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Capítulo
11
Si
usted estudia el culto en el santuario terrenal, hay algo que se
destaca claramente: el orden. Cada detalle, desde la forma de los
muebles hasta cada parte de los sacrificios recibe atención. Dios es
un Dios de orden; él maneja el universo de una manera ordenada. Y
tal como el santuario terrenal lo muestra, él también enfrenta el
problema del pecado y la rebelión de una manera ordenada. Dios
podría haber borrado el pecado y a Satanás instantáneamente. En vez
de eso, Dios solucionará el gran conflicto en una forma ordenada y
amplia, ante todos los "principados y potestades en los lugares
celestiales".
En el
culto del santuario terrenal, después que una persona pecaba, traía
un animal sin defecto al santuario. Entonces colocaba su mano sobre
la cabeza del animal y lo mataba ante el Señor (Levítico 4:4). La
colocación de las manos simbolizaba el paso del pecado del pecador
culpable al animal inocente. Después que el animal moría, los
sacerdotes en una de muchas maneras llevaban la sangre y la
manipulaban en el patio o el santuario en sí. Esta manipulación
involucraba la transferencia del pecado (en la forma de sangre) al
área del santuario. Esta es la idea que se da en Levítico 10:17-18
cuando el Señor dice al sacerdote: "¿Por qué no comisteis la
expiación en lugar santo? Pues es muy santa, y la dio él a vosotros
para llevar la iniquidad de la congregación, para que sean
reconciliados delante de Jehová. Ved que la sangre no fue llevada
dentro del santuario".
Un
pecador viene al santuario con su sacrificio. Confiesa su pecado
sobre el animal. Sus pecados se transfieren al animal, el que muere
en lugar del pecador. El sacerdote entonces toma la sangre que
"lleva" el pecado y el sacerdote "lleva la iniquidad" hasta que trae
la sangre "con pecado" al interior del santuario, donde los pecados
permanecen. Esta secuencia pecado del pecador al, animal, al
sacerdote, al santuario sucedía diariamente (¿recuerda el sacrificio
diario?).
Durante el año, desde luego, se transfería una gran cantidad de
pecado al santuario. En el Día de la Expiación, el gran día de
juicio, el santuario debía ser limpiado de ese pecado. Debían
sacarse todos los pecados que habían entrado en él.
"Así
purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de
Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados" (Levítico 16:16).
El
santuario necesitaba la expiación, no porque hubiese pecado, sino
porque todos los pecados de Israel habían sido colocados en él. Y de
la misma forma en que la expiación para una persona involucraba la
transferencia del pecado de aquel individuo a otro ser, la expiación
en favor del santuario involucra la transferencia del pecado del
santuario a otra entidad.
En el
Día de la Expiación se traía nuevamente la sangre hacia el
santuario, donde se asperjaba en el segundo apartamento. Sin
embargo, no se menciona la colocación de las manos sobre el animal
cuya sangre se utilizaba. En otras palabras, no se había confesado
pecado alguno sobre los animales en esta parte del servicio. Esta
era sangre "limpia", la que se traía primero, sin pecados confesados
sobre ella. Esta sangre "limpia" entonces "adquiría" todos los
pecados (tal como recogía el pecado del pecador individual) y los
quitaba del santuario. El sacerdote entonces salía del santuario
luego que lo había purificado de "las iniquidades de los hijos de
Israel" (por medio de la sangre), que ahora "llevaba" todos los
pecados traídos al santuario durante el año. Según el texto, ahora
"pondrá... sus dos manos sangrientas por causa del asperjamiento
sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas
las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos
sus pecados, poniéndolos así sobre la cabe del macho cabrío, y lo
enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. Y
aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a
tierra inhabitada" (Levítico 16:21-22).
En el
servicio anual, todos los pecados traídos al santuario (por medio
del culto diario) eran sacados por el sacerdote, quien los confesaba
sobre el chivo emisario el que debía llevar todas esas iniquidades
acumuladas durante el año. El chivo emisario simboliza a Satanás
quien finalmente llevará todos los pecados que hizo cometer a los
hijos de Dios. (En la tradición judía, este chivo emisario simboliza
a Azazel, el líder de los ángeles rebeldes).
Imaginemos que el pecado es algo así como un desecho radiactivo: la
sangre es la vasija, y el santuario es un almacén temporario. El
desecho va desde el pecador hacia el animal y luego (por medio de la
sangre) hasta el sacerdote, quien lo guarda en el santuario.
Entonces, en un día especial (nuevamente por medio de la sangre) se
desechan en una "tierra inhabitada", o en un lugar donde no puedan
hacer daño.
Este
culto en el santuario terrenal involucraba la transferencia del
pecado, del pecador al verdadero responsable del pecado: el diablo.
Todo esto se hacía de una manera ordenada y franca.
El
servicio terrenal simbolizaba el verdadero culto en el cielo. El
santuario terrenal era una copia y una "sombra de las cosas
celestiales" (Hebreos 8:5). El animal inmolado simbolizaba a Jesús,
"el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29).
¿Adonde es que él lleva nuestros pecados? Como sabemos, Jesús "llevó
él mismo nuestros pecados en su cuerpo" (1 Pedro 2:24). Después fue
al cielo donde funciona como nuestro sumo sacerdote. Y de la misma
forma en que la intercesión del sacerdote terrenal en favor de
Israel involucraba el quitar los pecados del pueblo y colocarlos en
el santuario, la intercesión de Jesús a nuestro favor en el cielo
hace lo mismo. "Tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la
diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del
santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y
no el hombre" (Hebreos 8:1-2).
Cuando
confesamos nuestros pecados, se nos perdonan y se nos quitan, a la
vez que se nos considera perdonados en el santuario celestial, de la
misma forma en que fueron colocados simbólicamente en el santuario
terrenal, donde también fueron perdonados. Y al igual que en el caso
del santuario terrenal, el celestial también será purificado de esos
pecados, los que algún día caerán sobre aquel responsable de ellos:
Satanás, simbolizado por el chivo emisario "Hasta dos mil
trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado"
(Daniel 8:14). "Fue pues, necesario que las figuras de las cosas
celestiales [santuario terrenal] fuesen purificadas así [por medio
de los sacrificios de animales]; pero las cosas celestiales mismas,
con mejores sacrificios [Jesús] que éstos" (Hebreos 9:23).
Hebreos 9:28, hablando acerca de Jesús, dice: "Aparecerá por segunda
vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan".
¿Sin
pecado? ¿Pecó Jesús alguna vez? ¡Desde luego que no! Pero él "se
hizo pecado por nosotros" como el Cordero de Dios, y lleva nuestros
pecados ahora como sumo sacerdote. Sin embargo, de la misma forma en
que el santuario terrenal fue purificado de todo pecado, así también
el santuario celestial será purificado. El pecado será echado fuera.
Cristo terminará su mediación en el cielo. Se escuchará el clamor:
"El que es injusto, sea injusto todavía;... y el que es justo,
practique la justicia todavía" (Apocalipsis 22:11). Jesús regresará
"sin pecado", y se colocarán sobre el diablo todos los pecados que
ha cometido el verdadero Israel de Dios desde Adán.
¿Por
qué es que Dios utiliza este sistema complicado cuando podría haber
erradicado el pecado y al diablo instantáneamente? Porque Dios
quería mostrar a todo el universo su justicia y su misericordia en
su trato con el pecado y la rebelión. Cristo murió, y ahora sirve
como sumo sacerdote en el santuario celestial, para erradicar el
pecado, salvar a la humanidad, y castigar al diablo de una manera
ordenada que no deje dudas en las mentes del universo espectador.
Este podrá ver la misericordia de Dios en la forma en que perdona
nuestros pecados y su justicia en el hecho de que finalmente los
coloca sobre el instigador de toda maldad.
¿Qué tiene que ver con nosotros esta purificación del santuario?
Tiene
mucho que ver, porque en el Día de la Expiación el santuario no era
lo único que era purificado. "En este día se hará expiación por
vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de
Jehová" (Levítico 16:30). Las personas también eran purificadas.
Como el santuario, las personas son limpiadas de "todos" sus
pecados.
¿Cuáles son los elementos que, además de la cruz, Dios utilizará
para "manifestar su sabiduría" a los "principados y potestades en
los lugares celestiales"? El juicio, que es también el Día de la
Expiación, es uno de éstos; y el pueblo que obedece su ley, que
lleva frutos, que son limpios de pecado, es otro.
¡En el
Día de la Expiación, estos dos elementos se cumplen! Si una persona,
al llevar mucho fruto, trae gloria a Dios, imagine cómo será cuando
todo el pueblo lo hace. De hecho, el Día de la Expiación era la
culminación, un símbolo anual de lo que Dios desea en realidad: un
santuario celestial limpio de pecado, y un pueblo sobre la tierra
limpio de pecado, todo esto ante la observación del universo.
La
conexión entre el juicio y un pueblo limpio y santo se encuentra en
otras partes. En Malaquías 3 vemos el juicio: "Y vendrá súbitamente
a su templo el Señor a quien vosotros buscáis". "Y vendré a vosotros
para juicio" (versículos 1, 5). En el primer versículo se percibe
movimiento, Dios va a su templo. En las escenas de juicio de Daniel
7, también vemos a Dios en movimiento. ("Fueron puestos tronos, y se
sentó un Anciano de días". "He aquí... que venía uno como un hijo de
hombre". "Vino el Anciano de días".) Malaquías se refiere a este
juicio.
Sin
embargo, en medio de este juicio, ¿qué sucede con el pueblo de Dios?
"El es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Y se
sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos
de Leví, los afinará como a oro y como a plata" (versículos 2-3).
¿Qué
hará Dios con su pueblo mientras transcurra el juicio? Los estará
purificando, purgando, limpiándolos (con jabón de lavadores). En el
mensaje a Laodicea, la iglesia que vive durante el juicio, el Señor
utiliza las mismas imágenes que Malaquías. "Yo te aconsejo que de mí
compres oro refinado en fuego" (Apocalipsis 3:18).
Aquí,
al igual que en Levítico 16, se relaciona el juicio con la
purificación y la limpieza del pueblo de Dios. ¡El pueblo de Dios
será purificado durante el juicio!
Note
el versículo que precede a Malaquías 3. "Habéis hecho cansar a
Jehová con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le hemos cansado? En
que decís: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales
se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de justicia?" (Malaquías
2:17).
Observe los conceptos presentados: el desarrollo del carácter
("Cualquiera que hace mal agrada a Jehová") y el juicio ("¿Dónde
está el Dios de justicia?"). Las personas dicen que no importa si
usted hace maldad, Dios se deleita en usted de todas formas. Y
entonces dudan de la idea de un juicio.
No es
una coincidencia que aquellos que desdeñan la obediencia también
desdeñen el juicio, porque la obediencia y el juicio están
inseparablemente unidos. Y este asunto es precisamente lo que
enfrentamos hoy. Aquellos que dudan sobre la importancia de la
obediencia, que dicen que Dios se deleita en nosotros a pesar de
nuestro pecado, son los mismos que dudan de la existencia del juicio
investigador. Disminuya la importancia de la obediencia, e
inevitablemente disminuirá la importancia del juicio.
Y sin
embargo, ¿cuál es la respuesta de Dios a estas actitudes? Comienza
con los primeros versículos de Malaquías 3, donde el Señor habla
acerca de un juicio y del carácter refinado y purificado que su
pueblo manifestará en ese juicio.
En fin
de cuentas, ¿cuál es el mensaje del primer ángel? "Temed a Dios, y
dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado" (Apocalipsis
14:7). Note que una parte del mensaje del tercer ángel describe el
carácter del pueblo de Dios durante el juicio. "Aquí está la
paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios, y
la fe de Jesús" (Apocalipsis 14:12).
Observe cuáles son los elementos. Se nos pide que demos gloria a
Dios. ¿Cómo glorificamos a Dios? Por medio de la obediencia,
produciendo frutos, permitiéndole que nos limpie. ¿Será una
coincidencia, entonces, que su pueblo sea descrito como aquellos que
"guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús"? De ninguna
forma. ¡Qué mejor manera de glorificar a Dios que obedeciendo sus
mandamientos y teniendo la fe de Jesús!
También vimos que el juicio da gloria a Dios a él se le juzga y
glorifica de acuerdo a cómo él nos juzga a nosotros, y el juicio es
parte de este mensaje también. "La hora de su juicio es venida".
Aquí,
tal como vimos en Levítico y Malaquías, se encuentra el concepto del
juicio relacionado con un pueblo obediente.
Así
que el meollo del juicio investigador, en lo que se relaciona con
nosotros, es que durante su juicio, Dios preparará a un pueblo
limpio de "todo pecado", un pueblo "refinado" como "oro y plata", un
pueblo que "guarda los mandamientos de Dios".
De
hecho, ese mismo capítulo de Apocalipsis habla nuevamente sobre la
condición del pueblo de Dios en el fin. "Y del templo salió otro
ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete
tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de
la tierra está madura" (versículo 15).
Al pueblo de Dios se lo describe como maduro.
¿Cómo
se describe a los impíos? "Y salió del altar otro ángel, que tenía
poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda,
diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra,
porque sus uvas están maduras" (versículo 18). Entonces dice que
estas uvas serán echadas "en el gran lagar de la ira de Dios"
(versículo 19).
Aquí se describe a los impíos como maduros.
Observe el contraste. Dios tendrá un pueblo obediente a su ley, un
pueblo refinado, purificado y limpio: un pueblo maduro. Cuando
Cristo concluya su mediación en el cielo, su Espíritu será quitado
de la tierra, y excepto por su remanente pequeño y obediente,
Satanás tendrá un control irrestricto sobre el resto del mundo. No
es de extrañarse, entonces, que el pueblo de Satanás esté "maduro".
Este
maduramiento ocurre poco antes de la segunda venida, donde la
separación entre los convertidos y los no convertidos produce este
contraste notable entre la santidad madura y la maldad madura. En
medio de la deslealtad mundial, Jesús tendrá un pueblo que "guarda
los mandamientos de Dios" mientras el universo, en una escala mayor
que nunca antes, verá el contraste entre la obediencia y la
desobediencia.
Dios
está buscando refinar y purificar a un pueblo para que guarde los
mandamientos, a un pueblo que pueda estar de pie en el día del
juicio. El juicio, por lo tanto, es un llamado crucial a la
santificación. Es la hora de perfeccionar "la santidad en el temor
de Dios" (2 Corintios 7:1). Tal como el día simbólico de la
expiación era un momento especial de análisis, arrepentimiento y
preparación, cuánto más lo es el verdadero Día de la Expiación en el
cual hemos estado viviendo desde 1844. Al igual que en el día de
juicio terrenal, Dios busca limpiarnos de todo pecado. ¡El juicio es
importante en nuestras vidas, porque Dios desea prepararnos para que
salgamos victoriosos en él!
Jesús
dijo que se espera mucho de quien mucho ha recibido, ¿y a quiénes se
les ha dado más que a los adventistas? Con nuestro entendimiento
sobre el gran conflicto, el Calvario, la ley, la historia sagrada,
la dieta, la salud, la mente, la educación, etc., ¿qué más podría
hacer Jesús para prepararnos para nuestro encuentro con él?
Debiéramos permitir que Jesús nos haga los cristianos más maduros
sobre la tierra.
Sin
embargo, el pueblo "maduro" de Dios no se salva porque "guardan los
mandamientos de Dios", sino porque tienen la "fe de Jesús". Estar de
pie en el juicio no tiene nada que ver con legalismo, que es una
salvación por las obras. Aquellos que viven en este tiempo se salvan
en base a lo mismo que salvó al ladrón en la cruz: la justicia de
Jesús para ellos, en lugar de ellos, imputada a ellos. Cuando sus
nombres surjan durante el juicio, Dios ofrecerá su sangre y su
justicia en su lugar. ¡El desarrollo del carácter, cuando se lo
entiende en el contexto de glorificar a Dios, no es legalismo!
Sin
embargo, por medio del poder del Espíritu Santo que mora en el
corazón, Dios tendrá a un pueblo que estará dispuesto a morir con
tal de no quebrantar la ley. Jesús promete poder para vencer
cualquier pecado, y podemos reclamar ese poder y obtener la victoria
por medio de Cristo ahora mismo.
La
obediencia, la santidad, la santificación: éstas son las
invitaciones que nos hace el juicio, y si no las anunciamos, Dios
utilizará a otras personas que estén dispuestas a hacerlo.
Dos
cosas ocurrirán simultáneamente, aunque estemos o no involucrados
como pueblo. En el cielo, Dios habrá concluido el juicio, purificado
el santuario, limpiado el pecado de su pueblo: todo ante el universo
como testigo, cuyos integrantes claman: "Justos y verdaderos son tus
caminos, oh Señor". Al mismo tiempo, sobre la tierra, Dios será
glorificado por el desarrollo del carácter y la obediencia de su
pueblo, quienes, a pesar de la apostasía y deslealtad mundial,
guardan sus mandamientos.
Habrá
un santuario purificado en el cielo y un pueblo purificado en la
tierra, y el pecado finalmente recaerá sobre aquel que lo comenzó.
En el cielo y en la tierra, debido a la obra de Dios en ambas
esferas, sus caminos desplegados ante "los principados y potestades
en los lugares celestiales" se verán como justos, perfectos y
verdaderos.
¿Cuál
es la esencia del juicio y su importancia para nuestras vidas hoy?
De la misma forma en que Dios borra nuestros pecados que han sido
registrados en el cielo, nosotros debemos amar a Jesús lo suficiente
como para permitir que él borre nuestro pecado aquí en la tierra, de
forma que él pueda ser glorificado ante todo el universo.
He
aquí nuestro llamado. He aquí la verdad presente. Y he aquí la
importancia del juicio para nuestras vidas hoy. |