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Cuando niño Guillermo
Miller vivió en una finca al este de Nueva York. A la
muerte de sus padres, heredó la finca. Cuando joven fue
un estudiante diligente, consiguiendo prestado libros y
leyendo siempre que tenía oportunidad. En la noche,
después que sus padres se retiraban, se levantaba en
silencio, tomaba un libro, se acostaba frente a la
chimenea y estudiaba. Una noche su padre lo sorprendió y
amenazó con pegarle si no descansaba y dejaba sus
hábitos ridículos de estudio.
Miller tenía una formación
religiosa sólida, pero se ató a la "multitud equivocada".
Sus amigos eran deístas. Esta gente puso a un lado la
Biblia y tenía ideas vagas acerca de Dios y su
personalidad.
Pero Miller fue siempre un
hombre de carácter moral elevado. Lo que no pudo
encontrar en la religión lo trató de obtener en
realización elevadas y patrióticas. Sirivió con
distinción a su patria como oficial en la guerra de
1812. Más tarde en su comunidad natal sirvió como juez
de paz.
Cuando Miller tenía
treinta y cuatro años, se sintió descontento con sus
perspectivas. El Espíritu Santo impresionó su corazón y
se volvió al estudio de la Palabra de Dios. En este
libro, Jesús le fue revelado como su Salvador. Encontró
en Cristo la respuesta a todas sus necesidades. Decidió
estudiar la Biblia cuidadosamente y establecer, si podía,
la respuesta a los muchos problemas que lo tenían
perplejo. Su estudio lo condujo a las grandes profecías
que indicaban la primera y la segunda venida de nuestro
Señor. Las profecías del tiempo le interesaban,
particularmente las de Daniel y Apocalipsis.
En el año 1818, como
resultado de su estudio de las profecías de Daniel 8 y
9, llegó a la conclusión de que Cristo vendría en algún
tiempo del año 1843 ó 1844. Vaciló hasta 1831 antes de
empezar a anunciar sus descubrimientos. Entonces la
suerte fue echada. Por su primer servicio público
podemos marcar los principios del movimiento adventista
en Norteamérica. En los meses y años que siguieron
aproximadamente 100,000 personas creyeron en la
inminente segunda venida de Cristo.
Miller vivió varios años
después del chasco de 1844. Murió en Jesucristo en 1849.
Cerca de su casa en Low Hampton hay una pequeña iglesia
que él construyó antes de morir. A pesar de su
incomprensión del evento que debía acontecer en 1844,
Dios lo usó para despertar al mundo en cuanto a la
proximidad del fin y a la preparación de pecadores para
el tiempo del juicio.
Descansa en el pequeño
cementerio de Low Hampton, Nueva York, esperando el
llamado del Dador de la vida.
Ver: Conflicto de los Siglos,
págs. 317-330; también Midnigth Cry.
págs. 17-60; Footprints of the Pioneers, págs.
18-27, y Captains of the Host, pág. 15-26.
Una Historia Acerca de Miller
En 1818 William Miller
llegó a la conclusión de que Cristo iba a regresar en
1843 ó 1844, pero vaciló en decirle a la gente porque
pensó: "soy solamente un agricultor y se burlarán de mí".
Así que estudió el asunto por quince años más. Un día,
el 2 de agosto de 1831 para ser exactos, le prometió al
Señor que si el camino se abría, iría. Arturo Spalding
relata cómo el Señor guió a su sobrino Irwing hacia su
casa, con la invitación que él había convenido. "¿Qué
quieres decir por el camino abierto?" "Que si alguien
viene, sin mi iniciativa, y me pide que salga y proclame
el mensaje, diría que el camino está abierto".
"Entonces Irving en la
puerta del frente, hablaba y daba el mensaje de su padre
de: Venir y hacerse cargo del servicio en la iglesia en
ausencia del predicador local. "Ven y enseña a nuestro
pueblo que el Señor viene. . . "
Guillermo Miller estaba
asombrado por este llamado repentino. No contestó una
palabra al niño, sino que dando vuelta, cruzó la puerta
de atrás, bajó la pequeña cuesta del lado oeste y subió
nuevamente al bosque de arce donde a menudo fue a orar.
A lo largo de todo el camino una voz susurraba en sus
oídos: "¡Ve y dilo! ¡Ve y dilo! ¡Ve y dilo al mundo!" En
su bosque de arce (aún erguido, con varios patriarcas
del tiempo y algunos árboles tiernos) cayó de rodillas y
gritó: "¡Señor, no puedo ir! ¡No puedo! Soy solamente un
agricultor, no un predicador; cómo puedo llevar un
mensaje como Noé?" Todo lo que pudo escuchar fue: "¿Romperás
una promesa tan pronto después de haberla Hecho? ¡Ve y
dilo al mundo!
"Al fin se rindió,
exclamando: "Señor no sé cómo puedo hacerlo, pero si tú
irás conmigo iré".
"Su carga fue quitada. Su
espíritu se elevó. Saltó, éste calmado y viejo
agricultor de edad madura, brincando de un lado a otro,
aplaudía y clamaba:, ¡Gloria, Aleluya!"
"Lucía, su hija más
pequeña, su casi constante compañera, lo siguió mientras
él se apresuraba por el sendero; y ahora parándose a su
lado, estaba atenta a su acción y su triunfo. Asombrada
por esa explosión que nunca antes había visto en su
padre, corrió de regreso a la casa gritando: "¡mamá,
mamá, ven rápido! Papá está en el bosque y se ha vuelto
loco!" Eso fue lo que el mundo dijo de él más tarde,
pero Lucía reconsideró su juicio y siguió sus enseñanzas
hasta el final de sus días". --Footprints of the
Pioneers, págs. 20-22.
Esta es la historia del
llamado de Miller a la predicación del segundo
advenimiento de nuestro Señor. ¡Qué poderoso predicador
era él también! Considerado, enérgico. Miles fueron
convertidos por su ministerio. Si esperamos que el Señor
nos ayude a estar listos para su venida y ayudar a otros
a estar listos, debemos estudiar la Biblia con ahínco y
ser tan fieles en nuestra obra como Miller lo fue en los
últimos años de 1830 y en los primeros de 1840. |