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1844: Hecho Simple

   
 

Por: Dr. Clifford Goldstein

   
 

Capítulo 1

Nunca olvidaré la emoción que sentí cuando salí de las tinieblas del escepticismo, agnosticismo e incluso el espiritualismo y entré en la luz del mensaje de los tres ángeles. El Señor me levantó del pecado, la muerte, la alienación y el vacío que cubrían una vida alejada de Dios, y me condujo no sólo al conocimiento de Jesús, sino también al adventismo, a la verdad presente, al más importante movimiento desde la Reforma Protestante.

Sin embargo, no todo era bueno en Sión. Me uní al movimiento adventista en medio de rumores, bullicio y rebeliones que agitaban la iglesia; no obstante, en mi inocencia de recién convertido, la mayor parte de esto me pasó de largo. Desapercibido, yo era un bebé sonriente que ignoraba las amargas lecciones de la vida.

Cuando tenía tres meses de adventista, un amigo me contó acerca de un profesor de teología del lado oeste de los Estados Unidos, que negaba el juicio investigador de 1844.

¿Qué importa?, respondí.                  

Yo había visto los diagramas, había leído acerca de 1844, y creía en ello porque Elena G. de White lo creyó, y yo creía lo que ella había creído. Pero ¿qué importa? Mi único tema durante mis primeros seis meses de adventista era la marca de la bestia. Había dado docenas de estudios bíblicos sobre la marca de la bestia. Incluso llegué a escribir en paredes de baños acerca de la marca de la bestia. ¿1844? Parecía poco importante.

Al comienzo de 1981, llegué a mi primera comunidad adventista. Allí los rumores acerca de 1844 y la controversia sobre el santuario eran más que bullicio, ¡eran rugidos! Era la conversación del desayuno, almuerzo, cena y entre las comidas. Aunque no entendía a qué se debía todo el alboroto, una cosa sabía: Nada me iba a hacer tambalear.

Pero entonces empezaron a confrontarme con estas preguntas: ¿Cómo se demuestra que hay un juicio investigador desde 1844 en base a Daniel 8:14? ¿Cómo se sabe que el principio de día por año es válido? Y si es válido, ¿por qué aplicarlo a los 2.300 días? ¿Cómo se une Daniel 8 con Daniel 9? ¿Por qué no hay conexión verbal entre la palabra purificado de Daniel 8:14 con la de Levítico 16:16? Las dos tienen diferentes raíces en el hebreo. ¿Cómo se sabe que las 2.300 tardes y mañanas de Daniel 8 no son 1.150 días, como algunos lo sugieren? (Ver la nota aclaratoria de Daniel 8:14 en la Biblia de Jerusalén.) ¿No ve cómo el libro de Hebreos coloca a Cristo en el segundo departamento del santuario mucho antes de 1844? ¿No es Antíoco Epífanes el cuerno pequeño de Daniel 8? Y de paso, ¿sabe usted cuánto copió Elena G. de White de otros autores?

Yo no tenía las respuestas, y aquellos de quienes esperaba obtener alguna, ¡tampoco! Por todos lados la gente atacaba la doctrina o por lo menos expresaba escepticismo hacia ella. No sabía en quién confiar, ni adonde ir.

Como resultado de todo esto, ya no creía en el juicio investigador de 1844. Simplemente no podía encontrarlo en la Biblia y las implicaciones de tal conclusión ¡me hacían tambalear! Nunca me había percatado hasta ese momento, de hasta qué medida nuestro mensaje dependía de 1844. Instantáneamente mi fe en el mensaje adventista se desmoronó.

Lo primero que definidamente debía salir del camino era Elena G. de White. Si 1844 no era bíblico, Elena G. de White entraba en la categoría de Mary Baker Eddy, fundadora de la Iglesia Científica Cristiana, y José Smith, fundador del mormonismo.

Comencé a dudar de la idea del adventismo como la iglesia remanente. Si 1844 no era bíblico, la iglesia tampoco.

Empecé a preguntarme cuan importante en realidad era la ley y en particular el sábado. ¡Incluso comencé a dudar de la marca de la bestia!

¿Había sido toda mi experiencia con Dios una pura casualidad?    

Derramé mi alma en oración, rogando por la verdad. Si este mensaje no era verdadero, yo lo abandonaría. No había sido adventista por tanto tiempo, la iglesia no significaba mucho para mí. Además, no me gustaba la idea de ser vegetariano. Mi agresiva búsqueda de la verdad me había llevado al adventismo, pero si esa búsqueda me estaba llevando a otra parte, yo estaba listo.

Regresé adonde el problema había comenzado; si no podía encontrar en la Biblia este asunto de 1844, sin la ayuda de Elena G. de White (en ese tiempo ella representaba muy poca autoridad para mí), yo empacaría mis cosas y volvería a Israel, donde estaba viviendo cuando comencé a creer en Jesús. La simple lógica me decía que si 1844 no era bíblico, el adventismo era una secta seudocristiana.

Así que oré y estudié profundamente la Biblia. Busqué una comprensión de la verdad, porque sabía que el destino de mi vida, y posiblemente incluso el de mi vida eterna, estaban en juego. Y no usé a Elena G. de White.

Terminé unas pocas semanas después. Mi conclusión: ¡Si usted usa sólo el Antiguo Testamento, tendrá tanta evidencia para un juicio investigador desde 1844 como para probar que Jesús de Nazaret es el Mesías!

Antes, cuando leía Daniel 8, no podía imaginar cómo alguien podía encontrar allí el juicio. ¡Pero ahora, después de mis estudios, cuando leo Daniel 8, no imagino cómo algunos pueden ignorarlo!

De pronto nací de nuevo, ¡otra vez! La duda, la inseguridad y el desánimo se fueron. Sentí como que había sido curado de una enfermedad. Estaba más convencido del adventismo que cuando llegué a la comunidad adventista por primera vez, y ahora me daba cuenta de cuan frágil había sido mi fundamento.

Instantáneamente todas las dudas sobre Elena G. de White desaparecieron. Pensé, ¡ciertamente aquella anciana conocía exactamente de qué estaba hablando! Desde ese momento, nunca he dudado de Elena G. de White como una profetisa; más aún, mi confianza en la verdad de 1844 me ha permitido verla como una de las más grandes entre los profetas.

Mi comprensión de 1844 me dio una nueva experiencia con Jesús, con el adventismo y con el espíritu de profecía. Cuando descubrí cuan bíblico era 1844, supe que esta iglesia es todo lo que pretende ser, y las dudas acerca de la ley y el sábado se desvanecieron.

A pesar de las apostasías, a pesar de nuestra tibieza laodicense, a pesar de los escándalos, a pesar de cualquier cosa y a todas las cosas que le suceden a esta iglesia, la enseñanza de 1844 prueba más allá de cualquier duda que la Iglesia Adventista del Séptimo Día es la iglesia remanente de la profecía bíblica y que nuestro mensaje es verdad presente. El juicio desde 1844, más que el estado de los muertos, el sábado y la segunda venida, establece la validez del adventismo. Todas esas otras doctrinas son aceptadas por algunas otras denominaciones, pero los adventistas son los únicos que predican que desde 1844 hay un juicio investigador. Mientras usted no conozca la verdad de 1844 y no advierta que los adventistas son los únicos que la enseñan, nunca comprenderá totalmente nuestro llamado, nuestro propósito o nuestra misión.

Yo fui obligado a aprender o a dejar este mensaje. Para mí no había término medio. Y cuan agradecido estoy de que el mismo Dios que me llevó a creer en él, me llevó de entre todas las religiones del mundo al cristianismo; y de entre todas las denominaciones que hay en el cristianismo, al adventismo. ¡Cuan agradecido estoy de que también me salvó de la apostasía!

Con todo, pronto noté que casi cada adventista que conocía, joven o anciano, convertido o nacido en la iglesia, hombre o mujer, blanco o negro, en el este o el oeste, liberal o conservador, casi ninguno podía extraer 1844 de la Biblia. ¡Y a la mayoría tampoco le interesaba! No creían que fuese importante.

He estado de pie frente a iglesias de 300 personas y preguntado, ¿cuántos de ustedes, sin usar a Elena G. de White, pueden dar un estudio bíblico sobre 1844 y el juicio investigador? Vez tras vez, sólo dos o tres manos se levantaban. La mayoría de los adventistas no podrían dar un estudio inteligente sobre esta doctrina, aun si su destino eterno dependiera de ello. Hay la posibilidad de que usted que lee este libro, de la misma manera no pueda ofrecer una explicación satisfactoria sobre el significado de 1844, o dar una respuesta clara a los argumentos presentados en contra de esta doctrina. Probablemente no ha oído una predicación sobre esto o leído algo acerca de esto en años.

Usted puede estar convertido. Puede ser que diezme fielmente y practique el vegetarianismo. Puede dar estudios bíblicos, ganar almas, ser un cristiano que ama y que es amado. Pero si usted no está fundamentado en la doctrina de 1844, si no tiene por lo menos un entendimiento rudimentario de esta enseñanza, entonces no está preparado para las pruebas y el zarandeo. Si yo hubiese tenido que enfrentar el tiempo de prueba final, con mi comprensión superficial de 1844, hubiera sido barrido como una hoja en un tornado.

No estoy hablando de salvación por medio de teología. La fecha de 1844 o la comprensión de ella, no nos salva. Pero si 1844 no es bíblico, nuestro mensaje es falso, somos una iglesia falsa, enseñando un mensaje falso y guiando a la gente con engaños por un camino cuesta abajo. Una de dos, o 1844 es verdad y tenemos la verdad, o es falso y hemos heredado y enseñado mentiras.

Quizás usted nunca ha sido confrontado con este asunto o nunca pensó acerca de ello. Algún día lo hará. Hemos sido apercibidos de que todo lo que pueda ser zarandeado será zarandeado, y como pueblo, nosotros aún no hemos comenzado a comprender lo que el zarandeo significa. Tarde o temprano nuestra fe será probada hasta lo sumo.

El diablo vendrá contra nosotros desde todas las direcciones, buscando cualquier brecha o área débil, en un esfuerzo por apartarnos de la verdad. Y usted puede estar seguro que 1844 será un blanco primordial. Si usted cree en el mensaje, dé todas maneras le será muy difícil mantenerse fiel cuando pierda su trabajo, su casa y cuando no pueda comprar alimentos. ¡Pero imagine todas estas presiones externas, incluyendo amenazas contra su vida, cuando para empezar usted duda seriamente del adventismo y su verdad! Si alguien puede sacudir su fe con respecto a 1844, usted dudará de todo el mensaje, y si duda del mensaje, ¿cómo podrá mantenerse en pie?

¿Quién moriría por un mensaje del que duda? ¿Quién dejaría que sus hijos pasen hambre por una creencia de la cual no está convencido? ¿O quién podría ver que le quiten a sus hijos por una doctrina que no puede probar con la Biblia? Usted no necesita ser un teólogo, pero el pueblo sí perecerá por falta de conocimiento, y con toda esta verdad a nuestro alcance no tendremos excusas por no entenderla.

El juicio investigador de 1844, el pilar teológico de nuestro movimiento, descansa como una reliquia empolvada en el armario de la familia adventista. Sabemos que está allí, todos lo conocemos, pero nadie se preocupa por ello. No estamos seguros de qué hacer con 1844. No estamos seguros de qué significa o si realmente lo necesitamos. Incluso no estamos seguros si después de todo es tan importante (como lo revelan la escasez de sermones, artículos y libros acerca del tema). Con todo, cuando se descarta 1844, también se descarta el adventismo. Qué habilidad la del diablo al hacernos poner a un lado nuestra doctrina más básica. El sabe que cuando nos arrebata este fundamento, nos desmoronamos y caemos. Sólo espera el momento exacto para hacer caer a tantos adventistas como pueda.

No estoy hablando de una teoría o especulación, sino de una experiencia. Sé lo que le pasará a aquellos que no están fundamentados en este mensaje, porque me ocurrió a mí bajo circunstancias que fueron patéticamente fáciles, comparadas con las que la iglesia pronto enfrentará.

Pero ahora veo cuánta confianza, fuerza y seguridad me ha dado el entendimiento de esta verdad. La enseñanza de 1844 da irrefutable solidez al hecho de que el adventismo es la verdad para este tiempo; es por ello que el enemigo se ha esforzado grandemente para minimizarla, y yo me espanto ante su tremendo éxito.

En 1986 hice una serie de grabaciones para el American Cassette Ministries (Ministerio americano de casetes), titulada "1844 Hecho Simple". Usé las investigaciones de los mejores teólogos del adventismo, los hombres que han demolido casi todos, si no todos los argumentos contra 1844. A pesar de esto, la mayoría de los adventistas nunca han escuchado de sus investigaciones o libros, menos aún los han leído. Además, el material es profundo y teológico, y muchos de nosotros preferiríamos sentarnos frente al televisor antes que estudiar nuestro mensaje. He tomado estas publicaciones (mayormente de los volúmenes 1, 2 y 3 de la serie del Comité de Daniel y Apocalipsis) y las simplifiqué para dar cursillos en iglesias y reuniones campestres.

Este libro está basado en esas cintas, fue escrito para presentar la doctrina del juicio investigador desde 1844, en la manera más simple y clara que me es posible, creyendo que la comprensión de esta doctrina es crucial no sólo para entender el adventismo, sino también para la preparación de nuestro pueblo para el encuentro con la crisis que se avecina.

El libro está dividido en tres secciones. La primera es el estudio de cómo se consigue la fecha en la Biblia. La segunda contesta muchos de los argumentos usados contra el juicio investigador. Y la tercera sección responde a la pregunta: ¿Cuál es el significado del juicio investigador?

Un comentario final. No uso a Elena G. de White. Algunos argumentan que ella no fue una teóloga y por lo tanto no es buena para la teología. Supongo que, en el sentido clásico de la palabra, ella no fue una teóloga, ¡fue una profetisa! Y yo siempre tomaría la palabra de un profeta por encima de cualquier teólogo. Con todo, nosotros no tenemos que basar nuestra comprensión de 1844 en ella. No use a Elena G. de White para adquirir solidez en la Biblia. Consiga solidez en la Biblia y estará sólido en ella. Base 1844 en la Biblia y usted permanecerá inamovible en cuanto a Elena G. de White. Úsela como su base para 1844 y tanto ella como 1844 se derrumbarán.

Yo lo sé.

 

Continúa...

 
 

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Cortesía de: RECURSOS ESCUELA SABÁTICA

Rolando D. Chuquimia – rdchuquimia@ciudad.com.ar

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