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Elena G. de White fue la
más conocida de todos los adventistas del Séptimo Día,
no solamente porque fue dotada con el don de profecía,
sino por su marcada influencia en la formación de un
movimiento mundial dinámico. Durmió en Cristo el 16 de
julio de 1915, pero su fama sigue creciendo al pasar los
días.
Cuando era joven
adolescente participó en la proclamación Millerita de
1840. Igual que miles pasó por el chasco, pero su fe
nunca vaciló. Llegó a ser una de los 3 pioneros
originarios de la iglesia teniendo parte con el que
sería su esposo, Jaime White y José Bates en esparcir la
nueva luz sobre la purificación del santuario y el
sábado.
Poco después de su primera
visión, Elena Harmon fue instruida por el ángel del
Señor a escribir lo que se le había revelado. Dijo: "Temprano
en mis labores públicas, el Señor me ordenó, 'Escribe,
escribe las cosas que te he revelado'. En el tiempo en
que este mensaje vino a mí, no podía sostener mi mano
firme. Mi condición física hizo imposible que escribiera".
"Pero otra
vez vino la palabra del Señor: 'Escribe las cosas que te
son reveladas' ... Obedecí y como resultado no pasó
mucho tiempo antes que pudiera escribir página tras
página con relativa facilidad. ¿Quién me dijo lo que
debía escribir? ¿Quién aseguró mi mano derecha e hizo
posible que usara la pluma? Fue el Señor". Review and
Herald, junio 14 sw 1906. (Citado en Messenger to the
Remnant, pág. 109).
Su primera revelación
profética en diciembre de 1844 fue seguida por
aproximadamente otras 2000 en forma de sueños proféticos
de noche o visiones de día. La última visión mostrada,
trataba sobre el bienestar espiritual de los jóvenes; la
fecha, marzo 3 de 1915. Durante los setenta años de su
ministerio público entre 1844 y 1915 escribió
aproximadamente 25 millones de palabras o cien mil
páginas de material manuscrito. ¡Esto es una gran
cantidad de escritura!
Los consejos tempranos de
la Sra. White en el área de administración y
organización de la iglesia, en las ramas de Salud,
Evangelismo Médico, Educación y publicaciones son bien
conocidos. Sus muchos libros guardan estos mensajes para
las iglesias de hoy. Sus escritos no son anticuados,
sino que están al día. En algunas áreas de ciencia y
educación el mundo no ha aplicado todavía los principios
y filosofías enunciadas por la Sra. White. Donde sus
consejos han sido puestos en práctica, los resultados
han confirmado su origen divino.
El esposo de la señora
White murió el 6 de agosto de 1881. Por cerca de treinta
y cuatro años la señora White fue viuda. Trabajó dos
años en Europa, del verano de 1885 al verano de 1887.
Fue pionera en Australia de 1891 a 1900. Los once años
pasados en el servicio extranjero ponen de relieve el
carácter internacional de su ministerio. Fue
verdaderamente una mujer que perteneció al mundo, no
simplemente a un grupo provincial. Aunque era americana
comprendía que su misión era para la iglesia mundial.
El 13 de febrero de 1915,
se cayó en su casa en St. Helena y se quebró la cadera.
Murió el 16 de julio de l915. El funeral fue dirigido el
24 de julio de 1915 en Battle Creek. Fue enterrada en
Oak Hill Cementery al lado de su esposo y otros
parientes. Aunque está muerta, todavía nos habla en los
65 libros que ahora están disponibles en inglés y en
muchas traducciones extranjeras.
Ver:
Messenger to the Remanent, págs. 109-111;
Captains of the Host, por A. W. Spalding, págs.
58-76; Pioneers Stories
Retold, págs. 77-100; Footprints of the Pioneers, págs.
59-67.
Una Historia Acerca de Elena G. de White
La joven Elena Harmon (Más
tarde Elena G. de White) tuvo su primera visión
profética al mes siguiente de haber cumplido sus
diecisiete años y solamente dos meses después del chasco
de octubre de 1844. Debió haber sido una ocasión
conmovedora. Estaba arrodillada en oración con otras
cuatro amigas en la casa de su querida amiga, la señora
Hains, en el sur de Portland, Maine. Estas cinco
consagradas mujeres oraron con la esperanza de que su
Padre celestial les revelara la razón por la cual Jesús
no había venido como lo habían esperado en octubre 22.
Mientras oraban por entendimiento y dirección, la joven
Elena sintió el poder de Dios sobre ella como nunca lo
había sentido antes. Arthur W. Spalding dijo:
"En un
momento perdió de vista a los que la rodeaban, vio la
visión de Dios".
"Vio una
senda angosta y derecha que se perdía arriba sobre el
mundo, sobre la cual el pueblo de Dios viajaba a la
Ciudad Eterna del Más Allá. Detrás de ellos sobre la
senda brilló una luz resplandeciente, en la cual un
ángel le dijo que era el 'llanto de medianoche de 1844'.
El 22 de octubre de 1844 fue llamado el Día del Chasco,
pero en realidad fue el Día de Su Encuentro. Aquellos
viajeros sobre el sendero que mantuvieron sus ojos en
Jesús y caminaron en la luz que fue vertida sobre su
senda fueron con seguridad, pero los que desarrollaron
desánimo y cobardía perdieron el paso y cayeron. Pronto
escucharon la voz de Dios anunciando la Segunda Venida
de Jesús, y entonces vieron una pequeña nube negra
aumentando en tamaño y brillantez, hasta que el arco
iris del cielo reveló la venida del Hijo del Hombre en
Su gloria". Footprints of the Pioneers, págs. 65, 66.
Cuando Elena salió de esta
primera visión, sus amigos se sintieron aliviados pues
habían pensado que estaba muerta. No había aliento en
sus pulmones, sus ojos estaban abiertos pero no podía
ver nada. Unicamente con los ojos de su mente podía ver
las escenas de la visión. Dijo:
"Nunca
pensé que vendría al mundo otra vez. Cuando mi aliento
vino a mi cuerpo, no podía oír nada. Todo estaba oscuro.
La luz y la gloria sobre la que mis ojos han descansado,
ha ocultado la luz. Así fue por muchas horas. Entonces
gradualmente empecé a reconocer la luz y pregunté dónde
estaba.
"'Estás
aquí en mi casa', dijo la dueña de la casa. ¿Qué? ¿Aquí?
¿No sabes acerca de esto? entonces todo volvió a mí. ¿Es
este mi hogar? ¿He venido aquí otra vez? ¡Oh!, el peso y
la carga que vinieron a mi alma" MS 16, 1894; Messenger
to the Remanent, pág. 6.
Lloré
cuando me encontré aquí, y me sentí nostálgica.
Había
visto un mundo mejor, y él había dañado éste para mí.,
--Life Sketches, págs. 67, 68.
Esta es la preciosa luz
que la hermana White recibió en sus visiones y que vemos
reflejados en cada página de sus maravillosos libros. ¿Cuántos
de estos libros ha leído? ¿Puede nombrar cinco de sus
libros? |