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¡Anticristo! ¿Es éste un nombre que ha servido para excitar hasta el
abuso las pasiones políticas y religiosas? Obispos y papas lo emplearon
contra reyes y emperadores; papas contra antipapas; católicos contra
cismáticos, protestantes contra católicos.
Constancio II, uno de los hijos de Constantino el Grande, emperador de
Orienten 337, a la muerte de padre, luego único emperador de 351 a 361,
tras la desaparición de sus dos hermanos Constantino II y Constante II,
el arriano. Trato de lograr la unidad religiosa del imperio en beneficio
del arrianismo. Hilario, obispo de de Poitiers en la segunda mitad del
siglo IV, lo denuncio como el anticristo, o por lo menos el precursor
del anticristo, en un panfleto de inusitada vilencia.(1) “Debemos
aguardar a Jesucristo – decia Hilario – porque el anticristo esta
gobernado”.(2)
Anatasio, obispo de Alejandría, también creyó reconocer al anticristo en
el emperador Constancio, si hay que dar crédito a su Historia de los
Arrianos.(3)
A comienzos del año 537, Belisario, general enviado a Italia contra los
godos por el emperador de Oriente, Justiniano, había depuesto al papa
Silverio y había hecho elegir en su lugar a Virgilio, que ocuparía e;
trono pontificio hasta 555. “Este papa miserable”(4) ha sido
estigmatizado con el titulo de anticristo por el cardenal Cesar Baronio
(1538-1607), segundo general de la congregación del Oratorio de
Italia.(5)
Cuando hacia el fin de siglo VI, Juan el Ayunador, patriarca de
Constantinopla, asumió el titulo de obispo universal, el papa Gregorio I
protesto enérgicamente. Se abstuvo de reivindicar para sí mismo un
titulo que le parecía blasfemo [no así otros papas en el futuro], y
escribió al emperador Mauricio: “Yo digo sin la menor vacilación que
cualquiera que se llame a sí mismo obispo universal, o desea ese titulo,
es, por su orgullo, el precursor del anticristo porque pretende de esa
manera elevarse por encima de los otros [si
este papa hubiera podido ver el futuro, habría quedado horrorizado].
El error en el que cae viene de un orgullo igual al del anticristo,
porque así como ese perverso quiso ser considerado como estando por
encima de los otros hombres, como un Dios, así cualquiera que desee ser
llamado único obispo se eleva por encima de los otros”.(6) La actitud
asumida en este asunto por Gregorio I inspiró a un historiador las
siguientes palabras: “El sistema que llegó a ser más tarde como sistema
papal fue repudiado con horror por el mejor y el más grande de los
papas, Gregorio Magno (590-604) cuando comenzó a manifestarse, y aunque
no consista originalmente más que en títulos honoríficos. Según este
sistema el papa posee la plenitud del pode: todos los otros obispos no
son más que sus asistentes, y ayudantes de que se rodea; todo poder es
una emanación de su poder, y en cada diócesis es el papa el único
titular de la jurisdicción, en concurrencia con el obispo del lugar. Así
es como Gregorio entendía el titulo de patriarca ecuménico, y por
eso no pretendió que se le otorgase un tirulo tan criminal como
blasfemo”.(7)
Recordemos esta reflexión de Juan Calvino: “Para no perder demasiado
tiempo en explicaciones, el ser obispo universal ¿no es acaso tener
pleno poder sobre la cristiandad? San Gregorio detesta una dominación
tal como execrable, llena de sacrilegio y propia del anticristo
solo. ¿A quien le creemos mas, al papado o al mismo papa?”. (8)
Los sucesores de Gregorio no vacilaron en asumir el titulo universal que
Gregorio había negado a su rival de Constantinopla. Los abusos a que
dieron lugar las ambiciones pontificales provocaron muy pronto vivas
reacciones, y no se tardo en aplicar a los papas los oráculos inspirados
que describían las actuaciones del anticristo.
Hacia fines del siglo X, Arnoldo, obispo de Orleáns, se puso a la cabeza
del episcopado francés para oponerse a las usurpaciones del papado.
Promotor de un concilio que se celebró en el monasterio de Sant-Basle,
cerca de Reims, en junio de 991, Arnoldo pronunció un discurso vehemente
en el cual se inspiró en el celebre pasaje de la segunda epístola de
Pablo a los Tesalonicenses relativa al anticristo. “¿Quién es ese hombre
sentado sobre trono – clamaba – resplandeciente en sus vestiduras de
púrpura y de oro? Si la caridad le falta, y si no esta confiado y
sostenido mas que por la ciencia, es el anticristo que se sienta e el
templo de Dios, que quiere hacer creer que es Dios”.(9) El valor de
Arnoldo suscitó la admiración de los historiadores, aun de los
católicos. “Ponía al descubierto las maquinaciones de los papas
recientes, revelaba sus vicios, y sus crímenes. ¿A tales monstruos,
preguntaba, faltos de ciencia divina y humana, habremos de estar
legítimamente sometidos? Los llamaba el anticristo, estatuas sin almas,
ídolos en el templo. Y su discurso terminaba en un melancólico sarcasmo
contra Roma de la cual Alejandría, Antioquia y Constantinopla, se habían
separado; Arnoldo, muy preocupado, preveía que el Anticristo estaba muy
próximo [es decir, presentía que las cosas empeorarían]”.(10)
En el siglo XII un cura de Autun [note que no se hace mención primaria de protestantes aun],
Honorio, clamó: “¡Mirad a esos obispos y a esos cardenales de Roma, esos
dignos ministros que rodean al trono de la bestia! Siempre están
ocupados en nuevas iniquidades y no dejan de cometer crímenes”. Concluía
tristemente: “El reino de Dios ha terminado, y ha comenzado el del
anticristo: un nuevo derecho ha reemplazado al derecho antiguo; la
teología escolástica ha subido del trono de infierno para ahogar la
religión; en fin, en ella no hay mas ni moral, ni dogmas, ni culto, y he
aquí llega el ultimo tiempo anunciado por el Apocalipsis”.(11)
[Con
semejantes ejemplos históricos dentro de la parte mas representativa del
cristianismo no podíamos esperar menos que el surgimiento de diferentes
ideologías – como el iluminismo, el ateismo y el evolucionismo – que
casi borran el conocimiento de Dios de la tierra y el crecimiento
explosivo de otras forma de religiones no cristianas].
En el sínodo de Ratisbona, en Baviera, en 1241, Everardo de Truchsen,
arzobispo de Salzburgo [note], alza por su lado la voz contra el despotismo romano, y
pide prestadas sus armas a la profecía de Daniel 2 y de 2 Tesalonicenses
2: “Hace aproximadamente 170 años que Hildebrando, con el pretexto de la
religión, comenzó a echar los fundamentos del imperio del anticristo”,
dijo. Y agregó: “Esos sacerdotes de Babilonia quieren reinar solos”.
Luego continua: “Aquel que se llama el siervo de los siervos quiere ser
el señor de los señores, como si fuese Dios, y habla en forma
grandilocuente como si fuera Dios, maquina nuevos diseños en su corazón,
piensa hacerse un imperio donde el solo sea el soberano, cambia las
leyes, establece las suyas, ensucia, desgarra, hace pillaje, despoja,
engaña, mata: es lo que hace este hombre de pecado que se llama
anticristo, sobre cuya frente está escrito este nombre de blasfemia: yo
soy Dios no puedo equivocarme. Esta sentado en el templo de Dios, y
domina a su antojo”.(12)
John
Bale (1495-1563), declaró que Roberto Grouteheade (Groseste), obispo de
Lincoln de 1235 a 1253, autor de un comentario sobre el Apocalipsis,
identifica al
anticristo como el papado.(13)
Joaquinitas y franciscanos espirituales, en los siglos XIII y XIV,
buscaban el anticristo sobre el trono pontificio, en la persona de un
antipapa. Roger de Hoveden atribuye al abate [presbítero, clérigo]
Joaquín de Flora la extraña opinión según la cual el anticristo estaría
a punto de ocupar la sede de apostólica.(14) Pedro de Juan Olive anunció
la aparición de dos anticristos, uno de los cuales, llamado anticristo
místicos, sería un antipapa. La iglesia carnal regida por el antipapa no
seria otra cosa que la sinagoga de Satanás, de la cual habría que
apresurarse a salir a fin de prepararse para la venida de Cristo.(15)
Encerrado en una inmunda prisión, en el convento de Figeac, en 1345,
Jean de Roquetaillade se preguntaba por qué Dios había permitido que
fuese entregado en las manos de amos tan crueles. Creyó recibir una
revelación: “Me fue dado comprender claramente que si yo había caído en
una prueba semejante, era porque debía revelar al anticristo, su raza y
su secta al mundo”.(16)
[Recién
ahora aparecen los reformadores en escena para sumarse a esta grande
lista. Pero cabe preguntar, ¿Eran estos hombres de la iglesia cristiana
“reformadores” y “protestantes” en sus espíritus aunque seguían siendo
católicos?].
Valdenses, wiclefitas y husitas reunieron a papas y antipapas en un
misma reprobación, y combatieron las pretensiones papales con la ayuda
de las profecías de Daniel, de pablo y el Apocalipsis”.(17)
¿Hay que asombrarse entonces de que Martín Lutero llegara a las mismas
convicciones? Henri Strohl investigó las jornadas seguidas por el
reformador sajón acerca del
anticristo:
“Había emitido esa idea [de que las profecías bíblicas acerca del
anticristo hallan su cumplimiento en el papado – este corchete
esta en el original] como hipótesis, el 11 de diciembre de 1518, en una
carta a un amigo íntimo (Spalatino = Jorge Burckhardt, capellán del
elector Federico). El 13 de marzo de 1519 escribe a Spalatino (agregando
entre paréntesis: te lo digo al oído) que no sabe si el papa es
el anticristo o solamente su apóstol, tan desfigurada esta la verdad en
sus decretos. El 24 de noviembre de 1520, en una carta a Spalatino, ya
es más categórico. Después de haber leído el tratado de Hutter, que
declaraba apócrifa la Donación de Constantino, clama: ‘Mi angustia es
tal que estoy a punto de no dudar mas que el papa sea realmente el
anticristo que todo el mundo espera’. El 18 de agosto de 1520, algunos
días después de la publicación del Manifiesto, escribe a Lang: ‘Estamos
persuadidos de que el papado es el trono del anticristo verdadero y
autentico’. Y el 11 de octubre de 1520, después de haber leído la bula
que lo amenaza de excomunión, declara a Spalatino: ‘Ahora estoy seguro
que el papa es el anticristo’. Y finalmente en su escrito de 1521 contra
Ambrosio Catharinus explica por qué el papa es el anticristo. Ha
usurpado el poder del emperador romano, al inventar la Donación de
Constantino [reconocida
hoy como falsa, pero cuya invención ya dio sus frutos].
Es una plaga que Dios envió en su cólera. Quiere apagar la luz del
evangelio destinada a iluminar al mundo. Es, entonces, el anticristo
predicho por Daniel, por el Señor Jesucristo, Pedro, Pablo y el
Apocalipsis”.(18) Lo que Lutero dice confidencialmente en su
correspondencia, lo publicara también en sus escritos; ya en su llamada
Llamado a la Nobleza Cristiana, en 1520, decía: “No puedo
abstenerme de creer que podría sin injustita llamarse al papa hominem
peccati, el hombre de pecado”.(19) Finalmente en 1545 aparecerá “el
escrito más duro, más feroz que haya salido de la pluma violenta de
Lutero”.(20)
“Desde le punto de vista religioso, Lutero tuvo razón de repetir con
insistencia que el papa era el anticristo. Un vicario de Cristo en la
tierra [como
ha pretendido el papa ser] no podría ser otra cosa, en cierto sentido,
que un anticristo”.(21) “El titulo vicario de Cristo… parece blasfemo en
la perspectiva de una visión profética de la historia. El titulo y la
pretensión a la infalibilidad [vigentes
hoy como en el pasado]
alcanzan tal altura humana que puede considerarse inevitable, desde el
punto de vista histórico [con
todos su secuela de errores y contradicciones – valla tipo de
infalibilidad],
la afirmación de que el papa es el anticristo, hecha por la Reforma. De
hecho, adversarios políticos del papa habían precedido a la Reforma en
la misma afirmación en el curso de las edades católicas [recuerde
este dato siempre al analizar las posición reformada]”.
(22)
Es pues de lamentar que se hagan confesiones como estas: “La
interpretación antipapal esta en camino de ser abandonada por los
eruditos protestantes”. (23)
[Esto
era de esperarse que se anunciara y que finalmente comenzara a ocurrir
tarde o temprano, pues el mundo protestante – casi totalmente – bebe hoy
sus ideas e interpretaciones escatológicas por lo menos en dos vasijas
con el siguiente sello: “Made in Roma”. Y es sabido por todo
estudiante serio de la historia y las profecías, que los métodos
preterismo y futurismo son dos armas de la Contrarreforma, con el
fin de desviar la atención del mundo de las severas acusaciones y
denuncias que hicieron los protestantes sobre el comportamiento
histórico del papado. Y es sabido además, que dichas formas de
interpretación empezaron a ganar terreno en tiempos recientes, a partir
de finales del siglo XVIII. Hoy casi la totalidad de los comentarios de
Daniel y el Apocalipsis se ciñen a estas dos escuelas de interpretación,
o una modificación-combinación de ambos: el método idealista. Este
último falla al ver como Dios actuó marcadamente en el pasado, dejando
claras huellas históricas-proféticas que seguirían un desarrollo
continuo en la historia de la salvación. Este método de interpretación
dejan sin efecto la realidad profética que vivimos al hacer una
aplicación contemporánea en forma antojadiza de las profecías a las
potencias dominantes en cada época. Y finalmente, esta escuela de
interpretación falla en hacer una correcta aplicación de los eventos
proféticos, porque en lugar de seguir el desarrollo permanente que marca
la profecía en su gradual desenvolvimiento histórico, desorienta al
investigador aplicando las profecías apocalípticas a cada poder hostile
o ideología de turno contra el cristianismo en el escenario
contemporáneo].
Puede tenerse en cuenta la retórica y la exageración; pueden deplorarse
ciertas intemperancias del lenguaje. Pero queda en pie el hecho de que
una tradición secular nos pone en presencia de una tesis que merece ser
examinada con cuidado. A los protestantes que vacilan en suscribir la
tesis de Lutero, les pediría que meditaran en las palabras del cardenal
Henry Edgard Manning (1800-1892) acerca del catolicismo: “Un sistema tal
que es diferente de todo lo que es humano; tiene connotaciones, señales,
marcas de un carácter tan evidentemente sobrenatural que los hombres
reconocen en el hoy ya sea al Cristo, ya al anticristo. No hay medio
entre dos extremos. No hay otra solución fuera de esta alternativa: O
bien la Iglesia Católica es la obra maestra de Satanás, o bien es el
reino de los hijos de Dios”.(24)
[Y
que recuerden los protestantes, especialmente los que hacen acuerdos
cada vez más notables con el papado, que las doctrinas que provocaron la
Reforma son las mismas que siguen sostienen hoy, pero bajo un lenguaje
más pulido y maquillado. Alguien ha perdido la visión, y nos parece que
NO es el catolicismo. Más que disentir por disentir, lo que se espera es
que, aunque discrepemos, seamos coherente con nuestras ideas y
posiciones].
El cardenal John Henry Newman (1801-1890) no hablaba en forma distinta:
“La cuestión, en realidad, se resume en esta alternativa: La Iglesia de
Roma es la casa de Dios o la de Satanás; no hay camino intermedio entre
estas dos posiciones. ¿Ha dejado Cristo o no ha dejado a un
representante tras sí? Aquel que habla en nombre de Cristo debe ser un
verdadero embajador o el anticristo; no puede ser otro que el anticristo
si no hay embajador designado. Sean cuales fueren los actos, es muy
santo o muy culpable según tenga o no la autoridad requerida. O esos
actos son de Cristo, o es el anticristo su autor; pertenecen al
anticristo si Cristo no es su autor. No hay camino intermedio entre el
vice-Cristo y el anticristo… Históricamente, un orden sacerdotal
constituye la esencia de la iglesia, si [ese orden sacerdotal] no es de
institución divina, constituye la esencia doctrinal del anticristo”.(25)
Partiendo de un punto de vista totalmente distinto, el protestante
Jacopo Brocardo ya había declarado: “El papa es el vicario de Cristo, o
bien es el anticristo”. (26)
Mas recientemente el teólogo católico alemán Karl Adam escribía: “El
papado, ¿se funda sobre la voluntad de Cristo, o en él ha encontrado el
anticristo una forma histórica? Para cristianos creyentes solo la luz de
la revelación puede resolver esta cuestión”.(27)
Recordemos, para terminar, el artículo agregado en 1603 a la confesión
de fe las iglesias reformadas de Francia por el sínodo nacional de Gap:
“Puesto que el obispo de Roma, habiendo levantado una monarquía en la
cristiandad, atribuyéndose una dominación sobre las demás iglesias y los
pastores, se ha elevado hasta el punto de llamarse a sí mismo Dios, de
querer ser adorado, de jactarse de tener todo el poder en el cielo y en
la tierra, de disponer de todas las cosas eclesiásticas, de decidir
sobre artículos de fe, de autorizar e interpretar a su placer las
Escrituras, de traficar con las almas, de dispensar de votos y
juramentos, de ordenar nuevos servicios de Dios; y en lo que respecta al
orden, de pisotear la autoridad legitima de los magistrados al quitar,
al poner y cambiar los el reinos: nosotros creemos y sostenemos
que es propiamente el anticristo y el hijo de perdición predicho en la
Palabra de Dios bajo el emblema de la ramera vestida de escarlata”.(28)
“A pesar de la oposición del rey, todas las iglesias aceptaron con una
aprobación casi general el decreto del sínodo. El papa protesto
enérgicamente. Su nuncio presento a Enrique IV amargas quejas; pero la
palabra estaba escrita, y había sido aceptada y aclamada”.(29)
Otras confesiones de fe protestantes se han expresado en el mismo
sentido. Baste mencionar los Artículos Irlandeses de Religión de 1615,
n. 80(30), y el capitulo 26 de la Confesión de Wimisnter.(31)
Algunos jansenistas llegaron a la misma convicción. Así Vittore di S.
Maria Sopransi (1739-1804), carmelita descalzo, escribía: “No hay lugar
para buscar otro anticristo; imposible encontrar uno mas grande que
este. El cristianismo no sabía ver en el mismo individuo, en la misma
iglesia, sobre el mismo trono al ministro de Dios y al de Satanás, al
pastor legítimo y al ladrón y asesino, el vicario de Cristo y al
anticristo, al centro de la unidad y a la ramera de Apocalipsis, a la
iglesia de Dios y a la sinagoga de Satanás”.(32). - El Anticristo,
edición 1992, pp. 41-46.
Referencias:
1) Las referencias de este articulo serán publicadas en una futura
actualización de nuestra Sitio Web. De momento quienes pueden tener
acceso al documento pueden consultar dichas referencias. |