La Apertura del Séptimo Sello

 

Las Siete Trompetas

 

(1era. Parte)

  Por: Héctor A. Delgado
   
 

Introducción

LA PAUSA ENTRE el sexto y el séptimo sello ha concluido. Ahora se prosigue a abrir el último sello para poder ver el contenido del libro. Pero con la apertura del séptimo sello damos nuevamente una mirada retrospectiva al mismo período histórico que abarcan el mensaje a las iglesias y los sellos, pero desde una perspectiva diferente. Nos encontramos aquí otra vez con el principio de recapitulación. La sección que abarca las siete trompetas tiene el siguiente esquema: 1) Preámbulo (8:2-5); 2) La seis primeras trompetas (8:6-9:12); 3) La visión del librito y los dos testigos (10:1-11:14), y 4) La sétima trompeta (11:15-19). Se reconoce que en la visión de las trompetas se describe “proféticamente la historia de la manera como el Estado cumplió la misión que Dios le encomendó”.[1] Aunque Juan no analiza “la teología del Estado”, la toma como una “de sus presuposiciones. La razón es simple: No está escribiendo un libro de teología, sino de profecías. Tiene que presentar cada revelación de la manera como la recibió del ángel, y este de Cristo, y Cristo de Dios”.[2] 

En el contexto de esta observación, la comprensión correcta de la teología del Estado nos permite tener bien en claro el hecho de que hay un Dios soberano en el cielo que revela los grandes misterios (Dan. 2:28); un Dios que tiene dominio absoluto sobre los gobiernos del mundo (Dan. 4:34), y que tiene la sabiduría y el poder infinito de quitar y poder los reyes de la tierra de tal manera que se puedan cumplir sus justos propósitos, su maravilloso Plan de Salvación (Dan. 5:28, cf. Hech.17:26-27). Los gobernantes de la tierra no son marionetas o títeres en las manos de Dios, pues Él tiene un delicado respeto por la libertad de elección que les otorgó, pero Él mantiene, como Dios soberano, el control absoluto. Él tendrá la última palabra. Según el apóstol Pablo los gobernantes de la tierra han sido constituido como “servidores de Dios”, “funcionarios de Dios”, en lo que respecta a la administración de la justicia (Rom. 13:1-6). Entender estos asuntos, es, según se nos ha dicho, “comprender la filosofía de la historia”.[3]

Otra idea que se propone sobre el significado de las siete trompetas tienen que ver directamente con el clamor de los mártires del quinto sello. Desde este punto de vista, las siete trompetas serían una “respuesta al clamor de los santos del quinto sello, que clamaban venganza por su sangre derramada injustamente sobre la tierra”.[4] Una evidencia de esto se encuentra en el toque de las tres últimas trompetas acompañadas por tres “ayes”. Se recordará que los mártires del quinto sello claman a Dios para que tome venganza por lo que han sufrido “en mano de los moradores de la tierra” (Apoc. 5:10). Precisamente las tres últimas trompetas emiten juicios que caen “sobre los moradores de la tierra” (Apoc. 8:13). Si unimos estos dos conceptos, podemos ver que los juicios emitidos por las siete trompetas, son castigos de Dios a sus dos siervos terrenales: la Iglesia y el Estado, por mantener una unión ilícita y alterar el estado original de cosas y los límites del uno hacia el otro. Esto nos permite ver en una dimensión mucho mayor la forma en que Dios responde ante la falta de sumisión de la Iglesia y el Estado al no cumplir su misión asignada en sus respectivos campos.

Las siete trompetas, entonces, nos proporcionan detalles adicionales del mismo período histórico que abarcan las siete iglesias y los siete sellos. Aunque los sellos y las trompetas “se enfoca sobre diferente tipos de personas... ambas series son complementarias. Juntas forman un cuadro más completo de la era de la iglesia”.[5] La obra de Dios durante la historia cristiana es tan abarcante e implica tantos movimientos y elementos fusionados, que una sola cadena profética no podría cubrir todos los detalles, y en caso de que los cubriera, la mente humana no lograría comprenderlos claramente.

Las primeras seis trompetas está centradas en los acontecimientos que corren paralelo con el ministerio de Cristo en el Lugar Santo, es decir, hasta 1844. Esto se desprende de Apoc. 8:1-4, donde el ministerio de Cristo todavía se realiza a favor “de todos los santos”. Desde esta perspectiva, las trompetas no son juicios definitivos por parte de Dios, sino más bien “juicios de advertencias”. “En las trompetas, Cristo pone en actividad una serie de juicios limitados de amonestación”.[6] Los seres humanos que aprendan de los juicios de las siete trompetas no sufrirán los castigos de las siete últimas plagas.[7] Pero cuando la séptima trompeta es tocada nuestra vista es dirigida al Lugar Santísimo del Santuario celestial, dónde se realiza la última fase del ministerio de Cristo por su pueblo (Apoc. 11:15-19). En esta parte se hace claro que con el toque de la séptima trompeta ha llegado el tiempo en que las naciones se airan grandemente, “el tiempo de juzgar a los muertos, de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre” (vers. 18). Esto obviamente se determina en lo que se denomina juicio pre-advenimiento, o Juicio Investigado. Luego aparece Cristo en las nubes del cielo con su “galardón” para “recompensar a cada uno conforme haya sido su obra” (Apoc. 22:12; Mat. 16:27).

Debe recordarse que con las siete trompetas todavía estamos en el contexto de la escena del trono de Apoc. 4 y 5, pues cuando Cristo abre el séptimo sello del libro, aparecen los siete ángeles con las trompetas para tocarlas (Apoc. 8:1-2). Y como ya dijimos, esta escena se realiza en el Lugar Santísimo del Templo celestial, y es una escena de juicio. ¿Qué sentido tienen entonces las trompetas en este contexto? Aparte de responder el clamor de los mártires del quinto sello, constituyen una recapitulación en la Corte celestial “para traer a la memoria las amonestaciones y castigos pasados, con el propósito de justificar las plagas que deben ser derramadas ahora sin mezcla de misericordia durante la 7ma. trompeta”.[8] Veamos pues, el interesante significado de las siete trompetas y su valor práctico para nosotros hoy. 

El 7mo. Sello: Silencio en el cielo 

Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora. Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas. Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto. Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas (cap. 8:1-6). 

Los vers. 2-5 constituyen una introducción al toque de las trompetas, y tiene como fondo el Santuario. De igual manera, la visión de las siete iglesias, y los siete sellos tienen sus escenas introductorias del Santuario (Apoc. 1:12,13; 4:1-2; 5:6). Así mismo las siete plagas postreras (Apoc. 15:1,5-8). ¡La estructura literaria del Apocalipsis es asombrosa! El ángel se para ante el altar “con un incensario de oro”, con “mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos”. El llenó el incensario del “fuego del altar, y lo arrojó a la tierra”. Entonces, hubo “truenos, voces, relámpagos, y un terremoto”.

Cuando los primeros sellos fueron abiertos, cada uno trajo consigo sus espectaculares eventos, pero cuando el séptimo sello es abierto se produce un solemne silencio. Este silencio ha sido visto por algunos como una evidencia de la ausencia de los ángeles que han dejado las cortes celestes para acompañar a Cristo en segunda venida, quien viene con “todos sus santos ángeles” (Mat. 25:31; 24:31; Mar. 8:38). Otra idea propone que “este silencio del séptimo sello es un puente entre la apertura de los sellos y el sonido de las trompetas”, debe ser visto como una alusión a la “solemne expectativa” de “las cosas que están a punto de suceder”, pues con el séptimo sello “aún no se ha completado la revelación..., aún hay más que debe ser explicado en cuanto al programa de los acontecimientos de parte de Dios en el gran conflicto con el mal”.[9]

          Diferentes autores buscan una explicación en el contexto mediato e inmediato de las Escrituras, y relacionan la media hora de silencio con otras declaraciones similares de algunos profetas del Antiguo Testamento.[10] Por ejemplo, el profeta Habacuc, movido por la creciente injusticia de su pueblo y por lo enigmático que a veces resultan los caminos de Dios al hacer justicia, hizo algunas preguntas al Señor que fueron contestadas por Él (Hab. 1:2,13). Humildemente sumiso, Habacuc dijo: “Jehovah está en su santo Templo; calle delante de Él toda la tierra” (Hab. 2:20). Este silencio antecede a los inminentes juicios de Dios, juicios que proporcionan condenación al malvado pero trae salvación a los justos (Hab. 3:3-15; 2:4).

Otro profeta que habla en términos semejantes es Zacarías. Este profeta da un mensaje que señala hacia el futuro cuando Dios juzgará a Jerusalén y a las naciones que han despojado a Judá. Luego, Dios establecerá su morada en medio de su pueblo trayendo restauración y esperanza. La conclusión de la profecía es la siguiente: “Calle toda carne delante de Jehovah, porque Él se ha levantado de su santa Morada” (Zac. 2:13). Aquí aparece nueva vez el silencio. Y finalmente, hay otro pasaje en el libro del profeta Sofonías. Algo notable en sus escritos es la certeza y cercanía de “día de Jehovah”. La angustia, la lobreguez, la ruina, el peligro y la devastación es algo característico de este día (Sof. 1:14-16; 1:18). Movido por la solemnidad de este gran evento, el profeta hace el siguiente llamado: “Calla en la presencia de Jehovah el Señor, porque su día está cercano” (Sof. 1:7). Una vez más encontramos el día de la venida del Señor en juicio, precedido por el silencio. ”En cada pasaje el respectivo profeta exhorta a los habitantes de la tierra a guardar silencio en vista del juicio venidero. La expectativa de la acción inminente de Dios domina el escenario y forma la base del llamamiento profético... Juan toma los temas del silencio, el juicio y la venida del Señor, y forma su propio cuadro basado sobre la visión en el cielo”.[11]

Cuando unimos esta opinión con la idea de la segunda venida de Cristo, resulta razonable ver en el “silencio en el cielo como por media hora” una alusión a la segunda venida de Cristo, pues en ese día separará a los justos de los injustos y dará a cada uno sus respectivos pagos. Para los impíos, será un día terrible y de oscuridad (Apoc. 6:15-17; Isa. 2:10-12, 19,21), pero para los justos será el día más glorioso (Isa. 25:9; Juan 16:20). 

El ángel frente al altar

Este ángel es Cristo, según algunos, pero Juan hace clara distinción entre Cristo, descrito bajo diferentes símbolos y los ángeles. Hay quienes prefieren verlo simplemente como “el ángel del altar, encargado del fuego”.[12] Este ángel se menciona otra vez en Apoc. 11:18. En el servicio del Santuario, mientras el sacerdote ofrecía el incienso o perfume, el pueblo de Dios oraba en la parte exterior (Luc. 1:8-10). No debía ofrecerse cualquier tipo de perfume sobre el altar, sólo el que Dios había especificado (Exo. 30:7-9, 34-38). Esto implica que el ofrecimiento del incienso tenía que ver con algo relacionado a Cristo que no podía ser pervertido. En la elaboración del incienso se “molía parte de él”, luego era “quemado” sobre el altar del incienso que estaba delante de la cortina que dividía el Lugar Santo del Santísimo. Esto nos sugiere la idea de que el incienso ofrecido sobre el altar representa los méritos perfectos de la justicia de Cristo, fruto de su muerte expiatoria en la cruz, donde Él fue “herido por nuestras rebeliones y molido por nuestros pecados” (Isa. 53:6, la cursiva es nuestra). Estos dulces y nobles méritos de Cristo son los que se añaden a nuestras oraciones para que puedan llegar como “olor fragante” ante “el trono de la gracia”. El mismo altar representa la intercesión continua de Cristo por su pueblo (cf. Heb 7:25).

Pero esta escena envuelve un significado mucho mayor. Los elementos mencionados aquí: “truenos, voces, relámpagos, y un terremoto”, reaparecen en Apoc. 11:19. De esta conexión se deduce que “la visión preliminar de las trompetas... prevé que todas las trompetas llegan hasta la segunda venida de Cristo”.[13] En Apoc. 11:19 Juan ve “el Santuario de Dios... abierto en el cielo y el arca de su pacto”, entonces el ve que se produjeron los mismos eventos. Previamente había dicho que había llegado el tiempo de juzgar a los justos muertos para vindicarlos y de “destruir a los que destruyen la tierra” (vers. 18). Esto es evidentemente una referencia al Día de Expiación, pues en esta ocasión se sabe que, mientras los justos quedan limpios, reconciliados y vindicados, “la persona que no se aflige este mismo día, será cortada” (Lev. 23:29). En armonía con esta idea, estos sucesos secuénciales de Apoc. 8:5 representan los “juicios de amonestación” de Dios sobre la tierra. “El propósito final de estos juicios sucesivos es descalificar a los que quebrantan el pacto y definir a los herederos legítimos del reino de Dios”.[14]

Antes de comenzar el análisis de las trompetas debemos decir algo sobre su interpretación. Se reconoce que la aplicación histórica de las trompetas es sumamente difícil, pues “la mayoría de los comentaristas se abstienen de hacer cualquier aplicación concreta a la historia. No obstante, estamos obligados a identificar las realidades históricas a las cuales se refieren las trompetas de guerra”.[15] ”Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas”. Para muchos el problema radica en que nos es fácil determinar qué es simbólico o literal en el lenguaje usado por Juan. Lo primero que debemos tomar en cuanta es que “no existe un modelo único o absoluto de lo que es literal o simbólico”, pero por eso no deberíamos interpretar apresuradamente sus imágenes. Si no nos cuidamos en este sentido podemos ser atrapados en un extremo peligroso: espiritualizar los símbolos y figuras de las trompetas, lo que implicaría desnaturalizar su mensaje y contenido. Esto también nos impediría con toda seguridad saber a ciencia cierta qué fue lo que Dios quiso revelarnos realmente en esta visión. La “espiritualización sin historia o con una historia diluida, e historia sin teología o con una teología vaga, son los dos polos que atentan contra una sana interpretación bíblica de las trompetas, pues se alejan de la realidad proyectada por el contenido de la revelación de ambos testamentos”.[16]

Aunque Juan habla de acontecimientos reales que tuvieron lugar durante la historia del cristianismo, lo hizo por medio de imágenes familiares para todo lector de las Escrituras como veremos más adelante. Expresiones tales como “algo como...” (Apoc. 8:8, VRV 1977), “como una...” (vers. 9), “como la de...” (Apoc. 9:2), “semejante a... tenían como...” (vers. 7),  “como de... como el” (vers. 8-9) son naturalmente recursos literarios usados por Juan para transmitirnos lo que vio en visión. Pero estas expresiones no siempre aparecen unidas a cada descripción que hace. Esto puede implicar que hay cosas que son simbólicas y otras literales. Debe tomarse en cuenta además que en algunas ocasiones “en la concepción bíblica existe una interacción celestial y terrenal tan estrecha, que los agentes humanos – ejércitos, pueblos, naciones – son a menudo representados con descripciones de magnificencia y grandeza divinas [cf. Isa. 27:2; 30:30-31], y viceversa, los agentes celestiales son descriptos con cuadros típicamente humanos [cf. 2 Rey. 6:8-23; Sal. 68:17-18; 68:4,33]”.[17]

          A estas alturas, es favorable tomar en consideración el siguiente consejo inspirado: “El lenguaje de la Biblia debería ser explicado de acuerdo a su significado obvio, a menos que un símbolo o figura sea empleado”.[18] Por consiguiente, debemos hacer todo esfuerzo posible por ajustarnos estrictamente al significado del lenguaje bíblico al tiempo que evitamos todo dogmatismo.

La 1era. Trompeta 

El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde (vers. 7). 

Cuando el primer ángel tocó la trompeta fueron lanzados a la tierra “granizo y fuego mezclados con sangre”. Esto provocó que se quemara la “tercera parte” de los árboles y “toda hierva verde”. ¿Qué significa todo esto? Según se reconoce, en “las visiones del Antiguo y el Nuevo Testamento la trompeta es siempre un símbolo de la intervención de Dios en la Historia”.[19] También el sonido de las tromperas “era símbolo familiar de guerra santa” (cf. Núm. 10:9; Eze. 7:14; Jer. 4:5,19,21; Sof. 1:16). “El sonido de trompeta muy fuerte”, aparece en el Monte Sinaí cuando Dios proclama su Ley: “el sonido de trompeta iba aumentando en extremo” (Exo. 19:16,19). Antes de que venga el “día de Jehovah” el profeta Joel llama a tocar “trompeta en Sión” (Joel 2:1,15, cf. Ose. 5:8). Este día terrible sería “un día de trompetas y de alarma sobre las ciudades fortificadas” (Sof. 1:16, cf. Zac. 9:14). Es así como la imagen de la trompeta “pasó a las visiones del último Día del Nuevo Testamento”. Cuando Cristo aparezca lo hará “con voz de arcángel y con trompeta de Dios” (1 Tes. 4:16, cf. Mat. 24:31; 1 Cor. 15:51-52).

Ya hemos visto que las siete trompetas constituyen “juicios de advertencias” que Dios envía al mundo para indicar “a los moradores de la tierra” que deben arrepentirse o le vendrá un mal peor: las siete últimas plagas. Y lo hace usando los “elementos tradicionales de la guerra santa, tales como el fuego, el granizo, la espada, las plagas, el oscurecimiento de los cielos, las langostas y los escorpiones, un terremoto..., porque todo permanece bajo su dominio soberano”.[20] Las trompetas de Apoc. 8 y 9 deben inducir al arrepentimiento a los seres humanos que insisten en la práctica del mal, o cuando suene la “trompeta final” será muy tarde entonces. De los juicios combinados con misericordia, se pasa a los juicios que se ejecutarán sin mezcla de misericordia (Apoc. 15:1; 16:1). Por extensión, el mensaje de las trompetas constituye un llamado de advertencia al pueblo de Dios para que se prepare para el último y culminante conflicto contra las fuerzas del mal.

Algunos ven en las primeras trompetas “una descripción de las fuerzas elementales de la naturaleza lanzadas en juicios contra el mundo... para advertir a la humanidad que se acerca una destrucción final”.[21] Pero se observa que las “trompetas no son desastres naturales, aunque puedan ser catastróficos por naturaleza... [por consiguiente] entendemos e interpretamos mal el mensaje bíblico cuando tratamos de explicar los acontecimientos como resultado de causas naturales”.[22] Una propuesta reciente por parte de los estudiosos de las Escrituras ve en este versículo una alusión a la destrucción de Jerusalén por parte del imperio romano en el año 70 d.C. Partiendo del principio establecido en las Sagradas Escrituras de que los juicios comienzan primero por el pueblo de Dios (Eze. 9:6; Jer. 25:17-26; 1 Ped. 4:17), se observa que si Dios iba a comenzar a castigar a los adversarios de su iglesia, es lógico creer que los primeros en sufrir sus castigos serían los judíos, por cuanto se opusieron a Cristo y a sus seguidores continuamente. Pero hay algunas cosas que deben tomarse en cuenta al hacer esta aplicación. La primera es que según la profecía bíblica, para el año 70 d.C. la nación judía había perdido ya el privilegio de ser corporativamente el pueblo elegido. Entonces no puede ser llamado propiamente “el pueblo de Dios”. Si fueron castigados, fue por la misma razón que se castigó al Imperio Romano y no otra. Cuando en la antigüedad cayeron sobre ellos los juicios divinos, tenía sentido la frase “empezad por mi Santuario”, porque eran el pueblo escogido del Señor, pero no en otro tiempo.

La segunda observación está relacionada al punto anterior. El principio de que los castigos de Dios siempre sobrevienen primero al pueblo de Dios no siempre está activo en el Antiguo Testamento, pues en el libro del Profeta Amós sucede todo lo contrario. En las predicciones y amonestaciones de Ezequiel y Jeremías se ve un movimiento de adentro hacia fuera en la ejecución de los juicios, pero en las advertencias de Amós, el desplazamiento de los juicios es de afuera hacia dentro (Amós: 1:2-2:16). De igual manera, cuando Nabucodonosor conquistó a Jerusalén, ya había servido de instrumento de Dios para disciplinar a otras naciones, tales como Asiria (quien había dominado anteriormente a las tribus del norte) y a Egipto.

En este contexto se observa que, “la semejanza de las plagas de Egipto con los juicios de las trompetas, algo reconocido por todos, hace suponer de nuevo que las trompetas debe caer también sobre un reino opresor”.[23] Y este reino opresor es Roma en sus dos fases, la pagana y la papal. Los juicios de Dios caen sobre este reino en sus dos dimensiones, por el sufrimiento que causó al pueblo de Dios (Apoc. 18:4-5,10,16,19). “Por consiguiente, es natural tratar de ver ahora en estos juicios correspondientes a la dispensación cristiana, juicios que cayeron sobre el imperio que oprimió a los santos. De esta forma, el contexto histórico de las trompetas debe ser buscado dentro de este imperio y del anticristo que ocupó su trono, y no en los numerosos juicios que Dios llevó a cabo aquí y allí a través de los siglos...”.[24]

Resulta interesante nota que en la última plaga de Apoc. 16:19-21, el “granizo” simboliza un poder que afecta la “existencia de los poderes políticos que controlan a los pueblos. En el caso de la séptima plaga son las naciones y gran Babilonia”. Por consiguiente, el “contexto político de la primera trompeta tiene que ser el Imperio Romano, porque es en ese tiempo que comienza toda la historia”, en estrecha relación con el cristianismo.[25] Otra evidencia más que apoya esta aplicación está en el significado de la palabra “tierra” (ges) usado en la descripción de la primera trompeta. Esta palabra en el original griego “se usa para referirse a la tierra en contraste con el mar [Apoc. 10:2,5-6] y para hablar del mundo habitado [Apoc. 1:5,7; 3:10; 5:10; 6:4] y políticamente estructurado [Apoc. 17:18; 18:3,9; 19:19]”.[26] La “hierba” que se quemó parece tener también un sentido figurado, pues parece unida al adjetivo “verde” (el color de la hierva tierna), que según ya vimos en el capítulo anterior es símbolo de lo que pertenece a Dios. Entonces, en la primera trompeta tenemos a un poder que ejerce su poder político sobre una parte de la tierra y sobre lo que es la pertenencia de Dios, su pueblo. Casi todo queda afectado.

El Estado ha sido puesto por Dios para administrar los recursos del planeta, pero ha usado el poder que Dios le ha dado para subyugar a las naciones más pobres y débiles, creando terribles tensiones en los pueblos al retener los recursos en manos de una minoría. Y en lugar de garantizar la paz y la libertad de conciencia y de culto, en muchas ocasiones ha usado ese poder para refrenar y oponerse al otro poder que Dios ha establecido en la tierra: su Iglesia. Innumerables de fieles ciudadanos, hombres de los cuales “el mundo no es digno” (Heb. 11:38) han sufrido lo indecible siendo atacados y contrariados con furia demoníaca.

En este contexto, se observa acertadamente: “El autoritarismo en el abuso del poder y la airada condición de los pueblos produce el mal ambiente necesario para la violencia social y las guerras de todas clases”.[27] La justa reacción de Dios ante estos atropellos está contenida en las trompetas. En el Antiguo Testamento tenemos establecida la forma en la que Dios castiga y corrige a las naciones o imperios que se desvían de su deber. Dios usa como “instrumentos de castigo” a otras naciones (cf. Isa. 10:5-7,12; 44:28; 45:1; Jer. 25:8-11). Cuando Isaías predijo la caída del imperio Asirio lo hizo en términos semejantes a los usados por Juan para hablar del primer castigo de Roma en manos de los visigodos: “Y Jehovah hará oír su tempestuosa voz..., en llama de fuego consumidor, con torbellino (heb. ‘lluvia fuerte’), tempestad y piedra de granizo” (Isa. 30:30,31). De igual manera, el profeta Ezequiel usó un lenguaje equivalente para hablar del derrocamiento del príncipe Gog: “Y yo litigaré contra él con pestilencia y con sangre; y haré llover sobre él..., impetuosa lluvia, y piedras de granizo, fuego y azufre” (Eze. 38:22).

El Imperio Romano fue el instrumento que Dios utilizó para ejecutar juicio sobre la soberbia ciudad de Jerusalén en el año 70 d.C. (Dan. 9:26027, cf. Mat. 27:25). Después, Roma sería objeto del castigo divino por medio de otro poder. La primera trompeta representa el ataque de los visigodos a Roma bajo el liderazgo de Alarico. Este pueblo se estableció finalmente en España después de haber empezado sus invasiones en el año 396 por Tracia, Macedonia y Grecia. Fue en el año 410 cuando saquearon a Roma y las Galias (Francia, hoy día). Esta primera invasión es el inició de una ola de ataques que poco a poco le robaron el poder a Roma. Se sabe que los cristianos de aquella época vieron en esta primera invasión una evidencia del castigo de Dios sobre Roma por causa de sus vicios y persistencia en el paganismo. Tan fuerte fue la impresión de esta irrupción sobre las mentes de algunos, que Jerónimo y numerosos autores más vieron en ella el fin del mundo. Se reconoce que el Imperio Romano, “por largo tiempo inmoral, corrompido y opresor, se había vuelto cristiano, pero seguía siendo inmoral, corrompido y opresor”.[28] La supuesta conversión al cristianismo no cambió sus normas de conductas públicas. Peor aun ante los ojos de Dios. Muchos se engañan pensando que la asimilación de la mera forma de culto o adoración, ya sea como nación, organización o individuo le salvarán de enfrentar los juicios de Dios. Pero no es así. Cristo lo hizo claro: “Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Luc. 13:1-5). 

“La tercera parte”

Antes de pasar al estudio de la siguiente trompeta debemos ver aun el significado de la expresión “la tercera parte”. Juan usa esta frase frecuentemente en el lenguaje de las trompetas (sólo en Apoc. 8:7 - 9:18, ¡catorce veces!). Tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento, la frase “tercera parte” se refiere a un remanente de la cantidad total (Zac. 13:8-9; Apoc. 12:4). Sólo cuando esta expresión se usa repetida tres veces, refiriéndose a la misma cosa parece indicar totalidad (cf. 2 Sam. 18:2; 2 Rey. 11:5-6; 2 Cron. 23:4-5; Eze. 5:2). Su frecuente uso, entonces, es intencional. Resalta una y otra vez la realidad de que los juicios de las trompetas son limitados y que tienen como fin advertir a los seres humanos de un mal peor. En el Apocalipsis se designan diversos elementos con este término, por consiguiente, representa una acción restringida (cf. Apoc. 8:8-9,12).

Se reconoce que en la literatura antigua esta frase y otra similar: “la cuarta parte”, eran usadas frecuentemente (cf. Amós 1:3,6,9,11,13; 2:1,4). En estos pasajes que citamos el sentido de la frase “el cuarto” se emplea para “significar una medida plena, completa”. En la opinión de algunos escritores, resulta difícil determinar con exactitud lo que puede significar la expresión “la tercera parte”, pero se “ha hecho notar que el Imperio Romano fue dividido en tres capitales: Ravena, Constantinopla y Roma y que sólo la tercera cayó bajo Alarico, a saber, Roma, hasta entonces la principal capital del reino”.[29]  

La 2da. Trompeta 

El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida (vers. 8-9). 

Juan ve ahora caer una “gran montaña ardiendo en fuego... en el mar”. Esto provocó que “la tercera parte” del mar se convirtiera en sangre matando la “tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar”. También provocó la destrucción de la “tercera parte” de las naves que estaban en el mar. El profeta Juan usa libremente las imágenes del Antiguo Testamento para describir sus visiones. La mayoría tiene su origen en las plagas que cayeron sobre Egipto. El mar convertido en sangre y los seres vivos que mueren en él, son imágenes tomadas de Exo. 7:20 y Sof. 1:3. Para la caída de la “gran montaña” tenemos un antecedente en Jer. 51:25 donde se habla de Babilonia como de “un monte destruidor” que sería reducido a un “monte quemado”. Los montes, en el Antiguo Testamento constituyen un símbolo de naciones o reinos (Isa. 11:9; 13:4; Dan. 2:35; Eze. 35:2,7-8; Isa. 41:15).

En la expresión “la tercera parte de las naves fue quemada” algunos ven una referencia a “confrontaciones navales”. Un antecedente de esto se encuentra en Isa. 2:16 dónde se habla de que un juicio divino caería “sobre todas las naves de Tarsis”. Bajo estos símbolos, Juan describe la segunda invasión al “monte” de Roma en manos de los Vándalos, bajo el liderazgo de Genserico. Durante dos semanas vandalizaron la ciudad en forma “sistemática y persistente”. En dos ocasiones, el “depredador humano” Genserico derrotó la flota romana que fueron enviadas en su contra. ¡Una de estas flotas contaba con la cantidad de 1,100 barcos! Su base naval estaba ubicada en el norte de África y salía habitualmente para “devastar y despoblar la costa romana que le viniera en gana”.[30] Cuando sus navegantes les preguntaba a dónde iban, el contestaba: “Contra aquellos con quines Dios está enojado”. Cuando iba a bordo de sus terribles embarcaciones, “no designaba rumbo alguno al piloto..., porque decía que el viento y las olas ya los llevarían hacia aquellos a quienes Dios había dejado de sus manos”.[31] En manos de los Vándalos, en el año 455, quedó el candelero de oro que los romanos se habían llevado de Jerusalén. 

La 3ra. Trompeta 

El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas (vers. 10-11).

         Con el toque de la tercera trompeta Juan ve caer “del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha... sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas”. El nombre de la estrella es Ajenjo y al caer, el agua también se “convirtió en Ajenjo y muchos hombres murieron” porque esas fuentes de aguas se hicieron amargas. El Ajenjo es una planta amarga conocida como Artemisa. Esta planta era temida por los israelitas a causa de su amargura. En Deut. 29:17 se menciona el ajenjo como una “representación de los amargas consecuencias de la idolatría”. En el libro del profeta Jeremías encontramos esta declaración acerca de los falsos profetas: “Así ha dicho Jehovah de los ejércitos contra aquellos profetas: He aquí que yo les hago comer ajenjos, y les haré beber agua de hiel; porque de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra” (Jer. 23:15). Esta planta con sus despreciable sabor, es usada en las Escrituras como un símbolo de la “amargura y el dolor” y está asociada a la idolatría (Amós 6:12; Jer. 9:14,15). El Ajenjo, es pues, una representación de los juicios de Dios sobre los desobedientes.

¿Qué representan estas descripciones apocalípticas de la tercera trompeta? Algunos, al comparar la caída de esta estrella con Luc. 10:18 donde se habla de Satanás siendo arrojado del cielo como un rayo, ven aquí una descripción de su caída del cielo. Por extensión, y como fruto de la obra de Satanás por medios de sus instrumentos terrenales, también hay aquí – según esta opinión – un preanuncio de la “contaminación de la verdad cristiana en la iglesia de Dios”, una representación de la “apostasía de la iglesia cristiana después de la caída del Imperio Romano”.

Otros prefieren ver en la descripción de esta trompeta una continuación de los juicios de Dios sobre Roma, un imperio “inmoral, corrompido y opresor” que ahora profesa ser cristiano. Las estrellas, en algunos pasajes son utilizados con un sentido figurado para representar a los ángeles leales (Job 38:7); a los ángeles caídos (Apoc. 12:4); al pueblo de Dios (Dan. 8:10,24; 12:3) y hasta para representar a los incrédulos (Jud. 13). Bien puede esta estrella representar a un poder invasor en contra del imperio romano. Los símbolos de esta trompeta serían entonces, una representación de las invasiones de los Hunos bajo la dirección de su rey Atila. Este rey, acostumbraba a vestirse de forma vistosa para ofuscar a sus admiradores. Se observa que sus ataques al ya decadente Imperio Romano fueron repentinos y rápidos, semejante a un meteoro fugaz. Aunque de baja estatura, Atila era un guerrero hábil, diestro y despiadado contra todo lo que resistía su empuje. Como el ajenjo, este rey causó muchas amarguras, dolor y muerte a sus víctimas, a tal punto que fue designado como el “azote de Dios”. Él mismo solía decir: “La estrella cae, la tierra tiembla; yo soy el martillo del mundo y donde yo piso no vuelve a crecer la hierba”. Cuando Atila murió, “el río de Danubio fue desviado de su curso y su cuerpo sepultado en su lecho. Volvieron las aguas y todavía fluyen sobre su cuerpo. Fue en realidad una plaga de los ríos”.[32]
 

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