Los Agentes del Gran Dragón -I

 

La Bestia que Sube del Mar

   
  Por: Héctor A. Delgado
   
 

Introducción

Con el análisis de este capítulo entramos a la sección escatológica del Apocalipsis, la parte que tiene que ver con el futuro. Naturalmente encontramos alusiones a ciertos aspectos ya cumplidos, de la misma manera que encontramos elementos todavía por cumplir en la primera sección. En la primera parte del libro, como ya exploramos, existen tres cadenas proféticas que comienzan en los tiempos apostólicos y terminan en la segunda venida de Cristo. De manera similar, en la sección escatológica existen tres episodios que comienzan cuando termina la formación del remanente y finalizan en la segunda venida de Cristo también. La primera cadena profética está acompañada de una sección que muestra el Gran Conflicto que se originó en el cielo y se extiende hasta “el comienzo del ministerio de Cristo, en el Lugar Santísimo del Santuario celestial y el comienzo de la formación del remanente”. La porción escatológica tiene una sección “que describe el fin del Gran Conflicto y el comienzo de la tierra nueva, desde la inauguración del Juicio Investigador hasta la ejecución del juicio, al final del milenio, con el comienzo de la vida eterna”.[1]
 
Apocalipsis 13 ha sido visto como “la esencia de todo el libro”.[2] En él veremos como el dragón da continuidad a su desenfrenada lucha contra el pueblo de Dios. Veremos además que el dragón ha formado una gran alianza con grandes poderes terrenales para destruir al remanente. Su lucha es incesante, necia y obstinada. Juan describe ahora cómo trabaja Satanás para lograr nuestra adoración. Sólo en este capítulo y el siguiente (el 14) se habla siete veces de la adoración. Se reconoce que Apoc. 13 constituye un bosquejo “en detalle de dos períodos de tiempo que aparecen en Apoc. 12 por medio de un paralelismo progresivo... Apocalipsis 13 amplia en gran detalle la guerra del dragón contra la mujer de Apocalipsis 12”.[3] La correcta interpretación de este capítulo, es pues, determinante para entender el resto del libro. Veamos pues la descripción y la interpretación de estos nuevos símbolos.
 
Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo. Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad (cap. 13:1-2).
 
La bestia que sube del mar
Quien realmente se para “sobre la arena del mar”, según la evidencia textual, es el dragón y no Juan. En el capítulo 12 se nos dice que el dragón “se fue” (Apoc. 12:17a), se fue a la orilla del mar a esperar que surgiera la bestia para continuar por medio de ella la guerra contra el remanente de Dios. Juan ve ahora aparecer en escena un nuevo poder que surge del mar, es decir, de un lugar densamente poblado. Las aguas, en la profecía bíblica representan “pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas” (Apoc. 17:15, cf. Isa. 8:7, 17:12-13). Se observa que en “en el futuro del Apocalipsis” hay muchas gentes (cf. Apoc. 17:15; 19:1,4,6-7). “La gente es la materia prima de todo acontecimiento ocurrido en el pasado, en el presente, en el futuro”.[4] La bestia es similar al dragón de Apoc. 12, pues tiene siete cabezas y diez cuernos, además tienen diademas o coronas y es hostil contra Dios y sus santos. Otro elemento que establece estrecha relación es el tiempo de su hegemonía: 42 meses o 1,260 días. Pero existen algunas diferencias notables también con el dragón. Este último tiene las coronas sobre las cabezas, mientras que la bestia las tiene sobre sus diez cuernos. Lo que este nuevo poder tiene en sus cabezas es “un nombre blasfemo”. Esta declaración es interesante, pues nos revela que no importa cuál de las cabezas sea la que actúe, está dominada por el mismo poder blasfemo del dragón quien las dirige en conjunto. El hecho de que las diademas o coronas están en los cuernos y no sobre la cabeza como en Apoc. 12 implica que es una potencia que “surge en un tiempo cuando el centro de autoridad política ha pasado de Roma a los reinos divididos”.[5] Otra diferencia radica en su apariencia. Mientras el dragón tiene una sola forma, esta bestia es multifacética. Tiene cuerpo “semejante a un leopardo”, su patas “como de oso” y su boca “como boca de león”. Estas formas de expresiones son comunes en las descripciones figuradas de Juan en el Apocalipsis. ¡Estamos tratando con imágenes simbólicas!
En cuanto a los variados aspectos que conforman el aspecto físico de esta bestia se observa la bestia “tiene la vigilancia, astucia y crueldad del leopardo, siempre a punto de lanzarse sobre su presa; tiene la fuerza aplastante del oso; es como un león, cuyo rugido aterra el rebaño”.[6] Su constitución física también nos revela que es un poder que incorpora en su fisonomía “algunos elementos de las épocas anteriores mediante el proceso llamado sincretismo”.[7] Una evidencia de esto la encontramos en la forma inversa en la que Juan hace referencia a las cuatro bestias de Dan. 7.
 
Daniel 7: 3-8
Apocalipsis 13:1-2 
   
1era. bestia: Un León
4to.  Boca de León
 
2da. bestia: Un Oso
3ero. Como un Oso
 
3era. bestia: Un Leopardo
2do. Semejante a un Leopardo
 
4ta. bestia: Una Bestia con 10 cuernos
1ero. Diez cuernos
 
 
Referencias a Daniel cap. 7
Pero antes de explorar el significado de los símbolos de los dos primeros versículos de Apoc. 13, debemos ver algunos detalles que son importantes y que están relacionados con esta profecía. La descripción que Juan hace de este nuevo poder guarda estrecha relación con la visión del profeta Daniel registrada en el capítulo 7 de su libro. Este siervo de Dios tuvo una revelación en la que “mientras los vientos del cielo combatían en la gran mar... cuatro grandes bestias, diferentes la una de la otra, salieron del mar” (Dan. 7:2-3). La primera era un león; la segunda, un oso; la tercera, un leopardo con cuatro cabezas; la cuarta y última, el profeta la describe como “espantosa, terrible y en gran manera fuerte”. Tenía dientes de hierro y diez cuernos (vers. 4-7). Ahora bien, cuando Daniel vio estas bestias, la que más llamó su atención fue la cuarta. ¿Por qué? El mismo Daniel nos da la respuesta: “Mientras yo contemplaba los [diez] cuernos, vi que otro cuerno pequeño subió entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres de los primeros cuernos. Este cuerno tenía ojos como ojos de hombre, y una boca que hablaba con gran arrogancia... ese mismo cuerno tenía ojos y boca que hablaba con mucha arrogancia, y parecía mayor que sus compañeros. Vi que este cuerno combatía a los santos y los vencía” (vers. 8,20-21). El profeta quedó tan impresionado por la visión que nos dice: “Yo, Daniel, en mi interior, quedé con mi espíritu turbado, y las visiones de mi cabeza me asustaron” (Dan. 7:15). Entonces se muestra preocupado por saber más sobre este misterioso poder: “Luego tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bestia, que era tan diferente de las otras, espantosa en gran manera..., También quise saber más acerca de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que había subido, ante el cual habían caído tres” (vers. 19-20). La preocupación del vidente es correcta y Dios la entiende, por eso permite que un mensajero celestial les de algunos detalles: “Me dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, será diferente de los otros reinos, y a toda la tierra devorará, aplastará y despedazará. Los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes. Tras ellos se levantará otro, que será diferente de los primeros, y derribará a tres de ellos. Hablará palabras contra el Altísimo, a los santos del Altísimo quebrantará, y tratará de cambiar los tiempos y la Ley. Y serán entregados en su mano por un tiempo, dos tiempos y medio tiempo” (vers. 23-25). Antes de relacionar estos símbolos con la primera bestia de Apocalipsis 13 necesitamos precisar algunos detalles sobre la profecía de Daniel.
Se puede apreciar que el cuerno pequeño es una entidad política y religiosa conjuntamente. Los cuernos, en las Escrituras, especialmente en las secciones proféticas representan poderes, reinos (cf. Dan. 7:23, 8:22; Jer. 48:25, BJ). Como la cuarta bestia representa al Imperio Romano pagano, los diez cuernos representan su posterior división en diez Estados o Monarquías. La lista que sigue constituye una lista de dichas Monarquías: Los “ostrogodos, visigodos, francos, vándalos, suevos, alemanes, anglosajones, hérulos, lombardos y burgundios. Algunos prefieren poner a los hunos en lugar de los alemanes. Sin embargo, los hunos desaparecieron pronto sin dejar un reino establecido”.[8] La profecía entonces nos revela que después que Roma se fraccionó, un nuevo poder que emerge de ella misma, de entre los diez cuernos o monarquías le prolongaría su existencia como Imperio bajo una nueva forma. Y esta nueva forma de poder, a diferencia de los otros cuernos o reinos, tendría “ojos como de hombre”, un símbolo interesante para referirse a su inteligencia, astucia y sagacidad (cf. Dan. 8:23-25). Según el profeta, el surgimiento de este nuevo reino implicaría el derribamiento de otros tres reinos. ¿A quién representa este nuevo poder?, y ¿qué nos dice la historia sobre este hecho? El cuerno pequeño, aunque “pequeño” al principio es descrito como “mas grandes que sus compañeros”. En Daniel 8 también aparece este mismo poder bajo la figura de un “cuerno pequeño”  (vers. 9).
Algunos eruditos ven en este poder una representación de Antíoco Epífanes, un rey seléucida que provocó grandes trastornos a los judíos en el siglo II a.C. Según el libro de 1 Macabeos este rey “rompían y echaban al fuego los libros de la Ley que podían hallar. Al que encontraban con un ejemplar de la Alianza en su poder, o bien descubrían que observaba los preceptos de la Ley, le condenaban a muerte en virtud del decreto real” (1:56-57, BJ). Se le atribuye además el querer introducir en Palestina las costumbres, la religión y la lengua griega. Antíoco levantó en el Lugar Santo del Templo un altar al dios Zeus y sacrificó cerdos en él. En la captura de Jerusalén, fruto de la resistencia de los judíos, se nos dice que ochenta mil judíos fueron “masacrados y vendidos como esclavos”.[9] Pero los estudiosos de las Escrituras están de acuerdo en que, cuando se toman en cuenta todos los detalles de la profecía referente al cuerno pequeño, no es posible ver en él una referencia a Antíoco Epífanes. La interpretación – y es algo que muchas veces se desconoce – “generalmente se remonta a Porfirio (233 - c. 304), neoplatónico y defensor del paganismo. Alarmado por la difusión creciente del cristianismo, y comprendiendo que la profecía ocupaba un puesto clave en el pensamiento de los cristianos primitivos, Porfirio trato de contrarrestar la fuerza de la profecía de Daniel argumentando que el libro no era una profecía escrita por Daniel en el siglo VI a. C., sino un bosquejo histórico engañoso, redactado por un autor posterior al tiempo de los Macabeos. Esto es, Porfirio afirmaba que el libro había sido fraguado después de que los sucesos históricos tuvieron lugar, pero que habían sido puestos en tiempo futuro como una predicción.
“Esta interpretación antagónica no fue aceptada por los cristianos de Occidente, sino que su aceptación se limitó a unos pocos del Cercano Oriente. En términos generales, la teoría de Porfirio quedó latente hasta los tiempos posteriores a la Reforma, cuando fue exhumada de su oscuridad por Hugh Broughton (1549-1612) de Inglaterra. Pero desde entonces se ha difundido mucho (sin duda por ignorarse su origen y verdadero propósito) en el Viejo y en el Nuevo Mundo, para contrarrestar la escuela de interpretación histórica que afirma que el cuerno pequeño de Dan. 7 es el papado histórico que surgió de entre las diez divisiones del cuarto poder - el romano -, y que floreció durante la Edad Media. Esta teoría de Antíoco Epífanes se ha difundido mucho ahora entre los modernistas y se encuentra en la mayoría de los comentarios críticos”.[10]
Pero la evidencia nos impulsa a mirar en otra dirección. Según pudimos ver, el cuerno pequeño, surge de la misma bestia que representa al Imperio Romano pagano, y con su surgimiento derriba a “tres” de los primeros. Este poder entonces es lo que le permite al imperio seguir existiendo, pero naturalmente, por los hechos del cuerno pequeño se hace claro que lo hace bajo una nueva forma. Mientras los demás cuernos o reinos son poderes seculares, el cuerno pequeño es un poder político-religioso. Los historiadores están de acuerdo en que lo que surgió “de las ruinas de la Roma política” fue “gran imperio moral en la ‘forma gigante’ de la Iglesia Romana”.[11] Se observa además que “bajo la potestad del Imperio Romano los papas no tenían poder temporal. Pero cuando el Imperio Romano se hubo desintegrado y su lugar fue ocupado por varios reinos rudos y bárbaros, la Iglesia Católica Romana no sólo se independizó de esos Estados en el aspecto religioso, sino que dominó también en lo secular. A veces, bajo gobernantes tales como Carlomagno (768-814), Otón el Grande (936-973) y Enrique III (1039-1056), el poder civil tuvo cierto predominio sobre la iglesia; pero en general, durante el débil sistema político del feudalismo, la iglesia, bien organizada, unificada y centralizada, con el papa a su cabeza, no sólo era independiente en los asuntos eclesiásticos sino que también controlaba los asuntos civiles”.[12]
¿Qué decir de los tres cuernos que fueron arrancados con el surgimiento del cuerno pequeño? Este es otro hecho que tiene exacto cumplimiento histórico. La caída de los tres cuernos “simboliza la destrucción de tres de las naciones bárbaras. Entre los principales obstáculos que se le presentaron a la Roma papal en su encumbramiento al poder político estuvieron los hérulos, los vándalos y los ostrogodos. Los tres eran defensores del arrianismo, que fue el rival más formidable del catolicismo”.[13] Para algunos detalles adicionales sobre las condiciones que se dieron para el establecimiento del poder papal véase nuestro análisis de Apoc. 12:6. Es interesante notar la similitud que existe entre las acciones del cuerno pequeño y a las de la bestia de Apoc. 13.
 
Cuerno Pequeño
Bestia Multifacética  
 
Surge de la cabeza de la cuarta bestia, símbolo de la Roma pagana (Dan. 7:7-8).
 
Recibe su autoridad del dragón, símbolo de Satanás y de la Roma pagana (Apoc. 13:2).
Habla grandes cosas contra el Altísimo (Dan. 7:25).
 
Habla blasfemia contra el Dios del cielo (Apoc. 13:1,5-6).
Quebranta a los santos de Dios (Dan. 7:25).
 
Hace guerra contra los santos (Apoc. 13:7).
 
Su tiempo de señorío es por “tiempo, tiempos y medio tiempo”, es decir, 1,260 años  (Dan. 7:25).
La bestia domina por 42 meses o 1,260 días proféticos, que son 1,260 años (Apoc. 13:5).
 
La profecía nos dice que cuando esta bestia surgió del mar, el dragón, que representa Satanás y al Imperio Romano pagano como ya vimos, estaba esperándola para envestirla de poder: “El dragón le dio su poder y su trono y gran autoridad”. A diferencia de Cristo en el desierto de la tentación, que rehusó recibir los reinos de este mundo por medio de la adoración de Satanás, la bestia sí los acepta. Este pasaje es como una parodia del poder con el que Cristo ha sido investido por el Padre para llevar a cabo el Plan de Salvación (Juan 5:19-23; Mat. 28:18). Satanás, imita a Dios en todo, Dios tiene su Ungido: el Cristo; él también tiene el suyo: el Anticristo. Satanás da su poder y gran autoridad a la bestia para que esta continúe su propia obra de persecución y muerte en contra de los santos (cf. vers. 7). Esta parte de la profecía – como lo creen muchos comentaristas – hace alusión a la herencia de la Roma papal del trono y el poder de los césares, la autoridad, el prestigio y la misma sede del antiguo Imperio Romano.  
 
“En el siglo sexto el papado concluyó por afirmarse. El asiento de su poder quedó definitivamente fijado en la ciudad imperial, cuyo obispo fue proclamado cabeza de toda la iglesia. El paganismo había dejado el lugar al papado. El dragón dio a la bestia ‘su poder y su trono, y grande autoridad’”.[14]
 
“Constantino, el primer emperador cristiano, desocupó la ciudad de Roma haciendo pasar la sede del imperio a Constantinopla, la nueva capital que é estableció en la zona hoy ocupada por Turquía. Se decía al principio que el imperio tendría dos capitales, pero en realidad nunca fue así. En el occidente quedó un tremendo vacío de autoridad, y el resultado se vio muchas veces en el desorden y la anarquía. El emperador Justiniano, buscando a alguien que pudiera llenar este vacío, invistió de autoridad política al papa... esta envestidura se hizo efectiva en el año 538 d.C.”[15]
 
No resulta imposible después de hacer un análisis juicioso de los hechos, encontrar otro poder que se ajuste tan perfectamente a la profecía como el sistema papal.
 
Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella? (vers. 3-4)
 
La herida de muerte
Juan ve ahora, una de las cabezas de la bestia “como herida de muerte”. Pero esta herida no causó la muerte total de la bestia, fue una herida temporal, pues “su herida fue sanada”. El resultado de esta curación fue que “toda la tierra se maravilló en pos de la bestia”. Antes de ver el significado de esta “herida”, queremos destacar un hecho interesante registrado en este versículo y que se da también en el cap. 12 en relación con el dragón. Ya hemos dicho que las siete cabezas del dragón “representan poderes políticos que han fomentado la causa del dragón, y por medio de los cuales este ha ejercido su poder perseguidor”. Esta parece ser una interpretación coherente con el contexto profético del libro de Apocalipsis. En el cap. 12 se ve que cuando el dragón arroja tras la mujer la riada de agua para “arrastrarla” y ahogarla, lo hace con una de sus cabezas, no con las siete consecutivamente: “la serpiente arrojó de su boca” (Apoc. 12:15). Lo mismo sucede con el poder representado por la bestia, es una de sus cabezas la que es herida de muerte, no todas sus cabezas.
Siendo más precisos, el dragón del cap. 12 y la bestia de los capítulos 11, 13 y 17 representan el poder ideológico de este mundo sustentado y alimentado por Satanás (para una idea más detallada de este particular, vea nuestro análisis de la bestia escarlata en el cap. 17). Las cabezas son entonces los poderes políticos-terrenales que el dragón utiliza en su guerra contra el remanente de Dios en toda su historia terrena. Pero, ¿cómo es posible que se pueda hablar de la bestia como el sistema papal y al mismo tiempo decir que este poder está representado por una de sus cabezas? Estas ideas no son excluyentes, si se toma en cuenta que Juan está empleado una figura de lenguaje conocida como sinécdoque. Esta figura literaria permite designar “una cosa por el nombre de una de sus partes, generalmente la más característica”. Así puede hablarse sin contradicción alguna de la bestia como un símbolo del sistema papal, y al mismo tiempo decir que la cabeza que fue herida, es ese mismo poder. Esto lo podemos ver nuevamente en Apoc. 17. Allí se habla de la bestia como que “era y no es, y está por subir del abismo… la bestia era y no es, y será” (vers. 8). Pero luego se habla de las siete cabezas de la bestia como “siete montes” o “siete reyes”, de los cuales “cinco de ellos han caído, uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo” (vers. 10). En el vers. 11 tenemos la fusión de estos símbolos: bestia/cabeza: “La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición”.
       Algunos entienden que estas cabezas pueden abarcar a reinos que no ha ejercido poderío universal tales como Egipto y Asiria.[16] Esto implica que aunque un poder político no haya ejercido hegemonía mundial, pueden estar representados por las “siete cabezas”. Desde esta perspectiva, las “siete cabezas” (del dragón, y las bestias de los caps. 13 y 17) entonces, no aluden a un numero exacto de poderes hostiles, sino que constituyen un símbolo de los reinos que han existido como instrumento del dragón en su lucha milenial en contra de Dios y su pueblo fiel. Pero otros eruditos, se ciñen al hecho de que los poderes representados por las cabezas de la bestia deben ser visto como potencias que han impreso en la historia una direccionalidad que han permitido que la historia sea hoy tal como es. El Apocalipsis es la revelación de las cosas “selladas” en Daniel, por consiguiente parece más razonable partir del mismo orden establecido por el profeta Daniel, quien comienza el desarrollo de sus visiones (filosofía de la historia) con Babilonia. Esta idea será desarrollada más detalladamente en nuestro estudio sobre Apoc. 17.
 
El significado de la herida de muerte
La herida de muerte que recibe la bestia y su restablecimiento representa una pérdida de poder temporal. Este acto fue un elemento determinado por la Providencia divina con el propósito de darle al remanente otra oportunidad de sobrevivencia. Debe recordarse que Apoc. 13 constituye una ampliación de los detalles de “la guerra del dragón contra la mujer de Apocalipsis 12”. Por consiguiente, debemos ver aquí, bajo nuevos símbolos, los detalles de la gran persecución de Satanás en contra del pueblo de Dios. ¿Puede aplicarse también esta parte de la profecía al sistema papal? Si, estos aspectos de la profecía pueden ser históricamente verificados en relación con el sistema papal. El tiempo señalado por la profecía aquí es 1798, el fin de los 1,260 años, cuando el sistema papal recibió una “herida mortal”, en mano del ejército francés. El general Berthier entró a Roma y declaró que “había terminado el poder político del papa”. Este último fue tomado prisionero y llevado a Francia donde murió poco después en prisión. Se reconoce que esto “sólo marcó la culminación de una larga serie de acontecimientos”, porque la decadencia del poder político del papado había comenzado a declinar desde años antes. Así como las invasiones de las tribus bárbaras había debilitado al Imperio Romano pagano (los juicios de Dios contenidos en las primeras cuatro trompetas), así mismo, las constantes invasiones de los mahometanos al Imperio Romano papal (los juicios de Dios registrados en la quinta y sexta trompetas), tendieron a debilitar el poder y la influencia del papado. La misma Reforma Protestante marcó un hecho “significativo en la larga serie de acontecimientos”. Todavía en 1780 recibió el sistema papal otro duro golpe con la unificación política de Italia, que sacó nuevamente al sistema papal del “reinado temporal sobre los estados papales”. Pero el mayor golpe que marcó dramáticamente su final fue el de 1798.
Para este tiempo, cuando la bestia fue herida, “muchos pensaron que la destrucción de la Santa Sede por fin se había logrado, y la posición del papado ciertamente había alcanzado su nivel más bajo”.[17] Se observa que “el gobierno Francés esperaba destruir al gobierno pontificio después de la muerte del papa al no permitir la elección de otro papa. El heridor esperaba acabar con el sistema”.[18] Era de esperarse esta reacción por parte de Francia, pues el papado no sólo “había denunciado a la Revolución Francesa y su Constitución Civil Clerical (1790)”, también “había participado en la primera coalición de poderes europeos para ayudar a destruir a la Revolución Francesa”.[19] Es digno de observar que en 1797, en una carta enviada a Napoleón, el Directorio francés decía que “la religión romana siempre sería el enemigo irreconciliable de le República. Hay que asestarle un golpe en Francia y hay que asestarle otro en Roma”. Observaba también que la República debía “destruir, si es posible, el centro de unidad de la iglesia romana”.[20]
Algo que resulta interesante saber es que Francia, llamada la “hija mayor” del papado durante más de 12 siglos prestó su espada como “instrumento eficaz para la conversión [forzada] de hombres a la iglesia de Roma y para mantener la autoridad papal”. Ahora, su propia “hija” no sólo le retiraba su apoyo, sino que se volvía contra el sistema papal. Es como si la historia de la reina idólatra Jezabel se hubiese repetido en una escala mayor (cf. 1 Rey. 21:19; 2 Rey. 9:30-36) volveremos a este tema en nuestro análisis de Apoc. 17:16.
Otra propuesta reconoce en la herida de muerte una alusión no a la muerte del sistema papal realmente, o a la iglesia de Roma, sino a “la disolución de la unión de la Iglesia y el Estado, que no fue llevado a cabo simplemente por el destronamiento del papa Pío VI en 1798, sino por la ideología poderosa que está por detrás de la revolución de Norteamérica y de la revolución Francesa: ‘Los dos principios fundamentales de libertad civil y religiosa, características del verdadero cristianismo’”.[21] De acuerdo a este punto de vista, la herida mortal sanará cuando “se le restaure [a la bestia] el antiguo poder de persecución”, es decir, cuando Roma recupere totalmente el poder de hacer cumplir sus doctrinas y voluntad sobre las conciencias como en épocas pasadas. Las condiciones que favorecerán esta situación la veremos más en detalle en nuestro análisis de los versos 11-18.
 
La herida de muerte sanada
La curación de la herida de muerte provoca la admiración de todos los habitantes de la tierra. “Su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia..., y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?”. Hay ciertos hechos históricos que pueden mencionarse como cumplimiento de esta parte de la profecía. Pero debe tenerse en cuenta que todo lo que se pueda señalar implica sólo el comienzo de la curación de la herida, pues “el profeta contempla que hay una restauración mucho mayor. Vio la herida completamente curada, como lo insinúa el texto griego. Juan vio, además, que después de la curación ‘todos los moradores de la tierra’ - excepto unos pocos fieles - adoraron a la bestia (vers. 8) Esta adoración aún se halla en el futuro”.[22] ¡El proceso de restauración comenzó durante la misma Revolución Francesa! “Aunque en 1801 Napoleón negoció un tratado con el papado según el cual el papa quedaba en posesión de su primado italiano, en 1870, cuando el nuevo reino unificado de Italia tomó los territorios papales el papado perdió una vez más. El papa permaneció como un ‘prisionero voluntario en el Vaticano’ hasta 1929, cuando, mediante un tratado con Mussolini, se le dio un estatus de soberano como gobernante de la ciudad del Vaticano, junto con otros derechos. El diario San Francisco Chronique tituló este evento: ‘Mussolini y Gasparri firman histórico pacto romano... Se sana una herida de muchos años’ (12 de Febrero de 1929)“.[23]
El tiempo presente es testigo de la influencia y liderazgo del sistema papal en los asuntos internacionales. ¡Y la recuperación de su poder en forma plena todavía continúa en el futuro! “Y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?”.
 
También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo. Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo. Si alguno tiene oído, oiga. Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto.  Aquí está la paciencia y la fe de los santos (vers. 5-10).
 
La bestia es un poder arrogante
Juan ve que la bestia habla grandes cosas y blasfemias. Y es natural porque según el vers. 2 ella tiene sobre su cabeza un nombre o carácter completamente blasfemo. El tiempo que la bestia recibe autoridad para actuar es  42 meses o 1,260 días, el período de tiempo durante el cual el dragón persiguió a la mujer según Apoc. 12:6,14. Durante este lapso de tiempo “se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos”. Este detalle establece relación con Apoc. 12 y revela además que la persecución del dragón registrada en Apoc. 12:6,13-16 fue por medio de esta bestia. Los eventos registrados aquí nos permiten tener una idea más amplia del conflicto registrado en capítulo 12 de Apocalipsis.
Juan ve que las “grandes cosas y blasfemias” que habla la bestia multifacética están dirigidas contra Dios, su Tabernáculo y los que moran en el cielo. ¿Cómo entender estos aspectos de la profecía? ¿Cumple el sistema papal este detalle también? Con bastante precisión. Veamos.
 
Blasfemias contra Dios
La voz blasfemia significa “injuriar”, “desacreditar” “calumniar”, “difamar”. En el contexto religioso significa el “descrédito de la Majestad de Dios”. Cuando Jesús perdonó los pecados de una mujer pecadora, los que estaban cerca de Él dijeron: “¿Quién es éste, que también perdona pecados?” (Luc. 7:48-50, cf. Mar. 2:5-7). Era claro para los que estaban allí que sólo Dios tiene autoridad para perdonar pecados. Pretender ser igual a Dios es blasfemia también (Juan 10:30-33). Tomar el nombre de Dios pretendiendo servirle, mientras se vive una vida incoherente con sus principios y normas es considerado un acto blasfemo (Apoc. 2:9). Blasfemar contra Dios es también resistir la verdad del Evangelio en su plena manifestación en demostración del Espíritu, y proseguir pertinazmente otra dirección (Hech. 13:45; Mat. 12:30-31).
En este punto no necesitamos adjudicar nada al sistema papal, pues él mismo ha hecho declaraciones arrogantes y blasfemas. Veamos algunos ejemplos que están contenidos en la literatura eclesiástica.
 
“El papa es de una dignidad tan grande y es tan excelso, que no es un mero hombre, sino como si fuera Dios y el vicario de Dios...
 
“El papa es como si fuera Dios sobre la tierra, único soberano de los fieles de Cristo, jefe de los reyes, tiene plenitud de poder, a él le ha sido encomendada por Dios omnipotente la dirección no sólo del reino terrenal sino también del reino celestial...
 
“Cualquier cosa que se diga que hace el Señor Dios mismo, y el Redentor, eso hace su vicario, con tal que no haga nada contrario a la fe”.[24]
 
Como es sabido, la iglesia Católica pretende tener la autoridad de perdonar pecados por medio de sus sacerdotes, hombres falibles como todos los demás. La siguiente cita es una declaración asombrosa de este hecho: “El sacerdote ocupa el lugar del Salvador mismo, cuando al decir ‘ego te absolvo’ (yo te absuelvo), lo absuelve de pecado. Este gran poder, que Jesucristo ha recibido..., Él lo ha comunicado a sus sacerdotes... Perdonar un solo pecado requiere toda la omnipotencia de Dios... Pero lo que sólo puede hacer Dios por su omnipotencia, el sacerdote también lo puede hacer al decir ‘Ego te absolvo a peccattis tuis’... San Clemente, entonces, tenía razón al decir que el sacerdote era como un Dios en la tierra... Inocencio III escribió: ‘En verdad, no es demasiado decir que en vista de lo sublime de su oficio, los sacerdotes son muchos dioses’”.[25] Se nos dice que fue Jesucristo cuando estuvo en la tierra quien dotó de poder a los sacerdotes para perdonar pecados. En el Concilio de Trento (1545-1563) se afirmó que este poder puede ser empleado aún por “los sacerdotes que están bajo pecado mortal... por virtud del Espíritu Santo conferidos en la ordenación”.
Hay otro detalle que llama grandemente nuestra atención, y es un aspecto de las enseñanzas católicas de las cuales se habla poco. Nos referimos a la doctrina de la transubstanciación. Esta extraña y herética doctrina sostiene “que el pan y el vino se convierten literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo, no sólo en apariencia exterior sino en su naturaleza intrínseca... los emblemas [de la Cena del Señor] se habían convertido en un sacrificio, y Cristo era nuevamente ofrecido como la ofrenda por el pecado”.[26] Esta creencia fue aprobada en “el Cuarto Concilio de Letrán (1215) como un dogma de la iglesia”. En este contexto, se nos dice que nuestro asombro debería ser grande al darnos cuenta de que en obediencia a las palabras “de los sacerdotes ‘Hoc est Corpus Meum’ Dios mismo desciende al altar, que viene donde quiera lo llamen, y tan a menudo como lo llamen, y se coloca a sí mismo en sus manos, aun cuando fueran sus enemigos. Y luego de venir, permanece, enteramente a su disposición; lo mueven a su gusto, de un lugar a otro.
“Así el sacerdote puede, en cierta manera, ser llamado el creador de su Creador... ‘El poder del sacerdote’ dice San Bernardino si Sierra, ‘es el poder de la persona divina; ya que la transubstanciación del pan requiere tanto poder como la creación del mundo’”.[27] Según se sabe, la transubstanciación, es una doctrina que ni siquiera algunos eruditos católicos la entienden plenamente. Esta enseñanza no sólo es extraña y herética, sino que niega completamente la eficacia de la muerte expiatoria de Cristo, que según la Biblia no tiene necesidad de ofrecerse nuevamente por los pecados del mundo, “con una sola ofrenda ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados” (Heb. 10:14; 7:27, 9:26-28; 10:7,10,12, la cursiva es nuestra). Si en cada misa se repite el sacrificio de la cruz al convertir el pan y el vino “literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo, no sólo en apariencia exterior sino en su naturaleza intrínseca”, esta es una de las peores desviaciones en la que ha podido caer la iglesia alguna vez.
Aun hay otro aspecto que puede ser considerado como blasfemia contra el nombre de Dios, y es el cambio de día de reposo del sábado al domingo. Muchos cristianos quieren negar los hechos históricos claramente comprobados sobre este detalle y proponen la idea de que el domingo es el día de reposo desde la muerte de Cristo en la cruz. Pero al hacerlo denotan debilidad en el conocimiento de las Escrituras sobre este particular (Exo. 20:8-11; Mar. 2:27; Hech. 16:13). La Iglesia Católica afirma que el cambio del día de reposo es su responsabilidad, pues entiende que tiene la autoridad para hacer el cambio. “La Iglesia de Dios [es decir, la Iglesia Católica] en su sabiduría ha ordenado que la celebración del día sábado fuese transferida al ‘día del Señor’”.[28] Es bueno saber que este catecismo “fue escrito por orden del gran Concilio de Trento y publicado bajo los auspicios del Papa Pío V”.[29] El mismo Martín Lutero observó: “Ellos [los católicos] cambiaron el día de reposo al domingo, el día del Señor, contrariamente al Decálogo, y a raíz de esto, al parecer no hay ningún otro caso del que se jactan más que del cambio del día de reposo. Dicen que es grande el poder y la autoridad de la iglesia, puesto que hizo caso omiso de uno de los Diez Mandamientos”.[30]

Eusebio, uno de los principales historiadores eclesiástico, en su comentario sobre el Salmo 92 escribió: “Todas aquellas cosas que era deber hacer en el sábado, las hemos transferido al día del Señor, como que le pertenecen de manera más apropiada, porque este día tiene preferencia y ocupa el primer lugar y es más honorable que el sábado judío”. Observe los siguientes comentarios: 

“De esta misma Iglesia Católica habéis aceptado vuestro domingo, y ese domingo, como día del Señor, ella ha entregado como tradición; y todo el mundo protestante lo ha aceptado como tradición, porque no disponéis ni de una mínima parte de la Escritura para respaldarlo. Por lo tanto, lo que habéis aceptado como vuestra regla de fe, por inadecuada que sea, por supuesto, tanto como vuestro domingo, habéis aceptado de la autoridad de la Iglesia Católica Romana”.[31] 

“En ninguna parte de la Biblia – dice un teólogo católico – encontramos que Cristo o los apóstoles ordenaron que el día de reposo fuera cambiado del sábado al domingo. Tenemos el mandamiento de Dios dado a Moisés de santificar el día de reposo, es decir el séptimo día de la semana, el sábado. Actualmente la mayor parte de los cristianos guarda el domingo porque nos ha sido revelado por la Iglesia [Católica Romana], fuera de la Biblia”.[32] 

La Palabra de Dios vs. la palabra de los hombres

Siendo que el sábado es el monumento conmemorativo la creación del mundo por nuestro Padre celestial, atentar contra él es inferir que el hombre conoce mejor que Dios mismo, cuál es el día que mejor representa su obra creadora. Este es un cuestionamiento arrogante de su autoridad. Dios dice: “El séptimo días es sábado para Jehovah tu Dios”, pero el papado dice: “El primer día es reposo para Jehovah tu Dios”. ¿No es esto una flagrante blasfemia contra el nombre de Dios y su autoridad? ¿Cuál es la base sobre la cuál se determina lo que es mejor para los seres humanos? ¿La Palabra de Dios o la de los hombres? Aquí cabe preguntar: “¿Por qué vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?... Este pueblo me honra con los labios; pero su corazón está lejos de mí. Más en vano me rinden culto, enseñando doctrinas que son preceptos de hombres” (Mat. 15:3,8-9). El cristiano que ama profundamente a Dios y desea honrarle no se somete a principios que no tienen fundamentos en las Sagradas Escrituras. Si aparte de la Biblia, debemos aceptar un complemento adicional para formar así lo que se llamaría “Palabra de Dios“, hay más gloria en someterse a criterios personales antes que a los criterios e ideas de otros. Pero, el verdadero siervo de Dios no tiene mente ni corazón que no sea para recibir la Biblia y la Biblia sola como única regla de vida y práctica. Bien expresó el salmista: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu Palabra. Con todo mi corazón te he buscado, no dejes que me desvíe de tus Mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti... Me deleito en tus decretos, no descuidaré tus palabras” (Sal. 19:9-12,16). Nunca seremos verdaderamente libres en términos espirituales, mientras gravite sobre nuestra cabeza el grotesco fantasma de las inútiles tradiciones de los hombres que se levantan contra la Palabra de nuestro excelso y soberano Dios.  

Blasfemias contra el Tabernáculo

Algunos, viendo en la bestia un símbolo del Imperio Romano pagano, entienden esta declaración como una alusión “a todas las maneras en que Roma había insultado a Dios y a su Morada”. En este contexto se observa que el mismo Calígula (37-41 d.C.), quien exigió que se le diera adoración universal, insistía en establecer una imagen suya en el Lugar Santísimo del Templo de Jerusalén. Calígula estaba decidido a realizar su propósito y reunió un ejército para lograrlo, cuando afortunadamente murió.[33]

La bestia, ciertamente es un símbolo de Roma, pero en su fase cristiana y papal y no pagana como ya hemos podido ver. Por consiguiente, debemos dejar las pretensiones de los emperadores romanos a un lado, y fijarnos en las de los papas, que fueron tan grandes o peores que las de aquellos, por cuando profesan conocer y representar a Dios ante los hombres. De este poder nos dice el apóstol Pablo: “Se manifestará el hombre de pecado, el hijo de perdición, que se opondrá y exaltará contra todo lo que se llama Dios, o que se adora; hasta sentarse en el Templo de Dios, como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tes. 2:3-4). Para comprender el significado de las blasfemias contra el Tabernáculo de Dios debemos tomar en cuenta que las Sagradas Escrituras le atribuyen un significado súper especial al ministerio sumo sacerdotal que Cristo está realizando en el Santuario celestial. La Biblia une de forma interesante la obra de Cristo, una obra real y maravillosa, con la existencia de un Santuario real y maravilloso en los cielos (cf. Heb. 8:1-2,5; 9:11-12,23-24, Apoc. 8:1-5). En ese perfecto Tabernáculo, no de esta creación, Cristo, como único sumo sacerdote y mediador entre Dios y los hombres, ofrece los beneficios de su muerte expiatoria a su pueblo (2 Tim. 2:5; Heb. 9:15; 10:21-22). Por consiguiente, Él no necesita de hombres falibles que hagan el papel de sacerdotes para la transmisión de estas bendiciones. El sistema sacerdotal del antiguo culto fue eliminado (Heb. 7:12), y en su lugar se estableció un nuevo ministerio en la Iglesia Apostólica compuesto de la siguiente manera: “El mismo dio a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros” (Efe. 4:11). Y esto fue hecho, según este texto, por dos razones básicas: 1) “A fin de perfeccionar a los santos para desempeñar su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un estado perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo” (vers. 12-13). Y 2) “Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por cualquier viento de doctrina, por estratagema de hombres, que para engañar emplean con astucia los artificios del error” (vers. 14). Estos líderes espirituales fueron establecidos simplemente para ser los comunicadores de las nuevas verdades que se habían inaugurado con la muerte de Cristo.

Blasfemar contra el Tabernáculo de Dios, es pues, desestimar la “singularidad e importancia” que ocupa el ministerio de Cristo en el Santuario celestial y desviar la atención de los hombres y mujeres a un sistema de culto disminuido e innecesario. Esta es precisamente la obra que según el profeta Daniel haría el cuerno pequeño: 1) “Se engrandeció hasta el ejército del cielo” (vers. 10). 2) “Aun contra el Príncipe del ejército se engrandeció, y quitó el continuo; y el lugar de su Santuario fue echado por tierra” (vers. 11). Y 3) “Echó por tierra la verdad, y prosperó en todo lo que hizo” (vers. 12). 

Blasfemias contra los que moran en el cielo

Se reconoce que la conexión entre esta declaración y la anterior no es tan clara como quisiéramos según el texto original. Algunas versiones igualan al “Tabernáculo” con los “moran en el cielo al traducir: “blasfemando su Morada..., es decir, los que moran en el cielo” (Revised Standard Versión), mientras que nuestro texto (y la de otras versiones) los considera como cosas distintas.[34] Algunos han visto en esta expresión una alusión a la pretensión del sistema papal de poseer autoridad aún sobre los ángeles del cielo: “En verdad, la excelencia y el poder del romano pontífice no es solamente en la esfera de las cosas celestiales, de las terrenales y de las de las regiones inferiores, sino aun sobre los ángeles, sobre quienes él es más grande”.[35]

Esta frase también puede ser entendida como una referencia a las persecuciones de las que fue objeto el pueblo de Dios en los años de supremacía del Anticristo, pues a la bestia “se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos”. Los “moradores el cielo”, son la antítesis de los moradores de la tierra. Estos últimos, como ya hemos visto, constituyen los adoradores del dragón y la bestia (Apoc. 13:8; 17:8), los enemigos de Dios, su pueblo y su Palabra (Apoc. 6:10, 11:10). Se reconoce que los seres humanos, según el libro del Apocalipsis, están divididos en tres grupos. “La población general del mundo organizada en tribus, lenguas, pueblos y naciones, sobre los cuales la bestia ejerce autoridad (Apoc. 13:7); los moradores de la tierra que la adoran y la siguen, y por eso sus nombres no están escrito en el Libro de la Vida del Cordero (13:8), y ‘los que moran en el cielo’, también llamados santos (13:6-7,10), que sufren con paciencia, la persecución y la guerra autoritaria de la bestia, pero que siguen en la fe, sin alterarse”.[36]

En el libro de Daniel también se revela la actitud perseguidora y blasfema de este poder, cuando se nos dice: “Vi que este cuerno combatía a los santos y los vencía... Hablará palabras contra el Altísimo, a los santos del Altísimo quebrantará... Y serán entregados en su mano por un tiempo, dos tiempos y medio tiempo”. “Se engrandeció hasta el ejército del cielo, y echó por tierra parte del ejército y de las estrellas (los fieles de Dios), y las pisoteó... Y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos.” (Dan. 7:25; 8:10,24). Se puede notar que tanto Daniel como Juan establecen el mismo período de tiempo durante el cual la bestia perseguiría a los santos y trataría de establecer hegemonía universal: “Tiempo, tiempos y medio tiempo” o “42 meses”, que son los mismos 1,260 años como ya vimos también en nuestro estudio sobre Apoc. 12:6. Las persecuciones papales en contra de los cristianos es algo que aún algunos eruditos católicos reconocen y se escandalizan por ello. “Ninguna religión en el mundo (ni una sola en la historia de la humanidad) tiene sobre su conciencia tanto millones de personas que piensan de manera diferente y creen en forma tan diferente. El cristianismo es la religión más asesina que alguna vez haya existido”.[37] Y todo este severo juicio por causa de las acciones del papado. La siguiente consideración está en el mismo tenor: “No puede ser en absoluto ninguna exageración decir que la Iglesia de Roma ha causado una cantidad de sufrimiento inmerecido mayor que cualquier otra religión que alguna vez haya existido”.[38] 

El que a espada mata, a espada muere

La profecía declara que “si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto” (cf. Jer. 15:2), es decir, los que han perseguido a los fieles hijos de Dios sufrirán la misma suerte. Pero la venganza no deben emprenderla los mismos perseguidos, será realizada por Dios. “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, antes dad lugar a la ira de Dios. Porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Rom. 12:19). A los cristianos se les llama a expresar la nobleza más grande, aquella que nace en el corazón del Manso y humilde: “Al contrario, si tu enemigo tuviera hambre, dale de comer; si tuviera sed, dale de beber. Actuando así, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza. No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien” (vers. 20-21). El verdadero cristianismo es una demostración plena de la vida de amor incondicional de Cristo. La persecución y la difamación de los que no comparten nuestros puntos de vista es el resultado de poseer el espíritu del Anticristo, Satanás.

Cuando Roma empeñó las armas contra los santos que no se sometían a sus enseñanzas, reflejó el peor de los caracteres, y dio el más grotesco de los testimonios. ¡Y lo peor de todo es que lo hacía ¡en el nombre del Señor! Es probable que se registre y se diga que el “cristianismo es la religión más asesina que alguna vez haya existido”, pero debe quedar claro que esto NO es cierto del verdadero cristianismo, sino de la falsificación de este, y el resultado de la gran apostasía que estaba predicha en la Palabra de Dios. Pero Cristo hizo claro que los que usen la espada, perecerán bajo la espada divina: “Todos los que tomen espada, a espada perecerán” (Mat. 26: 52). En este contexto nos dice el autor de la carta a los Hebreos: “¡Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo!” (Heb. 10:31). Con gran percepción se nos ha dicho: “La iglesia papal no abandonará nunca su pretensión a la infalibilidad. Todo lo que ha hecho al perseguir a los que rechazaban sus dogmas lo da por santo y bueno; ¿y quién asegura que no volvería a las andadas siempre que se le presentase la oportunidad? Deróguense las medidas restrictivas impuestas en la actualidad por los gobiernos civiles y déjesele a Roma que recupere su antiguo poder y se verán resucitar en el acto su tiranía y sus persecuciones”.[39]

Dada la intensidad del conflicto con la bestia, Dios ha dotado a los santos de “paciencia”. Una palabra que en el original denota “aguante” y “perseverancia”, como la que Cristo mostró en su lucha contra el pecado en la cruz (Heb. 12:2). La expresión “aquí está la paciencia de los santos”, implica mucho más que una resignación pasiva; “denota una resistencia activa (Rom. 5:3). Durante la lucha con la bestia, los santos soportan con perseverancia” (cf. Apoc. 14:12). El clamor del salmista ante la aflicción de Israel constituye un reflejo de la súplica y la angustia de los santos durante su persecución y martirio:  

“¡Despierta! ¿Por qué duermes, Señor? ¡Despierta, no nos deseches para siempre! ¿Por qué escondes tu rostro, y te olvidas de nuestra aflicción y opresión? Estamos agobiados hasta el polvo, nuestro cuerpo postrado hasta la tierra. Levántate ven en nuestra ayuda, y rescátanos por tu amor” (Sal. 44:23-26, cf. Rom. 8:35-39). 

El desafío del remanente entonces, es permanecer fiel ante la prueba, y habiendo obtenido un carácter aprobado estar listo para la traslación al reino de los cielos.  

Notas y Referencias:

[1] Mario Veloso, El Apocalipsis y el fin del Mundo, p. 165.
[2] William Barclay, Comentario al Nuevo Testamento, vol. 17, El Apocalipsis II, p. 102.
[3] Hans K. LaRondelle, Las Profecías del Fin, p. 298, el énfasis está en el original.
[4] Veloso, Ibíd., p. 167.
[5] Laron Wade, El Futuro del Mundo Revelado en el Apocalipsis, p. 164.
[6] Barclay, Ibíd., p. 109.
[7] Wade, Ibíd.
[8] Comentario Bíblico Adventista, tomo IV, p. 852.
[9] Barclay, Ibíd., p. 73.
[10] Comentario Bíblico Adventista, tomo IV, p. 45.
[11] A. C. Flick, The Rise of the Mediaeval Church, 1900, p. 150. 
[12] Carl Conrad Eckhardt, The Papacy and World-Affairs [1937] p. 1.
[13] Comentario Bíblico Adventista, tomo IV, p. 853.
[14] Elena G. de White, El Conflicto de los Siglos, p. 58.
[15] Wade, Ibíd., p. 165.
[16] Carl Coffman, Lecciones de la Escuela Sabática, parte II, Triunfo Presente, Gloria Futura, p. 31, julio, agosto, septiembre, 1989.
[17] J. F. Broderick, “Papacy”, New Catholic Encyclopedia, vol. 10, p. 965.
[18] Ángel M. Rodríguez, Fulgores de Gloria., pp. 110-111.
[19] LaRondelle, Ibíd., p. 305
[20] Citado en LaRondelle, Ibíd., pp. 305-306.
[21] LaRondelle, Ibíd., p. 308, las cursivas están en el original. El autor está siguiendo la idea de George McCready Price expresada en su obra El Tiempo del Fin, p. 43.
[22] Comentario Bíblico Adventista, tomo VII, p. 832.
[23] Coffman, Ibíd., p. 36, la negrita está en el original.
[24] Traducción de Lucio Ferraris (teólogo católico del siglo XVIII), “Papa II”, Prompta Bibliotheca, tomo VI, pp. 25-29.
[25] Eugene Grima, ed., Dignity and Duties of the Priest, Brooklyn, Redemptorist Fathers, 1927, pp. 34-36.
[26] Comentario Bíblico Adventista, tomo VI, p. 69.
[27] Grima, Ibíd., pp. 32-33.
[28] Cathechism of the Council of Trent, traducción de Donovan, Ed. 1829, p. 358.
[29] Comentario Bíblico Adventista, tomo IV, p. 858.
[30] Martín Lutero, Confesiones de fe de Augsburgo, Art. 23, par. 9.
[31] D. B. Ray, The Papal Controversy, 1982, p. 179.
[32] Catholic Virginian, 3 Octubre de 1947.
[33] Barclay, Ibíd., p. 110.
[34] Rodríguez, Ibíd., pp. 112-123.
[35] Lucio  Ferraris, “Papa II”, Prompta Biblioteca, t. VI, p.27.
[36] Veloso, Ibíd., p. 169.
[37] Thomas y Gertrude Sartory, In der Holle Brennt Kein Feuer, pp. 88-99, citado en LaRondelle, Ibíd, p. 303.
[38] W. E. H. Lecky, Historia del Surgimiento y la Influencia del Espíritu del Racionalismo en Europa, tomo II, p. 45, citado en LaRondelle, Ibíd., p. 303.
[39] White, El Conflicto de los Siglos, p. 621.
 

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