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Pilato y los otros gobernantes mencionados
El siguiente nombre que refiere Lucas es el de Pilato. Al mismo
tiempo que Tiberio César estaba en su decimoquinto año, “Poncio
Pilato” era “gobernador de Judea. De acuerdo a las declaraciones
del historiador Josefo y a las del historiador romano Tácito
-
este último en relación con la fecha de la muerte de Tiberio César
y la cesación de funciones de Pilato
-
Pilato habría sido nombrado Praefectus Iudaeae después del 1 de
julio del 26 DC. Esta información histórica va contra la fecha
elegida hoy por la mayoría de los intérpretes modernos del 26 DC
como el comienzo del año del ministerio de Jesús, puesto que
cuando Juan el Bautista comenzó a predicar en la primavera,
Pilato era ya gobernador (Luc 3:1). [De haber comenzado Juan su
ministerio en el año 26 DC, eso hubiese correspondido con a lo
sumo el fin del verano, y Jesús habría tenido que ser
bautizado seis meses más tarde a comienzos del año 27 DC].
Los períodos administrativos de los demás gobernantes
mencionados en Luc 3:1-3 corresponden, así, a las siguientes
fechas. Poncio Pilato (26-36 DC), Herodes Antipas (4 AC – 39
DC), Felipe (4 AC – 33/34 DC), Anás (6-14 DC), Caifás (18-36
DC). Véase Owusu-Antwi, Chronology of Dan 9:24-27, 307.
Época en que fue bautizado Jesús
Ya vimos que Juan el Bautista se llevaba seis meses de diferencia
con Jesús, lo que sugiere que Jesús se habría dirigido al Jordán
medio año después que Juan comenzó, según la profecía, a
prepararle el camino (Isa 40:3-4). Siendo que la profecía de las
70 semanas comenzó en el otoño del año 457 AC, era también
lógico esperarse que el Mesías Príncipe fuese “Ungido”,
bautizado, en el otoño del 27 DC. De no ser así, también
quedaría fuera de cuadro la mitad de la última semana cuando
Jesús habría muerto, haciendo cesar el sacrificio y la ofrenda
(Dan 9:27).
No se nos dice cuánto tiempo le llevó a Juan atraer la atención de
la nación a su ministerio que había comenzado en la primavera de
ese año. Pero para que todo el pueblo se dirigiese hacia el
desierto donde se encontraba, al punto de requerir la
intervención de las autoridades de Jerusalén, deben haber
transcurrido sus buenos meses. Recordemos que en esa época no
había TV ni diarios ni radio como hoy para alertar a la
población.
La profecía de Daniel que estamos estudiando declaraba que desde
el comienzo de la profecía de las 70 semanas de años hasta el
“Príncipe Ungido”, habría 7 más 62 semanas (69). Fue entonces
cuando el Príncipe de los cielos comenzó su ministerio público,
siendo bautizado y ungido en el río Jordán. En esa oportunidad
Dios lo reconoció como Hijo, diciendo: “Este es mi Hijo
amado en el cual tengo complacencia” (Mat 3:17).
Se ungía a reyes y sacerdotes con un cuerno cargado con aceite que
se derramaba sobre la cabeza de la persona. El aceite era
símbolo del Espíritu Santo (Zac 4:2,5-6). Por esta razón, cuando
el Espíritu de Dios descendió como paloma sobre el Hijo de Dios,
el símbolo cedió paso a la realidad. “Tan pronto como Jesús fue
bautizado, subió del agua. En ese momento, el cielo se abrió, y
Jesús vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía
sobre él. Y una voz del cielo dijo: ‘Este es mi Hijo
amado, en quien me complazco’” (Mat 3:16-17).
El reconocimiento divino de Jesús como Hijo al ser ungido fue
anunciado proféticamente también en el Salmo 2, cuando Dios hizo
ungir a David, símbolo del Mesías a venir, como rey de Israel
(Sal 2:7). Juan el Bautista confirmó que Dios le anticipó que
cuando viese descender el Espíritu sobre Jesús, podría saber que
era el Hijo prometido quien bautizaría también con el Espíritu
Santo (Juan 1:33-34). Después de ser bautizado, Jesús pudo
decir: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha
ungido” (Luc 4:18; cf. Isa 61:1-2). ¿Para qué lo ungió el
Espíritu del Señor? Para dar inicio al ministerio que debía
llevar a cabo el Mesías en favor de su pueblo, según lo
profetizado en Isa 61:1-2 (véase Luc 4:21).
Esto lo entendieron también los apóstoles. Andrés encontró a su
hermano y le dijo: “Hemos hallado al Mesías [Ungido] (Juan
1:41). Pedro declaró más tarde lo mismo cuando relató lo
sucedido. “Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea,
comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan,
cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de
Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos
los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hech
10:37).
El año 31
Siguiendo el hilo conductor que nació en el año 457 AC, llegamos a
la mitad de la última semana de las 70 anunciadas por la
profecía, a la primavera del año 31 AC. Jesús murió en ocasión
de la Pascua, es decir, en primavera. ¿Cuánto tiempo duró el
ministerio terrenal público de Jesús? Los evangelios son claros
al referir las fiestas en las que participó.
El evangelio de Juan menciona tres celebraciones pascuales que
tuvieron lugar después del bautismo de Jesús (Juan 2:23; 6:4;
12:1). Sin embargo, entre las dos primeras pascuas mencionadas,
hay informaciones que revelan un espacio mayor de un año. Por
ejemplo, Jesús da a entender en Juan 4:35 que faltaban cuatro
meses para la cosecha, lo que nos lleva al comienzo de la
primavera. Siendo que en ese año, al acercarse la época de las
primicias, la cebada parece haber madurado algo prematuramente
según la ilustración que usó Jesús, es probable que ese año o el
anterior haya tenido un mes bisiesto. Siendo que el relato de la
primera pascua precedió al relato de Jesús con los samaritanos
(Juan 2:23; 4:35), se deduce que el segundo relato debió haber
tenido lugar al acercarse la Pascua del año 29. Aún si “la
fiesta” de Juan 5:1 hubiese sido la del Pentecostés o la de las
Cabañas, estaríamos ante un año adicional, ya que el año
litúrgico de cosecha comenzaba con la Pascua y las Primicias de
la cebada.
Aquí debo corregir la fecha del año 28 AC que dí en referencia a
Juan 4:35 en algún punto de la larga parte introductoria de esta
serie, ya que debe haber pasado un buen tiempo entre la Pascua
de Juan 2:23 y “la fiesta” de Juan 5:1, a menos que por haber
Juan el Bautista preparado el camino para el ministerio de
Jesús, el éxodo de atracción se hubiera dado en forma natural y
rápida hacia Jesús (véase Juan 3:22,26; 4:1-3,43-45). Aún así,
la cuenta de cuatro meses hasta la cosecha del trigo, partiendo
de un tiempo indefinido posterior a la Pascua que comenzaba con
las primicias de la cebada, parece demasiado larga.
Con la segunda “fiesta” mencionada en Juan 5:1 tendríamos en total
cuatro Pascuas o ciclo de fiestas celebradas durante el
ministerio de Jesús. La Pascua mencionada en Juan 2:13 sería la
del año 28, la fiesta de Juan 5:1 la del año 29, la Pascua de
Juan 6:4 la del año 30, y la Pascua final en la que Jesús dio su
vida por los pecadores, mencionada en Juan 12:1, correspondería
a la del año 31. ¿Qué decía la profecía de Daniel con respecto a
la fecha en que moriría el Mesías? Que a la mitad de esa última
semana de años se haría cesar el sacrifico y la ofrenda, es
decir, moriría el Mesías Príncipe (Dan 9:27). Los evangelios
cuentan que eso sucedió en ocasión de la celebración de las
primeras dos fiestas anuales, la de la Pascua y la de los Panes
Ázimos. Por consiguiente, el comienzo de esa semana de años
debía tener lugar en el otoño, tres años y medio atrás,
confirmando las deducciones extraídas del relato de los
evangelios ya consideradas más arriba.
Los datos bíblicos y astronómicos
Para determinar el año de la Pasión—término éste que se usa
comúnmente para referirse a la muerte del Hijo de Dios—la
discusión actual se centra en los datos astronómicos que mejor
se corresponderían con el relato de los evangelios. En este
respecto, debemos tener en cuenta que mientras que los años
pueden tener días o meses bisiestos, según el calendario que se
use, la semana es inamovible. Los judíos siguen guardando
ininterrumpidamente su sábado, y los católicos y protestantes su
domingo. Ninguno de los dos cuerpos religiosos iba a tolerar un
cambio que, por otro lado, de haber ocurrido, los hubiera
llevado a no respetarlo.
Es así como los datos de los evangelios referentes a los días de
la semana en que el año de la Pasión cayeron la Pascua, los
Panes Ázimos y las Primicias, son de mucho valor. En efecto, la
fecha de la Pascua en el 14 del primer mes de Abib no podía caer
siempre en jueves, o en viernes, o en sábado. Eso variaba de año
en año. Al requerirle a la computadora astronómica datos exactos
en referencia al año en que esas fiestas cayeron en un fin de
semana, las opciones se reducen. Al mismo tiempo, ese mismo
hecho nos permite deducir como una prueba adicional, que en el
año de la Pasión hubo otro mes bisiesto (segundo Adar o
décimotercer mes que precedía al primero de la Pascua).
¿Cuándo cayó la Pascua en el año de la Pasión?
Los relatos de los evangelios son claros al referir el día de la
semana en que Jesús murió en la cruz. Ese día fue un viernes
(Mar 15:42; Luc 23:54), descansó el sábado en la tumba de su
obra de redención como lo hizo al principio en el primer día de
sábado de su obra de creación (Luc 23:56), y resucitó en la
mañana del domingo (Mat 28:1; Mar 16:2; Luc 24:1). Lo que
requiere un estudio más definido tiene que ver con el día de
fiesta anual en que cayó en el viernes.
La mayoría de los cristianos hoy cree que Jesús murió como el
cordero pascual el viernes poco antes de la puesta del sol, y
toman para ello ciertas referencias del apóstol Juan (19:31,42).
Basados en un calendario rabínico actual que no es
necesariamente el bíblico—como veremos en la parte final de esta
serie—vuelven hacia atrás y deducen como posible comenzar el año
de la crucifixión temprano, en marzo del año 30. De esta manera,
en base al calendario rabínico actual, más la deducción de que
la Pascua cayó en viernes en el año de la Pasión, y los datos
astronómicos que tenemos hoy, la mayoría de los autores tanto
católicos como protestantes llega a la conclusión de que Jesús
debe haber muerto en el año 30, y no en el 31.
Los que, sobre las mismas bases, han tratado de sincronizar los
datos astronómicos tomando como referencia el año 31, encuentran
serios obstáculos, como lo hace notar nuestro hermano brasileño,
Juárez Rodríguez de Oliveira. En efecto, para poder fundamentar
cómodamente los datos astronómicos en el año 31, debemos partir
de la base de que Jesús no murió en el día en que se ofrecía el
cordero pascual, sino al siguiente día, y en un mes precedido
por un segundo Adar o mes bisiesto, en el que el viernes
correspondería al 15 de Nisán, fecha en que comenzaba la Fiesta
de los Panes sin Levadura o Panes Ázimos. De ser así, sería
imposible que el año de la crucifixión hubiese caído en el año
30. Por tal razón, la discusión actual tiene dos focos, uno
astronómico, y otro bíblico.
El cordero pascual se ofreció el jueves
Quedé gratamente contento con la lectura del material que sobre la
Pascua judía incluyó de Oliveira. Ya antes de obtener mi
doctorado en teología me había interesado en el tema de las
fiestas judías. Eso ocurrió en la década de los 70. Mi pasión
por el tema me llevó a preparar una serie de trabajos. El
primero de los cuales relativo a la Pascua y los Panes Ázimos
fue publicado entonces en dos números de la revista Ministerio
Adventista. Allí tuve que encarar la aparente contradicción
cronológica dada por los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y
Lucas), en relación con el testimonio de Juan en su evangelio.
Lo que hice para aquella época fue publicar lo que los
intérpretes modernos y el Comentario Bíblico Adventista
publicaron, algo que nuestro hermano de Oliveira rechaza
categóricamente, y con buenas razones.
Los teólogos adventistas en general, incluyendo el último folleto
de la Escuela Sabática (Enero-Marzo 2005, comentario del 30 de
Enero), han seguido la creencia de la mayoría de los católicos y
protestantes de que Jesús murió cuando se sacrificaba el cordero
pascual, en un viernes 14 de Nissán (o Abib). Creen que, por
razones que consideran desconocidas hasta ahora, había dos
celebraciones en los días de Jesús, una familiar que se
sacrificaba el 13 de Nisán y se comía al comenzar el 14 después
de puesto el sol, y otra oficial en el templo el 14 mismo de
Nisán antes de ponerse el sol. Mientras que la primera podría
haber sido guardada por elementos liberale del judaísmo, la
segunda habría tenido que ver con su celebración por la
ortodoxia judía.
Nuestro hermano de Oliveira rechaza tal posición, y con buenos
argumentos. Ni Jesús ni los apóstoles iban a hacer nada
contrario a la ley. Según él, los teólogos cristianos modernos,
inclusive los adventistas, pusieron a un lado el testimonio de
los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), porque no
entendieron ciertas declaraciones del evangelio de Juan.
Mientras que los críticos liberales simplemente descartan como
valor histórico los sinópticos en este respecto, otros teólogos
más conservadores, entre ellos adventistas, intentaron armonizar
ambos testimonios y sugirieron que, por razones desconocidas
hasta el momento, habrían habido dos celebraciones pascuales en
los días de Cristo, una familiar y otra pública y oficial. Pero
esta suposición va contra el testimonio de la ley mosaica y de
la historia de Israel. En otras palabras, por una mala lectura
del evangelio de Juan que, según suponen, habría ubicado la
crucifixión en un viernes de Pascua, los teólogos críticos y
liberales terminaron creyendo que el testimonio de los
sinópticos era contradictorio, y algunos teólogos conservadores
creyendo que habrían habido dos celebraciones diferentes.
La hora del sacrificio pascual
En la época de Jesús, la fiesta de la Pascua y la de los Panes
Ázimos estaba tan relacionada que a menudo se referían a la
Pascua por el nombre de los Panes sin Levadura (Luc 22:1; véase
Ex 12:18). Esto se debe a que, aunque el cordero era sacrificado
“entre las dos tardes” el 14 de Nisán (Ex 12:6), se lo comió en
Egipto a la noche, junto con “panes sin levadura” (Ex 12:8),
“pan de aflicción” (Deut 16:3). La ley deuteronómica
especificaba que el cordero pascual debía ser sacrificado
“cuando el sol desciende” o “en la puesta del sol” (Deut 16:6).
¿Qué significaban estas dos expresiones, “entre las dos tardes” y
“cuando el sol desciende”? La expresión “tarde” podía a veces
significar algún tiempo antes de la puesta del sol (Neh 13:19).
Otras veces implicaba la misma puesta del sol (Ex 12:18; Lev
22:7; cf. 11:25,27,31,17:15, etc.; 23:32), o aún inmediátamente
posterior a la puesta del sol (Mar 1:31). Por tal razón, cuando
Dios indicó el momento del sacrificio del cordero pascual, tuvo
en cuenta que había varios sacrificios y ofrendas que ofrecer,
los que debían tener lugar antes de la puesta del sol misma
(incienso: Ex 30:8; holocausto de la tarde: 29:39,41; cordero
pascual: 12:6).
¿Cómo entendieron los judíos la expresión “entre las dos tardes”
aplicada al sacrificio del cordero pascual? Las fuentes
rabínicas nos informan que esa expresión se refería al tiempo
que seguía al mediodía, y especifican que se degollaba al
cordero pascual y se lo ofrecía entre la hora octava y la nona
o, en nuestro horario, entre las 2 y 3 de la tarde (Mish.
Pes.5:1,3; véase Pes 58a). Josefo, por su parte, concuerda en
que se sacrificaba el cordero pascual entre las 3 y 5 de la
tarde (Guerras Judías 6.9.3). Filón afirma también que “todo el
pueblo ofrece sacrificio” en la Pascua “comenzando al mediodía y
continuando hasta concluir la tarde” (XXVII, 145). Si la Pascua
coincidía con un viernes, se sacrificaba el cordero pascual
media hora después de la hora sexta y se lo ofrecía media hora
después de la séptima hora, esto es, entre las 12:30 del
mediodía y la 1:30 de la tarde (Pesahim 5:1). Esto hace
imposible que Jesús hubiera muerto a la hora del sacrificio del
cordero pascual en un presunto viernes 14 de Nisán, ya que murió
a eso de las 3 de la tarde (Mat 27:45-46; Mar 15:33-34; Luc
23:44).
El libro de los Jubileos confirma que debían sacrificar el cordero
pascual antes que concluyese la tarde para poder comerla a la
noche (49:1,10-11,19). Los manuscritos del Mar Muerto
entendieron igualmente el momento requerido por la ley para
sacrificar y ofrecer al cordero como teniendo lugar antes del
holocausto de la tarde (Rollo del Templo, col. XVII, 6). El
contexto del pasaje bíblico, en efecto, debe entendérselo como
teniendo lugar en algún momento antes de la puesta del sol, ya
que cuando se ponía el sol se entraba al décimoquinto día del
mes (véase Lev 23:5-7). Jamás hubiera podido el rey Josías
ofrecer y asar miles de animales en la Pascua, si el sacrificio
debía tener lugar cerca de o a la puesta misma del sol (2 Crón
35:1-19).
El testimonio de los sinópticos
Siendo que la ley prohibía sacrificar el cordero pascual fuera del
lugar que Dios escogería para morada de su nombre (Deut
16:2,5-6), la Pascua que celebró Jesús con sus discípulos tuvo
que haberse sacrificado en el jueves, y el día de la Pascua
(Nisán 14), por consiguiente, debe haber caído en jueves. La
Santa Cena, en cambio, debió tener lugar en la misma noche que,
según el cómputo judío de puesta de sol a puesta de sol, ya
correspondía a Nisán 15, cuando comenzaba la fiesta de los Panes
sin Levadura. Por eso los evangelios sinópticos identifican la
celebración de la Pascua con la de los Panes Ázimos, pero dando
a entender que el sacrificio pascual tuvo lugar antes de la
puesta del sol el jueves 14 de Nisán, y la comida en el primer
día de los Panes sin Levadura al comenzar el viernes 15 de
Nisán, luego de ponerse el sol ese mismo jueves (Mat 26:17-19;
Mar 14:12-17; Luc 22:1,7-13; véase Núm 33:3-4; Deut 16:1-4;
véase DTG, 598: “en el día en que se comiera la pascua, iba a
ser sacrificado”).
¿Dónde sacrificaban al cordero los israelitas? Debían ir al templo
para que el cordero fuese aprobado y sacrificado por los
sacerdotes y levitas, y luego podían comerlo en un lugar
contiguo al templo o en sus casas (2 Crón 35:5-6,10-13; Esd
6:19-22). Jesús y sus discípulos hicieron lo mismo, junto con
todos los demás judíos, de lo contrario hubieran desobedecido la
ley (véase Ex 13:10). Ellos siguieron la regulación del
Sanedrín, no la de los esenios que estaba en disidencia con los
judíos de Jerusalén y con la ley mosaica. Jesús celebró la
Pascua a “la hora” señalada por la nación judía (Luc 22:14;
véase Mat 23:1-3).
Confirmación adicional
Las fuentes judías extrabíblicas y los intérpretes judíos
posteriores confirman que el pueblo debía ir al patio del templo
para sacrificar la Pascua antes de la puesta del sol el 14 de
Nisán, para luego comerla en sus casas al comenzar la Fiesta de
los Panes Ázimos, por la noche ya comenzado el 15 de Nisán (cf.
de Oliveira, 59-60). En esto están también de acuerdo los
eruditos modernos, y aún el Comentario Bíblico Adventista (véase
Theological Dictionary of the New Testament, V, 900; SDABC, V,
536).
En el tratado Pesahim de la Mishna, dedicado por entero a la
Pascua, “se habla del Templo como lugar del sacrificio, y de las
casas como lugar del banquete. En el rito del Templo se incluye
la inmolación y rito de sangre (Pesahim V), y luego en la casa
se asa la víctima (Pesahim V, 10.VII) y se celebra el banquete
(Pesahim X). El banquete tiene el carácter de una comida
greco-romana, y lo comen echados según la costumbre de la época
(Pesahim X, 1ª). Las hierbas sirven como ensalada preparatoria a
la comida (Pesahim II, 6ª; X,3), y se toman cuatro copas
de vino, que contribuyen a dar solemnidad al banquete (Pesahim
X). Hay obligación de narrar el Éxodo en respuesta a las cuatro
preguntas de los comensales (Pesahim X). En esta época Pascua y
Ázimos son una misma fiesta”, Santos Ros Garmendia, La Pascua en
el Antiguo Testamento (Ed. Vitoria, 1978), 294-295. A esta
última declaración debo agregar que aunque se identifiquen esas
dos fiestas en el Nuevo Testamento por la relación tan estrecha
del sacrificio con la comida, no por eso dejan de estar bien
diferenciadas. Si el Nuevo Testamento identifica las dos fiestas
es porque, como veremos, ya el Antiguo Testamento las había
identificado por las mismas razones.
Aunque todos estamos de acuerdo en que Jesús es el cordero pascual
(1 Cor 5:7-8), como lo es el sacrificio de todas las fiestas
(Heb 8:12-14; 10:1-4), debemos reconocer que no murió ni a la
hora ni en el día en que se sacrificaba el cordero pascual, sino
a la hora del holocausto de la tarde (véase Ef 5:2). Esto es lo
que confirma el Espíritu de Profecía, quien por su parte nunca
identificó el momento de la muerte de Cristo con la del cordero
pascual, sino con el sacrificio regular de la tarde. Cuando la
cortina del templo de desgarró de arriba a abajo, al morir
Jesús, el sacerdote estaba por sacrificar al cordero vespertino,
el cual fue desatado por manos invisibles, escapándose de los
que allí estaban presentes (DTG, 705).
Juan 12:1-2 dice que Jesús llegó a Betania “seis días antes de la
Pascua”, y E. de White confirma que llegó un viernes para
descansar allí durante el sábado (DTG, 511). De nuevo, los seis
días nos llevan al jueves, ocasión en que debía caer la Pascua.
Cuatro días antes se separaba el cordero para ser sacrificado
durante la Pascua (Ex 12:3-6). Así también Jesús el domingo,
cuando aceptó el homenaje del pueblo por primera vez como rey
(DTG, 523), “se puso aparte como una oblación” para “llamar la
atención” de la gente “al sacrificio que había de coronar su
misión en favor de un mundo caído” (DTG, 525). Del domingo al
jueves hay cuatro días, lo que hace imposible, otra vez,
vincular la tipología de ser puesto aparte con un presunto
sacrificio pascual en el viernes. También declara que en la
noche del jueves, “Cristo se hallaba en el punto de transición
entre dos sistemas y sus dos grandes fiestas respectivas...
Mientras comía la pascua con sus discípulos, instituyó en su
lugar el rito que había de conmemorar su gran sacrificio” (DTG,
608).
Si el 14 de Nisán, día en que se sacrificaba el cordero pascual,
cayó en el jueves de la semana de la Pasión—como lo testifican
claramente los evangelios sinópticos—entonces, desde la
perspectiva astronómica, la crucifixión no pudo haber tenido
lugar en el año 30, sino en el año 31 y en un año que contó con
un mes bisiesto. Siendo que el año 31 se corresponde
metónicamente con el cambio de luna en el año 457 AC, ambos años
deben haber contado con un mes bisiesto, como lo confirman los
datos astronómicos que ya vimos y que se basan en el relato de
Esdras.
El testimonio del evangelio de Juan
Los pasajes del evangelio de Juan que han confundido a los
teólogos modernos son Juan 18:28; 19:14,31. Para saber si esos
pasajes contradicen el testimonio unánime de los evangelios
sinópticos, según muchos creen hoy, tenemos que procurar
entender cómo comprendía la gente en los días de Jesús las
expresiones que allí están.
Juan 18:28: “para poder comer la Pascua”
“Llevaron a Jesús de Caifás al pretorio. Era temprano de mañana.
Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y poder
comer la Pascua”.
Siendo que no debía dejarse nada de la comida pascual para comerla
en la mañana (Ex 12:10), parece a simple vista que esta
declaración de Juan indica que el sacrificio del cordero pascual
no había tenido lugar aún y que, por consiguiente, el 14 de
Nisán habría caído en ese viernes. De ser así, Juan estaría en
flagrante contradicción con el testimonio de los sinópticos.
Pero, ¿es éso realmente lo que dio a entender Juan?
- La contaminación.
Según el ceremonial judío, si los dirigentes de la nación
participaban en cualquier tipo de contaminación que involucraba
sangre humana, un muerto o un condenado a muerte, o una
contaminación menor que duraba hasta la puesta del sol o mayor
por toda la semana (Lev 11-12,15; 21:1-4,11-12), no hubieran
podido participar de las ceremonias de la fiesta, que incluían
la comida de los panes sin levadura y los demás sacrificios
(véase Núm 19:11; Hech 5:28). La contaminación no sólo
involucraba tocar sangre o cadáver humanos, sino también estar
en el lugar donde había sangre o cadáver (Lev 15:19-27;
21:11-12). Por tal razón, no se debía traer ningún cadáver al
templo, ni ejecutar a nadie en el templo, ni nadie que hubiera
estado contaminado por haber tocado un muerto debía siquiera
entrar en la ciudad (Ex 21:14; Núm 19:3,9,14-16).
El agravante que encontraban esos líderes religiosos, según sus
escrúpulos particulares, tenía que ver, además, con su presencia
en un lugar pagano en un día sagrado (Lev 23:7; Núm 28:17).
Siendo que los gentiles o paganos comían carnes inmundas y no
practicaban los rituales de purificación requeridos cuando se
tocaba sangre o cadáveres humanos (véase Lev 15:30), y los
dirigentes judíos sabían cuánta sangre se derramaba con los
castigos que infligían los romanos a los condenados, antes de
crucificarlos, no querían ser mirados por el pueblo como siendo
indignos de participar en el ritual de sacrificios y en su
comida típica. Aún Pedro fue mal mirado por los de la
circuncisión, por haber entrado en la casa de un centurión
romano, poco después en un día común (Hech 11:2-10). ¡Cuánto
peor hubieran sido mirados los dirigentes judíos al contaminarse
en un tribunal pagano al principio de la semana pascual! “No
querían entrar en el tribunal romano. Según su ley ceremonial,
ello los habría contaminado y les habría impedido tomar parte en
la fiesta de la Pascua” (DTG, 671).
- La comida de la Pascua.
Juan no está haciendo una referencia cronológica a la observancia
de la Pascua, como lo hicieron los otros evangelistas, sino
simplemente relatando lo que procuraban hacer los dirigentes
judíos a quienes Cristo había acusado de reemplazar la ley de
Dios por sus tradiciones (Mat 15:1-9). Tampoco se está
refiriendo Juan a la comida del cordero pascual. Ya vimos que en
los días de Cristo se hacía referencia a la fiesta de los Panes
sin Levadura por el término Pascua, y viceversa (Ex 23:14-15),
debido a su íntima interrelación (Luc 22:1). Pero de ninguna
manera daban a entender que en cada día de la semana en que no
debían comer panes sin levadura, debía sacrificarse otra vez el
cordero pascual. Ese sacrificio tenía lugar una sola vez al año,
en el 14 de Nisán, precediendo a la fiesta de los Panes Ázimos.
Siendo que la levadura era símbolo de pecado, debía ser
erradicada de toda casa conjuntamente con el pecado durante toda
esa semana (Ex 12:15; Deut 16:4).
Algo semejante encontramos en el Antiguo Testamento. Ezequiel, por
ejemplo, pone en orden cronológico los dos eventos sin
distinguir el segundo de la Pascua misma. “El mes primero, a los
catorce días del mes, tendréis la fiesta de la Pascua. Durante
siete días se comerá pan sin levadura... En ese día... En los
siete días de la fiesta...” (Eze 45:21-23; véase Núm 28:16-25).
También Lucas registra que los padres de Jesús iban todos los
años a celebrar “la fiesta de la Pascua en Jerusalén”, y que
“acabada la fiesta” que duraba siete días (Ex 23:14-15,17),
regresaban con todo el pueblo sin percibir que Jesús se había
quedado en el templo (Luc 2:41-43). En otras palabras, los
términos Pascua y Panes Ázimos podían usarse para referirse a
una sola fiesta (Ex 23:15; 34:18; 16:1-8), sin por ello
confundir su sucesión cronológica.
También la Mishna consideraba que “la observación de la Pascua por
generaciones se aplica a todos los siete días y no sólo por una
noche” (Pesahim, 9.5), en referencia a la comida de los panes
sin levadura y los demás sacrificios que se ofrecían durante
toda la semana, incluyendo los sacrificios de paz (Núm 28:17ss;
2 Crón 30:21-22; 35:6ss). Que la comida pascual durante los
siete días, exceptuando el comienzo luego de la puesta del sol,
no tenía nada que ver con el cordero típico de la pascua, se ve
en la indicación de no comer la pascua durante siete días con
pan fermentado, en referencia no sólo al ganado bovino, sino
también al vacuno (Deut 16:2-4). Solían invitar durante toda esa
semana a sus huéspedes a comer pan sin levadura diciendo:
“el que tenga hambre, venga y coma lo que necesite..., y guarde
la Pascua” (cf. de Oliveira, 69).
El mismo lenguaje encontramos en E. de White. “La pascua seguía
por siete días como fiesta de los panes ázimos” (PP, 581). “El
uso del pan sin levadura también era significativo. Lo ordenaba
expresamente la ley de la pascua, y tan estrictamente la
observaban los judíos en su práctica, que no debía haber ninguna
levadura en sus casas mientras durara esa fiesta” (PP, 282-283).
“Si no se realizaba enseguida el juicio y la ejecución, habría
una demora de una semana por la celebración de la Pascua” (DTG,
650). “Poco después que terminara la semana de Pascua”, los
discípulos se dirigieron a Galilea donde Jesús les dijo que se
encontraría con ellos. “Su ausencia de Jerusalén durante la
fiesta habría sido interpretada como desafecto y herejía, por lo
cual permanecieron hasta el fin” (DTG, 749).
Juan 19:14: “la preparación de la Pascua”
“Era la preparación de la Pascua, como la hora sexta (mediodía).
Entonces [Pilato] dijo a los judíos: ‘¡Aquí está vuestro
rey!’”
¿Acaso no había sido ya celebrada la Pascua durante la noche de la
Santa Cena? ¿Cómo es que aquí, Juan habla de “la preparación de
la Pascua”? No existía un día de preparación para la Pascua. El
único día de preparación era el viernes, considerado así en
vísperas del sábado. Por tal razón, aún en el griego moderno, la
palabra viernes es paraskeué, el mismo término usado en Juan
19:14,31,42 con el significado de “preparación”. “Y al
atardecer, como era el día de la preparación, es decir, la
víspera del sábado” (Marc 15:42; véase Mat 27:62; marc 15:42;
Luc 23:54), José de Arimatea pidió el cuerpo de Cristo para que
no quedase expuesto el sábado.
¿Cómo podemos entender, entonces, la expresión, “la preparación de
la Pascua”? Como el viernes que caía en la semana pascual, no
como el día anterior a la Pascua (Juan 19:31,42). La New
International Version rinde correctamente Juan 19:14 como:
“Era el día de la preparación de la Semana de Pascua...” Ese
viernes era el primer día de los Panes sin Levadura, y formaba
un todo con la Pascua semanal.
Juan 19:31: “un sábado grande”
“Como era el día de la Preparación [viernes], para que los cuerpos
no quedasen en la cruz en el sábado—pues ése era un sábado
grande—los judíos rogaron a Pilato que les quebrasen las
piernas, y fueran retirados”
Esta expresión puede interpretarse de diferentes maneras. Según el
contexto, se refiere más definidamente a un sábado especial
porque el semanal literal seguía al primer sábado festivo
(viernes), o simplemente, porque ese sábado semanal era especial
ya que caía en una semana de fiesta, no porque cayese en el
mismo día del sacrificio del cordero pascual (14 de Nisán), ni
tampoco en la ocasión en que se participaba de su comida (15 de
Nisán).
La Mishna (Pesahim 5:1) es clara en afirmar que cuando la Pascua
en sí caía el viernes, se sacrificaba el cordero media hora
después de la hora sexta (12:30 de la tarde), y se lo ofrecía
media hora después de la hora séptima (1:30 de la tarde). Por lo
tanto, el viernes de la crucifixión no puede considerarse como
habiendo tenido lugar en la víspera de la Pascua. En armonía con
los otros evangelios, Juan afirma entonces que ese viernes tuvo
que ver con el primer día de la semana de los Panes Ázimos, y no
con el día del ofrecimiento del cordero Pascual.
“Traer la justicia perdurable” (Dan 9:24)
En la última semana de años (27 DC – 34 DC), debía traerse “la
justicia de los siglos”, interpretada por algunas traducciones
como “la justicia perdurable”. Según Isaías, la justicia
perdurable sería traída por el Siervo Justo del Señor, quien
justificaría a muchos pecadores, dando su vida en expiación por
ellos (Isa 53:10-11). El profeta Jeremías, contemporáneo de
Daniel en su primera parte, anunció que al Mesías prometido que
vendría de ese “Renuevo” de la descendencia de David, llamarían
“Señor, justicia nuestra” (Jer 33:16; cf. Isa 53:2). Esto se
cumplió admirablemente en Cristo Jesús, cuando Dios envió a su
Hijo que nació de una mujer descendiente de David.
“Al que no tenía pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros, para
que nosotros llegásemos a ser justicia de Dios en él” (2 Cor
5:21). “Pero ahora aparte de la ley [los pecadores no podían
obtener justicia de la ley de Dios porque la habían violado], la
justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada [anunciada] por
la Ley [las leyes levíticas de sacrificios] y los Profetas
[Isaías, Jeremías, Daniel, etc]; la justicia de Dios, por
medio de Jesucristo, por la fe, para todos los que creen en él.
Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y han caído
de la gloria de Dios, pero son justificados gratuitamente por su
gracia, mediante la redención realizada por Cristo Jesús; a
quien Dios puso como medio de expiación, por la fe en su sangre,
para demostrar su justicia, al haber pasado por alto, en su
paciencia, los pecados pasados, con el fin de mostrar su
justicia en este tiempo, para ser a la vez el justo, y el que
justifica al que tiene fe en Jesús” (Rom 3:21-26). “Así,
habiendo sido justificados por la fe, estamos en paz con Dios,
por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom 5:1).
Para adventistas
Los adventistas consideran los escritos de E. de White como
inspirados por Dios. Ella fue llamada por Dios como “mensajera
del Señor” para el remanente final de los últimos días (Apoc
12:17; 19:10). Aunque ella confirma punto por punto las
declaraciones de los evangelios, y no presenta ninguna
contradicción entre los sinópticos y el evangelio de Juan, tiene
una declaración que puede sorprender al lector
desprevenido, en relación al día en que se ofrecía en el templo
las primicias de la cosecha de la cebada. Esa declaración la
repite dos veces en dos libros diferentes, Patriarcas y
Profetas, y El Deseado de Todas las Gentes. “La Pascua iba
seguida de los siete días de panes ázimos. El segundo día de la
fiesta, se presentaba una gavilla de cebada delante del Señor
como primicias de la mies del año...” (DTG, 57; PP, 581).
Llama la atención que en ambos casos, esa declaración, “el segundo
día”, la da en capítulos donde no relata la historia de la
Pasión. Cuando aplicó esa fiesta de gavillas mecidas a la
resurrección de Cristo, al relatar los sucesos de su
resurrección, no habló del “segundo día”. “Su resurrección se
realizó en el mismo día en que esa gavilla era presentada
delante del Señor” (DTG, 729).
Entre los judíos en la época de Cristo había fuerte debate sobre
cómo entender la ley levítica sobre la fiesta de las primicias.
“La mecerá el día que sigue al sábado” (Lev 23:11). ¿A qué
sábado se refiere? ¿Al del primero de la fiesta de los Panes sin
Levadura, o al que sigue al sábado semanal, sin importar en qué
día de la semana de esa fiesta caía ese sábado? Los saduceos
entendían que se refería al día que seguía al sábado semanal, y
los fariseos al que seguía al sábado de la fiesta ceremonial, es
decir, al día 16 de Nisán. La razón por la que los fariseos
vincularon ese sábado con el de la fiesta, independientemente
del sábado semanal, parece deberse a que vincularon el
Pentecostés a la proclamación de la ley en el Sinaí, sin ningún
soporte bíblico e histórico aceptable, razón por la cual los
saduceos se opusieron. Y siendo que la práctica en los días de
Jesús estaba regulada por los saduceos, no hubo problemas en su
cumplimiento tipológico tampoco.
Coincidentemente, ese es un tema que estudié a fondo debido a que
una nueva propuesta presentada por algunos profesores de Andrews
University, intentó vincular la visión de Apoc 4 y 5 con el
Pentecostés y la proclamación de la ley en el Sinaí, basándose
en esa infundada asociación rabínica de los fariseos. Un estudio
detenido del pasaje muestra, sin embargo, que la ley levítica
asocia ese ritual de primicias al día que sigue al sábado
semanal, no a un día anual histórico. ¿Por qué razón? Porque la
fecha del Pentecostés flotaba de año en año, según el día en que
caía el sábado pascual. Así, “cuando la Pascua caía en lunes, el
Pentecostés de ese año se celebraba 56 días más tarde, varios
días después de la fecha presumida para la proclamación de la
ley” (A. R. Treiyer, La Crisis Final en Apoc 4-5 (1998), 201).
Tampoco se puede fechar con exactitud el relato de Ex 19. Por lo
tanto, todo vínculo con el Pentecostés basado en esa tradición
farisaica carece de fundamento, y la visión de Apoc 4 y 5 tiene
que ver más bien con una proyección del Día de la Expiación
hacia el juicio final (véase Dan 7:9-10,13-14).
En mi libro citado más arriba resumí la siguiente conclusión.
“Aunque a veces se emplea la palabra sábado para referirse a la
semana por el hecho de que el séptimo día la completaba, debemos
recordar que nunca se la usaba para referirse a una semana que
no terminaba en el séptimo día de la semana. En otras palabras,
los sábados anuales correspondientes a las fiestas que podían
caer en cualquier día de la semana, no se usaban en la Biblia
para referirse a una semana. Como confirmación adicional,
podemos destacar el hecho de que el Pentecostés era la única
fiesta que no se fechaba en un día fijo del mes (Lev 23:15-16).”
¿Cómo entender, entonces, las declaraciones de E. de White al
referirse a la fiesta de las Primicias como teniendo lugar en el
“segundo día” de la fiesta? Tanto Josefo como Filón, y los
rabinos, según ya vimos, usaron la expresión “segundo día” de
fiesta para referirse al ofrecimiento de las Primicias. Es
probable que E. de White haya usado el lenguaje de esos autores
o de otros que los citaron, pensando en el día que seguía al
sábado (y que en algunos años se correspondía literalmente), sin
implicar necesariamente el segundo día de la semana literal, ni
tampoco el segundo día literal de la fiesta.
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