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El
cuerno pequeño de Daniel 8 ha sido considerado por algunos estudiosos de las Escrituras
símbolo de uno de los reyes de la dinastía de los seleúcidas,
Antíoco IV, comúnmente conocido como Antíoco Epífanes.
[1]
Este rey persiguió a los judíos de ideología conservadora y
suspendió los servicios del templo entre los años 168 y 165 AC. Al
referirse a sus actividades, 1 y 2 de Macabeos, dos libros
apócrifos o deuterocanónicos, citan frases de Daniel 8 y 9.
Pero, por supuesto, las Escrituras no declaran que el cuerno
pequeño de Daniel 8 es Antíoco Epífanes, y en muchos sentidos él
no cumplió en absoluto esta profecía. Los cuernos representan
reinos, y él era sólo un rey, parte de uno de los cuatro cuernos.
No apareció "al final" del reino seleúcida (Daniel 8:23) sino
aproximadamente hacia la mitad de esa dinastía. (Esta se extendió
entre los años 312/311 y el año 65 a.C., y Antíoco Epífanes reinó entre los años 175 y
164
a.C.)
Y en realidad no "le acompañó el éxito" (versículo 12) ni "creció
mucho" tampoco (versículo 9). Su padre, Antíoco III, recibió el
nombre de "el Grande", y con razón, porque restauró los dominios
originales de los seleúcidas. Antíoco Epífanes, en cambio, recibió
sarcásticamente el nombre de "Epímanes", el loco,
[2] a lo menos por parte de algunos de sus
contemporáneos. Después de un breve triunfo en el "mediodía"
(Egipto), fue totalmente derrotado cuando el embajador romano C.
Popilius Laenas se limitó a informarle que el senado romano quería
que se fuera. El despiadado embajador trazó con su bastón un
círculo alrededor de Antíoco y le exigió una decisión antes que
saliera de él.
[3]
Antíoco Epífanes murió en "oriente" (Mesopotamia) en
circunstancias oscuras y penosas.
Aun en la "Tierra del Esplendor" (Palestina), donde al principio
pareció tener éxito, todas sus ambiciones se frustraron en el
curso de su vida.
Además, todos los esfuerzos realizados para lograr que su
profanación del templo judío calce con las "dos mil trescientas
tardes y mañanas" han fallado sistemáticamente. El informe más
cercano a la época de los hechos, que encontramos en 1 Macabeos
1:54-59; 4:52-54, es abrumadoramente exacto cuando declara que los
servicios del templo fueron interrumpidos por espacio de tres años
y diez días (del 15 de Kisléu del año 168 AC, al 25 de Kisléu del
año 165).
Ahora bien, en 1 Macabeos 1: 54 se aplica la frase "abominación de
la desolación" (bdelugma eremoseos, Daniel 9:27, en griego) a lo
que hizo Antíoco Epífanes en el altar del templo judío.
(Evidentemente levantó un ídolo en él, y sacrificó un cerdo, para
horror de todos los devotos judíos, para quienes los cerdos fueron
siempre animales que ni siquiera se debían tocar). Pero Jesús en
su discurso del Monte de los Olivos dijo que la "abominación de la
desolación" mencionada por Daniel todavía se hallaba en el futuro
(Mateo 24:15). Y añadió: "El que lea, que lo entienda". De manera
que si realmente queremos entender el significado del cuerno
pequeño de Daniel 8, tendremos que llegar a la conclusión, con
Jesús, de que no pudo haber sido Antíoco Epífanes, que murió en el
año 164 a.C., casi doscientos años antes del discurso del Monte de los
Olivos. (Para obtener más información acerca de Antíoco Epífanes
consulte Anexo al final).
El
cuerno pequeño de Daniel 8 es Roma. El verdadero cumplimiento de
la profecía del cuerno pequeño de Daniel 8 sólo puede ser el
Imperio Romano y su sucesora,
la Iglesia Romana,
considerados a propósito, como en Daniel 7, desde el punto de
vista de sus aspectos más tenebrosos. Las siguientes
consideraciones apoyan esta conclusión:
Sobre la base del principio de que las sucesivas visiones de
Daniel son paralelas con respecto a las anteriores y que las
amplían, notamos que en muchos sentidos el cuerno pequeño de
Daniel 8 es paralelo con el cuerno pequeño de Daniel 7 y aumenta
la información acerca de él, y en cuanto a la bestia de la cual
surgió. En Daniel 2 y 7 Roma sigue a Grecia; de modo que Roma debe
seguir a Grecia en Daniel 8 también.
Roma surgió en Occidente, de uno de los "cuatro vientos".
Ya hemos visto que en su calidad de animales feroces la Roma
pagana y la cristiana constituyen una continuidad. El obispo de
Roma reemplazó al emperador de Roma. Veamos de qué manera un libro
de texto publicado recientemente presenta este asunto:
En Occidente, la iglesia asumió la defensa de la civilización
romana. El emperador renunció al título pagano de Pontifex Maximus
porque los dioses romanos ya no recibían adoración. El obispo de
Roma asumió esas funciones sacerdotales, y por eso el papa hoy en
día recibe a veces el título de pontífice. Cuando los hunos, una
tribu fiera y salvaje conducida por el brutal Atila, invadieron
Italia y amenazó con tomar y destruir la ciudad de Roma, fue el
jefe de la iglesia cristiana, el papa León, y no el emperador,
quien enfrentó al bárbaro. Atila se sintió tan impresionado por el
poder espiritual del papa que se retiró. Lo que le dijo León a
Atila no se sabe, pero lo importante es el hecho de que fue el
papa y no el emperador quien compareció a las puertas de Roma. El
Imperio Romano se había convertido en la iglesia cristiana.
[4]
Puesto que
la Iglesia Romana
es la prolongación del Imperio Romano, un solo cuerno prominente
los representa a ambos.
El Imperio Romano, a diferencia de Antíoco Epífanes, logró dominar
con éxito el Medio Oriente "al término de su reino" (Daniel 8:23),
es decir, hacia el fin del dominio de los reinos helénicos.
Y al
ejercer su dominio sobre el Medio Oriente el Imperio Romano, a
diferencia de Antíoco Epífanes, definidamente "creció mucho en
dirección del sur, del oriente y de
la Tierra del Esplendor" (versículo 9). Procedente del oeste,
insignificante al principio como un "cuerno pequeño", Roma creció
al conquistar Macedonia en el año
168
a.C., Siria en el 65, Palestina en el 63, y Egipto también,
después de un prolongado protectorado, en el año
30 a.C., haciendo de todos esos países provincias de su propio
imperio. Antioquia de Siria, la antigua capital de los seleúcidas,
llegó con el tiempo a convertirse en una capital romana superada
sólo por Roma y Constantinopla. Alejandría, la antigua capital de
Egipto en tiempos de los ptolomeos, floreció extraordinariamente
como ciudad romana.
La
Roma pagana enfática y trágicamente "llegó [se levantó]" contra
el "Jefe del ejército" (versículo 11). Poncio Pilato y los
soldados que condenaron y crucificaron a Jesús eran todos
romanos.
Tanto la Roma pagana como la cristiana destruyeron "a poderosos y al
pueblo de los santos" (versículo 24); es decir, ambas persiguieron
a una cantidad de fervorosos cristianos e incluso los torturaron.
Tanto la Roma pagana como la cristiana abolieron "el sacrificio perpetuo"
y [sacudieron] "el cimiento de su santuario" (versículo 11). Roma
pagana lo hizo literalmente -pero sólo en forma limitada, como lo
vamos a ver más adelante- en el año 70 d.C. cuando los soldados
del general romano Tito (que llegó a ser emperador) incendiaron el
templo (o santuario de Jerusalén), destruyéndolo completamente y
poniendo punto final a sus ceremonias para siempre. Alrededor del
año 130 d.C. Adriano, emperador de Roma, construyó un templo
pagano en Jerusalén, le dio a la ciudad el nombre de Aelia
Capitalina, y llegó al extremo de prohibir a los judíos que
vivieran en ella, ley que estuvo en vigencia por siglos.
La
Roma cristiana y el santuario. Pero, ¿suspendió
la
Roma cristiana en algún sentido el sacrificio perpetuo y sacudió
el cimiento de su santuario? La respuesta a esta pregunta
implicará un análisis del ministerio de Cristo como nuestro
compasivo sumo sacerdote. También tendrá que ver con el
significado de la fascinante palabra hebrea tamid.
Respuestas a sus preguntas:
¿Quién era Antíoco Epífanes?
Nos hemos referido frecuentemente a Antíoco Epífanes. Mucho más se
podría añadir, por supuesto, para todos los que se interesan en el
asunto.
Para comenzar: Probablemente la razón por la cual tantos
cristianos han llegado a la conclusión de que Antíoco Epífanes es
el cumplimiento de la profecía de Daniel 8 es que su conocimiento
se limita a los pocos párrafos que han leído acerca de él en
libros que se refieren a las profecías, y unas breves notas de pie
de página que aparecen en ciertas versiones de las Escrituras. Si
supieran más acerca de él se darían cuenta de que no puede ser el
cuerno pequeño de Daniel 8.
Antíoco Epífanes era el octavo rey (175-164 a.C.) de la dinastía
de los seleúcidas del reino griego que más tarde llegó a ser
conocido como Siria. Lo menciona el historiador romano Livio
(Historia de Roma, libros 44 y 45), el historiador griego Polibio
(Las historias, libros 26 y 27), y el historiador judío anónimo
que escribió los dos tomos de los Macabeos. Es muy difícil llegar
a la conclusión, después de leer esas páginas, que sea en realidad
un legendario anticristo. Más bien figura allí como un fracasado
nato, un hombrecillo verdaderamente trágico.
Su
padre, Antíoco III el Grande, extendió las fronteras del reino
seleúcida hasta lograr la recuperación de sus territorios
originales. Pero en la batalla de Magnesia, en el año 190 AC, perdió mucho de ese mismo territorio — toda el Asia Menor —
frente a los romanos, que surgían como una nueva potencia en
occidente.
Estos liberaron la zona que le habían arrebatado a Antíoco III, y
no ejercieron control directo sobre ella. Roma era todavía un
"cuerno pequeño", que avanzaba lentamente desde "uno de los
cuatro vientos" (Daniel 8:8, 9). Los emisarios romanos, sin
embargo, que viajaban hacia el oriente procedentes de Roma,
dominaban definidamente la política internacional del Medio
Oriente.
Para asegurarse de que Antíoco III cumpliría el tratado que se le
impuso después de su amarga derrota en Magnesia, los romanos
tomaron como rehén a uno de sus jóvenes hijos, el que más tarde
llegaría a ser Antíoco Epífanes. En Roma, y más tarde durante una
visita que hizo a Grecia, el joven Antíoco se saturó de la cultura
helenística que los romanos estaban adoptando en ese entonces.
Cuando su padre falleció, éstos le permitieron ascender al trono,
y regresó a Antioquia decidido a hacerse famoso por 1) La
diseminación a cualquier costo del helenismo, es a saber, el
pensamiento y las costumbres de los griegos, y 2) la recuperación
de sus dominios para imitar las hazañas de su padre.
Ya vimos de qué manera se desmoronaron sus sueños militares
cuando un emisario romano trazó un círculo alrededor de él. Sus
sueños culturales tuvieron un poco más de éxito, pero finalmente
contribuyeron a su caída. Trató de difundir el helenismo mediante
la concesión de subvenciones a varias ciudades para que pudieran
construir templos y gimnasios griegos. Pero esto llevó al país a
la bancarrota. Murió durante una campaña para recuperar sus
riquezas mediante el robo de los tesoros de un antiguo templo
oriental, a semejanza de su robo de los tesoros del templo de los
judíos.
Sus ambiciones culturales y militares lo condujeron a su notable
relación con los judíos. Tal como lo revelan 1 Macabeos 1:11-15 y
2: 43-52 un grupo de judíos liberales y partidarios de la cultura
griega, dirigidos por el sumo sacerdote judío Jasón, tomaron la
iniciativa y solicitaron a Antíoco que les concediera una
subvención para construir un gimnasio griego en Jerusalén.
En un gimnasio griego los atletas (todos hombres) practicaban sus
ejercicios y competían los unos con los otros completamente
desnudos. (La palabra "gimnasio" significa "un lugar donde se
anda desnudo"). La razón evidente de esta costumbre era rendirle
honor a la masculinidad. Cuando incluso los sacerdotes, instigados
por el sumo sacerdote, descuidaban sus deberes en el templo para
actuar desnudos en el gimnasio (2 Macabeos 4:7-17), los judíos
conservadores se sintieron escandalizados.
Antíoco era bastante simpático cuando no estaba enojado. Le
gustaba, por ejemplo, disfrazarse de plebeyo y presentarse de
candidato para las elecciones. No se sabe sí la oposición de los
judíos conservadores habría llegado a una confrontación con él,
si Antíoco no hubiera sido obligado a retirarse de Egipto por el
emisario romano. A Antíoco le había costado mucho organizar su
ejército para invadir Egipto y de repente toda su empresa se
transformó en un fracaso total. Estaba regresando a casa cuando se
enteró de que el sacerdote Jasón (¡de vuelta él!) estaba
agrediendo a sus cofrades judíos. Confundido y amargado por el
trato que había recibido en Egipto, Antíoco atacó a los judíos
para dar rienda suelta a su ira. Y robó los tesoros del templo
para tratar de recuperar los fondos invertidos en su campaña de
Egipto. E incluso tal vez ni siquiera eso habría hecho si no
hubiera sido inducido por Menelao, un judío helenizado, quien le
prometió una gran recompensa a cambio de que le permitiera ocupar
el puesto de Jasón como sumo sacerdote.
Como parte del nuevo orden de cosas, el 15 de Kisléu del año 168
a.C., se erigió una estatua del dios griego Zeus sobre el altar
de los holocaustos. El capítulo 1 de 1 Macabeos indica que una vez
más los judíos liberales colaboraron con este proceso. Diez días
más tarde, el 25 de Kisléu, comenzaron a sacrificar animales
"inmundos" sobre el altar, posiblemente incluso cerdos (2 Macabeos
6:5).
Los judíos conservadores se reunieron entonces en torno de Judas
Macabeo, bajo cuya intrépida conducción lograron una serie de
victorias sobre los ejércitos que Antíoco enviaba contra ellos. La
campaña de Antíoco contra los judíos fue un fracaso tan lamentable
como el resto de su miserable carrera.
Libres al fin de la insensata hostilidad del rey y de las
maquinaciones de los judíos liberales, los devotos judíos
retiraron el antiguo altar y dedicaron uno nuevo exactamente tres
años después del comienzo de la ofrenda de sacrificios inmundos,
y tres años y diez días después de la erección de la estatua de
Zeus. El 25 de Kisléu aparece en el calendario judío cerca de la
Navidad del calendario gregoriano. Se lo celebra hoy como "Hanukkah",
es decir, la "dedicación" del nuevo altar en el año 165 a.C. En el Nuevo Testamento, en Juan 10:22, hay una referencia
a un episodio de la vida de Cristo que tiene que ver con esa
fiesta anual: "Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de
la Dedicación. Era
invierno".
No hay duda alguna de que Antíoco interrumpió los servicios del
templo, pero todo intento por lograr que esta interrupción encaje
en las 2.300 ''tardes y mañanas" de Daniel 8:14 ha fallado sin
excepción. Sencillamente no hay forma alguna de que se las pueda
insertar en el espacio de tres años, ni siquiera en tres años y
diez días.
Y conviene tomar en cuenta que la desolación del templo tuvo por
causa a la vez la deslealtad de los judíos y la ira de Antíoco.
Tarde o temprano los judíos liberales habrían desolado el templo
por su propia cuenta si Antíoco no los hubiera instado a hacerlo.
Ya habían descuidado la liturgia para practicar desnudos sus
ejercicios en el gimnasio, y ya habían logrado que el rey los
apoyara en su plan de helenizar la ciudad de Jerusalén.
En el año 1733 se publicó un libro de Sir Isaac Newton, el célebre
hombre de ciencia que descubrió la ley de la gravedad, en el que
había escrito unos años antes lo siguiente acerca de Daniel 9 y
Antíoco Epífanes:
“Algunos consideran que el último cuerno es ANTÍOCO EPÍFANES,
pero no con buen juicio. Un cuerno de una bestia nunca
representa a una sola persona: siempre representa un nuevo
reino, y el de ANTÍOCO ya era antiguo. ANTÍOCO fue rey de uno de
los cuatro cuernos, y el cuerno pequeño era un quinto, que tenía
sus propios reyes. Este cuerno al principio era pequeño, pero
creció mucho, lo que no ocurrió con ANTÍOCO. Se lo presenta como
mayor que todos los cuernos anteriores, pero eso no pasó con
ANTÍOCO. Su reino por el contrario era débil, tributario de los
ROMANOS, y él no le añadió territorios. El cuerno era un rey
fiero de rostro, que destruía maravillosamente, y que prosperaba
y actuaba; es decir, prosperaba en sus actividades en contra del
pueblo de los santos: en cambio ANTÍOCO salió asustado de EGIPTO
por un mero mensaje de los ROMANOS, y después atropello y
maltrató a los JUDÍOS. El cuerno era poderoso gracias a un poder
ajeno; ANTÍOCO actuaba por cuenta propia. El cuerno se levantó
contra el Príncipe de las Huestes del cielo, el Príncipe de los
príncipes; y ésta es una característica, no de ANTÍOCO, sino del
ANTICRISTO. El cuerno derribó el Santuario, lo que no hizo
ANTÍOCO, puesto que lo dejó en pie. El Santuario y la Hueste
fueron pisoteados por 2.300 días; y los días de las profecías de
DANIEL son años; en cambio, la profanación del Templo durante el
reinado de ANTÍOCO no duró tantos días normales. Debían durar
hasta el tiempo del fin, hasta el fin mismo de la indignación
contra los JUDÍOS; y esa indignación todavía no ha concluido.
Debían durar hasta que el Santuario derribado fuera purificado,
y el Santuario todavía no ha sido purificado”.[5]
Este comentario de Sir Isaac Newton establece un agudo contraste
con la nota acerca de Daniel 1 que aparece al pie de la página de
algunas versiones de las Escrituras, y que se refieren a las
"notablemente precisas predicciones de los capítulos 8 y 11 de
Daniel acerca del reino, el carácter y los antecedentes de Antíoco
Epífanes"
(El
Misterio
del Futuro
Revelado;
pp. 159-161, 190-192).
Notas y Referencias:
Los "seleúcidas" constituyen la dinastía fundada por Seleuco.
general de Alejandro. "Epífanes" es una referencia a la
pretensión de Antíoco IV de que él era una manifestación o
epifanía de Dios. Las fechas de 168 a 165 a.C. que se
mencionan en este capítulo con respecto a la suspensión de los
sacrificios del templo provocada por Antíoco. se basan en la
información proporcionada por Parker y Dubbersttm en
Babylonian Chrunology [Cronología babilónica], p. 23. Otros
autores prefieren los años 167 a 164 a.C.
Véase Polibio; The Histories [Las historias]; 26.1
La información
clásica se encuentra en Livio, History of Rome [Historia de
Roma], 45.12
Harry A. Dawe,
Ancient Greece and Roma
[Grecia
y Roma antiguas].
Las civilizaciones mundiales en perspectiva (Columbus,
Ohio, Charles E. Merril Publishing Co., 1970) pág. 188
Sir Isaac Newton's Daniel and the Apocalypse
[Daniel y Apocalipsis comentado por Sir Isaac
Newton], Sir William Whitla, editor (Londres,
John Murray, 1922), pág. 222.
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