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Daniel
7 introdujo al Mesías como una figura real que heredará el reino
de Dios y lo compartirá con su pueblo. Ahora Daniel 8 presenta al
Mesías como un sumo sacerdote ministrando en favor del pueblo de
Dios en el santuario celestial. Los dos cuadros se complementan
mutuamente y proveen una descripción más completa de la naturaleza
y obra compleja del Mesías prometido. El mensaje básico es el
mismo: el Mesías obra, como rey y sacerdote, en favor del pueblo
de Dios; y saldrá victorioso sobre todos los poderes malignos,
terminando así con el conflicto entre el bien y el mal. Siendo que
Daniel 8 enfatiza el papel sacerdotal del Mesías, la visión usa
imágenes y terminología tomadas del santuario israelita para
comunicar su mensaje.
Perspectiva histórica: Medo‑Persia y Grecia
Daniel tuvo la visión “en el año tercero del reinado del rey
Belsasar" (Daniel 8:1). Los comentaristas han usado registros
históricos antiguos para identificar ese año como el 548/547 a.C.[1]
El profeta recibió la visión unos dos años después de la que se
registra en Daniel 7 (550/549 a.C.), y nueve años antes que
ocurrieran los eventos registrados en Daniel 9 (539 a.C.) Es
interesante que haya un período de unos 53 años entre el momento
en que Daniel recibió la interpretación del sueño del rey
(capítulo 2; 603 a.C.) y la visión del capítulo 7.
El año 547 a. C. trajo consigo cambios significativos en la
historia del antiguo Cercano Oriente. Babilonia estaba declinando
como imperio mundial y surgía un sistema político más poderoso: el
imperio medo-persa. Los medos, mencionados por primera vez en
registros históricos fechados hacia los años 858‑824 a.C.,
habitaron áreas del noroeste de irán, que actualmente incluyen a
Azerbaiyán y Kurdistán. Probablemente fue alrededor del 621 a.C.
cuando Ciajares logró unir las tribus medas en un reino
suficientemente poderoso para resistir a los ejércitos asirlos. De
hecho, ellos se aliaron con los ejércitos babilónicos contra el
imperio asirlo, y de esa forma lo vencieron. Su hijo, Astiages, un
gobernante débil, sucedió a Ciajares.
Los persas probablemente residían en el sur de Irán. La falta de
información histórica no nos permite recuperar la historia
temprana del reino persa. Los especialistas en el antiguo Cercano
Oriente concuerdan en que el surgimiento de Ciro 11 como rey (559
a.C.) hizo de los persas un reino influyente y poderoso. Parece
que hasta entonces los persas habían estado bajo el control de los
medos. Ciro II se casó con la hija de Astiages y al parecer estuvo
interesado en apoderarse del imperio medo. Las tensiones entre él
y Astiages aumentaron y finalmente él se rebeló en su contra en
550 a.C. Aunque era superado en número por los medos, el ejército
de Ciro ganó ‑al menos parcialmente‑, porque muchos de los
soldados medos desertaron. De esa forma surgió el imperio
medo‑persa bajo uno de los reyes más capaces del antiguo Cercano
Oriente.
Daniel 8 representa a este nuevo imperio mediante un carnero con
dos cuernos, los cuales simbolizan sus dos principales facciones:
los medos y los persas. Uno de los cuernos era más alto que el
otro, sugiriendo que uno de los reinos (Persia), era más poderoso
que el otro (Media). Una vez que Ciro venció a Astiages, dirigió
su atención contra Lidia hacia el norte, conquistándola en el 547
a.C., el año cuando Daniel tuvo la visión descrita en el capítulo
8. Al controlar el norte, Ciro estaba listo para controlar el
oeste (Babilonia), sin estar preocupado por un ataque del norte.
Por lo tanto, "la conquista estratégica de Babilonia por parte de
Ciro comenzó con su campaña contra Lidia" en el 547 a.C.[2]
La visión aquí no incluye un símbolo para el imperio babilónico,
porque desde la perspectiva de Dios ese reino ya estaba en proceso
de derrumbarse. Otra posible razón para no incluir una referencia
a Babilonia puede encontrarse en el período mencionado en la
profecía (los 2300 días) que, como veremos, comenzarían a contar
desde el tiempo del imperio medo‑persa.
El
imperio medo‑persa conquistó hacia el norte (Lidia), el poniente
(Babilonia) y el sur (Egipto; Daniel 8:4). El hijo de Ciro,
Cambises, tomó Egipto en 525 a.C. Para entonces los "persas ya no
tenían vecinos en el Medio Oriente: los antiguos reinos de Media,
Lidia, Babilonia y Egipto fueron transformados en satrapías
administradas por los persas".[3]
Ningún reino humano ha perdurado para siempre, y el medo-persa no
fue la excepción. Durante el transcurso de los siglos V y IV a.C.,
el imperio enfrentó serios conflictos internos y dinásticos.
Cuando apareció Alejandro Magno como líder y rey griego, el
destino del imperio medo‑persa quedó decidido. Luchó fuertemente
para sobrevivir, impidiendo que Alejandro obtuviera victorias
fáciles, pero éste salió victorioso y mató al "carnero" (Daniel
8:7).
El
cuerno prominente sobre la cabeza del macho cabrío en Daniel 8:5
representa a Alejandro Magno (versículo 21). En doce años y ocho
meses él creó un imperio mundial cuya influencia todavía perdura
en las sociedades occidentales. Alejandro "sacó al mundo
civilizado de un carril y lo puso en otro; él comenzó una nueva
época; ya nada sería igual. Expandió grandemente los límites del
conocimiento y del esfuerzo humano, y les dio a la ciencia y la
civilización griegas un campo de acción y una oportunidad que
nunca habían tenido".[4]
Alejandro tenía alrededor de 33 años cuando murió, en Junio del
323 a.C., "estando en su mayor fuerza", sin tener un sucesor y
dejando tras sí un enorme imperio sin líder. El imperio pronto se
dividió en muchos estados separados que las luchas internas
redujeron a cuatro principales. Casandro controló Macedonia, Lisimaco
tomó Tracia y partes de Asia Menor, Seleuco gobernó sobre Siria y
Babilonia, y Egipto quedó bajo el poder de Tolomeo. ¡La profecía
se estaba cumpliendo con asombrosa exactitud!
El cuerno pequeño
El hecho de que el lenguaje usado
para describir al cuerno pequeño en Daniel 8 hace eco del que se
usa con los poderes mundiales previos, sugiere que el cuerno
pequeño representa un nuevo imperio. Un par de ejemplos ilustrarán
el punto. El texto describe la expansión política de los imperios
medo‑persa y griego, y lo mismo se aplica al cuerno pequeño
(Daniel 8:9). Además, así como el imperio medo‑persa "se
engrandecía" (versículo 4) y el imperio griego "se engrandeció
sobremanera" (versículo 8), así también el cuerno pequeño "creció
mucho" (traducción literal, "creció o llegó a ser excesivamente
grande"). Notamos un efecto de crescendo
en la descripción del poder logrado por estos diferentes imperios,
cada uno siendo más poderoso que el anterior, y el último
alcanzando una grandeza sin igual.
El
pasaje describe el origen del cuerno pequeño de una manera
interesante: "Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño"
(versículo 9). ¿Qué significa eso? El versículo anterior terminó
diciendo: "En su lugar salieron otros cuatro cuernos notables
hacia los cuatro vientos de la tierra". Lo que antecede
inmediatamente a la frase "de uno de ellos" es los cuatro
vientos", no necesariamente los cuatro cuernos, una interpretación
que es confirmada por la gramática del texto. En hebreo los
sustantivos y los pronombres tienen género, y la concordancia de
ellos ayuda al intérprete a entender la relación entre los
sustantivos y pronombres. Así ocurre en este caso particular: "De
uno [femenino] de ellos [masculino]" sólo puede referirse a la
frase anterior, los cuatro vientos [femenino] del cielo
[masculino]". El cuerno pequeño surge de uno de los cuatro vientos
del cielo.[5]
Según Daniel 7:2, "los cuatro vientos del cielo combatían en el
gran mar" de donde subieron las cuatro bestias. Estos mismos
vientos son el origen del cuerno pequeño, y por implicación lo
asocian con una de las bestias que suben del mar.
[6]
Una
comparación del cuerno pequeño mencionado en Daniel 7 con el
cuerno de Daniel 8 revela suficientes paralelismos para demostrar
que ambos designan básicamente el mismo poder. Por ejemplo, el
símbolo es el mismo: un cuerno; al principio el cuerno es pequeño
pero luego se hace grande (Daniel 7:8, 20; 8:9); en ambos casos el
cuerno es un poder perseguidor que ataca al pueblo de Dios (Daniel
7:21, 25, 27; 8:10, 24); se exalta a sí mismo (Daniel 7:8, 11, 20,
25; 8:10‑12, 25); es un poder contrario a Dios, que aparece en el
clímax de la visión (Daniel 7:8, 9, 21, 22, 25, 26; 8: 12‑14, 25);
su actividad se extiende hasta el tiempo del fin (Daniel 7:25, 26;
8:17, 19); y es destruido sobrenaturalmente (Daniel 7:11, 26;
8:25).
[7]
Es difícil negar que los dos cuernos representen el mismo poder.
La diferencia significativa es que en Daniel 7 el cuerno pequeño
‑que representa a la Roma papal‑ surge de la cabeza de una bestia
terrible que representa a la Roma pagana, mientras que en Daniel 8
el cuerno pequeño representa tanto a la bestia como al cuerno.
Una parte del todo (el cuerno) simboliza al todo (la cuarta bestia
de Daniel 7). Encontramos apoyo para esta conclusión en el hecho
que en Daniel 8 el cuerno pequeño participa en una conquista
–crece hacia el sur (Egipto), el oriente 50 (Siria) y hacia la
tierra gloriosa (Israel)–, representando la actividad de la Roma
pagana (Daniel 8:9). Pero también se engrandece contra el cielo
(una expansión vertical contra el pueblo de Dios y el papel del
Príncipe en el templo celestial): la obra de la Roma papal
(versículos 10-12). Este cuerno incorpora la actividad de la
bestia y su cuerno descrita en Daniel 7. Quizá la razón por la que
Daniel 8 no menciona a la bestia espantosa es porque los animales
usados para representar a los reinos (el carnero y el macho
cabrío) son animales limpios, mientras que una bestia como ésa
sería considerada inmunda. Eso habría distorsionado la conexión
entre la visión y el santuario.
Ideas y conceptos levíticos en Daniel 8
Daniel 8 no sólo describe el surgimiento y caída de los reinos,
sino también lo que Dios está haciendo para beneficio de su
pueblo, y cómo el cuerno pequeño se opone a esa obra de redención.
Por consiguiente, en la visión encontramos imágenes y terminología
empleada en los servicios del santuario para describir la obra de
Dios por su pueblo, así como también terminología militar aplicada
a lo que el cuerno hace. Algunos ejemplos aclararán lo que estamos
diciendo.
Ya hemos mencionado que los
símbolos del carnero y el macho cabrío eran animales limpios
usados como víctimas para los sacrificios en los servicios del
santuario. Notemos también que se emplean dos términos para
referirse al templo: "el lugar de su santuario [miqdash]"
(Daniel 8:11), y "santuario [qodesh]" (versículo 13). La conexión
[de ambos términos] con el santuario y sus servicios difícilmente
podría ser más explícita. El pasaje llama "santo" a un ángel
(versículo 13). Sólo los santos podían oficiar en el santuario. De
hecho, el concepto de "santidad" es de importancia capital en los
servicios del santuario, y una responsabilidad sacerdotal era
distinguir entre lo santo y lo profano (Levítico 10:10). El
término "ejércitos” (Daniel 8:11) aparece en el contexto del
santuario así como también en el de la guerra. La Escritura lo usa
para designar a un grupo de guerreros (2 Crónicas 26:11‑15), y los
levitas, al igual que un ejército, estaban encargados de proteger
la santidad del santuario (Números 3:23, 30; 8:24, 25). Estos
últimos debían detener a cualquier costo a toda persona que
intentara violar la santidad del tabernáculo (Números 1:51).
Otros términos usados en el
contexto del santuario son: "cuerno" (Daniel 8:9), que nos
recuerda los cuernos del altar (Éxodo 27:2; 29:12); "verdad"
(Daniel 8:12), que en Malaquías 2:6 se refiere a la instrucción
dada por el sacerdote al pueblo; y "prevaricación" (Daniel 8:12),
mencionado en Levítico 16:16 entre los pecados que el Señor estaba
presto para expiar durante el Día de la Expiación. De particular
importancia es el término "el continuo" (Daniel 8:11; erróneamente
traducido "continuo sacrificio") usado en el santuario para
designar la obra continua/diaria del sacerdote. El Antiguo
Testamento lo emplea en conjunción con el holocausto (Éxodo
29:42), el "pan de la proposición" (Éxodo 25:30), el fuego de las
lámparas (Éxodo 27:20), la ofrenda del incienso (Éxodo 30:8), etc.
En otras palabras, el término designaba las diferentes actividades
realizadas continuamente por el sacerdote en el santuario. Éstas
incluían los ritos que se hacían tanto en el atrio como en el
lugar santo del santuario. El término nunca se aplicaba a la obra
del sumo sacerdote en el lugar santísimo. "Continuo" (hebreo
tamid)
especificaba la obra de mediación e intercesión diaria/continua
del sacerdote en el santuario a favor de su pueblo. Daniel 8:14 se
refiere al ser‑vicio anual a través del verbo "purificar/vindicar"
(hebreo mitsdaq),
que la Escritura también emplea en el contexto del santuario
(véase el siguiente capítulo).
El título "príncipe de los ejércitos" también es importante en el
contexto del santuario. El "ejército/hueste" mencionado aquí es el
celestial, y este Príncipe está a cargo de él (Daniel 8:11). El
término "príncipe" generalmente se refiere a un líder militar o de
la realeza (1 Samuel 17:52; Jeremías 26:11), pero puede también
señalar a los sumos sacerdotes (1 Crónicas 24:5; Esdras 8:24). En
Daniel 8 el título "Príncipe" combina las ideas de realeza y
liderazgo con las funciones sacerdotales. De hecho, el pasaje
enfatiza la función sacerdotal del Príncipe porque él se halla
realizando los servicios diarios a favor de su pueblo. ¿Quién es
el Príncipe de los ejércitos celestiales? El título completo
aparece en Josué 5:13‑15 para designar a un ser celestial igualado
al Señor mismo (Josué 6:2). Nosotros los cristianos lo
identificamos como el Hijo de Dios.
Es realmente asombroso encontrar en Daniel 8 tanta terminología
relacionada con el santuario. Su uso indica una conexión entre el
capítulo y los servicios del santuario. Por lo tanto, debiéramos
emplear pasajes relacionados con el santuario y sus servicios para
clarificar lo que Daniel busca comunicar. El profeta presupone que
sus lectores están relacionados con tales pasajes.
La obra del cuerno pequeño
La terminología relacionada con el santuario no sólo clarifica lo
que Dios está haciendo por su pueblo a través del "Príncipe de los
ejércitos", sino también la naturaleza y obra del cuerno pequeño:
básicamente, un poder anti-santuario que se opone a la obra
sacerdotal del Príncipe, ataca al santuario y al Príncipe en un
esfuerzo por usurpar su obra sacerdotal. Las ideas e imágenes
militares del santuario terrenal se combinan para describir la
ofensiva del cuerno pequeño. Al comienzo de la lucha el cuerno
pequeño confrontó al "ejército", que, al igual que los levitas del
Antiguo Testamento, protegían la santidad del santuario celestial.
El cuerno pequeño fue capaz de vencer a "parte" del ejército,
abriendo una brecha que le permitió seguir tras el Príncipe. Pero
el cuerno pequeño sólo pudo usurpar la obra del Príncipe ‑"por él
fue quitado el continuo" (Daniel 8:11) , y en un acto de
"prevaricación" colocó o instaló a su propio "ejército" sobre o en
contra del continuo (versículo 12). La verdad del santuario fue
rechazada y echada por tierra. Esta vívida descripción del daño
causado por el cuerno pequeño halló su cumplimiento en la
apostasía de la iglesia cristiana anunciada por Pablo (2
Tesalonicenses 2:4‑12), resultando en la remoción de Cristo como
nuestro único y exclusivo Mediador ante el Padre, y en la
introducción dentro de la iglesia cristiana de muchas otras
figuras mediadoras entre Dios y la iglesia creyente (e. g., un
sistema sacerdotal humano, las almas de los apóstoles y de los
mártires, María y el sacrificio de la eucaristía). La iglesia se
consideró a sí misma como el santuario celestial y el sistema
sacerdotal llegó a considerarse el único instrumento de la
dispensación de la gracia a la humanidad.
La obra del Príncipe
El hecho de que el cuerno pequeño usurpó el papel del Príncipe y
estableció un sistema sacerdotal falso no significa que la obra
del Príncipe/Sacerdote celestial terminó. Simplemente quedó
oscurecida. Quienes se consagran a él siguen disfrutando de su
mediación en el santuario celestial, un proceso descrito por
Daniel en términos de la obra diaria del sacerdote en el lugar
santo del santuario terrenal. Pero el sumo sacerdote también
realizaba un servicio anual y Daniel lo usó para referirse a lo
que el Príncipe hizo poco antes de la destrucción del cuerno
pequeño y el establecimiento del reino de Dios. Una vez al año el
santuario terrenal era purificado y, de acuerdo con Daniel 8:14,
al final de los 2300 días/años comenzaría una purificación cósmica
conducente a, la salvación del pueblo de Dios y a la destrucción
del cuerno pequeño.
La pregunta y la respuesta
La visión se convierte ahora en una audición; es decir, el profeta
oye a Dios revelando algo. Él escucha una conversación entre dos
seres celestiales, que involucra el asunto del tiempo. Se trata de
una pregunta seguida por su respuesta: "¿Hasta cuándo durará la
visión del continuo sacrificio y la prevaricación asoladora
entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados?"
(Daniel 8:13). Permítame compartir una traducción más literal:
"¿Hasta cuándo la visión, el continuo, y la rebelión causando
desolación para entregar al santuario y al ejército para ser
pisoteados?"
"Hasta cuándo" pone el énfasis en el punto final del período y de
lo que sigue. Así que la pregunta trata del momento cuando la
visión termina, una conclusión que es apoyada por la forma de la
respuesta: "Hasta... entonces" (versículo 14). Note que las
palabras "del" y "sacrificio" no aparecen en el texto hebreo
original. La pregunta está estructurada de la siguiente forma:
“¿Hasta cuándo la visión,
el continuo,
la rebelión causando desolación
para entregar al santuario y al ejército
para ser pisoteados?"
El
término "visión" se refiere a toda la visión de Daniel 8,
comenzando con el carnero y terminando con la usurpación del
cuerno pequeño (véase Daniel 8:1). La pregunta clarifica que la
visión" es la que trata de la obra sacerdotal del Príncipe ("el
continuo") y el plan malvado del cuerno pequeño ("la
prevaricación").
[8]
La pregunta no es sobre cuánto tiempo el cuerno pequeño profanará
el santuario, sino sobre cuándo se cumplirá todo el contenido de
la visión. La respuesta indica que el cumplimiento de toda la
visión tomará 2300 días/años. Al final de ese período la
usurpación del cuerno pequeño de la obra sacerdotal del Mesías
llegará a su fin con el día escatológico de la expiación.
Las 2300 tardes y mañanas
Las
versiones griegas y latinas de la Biblia han interpretado las 2300
tardes y mañanas como "días". Ellas dicen: "Dos mil trescientos
días, tardes y mañanas".
[9]
Esto es entendible porque la frase "tardes y mañanas" designa a un
día completo en el Antiguo Testamento (véase Génesis 1:15‑31).
Siendo éste el caso, tenemos que tomar a los 2300 días
contextualmente como un símbolo de años. Tal como lo hemos
indicado, la pregunta era cuándo se cumplirá toda la visión, la
cual incluye el continuo y la prevaricación del cuerno pequeño.
Esa visión se remonta hasta el tiempo del imperio medo‑persa y
cubre los imperios griego y romano (en sus etapas pagana y
eclesiástica). La historia de estos imperios cubre mucho más que
2300 días literales. Sin lugar a dudas se trata de días proféticos
que representan años.
La visión no nos da un día específico para iniciar los 2300 años,
pero nos ofrece un punto de referencia general. Siendo que la
visión comienza con un carnero que representa al imperio
medo‑persa, entonces los 2300 años inician en algún punto durante
ese imperio particular. También sabemos que cuando éstos terminen
comenzará el Día de la Expiación escatológico. Daniel 9 nos provee
una fecha más específica para el comienzo de los 2300 años.
Debiéramos notar, además, que los paralelismos entre Daniel 7 y 8
indican que el juicio en el capítulo 7 y la purificación del
santuario en el capítulo 8 están relacionados y señalan hacia el
mismo evento final: la consumación de nuestra salvación. Una
visión apocalíptica nos ayuda a entender mejor la otra visión
apocalíptica. La obra que el Príncipe realiza ante Dios en el
santuario celestial asegura la victoria del pueblo de Dios. Su
obra de mediación no debe separarse de la muerte del Mesías
predicha en Daniel 9
(Fulgores
de Gloria;
pp. 46-56).
Notas y
Referencias:
John E. Goldingay, Daniel (Dallas:
Word, 1989), p. 208; Gerhard E Hasel, "The First and Third
Years of Belshazzar (Daniel 7:1; 8:1)", Andews University
Studied, No. 15 (1977), pp. 153-168.
T. Cuyler Young, hijo, "The Early
History of the Medes and the Persians and the Achaemenid
Empire to the Death of Cambyses", en John Boardman, N. G. L.
Hammond, D. M. Lewis y M. Ostwald, eds., The Cambridge Ancient
History (Cambridge: University Press, 1988), tomo 4, p. 36.
Pierre
Briant, "Persian Empire", en David Noel Freedman, ed., The
Anchor Bible Dictionary (Nueva York: Doubleday, 1992), tomo 5,
p. 238.
W. W. Tarn, "Alexander: The
Conquest of the Far East", en The Cambridge Ancient History,
tomo 6, p. 436.
William
H. Shea, Selected Studie., on Interpretation (Wáshington, D.
C.: Review and Herald, 1982), pp. 41‑43.
J.
Doukhan, Secrets of Daniel, p. 125.
Los
paralelismos vienen de William H. Shea, "Unity of Daniel", en
Frank B. Holbrook, ed., Symposium on Daniel (Washington, D.
C.: Biblical Rescarch Institute, 1986), pp.
187‑189.
Véase
James A. Montgomery, A Critical and Exegetical Commentary on
the Book of Daniel (Edinburgh: T&T Clark, 1979), quien escribe:
"Los asuntos subsecuentes [el continuo, la prevaricación
desoladora, etc.] son epexegéticos a la 'visión', y detallan
su contenido principal" (p. 341).
Véase
Collins, Daniel, pp.
326, 327.
Goldingay, Daniel, p. 213, interpreta la frase "tardes y
mañanas" como días.
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