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1844: Hecho Simple

   
 

Por: Dr. Clifford Goldstein

   
 

Capítulo 11

Si usted estudia el culto en el santuario terrenal, hay algo que se destaca claramente: el orden. Cada detalle, desde la forma de los muebles hasta cada parte de los sacrificios recibe atención. Dios es un Dios de orden; él maneja el universo de una manera ordenada. Y tal como el santuario terrenal lo muestra, él también enfrenta el problema del pecado y la rebelión de una manera ordenada. Dios podría haber borrado el pecado y a Satanás instantáneamente. En vez de eso, Dios solucionará el gran conflicto en una forma ordenada y amplia, ante todos los "principados y potestades en los lugares celestiales".

En el culto del santuario terrenal, después que una persona pecaba, traía un animal sin defecto al santuario. Entonces colocaba su mano sobre la cabeza del animal y lo mataba ante el Señor (Levítico 4:4). La colocación de las manos simbolizaba el paso del pecado del pecador culpable al animal inocente. Después que el animal moría, los sacerdotes en una de muchas maneras llevaban la sangre y la manipulaban en el patio o el santuario en sí. Esta manipulación involucraba la transferencia del pecado (en la forma de sangre) al área del santuario. Esta es la idea que se da en Levítico 10:17-18 cuando el Señor dice al sacerdote: "¿Por qué no comisteis la expiación en lugar santo? Pues es muy santa, y la dio él a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación, para que sean reconciliados delante de Jehová. Ved que la sangre no fue llevada dentro del santuario".

Un pecador viene al santuario con su sacrificio. Confiesa su pecado sobre el animal. Sus pecados se transfieren al animal, el que muere en lugar del pecador. El sacerdote entonces toma la sangre que "lleva" el pecado y el sacerdote "lleva la iniquidad" hasta que trae la sangre "con pecado" al interior del santuario, donde los pecados permanecen. Esta secuencia pecado del pecador al, animal, al sacerdote, al santuario sucedía diariamente (¿recuerda el sacrificio diario?).

Durante el año, desde luego, se transfería una gran cantidad de pecado al santuario. En el Día de la Expiación, el gran día de juicio, el santuario debía ser limpiado de ese pecado. Debían sacarse todos los pecados que habían entrado en él.

"Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados" (Levítico 16:16).

El santuario necesitaba la expiación, no porque hubiese pecado, sino porque todos los pecados de Israel habían sido colocados en él. Y de la misma forma en que la expiación para una persona involucraba la transferencia del pecado de aquel individuo a otro ser, la expiación en favor del santuario involucra la transferencia del pecado del santuario a otra entidad.

En el Día de la Expiación se traía nuevamente la sangre hacia el santuario, donde se asperjaba en el segundo apartamento. Sin embargo, no se menciona la colocación de las manos sobre el animal cuya sangre se utilizaba. En otras palabras, no se había confesado pecado alguno sobre los animales en esta parte del servicio. Esta era sangre "limpia", la que se traía primero, sin pecados confesados sobre ella. Esta sangre "limpia" entonces "adquiría" todos los pecados (tal como recogía el pecado del pecador individual) y los quitaba del santuario. El sacerdote entonces salía del santuario luego que lo había purificado de "las iniquidades de los hijos de Israel" (por medio de la sangre), que ahora "llevaba" todos los pecados traídos al santuario durante el año. Según el texto, ahora "pondrá... sus dos manos sangrientas por causa del asperjamiento sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabe del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada" (Levítico 16:21-22).

En el servicio anual, todos los pecados traídos al santuario (por medio del culto diario) eran sacados por el sacerdote, quien los confesaba sobre el chivo emisario el que debía llevar todas esas iniquidades acumuladas durante el año. El chivo emisario simboliza a Satanás quien finalmente llevará todos los pecados que hizo cometer a los hijos de Dios. (En la tradición judía, este chivo emisario simboliza a Azazel, el líder de los ángeles rebeldes).

Imaginemos que el pecado es algo así como un desecho radiactivo: la sangre es la vasija, y el santuario es un almacén temporario. El desecho va desde el pecador hacia el animal y luego (por medio de la sangre) hasta el sacerdote, quien lo guarda en el santuario. Entonces, en un día especial (nuevamente por medio de la sangre) se desechan en una "tierra inhabitada", o en un lugar donde no puedan hacer daño.

Este culto en el santuario terrenal involucraba la transferencia del pecado, del pecador al verdadero responsable del pecado: el diablo. Todo esto se hacía de una manera ordenada y franca.

El servicio terrenal simbolizaba el verdadero culto en el cielo. El santuario terrenal era una copia y una "sombra de las cosas celestiales" (Hebreos 8:5). El animal inmolado simbolizaba a Jesús, "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29).

¿Adonde es que él lleva nuestros pecados? Como sabemos, Jesús "llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo" (1 Pedro 2:24). Después fue al cielo donde funciona como nuestro sumo sacerdote. Y de la misma forma en que la intercesión del sacerdote terrenal en favor de Israel involucraba el quitar los pecados del pueblo y colocarlos en el santuario, la intercesión de Jesús a nuestro favor en el cielo hace lo mismo. "Tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre" (Hebreos 8:1-2).

Cuando confesamos nuestros pecados, se nos perdonan y se nos quitan, a la vez que se nos considera perdonados en el santuario celestial, de la misma forma en que fueron colocados simbólicamente en el santuario terrenal, donde también fueron perdonados. Y al igual que en el caso del santuario terrenal, el celestial también será purificado de esos pecados, los que algún día caerán sobre aquel responsable de ellos: Satanás, simbolizado por el chivo emisario "Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado" (Daniel 8:14). "Fue pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales [santuario terrenal] fuesen purificadas así [por medio de los sacrificios de animales]; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios [Jesús] que éstos" (Hebreos 9:23).

Hebreos 9:28, hablando acerca de Jesús, dice: "Aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan".

¿Sin pecado? ¿Pecó Jesús alguna vez? ¡Desde luego que no! Pero él "se hizo pecado por nosotros" como el Cordero de Dios, y lleva nuestros pecados ahora como sumo sacerdote. Sin embargo, de la misma forma en que el santuario terrenal fue purificado de todo pecado, así también el santuario celestial será purificado. El pecado será echado fuera. Cristo terminará su mediación en el cielo. Se escuchará el clamor: "El que es injusto, sea injusto todavía;... y el que es justo, practique la justicia todavía" (Apocalipsis 22:11). Jesús regresará "sin pecado", y se colocarán sobre el diablo todos los pecados que ha cometido el verdadero Israel de Dios desde Adán.

¿Por qué es que Dios utiliza este sistema complicado cuando podría haber erradicado el pecado y al diablo instantáneamente? Porque Dios quería mostrar a todo el universo su justicia y su misericordia en su trato con el pecado y la rebelión. Cristo murió, y ahora sirve como sumo sacerdote en el santuario celestial, para erradicar el pecado, salvar a la humanidad, y castigar al diablo de una manera ordenada que no deje dudas en las mentes del universo espectador. Este podrá ver la misericordia de Dios en la forma en que perdona nuestros pecados y su justicia en el hecho de que finalmente los coloca sobre el instigador de toda maldad.

¿Qué tiene que ver con nosotros esta purificación del santuario?

Tiene mucho que ver, porque en el Día de la Expiación el santuario no era lo único que era purificado. "En este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová" (Levítico 16:30). Las personas también eran purificadas. Como el santuario, las personas son limpiadas de "todos" sus pecados.

¿Cuáles son los elementos que, además de la cruz, Dios utilizará para "manifestar su sabiduría" a los "principados y potestades en los lugares celestiales"? El juicio, que es también el Día de la Expiación, es uno de éstos; y el pueblo que obedece su ley, que lleva frutos, que son limpios de pecado, es otro.

¡En el Día de la Expiación, estos dos elementos se cumplen! Si una persona, al llevar mucho fruto, trae gloria a Dios, imagine cómo será cuando todo el pueblo lo hace. De hecho, el Día de la Expiación era la culminación, un símbolo anual de lo que Dios desea en realidad: un santuario celestial limpio de pecado, y un pueblo sobre la tierra limpio de pecado, todo esto ante la observación del universo.

La conexión entre el juicio y un pueblo limpio y santo se encuentra en otras partes. En Malaquías 3 vemos el juicio: "Y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis". "Y vendré a vosotros para juicio" (versículos 1, 5). En el primer versículo se percibe movimiento, Dios va a su templo. En las escenas de juicio de Daniel 7, también vemos a Dios en movimiento. ("Fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días". "He aquí... que venía uno como un hijo de hombre". "Vino el Anciano de días".) Malaquías se refiere a este juicio.

Sin embargo, en medio de este juicio, ¿qué sucede con el pueblo de Dios? "El es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata" (versículos 2-3).

¿Qué hará Dios con su pueblo mientras transcurra el juicio? Los estará purificando, purgando, limpiándolos (con jabón de lavadores). En el mensaje a Laodicea, la iglesia que vive durante el juicio, el Señor utiliza las mismas imágenes que Malaquías. "Yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego" (Apocalipsis 3:18).

Aquí, al igual que en Levítico 16, se relaciona el juicio con la purificación y la limpieza del pueblo de Dios. ¡El pueblo de Dios será purificado durante el juicio!

Note el versículo que precede a Malaquías 3. "Habéis hecho cansar a Jehová con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le hemos cansado? En que decís: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de justicia?" (Malaquías 2:17).

Observe los conceptos presentados: el desarrollo del carácter ("Cualquiera que hace mal agrada a Jehová") y el juicio ("¿Dónde está el Dios de justicia?"). Las personas dicen que no importa si usted hace maldad, Dios se deleita en usted de todas formas. Y entonces dudan de la idea de un juicio.

No es una coincidencia que aquellos que desdeñan la obediencia también desdeñen el juicio, porque la obediencia y el juicio están inseparablemente unidos. Y este asunto es precisamente lo que enfrentamos hoy. Aquellos que dudan sobre la importancia de la obediencia, que dicen que Dios se deleita en nosotros a pesar de nuestro pecado, son los mismos que dudan de la existencia del juicio investigador. Disminuya la importancia de la obediencia, e inevitablemente disminuirá la importancia del juicio.

Y sin embargo, ¿cuál es la respuesta de Dios a estas actitudes? Comienza con los primeros versículos de Malaquías 3, donde el Señor habla acerca de un juicio y del carácter refinado y purificado que su pueblo manifestará en ese juicio.

En fin de cuentas, ¿cuál es el mensaje del primer ángel? "Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado" (Apocalipsis 14:7). Note que una parte del mensaje del tercer ángel describe el carácter del pueblo de Dios durante el juicio. "Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús" (Apocalipsis 14:12).

Observe cuáles son los elementos. Se nos pide que demos gloria a Dios. ¿Cómo glorificamos a Dios? Por medio de la obediencia, produciendo frutos, permitiéndole que nos limpie. ¿Será una coincidencia, entonces, que su pueblo sea descrito como aquellos que "guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús"? De ninguna forma. ¡Qué mejor manera de glorificar a Dios que obedeciendo sus mandamientos y teniendo la fe de Jesús!

También vimos que el juicio da gloria a Dios a él se le juzga y glorifica de acuerdo a cómo él nos juzga a nosotros, y el juicio es parte de este mensaje también. "La hora de su juicio es venida".

Aquí, tal como vimos en Levítico y Malaquías, se encuentra el concepto del juicio relacionado con un pueblo obediente.

Así que el meollo del juicio investigador, en lo que se relaciona con nosotros, es que durante su juicio, Dios preparará a un pueblo limpio de "todo pecado", un pueblo "refinado" como "oro y plata", un pueblo que "guarda los mandamientos de Dios".

De hecho, ese mismo capítulo de Apocalipsis habla nuevamente sobre la condición del pueblo de Dios en el fin. "Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura" (versículo 15).

Al pueblo de Dios se lo describe como maduro.

¿Cómo se describe a los impíos? "Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras" (versículo 18). Entonces dice que estas uvas serán echadas "en el gran lagar de la ira de Dios" (versículo 19).

Aquí se describe a los impíos como maduros.

Observe el contraste. Dios tendrá un pueblo obediente a su ley, un pueblo refinado, purificado y limpio: un pueblo maduro. Cuando Cristo concluya su mediación en el cielo, su Espíritu será quitado de la tierra, y excepto por su remanente pequeño y obediente, Satanás tendrá un control irrestricto sobre el resto del mundo. No es de extrañarse, entonces, que el pueblo de Satanás esté "maduro".

Este maduramiento ocurre poco antes de la segunda venida, donde la separación entre los convertidos y los no convertidos produce este contraste notable entre la santidad madura y la maldad madura. En medio de la deslealtad mundial, Jesús tendrá un pueblo que "guarda los mandamientos de Dios" mientras el universo, en una escala mayor que nunca antes, verá el contraste entre la obediencia y la desobediencia.

Dios está buscando refinar y purificar a un pueblo para que guarde los mandamientos, a un pueblo que pueda estar de pie en el día del juicio. El juicio, por lo tanto, es un llamado crucial a la santificación. Es la hora de perfeccionar "la santidad en el temor de Dios" (2 Corintios 7:1). Tal como el día simbólico de la expiación era un momento especial de análisis, arrepentimiento y preparación, cuánto más lo es el verdadero Día de la Expiación en el cual hemos estado viviendo desde 1844. Al igual que en el día de juicio terrenal, Dios busca limpiarnos de todo pecado. ¡El juicio es importante en nuestras vidas, porque Dios desea prepararnos para que salgamos victoriosos en él!

Jesús dijo que se espera mucho de quien mucho ha recibido, ¿y a quiénes se les ha dado más que a los adventistas? Con nuestro entendimiento sobre el gran conflicto, el Calvario, la ley, la historia sagrada, la dieta, la salud, la mente, la educación, etc., ¿qué más podría hacer Jesús para prepararnos para nuestro encuentro con él? Debiéramos permitir que Jesús nos haga los cristianos más maduros sobre la tierra.

Sin embargo, el pueblo "maduro" de Dios no se salva porque "guardan los mandamientos de Dios", sino porque tienen la "fe de Jesús". Estar de pie en el juicio no tiene nada que ver con legalismo, que es una salvación por las obras. Aquellos que viven en este tiempo se salvan en base a lo mismo que salvó al ladrón en la cruz: la justicia de Jesús para ellos, en lugar de ellos, imputada a ellos. Cuando sus nombres surjan durante el juicio, Dios ofrecerá su sangre y su justicia en su lugar. ¡El desarrollo del carácter, cuando se lo entiende en el contexto de glorificar a Dios, no es legalismo!

Sin embargo, por medio del poder del Espíritu Santo que mora en el corazón, Dios tendrá a un pueblo que estará dispuesto a morir con tal de no quebrantar la ley. Jesús promete poder para vencer cualquier pecado, y podemos reclamar ese poder y obtener la victoria por medio de Cristo ahora mismo.

La obediencia, la santidad, la santificación: éstas son las invitaciones que nos hace el juicio, y si no las anunciamos, Dios utilizará a otras personas que estén dispuestas a hacerlo.

Dos cosas ocurrirán simultáneamente, aunque estemos o no involucrados como pueblo. En el cielo, Dios habrá concluido el juicio, purificado el santuario, limpiado el pecado de su pueblo: todo ante el universo como testigo, cuyos integrantes claman: "Justos y verdaderos son tus caminos, oh Señor". Al mismo tiempo, sobre la tierra, Dios será glorificado por el desarrollo del carácter y la obediencia de su pueblo, quienes, a pesar de la apostasía y deslealtad mundial, guardan sus mandamientos.

Habrá un santuario purificado en el cielo y un pueblo purificado en la tierra, y el pecado finalmente recaerá sobre aquel que lo comenzó. En el cielo y en la tierra, debido a la obra de Dios en ambas esferas, sus caminos desplegados ante "los principados y potestades en los lugares celestiales" se verán como justos, perfectos y verdaderos.

¿Cuál es la esencia del juicio y su importancia para nuestras vidas hoy? De la misma forma en que Dios borra nuestros pecados que han sido registrados en el cielo, nosotros debemos amar a Jesús lo suficiente como para permitir que él borre nuestro pecado aquí en la tierra, de forma que él pueda ser glorificado ante todo el universo.

He aquí nuestro llamado. He aquí la verdad presente. Y he aquí la importancia del juicio para nuestras vidas hoy.

 

Continúa...

 
 

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Cortesía de: RECURSOS ESCUELA SABÁTICA

Rolando D. Chuquimia – rdchuquimia@ciudad.com.ar

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