| |
2.
La expiación, la vindicación, la purificación y el juicio.
En los capítulos 5,14 y 15, Juan desarrolla los temas más
importantes referentes a la segunda fase del ministerio de Cristo en
el Santuario celestial. Este comenzó en 1844 después de la
terminación de los 1.260 años (Apoc. 11:1-3,18,19).
El énfasis de Apocalipsis 5 se manifiesta en la expiación y la
vindicación.
Este capítulo es parte de la unidad que comienza con Apocalipsis 4:1
y concluye en 8:1. Contiene la visión del trono de Dios y del
Cordero que es digno de abrir el libro (Apoc. 4:5), los seis sellos
(Apoc. 6), el sellamiento (Apoc. 7), y el séptimo sello (Apoc. 8:1).
En los capítulos cuatro y cinco, Juan describe la apertura de la
segunda fase del ministerio de Cristo en el Santuario celestial. Su
primera actividad en el Lugar Santísimo es vindicatoria. Consiste en
la proclamación de la dignidad y la victoria del Cordero inmolado
(Apoc. 5:4-6).
Después de esto, el capítulo cinco presenta tres himnos: El himno de
los cuatro seres vivientes y de los veinticuatro ancianos (Apoc.
5:8-10); el himno de muchos ángeles, de los seres vivientes, de los
ancianos (Apoc. 5:11,12); y el himno de toda criatura (pan
ktisma, Apoc. 5:13).
En el himno de los cuatro seres vivientes y de los veinticuatro
ancianos, encontramos la obra vindicatoria y expiatoria de Cristo,
una vindicación posibilitada por su propia expiación:
“Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque [hoti]
tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios,
de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para
nuestro Dios reyes y sacerdotes; y reinaremos sobre la tierra”
(Apoc. 5:9,10).
En primer lugar, digamos que el himno proclama la vindicación de
Cristo,(63) cuando dice que es digno pues por su sangre
proporcionó una expiación para los redimidos.(64) También
proclama la vindicación de los redimidos, y estos llegan a ser reyes
y sacerdotes para Dios,(65) y reinarán sobre la tierra.
En
los otros dos himnos del capítulo cinco, se repite el tema de la
vindicación del Cordero: Él es digno porque fue inmolado para la
redención de los santos (Apoc. 5:9), y por lo tanto es digno de
recibir el poder, el honor y la gloria (Apoc. 5:12). El mismo tema
se evidencia en el himno entonado por la gran multitud vestida con
los blancos mantos de justicia, que está parada ante el trono y ante
el Cordero (Apoc. 7:9-13) diciendo: “la salvación pertenece a
nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (Apoc.
7:10,12).
En estos tres himnos se presenta el tema de la gloria del Cordero
(Apoc. 5:12,13; 7:12). Zacarías ofrece la idea de la gloria de
Cristo al mismo tiempo que describe el señorío y el sacerdocio del
Mesías (Zac. 6:3). La gloria de Cristo es la redención de la raza
caída, y el Señor se sienta junto al Padre en su trono como
sacerdote para unir al hombre con Dios.
La vindicación del Cordero (Apoc. 5:9,12,13), “del que está sentado
en el trono” (Apoc.5:13), y de los redimidos (Apoc. 5:9), junto con
la expiación realizada por la sangre del Cordero inmolado (Apoc.
5:9,12), son las ideas principales que se presentan al comienzo del
ministerio de Cristo en el Lugar Santísimo. Estrechamente vinculadas
están las ideas de la purificación (Apoc. 5:9; 7:14) y del juicio
(Apoc. 11:18).
Apocalipsis 14 y 15 enfatizan en la purificación y en el juicio.
Apocalipsis 14 comienza con la visión de los 144.000 (Apoc. 14:1-5),
continúa con la descripción de lo que todos los creyentes debieran
hacer durante el tiempo del juicio investigador (Apoc. 14:6-13), y
concluye describiendo los eventos finales de este juicio (Apoc.
14:14-20). Su tiempo se extiende inmediatamente después de la hora
del juicio, momento que según el texto ya comenzó (elthen,
Apoc. 14:7), hasta el momento cuando se pisa el lagar de la ira de
Dios fuera de la ciudad (Apoc. 14:19,20).
Parece apropiado presentar lo que los creyentes debieran estar
haciendo durante el juicio investigador, con la visión de los
144.000 parados en el Monte de Sión (Apoc. 14:1), porque ellos
forman parte del grupo sellado durante este tiempo (Apoc. 14:4) y
además lavaron sus mantos y los emblanquecieron en la sangre del
Cordero (Apoc. 7:14,15).
Los 144.000 entonan un “cántico nuevo” (Apoc. 14:3), que está
relacionado con el canto del capítulo 15. En el capítulo 14 no se
menciona la letra del himno, pero se la ofrece en el capítulo 15
donde se describe a la compañía como “los que habían alcanzado la
victoria sobre a bestia y su imagen, y su marca, y el número de su
nombre” (Apoc. 15:2). Juan utiliza este himno en el capítulo 15 para
introducir las siete plagas que serán derramadas inmediatamente
después de la culminación del ministerio de Cristo en el Lugar
Santísimo.
En el nuevo canto (Apoc.14:3), el canto de Moisés y el
canto del Cordero (Apoc. 15:3) -un canto de liberación- y en la
descripción de los 144.000, se repite que la actividad de Cristo es
vindicatoria y expiatoria. A quienes forman este grupo se los
denomina los redimidos, o los que fueron comprados (hoi
egorasmenoi, Apoc. 14:3). Como se demuestra en el capítulo
cinco, ésta es la expresión que se utiliza para indicar a obra
expiatoria de Cristo. Los 144.000 son sellados mientras Cristo está
trabajando en el Lugar Santísimo. En ese momento, la expiación se
aplica a ellos, lo que significa que Cristo está realizando la obra
expiatoria.
La vindicación de los 144.000 se manifiesta por múltiples
expresiones. Siguen al Cordero dondequiera que va (Apoc. 14:4), son
los primeros frutos para Dios y para el Cordero (Apoc. 14:4), y en
su boca no se halló engaño (Apoc.14:5), están sin mancha delante del
trono (Apoc. 14:5) y lograron la victoria sobre la bestia y su
imagen (Apoc. 15:2).
El Señor Dios Todopoderoso, Rey de los santos, también es vindicado
plenamente: “Grandes y maravillosas son tus obras... justos y
verdaderos son tus caminos” (Apoc. 15:3), “¿Quién no te temerá, oh
Señor, y glorificará tu nombre? Pues sólo tú eres santo”, y “tus
juicios se han manifestado” (Apoc. 15:4). “Justo eres tú, oh Señor,
el que eres y el que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas”
(Apoc. 16:5).(66) Esta vindicación es posible porque el
Cordero les dio su propio cántico, la experiencia de liberación y la
victoria (Apoc. 15:3). Les trasmitió esta experiencia mientras
realizaba su obra en el Lugar Santísimo.
En este tiempo, el pueblo de Dios debiera seguir al Cordero en cada
una de las actividades de su vida. Debieran ser impolutos (Apoc.
14:4) y lavar sus vestiduras y emblanquecerlas en la sangre del
Cordero (Apoc. 7:14). Debieran predicar el Evangelio Eterno a “los
moradores de la tierra” (Apoc. 14:6). Debieran anunciar la hora del
juicio que ha venido (Apoc. 14:7) y vivir en armonía con este
acontecimiento. Debieran proclamar la caída de Babilonia (Apoc.
14:8) y obtener la victoria sobre la bestia, sobre su imagen, y
sobre su marca, no adorando a la bestia (Apoc. 14:9), sino
preparándose para el tiempo en que la ira de Dios sea derramada
cuando se ejecute el juicio divino (Apoc. 14:10). Debieran tener la
paciencia de los santos y guardar los mandamientos de Dios (Apoc.
14:12). La fe en Jesús es el único modo de desarrollar esta clase de
vida (Apoc. 14:12), fe en la sangre del Cordero para vencer al gran
dragón (Apoc. 12:11), porque en la victoria del Cordero sólo los
fieles, los escogidos y los llamados estarán “con Él” (Apoc. 17:14).
Durante el ministerio de Cristo en el Lugar Santísimo, como se
presenta en Apocalipsis 5,14 y 15. Se vindica totalmente a Dios como
el hacedor de obras maravillosas, y como justo y verdadero. Los
144.000, como los primeros frutos de la redención de Cristo, también
son vindicados por la sangre del Cordero que los purifica. También
se evidencia la obra de limpieza del pecado, de panificación, de
expiación, y, especialmente, de juicio, porque los juicios de Dios
se manifiestan y la hora de su juicio ha llegado.
3- El fin: La justicia y la vindicación total.
El fin del juicio investigador aparece en diferentes pasajes. Hacia
el fin del sexto sello, los pecadores de todos los estratos de la
sociedad ven en el terremoto escatológico (67) un anuncio del
día de la ira del Cordero (Apoc. 6:15-17). Hacia el fin de la
séptima trompeta llega (elthen) el día de su ira, al que se
describe como “el tiempo de juzgar a los muertos”, y para que los
siervos de Dios -los profetas y los santos- sean galardonados (Apoc.
11:18), es decir, que se ejecute el juicio. Sin embargo, antes de
que esto ocurra y antes de l declaración final de Cristo culminan la
purificación del Santuario en su esfera celestial y la expiación.
“El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo sea
inmundo todavía, y el que es justo practique la justicia todavía; y
el que es santo, santifíquese todavía” (Apoc. 22:11). En este
momento concluye el juicio investigador, y la humanidad queda
dividida radical y permanentemente en dos grupos: los justos y los
impíos.
Este es el
momento en que se derraman las siete plagas (Apoc. 15:5-16:17) con
la ira de Dios (Apoc. 15:7). Mientras Cristo abandona el Santuario
(Apoc. 15:5), tres ángeles, obedeciendo a una voz que sale del Lugar
Santísimo (Apoc. 16:1), derraman las plagas. Un ángel proclama la
justicia de los juicios divinos (Apoc. 16:5), y mientras Cristo
abandona el Lugar Santo, una voz sale del altar afirmando que los
juicios del Señor Todopoderoso son verdaderos y justos (Apoc. 16:7).
Los últimos cuatro ángeles derraman las plagas (Apoc. 16:8-17) en el
tiempo en que se juzga a la gran Babilonia (Apoc. 18:8,10).
En el cielo hay mucha alabanza al Señor nuestro Dios -porque
verdaderos y justos son sus juicios-, porque juzgó (ekrinen)
a la ramera (Apoc. 19:2). Los cielos se abren y el Fiel y Verdadero,
juzga y guerrea en justicia. Monta un corcel blanco y sale del cielo
(Apoc. 19:11). Es el Rey de reyes y Señor de señores (Apoc.19:16).
La segunda venida de Cristo tiene el propósito de ejecutar juicio.
Este tendrá dos partes. En la primera, Cristo vendrá en una
nube blanca, con una corona de oro en su frente y una hoz aguda en
su mano (Apoc. 14:14). Viene para cosechar el fruto del verano,
representado por quienes aceptaron la mediación de Cristo en el
Santuario celestial (Apoc. 14:15). En el servicio típico, el sumo
sacerdote, luego de haber hecho expiación por Israel, salía y
bendecía a la congregación. Así también Cristo, al concluir su obra
mediadora, aparecerá “sin relación con el pecado” (Heb. 9:28), para
bendecir con la vida eterna al pueblo que le espera.
La segunda parte de la ejecución del juicio se describe
simbólicamente por medio de la ‘vendimia’ de “los racimos de la
tierra” (Apoc.14:18), que se realizaba en otoño. Este juicio cae
sobre los impíos que son echados en el lagar de la ira de Dios
(Apoc. 14:19). Esta segunda parte del juicio ejecutivo ocurrirá al
fin de los mil años (Apoc. 20:13,15). Entonces los impíos
resucitarán de los muertos (Apoc. 20:5) y aparecerán delante de Dios
para la ejecución del juicio.
La vindicación de Dios es total porque Él recompensará “a cada uno
según sus obras” (Apoc. 22:12). Los justos ya han sido totalmente
vindicados porque ellos, luego de ser reconciliados con Dios por
Cristo, “guardan sus mandamientos”, y tienen derecho “al árbol de la
vida” y pueden entrar en la ciudad (Apoc. 22:14).
Finalmente, el tiempo ha llegado para que el pueblo de Dios
manifieste una comunión abierta con el Padre y el Hijo. Este era el
objetivo de la muerte expiatoria de Cristo y el propósito de su
ministerio tanto en el Lugar Santo como en el Lugar Santísimo, del
Santuario celestial. Este propósito se cumplió totalmente pues
“ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”
(Apoc. 21:3).
El ministerio de Cristo en el Lugar Santísimo presentado en el
Apocalipsis como la obra que Él realiza en el naós (templo),
introduce su obra de juicio. La teología adventista del séptimo día
ha descrito esta obra como el juicio investigador. Esta actividad
comienza con la demostración del arca del pacto. El “libro de la
vida” y “los libros” aparecen como los registros. Esto establece el
marco del juicio para la obra intercesora de Cristo en la segunda
fase de su ministerio.
El libro de Apocalipsis muestra específicamente que esta segunda
fase de la obra de Cristo es expiatoria, vindicatoria, purificatoria
y judicial. Todo la cual ha sido claramente enseñada por la teología
Adventista del Séptimo Día. Esta teología armoniza con las
referencias al Santuario y a la obra de Cristo, como se presenta en
el libro de Apocalipsis.
Conclusión
Nuestro estudio del Santuario-templo en el libro de Apocalipsis
demuestra que su existencia en el cielo es una realidad claramente
evidenciada a través del libro. Hay dos secciones donde Cristo
ministra: el thusiasterion (altar) y el naós (templo).
Su ministerio en el thusiasterion (altar) era una labor
intercesora y de aplicación de sus méritos y carácter a los que
aceptaban par la fe el sacrificio del Cordero que ahora es el
sacerdote. Esta primera fase del ministerio de Cristo iniciada en su
sessio - su entronización luego de la resurrección (Apoc.
1:5,18)-, culmina después de la sexta trompeta (Apoc. 11:1-3,18,19)
y en la época del surgimiento de a séptima iglesia (Apoc. 3:8; 4:1;
11:19).
El ministerio de Cristo en el naós (templo) es una labor
expiatoria, purificatoria, vindicatoria, y especialmente judicial.
Esta segunda fase de su ministerio no conduce hacia el fin de su
actividad intercesora, ni concluye con a aplicación de sus méritos
en beneficio del pecador arrepentido, ni termina con el envió del
Espíritu Santo a su iglesia en la tierra, porque ahora hay una
puerta abierta para los hombres, de lo que involucra la operación
total de todas las actividades. Cuando Cristo concluya el juicio
investigador, entonces se producirá la ejecución de este
juicio: sobre los cristianos victoriosos durante la segunda venida
de Cristo, y sobre los impíos al final del milenio.
El ministerio de Cristo en el Santuario celestial debiera tomarse en
consideración cuando se estudie el contenido total del libro del
libro de Apocalipsis, porque cada una de las secciones aparece
vinculada a una parte específica del santuario.
Notas y
Referencias:
1- Mateo 17:4; Marcos 9:5; Lucas 9:33; 16:9; Hechos 7:43,44; 15:l6;
Hebreos 8:2,5; 9:2,3,6,8,11,21; 13:10; Apocalipsis 13:6; 15:5; 21:3.
2- A. Feuillet, dice: “La Epístola a los Hebreos y el Apocalipsis
tienen una indudable y conocida similitud”, en Les Chrétiens pretres
et rois d’aprés “Apocalypse”. Revue Thomiste 75 (1975): 41.
C. Spicq expresa a misma idea en L’Epitre aux Hebreux
(Paris, 1952), t. 1, 114-116, 120, 136-138.
3- James Moffat, “The Revelation of St. John the Divine”, en W.
Robertson NicolI, The Expositor’s Greek Testament (Grand
Rapids, Mich., 1976, t. 5, p. 431. Wilhelm Michaelis, “Skene”,
Theological Dictionary of the New Testament (Grand
Rapids, Mich., 1971), p. 378.
De aquí en adelante nos referiremos a esta obra con TDNT.
4-
Ibíd.
p. 377.
O. Michel, “Naós”, TDNT, t. 4, p. 888.
5- Apocalipsis 3:12; 7:15; 11:1, 2:19; 14:15; 17; 15:5,6,8 (dos
veces); 16:1; 17; 21:22.
6- Apocalipsis 11:2; 14:15; 15:6,8; 16:1, 17; 21:22.
7- Apocalipsis 11:1; 3:12; 7:15; 11:19.
8- Michel, “Naós”, TDNT, t. 4, p. 882.
9- Marcos 13:3; Mateo 12:6; Hechos 24:6; 25:8;1 Corintios 9:13.
10- Gottlob Schrenk, “Hieros, to hieron”, TDNT, t. 3.
pp. 235-237.
11- Ibíd., p. 234.
12- Hebreos 9:12,24,25; A. P. Salorn, “Ta Hagía in the
Epistote to the Hebrews”, Andrews University Seminary Studies
5:1 (1967): 59-70.
13- Richard C. Trench, Synonyms of the New Testament (Grand
Rapids, Mich..
1966), p. 11.
14- La división más tradicional del Apocalipsis en dos partes ubica
a la división del libro hacia el fin del capítulo 11. Los capítulos
1-11 son históricos y 12-22 son escatológicos. H. B. Sweete llama a
la primera división el “Primer Apocalipsis”, y a la segunda parte el
“Segundo Apocalipsis”. The Apocalypse of John (Londres,
1907), ff. La misma división se encuentra en E. B. Allo, Saint
Jean, L’Apocalypse (Paris, 1921) y André Feuillet,
L’Apocalypse: Etat de la question (Paris, 1963). R. L. Thomas
divide al libro en tres partes la visión del Cristo glorificado, el
capítulo 1; la condición actual de la iglesia, los capítulos 2 y 3.
Y una revelación del futuro, los capítulos 4-22, en “John’s
Apocalyptic Outline”, Biblioteca Sacra 123 (1966): 334-341.
Elisabeth Schussler Fiorenza, publicó dos artículos sobre este tema,
el primero, “The Eschatology and Composition of the Apocalypse”.
CBQ
30 (1968): 537-569; y el segundo, “Composition and Structure in the
Book of Revelation”.
CBQ
39 (1977): 344-366. Estableció que el punto de vista metahistórico
trasciende el de la historia de la salvación porque se concentra
específicamente en
el
breve lapso del tiempo del fin. Ella propone una estructura
concéntrica-simétrica, siendo el sector central Apocalipsis
10:1-15:4. A. 1:1-8; B. 1:9- 3:22: 0,4:1-9: 21; 11:15-19: D.
10:1-15:4:0 15:1.5-19:10; B’19 11-22; 9; A’ 22:10-22; 21. U. Vanni,
La Struttura Letterana deli’ Apocalisse (Roma, 1971), dice
que a perspectiva escatológica del libro es metahistórica; no se
trata de una cuenta regresiva fundamentada en “un reloj y en tiempo
calendario”, sino que es una visión integrada y profética del Día
del Señor (véase especialmente las pp. 243, 244, 250. 251) Charles
H. GibIin en “Structural and thematic correlation in the theology on
Revelation 16-22’, Bíblica 55 (1974): 487-504, dice que el
interés de Juan se concentra desde el mismo comienzo del libro, en
la revelación que recibe antes que en el modo de comunicación
angélica. Favorece un enfoque teológico-literario que la fundamenta
en Apocalipsis 22:6. Descubre dos revelaciones angélicas. La primera
en Apocalipsis 17:1-19:9,10 que describe los aspectos negativos del
juicio divino, la segunda en 21:9-22:6-9, expresa una trascendencia
supra angélica, y par la tanto divina, un testimonio, es decir, una
revelación de Jesús mismo. El que pronto vendrá para galardonar a
pagan según lucre la obra de cada una.
Compartimos el criterio de Kenneth Strand, “Chiastic Structure and
Some Motifs in the Book of Revelation”.
AUSS
16 (1978): 401-408, porque la forma en que estructura el libro
parece estar más en armonía con el contenido. Divide al Apocalipsis
en dos secciones, además de un prólogo y un epílogo: A. Prólogo
(1:1-11): primera sección (sección histórica); B. Iglesia Militante
(1:12-2 22), C. El progreso de la obra salvadora de Dios (4:1-8:1),
Da. Las trompetas advierten (8:2-11; 18), Db. La agresión de las
fuerzas del mal (11:19-14:20); Segunda sección (serie de (serie de
juicios escatológicos), Da. Los castigos par medio de las plagas
(15:1-16: 21), Db. El juicio a las fuerzas del mal (17:1-18:24). C.
Se completa la obra salvadora de Dios (19:1-21:4), B. La iglesia
triunfante (21:5-22’ 5); A. Epílogo (22:6-21).
15- Robert Jamieson, A. R. Fausset, David Brown, A Commentary
Critical and Explanatory of the Whole Bible [de aquí en
adelante la denominaremos CCEONT] (Grand Rapids, Mich.
s.f.), p. 575, dice: “El altar del incienso, por sí sólo estaba en
el santuario (griego. naós)”.
16- K Deissner, “Metron. ametros, metreo’, TDNT, t. 4, p.
632.
17- Ibíd., p. 633.
18- Ibíd., p. 634. 190.
19- O. Michel, “Naós”. TDNT, t. 4, pp. 880-890; cf.
Iván Barchuk, Explicación del Libro del Apocalipsis
(Barcelona 1978), p. 114.
20- J. Behm, Die Offenbarung des Johannes, NT Deutsch (1935),
p. 58.
21- O Michel, TDNT, t. 4, p. 888.
22- Charles H. Giblin, Structural and thematic correlation in the
theology of Revelation 16-22”, Bíblica 55 (1974): 409.
23- A. R. Fausset, “Revelation”, CCEONT, t. 2, p. 575.
24- En la LXX, se traduce 101 veces la palabra mud
como stubs.
Si deseas considerar algunas pocas excepciones, vea D. W. Gooding,
The Account of the Tabernacle, Translation and Textual Problems
of the Greek Exddus (1959), pp.
20,21.
25- Job 9:6; 28:6; 26:11.
26- Éxodo 14:19,20; 19:9; Números 14:14; Nehemías 9:12,19.
27- vocablo “columna” aparece en cuatro versículos del NT: Gálatas
2:9; 1 Timoteo 3:15; Apocalipsis 3:12; 10:1. Con respecto al empleo
rabínico del vocablo, véase Strack, Billerbeck, Kommentar, t.
3, p. 537.
28- Lucien Cerfaux, Jules Cambier, El Apocalipsis de Juan ledo a
los cristianos (Madrid, 1972), p. 42.
29- Ezequiel 48:35; Herbert G. May, “The Book of Ezekiel”, The
Interpreter’s Bible (Nueva York, 1956), t. 6, p. 338; Isa. 62:2;
4, James Muilenburg, “The Book of Isaiah”, The Interpreter’s
Bible (Nueva York, 1956), t. 5, p. 718.
30- Strack, Biller- beck, Kommentar, t. 2, p. 797; C. H.
Dodd, The Interpretation of the Fourth Gospel (Cambridge,
19681, p. 350: Juan 4:26; 8:24,28,58; 12:19; R. E. Brown, The
Gospel according to John (Garden City, Nueva York, 1970), pp.
533-538; J. H. Bernard, “Gospel according to St. John”, The
International Critical Commentary (Edinburgo, 1976), t. 1,
cxvii- cxxi; H. Simmermann, “Des absolute ‘Ego Eimi’ als die
neutestamentliche Offenbarungsformei”, Biblische Zietschrift
4 (1960): 54-69; A. Feuillet, “Les ‘Ego eimi’ christologeque
du quatrieme Evangile”, Recherches de Science Religieuse 54
(1966): 5-22; 213-240; M. Veloso, El compromiso cristiano
(Florida, Argentina, 1975), pp.
186-191.
31- En Apocalipsis 21:3, Juan afirma que una voz anuncia la
existencia del tabernáculo de Dios en la ciudad de la Nueva
Jerusalén. ¿Cómo se puede resolver esta aparente contradicción?
Apocalipsis 21:3, se refiere a la presencia de Dios en la tierra
nueva, y a la ciudad como el lugar de morada porque el skene
(tabernáculo) es la habitación de Dios. Por otra parte, Apocalipsis
21:22, forma parte de una descripción de la Nueva Jerusalén cuando
ya el pecado no exista. Por lo tanto, en ese tiempo, el templo
(naós) ye no existe como elemento vinculado a la eliminación del
pecado.
32- H. Wenschkewits, “Die Spiritualisierung der Kultusbegriffe
Tempel, Priester und Opfer im NT”, Angebos 4 (1932): 219.
33- Cerfaux, Cambier, El Apocalipsis, p. 234.
34- Trench, Synonyms, p. 165.
35- Helmuth Traub, “Ouranos”, TDNT, 1.
5, p. 530.
36- Char- es H. Giblin, “Correlation”, p. 491.
37-
Iván Barchuk, Explicacidn del Libro ‘del Apocalipsis
(Tarrasa, Barcelona, 1978), p. 107: “La salvación aún no está
concluida”.
38- Zondervan, The Analytical Greek Lexicon (Grand Rapids,
Mich., 1967), p. 143.
39- Iván Barchuk, Explicación, p. 114.
40- Manley, Grammar, p. 79.
41- Bless, Debrunner, Grammar, p. 167.
42- Arthur Jeffery, “The Book of Daniel”.
The Interpreter’s Bible
(Nueva York, 1956), t. 6, p. 461.
43- Cerfaux, Cambier, El Apocalipsis, p. 31; Joseph Comblin,
Cristo en el Apocalipsis (Barcelona, 1969), pp. 89,93,96.
44- Comblin, Cristo, p. 264; Trench, Synonyms, p. 187.
Thayer, Lexicon, p. 254.
45- Iván Barchuk, Explicacion, p. 114: “El trono en el cielo
corresponde al arca en el tabernáculo”.
46- J. Jeremías, “Amno”, TDNT, t. 1, pp. 338-340.
47- Algunas de las obras publicadas antes de 1960 son: A. Briggs,
The Messiah of the Apostles (Edimburgo, 1985). pp. 284-308; A.
Schlatter, Des Alte Testament in der juhanneischen Apokalipse
(GUtersloh, 1912), pp.
32-56; H. W. Tribble, “The Christ of the Apocalypse”, Review and
Expositor 4 (1943): 167-173; R. B. Y. Scott, “Behold He Cometh
with Clouds, New Testament Studies 5 (1958): 127-132; E.
Schmitt, “Die Christologische Interpretation als das Grundlengende
der Apokalypse”, Theobogische Quartalschrift 140 (1960):
257-290.
En la década del sesenta se hicieron estudios más completos acerca
de la Cristología del Apocalipsis: Traugott HoIz, Die
Christobogie der apokalypse des Johannes (Berlin, 1962); Joseph
Comblin, Le Christ dans l’Apocalypse (Tournai, 1965),
Cristo en el Apocalipsis (Barcelona, 1969); R. L. Thomas, “The
Glorified Christ on Patmos”, Bibliotheca Sacra 122 (1965):
228-236; N. Hillyer, “‘The Lamb in the Apocalypse”, Evangelical
Quarterly 39 (1967): 228-236; V. B. Miller, Messias und
Menshensohn in judischen Apocalypsen und in der Offenbarung des
Johannes (GUtersloh, 1972); Francois Bovon, “Le Christ de
l‘Apocalypse”, Revue de Théobogie et de Phibosophie 21
(1972): 65-80; S. Sabugal, “El título Christos en el
Apocalipsis”, Augustinianum 12 (1972): 319-340; J. C. Leardi,
“El Cristo-total en el Apocalipsis”, Revista Biblica 39
(1977): 253-281.
48- F. Bovon, “Le Christ”, p. 66; S. Sabugal, “Christos”, p.
319; Charles H. Giblin, “Correlatioñ”, p. 409; J. Comblin,
Cristo, p. 24.
49- J. Comblin, Cristo, p. 42; F. Bovon, “Le Christ”, p. 67;
1.
Holtz, Christologie, pp. 27-54; H. Hillyer, “The Lamb”, p.
228; V. B. Muller, Messia, pp. 162-165.
50- Apocalipsis 5:6,8,12,13; 6:1,16; 7:9,10,14,17; 12:11; 13:8;
14:1,4,10; 15:3; 17:14; 17:7,9; 21:9,14,22,23,27; 22:1,3,14.
51- J. Jeremías, “Amnos, aren, arnion’, TDNT, t. 1, p. 341.
52- J. Cornblin, Cristo, p. 65.
53- J. Massyngberde Ford, “For the testimony of Jesus is the Spirit
of Prophecy”, The Irish Theological Quarterly 42 (1975): 290;
Elizabeth Schussler Fiorenza, “Redemption as liberation: Rev. 1: 5f
and 5: 9f”, The Catholic Biblical Quarterly 36 (1974): 228.
54- Con la idea de que los títulos de Apocalipsis 1:5 representan la
pasión, la resurrección y la ascensión de Cristo, Feuillet concluye
diciendo que el Apocalipsis representa a Cristo como sacerdote y
como victima, para liberar al hombre del pecado por medio de su
sangre. A. Feuillet, “Les chrétiens pretes et rois d’apres
L’Apocalypse”, Revue Thomiste 75 (1975): p. 46.
Véase también F. Lohmeyer, Die Offenbarung des Johannes
(Gotinga, 1966), p. 15; A. Wikenhauser, Die Oftenbarung des
Johannes (Ratisbona, 1959), p. 29; A. Farrer, The Revelation
of John the Divine (Oxford, 1964), p. 62.
55- O. Bauernfeind, “Nikao”, TDNT, t. 4, p. 944.
56- J. Comblin, Cristo, p. 264-266.
57- ”AI que nos amó, y nos lavó (lysanti) de nuestros pecados
con su sangre” (Apoc. 1:5). Elizabeth Schússler Fiorenza, “Redemption”,
p. 220. “Lysanti se utiliza sólo aquí en el NT. Sin embargo,
comparte su raíz con expresiones como lytron, Iytrousthai o
apolytrosi. Estas palabras se emplean en conexión con
haima para denotar la redención (Rom. 3:24-26; Efe. 1:7; Heb.
9:12; 1 Ped. 1:19)” (p. 225). Pero esta redención, según E. S.
Fiorenza, tiene que ser comprendida “en términos políticos y en
categorías socio-económicas” (p. 220). Andre Feuiliet, en armonía
con Allo, Lohmeyer, Cerfaux, Gambler, C. B. Caird, T. HoIz y J.
Comblin, se oponen a esfe enfoque.
Véase A. Feuiilet, “Les chretiens pretres et rois d’apres
“Apocalypse”, Revue Tho miste 75 (1975): 56.
58- G. C. Berkouwer, The Work of Christ (Grand Rapids, Mich.,
1965), pp. 224-226.
59- John Calvin, Institutes of the Christian Religion (Grand
Rapids, Mich., 1966), t. 2, p. 619.
60- Adam Clarke, Commentary (Nueva York, 1832), t. 6, p. 973.
61- Bless, Debrunner, Grammar, pp.
318-339.
62- En el servicio religioso diario, el sacerdote tomaba fuego del
altar en el incensario de plata, pero en el Día de la Expiación, lo
hacia con el incensario de oro. Clarke, Commentary, t. 6, p.
999.
63- Otto Michel, “Sfrazo, stage”, TDNT, t. 7, p. 934.
64- Friedrich Buchsel, “Agorazo, exagorazo”, TDNT, t. 1, p.
125; S. Sabugal, “Ghristos”, p. 330.
65- Braun, “Poieo”, TDNT,
t. 6, p. 464.
66- Peter Staples, “Rev. XVI 4-6 and its Vindication Formula”,
Novum Testamentum 14 (1972): 283, 285.
67- Richard Bauckham, “The eschatological earthquake in the
Apocalypse of John”, Novum Testamentum 19 (1977): 226.
En el Apocalipsis de Juan los terremotos son heraldos de “la venida
de Dios en juicio”.
Nota:
Cuando en artículos como este abundan las referencias a libros,
revistas y artículos, es probable que aparezcan algunos errores de
digitación. Esperamos ser comprendidos. Con todo, hemos querido ser
lo más exactos posibles. |