Los Agentes del Gran Dragón -II

 

La Bestia que Sube de la Tierra

   
  Por: Héctor A. Delgado
   
 

Introducción

EN ESTA SECCIÓN continuamos con nuestro análisis del capítulo 13 de Apocalipsis, específicamente los símbolos que tratan los vers. 11-18. En estos textos encontramos el surgimiento y la obra de una nueva bestia, y con ella el comienzo de una nueva etapa en la profecía. La descripción que Juan hace en esta parte revela “una progresión en la historia”. En el tiempo del fin presenciaremos una agudización de las fuerzas del mal que culminará con la intervención de Cristo (cf. 2 Tim. 3:13). Esta nueva bestia que surge en la escena profética constituye “la última en una serie de tres poderes hostiles”, que se une a la dos primeras. En la Edad Media se hicieron intentos por identificar la bestia que sube de la tierra, pero fracasaron, porque era difícil que los estudiosos la entendieran antes de que la primera bestia sufriera la herida de muerte.[1] El mismo Cristo reveló que algunas cosas proféticas se comprenderían mejor después que se hubieran cumplido (Juan 14:29). Por ejemplo, se sabe que la herida de muerte de la primera bestia comenzó a comprenderse mejor durante la Revolución Francesa. “Los intérpretes repentinamente se dieron cuenta de que [con el exilio del papa Pío VI] el fin de los 1,260 días-años no era la segunda venida de Cristo ni era algo que estaba todavía en el futuro. ¡Era ese momento! Ya habían ocurrido. Los 1,260 días habían terminado”.[2]
 
En los versículos anteriores vimos que la unión de la Iglesia y el Estado llegó a su final cuando la primera bestia recibió una herida mortal. Grandes cambios se registrarían en el mundo entonces. Y a fin de que la profecía sobre el restablecimiento de la herida de muerte, es decir, el restablecimiento de la unión iglesia-estado se vuelva a producir en “toda tribu, lengua, pueblo y nación” (Apoc. 13:7-8), se requiere que una serie de sucesos extraordinarios precipiten dichos cambios. ¡Y esa transformación tendrá lugar! Esto lo veremos a continuación.
 
Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón (cap. 13:11).
 
La bestia con cuernos de cordero
Nos corresponde ahora identificar este nuevo poder, y debemos hacerlo libre de todo prejuicio. En el capítulo anterior vimos que algunos ven en la bestia con cuerpo de leopardo al Imperio Romano pagano y su culto idolátrico al emperador. En esta misma línea de pensamiento, se sugiere que la bestia con cuernos de cordero es “la organización establecida para imponer el culto al emperador en todo el imperio”.[3] Pero ya vimos que la primera bestia aunque sí constituye un símbolo del Imperio Romano, no es su fase pagana la que resalta estos versículos, sino su fase cristiana, la Iglesia de Roma. Para poder identificar satisfactoriamente este nuevo símbolo debemos tomar en cuenta algunos elementos que son importantes.
 
El Lugar de surgimiento
Ya vimos que esta nueva potencia no surge del mar, de un lugar densamente habitado, sino de la tierra. Las cuatro bestias, o reinos de Daniel cap. 7 surgen mientras “los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar” (Dan. 7:2). Esto significa que estas antiguas potencias surgieron “como resultado de invasiones, revueltas y conmociones de las gentes en las áreas ya pobladas del viejo mundo”. El surgimiento de la tierra denota que esta sexta potencia “no resulta de una transformación o reestructuración política impuesta sobre poblaciones ya existentes, sino que aparece en una zona nueva que no había sido habitada por las poblaciones antiguas que constituían los imperios anteriores”.[4] La idea de que “la tierra” en este pasaje representa un lugar escasamente poblado, se establece por contraste con la expresión “mar” o “muchas aguas” que señala a lugares densamente poblados (Apoc. 17:15). El poder que Juan ve aquí surgir, no sólo surge sin hacer guerras a otras naciones para establecerse, sino que surge en un área menos poblada “con el esfuerzo lento de su propio desarrollo humilde”. La imagen misma de “cuernos como de un cordero” parece sugerir la forma pacífica de su surgimiento.
Otros ven un significado más abarcante en este símbolo. “La tierra” es el lugar característico de las abominaciones de Babilonia (Apoc. 17:5). Apoc. 14:1 dice que los 144,000 son redimidos “de entre los de la tierra” (cf. Heb. 11:13). Como en Apoc. 13:3,8 la palabra “tierra” se usa en un sentido mundial, lo que Juan estaría tratando de revelar con esta declaración es que “la esfera de influencia de los tres monstruos abarcan todo el cosmos: el dragón era del cielo, la primera bestia vino del mar y la segunda de la tierra. Juan usa reiteradamente una división del cosmos en tres partes (Apoc. 5:3,13; 9:1; 10:6; 12:12; 21:1)”.[5]
Pero una propuesta reciente sobre este punto merece nuestra atención ahora. La palabra “subía” que previene del verbo anabáino significa “salir”, y además, entre otras cosas tiene el significado de “subir, ascender, crecer”. “El contexto determina el matiz particular expresado por él. En Apocalipsis 13:11 el verbo está seguido por la preposición ek (‘de, desde’), traducida al español como ‘de’. Esta señala el lugar donde surge la bestia: la tierra. Generalmente son las plantas que surgen de la tierra, y la Biblia usa el verbo para describir a una planta en crecimiento (Mar. 4:7-8,32;  Mat. 13:7)”.[6] ¿Existe algún antecedente bíblico para esta idea? Se observa que en el principio de la creación de nuestro mundo (Gén. 1), mientras Dios le ordenó a las aves que volaran por los aires y a las aguas que produjeran peces, con relación al ganado y a los animales salvajes, dijo: “Produzca la tierra seres vivientes” (Gén. 1:24). El verbo “producir”, hebreo yatsa, en algunas ocasiones se refiere al “crecimiento de una planta, el producto que sale de la tierra (e.g., Isa. 11:1; Deut. 14:22)”. Dios ordenó a los animales que surgieran de la tierra. “El término hebreo traducido ‘seres vivientes’ o ‘animales’ en Génesis 1:24 es equivalente al griego terrino [bestia] usado en Apocalipsis 13:11... De acuerdo con Génesis, traer a la existencia a una bestia del suelo o la tierra es un acto divino de creación, una manifestación del poder divino”. La conclusión a la que se llega a partir de este análisis es que “la segunda bestia surge como resultado de un acto divino de creación y que Dios estuvo involucrado en su origen”. Esta es la razón por la que esta bestia es descrita como teniendo “dos cuernos como de cordero”.
 
El tiempo de su surgimiento
En el capítulo anterior vimos que la primera bestia recibe una herida moral en el año 1798 que la sacó temporalmente del escenario profético, por lo que en ese momento se tornaba preciso para el surgimiento de un nuevo poder. Por lo tanto, la segunda bestia adquiere poder después de 1798 y antes de que la herida de muerte de la primera bestia sea sanada. De hecho, “la tarea más importante de la bestia que surge de la tierra es lograr la sanidad completa de la primera bestia... El resto del capítulo 13 explicará el proceso a través del cuál... conduce a la gente a adorar a la primera bestia”.[7]
 
El carácter de esta bestia
Las bestias anteriores a ella estaban representadas por animales salvajes, pero Juan nos dice que esta tenía “dos cuernos semejantes a los de un cordero”. Resulta interesante notar que no es la bestia misma la que es “semejante a” un cordero, sino sus cuernos. La BJ vierte este pasaje de la siguiente manera: “Y vi luego otra bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como la serpiente” (la cursiva es nuestra). Esto parece simbolizar que la razón de su poder para crecer y hacerse fuerte radica en lo que estos cuernos pueden representar. La palabra “cordero” aparece 28 veces en el Apocalipsis y solo una vez no se aplica a Cristo, y es aquí en Apoc. 13:11. Pero el hecho de que esta nueva potencia tiene “dos cuernos semejantes a los de un cordero”, parece revelar la naturaleza pacífica de sus orígenes. También surgiere la idea de que tenía cierta “asociación con Dios al salir de la tierra y que no era necesariamente una [potencia] enemiga de Dios”.
Entonces, el poder representado en estos textos tiene que ser, 1) un poder que surja en un lugar escasamente poblado a diferencia del viejo mundo; y 2) debe surgir alrededor del año 1798, pero no por medio de las tradicionales convulsiones de las guerras y conquistas. Y 3) tiene que ser de carácter pacífico, por lo menos en sus orígenes.
 
La identidad de la segunda bestia
Los estudiosos de las Escrituras han identificado esta bestia con Estados Unidos de Norteamérica. El primero en sugerir esta interpretación fue el adventista J. N. Andrews. “Estados Unidos se desarrolló como una nación en el escasamente habitado norte del continente americano, y comenzó a aplicar su constitución en 1789, aceptando su Declaración de Derechos en el 1791. Tiene un gobierno republicano, cuya autoridad reside en el pueblo, mayormente de religión no católica. Su poder radica en su defensa de la libertad civil y religiosa – un estado sin rey, una iglesia sin papa”.[8] Para 1798 el poder de Estado Unidos estaba desarrollándose, de manera que se anunciaba como nación fuerte y grande, siendo capaz de llamar la atención del mundo.
Sobre los dos cuernos “como de cordero”, se ha sugerido que pueden representan las dos características notables del sistema norteamericano de gobierno: libertad civil y religiosa. Ambas características garantizadas en la Constitución de los EEUU.
 
“Nosotros sostenemos estas verdades, que son evidentes por sí solas, que todos los hombres fueron creados iguales, que fueron dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad”.[9]
 
“La libertad civil halló su expresión en una forma republicana de gobierno, y la libertad religiosa, en el protestantismo”. También los dos cuernos pueden hacer referencia a su juventud y propósitos pacíficos. En nuestro estudio de Apoc. 5:5-6 vimos que los “cuernos” representan poder, y precisamente, el poder obtenido por EE.UU. radica en la ayuda divina y las libertades que confiere. Según la Constitución de este país, esta nación se proponía defender los derechos humanos, la libertad religiosa y garantizar la separación de la Iglesia y el Estado.
Pero la profecía es clara, habrá cambios dramáticos en esta nación. De la sumisa apariencia de un cordero, se deslizará furtivamente a la de la del dragón: “Pero hablaba como la serpiente”. “La narración de las hazañas del dragón se hace en un tiempo presente dramático. Hay un contraste notable entre la apariencia y las acciones de la bestia. En apariencia es mansa y parece inofensiva, pero en su acción es perseguidora y cruel como lo revelan los vers. 12-18”.[10] Esta parte de la profecía se cumplirá plenamente en el futuro, aunque ya vemos reflejos y evidencias de esta actitud en Norteamérica. Actualmente vivimos entre su apariencia pacífica y la que asumirá en el futuro, pero estamos más cerca de la última. La profecía que estamos estudiando no informa precisamente sobre la forma en que sucederán los cambios en esta nación, antes de que los reinos del mundo lleguen “a ser de nuestro Señor y de su Cristo” (Apoc. 11:15; Dan. 2:44; 7:14,27).
El cambio que experimenta EE.UU. nos revela la razón por la que toda nación se arruina. La corrupción, la opresión y finalmente la persecución contra lo que es de Dios: su pueblo. La filosofía de la historia revela que todo reino, una vez alcanza el pináculo del poder se corrompe por el mal ejercicio y abuso del mismo poder. EE.UU. no escapará a este mal. Ya vemos su arrogancia expresadas de forma patente en muchas de sus acciones, pero todavía garantiza libertad civil y religiosa. Mientras la separación de la Iglesia y el Estado sea una realidad en Norteamérica, la herida de muerte de la primera bestia no será plenamente curada. Por lo tanto, el pueblo de Dios tiene la oportunidad de anunciar las buenas nuevas del Evangelio Eterno “a toda nación, tribu, lengua y pueblo” mientras dure el tiempo de libertad (Apoc. 14:6-7).
 
Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió. Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase. Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre (vers. 12-17).
 
El conflicto surge de nuevo
             La profecía establece que la segunda bestia ejercerá “la autoridad de la primera bestia en presencia de ella”, y hará “que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia”. No sólo procura hacer esto ejerciendo su autoridad, utiliza la persuasión y el engaño, según el vers. 14. Y además, presiona con un decreto de muerte a todos los que no se someten a sus pretensiones (vers. 15-17). Los medios del dragón son predecibles, cuando el engaño por medio de falsas enseñanzas no logra sus propósitos, recurre a la presión y a la persecución. En el principio de su rebelión en el cielo fue así, en los tiempos de Cristo, como en los tiempos de la iglesia primitiva usó la misma táctica, y en el futuro utilizará nuevamente el mismo recurso. Para que todo esto pueda tener cumplimiento en Norteamérica y luego en todo el mundo, pues el conflicto será mundial (vers. 14-17), la segunda bestia “tendrá que entrar en el campo de la religión y procurar imponerse en el culto religioso. Este paso por parte de los Estados Unidos de Norteamérica significará que renuncia completamente a su política actual de conceder plena libertad religiosa a sus ciudadanos”.[11] Esta es la manera en la que EE.UU. cooperará en la curación de la herida de muerte de la primera bestia.

Se reconoce que en el vers. 14 se hace alusión a la forma democrática del sistema político de EE.UU. La profecía “no dice que la segunda bestia arbitrariamente hace ella misma una imagen en honor a la primera bestia ni tampoco que obliga a la gente a elaborarla, sino que engaña a los moradores de la tierra – los persuade y convence – para que hagan ellos la imagen en honor de la bestia”.[12] Lo que indica que hasta el cumplimiento de este hecho y del edicto de muerte, Satanás agotará todos los recursos posibles para inducir a los habitantes del planeta a la sumisión de la autoridad de la primera bestia. Satanás procura la adoración de los seres humanos, y en medio de una contienda mundial, ejercerá toda su influencia por medio de la nación más poderosa para lograrlo. Si los habitantes del planeta son inducidos a adorar a la bestia, estarán adorando a Satanás mismo, pues la profecía es clara cuando nos dice que adorar a la bestia y aceptar su autoridad por sobre de la del Dios verdadero, es adorar al dragón (Apoc. 13:4). El conflicto final es dramáticamente real y está saturado de trampas sutiles y peligrosas, diseñadas para atrapar en sus redes a todos cuantos puedan ser engañados. Pero nótese que es a “los moradores de la tierra”, los enemigos de Dios y su pueblo, que aparecen una y otra vez en el Apocalipsis, los que son engañados por la bestia, pero no el remanente de Dios, que aunque no se menciona en este capítulo está implicado en los vers. 15-17. Además, aquí se menciona la imposición de la marca de la bestia, lo que discurre paralelamente con el sellamiento final de Dios registrado en Apoc. 7. De esto hablaremos en breve.  

Hace descender fuego del cielo
Los milagros mentirosos desempeñarán una parte importante en los últimos días. Ya Cristo no los advirtió: “Porque vendrán muchos en mi Nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y a muchos engañarán... Se levantarán muchos falsos profetas, y engañarán a muchos... Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, para engañar, si fuera posible, aun a los elegidos. Mirad, os lo he dicho de antemano. Así, si os dicen: Aquí está en el desierto, no salgáis; aquí en las cámaras, no creáis” (Mat. 24:24-26). Esta predicción de Cristo cobra mayor fuerza al enterarnos de que la bestia que sube de la tierra es identificada también en Apoc. 16:13; 19:20; 20:10 como el “falso profeta”. Según la profecía, la bestia con cuerpo de leopardo y el falso profeta son diferentes, “cada uno con su propio papel que desempeñar”, pero coinciden en su objetivo: “unir el mundo en rebelión contra Dios (ver Apoc. 16:13-14)”.[13] Es probable que no podamos precisar la forma en que surgirán los grandes engaños de los falsos profetas, pero una comunión íntima con Dios, un espíritu perseverante de oración y estudio concienzudo de las Escrituras constituyen nuestras únicas armas efectivas para este tiempo de crisis (cf. Sal. 119:130). Esta es la razón por la que se nos ha dicho:
 
“Bien sabe Satanás que todos aquellos a quienes pueda inducir a descuidar la oración y el estudio de las Sagradas Escrituras serán vencidos por sus ataques. De aquí que invente cuanta estratagema le sea posible para tener las mentes distraídas”.[14]
 
Debe recordarse que los versículos que estamos analizando nos introducen en el fin mismo del tiempo, cuando todo poder demoníaco estará trabajando activamente para reunir a los poderes terrenales en un solo cuerpo, con el propósito de guerrear contra Dios en la persona de sus santos (cf. Apoc. 16:13-14). La imagen del fuego que cae del cielo es tomada de la confrontación de Elías con los falsos profetas de Baal (1 Rey. 18:20-40). En aquella ocasión el poder de Satanás fue limitado, pero según esta profecía, en el tiempo final se le permitirá desplegar un poder mayor. Esto tiene relación con la actitud de los profesos cristianos en el tiempo final. La arrogancia de tener el poder de Dios y no poseerlo realmente los induce a expresiones mayores de su presunción. Serán poseídos por un espíritu de mentira que los inducirá a ver en los milagros mentirosos que realizan una evidencia del poder de Dios (cf. 2 Tes. 2:11-12). Cosechan lo que desenfrenadamente han sembrado. Debe recordarse que según el apóstol Pablo, la manifestación del Anticristo es “por actuación de Satanás, con todo poder, señales y prodigios mentirosos. Y con todo engaño de iniquidad...” (2 Tes. 2:9-10). Nada niega que estas manifestaciones engañosas y milagrosas le acompañen hasta el mismo fin. Según el apóstol Juan, estas señales mentirosas, milagros disfrazados de bondad, se manifestarán abiertamente en EE.UU. por medio del protestantismo (vers. 13-14, cf. Apoc. 19:20). Por su parte, el dragón también hará su despliegue portentoso de prodigios falsarios por medio del espiritismo moderno.
Las supuestas apariciones de la virgen maría, más los extraños y oscuros milagros que se le atribuyen en relación con esta apariciones son una evidencia de ello. Pero en un sentido más amplio, todos estos hechos asombrosos que acompañan las manifestaciones de este poder milagroso, son el resultado combinado del dragón, la bestia del mar y la de la tierra (Apoc. 16:13-14). Debe tomarse en cuenta que la expresión “hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres”, no tiene que tener un significad literal necesariamente (después de todo, estamos tratando con una descripción altamente simbólica). Posiblemente es sólo una referencia a la apariencia divina del poder milagroso que operará en medio de los falsos maestros y líderes espirituales.
En el tiempo de Elías, la caída del fuego serviría de evidencia de ser guiado por un poder superior y verdadero. De ser así, esta profecía puede estar cumpliéndose ahora ante nuestros propios ojos, por medio de las manifestaciones carismáticas y sensacionalistas de los reavivamientos religiosos modernos. Con todo, esta parte de la profecía alcanzará su pleno cumplimiento mientras la última bestia ejerce su supremacía, época en que se desarrollará el último drama del conflicto. “A medida que nos acercamos al fin del tiempo, habrá una demostración cada vez mayor de poder pagano; deidades paganas, manifestarán su notable poder, y se exhibirán a sí mismas ante las ciudades del mundo; y esta delineación ha comenzado a cumplirse”.[15] Se nos dice también que lo se predice en Apoc. 13:13 no es una simple impostura. “Los hombres serán engañados por los milagros que los agentes de Satanás no sólo pretenderán hacer, sino que de hecho tendrán poder para realizar”.[16] La obra de hacer descender fuego del cielo, es paralela con la obra de predicación conocida como “fuerte pregón”, o última gran advertencia bajo el poder y la dirección del Espíritu santo: “Vendrán siervos de Dios con semblantes iluminados y resplandecientes de santa consagración, y se apresurarán de lugar en lugar para proclamar el mensaje celestial. Miles de voces predicarán el mensaje por toda la tierra. Se realizarán milagros, los enfermos sanarán y signos y prodigios seguirán a los creyentes. Satanás también efectuará sus falsos milagros, al punto de hacer caer fuego del cielo a la vista de los hombres (Apoc. 13:13). Es así como los habitantes de la tierra tendrán que decidirse en pro o en contra de la verdad”.[17] Así, mientras Dios realiza “milagros,... signos y prodigios” por medio de los santos, Satanás realizará la mayor demostración de poder por medio de sus agentes, en un intento desesperado por contrarrestar la extraordinaria obra de evangelización del remanente en todo el mundo.
Además, es bueno recordar que en medio de los engaños finales, el contrahacimiento de la segunda venida de Cristo es el ardid que coronará los engaños finales de Satanás. Cristo mismo nos advirtió de que en el momento más crítico de la historia se escucharían voces diciendo que Él ha regresado a la tierra: “Mirad, aquí está el Cristo, o mirad está allí” (cf. Mat. 24:23-25). Su advertencia es clara: “Así que si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en las habitaciones interiores, no lo creáis” (vers. 26-27, cf. Luc. 21:8; Mar. 13:21-22). Y este falso clamor sería en el día más apremiante, el día en que, probados hasta lo sumo, los santos “anhelarán” fervientemente la aparición de Jesucristo (Luc. 17:21-23). Estas predicciones de Jesús deben referirse a más que simples falsificaciones de uno u otro individuo haciéndose pasar por el Mesías, pues de lo contrario no tendrían la fuerza y el sentido tan solemne que Cristo les da. En realidad, estas advertencias del Hijo de Dios tienen estrecha relación con Apoc. 13:13. ¿Alguna prueba de esto? La Biblia nos dice que el fuego es un elemento visible en ocasión de la segunda venida de Jesús: “Vendrá nuestro Dios, y no callará. Fuego consumirá delante de él, y una poderosa tempestad lo rodeará”. “Cuando el Señor Jesús aparezca desde el cielo con sus poderosos ángeles, en llama de fuego, para dar la retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (Sal. 50:3; 2 Tes. 1:7-8, cf. Isaías 30:29,30; Apoc. 19:11-12). Esta referencia al fuego es en un sentido teofánico, pues cuando Dios se manifiesta a los seres humanos está acompañado por el fuego (cf. Exo. 19:18; 1 Rey. 18:20-39).
Así que, Satanás tratará de contrahacer la aparición de Cristo. Ese es el momento más esperado por su pueblo, y él procurará prenderlo en sus redes (cf. 2 Cor. 13:11). Pero el pueblo de Dios tendrá discernimiento espiritual y ¡no será confundido! La Biblia nos dice que quienes resultan engañados son los “moradores de la tierra” (Apoc. 13:14). Los santos serán sostenidos por el poder del Espíritu Santo y un conocimiento profundo de las Escrituras. “Sólo los que hayan estudiado diligentemente las Escrituras y hayan recibido el amor de la verdad en sus corazones, serán protegidos de los poderosos engaños que cautivarán al mundo. Merced al testimonio bíblico descubrirán al engañador bajo su disfraz”.[18] En conformidad con las predicciones bíblicas se nos ha dicho:
 
“El acto capital que coronará el gran drama del engaño será que el mismo Satanás se dará por el Cristo. Hace mucho que la iglesia profesa esperar el advenimiento del Salvador como consumación de sus esperanzas. Pues bien, el gran engañador simulará que Cristo habrá venido. En varias partes de la tierra, Satanás se manifestará a los hombres como ser majestuoso..., La gloria que le rodee superará cuanto hayan visto los ojos de los mortales. El grito de triunfo repercutirá por los aires: ‘¡Cristo ha venido! ¡Cristo ha venido!’ El pueblo se postrará en adoración ante él, mientras levanta sus manos y pronuncia una bendición sobre ellos como Cristo bendecía a sus discípulos cuando estaba en la tierra. Su voz es suave y acompasada aunque llena de melodía. En tono amable y compasivo, enuncia algunas de las verdades celestiales y llenas de gracia que pronunciaba el Salvador; cura las dolencias del pueblo..., Es el engaño más poderoso y resulta casi irresistible. Como los samaritanos fueron engañados por Simón el Mago, así también las multitudes, desde los más pequeños hasta los mayores, creen en ese sortilegio y dicen: ‘Este es el gran poder de Dios’ (Hech. 8:10)... [Pero] no se le permitirá a Satanás contrahacer la manera [exacta] en que vendrá Jesús”.[19]
 
Otro aspecto que está involucrado en la expresión “hace descender fuego del cielo a la tierra en presencia de los hombres”, tiene que ver con la genuina manifestación del Espíritu Santo en el tiempo del fin, el don del cielo enviado a la tierra para ministrar a su pueblo. El fuego también está relacionado con la persona y la obra del Espíritu Santo en las Escrituras. La manifestación del Espíritu de Dios en el Pentecostés sobre los discípulos fue hecha por medio de “lenguas como de fuegos, que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos” (Hech. 2:3). Sobre la experiencia escatológica de purificación y limpieza del pecado en el pueblo de Dios, leemos:
 
“Y acontecerá que el que quedare en Sion, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén estén registrados entre los vivientes, cuando el Señor lave las inmundicias de las hijas de Sion, y limpie la sangre de Jerusalén de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de devastación. Y creará Jehovah sobre toda la morada del monte de Sion, y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y oscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas” (Isa. 4:3-5).
 
El pasaje termina con una promesa de protección: “Y habrá un abrigo para sombra contra el calor del día, para refugio y escondedero contra el turbión y contra el aguacero” (vers. 6, cf. Isa. 26:3-4). El “fuego” es un símbolo apropiado del ministerio purificador y capacitador Espíritu Santo (cf. Apoc. 4:5). Por lo tanto, podemos entender que Apoc. 13:13 constituye por extensión una alusión a la grotesca falsificación de la genuina manifestación del Espíritu Santo antes de que llegue el fin. Los santos saben que sin el derramamiento del Espíritu en plenitud no podrán ser capacitado para la evangelización y estar listos para el encuentro con Cristo, por lo tanto, el diablo les proporciona una excitante adulteración que tiende a debilitar el verdadero reavivamiento (cf. 2 Tim. 3:1-2,5):
 
“Antes que los juicios de Dios caigan finalmente sobre la tierra, habrá entre el pueblo del Señor un avivamiento de la piedad primitiva, cual no se ha visto nunca desde los tiempos apostólicos. El Espíritu y el poder de Dios serán derramados sobre sus hijos. Entonces muchos se separarán de esas iglesias en las cuales el amor a este mundo ha suplantado al amor a Dios y a su Palabra.  Muchos, tanto ministros como laicos, aceptarán gustosamente esas grandes verdades que Dios ha hecho proclamar en este tiempo a fin de preparar a un pueblo para la segunda venida del Señor. El enemigo de las almas desea impedir esta obra, y antes que llegue el tiempo para que se produzca tal movimiento, tratará de evitarlo introduciendo una falsificación. Hará aparecer como que la bendición especial de Dios es derramada sobre las iglesias que pueda colocar bajo su poder seductor; allí se manifestará lo que se considerará como un gran interés por lo religioso. Multitudes se alegrarán de que Dios esté obrando maravillosamente en su favor, cuando, en realidad, la obra provendrá de otro espíritu. Bajo un disfraz religioso, Satanás tratará de extender su influencia sobre el mundo cristiano”.[20]
 
Algunos advirtiendo en la señal del “fuego” una alusión a los dones del Espíritu Santo, ven en estas falaces manifestaciones “una referencia a los dones seudocarismáticos que crean una continuidad eclesial que le rinde culto a la bestia”.[21] Es sólo en este contexto de la crisis final que puede entenderse correctamente Apoc. 13:13. Naturalmente, estas conclusiones no pretender juzgar la experiencia, la sinceridad, ni el servicio a Dios de los cristianos que no tienen este entendimiento de las profecías bíblicas; pero sí constituyen una advertencia sincera para que cada uno se pruebe a sí mismo para ver si está en la verdadera fe o no. Además, la sinceridad de una persona no convierte el error en verdad. En este tiempo de crisis no basta el deseo de ser sincero para con Dios, ni basta la conformidad con una forma de religión desprovista de poder transformador, una religión con un Dios que parece más un traje hecho a la medida que el Señor de nuestras vidas. Todas estas cosas serán barridas como basura por el fuego de la prueba en el día final. En ese día talvez sea muy tarde para valorar las oportunidades perdidas, las invitaciones hechas, el tiempo que debimos dedicar al estudio de la Biblia para verificar nuestras ideas religiosas. Hoy día, el amor al yo y el orgullo denominacional les impide entender y aceptar a muchos que un pequeño grupo de adventistas tiene la razón cuando interpreta las profecías de la manera que lo hace. Y mucho saben que están siguiendo tendencias que no soportan la investigación y la prueba de las Escrituras, tendencias que, en el mejor de los casos son meras argumentaciones teológicas camuflajadas con ciertos títulos académicos. Pero todo esto es gloria humana y cuando llegue la prueba será llevada por el mismo instrumento que la trajo: el viento de nuestras propias especulaciones (ver Isa. 40:5-8).
 
La imagen de la bestia
La bestia que surge de la tierra ordena a los moradores de la tierra que “le hagan una imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió. Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase” (vers. 14). Es aquí donde el falso profeta (la misma bestia con cuernos como de cordero) se expresa o habla como la serpiente. Este pasaje no debe ser visto literalmente. Pues esto nos llevaría a hacer una interpretación simplista del texto. No es el levantamiento de una estatua literal lo que aquí se predice. Para comprender qué es la imagen de la bestia debemos ver primero cuáles son los rasgos distintivos de la bestia con apariencia de leopardo.
 
“Cuando la iglesia primitiva se corrompió al apartarse de la sencillez del Evangelio y al aceptar costumbres y ritos paganos, perdió el Espíritu y el poder de Dios; y para dominar las conciencias buscó el apoyo del poder civil. El resultado fue el papado, es decir, una iglesia que dominaba el poder del estado y se servía de él para promover sus propios fines y especialmente para extirpar la ‘herejía’. Para que los Estados Unidos formen una imagen de la bestia, el poder religioso debe dominar de tal manera al gobierno civil que la autoridad del estado sea empleada también por la iglesia para cumplir sus fines... La 'imagen de la bestia' representa la forma de protestantismo apóstata que se desarrollará cuando las iglesias protestantes busquen la ayuda del poder civil para la imposición de sus dogmas”.[22]
 
Si algunos dudan que esto pueda suceder en Norteamérica en manos de las iglesias protestantes, le sería bueno saber que “las iglesias protestantes que siguieron las huellas de Roma al aliarse con los poderes mundanos, manifestaron el mismo deseo de restringir la libertad de conciencia. Ejemplo de esto lo tenemos en la larga persecución de los disidentes por la iglesia de Inglaterra. Durante los siglos XVI y XVII miles de ministros no conformistas fueron obligados a abandonar sus iglesias, y a muchos pastores y feligreses se les impusieron multas, encarcelamientos, torturas y el martirio”.[23] La historia demuestra que siempre que la iglesia alcanzó el poder civil, lo usó para castigar y perseguir a los que no admitían todas sus doctrinas. La formación de la imagen de la bestia, es lo que crea las condiciones para que la herida mortal de la primera bestia sea totalmente sanada. Es obvio que Roma no puede ejercer pleno dominio sobre los habitantes de la tierra para imponer sus dogmas hasta que no tenga dominio mundial, y esto es imposible mientras EE.UU. siga manteniendo los principios de libertad civil y religiosa que garantiza su constitución. Por consiguiente, no debemos olvidar que el “tono pacífico que Roma emplea en los Estados Unidos no implica un cambio de sentimientos. Es tolerante cuando es impotente. El obispo O'Connor dice: ‘La libertad religiosa se soporta tan sólo hasta que se pueda practicar lo opuesto sin peligro para el mundo católico’”.[24] La separación de los poderes espirituales y civiles es la única garantía que tenemos ante este persistente mal. El Estado no puede inmiscuirse en los asuntos de la Iglesia, pues Dios le ha asignado su tarea específica, y la Iglesia debe seguir su camino y olvidarse de establecer relación con el Estado. Pero el sistema papal es todo lo contrario: Una amalgama inseparable de estos dos poderes. Si desistiera de ser político dejaría de ser el papado automáticamente.
 
Se le infunde vida a la imagen de la bestia
Pero no sólo se forma una imagen de la bestia y nada más, también se le infunde “aliento a la imagen..., para que... hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase” a la primera bestia. Esta escena nos evoca la experiencia de los jóvenes hebreos registrada en Daniel 3. Veamos brevemente estos detalles.
El rey Nabuconodosor había mandado a erigir una imagen gigantesca de oro después de haber tenido el sueño registrado en cap. 2 (cf. Dan. 3:12,30; 2:49). La estatua fue levantada en el campo de Dura, cerca de Babilonia. Allí se encontraban presentes todas las figuras más prominentes del reino (vers. 2). La intención del levantamiento de esta estatua era para que fuera adorada como un símbolo de la grandeza del reino babilónico, del poder del rey y como una evidencia de que los dioses de Babilonia eran superiores a todos los demás dioses. Las prácticas idolátricas en aquellos tiempos eran comunes. La orden fue clara: “Se le ordena a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas, que al oír el son de... todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado” (vers. 4-5). Y por si algunos no acataban la orden, se hizo una advertencia que contenía el castigo capital: “Cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo” (v. 6). Siendo que los pueblos de la antigüedad, con excepción de los judíos, por sus convicciones religiosas, no tenían inconvenientes con la adoración de algún ídolo, nos lleva a pensar que detrás de esta orden había un plan fraguado en contra de algunos de los fieles hijos de Dios (v. 8). Oculto a la vista de los humanos, estaba la siniestra figura del Gran Rebelde actuando por medio de los enemigos del pueblo de Dios, “los moradores de la tierra”, que siempre están activos en todos los tiempos. Es la repetición incesante de la historia de Caín y Abel hasta que dure el tiempo. No adorar la estatua sería tomada como un desafío a la autoridad del rey.
La orden fue dada y los instrumentos musicales sonaron, pero los tres jóvenes hebreos no adoraron la estatua. Inmediatamente fueron denunciados como personas peligrosas para el reino. No reconocer la autoridad del rey y la vigencia de una ley que contemplaba la muerte de los transgresores, los colocaba ante el imperio como personas peligrosas. La reacción del rey no se hizo esperar. Molesto y furioso preguntó: “¿Es verdad..., que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?” (vers. 13-14). Era una situación difícil pero los jóvenes hebreos. Pero Nabuconodosor, buscando una salida diplomática al asunto y procurando reafirmar su autoridad, les pidió que se inclinaran ante la estatua con el segundo toque de los instrumentos musicales. Pero la respuesta de los mozos fue contundente: “No necesitamos darte una respuesta sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (vers. 16-18). El rey había puesto en duda la posibilidad de que algún dios pudiera librarlo del horno de fuego (vers. 15b), y en eso tenía razón, pues los mozos sólo podían ser salvados de aquella apremiante situación por la mano del Dios verdadero. Pero en lo profundo de su corazón Nabuconodosor “tenía la firme convicción de que algo insólito se interpondría en favor de ellos, y ordenó que sus hombres más fuertes se ocuparan de ellos”.[25]
La respuesta de los jóvenes encolerizó aún más al rey, “características satánicas hicieron que su rostro pareciera como el rostro de un demonio”.[26] “Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado. Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que los atasen, para echarlos en el horno de fuego ardiendo. Entonces estos varones fueron atados... y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo” (vers. 19-21). Se requiere genuina fe y absoluta confianza en Dios para permanecer leal a Dios en semejante situación. ¡Pero ellos la tenían! Y Dios los honraría. El Registro Sagrado nos dice que al arrojar a los varones dentro del horno, “la llama del fuego mató a aquellos que los habían llevado allá” (vers. 22). Pero algo extraordinario pasó. “Y estos tres varones..., cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo. Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses” (vers. 23-25). ¡Dios había salvado milagrosamente a los jóvenes hebreos! Había honrado su fidelidad y al mismo tiempo dio una lección a los que fraguaron aquella traición. Cristo mismo los acompañó en aquella hora de suprema prueba. Dios había demostrado que Él, y no los ídolos, es el único que debe ser temido y honrado. Nabuconodosor, entonces llamó a los mozos de la siguiente manera: “siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces [los jóvenes]... salieron de en medio del fuego” (vers. 26). Ante la manifestación de tan grandioso milagroso “los hombres temieron y temblaron”.
La ausencia de daño fue verificada por los mismos que insistieron en lanzarlos al horno de fuego (vers. 27). La parte más hermosa de este relato viene ahora: “Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en Él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios. Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste” (vers. 28-30). ¡Gloria a Dios!
 
La historia se repite a escala mundial
Las Escrituras registran ciertos hechos en la que estuvieron involucrados algunos de los hijos de Dios, porque sirven como símbolo de situaciones que se repetirán en el futuro a gran escala. Por ejemplo, entre la historia que acabamos de analizar y la formación de la imagen de la bestia apocalíptica existen algunos paralelismos interesantes. La imagen de oro fue levantada para que fuera adorada por todos “los pueblos, naciones y lenguas”; así mismo, EE.UU. mandará a los “moradores de la tierra” a que hagan “una imagen de la bestia”. La orden de adoración estaba enmarca en el contexto de una ley que contemplaba que todo los que no adoraran la estatua fueran muertos; así mismo, se le infunde aliento o vida a la imagen de la bestia para hacer “matar a todo el que no adore” a la bestia. Ante la resistencia de los fieles adoradores del Dios verdadero se ordenó matarlos; de la misma manera, los que resistan la orden de adoración a la bestia serán condenados a muerte. Cristo mismo en persona libró a los jóvenes hebreos ante los ojos despavoridos de sus enemigos y reveló que estaba con ellos como su Protector. De la misma forma, en la última gran crisis, cuando el remanente esté por perecer en manos del dragón, la bestia y el falso profeta, Cristo aparecerá en gloria y majestad para librarlos. El acontecimiento histórico que acabamos de ver constituye un patrón o símbolo de la última gran crisis en la que se verán envueltos los hijos de Dios.
 
“Importantes son las lecciones que debemos aprender de lo experimentado por los jóvenes hebreos en la llanura de Dura. En esta época nuestra, muchos de los siervos de Dios, aunque inocentes de todo mal proceder, serán entregados para sufrir humillación y ultrajes a manos de aquellos que, inspirados por Satanás, están llenos de envidia y fanatismo religioso...
 “El tiempo de angustia que espera al pueblo de Dios requerirá una fe inquebrantable. Sus hijos deberán dejar manifiesto que Él es el único objeto de su adoración, y que por ninguna consideración, ni siquiera de la vida misma, pueden ser inducidos a hacer la menor concesión a un culto falso. Para el corazón leal, los Mandamientos de hombres pecaminosos y finitos son insignificantes frente a la Palabra del Dios eterno. Obedecerán a la verdad aunque el resultado haya de ser encarcelamiento, destierro o muerte.
”Como en los días de Sadrach, Mesach y Abed-nego, en el período final de la historia de esta tierra, el Señor obrará poderosamente en favor de aquellos que se mantengan firmemente por lo que es recto. El que anduvo con los notables hebreos en el horno de fuego acompañará a sus seguidores dondequiera que estén. Su presencia constante los consolará y sostendrá. En medio del tiempo de angustia cual nunca hubo desde que fue nación, sus escogidos permanecerán inconmovibles. Satanás, con toda la hueste del mal, no puede destruir al más débil de los santos de Dios. Los protegerán ángeles excelsos en fortaleza, y Jehovah se revelará en su favor como ‘Dios de dioses’, que puede salvar hasta lo sumo a los que ponen su confianza en él”.[27]
 
 
La marca de la bestia
Cuando la imagen de la bestia recibe vida para actuar hace que una marca sea puesta sobre “todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos”. Esta marca será puesta sobre “la mano derecha, o en la frente”. El objetivo final es acorralar al remanente de Dios para que renuncien a su fe, se unan a la rebelión contra Dios o perezcan. No tener la marca implicará ser privado de los privilegios comunes del diario vivir: “Y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca”. No debemos ver aquí una referencia a una marca literal, visible, sino más bien “una señal de homenaje que identifica al portador como leal al poder, representado por la bestia”. Para comprender qué es lo que constituye la marca de la bestia debemos evocar algunas ideas relacionadas con el sello de Dios, la antítesis de la marca o señal de la bestia.  
En nuestro análisis de Apoc. 7:3 descubrimos que el sello de Dios implica varias cosas: 1) La perfección del carácter cristiano, semejanza con el Padre y el Hijo (Apoc. 14:1). 2) Un Conocimiento de pertenencia y santidad (2 Tim. 2:19). 3) Tiene estrecha relación con el sello inicial del Espíritu Santo, el cual es puesto sobre los cristianos en ocasión de su sometimiento a la verdad como es en Jesús (Efe. 1:13; 4:30). El Espíritu dirige y guía su vida plenamente (Rom. 6:16-22; 8:9-11). Él comenzó en ellos “la buena obra”, y por lo tanto “la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” colocando el sello final (Fil. 1:6, Apoc. 7:3). 4) La señal de Dios, tiene relación directa con su Ley y su verdadero día de reposo, el sábado, séptimo día de la semana (Deut. 6:5-8; Isa. 8:16; Eze. 20:12,20). Pero así como el sello de Dios no es una marca visible, de la misma manera la “marca de la bestia” no será visible. Tanto el sello de Dios como la marca de la bestia son principios, modos de vidas que se reflejan en las acciones y la conducta. Los que sean sellados por Dios en el tiempo de la gran confrontación final serán semejantes a él en carácter y serán obedientes a los Diez Mandamientos, incluyendo el cuarto, que especifica la observancia del sábado como día de reposo. Estarán reconciliados con Dios plenamente y lo estarán también con el espíritu de su Ley. Es imposible estar reconciliado con Dios y no estarlo con su santa e inmutable Ley. Santiago hace claro que la disconformidad con un solo de los Diez Mandamientos nos hace culpable de la desobediencia de todos los demás (Sant. 2:10-12). Esta es una de las lecciones más importantes a la que debemos someternos. El sello de Dios se traduce en una vida correcta moral y éticamente. De la misma manera, los que reciban la marca de la bestia reflejarán el carácter intolerante y perseguidor del dragón. Esto naturalmente es lo que desencadena el edicto de muerte en contra de los santos.
 
La marca en la frente o la mano derecha
El sello Dios es colocado solamente en la frente de los siervos de Dios (Apoc. 7:3), a diferencia de la marca de la bestia, que es puesto en la frente o en la mano derecha de los hombres y mueres. Existe sólo una manera posible para ser sellado por Dios: un conocimiento intelectual genuino, correcto y profundo del carácter de Dios para los seres humanos, lo que se refleja en un sometimiento absoluto de su voluntad. El sello es precisamente “un afianzamiento en la verdad, tanto intelectual como espiritualmente, de modo que los sellados son inconmovibles”.[28] Y es precisamente con el sentido de “confirmación” que la palabra “sello” se utiliza a través del Nuevo Testamento (1 Cor. 9:2; Rom. 4:11). Tanto el sello de Dios como la marca de la bestia son dos realidades expresadas en las acciones de los seres humanos. Ahora bien, el hecho de que la marca de la bestia es puesta en la frente o en la mano derecha implica que en el tiempo final no hay terreno neutro donde pararse. Los seres humanos tendrán que elegir a favor de la verdad o en contra de ella. Esto nos hace pensar en varios tipos de personas: 1) Los que son indiferentes a las cosas espirituales y evitan comprometerse con los asuntos religiosos. Escuchan lo que se les dice o advierte pero no son movidos a tomar una decisión. Son apáticos e indiferentes. Estos pueden ser destacados hombres de negocios, humanistas o simplemente personas comunes. 2) Están los hombres de importancia que evaden por todos los medios posibles ser confrontados con los asuntos espirituales. Están muy ocupados en sus empresas como para involucrarse en los negocios del reino de Dios. Prefieren mantenerse al margen de los asuntos religiosos. 3) Están también los llamados ateos o antirreligiosos, que niegan la existencia de Dios. Dentro de esta clase de personas existen buenos ciudadanos. Viven una vida ética y moralmente correcta ante los demás, pero rechazan de plano la existencia de Dios. La búsqueda de lo espiritual es denunciada como una debilidad del espíritu humano o fruto de la ignorancia. 4) Existen además las personas que se someten a las leyes de la naciones bajo el pretexto de ser buenos ciudadanos para ahorrarse problemas, sin importar cuan injustas estas sean y todo por conveniencias personales o comerciales. 5) Están los humanistas, los intelectuales que se niegan a ver en la religión alguna función determinante, pero que no niegan la influencia de esta sobre la vida de los hombres. Conocen en grandes rasgos algunos detalles de la historia bíblica y hasta escriben y hablan sobre asuntos religiosos, pero la dirección de su vida es hacia el pragmatismo político.
 Finalmente podemos mencionar a los hombres y mujeres de “mentes amplias”, u hombres y mujeres de ciencia. Aquellos que procuran ver todas las cosas a través de los lentes de la lógica griega de “no contradicción”. Estos rechazan de plano los hechos religiosos conocidos como “milagros divinos” por considerarlos como simples cuentos de hadas, fábulas inventadas para los ingenuos. Los escépticos lo atribuyen a “circunstancias casuales, prestidigitación o fraude”. Se niegan a reconocer que el conocimiento de Dios no es incompatible con la ciencia, tal y como lo evidencia el hecho de que existen muchos hombres de fe dedicados a la investigación científica seria, pero bajo la dirección del Dios soberano.
No queremos decir que todas estas clases de personas recibirán finalmente la marca de la bestia, pues no podemos juzgar sus vidas y el motivo que los impulsa a obra así. Pero todas estas personas constituyen candidatos claves para ser engañados y seducidos por las extraordinarias manifestaciones del poder demoníaco que se manifestará en el tiempo final. Las asombrosas señales mentirosas serán de una magnitud tal, que los habitantes del planeta se verán inducidos a tomar una decisión. Por un lado, se estará desplegando la manifestación gloriosa de la gracia de Dios por medio de un pueblo que es leal y fiel (Apoc. 18:1-3); y por otro lado, los agentes del dragón, la forma de cristianismo apostata que se desarrollará, hará manifestaciones extraordinarias de poder (Apoc. 13:13-14; 19:20). También estará activo el poder enigmático del espiritismo (bajo el disfraz de la Nueva Era), por medio del cual se llevarán a cabo grandes manifestaciones milagrosas (Apoc. 16:14). El panorama se tornará tétrico: “Los hombres, incapaces de explicar los milagros de Satanás, los atribuirán al poder de Dios”. Todo el que no se haya refugiado en Dios y su Palabra caerá en el engaño. Los que sean persuadidos por estos engaños finales e inducidos a tomar una decisión en contra de la verdad, pero que tienen pleno conocimiento consentirán al edicto de ley, recibirán la marca en la frente. Pero los que deciden quedarse en un terreno “neutral” (cosa que no habrá) para evitar problemas con las autoridades y por conveniencias personales, quedarán marcados en “la mano derecha”. Pero tanto los unos como los otros quedarán expuestos a los juicios de Dios. La marca en la frente representa “el asentamiento mental a las creencias y prácticas” del sistema de maldad del tiempo del fin, mientras que sobre la marca en la mano derecha se ve una representación de “la actividad que se lleva a cabo en armonía con esa creencia”.[29]
 
La adoración: un tema crucial
Como se puede apreciar, el punto que estará en juego en medio de toda esta controversia es el tema de la adoración. Y se percibe claramente por el hecho de que sólo en el cap. 13 y 14 se hace referencia siete veces a la adoración (13:4,8,12,15; 14:7,9,11). El tema de la adoración ha ocupado la mente y el corazón de los seres humanos desde sus mismos orígenes. El hombre siempre está imbuido de la adoración: adora a dioses hechos a su medida, las posesiones materiales, así mismos, a personas destacadas, al dinero, sus ideologías, al mundo; en fin, siempre está adorando cosas. A quien le entreguemos nuestra adoración en medio de la crisis final, determinará nuestro destino eterno.
Ya hemos visto que el sello de Dios implica la observancia del sábado. La misma Biblia nos dice es la señal o sello de que Jehovah es nuestro verdadero Dios y de que Él es quien nos santifica (Eze. 20:12,20). El sábado constituye la señal de la autoridad divina, de su dominio y de la extensión de su gobierno. “Acuérdate del día sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra. Pero el sábado es el día de reposo del Señor tu Dios... Porque en seis días hizo Jehovah el cielo, la tierra y el mar, y todo lo que contienen, y reposó en el séptimo día. Por eso, el Señor bendijo el sábado y lo declaró santo”. Y todo esto es objetado por Satanás, pues él le disputa a Dios su autoridad y la tierra, que es parte de su dominio universal. El sábado y no otro día, es el que ha sido señalado por el Dios todopoderoso como día de reposo dedicado a la adoración. La observancia del sábado es la evidencia o señal visible de nuestro servicio y adoración al Dios verdadero, y de nuestra sumisión a su soberanía. Y si Él dice que el séptimo día es reposo “para Jehovah tu Dios”, nosotros no podemos decir que es el primero el día de descanso. Y esto, aunque se quiera evadir, no puede ser negado porque lo que está en juego es a qué autoridad nos estamos sometiendo.
La ironía de todo esto está en el hecho de que “a pesar de todos los esfuerzos hechos para establecer la santidad del domingo, los mismos papistas confiesan públicamente la autoridad divina del sábado y el origen humano de la institución que lo ha suplantado. En el siglo XVI un concilio papal ordenó explícitamente: ‘Recuerden todos los cristianos que el séptimo día fue consagrado por Dios y aceptado y observado no sólo por los judíos, sino también por todos los que querían adorar a Dios; no obstante nosotros los cristianos hemos cambiado el sábado de ellos en el día del Señor, domingo’”.[30]
Por consiguiente, la marca de la bestia, si bien tiene que ver con el carácter, también tendrá una manifestación visible: la observancia de un día de reposo contrario al de Dios, el primer día de la semana. La Iglesia Católica se jacta de haber cambiado el día de reposo del sábado al domingo, por su expresa autoridad y voluntad. Al contestar una pregunta relacionada al día que debe ser guardado en obediencia al cuarto mandamiento, el Catecismo Católico de la Religión Cristiana, contesta: “Bajo la ley antigua, el sábado era el día santificado; pero la iglesia, instruida por Jesucristo y dirigida por el Espíritu de Dios, substituyó el sábado por el domingo; de manera que ahora santificamos el primer día y no el séptimo. Domingo significa día del Señor, y es lo que ha venido a ser”. Y se reconoce que “la observancia del domingo por los protestantes es un homenaje que rinden, mal de su grado, a la autoridad de la iglesia [católica]”.[31] En otra parte leemos: “El acto mismo de cambiar el sábado al domingo, cambio en que los protestantes consienten... porque al guardar estrictamente el domingo, ellos reconocen el poder de la iglesia para ordenar fiestas y para imponerlas so pena de incurrir en pecado”.[32] “¿Qué es, pues, el cambio del día de descanso, - se nos pregunta - sino el signo o marca de la autoridad de la iglesia romana, ¡'la marca de la bestia'?”.
 
“Los papistas pueden ver que los protestantes se están engañando a sí mismos, al cerrar voluntariamente los ojos ante los hechos del caso. A medida que gana terreno el movimiento en pro de la observancia obligatoria del domingo, ellos se alegran en la seguridad de que ha de concluir por poner a todo el mundo protestante bajo el estandarte de Roma.
“La imposición de la observancia del domingo por parte de las iglesias protestantes es una imposición de que se adore al papado, o sea la bestia. Los que, comprendiendo las exigencias del cuarto mandamiento, prefieren observar el falso día de reposo en lugar del verdadero, rinden así homenaje a aquel poder, el único que ordenó su observancia. Pero por el mismo hecho de imponer un deber religioso con ayuda del poder secular, las mismas iglesias estarían elevando una imagen a la bestia; de aquí que la imposición de la observancia del domingo en los Estados Unidos equivaldría a imponer la adoración de la bestia y de su imagen”.[33]
 
Naturalmente, la observancia del domingo no constituye aún la marca de la bestia. Pero sí lo será cuando en el tiempo de la crisis final, los hombres sean llamados a elegir entre la autoridad divina o la autoridad humana. La sumisión a uno u otro poder será reconocido como un signo de adoración y sumisión al que elijamos someternos. Se nos ha dicho claramente:
 
“Cuando los hombres rechacen entonces la institución que Dios declaró ser el signo de su autoridad, y honren en su lugar lo que Roma escogió como signo de su supremacía, ellos aceptarán de hecho el signo de la sumisión a Roma, ‘la marca de la bestia’. Y sólo cuando la cuestión haya sido expuesta así a las claras ante los hombres, y ellos hayan sido llamados a escoger entre los mandamientos de Dios y los mandamientos de los hombres, será cuando los que perseveren en la transgresión recibirán ‘la marca de la bestia’”.[34]
 
Dios no considera culpable a ningún ser humano hasta que ha tenido la oportunidad de recibir la luz plena de la verdad y decida rechazarla. Y la contienda es real, pues en contra del sábado se han concebido toda clase de marañas teológicas con el propósito de que no se perciba su importancia ni la necesidad de su observancia.
 
“El sábado del cuarto mandamiento es invalidado por muchos que lo tratan como algo baladí, mientras que ensalzan el falso día de reposo, el hijo del papado. En lugar de las leyes de Dios, son ensalzadas las leyes del hombre de pecado; leyes que serán recibidas y obedecidas como lo fue por los babilonios la maravillosa imagen de Nabucodonosor. Al levantar esa gran imagen, Nabucodonosor ordenó que debía recibir el homenaje universal de todos, tanto grandes como pequeños, encumbrados y humildes, ricos y pobres”.[35]
 
Estamos frente ante un conflicto real de proporciones enormes el cual requerirá el empleo de todas nuestras facultades espirituales. Y sólo los que hagan de Dios su escudo y sostén, sometiéndose a la verdad completamente sin importar el precio que haya que pagar, podrán sobrepasar este tiempo de angustia. El profeta Daniel viendo en visión este gran día expresó: “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran Príncipe que protege a tu pueblo. Y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces. Pero en ese tiempo será librado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro [de la Vida del Cordero]” (Dan. 12:1, cf. Apoc. 3:5).
 
“La Palabra de Dios contiene la verdad, y todos los que apoyan la verdad de Dios para este tiempo están haciendo una obra para la eternidad. Los que aplican la Palabra de Dios a la mente y el corazón están definidamente poniéndose de parte de Dios y del universo del cielo. Se pondrán corazón a corazón y mano a mano en defensa de lo santo y lo puro, de lo que soportará la prueba de los siglos. Los que apoyen el error mediante las palabras, la pluma y la voz, y mediante la opresión de los que están relacionados con la verdad, están del otro lado, con el primer gran apóstata, y los hombres malvados que son sus instrumentos. La Palabra afirma que estos ‘irán de mal en peor, engañando y siendo engañados’. Y en uno de estos dos lados estarán los hombres hasta el fin”.[36]
 
Una crisis terrible, pero necesaria
          Existen varios factores que determinan la crisis final. 1) La rematada y loca carrera infernal del enemigo de toda verdad y justicia en contra del remanente de Dios (Apoc. 12, 13 y 17). 2) La apostasía espiritual de la iglesia cristiana (2 Tes. 2:1-10; Hech. 20:28-31). 2) El deterioro cada vez mayor de los poderes secular que procuran granjearse la simpatía de las gentes sin importar el precio a pagar, con el solo propósito de servirse del poder (2 Tim. 3:13; Apoc. 17:12,17). 4) El deterioro moral cada vez más acentuado en todos los extractos de la sociedad (2 Tim. 3:1-5). Hemos llegado a un tiempo en que lo ilegal se torna legal, en la que no hay área negras o blancas, todo es gris. Dentro de poco no dispondremos de elementos para condenar el mal. Está surgiendo una generación que “no conoce a Dios”, pero si los artificios del mundo. Aun hay otro elemento determinante para el desarrollo de la crisis final: La condición espiritual del pueblo de Dios. La hiriente apatía espiritual, la indeferencia que carcome hasta los huesos, es lo que se refleja predominantemente en la experiencia espiritual de la última iglesia (Apoc. 3:14-19, ver capítulo cinco). No proponemos la idea de que es la crisis final la que provocará un reavivamiento de la piedad y una vuelta a los verdaderos valores de la fe. Pero no podemos negar que la crisis final tiene un papel importante que desempeñar en la experiencia del pueblo de Dios. Tiene que realizarse una obra de separación entre los intereses personales y los de carácter eterno, debe ser desarraigada toda escoria e impurezas del carácter (cf. Isa. 1:25-28).
 
“Pronto los hijos de Dios serán probados por intensas pruebas, y muchos de aquellos que ahora parecen ser sinceros y fieles resultarán ser vil metal... Cuando la religión de Cristo sea más despreciada, cuando su Ley sea más menoscabada, entonces deberá ser más ardiente nuestro celo, y nuestro valor y firmeza más inquebrantables. El permanecer de pie en defensa de la verdad y la justicia cuando la mayoría nos abandone, el pelear las batallas del Señor cuando los campeones sean pocos, ésta será nuestra prueba. En este tiempo, debemos obtener calor de la frialdad de los demás, valor de su cobardía, y lealtad de su traición”.[37]
 
Dios se propone purificar a su pueblo y lo hará en medio de las penurias y la aflicción. Ellos no le dejan otra alternativa, pues se están despreciando las oportunidades presentes. “Yo envío mi mensajero, que preparará el camino delante de mí. En seguida después, vendrá a su Templo el Señor a quien buscáis, el Ángel del pacto, a quien deseáis. Ya viene - dice Jehovah el Todopoderoso. ¿Quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿Quién podrá estar cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, como lejía de lavadores. Se sentará para afinar y limpiar la plata. Limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a plata, y ofrecerán al Señor ofrenda con justicia. Y la ofrenda de Judá y de Jerusalén será grata a Jehovah, como en los días pasados, como en los años antiguos” (Mal. 3:1-4, la cursiva es nuestra).
Se nos ha dicho que “la imagen de la bestia se formará antes de la terminación del tiempo de gracia; y esto debido a que constituirá una gran prueba para el pueblo de Dios, mediante la cual se decidirá su destino eterno”.[38] El profeta Jeremías vio esta gran crisis que aguarda al pueblo de Dios en visión: “Porque así ha dicho Jehovah: Hemos oído voz de temblor: espanto, y no paz..., se han tornado pálidos todos los rostros. ¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él: tiempo de angustia para Jacob; mas de ella será librado” (Jer. 30:5-7). Jacob luchó desesperadamente con el ser celestial en procura de la bendición que le aseguraba que sería librado de su hermano que quería matarlo (Gén. 32:24-30). Pero “luchó con el Ángel, y prevaleció” (Ose. 12:4). De la misma manera, el pueblo de Dios enfrentará la persecución en manos de impíos que se dicen ser cristianos, pero que están bajo el control de Satanás. En esa hora crítica, la hora de mayor angustia que parece consumirlos, será convertida por Dios en la mayor bendición
 
 “Aun cuando los hijos de Dios se ven rodeados de enemigos que tratan de destruirlos, la angustia que sufren no procede del temor de ser perseguidos a causa de la verdad; lo que temen es no haberse arrepentido de cada pecado y que debido a alguna falta por ellos cometida no puedan ver realizada en ellos la promesa del Salvador: ‘Yo también te guardaré de la hora de prueba que ha de venir sobre todo el mundo’ (Apoc. 3:10)...
“Aunque sufren la ansiedad, el terror y la angustia más desesperantes, no dejan de orar. Echan mano del poder de Dios como Jacob se aferró al ángel; y de sus almas se exhala el grito: "No te soltaré hasta que me hayas bendecido’...
“El amor de Dios para con sus hijos durante el período de su prueba más dura es tan grande y tan tierno como en los días de su mayor prosperidad; pero necesitan pasar por el horno de fuego; debe consumirse su mundanalidad, para que la imagen de Cristo se refleje perfectamente”.[39]
 
“El tiempo de angustia es el crisol que revelará los caracteres semejantes al de Cristo. Tiene como propósito inducir al pueblo de Dios a renunciar a Satanás y sus tentaciones”.[40]
 
¡Alabado sea nuestro Dios en su infinita sabiduría! Los medios que Satanás utiliza para trata de destruir a los hijos de Dios, son los que Dios revierte y usa para la purificación total y completa de sus caracteres, de tal manera que quedan aptos para la traslación a su reino glorioso. Antes de pasar al estudio del vers. 18 queremos dejar la siguiente admonición:
 
“Hay un tiempo de angustia que se aproxima para el pueblo de Dios, pero no hemos de mantener eso constantemente delante de ellos manejándolos de tal manera que pasen por un tiempo de angustia de antemano. Ha de haber un zarandeo entre el pueblo de Dios, pero no es ésta la verdad presente para llevar a las iglesias”.[41]
 
“Muchos apartarán su mirada muy lejos de los deberes actuales, del actual consuelo y de las presentes bendiciones, y pedirán prestado dificultades para la crisis futura. Esto significará fabricar un tiempo de angustia anticipado; y no recibiremos gracia para ninguna de esas pruebas anticipadas”.[42]
 
Tenemos el privilegio de fijarnos ahora en “los deberes actuales, del actual consuelo y de las presentes bendiciones”, al tiempo que debemos evitar pedir “prestado dificultades para la crisis futura”, porque esto implicaría “fabricar un tiempo de angustia anticipado” que no nos beneficiará en nada, pues “no recibiremos gracia para ninguna de esas pruebas anticipadas”. Nuestra única garantía para este tiempo consiste en seguir recibiendo luz, andando en ella y compartiéndola con otros para que también se preparen para el pronto encuentro con Cristo en la nueves de los cielos. Esto implica asumir con firmeza y responsabilidad la misión que Dios nos ha encomendado a cada uno y el desarrollo en plenitud de nuestros dones y talentos.
 
Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis (vers. 18).
 
El misterioso número 666
Entramos ahora a una parte sensible de esta profecía. Este es posiblemente uno de los pasajes que más se ha prestado para hacer especulaciones sobre los acontecimientos del fin. El tema del número 666 ha sido explotado hasta por los productores de películas, pero en un contexto totalmente distorsionado de la realidad apocalíptica. Incluso, aun el mismo cristianismo ha dado origen a interpretaciones desacertadas sobre este número. Se reconoce que “se ha derrochado más ingenio tratando de explicar este versículo que en ningún otro pasaje de la Escritura... Las sugerencias que se han hecho en cuanto al sentido de 666 son innumerables. Como es el número de la bestia, algunos lo han manipulado para que coincida con el de su enemigo número 1”.[43] Todo esto es real a pesar de que el mismo pasaje advierte que para calcular el número de la bestia se requiere sabiduría de lo alto (cf. Efe. 1:17; 1 Cor. 2:14). Bien se observa que para hacer una correcta interpretación de este pasaje se requiere “la sabiduría del discernimiento divino, más que una perspicacia intelectual; exige conocimiento bíblico más que filosofía humana”.[44]
Los estudiosos de las Escrituras sugieren que al tratar con este asunto “los intérpretes debieran ser muy cuidadosos y evitar las especulaciones tanto como sea posible”.[45] Para los que ven en la bestia con cuerpo de leopardo un símbolo del Imperio Romano pagano, es natural que atribuyan a Nerón el número 666. Es verdad que “en cierto momento de la historia de Roma los soldados marcaban a sus reclutas” grabándoles las abreviaturas del emperador reinante. El esclavo era marcado en la frente y los soldados eran marcados en la mano derecha. Mientras los esclavos aborrecían su marca, los soldados se sentían alegres de poseerla. “Llevar la marca que lo señalaba como adorador de un determinado dios era un gran privilegio”.[46] Pero se observa que “nadie ha podido probar que Nerón le pusiera marcas a los cristianos”. Otro dato importante es que entre los padres de la iglesia que esperaban el surgimiento del Anticristo después de la caída de la Roma pagana, estaban Ireneo, Tertuliano y Jerónimo, y según se sabe ninguno de ellos menciona a Nerón como “cumpliendo alguna parte de las profecías del Apocalipsis”. Resulta incoherente interpretar el Anticristo como un individuo y no como un sistema o poder. Los  métodos de interpretación bíblicos que no toman en cuenta el flujo y reflujo de las profecías en la historia están destinados al fracaso. De hecho están en bancarrota.
Aunque se dice que este número se le puede “aplicar a muchos nombres de personas famosas” se reconoce que esta es una “conclusión insensata”. ¿La razón? No se trata de cualquier nombre, sino del número de la bestia. De igual manera, algunos comentaristas han hecho una aplicación de esta cifra a partir del titulo papal Vicarius Filii Dei, Vicario del Hijo de Dios. Las letras latinas de este nombre da