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Introducción
Con el análisis de este capítulo entramos a la sección escatológica del Apocalipsis, la
parte que tiene que ver con el futuro. Naturalmente encontramos
alusiones a ciertos aspectos ya cumplidos, de la misma manera que
encontramos elementos todavía por cumplir en la primera sección. En la
primera parte del libro, como ya exploramos, existen tres cadenas
proféticas que comienzan en los tiempos apostólicos y terminan en la
segunda venida de Cristo. De manera similar, en la sección escatológica
existen tres episodios que comienzan cuando termina la formación del
remanente y finalizan en la segunda venida de Cristo también. La primera
cadena profética está acompañada de una sección que muestra el Gran
Conflicto que se originó en el cielo y se extiende hasta “el comienzo
del ministerio de Cristo, en el Lugar Santísimo del Santuario celestial
y el comienzo de la formación del remanente”. La porción escatológica
tiene una sección “que describe el fin del Gran Conflicto y el comienzo
de la tierra nueva, desde la inauguración del Juicio Investigador hasta
la ejecución del juicio, al final del milenio, con el comienzo de la
vida eterna”.
Apocalipsis 13 ha sido visto como “la esencia de todo el libro”.
En él veremos como el dragón da continuidad a su desenfrenada lucha
contra el pueblo de Dios. Veremos además que el dragón ha formado una
gran alianza con grandes poderes terrenales para destruir al remanente.
Su lucha es incesante, necia y obstinada. Juan describe ahora cómo
trabaja Satanás para lograr nuestra adoración. Sólo en este capítulo y
el siguiente (el 14) se habla siete veces de la adoración. Se reconoce
que Apoc. 13 constituye un bosquejo “en detalle de dos períodos de
tiempo que aparecen en Apoc. 12 por medio de un paralelismo
progresivo... Apocalipsis 13 amplia en gran detalle la guerra del dragón
contra la mujer de Apocalipsis 12”.
La correcta interpretación de este capítulo, es pues, determinante para
entender el resto del libro. Veamos pues la descripción y la
interpretación de estos nuevos símbolos.
Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía
siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre
sus cabezas, un nombre blasfemo. Y la bestia que vi era semejante a un
leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el
dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad (cap. 13:1-2).
La bestia que sube del mar
Quien realmente se para “sobre la arena del mar”, según la evidencia
textual, es el dragón y no Juan. En el capítulo 12 se nos dice que el
dragón “se fue” (Apoc. 12:17a), se fue a la orilla del mar a esperar que
surgiera la bestia para continuar por medio de ella la guerra contra el
remanente de Dios. Juan ve ahora aparecer en escena un nuevo poder que
surge del mar, es decir, de un lugar densamente poblado. Las aguas, en
la profecía bíblica representan “pueblos, muchedumbres, naciones y
lenguas” (Apoc. 17:15, cf. Isa. 8:7, 17:12-13). Se observa que en “en el
futuro del Apocalipsis” hay muchas gentes (cf. Apoc. 17:15; 19:1,4,6-7).
“La gente es la materia prima de todo acontecimiento ocurrido en el
pasado, en el presente, en el futuro”.
La bestia es similar al dragón de Apoc. 12, pues tiene siete cabezas y
diez cuernos, además tienen diademas o coronas y es hostil contra Dios y
sus santos. Otro elemento que establece estrecha relación es el tiempo
de su hegemonía: 42 meses o 1,260 días. Pero existen algunas diferencias
notables también con el dragón. Este último tiene las coronas sobre las
cabezas, mientras que la bestia las tiene sobre sus diez cuernos. Lo que
este nuevo poder tiene en sus cabezas es “un nombre blasfemo”. Esta
declaración es interesante, pues nos revela que no importa cuál de las
cabezas sea la que actúe, está dominada por el mismo poder blasfemo del
dragón quien las dirige en conjunto. El hecho de que las diademas o
coronas están en los cuernos y no sobre la cabeza como en Apoc. 12
implica que es una potencia que “surge en un tiempo cuando el centro de
autoridad política ha pasado de Roma a los reinos divididos”.
Otra diferencia radica en su apariencia. Mientras el dragón tiene una
sola forma, esta bestia es multifacética. Tiene cuerpo “semejante a un
leopardo”, su patas “como de oso” y su boca “como boca de león”. Estas
formas de expresiones son comunes en las descripciones figuradas de Juan
en el Apocalipsis. ¡Estamos tratando con imágenes simbólicas!
En cuanto a los variados aspectos que conforman el aspecto físico de
esta bestia se observa la bestia “tiene la vigilancia, astucia y
crueldad del leopardo, siempre a punto de lanzarse sobre su presa; tiene
la fuerza aplastante del oso; es como un león, cuyo rugido aterra el
rebaño”.
Su constitución física también nos revela que es un poder que incorpora
en su fisonomía “algunos elementos de las épocas anteriores mediante el
proceso llamado sincretismo”.
Una evidencia de esto la encontramos en la forma inversa en la que Juan
hace referencia a las cuatro bestias de Dan. 7.
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Daniel 7: 3-8
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Apocalipsis 13:1-2
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1era.
bestia: Un León
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4to.
Boca de León
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2da.
bestia: Un Oso
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3ero.
Como un Oso
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3era.
bestia: Un Leopardo
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2do.
Semejante a un Leopardo
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4ta.
bestia: Una Bestia con 10 cuernos
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1ero.
Diez cuernos
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Referencias a Daniel cap. 7
Pero antes de explorar el significado de los símbolos de los dos
primeros versículos de Apoc. 13, debemos ver algunos detalles que son
importantes y que están relacionados con esta profecía. La descripción
que Juan hace de este nuevo poder guarda estrecha relación con la visión
del profeta Daniel registrada en el capítulo 7 de su libro. Este siervo
de Dios tuvo una revelación en la que “mientras los vientos del cielo
combatían en la gran mar... cuatro grandes bestias, diferentes la una de
la otra, salieron del mar” (Dan. 7:2-3). La primera era un león; la
segunda, un oso; la tercera, un leopardo con cuatro cabezas; la cuarta y
última, el profeta la describe como “espantosa, terrible y en gran
manera fuerte”. Tenía dientes de hierro y diez cuernos (vers. 4-7).
Ahora bien, cuando Daniel vio estas bestias, la que más llamó su
atención fue la cuarta. ¿Por qué? El mismo Daniel nos da la respuesta:
“Mientras yo contemplaba los [diez] cuernos, vi que otro cuerno pequeño
subió entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres de los
primeros cuernos. Este cuerno tenía ojos como ojos de hombre, y una boca
que hablaba con gran arrogancia... ese mismo cuerno tenía ojos y boca
que hablaba con mucha arrogancia, y parecía mayor que sus compañeros. Vi
que este cuerno combatía a los santos y los vencía” (vers. 8,20-21). El
profeta quedó tan impresionado por la visión que nos dice: “Yo, Daniel,
en mi interior, quedé con mi espíritu turbado, y las visiones de mi
cabeza me asustaron” (Dan. 7:15). Entonces se muestra preocupado por
saber más sobre este misterioso poder: “Luego tuve deseo de saber la
verdad acerca de la cuarta bestia, que era tan diferente de las otras,
espantosa en gran manera..., También quise saber más acerca de los diez
cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que había subido, ante el
cual habían caído tres” (vers. 19-20). La preocupación del vidente es
correcta y Dios la entiende, por eso permite que un mensajero celestial
les de algunos detalles: “Me dijo así: La cuarta bestia será un cuarto
reino en la tierra, será diferente de los otros reinos, y a toda la
tierra devorará, aplastará y despedazará. Los diez cuernos significan
que de aquel reino se levantarán diez reyes. Tras ellos se levantará
otro, que será diferente de los primeros, y derribará a tres de ellos.
Hablará palabras contra el Altísimo, a los santos del Altísimo
quebrantará, y tratará de cambiar los tiempos y la Ley. Y serán
entregados en su mano por un tiempo, dos tiempos y medio tiempo” (vers.
23-25). Antes de relacionar estos símbolos con la primera bestia de
Apocalipsis 13 necesitamos precisar algunos detalles sobre la profecía
de Daniel.
Se puede apreciar que el cuerno pequeño es una entidad política y
religiosa conjuntamente. Los cuernos, en las Escrituras, especialmente
en las secciones proféticas representan poderes, reinos (cf. Dan. 7:23,
8:22; Jer. 48:25, BJ). Como la cuarta bestia representa al Imperio
Romano pagano, los diez cuernos representan su posterior división en
diez Estados o Monarquías. La lista que sigue constituye una lista de
dichas Monarquías: Los “ostrogodos, visigodos, francos, vándalos,
suevos, alemanes, anglosajones, hérulos, lombardos y burgundios. Algunos
prefieren poner a los hunos en lugar de los alemanes. Sin embargo, los
hunos desaparecieron pronto sin dejar un reino establecido”.
La profecía entonces nos revela que después que Roma se fraccionó, un
nuevo poder que emerge de ella misma, de entre los diez cuernos o
monarquías le prolongaría su existencia como Imperio bajo una nueva
forma. Y esta nueva forma de poder, a diferencia de los otros cuernos o
reinos, tendría “ojos como de hombre”, un símbolo interesante para
referirse a su inteligencia, astucia y sagacidad (cf. Dan. 8:23-25).
Según el profeta, el surgimiento de este nuevo reino implicaría el
derribamiento de otros tres reinos. ¿A quién representa este nuevo
poder?, y ¿qué nos dice la historia sobre este hecho? El cuerno pequeño,
aunque “pequeño” al principio es descrito como “mas grandes que sus
compañeros”. En Daniel 8 también aparece este mismo poder bajo la figura
de un “cuerno pequeño” (vers. 9).
Algunos eruditos ven en este poder una representación de Antíoco
Epífanes, un rey seléucida que provocó grandes trastornos a los judíos
en el siglo II a.C. Según el libro de 1 Macabeos este rey “rompían y
echaban al fuego los libros de la Ley que podían hallar. Al que
encontraban con un ejemplar de la Alianza en su poder, o bien descubrían
que observaba los preceptos de la Ley, le condenaban a muerte en virtud
del decreto real” (1:56-57, BJ). Se le atribuye además el querer
introducir en Palestina las costumbres, la religión y la lengua griega.
Antíoco levantó en el Lugar Santo del Templo un altar al dios Zeus y
sacrificó cerdos en él. En la captura de Jerusalén, fruto de la
resistencia de los judíos, se nos dice que ochenta mil judíos fueron
“masacrados y vendidos como esclavos”.
Pero los estudiosos de las Escrituras están de acuerdo en que, cuando se
toman en cuenta todos los detalles de la profecía referente al cuerno
pequeño, no es posible ver en él una referencia a Antíoco Epífanes. La
interpretación – y es algo que muchas veces se desconoce – “generalmente
se remonta a Porfirio (233 - c. 304), neoplatónico y defensor del
paganismo. Alarmado por la difusión creciente del cristianismo, y
comprendiendo que la profecía ocupaba un puesto clave en el pensamiento
de los cristianos primitivos, Porfirio trato de contrarrestar la fuerza
de la profecía de Daniel argumentando que el libro no era una profecía
escrita por Daniel en el siglo VI a. C., sino un bosquejo histórico
engañoso, redactado por un autor posterior al tiempo de los Macabeos.
Esto es, Porfirio afirmaba que el libro había sido fraguado después de
que los sucesos históricos tuvieron lugar, pero que habían sido puestos
en tiempo futuro como una predicción.
“Esta interpretación antagónica no fue aceptada por los cristianos de
Occidente, sino que su aceptación se limitó a unos pocos del Cercano
Oriente. En términos generales, la teoría de Porfirio quedó latente
hasta los tiempos posteriores a la Reforma, cuando fue exhumada de su
oscuridad por Hugh Broughton (1549-1612) de Inglaterra. Pero desde
entonces se ha difundido mucho (sin duda por ignorarse su origen y
verdadero propósito) en el Viejo y en el Nuevo Mundo, para contrarrestar
la escuela de interpretación histórica que afirma que el cuerno pequeño
de Dan. 7 es el papado histórico que surgió de entre las diez divisiones
del cuarto poder - el romano -, y que floreció durante la Edad Media.
Esta teoría de Antíoco Epífanes se ha difundido mucho ahora entre los
modernistas y se encuentra en la mayoría de los comentarios críticos”.
Pero la evidencia nos impulsa a mirar en otra dirección. Según pudimos
ver, el cuerno pequeño, surge de la misma bestia que representa al
Imperio Romano pagano, y con su surgimiento derriba a “tres” de los
primeros. Este poder entonces es lo que le permite al imperio seguir
existiendo, pero naturalmente, por los hechos del cuerno pequeño se hace
claro que lo hace bajo una nueva forma. Mientras los demás cuernos o
reinos son poderes seculares, el cuerno pequeño es un poder
político-religioso. Los historiadores están de acuerdo en que lo que
surgió “de las ruinas de la Roma política” fue “gran imperio moral en la
‘forma gigante’ de la Iglesia Romana”.
Se observa además que “bajo la potestad del Imperio Romano los papas no
tenían poder temporal. Pero cuando el Imperio Romano se hubo
desintegrado y su lugar fue ocupado por varios reinos rudos y bárbaros,
la Iglesia Católica Romana no sólo se independizó de esos Estados en el
aspecto religioso, sino que dominó también en lo secular. A veces, bajo
gobernantes tales como Carlomagno (768-814), Otón el Grande (936-973) y
Enrique III (1039-1056), el poder civil tuvo cierto predominio sobre la
iglesia; pero en general, durante el débil sistema político del
feudalismo, la iglesia, bien organizada, unificada y centralizada, con
el papa a su cabeza, no sólo era independiente en los asuntos
eclesiásticos sino que también controlaba los asuntos civiles”.
¿Qué decir de los tres cuernos que fueron arrancados con el surgimiento
del cuerno pequeño? Este es otro hecho que tiene exacto cumplimiento
histórico. La caída de los tres cuernos “simboliza la destrucción de
tres de las naciones bárbaras. Entre los principales obstáculos que se
le presentaron a la Roma papal en su encumbramiento al poder político
estuvieron los hérulos, los vándalos y los ostrogodos. Los tres eran
defensores del arrianismo, que fue el rival más formidable del
catolicismo”.
Para algunos detalles adicionales sobre las condiciones que se dieron
para el establecimiento del poder papal véase nuestro análisis de Apoc.
12:6. Es interesante notar la similitud que existe entre las acciones
del cuerno pequeño y a las de la bestia de Apoc. 13.
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Cuerno Pequeño
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Bestia Multifacética
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Surge de la cabeza de la cuarta bestia, símbolo de la Roma pagana
(Dan. 7:7-8).
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Recibe su autoridad del dragón, símbolo de Satanás y de la Roma
pagana (Apoc. 13:2).
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Habla grandes cosas contra el Altísimo (Dan. 7:25).
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Habla blasfemia contra el Dios del cielo (Apoc. 13:1,5-6).
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Quebranta a los santos de Dios (Dan. 7:25).
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Hace guerra contra los santos (Apoc. 13:7).
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Su tiempo de señorío es por “tiempo, tiempos y medio tiempo”, es
decir, 1,260 años (Dan. 7:25).
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La bestia domina por 42 meses o 1,260 días proféticos, que son
1,260 años (Apoc. 13:5).
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La profecía nos dice que cuando esta bestia surgió del mar, el dragón,
que representa Satanás y al Imperio Romano pagano como ya vimos, estaba
esperándola para envestirla de poder: “El dragón le dio su poder y su
trono y gran autoridad”. A diferencia de Cristo en el desierto de la
tentación, que rehusó recibir los reinos de este mundo por medio de la
adoración de Satanás, la bestia sí los acepta. Este pasaje es como una
parodia del poder con el que Cristo ha sido investido por el Padre para
llevar a cabo el Plan de Salvación (Juan 5:19-23; Mat. 28:18). Satanás,
imita a Dios en todo, Dios tiene su Ungido: el Cristo; él también tiene
el suyo: el Anticristo. Satanás da su poder y gran autoridad a la bestia
para que esta continúe su propia obra de persecución y muerte en contra
de los santos (cf. vers. 7). Esta parte de la profecía – como lo creen
muchos comentaristas – hace alusión a la herencia de la Roma papal del
trono y el poder de los césares, la autoridad, el prestigio y la misma
sede del antiguo Imperio Romano.
“En el siglo sexto el papado concluyó por afirmarse. El asiento de su
poder quedó definitivamente fijado en la ciudad imperial, cuyo obispo
fue proclamado cabeza de toda la iglesia. El paganismo había dejado el
lugar al papado. El dragón dio a la bestia ‘su poder y su trono, y
grande autoridad’”.
“Constantino, el primer emperador cristiano, desocupó la ciudad de Roma
haciendo pasar la sede del imperio a Constantinopla, la nueva capital
que é estableció en la zona hoy ocupada por Turquía. Se decía al
principio que el imperio tendría dos capitales, pero en realidad nunca
fue así. En el occidente quedó un tremendo vacío de autoridad, y el
resultado se vio muchas veces en el desorden y la anarquía. El emperador
Justiniano, buscando a alguien que pudiera llenar este vacío, invistió
de autoridad política al papa... esta envestidura se hizo efectiva en el
año 538 d.C.”
No resulta imposible después de hacer un análisis juicioso de los
hechos, encontrar otro poder que se ajuste tan perfectamente a la
profecía como el sistema papal.
Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue
sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al
dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia,
diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella? (vers.
3-4)
La herida de muerte
Juan ve ahora, una de las cabezas de la bestia “como herida de muerte”.
Pero esta herida no causó la muerte total de la bestia, fue una herida
temporal, pues “su herida fue sanada”. El resultado de esta curación fue
que “toda la tierra se maravilló en pos de la bestia”. Antes de ver el
significado de esta “herida”, queremos destacar un hecho interesante
registrado en este versículo y que se da también en el cap. 12 en
relación con el dragón. Ya hemos dicho que las siete cabezas del dragón
“representan poderes políticos que han fomentado la causa del dragón, y
por medio de los cuales este ha ejercido su poder perseguidor”. Esta
parece ser una interpretación coherente con el contexto profético del
libro de Apocalipsis. En el cap. 12 se ve que cuando el dragón arroja
tras la mujer la riada de agua para “arrastrarla” y ahogarla, lo hace
con una de sus cabezas, no con las siete consecutivamente: “la serpiente
arrojó de su boca” (Apoc. 12:15). Lo mismo sucede con el poder
representado por la bestia, es una de sus cabezas la que es herida de
muerte, no todas sus cabezas.
Siendo más precisos, el dragón del cap. 12 y la bestia de los capítulos
11, 13 y 17 representan el poder ideológico de este mundo sustentado y
alimentado por Satanás (para una idea más detallada de este particular,
vea nuestro análisis de la bestia escarlata en el cap. 17). Las cabezas
son entonces los poderes políticos-terrenales que el dragón utiliza en
su guerra contra el remanente de Dios en toda su historia terrena. Pero,
¿cómo es posible que se pueda hablar de la bestia como el sistema papal
y al mismo tiempo decir que este poder está representado por una de sus
cabezas? Estas ideas no son excluyentes, si se toma en cuenta que Juan
está empleado una figura de lenguaje conocida como sinécdoque. Esta
figura literaria permite designar “una cosa por el nombre de una de sus
partes, generalmente la más característica”. Así puede hablarse sin
contradicción alguna de la bestia como un símbolo del sistema papal, y
al mismo tiempo decir que la cabeza que fue herida, es ese mismo poder.
Esto lo podemos ver nuevamente en Apoc. 17. Allí se habla de la bestia
como que “era y no es, y está por subir del abismo… la bestia era y no
es, y será” (vers. 8). Pero luego se habla de las siete cabezas de la
bestia como “siete montes” o “siete reyes”, de los cuales “cinco de
ellos han caído, uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es
necesario que dure breve tiempo” (vers. 10). En el vers. 11 tenemos la
fusión de estos símbolos: bestia/cabeza: “La bestia que era, y no es, es
también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición”.
Algunos entienden que estas cabezas pueden abarcar a
reinos que no ha ejercido poderío universal tales como Egipto y Asiria.
Esto implica que aunque un poder político no haya ejercido hegemonía
mundial, pueden estar representados por las “siete cabezas”. Desde esta
perspectiva, las “siete cabezas” (del dragón, y las bestias de los caps.
13 y 17) entonces, no aluden a un numero exacto de poderes hostiles,
sino que constituyen un símbolo de los reinos que han existido como
instrumento del dragón en su lucha milenial en contra de Dios y su
pueblo fiel. Pero otros eruditos, se ciñen al hecho de que los poderes
representados por las cabezas de la bestia deben ser visto como
potencias que han impreso en la historia una direccionalidad que han
permitido que la historia sea hoy tal como es. El Apocalipsis es la
revelación de las cosas “selladas” en Daniel, por consiguiente parece
más razonable partir del mismo orden establecido por el profeta Daniel,
quien comienza el desarrollo de sus visiones (filosofía de la historia)
con Babilonia. Esta idea será desarrollada más detalladamente en nuestro
estudio sobre Apoc. 17.
El significado de la herida de muerte
La herida de muerte que recibe la bestia y su restablecimiento
representa una pérdida de poder temporal. Este acto fue un elemento
determinado por la Providencia divina con el propósito de darle al
remanente otra oportunidad de sobrevivencia. Debe recordarse que Apoc.
13 constituye una ampliación de los detalles de “la guerra del dragón
contra la mujer de Apocalipsis 12”. Por consiguiente, debemos ver aquí,
bajo nuevos símbolos, los detalles de la gran persecución de Satanás en
contra del pueblo de Dios. ¿Puede aplicarse también esta parte de la
profecía al sistema papal? Si, estos aspectos de la profecía pueden ser
históricamente verificados en relación con el sistema papal. El tiempo
señalado por la profecía aquí es 1798, el fin de los 1,260 años, cuando
el sistema papal recibió una “herida mortal”, en mano del ejército
francés. El general Berthier entró a Roma y declaró que “había terminado
el poder político del papa”. Este último fue tomado prisionero y llevado
a Francia donde murió poco después en prisión. Se reconoce que esto
“sólo marcó la culminación de una larga serie de acontecimientos”,
porque la decadencia del poder político del papado había comenzado a
declinar desde años antes. Así como las invasiones de las tribus
bárbaras había debilitado al Imperio Romano pagano (los juicios de Dios
contenidos en las primeras cuatro trompetas), así mismo, las constantes
invasiones de los mahometanos al Imperio Romano papal (los juicios de
Dios registrados en la quinta y sexta trompetas), tendieron a debilitar
el poder y la influencia del papado. La misma Reforma Protestante marcó
un hecho “significativo en la larga serie de acontecimientos”. Todavía
en 1780 recibió el sistema papal otro duro golpe con la unificación
política de Italia, que sacó nuevamente al sistema papal del “reinado
temporal sobre los estados papales”. Pero el mayor golpe que marcó
dramáticamente su final fue el de 1798.
Para este tiempo, cuando la bestia fue herida, “muchos pensaron que la
destrucción de la Santa Sede por fin se había logrado, y la posición del
papado ciertamente había alcanzado su nivel más bajo”.
Se observa que “el gobierno Francés esperaba destruir al gobierno
pontificio después de la muerte del papa al no permitir la elección de
otro papa. El heridor esperaba acabar con el sistema”.
Era de esperarse esta reacción por parte de Francia, pues el papado no
sólo “había denunciado a la Revolución Francesa y su Constitución Civil
Clerical (1790)”, también “había participado en la primera coalición de
poderes europeos para ayudar a destruir a la Revolución Francesa”.
Es digno de observar que en 1797, en una carta enviada a Napoleón, el
Directorio francés decía que “la religión romana siempre sería el
enemigo irreconciliable de le República. Hay que asestarle un golpe en
Francia y hay que asestarle otro en Roma”. Observaba también que la
República debía “destruir, si es posible, el centro de unidad de la
iglesia romana”.
Algo que resulta interesante saber es que Francia, llamada la “hija
mayor” del papado durante más de 12 siglos prestó su espada como
“instrumento eficaz para la conversión [forzada] de hombres a la iglesia
de Roma y para mantener la autoridad papal”. Ahora, su propia “hija” no
sólo le retiraba su apoyo, sino que se volvía contra el sistema papal.
Es como si la historia de la reina idólatra Jezabel se hubiese repetido
en una escala mayor (cf. 1 Rey. 21:19; 2 Rey. 9:30-36) volveremos a este
tema en nuestro análisis de Apoc. 17:16.
Otra propuesta reconoce en la herida de muerte una alusión no a la
muerte del sistema papal realmente, o a la iglesia de Roma, sino a “la
disolución de la unión de la Iglesia y el Estado, que no fue llevado a
cabo simplemente por el destronamiento del papa Pío VI en 1798, sino por
la ideología poderosa que está por detrás de la revolución de
Norteamérica y de la revolución Francesa: ‘Los dos principios
fundamentales de libertad civil y religiosa, características del
verdadero cristianismo’”.
De acuerdo a este punto de vista, la herida mortal sanará cuando “se le
restaure [a la bestia] el antiguo poder de persecución”, es decir,
cuando Roma recupere totalmente el poder de hacer cumplir sus doctrinas
y voluntad sobre las conciencias como en épocas pasadas. Las condiciones
que favorecerán esta situación la veremos más en detalle en nuestro
análisis de los versos 11-18.
La herida de muerte sanada
La curación de la herida de muerte provoca la admiración de todos los
habitantes de la tierra. “Su herida mortal fue sanada; y se maravilló
toda la tierra en pos de la bestia..., y adoraron a la bestia, diciendo:
¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?”. Hay ciertos
hechos históricos que pueden mencionarse como cumplimiento de esta parte
de la profecía. Pero debe tenerse en cuenta que todo lo que se pueda
señalar implica sólo el comienzo de la curación de la herida, pues “el
profeta contempla que hay una restauración mucho mayor. Vio la herida
completamente curada, como lo insinúa el texto griego. Juan vio, además,
que después de la curación ‘todos los moradores de la tierra’ - excepto
unos pocos fieles - adoraron a la bestia (vers. 8) Esta adoración aún se
halla en el futuro”.
¡El proceso de restauración comenzó durante la misma Revolución
Francesa! “Aunque en 1801 Napoleón negoció un tratado con el papado
según el cual el papa quedaba en posesión de su primado italiano, en
1870, cuando el nuevo reino unificado de Italia tomó los territorios
papales el papado perdió una vez más. El papa permaneció como un
‘prisionero voluntario en el Vaticano’ hasta 1929, cuando, mediante un
tratado con Mussolini, se le dio un estatus de soberano como gobernante
de la ciudad del Vaticano, junto con otros derechos. El diario San
Francisco Chronique tituló este evento: ‘Mussolini y Gasparri firman
histórico pacto romano... Se sana una herida de muchos años’ (12 de
Febrero de 1929)“.
El tiempo presente es testigo de la influencia y liderazgo del sistema
papal en los asuntos internacionales. ¡Y la recuperación de su poder en
forma plena todavía continúa en el futuro! “Y se maravilló toda la
tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado
autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la
bestia, y quién podrá luchar contra ella?”.
También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le
dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. Y abrió su boca en
blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo,
y de los que moran en el cielo. Y se le permitió hacer guerra contra los
santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu,
pueblo, lengua y nación. Y la adoraron todos los moradores de la tierra
cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que
fue inmolado desde el principio del mundo. Si alguno tiene oído, oiga.
Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a
espada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los
santos (vers. 5-10).
La bestia es un poder arrogante
Juan ve que la bestia habla grandes cosas y blasfemias. Y es natural
porque según el vers. 2 ella tiene sobre su cabeza un nombre o carácter
completamente blasfemo. El tiempo que la bestia recibe autoridad para
actuar es 42 meses o 1,260 días, el período de tiempo durante el cual
el dragón persiguió a la mujer según Apoc. 12:6,14. Durante este lapso
de tiempo “se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos”.
Este detalle establece relación con Apoc. 12 y revela además que la
persecución del dragón registrada en Apoc. 12:6,13-16 fue por medio de
esta bestia. Los eventos registrados aquí nos permiten tener una idea
más amplia del conflicto registrado en capítulo 12 de Apocalipsis.
Juan ve que las “grandes cosas y blasfemias” que habla la bestia
multifacética están dirigidas contra Dios, su Tabernáculo y los que
moran en el cielo. ¿Cómo entender estos aspectos de la profecía? ¿Cumple
el sistema papal este detalle también? Con bastante precisión. Veamos.
Blasfemias contra Dios
La voz blasfemia significa “injuriar”, “desacreditar” “calumniar”,
“difamar”. En el contexto religioso significa el “descrédito de la
Majestad de Dios”. Cuando Jesús perdonó los pecados de una mujer
pecadora, los que estaban cerca de Él dijeron: “¿Quién es éste, que
también perdona pecados?” (Luc. 7:48-50, cf. Mar. 2:5-7). Era claro para
los que estaban allí que sólo Dios tiene autoridad para perdonar
pecados. Pretender ser igual a Dios es blasfemia también (Juan
10:30-33). Tomar el nombre de Dios pretendiendo servirle, mientras se
vive una vida incoherente con sus principios y normas es considerado un
acto blasfemo (Apoc. 2:9). Blasfemar contra Dios es también resistir la
verdad del Evangelio en su plena manifestación en demostración del
Espíritu, y proseguir pertinazmente otra dirección (Hech. 13:45; Mat.
12:30-31).
En este punto no necesitamos adjudicar nada al sistema papal, pues él
mismo ha hecho declaraciones arrogantes y blasfemas. Veamos algunos
ejemplos que están contenidos en la literatura eclesiástica.
“El papa es de una dignidad tan grande y es tan excelso, que no es un
mero hombre, sino como si fuera Dios y el vicario de Dios...
“El papa es como si fuera Dios sobre la tierra, único soberano de los
fieles de Cristo, jefe de los reyes, tiene plenitud de poder, a él le ha
sido encomendada por Dios omnipotente la dirección no sólo del reino
terrenal sino también del reino celestial...
“Cualquier cosa que se diga que hace el Señor Dios mismo, y el Redentor,
eso hace su vicario, con tal que no haga nada contrario a la fe”.
Como es sabido, la iglesia Católica pretende tener la autoridad de
perdonar pecados por medio de sus sacerdotes, hombres falibles como
todos los demás. La siguiente cita es una declaración asombrosa de este
hecho: “El sacerdote ocupa el lugar del Salvador mismo, cuando al decir
‘ego te absolvo’ (yo te absuelvo), lo absuelve de pecado. Este gran
poder, que Jesucristo ha recibido..., Él lo ha comunicado a sus
sacerdotes... Perdonar un solo pecado requiere toda la omnipotencia de
Dios... Pero lo que sólo puede hacer Dios por su omnipotencia, el
sacerdote también lo puede hacer al decir ‘Ego te absolvo a peccattis
tuis’... San Clemente, entonces, tenía razón al decir que el sacerdote
era como un Dios en la tierra... Inocencio III escribió: ‘En verdad, no
es demasiado decir que en vista de lo sublime de su oficio, los
sacerdotes son muchos dioses’”.
Se nos dice que fue Jesucristo cuando estuvo en la tierra quien dotó de
poder a los sacerdotes para perdonar pecados. En el Concilio de Trento
(1545-1563) se afirmó que este poder puede ser empleado aún por “los
sacerdotes que están bajo pecado mortal... por virtud del Espíritu Santo
conferidos en la ordenación”.
Hay otro detalle que llama grandemente nuestra atención, y es un aspecto
de las enseñanzas católicas de las cuales se habla poco. Nos referimos a
la doctrina de la transubstanciación. Esta extraña y herética doctrina
sostiene “que el pan y el vino se convierten literalmente en el cuerpo y
la sangre de Cristo, no sólo en apariencia exterior sino en su
naturaleza intrínseca... los emblemas [de la Cena del Señor] se habían
convertido en un sacrificio, y Cristo era nuevamente ofrecido como la
ofrenda por el pecado”.
Esta creencia fue aprobada en “el Cuarto Concilio de Letrán (1215) como
un dogma de la iglesia”. En este contexto, se nos dice que nuestro
asombro debería ser grande al darnos cuenta de que en obediencia a las
palabras “de los sacerdotes ‘Hoc est Corpus Meum’ Dios mismo desciende
al altar, que viene donde quiera lo llamen, y tan a menudo como lo
llamen, y se coloca a sí mismo en sus manos, aun cuando fueran sus
enemigos. Y luego de venir, permanece, enteramente a su disposición; lo
mueven a su gusto, de un lugar a otro.
“Así el sacerdote puede, en cierta manera, ser llamado el creador de su
Creador... ‘El poder del sacerdote’ dice San Bernardino si Sierra, ‘es
el poder de la persona divina; ya que la transubstanciación del pan
requiere tanto poder como la creación del mundo’”.
Según se sabe, la transubstanciación, es una doctrina que ni siquiera
algunos eruditos católicos la entienden plenamente. Esta enseñanza no
sólo es extraña y herética, sino que niega completamente la eficacia de
la muerte expiatoria de Cristo, que según la Biblia no tiene necesidad
de ofrecerse nuevamente por los pecados del mundo, “con una sola ofrenda
ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados” (Heb. 10:14;
7:27, 9:26-28; 10:7,10,12, la cursiva es nuestra). Si en cada misa se
repite el sacrificio de la cruz al convertir el pan y el vino
“literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo, no sólo en apariencia
exterior sino en su naturaleza intrínseca”, esta es una de las peores
desviaciones en la que ha podido caer la iglesia alguna vez.
Aun hay otro aspecto que puede ser considerado como blasfemia contra el
nombre de Dios, y es el cambio de día de reposo del sábado al domingo.
Muchos cristianos quieren negar los hechos históricos claramente
comprobados sobre este detalle y proponen la idea de que el domingo es
el día de reposo desde la muerte de Cristo en la cruz. Pero al hacerlo
denotan debilidad en el conocimiento de las Escrituras sobre este
particular (Exo. 20:8-11; Mar. 2:27; Hech. 16:13). La Iglesia Católica
afirma que el cambio del día de reposo es su responsabilidad, pues
entiende que tiene la autoridad para hacer el cambio. “La Iglesia de
Dios [es decir, la Iglesia Católica] en su sabiduría ha ordenado que la
celebración del día sábado fuese transferida al ‘día del Señor’”.
Es bueno saber que este catecismo “fue escrito por orden del gran
Concilio de Trento y publicado bajo los auspicios del Papa Pío V”.
El mismo Martín Lutero observó: “Ellos [los católicos] cambiaron el día
de reposo al domingo, el día del Señor, contrariamente al Decálogo, y a
raíz de esto, al parecer no hay ningún otro caso del que se jactan más
que del cambio del día de reposo. Dicen que es grande el poder y la
autoridad de la iglesia, puesto que hizo caso omiso de uno de los Diez
Mandamientos”.
Eusebio, uno de los principales historiadores eclesiástico, en su
comentario sobre el Salmo 92 escribió: “Todas aquellas cosas que era deber
hacer en el sábado, las hemos transferido al día del Señor, como que le
pertenecen de manera más apropiada, porque este día tiene preferencia y
ocupa el primer lugar y es más honorable que el sábado judío”. Observe los
siguientes comentarios:
“De esta misma Iglesia Católica habéis aceptado vuestro domingo, y ese
domingo, como día del Señor, ella ha entregado como tradición; y todo el
mundo protestante lo ha aceptado como tradición, porque no disponéis ni de
una mínima parte de la Escritura para respaldarlo. Por lo tanto, lo que
habéis aceptado como vuestra regla de fe, por inadecuada que sea, por
supuesto, tanto como vuestro domingo, habéis aceptado de la autoridad de
la Iglesia Católica Romana”.
“En ninguna parte de la Biblia – dice un teólogo católico – encontramos
que Cristo o los apóstoles ordenaron que el día de reposo fuera cambiado
del sábado al domingo. Tenemos el mandamiento de Dios dado a Moisés de
santificar el día de reposo, es decir el séptimo día de la semana, el
sábado. Actualmente la mayor parte de los cristianos guarda el domingo
porque nos ha sido revelado por la Iglesia [Católica Romana], fuera de la
Biblia”.
La Palabra de Dios vs. la palabra de los hombres
Siendo que el sábado es el monumento conmemorativo la creación del mundo
por nuestro Padre celestial, atentar contra él es inferir que el hombre
conoce mejor que Dios mismo, cuál es el día que mejor representa su obra
creadora. Este es un cuestionamiento arrogante de su autoridad.
Dios dice: “El séptimo días es sábado para Jehovah tu Dios”, pero
el papado dice: “El primer día es reposo para Jehovah tu Dios”. ¿No
es esto una flagrante blasfemia contra el nombre de Dios y su autoridad?
¿Cuál es la base sobre la cuál se determina lo que es mejor para los seres
humanos? ¿La Palabra de Dios o la de los hombres? Aquí cabe preguntar:
“¿Por qué vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra
tradición?... Este pueblo me honra con los labios; pero su corazón está
lejos de mí. Más en vano me rinden culto, enseñando doctrinas que son
preceptos de hombres” (Mat. 15:3,8-9). El cristiano que ama profundamente
a Dios y desea honrarle no se somete a principios que no tienen
fundamentos en las Sagradas Escrituras. Si aparte de la Biblia, debemos
aceptar un complemento adicional para formar así lo que se llamaría
“Palabra de Dios“, hay más gloria en someterse a criterios personales
antes que a los criterios e ideas de otros. Pero, el verdadero siervo de
Dios no tiene mente ni corazón que no sea para recibir la Biblia y la
Biblia sola como única regla de vida y práctica. Bien expresó el salmista:
“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu Palabra. Con todo mi
corazón te he buscado, no dejes que me desvíe de tus Mandamientos. En mi
corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti... Me deleito en
tus decretos, no descuidaré tus palabras” (Sal. 19:9-12,16). Nunca seremos
verdaderamente libres en términos espirituales, mientras gravite sobre
nuestra cabeza el grotesco fantasma de las inútiles tradiciones de los
hombres que se levantan contra la Palabra de nuestro excelso y soberano
Dios.
Blasfemias contra el Tabernáculo
Algunos, viendo en la bestia un símbolo del Imperio Romano pagano,
entienden esta declaración como una alusión “a todas las maneras en que
Roma había insultado a Dios y a su Morada”. En este contexto se observa
que el mismo Calígula (37-41 d.C.), quien exigió que se le diera adoración
universal, insistía en establecer una imagen suya en el Lugar Santísimo
del Templo de Jerusalén. Calígula estaba decidido a realizar su propósito
y reunió un ejército para lograrlo, cuando afortunadamente murió.
La bestia, ciertamente es un símbolo de Roma, pero en su fase cristiana
y papal y no pagana como ya hemos podido ver. Por consiguiente,
debemos dejar las pretensiones de los emperadores romanos a un lado, y
fijarnos en las de los papas, que fueron tan grandes o peores que las de
aquellos, por cuando profesan conocer y representar a Dios ante los
hombres. De este poder nos dice el apóstol Pablo: “Se manifestará el
hombre de pecado, el hijo de perdición, que se opondrá y exaltará contra
todo lo que se llama Dios, o que se adora; hasta sentarse en el Templo de
Dios, como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tes. 2:3-4). Para
comprender el significado de las blasfemias contra el Tabernáculo de Dios
debemos tomar en cuenta que las Sagradas Escrituras le atribuyen un
significado súper especial al ministerio sumo sacerdotal que Cristo está
realizando en el Santuario celestial. La Biblia une de forma interesante
la obra de Cristo, una obra real y maravillosa, con la existencia de un
Santuario real y maravilloso en los cielos (cf. Heb. 8:1-2,5;
9:11-12,23-24, Apoc. 8:1-5). En ese perfecto Tabernáculo, no de esta
creación, Cristo, como único sumo sacerdote y mediador entre Dios y los
hombres, ofrece los beneficios de su muerte expiatoria a su pueblo (2 Tim.
2:5; Heb. 9:15; 10:21-22). Por consiguiente, Él no necesita de hombres
falibles que hagan el papel de sacerdotes para la transmisión de estas
bendiciones. El sistema sacerdotal del antiguo culto fue eliminado (Heb.
7:12), y en su lugar se estableció un nuevo ministerio en la Iglesia
Apostólica compuesto de la siguiente manera: “El mismo dio a unos el ser
apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y
maestros” (Efe. 4:11). Y esto fue hecho, según este texto, por dos razones
básicas: 1) “A fin de perfeccionar a los santos para desempeñar su
ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos
lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un
estado perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo” (vers. 12-13). Y
2) “Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por cualquier viento
de doctrina, por estratagema de hombres, que para engañar emplean con
astucia los artificios del error” (vers. 14). Estos líderes espirituales
fueron establecidos simplemente para ser los comunicadores de las
nuevas verdades que se habían inaugurado con la muerte de Cristo.
Blasfemar contra el Tabernáculo de Dios, es pues, desestimar la
“singularidad e importancia” que ocupa el ministerio de Cristo en el
Santuario celestial y desviar la atención de los hombres y mujeres a un
sistema de culto disminuido e innecesario. Esta es precisamente la obra
que según el profeta Daniel haría el cuerno pequeño: 1) “Se engrandeció
hasta el ejército del cielo” (vers. 10). 2) “Aun contra el Príncipe del
ejército se engrandeció, y quitó el continuo; y el lugar de su Santuario
fue echado por tierra” (vers. 11). Y 3) “Echó por tierra la verdad, y
prosperó en todo lo que hizo” (vers. 12).
Blasfemias contra los que moran en el cielo
Se reconoce que la conexión entre esta declaración y la anterior no es tan
clara como quisiéramos según el texto original. Algunas versiones igualan
al “Tabernáculo” con los “moran en el cielo al traducir: “blasfemando su
Morada..., es decir, los que moran en el cielo” (Revised Standard
Versión), mientras que nuestro texto (y la de otras versiones) los
considera como cosas distintas.
Algunos han visto en esta expresión una alusión a la pretensión del
sistema papal de poseer autoridad aún sobre los ángeles del cielo: “En
verdad, la excelencia y el poder del romano pontífice no es solamente en
la esfera de las cosas celestiales, de las terrenales y de las de las
regiones inferiores, sino aun sobre los ángeles, sobre quienes él es más
grande”.
Esta frase también puede ser entendida como una referencia a las
persecuciones de las que fue objeto el pueblo de Dios en los años de
supremacía del Anticristo, pues a la bestia “se le permitió hacer guerra
contra los santos, y vencerlos”. Los “moradores el cielo”, son la
antítesis de los moradores de la tierra. Estos últimos, como ya hemos
visto, constituyen los adoradores del dragón y la bestia (Apoc. 13:8;
17:8), los enemigos de Dios, su pueblo y su Palabra (Apoc. 6:10, 11:10).
Se reconoce que los seres humanos, según el libro del Apocalipsis, están
divididos en tres grupos. “La población general del mundo
organizada en tribus, lenguas, pueblos y naciones, sobre los cuales la
bestia ejerce autoridad (Apoc. 13:7); los moradores de la tierra que la
adoran y la siguen, y por eso sus nombres no están escrito en el Libro de
la Vida del Cordero (13:8), y ‘los que moran en el cielo’, también
llamados santos (13:6-7,10), que sufren con paciencia, la persecución y la
guerra autoritaria de la bestia, pero que siguen en la fe, sin alterarse”.
En el libro de Daniel también se revela la actitud perseguidora y blasfema
de este poder, cuando se nos dice: “Vi que este cuerno combatía a los
santos y los vencía... Hablará palabras contra el Altísimo, a los santos
del Altísimo quebrantará... Y serán entregados en su mano por un tiempo,
dos tiempos y medio tiempo”. “Se engrandeció hasta el ejército del cielo,
y echó por tierra parte del ejército y de las estrellas (los fieles de
Dios), y las pisoteó... Y destruirá a los fuertes y al pueblo de los
santos.” (Dan. 7:25; 8:10,24). Se puede notar que tanto Daniel como Juan
establecen el mismo período de tiempo durante el cual la bestia
perseguiría a los santos y trataría de establecer hegemonía universal:
“Tiempo, tiempos y medio tiempo” o “42 meses”, que son los mismos 1,260
años como ya vimos también en nuestro estudio sobre Apoc. 12:6. Las
persecuciones papales en contra de los cristianos es algo que aún algunos
eruditos católicos reconocen y se escandalizan por ello. “Ninguna religión
en el mundo (ni una sola en la historia de la humanidad) tiene sobre su
conciencia tanto millones de personas que piensan de manera diferente y
creen en forma tan diferente. El cristianismo es la religión más asesina
que alguna vez haya existido”.
Y todo este severo juicio por causa de las acciones del papado. La
siguiente consideración está en el mismo tenor: “No puede ser en absoluto
ninguna exageración decir que la Iglesia de Roma ha causado una cantidad
de sufrimiento inmerecido mayor que cualquier otra religión que alguna vez
haya existido”.
El que a espada mata, a espada muere
La profecía declara que “si alguno mata a espada, a espada debe ser
muerto” (cf. Jer. 15:2), es decir, los que han perseguido a los fieles
hijos de Dios sufrirán la misma suerte. Pero la venganza no deben
emprenderla los mismos perseguidos, será realizada por Dios. “No os
venguéis vosotros mismos, amados míos, antes dad lugar a la ira de Dios.
Porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Rom.
12:19). A los cristianos se les llama a expresar la nobleza más grande,
aquella que nace en el corazón del Manso y humilde: “Al contrario, si tu
enemigo tuviera hambre, dale de comer; si tuviera sed, dale de beber.
Actuando así, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza. No seas vencido
por el mal, sino vence el mal con el bien” (vers. 20-21). El verdadero
cristianismo es una demostración plena de la vida de amor incondicional de
Cristo. La persecución y la difamación de los que no comparten nuestros
puntos de vista es el resultado de poseer el espíritu del Anticristo,
Satanás.
Cuando Roma empeñó las armas contra los santos que no se sometían a sus
enseñanzas, reflejó el peor de los caracteres, y dio el más grotesco de
los testimonios. ¡Y lo peor de todo es que lo hacía ¡en el nombre del
Señor! Es probable que se registre y se diga que el “cristianismo es la
religión más asesina que alguna vez haya existido”, pero debe quedar claro
que esto NO es cierto del verdadero cristianismo, sino de la falsificación
de este, y el resultado de la gran apostasía que estaba predicha en la
Palabra de Dios. Pero Cristo hizo claro que los que usen la espada,
perecerán bajo la espada divina: “Todos los que tomen espada, a espada
perecerán” (Mat. 26: 52). En este contexto nos dice el autor de la carta a
los Hebreos: “¡Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo!” (Heb.
10:31). Con gran percepción se nos ha dicho: “La iglesia papal no
abandonará nunca su pretensión a la infalibilidad. Todo lo que ha hecho al
perseguir a los que rechazaban sus dogmas lo da por santo y bueno; ¿y
quién asegura que no volvería a las andadas siempre que se le presentase
la oportunidad? Deróguense las medidas restrictivas impuestas en la
actualidad por los gobiernos civiles y déjesele a Roma que recupere su
antiguo poder y se verán resucitar en el acto su tiranía y sus
persecuciones”.
Dada la intensidad del conflicto con la bestia, Dios ha dotado a los
santos de “paciencia”. Una palabra que en el original denota “aguante” y
“perseverancia”, como la que Cristo mostró en su lucha contra el pecado en
la cruz (Heb. 12:2). La expresión “aquí está la paciencia de los santos”,
implica mucho más que una resignación pasiva; “denota una resistencia
activa (Rom. 5:3). Durante la lucha con la bestia, los santos soportan con
perseverancia” (cf. Apoc. 14:12). El clamor del salmista ante la aflicción
de Israel constituye un reflejo de la súplica y la angustia de los santos
durante su persecución y martirio:
“¡Despierta! ¿Por qué duermes, Señor? ¡Despierta, no nos deseches para
siempre! ¿Por qué escondes tu rostro, y te olvidas de nuestra aflicción y
opresión? Estamos agobiados hasta el polvo, nuestro cuerpo postrado hasta
la tierra. Levántate ven en nuestra ayuda, y rescátanos por tu amor” (Sal.
44:23-26, cf. Rom. 8:35-39).
El desafío del remanente entonces, es permanecer fiel ante la prueba, y
habiendo obtenido un carácter aprobado estar listo para la traslación al
reino de los cielos.
Notas y Referencias:
Mario Veloso, El Apocalipsis y el fin del Mundo, p. 165.
William Barclay, Comentario al Nuevo Testamento, vol. 17, El
Apocalipsis II, p. 102.
Hans K. LaRondelle, Las Profecías del Fin, p. 298, el énfasis está
en el original.
Laron Wade, El Futuro del Mundo Revelado en el Apocalipsis, p. 164.
Comentario Bíblico Adventista, tomo IV, p. 852.
Comentario Bíblico Adventista, tomo IV, p. 45.
A. C. Flick, The Rise of the Mediaeval Church, 1900, p. 150.
Carl Conrad Eckhardt, The Papacy and World-Affairs [1937] p. 1.
Comentario Bíblico Adventista, tomo IV, p. 853.
Elena G. de White, El Conflicto de los Siglos, p. 58.
Carl Coffman,
Lecciones de la Escuela Sabática, parte II, Triunfo Presente, Gloria
Futura, p. 31, julio, agosto, septiembre, 1989.
J. F. Broderick, “Papacy”, New Catholic Encyclopedia, vol. 10, p.
965.
Ángel M.
Rodríguez, Fulgores de Gloria., pp. 110-111.
LaRondelle, Ibíd., p. 305
Citado en LaRondelle, Ibíd., pp. 305-306.
LaRondelle, Ibíd., p. 308, las cursivas están en el original. El
autor está siguiendo la idea de George McCready Price expresada en
su obra El Tiempo del Fin, p. 43.
Comentario Bíblico Adventista, tomo VII, p. 832.
Coffman, Ibíd., p. 36, la negrita está en el original.
Traducción de Lucio Ferraris (teólogo católico del siglo XVIII),
“Papa II”, Prompta
Bibliotheca, tomo VI, pp. 25-29.
Eugene Grima, ed., Dignity and Duties of the Priest, Brooklyn,
Redemptorist Fathers, 1927, pp. 34-36.
Comentario Bíblico Adventista, tomo VI, p. 69.
Cathechism of the Council of Trent, traducción de Donovan, Ed. 1829,
p. 358.
Comentario Bíblico Adventista, tomo IV, p. 858.
Martín Lutero, Confesiones de fe de Augsburgo, Art. 23, par. 9.
D. B. Ray, The Papal Controversy, 1982, p. 179.
Catholic Virginian, 3 Octubre de 1947.
Rodríguez, Ibíd., pp. 112-123.
Lucio Ferraris, “Papa II”,
Prompta Biblioteca, t. VI, p.27.
Thomas y Gertrude Sartory, In der Holle
Brennt Kein Feuer,
pp. 88-99, citado en LaRondelle, Ibíd, p. 303.
W. E. H. Lecky, Historia del Surgimiento y la Influencia del
Espíritu del Racionalismo en Europa, tomo II, p. 45, citado en
LaRondelle, Ibíd., p. 303.
White, El Conflicto de los Siglos, p. 621.
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