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Juan Norton Loughborough
llegó a ser un adventista guardador del Sábado como
resultado de las labores de J. N. Andrews. Comenzó a
predicar inmediatamente y fue ordenado al ministerio en
1854. Llegó a ser el primer misionero (en California
claro está) en el año de 1868. En 1878 fue enviado a
Europa. Fue presidente de la Asociación de Illinois. Por
seis años fue superintendente de los distritos de la
Asociación General formados por Asociaciones. Fue el
primer historiador de la denominación al escribir el
libro The Rise and Progress of Seventh-Day Adventists el
cual fue seguido por The Great Second Advent Movement.
Fue, además, autor de libros más pequeños. Loughborough
fue el primer hombre en recibir la ordenación en lo que
más tarde se conocería como Iglesia Adventista del
Séptimo Día. Esto sucedió cuando tenía 22 años de edad.
Al igual que la mayoría de
los primeros dirigentes adventistas, John Loughborough
tomó interés genuino en la obra de publicaciones. Un día
él y Jaime White estaban discutiendo sobre maneras para
hacer avanzar la obra del evangelio. Se sugirió que si
ofrecían libros a la gente, en público, en conexión con
los servicios de predicación, ésta estaría dispuesta a
comprarlos y pagar por ellos una suma pequeña,
preparando así el camino para producir más publicaciones.
El joven y alerta predicador dijo: "Voy a probar". Así,
en una de las reuniones se exhibieron folletos desde el
púlpito ofreciéndolos en venta. Al finalizar el sermón
muchas personas se adelantaron y los compraron. En esa
época se podía comprar una serie completa de toda la
literatura adventista publicada, incluyendo folletos y
un libro de tapas blancas, por 35 centavos. Hoy costaría
centenares de dólares comprar una copia de toda la
literatura adventista del séptimo día publicada en
muchos idiomas.
Loughborough fue realmente
un gran pionero, que prestó sus muchos talentos al
desarrollo de la obra dondequiera que hubiera una
necesidad.
"En 1908, a la edad de
setenta y seis años, comenzó un viaje alrededor del
mundo, visitando los principales centros de la obra
Adventista del Séptimo Día. Viajó treinta mil millas por
agua y seis mil por tierra. Con esto terminó su servicio
activo exceptuado algún viaje ocasional a un congreso o
a una sesión de la Asociación General, o de tomar su
pluma para escribir reminiscencias de días idos. Vivió
con su hija, la Sra. J. J. Ireland, en Lodi, California.
Cuando ella y su esposo fueron llamados a Washington, D.
C., la salud del pastor Loughborough estaba decayendo y
pasó sus últimos años en el Sanatorio St. Helena, donde
dejó de existir apaciblemente el 7 de abril de 1924 a la
edad de noventa y dos años. Su funeral se realizó en la
iglesia de St. Helena que era una de las primeras que él
levantó en California hacía más de cincuenta años
atrás".
Vea:
Pioneer Stories Retold, págs. 115-142;
Footprints of the Pioneers, págs.
147-156.
Una Historia Acerca de Juan N. Loughborough
Poco tiempo después de que
Juan Loughborough llegara a ser Adventista del Séptimo
día, recibió la impresión que debía ir a predicar el
mensaje, pero vaciló hasta que pudiera ganar suficiente
dinero para mantener a su esposa. Trató de hacer que
tuviera éxito el negocio en el cual estaba comprometido,
pero falló. Sus fondos eran insuficientes. Entonces fue
a una reunión en Rochester. Durante esa reunión la hna.
White tuvo una visión. Relatando esta visión, ella dijo:
"El hno. Loughborough no está cumpliendo con su deber de
predicar el mensaje tratando de obtener medios para su
sostén. El Señor me ordenó que dijera: 'Decida predicar
el mensaje y el Señor abrirá el camino para el sostén de
su familia'". Divine Predictions Fulfield, págs. 25-27.
Después de la reunión,
Juan Loughborough fue a su casa y oró. Le dijo al Señor:
"Iré confiado en tí de que proveerás para mi
sostenimiento". Cuando hizo esta promesa sólo tenía tres
centavos en su bolsillo y no sabía de dónde conseguiría
más dinero. Pero se sentía feliz.
El lunes de mañana su
esposa le dijo: "Juan, se terminaron los fósforos y
necesito hilo". El pastor Loughborough sacó los centavos
de su bolsillo y le dijo: "María, esto es todo el dinero
que tengo. Consigue fósforos con un centavo, y un
carrete de hilo y tráeme un centavo de vuelta. No quiero
quedarme completamente sin dinero".
Su esposa se puso lívida.
"¿Qué vamos a hacer?", exclamó. Juan Loughborough le
contestó: "Voy a ir a predicar dejaré que el Señor abra
el camino para nosotros como prometió hacerlo en la
visión el sábado pasado".
María Loughborough se fue
a su habitación a llorar. Lloró por una hora. Entonces
salió para hacer sus compras. Apenas hacía unos minutos
que había salido cuando un hombre extraño llamó a la
puerta y pidió cerraduras de ventanas por valor de
sesenta dólares. El hermano Loughborough tratando de
vender cerraduras sin éxito. Ahora, desde que él
prometió obedecer al Señor y llegar a ser un predicador,
el Señor comenzó a trabajar por él".
El hombre le dijo: "Vendré
a buscar las cerraduras al mediodía y entonces las
pagaré". El hermano Loughborough sólo tenía que caminar
unas dos cuadras hasta la fábrica donde hizo el pedido
por las cerraduras. La venta se realizó como se había
planeado y su ganancia fue más de treinta dólares. ¡Treinta
dólares era mucho dinero allá por los años 1850!
Cuando María Loughborough
volvió con sus compras, encontró a su esposo cantando. "Pareces
estar muy feliz", le dijo:
"Sí, replicó él. Y le
contó lo que había ocurrido. Entonces ella se fue a su
habitación a llorar por otra hora, pero esta vez por una
razón diferente".
El pastor Loughborough fue
obediente a la visión celestial. Llegó a ser un
predicador de éxito. Dios lo usó de una manera poderosa
para desarrollar los intereses de Su causa. |