|
El propósito del siguiente estudio es descubrir lo que enseña
el libro de Apocalipsis con respecto al Santuario-templo del cielo,
a su estructura y el ministerio de Cristo en ese lugar.
El Santuario-templo
celestial
Esta sección de nuestro estudio se dividirá en dos partes. El
Tabernáculo (skene) celestial, y el Santuario (naós)
celestial.
El
Tabernáculo (skene) celestial
El vocablo skene (tabernáculo) aparece veinte veces en el
NT. (1) Involucra tres ideas fundamentales: La morada
escatológica con Cristo (Mar. 9:5), La comunidad de los creyentes
(Hech. 7:48-51; 15:15,16), y el lugar donde Cristo intercede con su
sangre (Apoc. y Heb. 8:1; 9:12,15). (2) En las tres
referencias que existen en el Apocalipsis, Juan afirma la existencia
de un tabernáculo en el cielo (Apoc. 13:6), (3) identifica al
tabernáculo del testimonio con el templo (naós, Apoc. 15:5),
y con el lugar de la reunión final de Dios y el hombre (Apoc.
21:3).
El Templo (naós) celestial.
En el libro de Apocalipsis hay catorce referencias al templo. Estos
textos utilizan las siguientes denominaciones para referirse al
Templo: Templo, (6) Templo de Dios, (7) el Templo que
está en el cielo (Apoc. 14:17) y el Templo del tabernáculo del
testimonio (Apoc. 15:5). Naós es el vocablo griego que se
emplea en todos estos pasajes.
1.
El significado y el uso de la voz “naós” en el Nuevo
Testamento.
El idioma griego tiene cuatro palabras para referirse al templo:
Témenos, ierón, ta hagía, y naós. El vocablo témenos se
refiere al recinto sagrado y no se utiliza en el Nuevo Testamento.
(8) ierón, se utiliza cuando se hace referencia a todo
el complejo del templo (9) incluyendo la colina del templo
(Mat. 21:14,15), y el atrio de las mujeres (Luc. 2:37; Mar. 12:41-
44), el atrio interior (Luc.18:10,11,24,53), el altar y el propio
templo. (10) ta hagía, se usa como referencia a todo
el tabernáculo, incluyendo el muro (Heb. 8:2), (11) aunque a
veces a esta expresión se la tradujo insuficientemente como “lugar
santo”. (12)
Naós
viene del verbo nato, que significa “morar”, y es el mismo
lugar en el que habita Dios, donde se encuentra con el hombre.
(13) En el NT se la utiliza para referirse al lugar santo
(Luc. 1:9,21,22) y al santísimo (Mat. 27:51; Mar. 15:38; Luc.
23:45). Hay frecuentes referencias a Cristo enseñando en el templo
(ierón, Mat. 26:55; Luc. 21:37; Juan 8:20), pero no hay una
sola referencia a Cristo entrando al naós (templo). Esto nos
recuerda que sólo los sacerdotes tenían derecho de entrar en los
lugares Santo y santísimo. El NT también presenta casos en
que la palabra naós (templo) se usa en un sentido metafórico.
En estos casos, a la comunidad cristiana se la llama templo (naós)
de Dios” (1 Cor. 3:16; 6:19; 2 Cor. 6:16).
El lugar santísimo era el sitio especial del santuario donde Dios se
encontraba con el hombre, y el NT utiliza el vocablo templo
para designar este lugar. Aunque a veces se la usa para referirse al
lugar Santo y a la iglesia, especialmente se enfatiza la realidad
del encuentro de Dios con el hombre.
2. Apocalipsis enseña la existencia de un Templo en el cielo.
La existencia del Santuario celestial aparece claramente revelada en
los textos relacionados con el juicio. Esta idea se presenta en once
versículos, en tres secciones de este libro. En la sección de las
trompetas, (14) (Apoc. 11:1,2) se refiere a las medidas del
templo; en la sección de la agresión de las fuerzas del mal (Apoc.
14:15,17) se refiere al tiempo de la cosecha. Finalmente, en la
sección de las plagas punitivas se anuncia: 1) la apertura del
templo (Apoc. 15:5); 2) la salida de los siete ángeles del templo
con las siete plagas (Apoc. 15:6); 3) se llena el templo con la
gloria de Dios (Apoc. 15:8); y 4) la gran voz que sale del templo
ordena el derramamiento de las plagas (Apoc. 16:1), y proclama:
“Hecho está” (Apoc. 16:17).
Después de la sexta trompeta, aparece enseguida Apocalipsis 11:1,2 y
su contenido tiene dos partes: en la primera hay una orden para
medir el templo, y en la segunda se ordena no medirlo.
La orden positiva:
“Entonces
me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dije:
Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran
en él”.
La orden negativa.
“Pero
el patio que estaba fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas,
porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad
Santa cuarenta y dos meses
La orden positiva es que se mida (métresen) el altar, (15)
el templo y los adoradores (toús proskúnountas én autó).
El vocablo metréo, medir, cuando se aplica a las personas,
tiene el significado de “evaluar”, “juzgar” (Mat. 7:2; Mar. 4:24;
Luc. 6:38).(16) Los pasajes que caracterizan este uso se
refieren a “la labor judicial de Dios en el Juicio Final y el don de
la gracia que se nos otorgó”. (17) Cuando se aplica al templo
tiene el sentido de “preservar”. (18)
La medición del templo es un mensaje de preservación.
Este es el significado de la medición de Jerusalén en Zacarías
2:2-13, donde el Señor habla acerca de que Jerusalén sería
nuevamente habitada, seria objeto del interés de Dios, el lugar de
la morada del Señor y nuevamente elegida por Él. La misma idea se
presenta en la medición del templo en Ezequiel 40:3. Ambos pasajes
influyeren en la escritura de Juan.
¿En qué sentido el templo de Dios debía ser preservado al fin
de la sexta trompeta? Su preservación significa el gran interés de
Dios en él, por la actividad especial que el Señor desarrolla en su
templo. Esto debe referirse al Santuario celestial, porque ocurre
después de la sexta trompeta, cuando el templo de Jerusalén ya no
existe.
O. Michel (19) dice que en el caso de Apocalipsis 11:1,2
debemos pensar en el marco del templo terrenal en Jerusalén. Pero él
refuta su propio argumente cuando, al hablar contra las ideas de J.
Behm -que sostiene que Apocalipsis 11:1,2 se refiere al templo
espiritual y a la comunidad de los cristianos-, (20) dice:
“En una tradición apocalíptica diferente, el Apocalipsis supone
la existencia de un templo celestial, aunque apartándose de la
primitiva metáfora cristiana de que el templo es la unidad del nuevo
pacto”. (21) Es a este Santuario celestial y literal al que
se refiere Apocalipsis 11:1,2.
La orden negativa que el poderoso Ángel, Jesucristo, (22) le
da a Juan es: “Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte,
y no la midas” (Apoc. 11:2). El atrio del templo estaba fuera de los
lugares santo y santísimo donde se realizaban los sacrificios (Lev.
1:3,11,17; 2:8; 1 Rey. 8:64). Apocalipsis 11:1 dice que Cristo
tenia que realizar Un ministerio en el templo (naós) y en
el lugar donde estaba ubicado el altar. (23) En el Santuario
celestial no hay atrio porque allí no se realizan sacrificios.
Cristo nos ofreció el sacrificio de su propia vida en el Calvario.
Puesto que el sacrificio expiatorio ya fue ofrecido, la obra de
Cristo ya no debiera concentrarse en el atrio. El servicio anual del
día de la expiación atraía la atención de todos hacia el lugar santo
y especialmente al santísimo. Ya que lo mismo ocurre después de la
sexta trompeta, el atrio debía ser excluido y la orden de no medirlo
era correcta.
Las ordenes positivas y negativas de Cristo a Juan en Apocalipsis
11:1,2 señalan hacia la obra de juicio que el Señor está por
comenzar en el Santuario celestial. En este templo, el juicio
comienza (Apoc. 11:1,2), se efectúa (Apoc. 15:5-16:1) y concluye
(Apoc. 14:15-17).
3. El vocablo “naós” se utiliza en Apocalipsis para significar la
comunidad divina.
Dos de los 17 versículos que contienen el vocablo templo (naós),
obviamente están dentro del marco del uso metafórico de la
palabra. Estos versículos son Apocalipsis 3:12; 21:22.
El primero, Apocalipsis 3:12, enseña la unidad de Dios y el hombre.
Esta es la primera vez que a palabra templo aparece en el
Apocalipsis y se incluye como una promesa a la iglesia de
Filadelfia.
Este versículo tiene una idea principal con una cuádruple
explicación, y cada una de ellas comienza con la conjunción kaí
(y).
La idea principal:
“Al que venciere, yo le haré columna (stúlon) en el templo
(naós) de mi Dios”.
La explicación:
“Y (kaí) nunca más saldrá de allí; y (kaí) escribiré
sobre él el nombre de mi Dios, y (kaí) el nombre de la ciudad
de mi Dios y (kaí) mi nombre nuevo”.
La columna es una metáfora ampliamente utilizada en el Antiguo
Testamento. (24) Tiene un significado
arquitectónico y cosmológico. (25) También se la utiliza como
un signo prominente de la presencia directriz de Dios entre los
hombres. (26) En el NT esta presencia de Dios entre su
pueblo llega a ser una realidad en la iglesia (1Tim. 3:15). (27)
La iglesia es la manifestación terrenal de la comunidad divina.
Así como Juan explica la idea de la columna en el templo de Dios,
encontramos un creciente énfasis en la unidad del cristiano
victorioso con Cristo y Dios. La frase “nunca más saldrá de allí”
implica la idea de que el hombre se ha alejado de la presencia
inmediata de Dios, pero esta condición culminará, y la separación
entre Dios y el hombre ya no existirá más. El hecho de que Cristo
escriba “sobre él el nombre de mi Dios”, significa que él tiene
acceso a la vida y a la naturaleza divina. (28) Recibir “el
nombre de la ciudad de mi Dios” le otorga derecho a participar en la
presencia de Dios. (29) Y el acto de escribir el nuevo nombre
de Cristo en él significa su unidad con Cristo. (30) Esta
unidad con Dios se manifiesta en el desarrollo de un carácter
semejante a Cristo.
En segundo lugar, Apocalipsis 21:22 muestra que no hay nada entre
Dios y el hombre.
Este versículo se encuentra en la sección del libro que habla acerca
de la iglesia triunfante (Apoc. 21:5-22:5), y es parte de la
descripción de la nueva Jerusalén. Dice: “Y no vi en ella templo,
porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el
Cordero”. (31)
Según H. Wenschkewitz el hecho de que Dios mismo se presente como el
templo de la nueva Jerusalén “significa que las representaciones
imperfectas de la presencia de Dios en el templo son reemplazadas
por Dios y el Cordero en persona, de tal modo que sea posible una
relación irrestricta con Dios”. (32)
La unión del hombre con Dios aparece junto con la unidad entre Dios
el Padre, llamado “el Señor Dios Todopoderoso”, y Dios el Hijo o “el
Cordero”, a ellos se los presenta como “siendo uno”, (33)
porque ambos “son el templo”. Con la presencia de ellos, la ciudad
no necesita templo ni luz; la relación que mantienen con el pueblo
es personal y directa. La gloria de Dios (Dóxa toú Théou)
ilumina la ciudad (ephotisen), y el Cordero es su lumbrera
(luchnós, Apoc. 21:23). Aunque la lumbrera siempre necesita del
suministro del aceite, (34) el Cordero es el phoster,
el dador de la luz, de la ciudad (Apoc. 21:11). De este modo, la
ciudad tiene dos fuentes de luz. La gloria de Dios y la del Cordero.
Pero, en relación con el pueblo, la dóxa de Dios y el
phoster, que es el Cordero, se combinan en una sola luz (photos).
Juan dice: “Y las naciones que hubieran sido salvas andarán a la
luz” de la ciudad (Apoc. 21:24).
Los salvados, Dios, y el Cordero andarán juntos. En el templo
terrenal, la presencia de Dios se evidenciaba mediante la luz en la
Shekinah, pero allí, y por causa del pecado, había un velo
que se interponía entre Dios y el hombre. Cuando los salvados se
encuentren en la Nueva Jerusalén, el pecado será quitado totalmente
y la unidad del hombre con Dios será completa. Hacia este objetivo
se orientan todos los servicios del templo, y éste era el propósito
el sacrificio expiatorio de Cristo.
La palabra “naós” utilizada en Apocalipsis para significar Lugar
Santísimo.
Hemos considerado dos pasajes en los que Juan emplea el vocablo
naós (templo) metafóricamente, pero éste no es el uso general de
la palabra. Consideraremos ahora los pasajes que señalan un
significado particular.
Primero, Apocalipsis 7:15 indica que “naós” (Templo) y el trono de
Dios son el mismo lugar.
Ante el trono, en la presencia de Dios (Apoc. 7:10), están todos los
ángeles, los ancianos y los cuatro seres vivientes (Apoc. 7:11), la
gran multitud vestida con ropas blancas (Apoc. 7:9), los 144.000
(Apoc. 14:1-3; 15:2-4). Con respecto a estos 144.000, Juan dice:
“Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche
en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su
tabernáculo sobre ellos” (Apoc. 7:15).
En este versículo hay dos ideas que igualan naós (templo) con
el Lugar Santísimo. La primera, los 144.000 sirven delante del trono
de Dios en su templo. La segunda, Dios está sentado sobre su trono y
mora entre ellos. El sitio donde Dios mora en el santuario es el
Lugar Santísimo.
Esta sección comienza en Apocalipsis 4:1, diciendo: “Después
de esto miré y he aquí una puerta abierta”. El siguiente versículo
dice: “Y he aquí, un trono establecido en el cielo y en el trono uno
sentado”. Según Helmut Traub, “aquí cielo es un templo en el que se
ha abierto la puerta (Apoc. 4:1; cf. 8:1; 11:19; 12:10;
19:1)”. (35) La apertura del templo posibilita que Juan vea
el trono de Dios. Esta apertura de la puerta está vinculada con la
apertura del Santuario mencionada en Apocalipsis 11:19, (36)
que ocurre al principio de la obra del juicio; esta labor es
tradicionalmente denominada en la teología adventista “el juicio
investigador”, y se refiere a la entrada de Cristo en el Lugar
Santísimo. Concluyó una parte del ministerio de Cristo en el cielo,
para comenzar su labor intercesora, esta vez en el Lugar Santo.
(37)
Apocalipsis 4:5 dice que había siete lámparas, “delante (enopion)
del trono”. El adverbio enopion (delante), establece la
ubicación del lugar - “inmediatamente antes” (38) del trono.
Era en el “primer compartimiento”, el lugar Santo, donde estaban
ubicadas las siete lámparas. (39) Si el Lugar Santo es el
compartimiento cercano al trono, entonces es evidente que cualquier
trono descrito en el templo, está ubicado en el Lugar Santo. En
Apocalipsis este lugar se denomina naós (templo).
Según Apocalipsis 7:15, se ubica el trono de Dios en el Santuario
celestial, y se lo describe como formando parte del naós
(templo). En este lugar se lleva a cabo el juicio investigador; y
ese sitio precede inmediatamente al Lugar Santo. Se le refiere corno
el lugar de habitación de Dios en el Santuario; por lo tanto, es el
Lugar Santísimo.
En segundo lugar, Apocalipsis 11: 19 dice que “naós”
(templo) es el lugar donde está ubicada el arca.
Luego de la séptima trompeta, que concluye con el anuncio de la ira
venidera (Apoc. 11:18) -es decir, las siete plagas-, Juan comienza
una nueva serie de visiones referentes a la agresión de las fuerzas
malignas. Estas comienzan en el momento en que se inicia el juicio
investigador. El autor dice: “Y el templo de Dios fue abierto en el
cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo” (vers. 19). El
arca está ubicada en el Santuario de Dios (en to nao autou).
La voz naós (templo) equivale a Lugar Santísimo, porque el
“arca de su pacto” estaba ubicada en este lugar (Heb. 9:3,4).
El tercer lugar, según Apocalipsis 15:5-8, “naós”
(templo) es el tabernáculo del testimonio.
En este texto hay dos elementos que señalan a naós corno
significando el Lugar Santísimo. 1) naós es el
tabernáculo del testimonio y, 2) es el lugar donde se manifiesta la
gloria de Dios.
En relación con el primer elemento, dice: “He aquí fue
abierto en el cielo el templo del tabernáculo del testimonio” (Apoc.
15:5). En Números 17:4,7, el tabernáculo del testimonio es el Lugar
Santísimo. Apocalipsis 15:5 dice hó naós tés skénes toú marturion
(el templo del tabernáculo del testimonio). La frase “el
tabernáculo del testimonio” es un genitivo en aposición. Cuando un
genitivo está en caso nominativo, designa a un objeto en un sentido
general, y el genitivo, en aposición a él, designa al mismo objeto
en un sentido individual y particular. (40) Por lo tanto,
podríamos traducir esta frase como el templo “que es” (41) el
tabernáculo del testimonio. Esto es lo mismo que decir “el templo
que es el Lugar Santísimo”.
En relación con el segundo elemento del texto, Juan nos
informa que el templo estaba lleno “de la gloria de Dios” (Apoc.
15:8). Aunque a veces la gloria de Dios estaba presente tanto el
Lugar Santo como en el Lugar Santísimo, y regularmente se
manifestaba a través de la Shekinah en el Lugar santísimo
(Apoc. 16:2; Éxo. 25:22).
En cuarto lugar, Apocalipsis 11:1,2 tiene
“naós” (templo) como una de las tres partes del
tabernáculo.
Basados en que la palabra naós (templo) en Apocalipsis se
refiere al Lugar Santísimo cuando no se utiliza como una metáfora
para representar a la comunidad de los creyentes, podemos entender
muy claramente la distinción que se presenta en estos dos
versículos. Juan recibe la orden de medir el templo y el altar, pero
no el atrio “que está fuera del templo” (Apoc.11:2). Aquí tenemos
las tres partes del templo - el aule (el atrio), el
thusiasterion (el altar, equivalente al Lugar Santo), y el
naós (templo, o Lugar Santísimo).
En resumen, el libro de Apocalipsis enseña la existencia de un
templo en el cielo, utiliza el vocablo naós (templo) en dos
ocasiones en un sentido metafórico para referirse a la comunidad
cristiana (Apoc. 3:12; 21:22), y en las otras referencias a naós
(templo) este libro lo iguala con el Lugar Santísimo.
Estos hechos indican que la teología del santuario sustentada por
los adventistas del séptimo día tiene un fundamento bíblico.
Estas evidencias demuestran que la experiencia cristiana
personal, así como la unidad de la iglesia como un todo, está
relacionada con la obra que Cristo está realizando en el
Santuario-templo celestial, particularmente la que se realiza en el
Lugar Santísimo.
La
estructura del Santuario-templo
La estructura del Santuario-templo, como se refleja en el Libro de
Apocalipsis, tiene tres partes: el atrio, el Lugar Santo y el Lugar
Santísimo.
El atrio (aule)
Existe solo una referencia al atrio en todo el libro (Apoc. 11:1,2).
Se encuentra en una visión entre la sexta y la séptima trompeta.
Detrás de la metáfora de la medición, Dios le está hablando a Juan
de la existencia del templo en el cielo y de la importantísima labor
que se realiza en la obra de Cristo -específicamente en la medición
de los adoradores, que es el juicio y la preservación del templo y
del altar. Pero al atrio (aule) debía dejarlo de lado, porque
Cristo no está realizando ninguna actividad en ese lugar (Apoc.
11:1,2).
El Lugar Santo (thusiasterion)
En el Apocalipsis hay seis referencias a las partes del Lugar Santo.
Todas se ubican en la porción histórica del libro.
La primera referencia es con respecto a los siete candelabros (Apoc.
1:12,13). Aunque el símbolo se extrae del Templo, el candelabro
representa a las siete iglesias (Apoc. 1:11,18-20), describe la obra
continua y permanente de la iglesia de iluminar al mundo, y se
refiere a la constante mediación de Cristo en favor de ella mientras
el Señor camina en medio de los candelabros.
En la segunda ocasión se refiere a la aparición sumo sacerdotal de
Cristo (Apoc. 1:12,13). El nombre de Cristo en este lugar y la
descripción de su vestimenta señalan hacia su obra como Sumo
Sacerdote. La designación Hijo del hombre se fundamenta en el Hijo
de Hombre de Daniel (Dan. 7:13), el rey mesiánico, (42) y
presenta a Cristo en su actividad como juez. (43) E1 sumo
sacerdote del santuario terrenal realizaba esa misma actividad en el
Día de la Expiación. El Hijo del Hombre está vestido con un largo
manto (poderes) y ceñido por el pecho con un cinto de oro
puro. Tanto el largo como el cinto formaban parte de la vestimenta
sumo sacerdotal. (44)
Las últimas cuatro referencias a las cosas que están en el Lugar
Santo involucran la referencia a las siete lámparas (Apoc. 4:5), el
altar de oro (thusiasterion, Apoc. 8:3,5; 11: 1; 4:18; 16:7),
el humo del incienso (Apoc. 8:4), el incensario lleno con el fuego
del altar (Apoc. 8:5).
EI Lugar Santísimo (naós)
El libro de Apocalipsis cuando se refiere al Lugar Santísimo emplea
el vocablo naós (templo), y le asigna la presencia del arca
del pacto (Apoc. 11:19) y el trono de Dios (45) (Apoc. 7:15;
6:17; cf. 5:1,13; 6:16; 7:8,10; 12:5; 14:3,5; 9:4, 5; 20:11;
21:5; 22:3).
EI
ministerio de Cristo en el santuario-templo celestial
De acuerdo con la estructura del Santuario-templo presentada en el
libro de Apocalipsis, el ministerio de Cristo en él se relaciona con
el candelabro, con el altar de oro en el Lugar Santo, con el arca
del pacto y con el trono de Dios en el Lugar Santísimo. Por lo
tanto, primero consideraremos el ministerio de Cristo en el Lugar
ante y luego su ministerio en el Lugar Santísimo.
EI
Ministerio de Cristo en el Lugar Santo
Al tratar este tema consideraremos tres textos importantes: el
Cordero-sacerdote, su ministerio en medio de las siete lámparas, y
el significado de su ministerio en el altar de oro.
1. El Cordero-sacerdote.
En el Nuevo Testamento, fuera el Apocalipsis, la palabra
cordero (amnós) se utiliza en cuatro ocasiones (Juan 1:29,36;
Hech. 8:32; 1 Ped. 1:19). Siempre se aplica a Cristo para describir
al que sufre inocentemente y muere vicariamente para expiar el
pecado del hombre. Este poder expiatorio encuentra su referencia en
la figura del cordero. (46)
La cristología del Apocalipsis47 demuestra que Cristo es el tema
central del libro. (48) Entre los títulos, los nombres, y las
figuras empleadas por Juan para identificar a Cristo, la más
importante es la figura del Cordero. (49) Aparece 28 veces
para describir a Cristo. (50) El Cordero (arnión),
describe a Cristo como Redentor (Apoc. 7:10; 21:27; 13:8; 14:4),(51)
como Juez (Apoc. 6:16; 15:3; 19:11),(52) como Rey (Apoc.
17:14; 5:13; 7:17; 22:1,3). (53) y como Sacerdote (Apoc. 5:6,
9,12; 7:14; 12:11).
La figura del Cordero-sacerdote une en sí misma a la victima
sacrificial y al sacerdote que la ofrece.(54) Esto puede ser
así porque en Apocalipsis el Cordero sacrificial, que lleva las
marcas de la inmolación (Apoc. 5:6,9,12; 13:8), y que derrama su
sangre en expiación por el pecado (Apoc. 5:9; 7:14; 12:11), ha
“vencido” (Apoc. 5:5) con una “victoria final e ilimitada”. (55)
De este modo, es una victima viviente que se ofrece adelante de Dios
(56) en beneficio de los pecadores arrepentidos. En él se
unen el sacerdote y también la victima.
Cristo ministra “con su sangre”. (57) Él murió y llegó a ser
“el primogénito de los muertos” (Apoc. 1:5): el que vive por “los
siglos de los siglos” (Apoc. 1:18). Él tiene gloria y dominio (Apoc.
1:6), es el Alfa y la Omega (Apoc. 1:8). Al igual que Dios el Padre
(Apoc. 1:8), Él es el Todopoderoso que es, que era, y que ha de
venir (Apoc. 1:8). Cristo cumplió totalmente su misión en la tierra,
y sobre esta base está sentado sobre el trono (Apoc. 3:21) y recibió
peder para actuar (58) como Mediador y Sumo Sacerdote.
(59) La sessio Christi aparece al principio del
Apocalipsis porque el contenido de todo el libro se relacionará con
el ministerio de Cristo en el Santuario celestial.
2. Las siete lámparas.
El candelabro de siete brazos con sus siete lámparas estaba ubicado
en el sector sur del lugar santo (Éxo. 25:31-40; 37:23; 40:24).
Aunque no haya absoluta certeza de que las siete lámparas del
Apocalipsis puedan equivaler a este candelabro de siete brazos del
templo, su uso simbólico bien puede inspirarse en él. En Apocalipsis
hay dos referencias a las siete lámparas en relación con el
ministerio de Cristo: Apocalipsis 1:2,13 y 4:5.
Apocalipsis 1:12,13, afirma que Cristo sustenta a su iglesia.
De tal modo que su pueblo pueda desarrollar una vida ordenada y
devocional, a fin de mantener su luz encendida ante el mundo.
(60) Esto es parte de a obra de Cristo en la casa del Señor y en
su templo.
Apocalipsis 4:5 describe la continua obra del Espíritu de Dios.
Los capítulos 4 y 5 describen el ingreso de Cristo, como Cordero y
Sacerdote, en el Lugar Santísimo, y el inicio de la obra del juicio.
En este momento, hay una referencia a las siete lámparas que están
en el Lugar Santo. El texto dice que “ardían” (kaiomenai). El
verbo kaio, utilizado aquí en el participio presente pasivo,
denota que se hizo que ardieran y que se causará que continuaran
ardiendo.(61) La obra de Cristo en el Lugar Santo es la causa
de que las lámparas ardan hasta este momento, y desde ahora en más,
esta obra en el Lugar Santísimo es la que ocasiona que las lámparas
continúen ardiendo. Las siete lámparas son los siete espíritus de
Dios -el ministerio perfecto del Espíritu Santo (Apoc. 4:6). El Sumo
sacerdote e Hijo del hombre (Apoc.1:13) es el Sustentador (ho
echon) del Espíritu (Apoc. 3:1) y el que lo envía a toda la
tierra (Apoc. 5:6).
Esta obra sumo sacerdotal de Cristo se refleja en la promesa que se
comunica al vencedor en el mensaje a la iglesia de Sardis. El
cristiano victorioso recibirá ropas blancas, (Apoc. 3:5) que
representan la justicia (Apoc. 19:8). Su nombre permanecerá en el
libro de la vida (Apoc. 3:5) del Cordero y Sacerdote (Apoc. 21:27),
y Cristo confesará su nombre delante del Padre (Apoc. 3:5).
En resumen, el ministerio de Cristo, en relación con las siete
lámparas, parece ser una constante actividad sustentadora de la
iglesia, un permanente envió del Espíritu Santo a los creyentes y
una confesión del nombre del creyente delante del Padre, para que
éste pueda tener acceso permanente a su gracia.
El altar de oro.
Hay sólo una referencia en el libro de Apocalipsis que describe el
ministerio de Cristo en el altar de oro del Lugar Santo. Es
Apocalipsis 8:3-5.
Siete ángeles recibieron las siete trompetas (Apoc. 8:2). Entonces
otro ángel aparece con un incensario de oro y se para ante el altar,
“y se le dio (edothe) mucho incienso” (Apoc. 8:3). La voz
pasiva del verbo dídomi (dar) indica que alguien le entrega
el incensario al ángel. Sin duda era Cristo. Hay otro detalle
importante en este verbo que no podemos pasar por alto: el aoristo,
que señala una acción puntual. Esto significa que no era una
práctica usual de Cristo dar el incensario a un asistente, pues él
mismo generalmente lo ofrecía delante del Padre.
La única forma en que el cristiano accede a Dios es mediante la
oración. Sin embargo, aun por este medio, no puede presentarse
delante de Dios en su condición pecaminosa. Él es injusto; está
contaminado por el pecado; es imperfecto y no tiene mérito en sí
mismo. Puede orar, pero su oración tampoco tendrá mérito, será
imperfecta, contaminada e injusta. Por lo tanto, no podrá acceder a
Dios, a menos que el ministerio de Cristo en el Santuario celestial
le abra el camino. Esto se logra cuando el Señor añade “el humo del
incienso” a “las oraciones de los santos”. De este modo, las
oraciones suben a la “presencia de Dios” (Apoc. 8:4).
La intercesión de Cristo ante el altar de oro abre el camino para
que el hombre llegue a la presencia de Dios. Por medio del perdón,
se quita el pecado de él, y el humo del incienso aparece delante de
Dios en lugar de sus pecados. Este incienso representa los méritos
de Cristo y la justicia que el hombre de fe recibe. De este modo, el
pecador alcanza la justificación y llega a ser acepto delante de
Dios. Sus oraciones sustentan su comunión con Dios. La comunión con
la divinidad comienza y se mantiene por la fe y la
oración del hombre, y por la constante intersección que Cristo
realiza en su beneficio.
La teología adventista del séptimo día ha enseñado que el ministerio
de Cristo en el Lugar Santo del Santuario celestial comenzó con la
ascensión del Señor. Esto armoniza con la descripción que se
encuentra en Apocalipsis y que muestra a Cristo como primogénito de
los muertos, ministrando luego de su entronización en medio de los
siete candelabros y ante el altar de oro.
Además, la iglesia adventista del séptimo día enseña que, como
sacerdote en la ministración diana, Cristo presentó ante Dios la
sangre de la ofrenda por el pecado con el incienso que ascendió con
las oraciones de Israel; de este modo, Jesucristo, por medio de su
sangre, suplica delante del Padre en beneficio de los pecadores, y
presenta con su propia justicia las oraciones de los creyentes
arrepentidos. Esto armoniza con la enseñanza de Juan en el
Apocalipsis por la cual Cristo, por medio de su propia sangre, cubre
a los pecadores arrepentidos con los blancos mantos de su justicia y
añade incienso a sus oraciones en su ministerio intercesor ante el
altar de oro.
El Ministerio de Cristo
en el Lugar Santísimo
Las referencias al ministerio de Cristo en el Lugar Santísimo
aparecen en varios pasajes del libro de Apocalipsis en los que se
enfatiza a actividad judicial que se realiza.
1.
La apertura: La Ley y los Registros.
El inicio del ministerio de Cristo en el Lugar Santísimo del
Santuario celestial se presenta en Apocalipsis 11:19 como la
apertura del templo de Dios. “Y el arca de su pacto se veía en el
templo”. En el santuario terrenal, el arca contenía los Diez
Mandamientos (Éxo. 25:16; Heb. 9:4). Si ha de realizarse un juicio,
es indispensable la presencia de la Ley. La ley de Dios se utilizará
para medir el templo, el atar y los adoradores al fin de los 1.260
años (Apoc. 11:1-3).
Este mismo momento se describe come a apertura de una puerta. Cuando
Juan habla a la iglesia de Filadelfia, etapa que se fecha antes del
comienzo de la obra de juicio de Cristo o antes del juicio
investigador, escribe en nombre del Señor “que tiene la llave de la
vida, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre” (Apoc.
3:7). Su mensaje es: He puesto delante de ti una puerta abierta”
(Apoc. 3: 8). Jesús cerró la puerta del Lugar Santo y abrió a puerta
del Lugar Santísimo. Este es el momento cuando se tornan visibles
los mandamientos de Dios.
La visión del arca del pacto se amplía en los capítulos cuatro y
cinco. Comienza con la misma idea: “He aquí una puerta abierta en el
cielo” (Apoc. 4:1). Luego, surge una descripción del trono de Dios
(Apoc. 4:2-5:1) y del Cordero y Sacerdote que es digno de abrir el
libro y también sus sellos (Apoc. 5:2-14).
A la diestra del Señor Dios Todopoderoso (Apoc. 4:8), el Creador
(Apoc. 4:11), había un libro sellado con siete sellos (Apoc. 5:1).
El libro y los sellos parecían ser diferentes, aunque estaban
relacionados. La diferencia aparece cuando el ángel poderoso
pregunta: ¿“Quién es digno de abrir el libro y de soltar sus
sellos?” (Apoc. 5:2). Si los sellos son los juicios de Dios, el
libro puede representar alguna clase de registros utilizados en la
obra judicial. (62)
Se registran los pecados de los hombres. Juan identifica a estos
registros come los libros (biblia, Apoc. 20:12), y el libro
de la vida (Tó biblion tés zóes, Apoc. 13:8; 17:8;
20:12,21,27) El libro de la vida es uno de los documentes que se
utiliza en esta obra de juicio (el juicio investigador), porque “los
libros” se abren durante el milenio (Apoc. 20:12).
Por esta razón, el juicio investigador se realiza sólo para aquellos
nombres que están escritos en el libro de la vida. Los que no tienen
sus nombres escritos en el libro de la vida, serán juzgados durante
el milenio (Apoc. 20:12). Antes de la segunda venida de Cristo se
los llama todos “los moradores de la tierra” (Apoc. 13:8; 17:8), y
durante el milenio, Juan los denomina “los muertos” (hoi nekroí).
En ese tiempo, hoi nekroí son juzgados “por las
cosas que están escritas en los libros, según sean sus obras” (Apoc.
20:12).
En resumen, al principio del juicio investigador se muestra a Juan
la Ley de Dios y el libro de registros, porque ellos desempeñan un
papel muy importante en esta fase del ministerio de Cristo. El libro
de la vida se utiliza durante el juicio investigador, y los otros
registros, a los que Juan denomina “los libros”, serán utilizados en
el juicio a los impíos durante el milenio.
|