en la historia) sobre el principio de que los seres humanos tenían libertades dadas por Dios que ningún gobierno tenía derecho de infligir”. Se preguntarán, ¿por qué, entonces, la Constitución originalmente “no daba protección explícita a la más básica de todas las libertades: la libertad religiosa”? Sencillo, “la Constitución, tal y como fue escrita en 1787, específicamente no daba ninguna garantía de libertad religiosa ni a la separación entre la Iglesia y el Estado, porque esos principios ya eran inherentes en el mismo documento, no por lo que decía, sino por lo que no decía”. Al gobierno no había que prohibirle hacer “lo que nunca se le permitió hacer desde el principio”. En este contexto se recoge la declaración de Richard Spainght, delegado de Carolina del Norte en la convención de Filadelfia. “No se le da poder al gobierno para interferir con ella [la religión] en absoluto. Cualquier acto del Congreso relacionado con este asunto sería una usurpación”.

Es por esto que se nos dice que “inherentemente, la Constitución (incluso sin la Declaración de Derechos) promovía la separación entre la iglesia y el Estado… La naturaleza del documento en sí mismo da fe de la devoción de los autores por mantener al gobierno separado de la religión”. “Espero que el Congreso – escribió John Adams – nunca se entrometa con la religión más allá de hacer sus propias oraciones”. Y Thomas Jefferson dijo: “No se ha delegado ningún poder al gobierno general para prescribir ninguna ejercicio religioso, o para asumir autoridad en materia de religión”.

Pero los bautistas permanecían preocupados y no estaban en disposición de perder su libertad en materia de religión. “O bien la Constitución poseía una Declaración de Derechos para proteger la libertad religiosa, o ellos no apoyarían”. Entonces, Madison consintió. Cabe destacar que en esos días se avecinaban las elecciones del Congreso, y “los bautistas, que anteriormente apoyaban a Madison en forma entusiasta, estaban amenazando con respaldar para la banca a su contrincante, James Monroe, si él no apoyaba la Declaración de Derechos”. Es increíble, pero en aquellos días las presiones fueron ejercidas para garantizar la separación de la Iglesia y el Estado, y hoy, es ejercida para que se elimine esa barrera. ¡Cuan faltos de visión son los protestantes hoy! Y así nació la Primera Enmienda, “la piedra angular de la libertad religiosa”.

“Los norteamericanos, por lo tanto, pueden agradecer a los cristianos, en este caso a los bautistas, por la inclusión de los principios de separación entre la Iglesia y el Estado de la Primera Enmienda en la Declaración de Derechos”. En el próximo capítulo veremos como precisamente una facción poderosa de los bautistas, después de ser defensores de la libertad religiosa, han dejado solos a los adventistas es este terreno. ¡Cuánto cambian las cosas!

Rogelio Williams, quien llegó al Nuevo Mundo once años después de fundarse la primera colonia, y a quien se le atribuye haber sido la primera persona “del cristianismo moderno que estableció el gobierno civil de acuerdo con la doctrina de la libertad de conciencia, y la igualdad de opiniones ante la ley”, expresó: “El público o los magistrados pueden fallar en lo que atañe a lo que los hombres se deben unos a otros, pero cuando tratan de señalar a los hombres las obligaciones para con Dios, obran fuera de su lugar y no puede haber seguridad alguna, pues resulta claro que si el magistrado tiene tal facultad, bien puede decretar hoy una opinión y mañana otra contraria, tal como lo hicieron en Inglaterra varios reyes y reinas, y en la iglesia romana los papas y los concilios, a tal extremo que la religión se ha convertido en una completa confusión”.[7]

Esto se aprecia mejor cuando se entiende que en aquel tiempo la asistencia a los cultos de la iglesia era obligatoria. Como el resistió aquella ley y luchó incansablemente por la libertad religiosa, fue sentenciado al destierro de las colonias, pero él, para evitar ser arrestado se vio obligado a huir en medio de un crudo invierno y se refugió en las “selvas vírgenes”. Fue sostenido milagrosamente durante catorce semanas  – según su propio testimonio –  a pesar de carecer de pan y cama. El hueco de un árbol le sirvió de albergue y los cuervos, igual que al profeta Elías, lo alimentaron. Después de “varios meses de vida errante llegó al fin a orillas de la bahía de Narragansett, donde echó los cimientos del primer estado de los tiempos modernos que reconoció en el pleno sentido de la palabra los derechos de la libertad religiosa. El principio fundamental de la colonia de Rogelio Williams, era ‘que cada hombre debía tener libertad para adorar a Dios según el dictado de su propia conciencia’. Su pequeño estado, Rhode Island, vino a ser un lugar de refugio para los oprimidos, y siguió creciendo y prosperando hasta que su principio fundamental – la libertad civil y religiosa – llegó a ser la piedra angular de la república americana de los Estados Unidos”.[8]

Como se puede apreciar, muchos de los protestantes que llegaron al Nuevo Mundo huyendo de las persecuciones que sufrieron en Europa bajo el absolutismo papal, estaban infectados del mismo principio de intolerancia religiosa de las que habían sido víctimas. Pero en el Nuevo Mundo, esta grosera ideología sería puesta en jaque durante algún tiempo.  

Otros detalles históricos importantes

Para poder comprender mejor la historia de intolerancia religiosa de la que ha sido objeto el pueblo remanente de Dios, debemos considerar otros factores importantes. La persecución religiosa no es la obra exclusiva del romanismo, NO, la suya es sólo la puesta en práctica, en un contexto supuestamente cristiano, de una modalidad de gobierno que ha existido en épocas anteriores. La intolerancia y la persecución religiosa han encontrado cabida también en el protestantismo, pero nunca con la intensidad y extensión que en el catolicismo. “Es verdad, sin embargo, que en cuanto a la libertad religiosa la Reforma erigió una plataforma sobre la cual fue posible delinear un libertad más perfecta”.[9]

Debemos reconocer antes de continuar con nuestro análisis que la posición de Roma respecto a la persecución religiosa ha cambiado actualmente, pero sólo porque no tiene el poder para hacer lo contrario. ¿Cómo podría Roma papal en el contexto de los actuales derechos humanos ejercer el mismo poder despótico de antaño? Obviamente no puede, y tampoco otro poder, por lo menos en los países donde Estados Unidos ejerce influencia política e ideológica. Veamos ahora algunos detalles sobre la intolerancia religiosa en el contexto de la historia protestante.

Por ejemplo, Savonarola de Florencia (1452-1498), viendo la ciudad de San Marcos, hundida en la más vil inmoralidad se vio motivado a proclamar a Jesucristo como el rey de la nación y a impulsar una legislación moral. Cabe destacar que en aquel entonces la ciudad de San Marcos se encontraba en la cima de su fama como “asiento de la cultura”. Savonarola es reconocido como “el predicador más importante de la Edad Media y uno de los predicadores más notables de la justicia, desde los días de San Pablo”.[10] En su afán por transformar aquella sociedad, Savonarola razonó que si alguien desea un buen gobierno “deben devolverlo a Dios”. Se nos dice que la pena de muerte fue exigida por él para castigar “el incesto y el juego”; a los blasfemos debía “clavársele las lenguas a un pedazo de madera”. Exigió además una ley dominical, según la cual el comerciante que abriera un negocio el domingo fuera “arrastrado ante los magistrados” por haber profanado el “día del Señor”. Tres años y medio después, la dominación de Savonarola estaba hastiando a las personas, quienes comenzaron a ver lo que desde un principio no pudieron vislumbrar: “su libertad personal estaba siendo sacrificada a la conciencia de algún otro. Los reglamentos socavaban su estilo de vida acostumbrado”. Y así, el “yugo de ascetismo de Savonarola llegó a ser insoportable”.[11]

Es probable que lo que se quiera legislar al principio sea completamente razonable y que las circunstancia parezca exigirlo así, pero tarde o temprano la verdad de alguien (aún la de un demonio) se convertirá en la verdad obligatoria para todos, sin importan cuan disparatada sea. ¡Y por ley!

Otro caso fue el de Juan Calvino (1509-1564) en Ginebra, quien llegó a creer que el “cristianismo (como él lo entendió) tenía que reformar todo en la sociedad”. Las leyes relacionadas a los sermones dominicales no se hicieron esperar prohibiendo a los comerciantes tener sus negocios abiertos para que pudieran escuchar los sermones. Calvino y su “cuerpo gobernante” se reunían todos los jueves. Sus reglas fueron tan estrictas que Calvino se ganó el título de “el Papa de Ginebra”. Uno de los reglamentos estipulaba una prisión de tres días por reírse durante la celebración del culto.

Otros casos similares entre los protestantes tales como el de Oliver Cromwell (1599-1658), y el de los puritanos en Inglaterra, nos ayudan a entender que el experimento Iglesia-Estado constituye una bomba de tiempo con efectos devastadores. El mismo Cromwell fue uno de los que firmaron la ejecución de Carlos I, de cuyo absolutismo no quería saber, pero terminó siendo “casi tan absolutista” como él. En algún momento llegó a reconocer que en ocasiones, su “Asamblea de santos” era “demasiado precipitada y demasiado radical”. ¿Qué le parece?

Por su lado, los puritanos de la antigua Inglaterra creían que habían sido llamados por Dios “para crear una república de acuerdo con la voluntad de Dios”. Los puritanos recibieron su nombre a partir del deseo de purificar a Inglaterra del catolicismo. Consideraron a Inglaterra como el “lugar de residencia del Anticristo a través de la historia”, pero ahora se convertiría “en el origen de una Europa purificada, liberada de la encarnación romana del poder anticristiano”.[12] Pero muchos de los puritanos, aunque guiado por buenas intensiones procuraban “una unión de Cristo con el Estado, una teocracia”, que exigía un “magisterio cristiano para empuñar la espada temporal”.[13] Y en esto repetían el error de Roma. Ahora bien, lo que los puritanos deseaban para la antigua Inglaterra (crear una “Santa Mancomunidad de Naciones”), fue realizado en “la colonia americana de Virginia por Thomas Dale”.

Tanto los puritanos como los padres peregrinos llegaron al Nuevo Mundo huyendo de las “restricciones religiosas”. Los peregrinos se “separaron de la iglesia”, pero los “puritanos deseaban reformar la iglesia desde adentro”. Por esto, cuando algunas personas decidieron abandonar la doctrina ortodoxa de los puritanos, “los que la sostenían fueron corregidos rápidamente o expulsados de la colonia”. Así terminaron los puritanos siendo intolerante en el terreno de la religión, algo que ellos mismo habían sufrido en el Viejo Mundo. Persiguieron a otros cristianos usando la fuerza “para imponer sus dogmas. Como consecuencia, muchos de los habitantes de Nueva Inglaterra huyeron a regiones que más tarde llegaron a ser los Estados de Conecticut y Rhode Island”.[14] Se sabe que los Bautistas del Séptimo Día pudieron guardar el sábado por primera vez en Rhode Island. “El sábado pudo entrar en el Nuevo Mundo allí porque la colonia adoptó la libertad religiosa, una libertad que no se encontraba en la mayoría de las otras colonias”.[15]

Esta realidad histórica fue reconocida por Eugenio Ma. de Hostos al señalar que “cuando, a consecuencia de las persecuciones religiosas, emigraron de Inglaterra a Holanda y de Holanda al Nuevo Mundo, aquellas familias de puritanos que escogieron como asiento y asilo de su secta la roca eternamente memorable de Plimounth, en un rincón litoral de la América del Norte, la colonia libre que fundaron se constituyó sobre las bases recientes del progreso jurídico de su madre patria, y fue la primera sociedad que, aunque en pequeño, armonizó con los derechos del ciudadano los poderes del Estado colonial. Todavía, reaccionando contra la persecución de que había sido víctima en Europa, aquella sociedad colonial reservó al Estado un poder de perseguir a los disidentes de la creencia puritana, y negó al individuo el derecho de abrazar, declarar y profesar la creencia que le dictara su conciencia… Los anglicanos, por su parte, hacían en Virginia y en la colonia de Nueva Cork, lo que hacían en Massachussets los puritanos, y en medio de la libertad civil y de la organización perfectamente constitucional que daba vigorosa vida a aquellas colonias, el derecho de creer era sañudamente perseguido en todas partes, hasta que Lord Carteret en Nueva Jersey, Lord Liverpool en Maryland  y Penn en Pennsylvania, establecieron la libertad religiosa e imbuyeron en la ley y la costumbre la tolerancia mutua de los credos y los cultos”.[16]

Debemos recordar el papel protagónico de Rogelio Williams, que aunque no es mencionado por Hostos en su declaración anterior, ha dejado impresa su poderosa y huella en esta titánica batalla por la Libertad religiosa. Es interesante saber que el fundador de la colonia de Maryland (Caecilius Calvert) no fue protestante sino católico, y considerado como uno de los que “primero levantaron el estandarte de la libertad de cultos”. Caecilius era, sin lugar a dudas, un católico comprometido con el principio de la libertad religiosa. Meryland se convirtió en un centro de la iglesia Católica romana entre las primeras trece colonias de los Estados Unidos. 

La protesta de los príncipes cristianos en Alemania

Antes de continuar, haremos referencia a un hecho histórico de trascendental importancia para la causa de la Libertad Religiosa: La protesta de los príncipes cristianos de Alemania ante la dieta de Spirna, año 1529. Se reconoce que “el valor, la fe y la entereza de aquellos hombres de Dios, aseguraron para las edades futuras la libertad de pensamiento y la libertad de conciencia. Esta protesta dio a la iglesia reformada el nombre de protestante; y sus principios son ‘la verdadera esencia del protestantismo’”.[17] Aquella época era “para la causa de la Reforma un momento sombrío y amenazante”, por lo tanto, un momento concluyente para el futuro de la Reforma.

Para nuestro análisis del tema de la intolerancia religiosa, este hecho es determinante porque los principios implicados en la protesta de estos príncipes cristina “se opone a dos abusos del hombre en asuntos de fe: el primero es la intervención del magistrado civil, y el segundo la autoridad arbitraria de la iglesia. En lugar de estos dos abusos, el protestantismo sobrepone la autoridad de la conciencia a la del magistrado, y la de la Palabra de Dios a la de la iglesia visible. En primer lugar, niega la competencia del poder civil en asuntos de religión y dice con los profetas y apóstoles: 'Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres’. A la corona de Carlos V sobrepone la de Jesucristo. Es más: ‘sienta el principio de que toda enseñanza humana debe subordinarse a los oráculos de Dios’. Los protestantes afirmaron además el derecho que les asistía para expresar libremente sus convicciones tocantes a la verdad. Querían no solamente creer y obedecer, sino también enseñar lo que contienen las Santas Escrituras, y negaban el derecho del sacerdote o del magistrado para intervenir en asuntos de conciencia. La protesta de Spirna fue un solemne testimonio contra la intolerancia religiosa y una declaración en favor del derecho que asiste a todos los hombres para adorar a Dios según les dicte la conciencia”.[18]   

Conflicto mundial

Los aspectos más dramáticos de la profecía que implicará la participación de Estados Unidos se desarrollará al fin de los tiempos. Ya dijimos que aunque la profecía describe a esta potencia como una bestia con dos cuernos “semejantes a los de un cordero”, termina hablando “como dragón”. No es meramente que habla como un dragón es que habla “como la serpiente” (BJ). Pero no solamente “habla”, también actúa con presión devastadora sobre los “moradores de la tierra” (Apoc. 13:12). Para forzar el cumplimiento de sus ordenanzas se vale de acciones engañosas que procuran demostrar que el favor divino le acompaña: “hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió” (vers. 13,14).

Sólo una nación, en el tiempo que nos separa del fin, puede hacer esto en todo el mundo, y es EEUU. Esta nación posee el poder y el liderazgo mundial para que las demás naciones le secunden en sus decisiones, además es predominantemente religiosa. Y si algunos piensan que aún no posee semejante poder, la profecía revela que en algún momento lo tendrá en forma completa. Además, el mundo entero será lanzado a esta odisea absolutista globalizada, impulsados por las tres grandes potencias que actúan en la tierra actualmente: el dragón, la bestia que sube del mar y la que surge de la tierra. La crisis final será originada por la cosmovisión católica/protestante: “Las persecuciones que sufrieron los protestantes de parte del romanismo, y por las cuales la religión de Jesucristo casi llegó a ser aniquilada, serán sobrepasadas cuando se unan el protestantismo y el papado”.[19] Se nos ha dicho más: “Cuando las iglesias principales de los Estados Unidos, uniéndose en puntos comunes de doctrina, influyan sobre el estado para que imponga los decretos y las instituciones de ellas, entonces la América protestante habrá formado una imagen de la jerarquía romana, y la inflicción de pena civiles contra los disidentes será el resultado inevitable.

“Las Escrituras enseñan que el papado reconquistará su perdida supremacía, y que volverán a encenderse los fuegos de la persecución mediante las concesiones contemporizadoras del así llamado mundo protestante. En este tiempo de peligro podremos resistir únicamente en la medida en que tengamos la verdad y el poder de Dios”.[20]

Con declaraciones tan claras como estas quién puede confundirse, y con tendencias tan profundas y evidentes como la que vemos ante nosotros en Norteamérica, cómo podemos ser incrédulo a la voz profética. Note por ejemplo las implicaciones de esta declaración de Robert Grand, presidente de la organización La Voz Cristiana: “Si los cristianos nos uniéramos, podríamos hacer cualquier cosa. Podríamos aprobar cualquier ley o enmienda. Y esto es lo que intentamos hacer”.[21] No es esto lo que vemos, y no es esto precisamente lo que hemos venido diciendo que ocurrirá. El que se niega a ver esto, no es más que un ciego por voluntad propia.

Pat Roberson dijo en cierta ocasión: “La primera obligación de un ciudadano del orden mundial de Dios es consigo mismo. ‘Acuérdate del día de reposo para santificarlo’ es un mandamiento para el beneficio personal de todos los ciudadanos […]. Las grandes civilizaciones surgen cuando los ciudadanos pueden descansar, pensar y obtener la inspiración de Dios. Las leyes norteamericanas que promueven un día de descanso [el domingo] han sido anuladas como una violación del precepto que habla de la separación entre la iglesia y el estado […] Al aceptar únicamente las leyes que tienen propósito claramente secular, se blasfema abiertamente contra Dios y su propósito”.[22] Una vez más se hace claro hacia donde se dirige todo este asunto. El domingo como día de reposo es parte del plan de este movimiento religioso que no se detendrá hasta lograr imponerlo por ley a todos los ciudadanos de la nación, y así sobre todos los habitantes del mundo: “Engaña a los habitantes de la tierra, y les manda que hagan una imagen de la bestia que tuvo la herida de espada y vivió […]Y ordenaba que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se les ponga una marca en la mano derecha o en la frente. Y que ninguno pueda comprar ni vender, sino el que tenga la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre” (Apoc. 13:14,16,17).  

Cuando la Biblia nos dice que la bestia que surge de la tierra “habla” y luego “hace” o presiona a los moradores de la tierra, nos está señalando un hecho importante. Las naciones hablan por medio de sus leyes y luego espera que los ciudadanos cumplan dichas leyes. En caso de resistencia, se usa cualquier recurso que sea necesario para hacer cumplir la ley. Si el acto de “hablar” tiene que ver con la promulgación de las leyes que rigen a una nación, el hecho de que EEUU, en algún momento “hable como dragón”, implica que dictará alguna ley injusta y contraria a la ley de Dios y los dictados de la consciencia de los seres humanos. Naturalmente, para llegar a este punto, esta nación tendrá que pasar por una extraña metamorfosis. ¡Y esa transformación está sucediendo delante de nuestros ojos!

¿Pueden los Estados Unidos de Norteamérica dar un giro tan dramático en sus principios de libertad? Claro que puede, es lo que la Biblia dice que hará, y las evidencias históricas no ayudan a entender que el peligro de una vuelta al pasado, con su intolerancia religiosa, no sólo constituye una probabilidad, sino que es casi un hecho en esta nación. Además, observamos las tendencias actuales que el mundo religioso está revelando, algo que veremos en la próxima sección. 

Penas capitales

El texto inspirado nos advierte que no sólo se legislará contra la libertad de conciencia, sino que se apelará al brazo de la ley para hacer cumplir esta legislación por medio de las penas más severas: “Se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase. Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente;  y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre” (Apoc. 13:15-17). La presión será gradual, como nos enseñan las políticas de embargo de la actualidad. Primero se presionara por medio del comercio (se prohíbe toda transacción comercial), luego, al no obtener los resultados esperados, se acude al último recurso: ¡la muerte! Es como para que nadie exprese: “No tuvimos oportunidad de elegir”.  Parece ser, que la modalidad de principios democráticos que existirá en este tiempo no verá contradicción alguna con semejante legislación. Personalmente no creo que para que esta profecía alcance pleno cumplimiento tenga que abandonarse todo principio de democracia necesariamente, pues la profecía misma deja entrever el método “democrático” por medio del cual se procura obtener lo deseado: “engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer” (vers. 14). “Engañar” es lo mismo que falsear, tergiversar, adulterar. Involucra además la idea de “calumniar” y “exagerar”.  Por lo tanto, las señales que hace (desciende fuego del cielo) constituyen el medio para persuadir a los “moradores de la tierra” para que crean, que la decisión que se toma, es la única que resuelve la crisis nacional.

Hacemos bien en recordar que la antigua Grecia experimentó una especie de democracia representativa, pero al mismo tiempo legislaba la religión haciéndola obligatoria so pena de muerte a todos los ciudadanos. Así mismo, el Senado romano fue secuestrado por los intereses ideológicos de Cesar. Elena de White nos ha dicho algo que debemos considera detenidamente: “La corrupción política está destruyendo el amor a la justicia y el respeto a la verdad; y hasta en los Estados Unidos de la libre América, se verá a los representantes del pueblo y a los legisladores tratar de asegurarse el favor público doblegándose a las exigencias populares por una ley que imponga la observancia [de una ley religiosa]… La libertad de conciencia que tantos sacrificios ha costado no será ya respetada”.[23]

Aquí se puede apreciar que el último conflicto con las potestades de las tinieblas no viene porque se produce necesariamente un cambio en las actuales estructuras de poder, sino porque esas estructuras se corromperán. La “corrupción política” constituye el fundamento mismo de los regímenes de gobiernos de la actualidad. Esto se puede ver en los escándalos de corrupción administrativa cada vez más groseros y frecuentes. Además, las mismas elecciones de los actuales países se tornan cada vez más agresivas y reñidas, producto de las amañadas maniobras de los políticos. El mismo empobrecimiento acelerado de las masas, constituye en sí mimo la mayor evidencia de que la “corrupción política está destruyendo el amor a la justicia y el respeto a la verdad”. Y “hasta en los Estados Unidos de la libre América se verá a los representantes del pueblo y a los legisladores tratar de asegurarse el favor público doblegándose a las exigencias populares”. Esto revela que una extraña forma de gobierno republicano será ejercida en este tiempo. Del pueblo (manipulado por sus líderes religiosos) saldrá el pedido (“exigencias populares”) de una legislación que destruya “la libertad de conciencia que tanto sacrificios ha costado”. Será la más extraña forma de republicanismo absolutista.  

Dios librará a sus hijos

Se recordará que en nuestro estudio sobre la matanza de los esclavos hebreos, en el capítulo 3, el pueblo estuvo involucrado (Éxo. 1:22). Pero Dios intervino a favor de sus elegidos liberándolo milagrosamente. Es instructivo recordar que esta actitud intolerante de Faraón contra los indefensos hebreos condujo a la poderosa nación egipcia a la ruina total bajo los juicios de Dios, manifestados en las diez plagas (Éxo. 7:14 al cap. 11). Así mismo, se nos ha dicho que la decisión que tomará los Estados Unidos provocará su ruina nacional: “Cuando las iglesias protestantes se unan con el poder secular para sostener una falsa religión, a la cual se opusieron sus antepasados soportando la más terrible persecución…, Habrá una apostasía nacional, que determinará tan sólo la ruina nacional”.[24]

“Cuando el Estado haga uso de su poder para poner en vigor los decretos y sostener las instituciones de la iglesia, entonces la protestante Norteamérica habrá formado una imagen del papado y habrá una apostasía nacional que sólo concluirá en la ruina nacional”.[25] La ira de Dios caerá entonces sobre la tierra en forma de siete plagas que devastarán todo el planeta (Apoc. 16). Estos juicios fragmentará la triple unión poderes (Apoc. 16:19). Entonces, en un acto más extraordinario que el de la liberación de Egipto, Dios liberará a su pueblo remanente de las garras de los poderes hostiles del planeta. Habrá llegado a su fin la desesperante historia de intolerancia religiosa que vivió la raza humana por más de seis mil años.

Notas y Referencias:

[1] Elena de White ¡Maranata, el Señor Viene!, p. 192.
[2] ----------, Ibíd.
[3] Notes on Virginia, pregunta XVII, en The Works of Thomas Jefferson, ed. Ford., 1904-05, tomo IV, pp. 81,82.
[4] Elena de White ha dicho: “En nuestro país que se jacta de la libertad, se acabará la libertad religiosa” (El Evangelismo, p. 175).
[5] Clifford Goldstein, ¿Una Nación Bajo la Autoridad de Dios? (ACES, 2002), p. 6. A partir de ahora algunas ideas que aparecerán en nuestro comentario son tomadas de este libro. Recomendamos fervientemente su lectura.
[6] Derek H. Davis, “What Jefferson’s Metaphor Really Jeans”, Liberty, Enero-febrero de 1997, p. 17.
[7] Citado en White,  El Conflicto de los Siglos, p. 337. De hecho, aunque Williams había venido al Nuevo Mundo “como los primeros peregrinos”, para “disfrutar de libertad religiosa”, se diferenció de ellos en un detalle fundamental: “él vio lo que pocos de sus contemporáneos habían visto, a saber que esa libertad es derecho inalienable de todos, cualquiera que fuere su credo” (Ibíd., p. 338).
[8] ----------, Ibíd.
[9] V. Norskov Olsen, Supremacía Papal y Libertad Religiosa (APIA, 1992), p. 154.
[10] Philip Schaff, History of the Christian Church (Grand Rapids: Eeardmans, 1960), tomo V, pp. 685,686. Citado en Norman Gulley, ¡Cristo Viene! (ACES, 2003), p. 252.
[11] Gulley, Ibíd., p. 253.
[12] ---------, Ibíd., p. 255. Ver especialmente el capítulo 17.
[13] M. M. Knappen, Tudor Puritanism: A Chapter in the History of Idealism (Chicago: University Press, 1939), p. 401. Citado en Galley, Ibíd.
[14] Gulley, Ibíd., p. 256.
[15] -----------, Ibíd.
[16] Eugenio Ma. de Hostos, Lecciones de Derecho Constitucional (ONAP, Santo Domingo, 1982), pp. 123-135. Las adelantadas ideas de Hostos encontraron fuerte resistencia en Santo Domingo en la voz y la pluma del intelectual y político arzobispo Meriño. En este contexto fue que Hostos expresó las siguiente memorables declaraciones: “Tres evoluciones del Estado han correspondido en la historia a las tres fases que tiene ese primer derecho de la conciencia: la tolerancia religiosa, la libertad de cultos, [y] la separación de la iglesia y del Estado” (Ibíd., p. 154). Y esta última: “El Estado no tiene conciencia, por lo tato no puede tener religión”. El extinto Alfonso Lockwuard, relacionado las tres evoluciones del Estado de Hostos, nos dirá: “el país (Republica Dominicana) fue pasando, en términos constitucionales, del nivel de tolerancia hasta llegar a la libertad de cultos en que se encuentra hoy. También se verá que todavía el proceso de arribar al último estadio de este desarrollo dibujado por Hostos, esto es, la separación del la Iglesia y del Estado” (Intolerancia y Libertad de Cultos en santo Domingo, DELE, 1993, p. 110).
[17] White, Ibíd.,  p. 210.
[18] -----------, Ibíd., p. 217, las cursivas son nuestras.
[19] White, ¡Maranata, el Señor Viene!, p. 193.
[20] ----------, Ibíd.
[21] Citado en Mark Finley, La Próxima Súper Potencia Mundial (Gema Editores – APIA, 2006), p. 194.
[22] The New World Order [El Nuevo Orden Mundial], p. 236, Citado en Mark Finley, La Próxima Súper Potencia Mundial (Gema Editores – APIA, 2006), p. 194.
[23] White, Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, p. 651.
[24] -----------, Manuscrito 51, 1899.
[25] -----------,  Comentario Bíblico Adventista, tomo VII, p. 987.