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La Doctrina del Santuario y la Expiación en el Libro de Apocalipsis

   
  Por: Mario Veloso
   
 

2. La expiación, la vindicación, la purificación y el juicio. En los capítulos 5,14 y 15, Juan desarrolla los temas más importantes referentes a la segunda fase del ministerio de Cristo en el Santuario celestial. Este comenzó en 1844 después de la terminación de los 1.260 años (Apoc. 11:1-3,18,19).

El énfasis de Apocalipsis 5 se manifiesta en la expiación y la vindicación.

Este capítulo es parte de la unidad que comienza con Apocalipsis 4:1 y concluye en 8:1. Contiene la visión del trono de Dios y del Cordero que es digno de abrir el libro (Apoc. 4:5), los seis sellos (Apoc. 6), el sellamiento (Apoc. 7), y el séptimo sello (Apoc. 8:1).

En los capítulos cuatro y cinco, Juan describe la apertura de la segunda fase del ministerio de Cristo en el Santuario celestial. Su primera actividad en el Lugar Santísimo es vindicatoria. Consiste en la proclamación de la dignidad y la victoria del Cordero inmolado (Apoc. 5:4-6).

Después de esto, el capítulo cinco presenta tres himnos: El himno de los cuatro seres vivientes y de los veinticuatro ancianos (Apoc. 5:8-10); el himno de muchos ángeles, de los seres vivientes, de los ancianos (Apoc. 5:11,12); y el himno de toda criatura (pan ktisma, Apoc. 5:13).

En el himno de los cuatro seres vivientes y de los veinticuatro ancianos, encontramos la obra vindicatoria y expiatoria de Cristo, una vindicación posibilitada por su propia expiación:

“Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque [hoti] tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes; y reinaremos sobre la tierra” (Apoc. 5:9,10). 

En primer lugar, digamos que el himno proclama la vindicación de Cristo,(63) cuando dice que es digno pues por su sangre proporcionó una expiación para los redimidos.(64) También proclama la vindicación de los redimidos, y estos llegan a ser reyes y sacerdotes para Dios,(65) y reinarán sobre la tierra.

      En los otros dos himnos del capítulo cinco, se repite el tema de la vindicación del Cordero: Él es digno porque fue inmolado para la redención de los santos (Apoc. 5:9), y por lo tanto es digno de recibir el poder, el honor y la gloria (Apoc. 5:12). El mismo tema se evidencia en el himno entonado por la gran multitud vestida con los blancos mantos de justicia, que está parada ante el trono y ante el Cordero (Apoc. 7:9-13) diciendo: “la salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (Apoc. 7:10,12).

En estos tres himnos se presenta el tema de la gloria del Cordero (Apoc. 5:12,13; 7:12). Zacarías ofrece la idea de la gloria de Cristo al mismo tiempo que describe el señorío y el sa­cerdocio del Mesías (Zac. 6:3). La gloria de Cristo es la redención de la raza caída, y el Señor se sienta junto al Padre en su trono como sacerdote para unir al hombre con Dios.

La vindicación del Cordero (Apoc. 5:9,12,13), “del que está sentado en el trono” (Apoc.5:13), y de los redimidos (Apoc. 5:9), junto con la expiación realizada por la sangre del Cordero inmolado (Apoc. 5:9,12), son las ideas prin­cipales que se presentan al comienzo del ministerio de Cristo en el Lugar Santísimo. Estrechamente vinculadas están las ideas de la purificación (Apoc. 5:9; 7:14) y del juicio (Apoc. 11:18).

Apocalipsis 14 y 15 enfatizan en la purificación y en el juicio. Apocalipsis 14 comienza con la visión de los 144.000 (Apoc. 14:1-5), continúa con la descripción de lo que todos los cre­yentes debieran hacer durante el tiempo del jui­cio investigador (Apoc. 14:6-13), y concluye describiendo los eventos finales de este juicio (Apoc. 14:14-20). Su tiempo se extiende inmediatamente después de la hora del juicio, momento que según el texto ya comenzó (elthen, Apoc. 14:7), hasta el momento cuando se pisa el lagar de la ira de Dios fuera de la ciudad (Apoc. 14:19,20).

Parece apropiado presentar lo que los creyentes debieran estar haciendo durante el juicio investigador, con la visión de los 144.000 parados en el Monte de Sión (Apoc. 14:1), porque ellos forman parte del grupo sellado duran­te este tiempo (Apoc. 14:4) y además lavaron sus mantos y los emblanquecieron en la sangre del Cordero (Apoc. 7:14,15).

Los 144.000 entonan un “cántico nuevo” (Apoc. 14:3), que está relacionado con el canto del capítulo 15. En el capítulo 14 no se menciona la letra del himno, pero se la ofrece en el capítulo 15 donde se describe a la compañía como “los que habían alcanzado la victoria sobre a bestia y su imagen, y su marca, y el número de su nombre” (Apoc. 15:2). Juan utiliza este himno en el capítulo 15 para introducir las siete plagas que serán derramadas inmediatamente después de la culminación del ministerio de Cristo en el Lugar Santísimo.

         En el nuevo canto (Apoc.14:3), el canto de Moisés y el canto del Cordero (Apoc. 15:3) -un canto de liberación- y en la descripción de los 144.000, se repite que la actividad de Cristo es vindicatoria y expiatoria. A quienes forman este grupo se los denomina los redi­midos, o los que fueron comprados (hoi egorasmenoi, Apoc. 14:3). Como se demuestra en el capítulo cinco, ésta es la expresión que se utiliza para indicar a obra expiatoria de Cristo. Los 144.000 son sellados mientras Cristo está trabajando en el Lugar Santísimo. En ese momento, la expiación se aplica a ellos, lo que significa que Cristo está realizando la obra expiatoria.

         La vindicación de los 144.000 se manifiesta por múltiples expresiones. Siguen al Cordero dondequiera que va (Apoc. 14:4), son los primeros frutos para Dios y para el Cordero (Apoc. 14:4), y en su boca no se halló engaño (Apoc.14:5), están sin mancha delante del trono (Apoc. 14:5) y lograron la victoria sobre la bestia y su imagen (Apoc. 15:2).

El Señor Dios Todopoderoso, Rey de los santos, también es vindicado plenamente: “Grandes y maravillosas son tus obras... justos y verdaderos son tus caminos” (Apoc. 15:3), “¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? Pues sólo tú eres santo”, y “tus juicios se han manifestado” (Apoc. 15:4). “Justo eres tú, oh Señor, el que eres y el que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas” (Apoc. 16:5).(66) Esta vindicación es posible porque el Cordero les dio su propio cántico, la experiencia de liberación y la victoria (Apoc. 15:3). Les trasmitió esta experiencia mientras realizaba su obra en el Lugar Santísimo.

En este tiempo, el pueblo de Dios debiera seguir al Cordero en cada una de las activida­des de su vida. Debieran ser impolutos (Apoc. 14:4) y lavar sus vestiduras y emblanquecerlas en la sangre del Cordero (Apoc. 7:14). Debieran predicar el Evangelio Eterno a “los moradores de la tierra” (Apoc. 14:6). Debieran anunciar la hora del juicio que ha venido (Apoc. 14:7) y vivir en armonía con este acontecimiento. Debieran proclamar la caída de Babilonia (Apoc. 14:8) y obtener la victoria sobre la bestia, sobre su imagen, y sobre su marca, no adorando a la bestia (Apoc. 14:9), sino preparándose para el tiempo en que la ira de Dios sea derramada cuando se ejecute el juicio divino (Apoc. 14:10). Debieran tener la paciencia de los santos y guardar los mandamientos de Dios (Apoc. 14:12). La fe en Jesús es el único modo de desarrollar esta clase de vida (Apoc. 14:12), fe en la sangre del Cordero para vencer al gran dragón (Apoc. 12:11), porque en la victoria del Cordero sólo los fieles, los escogidos y los llamados estarán “con Él” (Apoc. 17:14).

      Durante el ministerio de Cristo en el Lugar Santísimo, como se presenta en Apocalipsis 5,14 y 15. Se vindica totalmente a Dios como el hacedor de obras maravillosas, y como justo y verdadero. Los 144.000, como los primeros frutos de la redención de Cristo, también son vindicados por la sangre del Cordero que los purifica. También se evidencia la obra de limpieza del pecado, de panificación, de expiación, y, especialmente, de juicio, porque los juicios de Dios se manifiestan y la hora de su juicio ha llegado. 

3- El fin: La justicia y la vindicación total. El fin del juicio investigador aparece en diferentes pasajes. Hacia el fin del sexto sello, los pecadores de todos los estratos de la sociedad ven en el terremoto escatológico (67) un anuncio del día de la ira del Cordero (Apoc. 6:15-17). Hacia el fin de la séptima trompeta llega (elthen) el día de su ira, al que se describe como “el tiempo de juzgar a los muertos”, y para que los siervos de Dios -los profetas y los santos- sean galardonados (Apoc. 11:18), es decir, que se ejecute el juicio. Sin embargo, antes de que esto ocurra y antes de l declaración final de Cristo culminan la purificación del Santuario en su esfera celestial y la expiación. “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo sea inmundo todavía, y el que es justo practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Apoc. 22:11). En este momento concluye el juicio investigador, y la humanidad queda dividida radical y permanentemente en dos grupos: los justos y los impíos.

      Este es el momento en que se derraman las siete plagas (Apoc. 15:5-16:17) con la ira de Dios (Apoc. 15:7). Mientras Cristo abandona el Santuario (Apoc. 15:5), tres ángeles, obedeciendo a una voz que sale del Lugar Santísimo (Apoc. 16:1), derraman las plagas. Un ángel proclama la justicia de los juicios divinos (Apoc. 16:5), y mientras Cristo abandona el Lugar Santo, una voz sale del altar afirmando que los juicios del Señor Todopoderoso son verdaderos y justos (Apoc. 16:7). Los últimos cuatro ángeles derraman las plagas (Apoc. 16:8-17) en el tiempo en que se juzga a la gran Babilonia (Apoc. 18:8,10).

En el cielo hay mucha alabanza al Señor nuestro Dios -porque verdaderos y justos son sus juicios-, porque juzgó (ekrinen) a la ramera (Apoc. 19:2). Los cielos se abren y el Fiel y Verdadero, juzga y guerrea en justicia. Monta un corcel blanco y sale del cielo (Apoc. 19:11). Es el Rey de reyes y Señor de señores (Apoc.19:16).

La segunda venida de Cristo tiene el propósito de ejecutar juicio. Este tendrá dos partes. En la primera, Cristo vendrá en una nube blanca, con una corona de oro en su frente y una hoz aguda en su mano (Apoc. 14:14). Viene para cosechar el fruto del verano, representado por quienes aceptaron la mediación de Cristo en el Santuario celestial (Apoc. 14:15). En el servicio típico, el sumo sacerdote, luego de haber hecho expiación por Israel, salía y bende­cía a la congregación. Así también Cristo, al concluir su obra mediadora, aparecerá “sin relación con el pecado” (Heb. 9:28), para bendecir con la vida eterna al pueblo que le espera.

La segunda parte de la ejecución del juicio se describe simbólicamente por medio de la ‘vendimia’ de “los racimos de la tierra” (Apoc.14:18), que se realizaba en otoño. Este juicio cae sobre los impíos que son echados en el lagar de la ira de Dios (Apoc. 14:19). Esta segunda parte del juicio ejecutivo ocurrirá al fin de los mil años (Apoc. 20:13,15). Entonces los impíos resucitarán de los muertos (Apoc. 20:5) y aparecerán delante de Dios para la ejecución del juicio.

La vindicación de Dios es total porque Él recompensará “a cada uno según sus obras” (Apoc. 22:12). Los justos ya han sido totalmente vindicados porque ellos, luego de ser reconciliados con Dios por Cristo, “guardan sus mandamientos”, y tienen derecho “al árbol de la vida” y pueden entrar en la ciudad (Apoc. 22:14).

Finalmente, el tiempo ha llegado para que el pueblo de Dios manifieste una comunión abierta con el Padre y el Hijo. Este era el objetivo de la muerte expiatoria de Cristo y el propósito de su ministerio tanto en el Lugar Santo como en el Lugar Santísimo, del Santuario celestial. Este propósito se cumplió totalmente pues “ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Apoc. 21:3).

El ministerio de Cristo en el Lugar Santísimo presentado en el Apocalipsis como la obra que Él realiza en el naós (templo), introduce su obra de juicio. La teología adventista del séptimo día ha descrito esta obra como el juicio investigador. Esta actividad comienza con la demostración del arca del pacto. El “libro de la vida” y “los libros” aparecen como los registros. Esto establece el marco del juicio para la obra intercesora de Cristo en la segunda fase de su ministerio.

El libro de Apocalipsis muestra específicamente que esta segunda fase de la obra de Cristo es expiatoria, vindicatoria, purificatoria y judicial. Todo la cual ha sido claramente enseñada por la teología Adventista del Séptimo Día. Esta teología armoniza con las referencias al Santuario y a la obra de Cristo, como se pre­senta en el libro de Apocalipsis. 

Conclusión

Nuestro estudio del Santuario-templo en el libro de Apocalipsis demuestra que su existencia en el cielo es una realidad claramente evidenciada a través del libro. Hay dos secciones donde Cristo ministra: el thusiasterion (altar) y el naós (templo).

Su ministerio en el thusiasterion (altar) era una labor intercesora y de aplicación de sus méritos y carácter a los que aceptaban par la fe el sacrificio del Cordero que ahora es el sacerdote. Esta primera fase del ministerio de Cristo iniciada en su sessio - su entronización luego de la resurrección (Apoc. 1:5,18)-, culmina después de la sexta trompeta (Apoc. 11:1-3,18,19) y en la época del surgimiento de a séptima iglesia (Apoc. 3:8; 4:1; 11:19).

El ministerio de Cristo en el naós (templo) es una labor expiatoria, purificatoria, vindicatoria, y especialmente judicial. Esta segunda fase de su ministerio no conduce hacia el fin de su actividad intercesora, ni concluye con a aplicación de sus méritos en beneficio del pecador arrepentido, ni termina con el envió del Espíritu Santo a su iglesia en la tierra, porque ahora hay una puerta abierta para los hombres, de lo que involucra la operación total de todas las actividades. Cuando Cristo concluya el juicio investigador, entonces se producirá la ejecución de este juicio: sobre los cristianos victoriosos durante la segunda venida de Cristo, y sobre los impíos al final del milenio.

El ministerio de Cristo en el Santuario celestial debiera tomarse en consideración cuando se estudie el contenido total del libro del libro de Apocalipsis, porque cada una de las secciones aparece vinculada a una parte específica del santuario. 

Notas y Referencias: 

1- Mateo 17:4; Marcos 9:5; Lucas 9:33; 16:9; Hechos 7:43,44; 15:l6; Hebreos 8:2,5; 9:2,3,6,8,11,21; 13:10; Apocalipsis 13:6; 15:5; 21:3.

2- A. Feuillet, dice: “La Epístola a los Hebreos y el Apocalipsis tienen una indudable y conocida similitud”, en Les Chrétiens pretres et rois d’aprés “Apocalypse”. Revue Thomiste 75 (1975): 41. C. Spicq expresa a misma idea en L’Epitre aux Hebreux (Paris, 1952), t. 1, 114-116, 120, 136-138.

3- James Moffat, “The Revelation of St. John the Divine”, en W. Robertson NicolI, The Expositor’s Greek Testament (Grand Rapids, Mich., 1976, t. 5, p. 431. Wilhelm Michaelis, “Skene”, Theological Dictionary of the New Testament (Grand Rapids, Mich., 1971), p. 378. De aquí en adelante nos referiremos a esta obra con TDNT.

4- Ibíd. p. 377. O. Michel, “Naós”, TDNT, t. 4, p. 888.

5- Apocalipsis 3:12; 7:15; 11:1, 2:19; 14:15; 17; 15:5,6,8 (dos veces); 16:1; 17; 21:22.

6- Apocalipsis 11:2; 14:15; 15:6,8; 16:1, 17; 21:22.

7- Apocalipsis 11:1; 3:12; 7:15; 11:19.

8- Michel, “Naós”, TDNT, t. 4, p. 882.

9- Marcos 13:3; Mateo 12:6; Hechos 24:6; 25:8;1 Corintios 9:13.

10- Gottlob Schrenk, “Hieros, to hieron”, TDNT, t. 3. pp. 235-237.

11- Ibíd., p. 234.

12- Hebreos 9:12,24,25; A. P. Salorn, “Ta Hagía in the Epistote to the Hebrews”, Andrews University Seminary Studies 5:1 (1967): 59-70.

13- Richard C. Trench, Synonyms of the New Testament (Grand Rapids, Mich.. 1966), p. 11.

14- La división más tradicional del Apocalipsis en dos partes ubica a la división del libro hacia el fin del capítulo 11. Los capítulos 1-11 son históricos y 12-22 son escatológicos. H. B. Sweete llama a la primera división el “Primer Apocalipsis”, y a la segunda parte el “Segundo Apocalipsis”. The Apocalypse of John (Londres, 1907), ff. La misma división se encuentra en E. B. Allo, Saint Jean, L’Apocalypse (Paris, 1921) y André Feuillet, L’Apocalypse: Etat de la question (Paris, 1963). R. L. Thomas divide al libro en tres partes la visión del Cristo glorificado, el capítulo 1; la condición actual de la iglesia, los capítulos 2 y 3. Y una revelación del futuro, los capítulos 4-22, en “John’s Apocalyptic Outline”, Biblioteca Sacra 123 (1966): 334-341. Elisabeth Schussler Fiorenza, publicó dos artículos sobre este tema, el primero, “The Eschatology and Composition of the Apocalypse”. CBQ 30 (1968): 537-569; y el segundo, “Composition and Structure in the Book of Revelation”. CBQ 39 (1977): 344-366. Estableció que el punto de vista metahistórico trasciende el de la historia de la salvación porque se concentra específicamente en el breve lapso del tiempo del fin. Ella propone una estructura concéntrica-simétrica, siendo el sector central Apocalipsis 10:1-15:4. A. 1:1-8; B. 1:9- 3:22: 0,4:1-9: 21; 11:15-19: D. 10:1-15:4:0 15:1.5-19:10; B’19 11-22; 9; A’ 22:10-22; 21. U. Vanni, La Struttura Letterana deli’ Apocalisse (Roma, 1971), dice que a perspectiva escatológica del libro es metahistórica; no se trata de una cuenta regresiva fundamentada en “un reloj y en tiempo calendario”, sino que es una visión integrada y profética del Día del Señor (véase especialmente las pp. 243, 244, 250. 251) Charles H. GibIin en “Structural and thematic correlation in the theology on Revelation 16-22’, Bíblica 55 (1974): 487-504, dice que el interés de Juan se concentra desde el mismo comienzo del libro, en la revelación que recibe antes que en el modo de comunicación angélica. Favorece un enfoque teológico-literario que la fundamenta en Apocalipsis 22:6. Descubre dos revelaciones angélicas. La primera en Apocalipsis 17:1-19:9,10 que describe los aspectos negativos del juicio divino, la segunda en 21:9-22:6-9, expresa una trascendencia supra angélica, y par la tanto divina, un testimonio, es decir, una revelación de Jesús mismo. El que pronto vendrá para galardonar a pagan según lucre la obra de cada una. Compartimos el criterio de Kenneth Strand, “Chiastic Structure and Some Motifs in the Book of Revelation”. AUSS 16 (1978): 401-408, porque la forma en que estructura el libro parece estar más en armonía con el contenido. Divide al Apocalipsis en dos secciones, además de un prólogo y un epílogo: A. Prólogo (1:1-11): primera sección (sección histórica); B. Iglesia Militante (1:12-2 22), C. El progreso de la obra salvadora de Dios (4:1-8:1), Da. Las trompetas advierten (8:2-11; 18), Db. La agresión de las fuerzas del mal (11:19-14:20); Segunda sección (serie de (serie de juicios escatológicos), Da. Los castigos par medio de las plagas (15:1-16: 21), Db. El juicio a las fuerzas del mal (17:1-18:24). C. Se completa la obra salvadora de Dios (19:1-21:4), B. La iglesia triunfante (21:5-22’ 5); A. Epílogo (22:6-21).

15- Robert Jamieson, A. R. Fausset, David Brown, A Commentary Critical and Explanatory of the Whole Bible [de aquí en adelante la denominaremos CCEONT] (Grand Rapids, Mich. s.f.), p. 575, dice: “El altar del incienso, por sí sólo estaba en el santuario (griego. naós)”.

16- K Deissner, “Metron. ametros, metreo’, TDNT, t. 4, p. 632.

17- Ibíd., p. 633.

18- Ibíd., p. 634. 190.

19- O. Michel, “Naós”. TDNT, t. 4, pp. 880-890; cf. Iván Barchuk, Explicación del Libro del Apocalipsis (Barcelona 1978), p. 114.

20- J. Behm, Die Offenbarung des Johannes, NT Deutsch (1935), p. 58.

21- O Michel, TDNT, t. 4, p. 888.

22- Charles H. Giblin, Structural and thematic correlation in the theology of Revelation 16-22”, Bíblica 55 (1974): 409.

23- A. R. Fausset, “Revelation”, CCEONT, t. 2, p. 575.

24- En la LXX, se traduce 101 veces la palabra mud como stubs. Si deseas considerar algunas pocas excepciones, vea D. W. Gooding, The Account of the Tabernacle, Translation and Textual Problems of the Greek Exddus (1959), pp. 20,21.

25- Job 9:6; 28:6; 26:11.

26- Éxodo 14:19,20; 19:9; Números 14:14; Nehemías 9:12,19.

27- vocablo “columna” aparece en cuatro versículos del NT: Gálatas 2:9; 1 Timoteo 3:15; Apocalipsis 3:12; 10:1. Con respecto al empleo rabínico del vocablo, véase Strack, Billerbeck, Kommentar, t. 3, p. 537.

28- Lucien Cerfaux, Jules Cambier, El Apocalipsis de Juan ledo a los cristianos (Madrid, 1972), p. 42.

29- Ezequiel 48:35; Herbert G. May, “The Book of Ezekiel”, The Interpreter’s Bible (Nueva York, 1956), t. 6, p. 338; Isa. 62:2; 4, James Muilenburg, “The Book of Isaiah”, The Interpreter’s Bible (Nueva York, 1956), t. 5, p. 718.

30- Strack, Biller- beck, Kommentar, t. 2, p. 797; C. H. Dodd, The Interpre­tation of the Fourth Gospel (Cambridge, 19681, p. 350: Juan 4:26; 8:24,28,58; 12:19; R. E. Brown, The Gospel according to John (Garden City, Nueva York, 1970), pp. 533-538; J. H. Bernard, “Gospel according to St. John”, The International Critical Commentary (Edinburgo, 1976), t. 1, cxvii- cxxi; H. Simmermann, “Des absolute ‘Ego Eimi’ als die neu­testamentliche Offenbarungsformei”, Biblische Zietschrift 4 (1960): 54-69; A. Feuillet, “Les ‘Ego eimi’ christologeque du quatrieme Evangile”, Recherches de Science Religieuse 54 (1966): 5-22; 213-240; M. Veloso, El compromiso cristiano (Florida, Argentina, 1975), pp. 186-191.

31- En Apocalipsis 21:3, Juan afirma que una voz anuncia la existencia del tabernáculo de Dios en la ciudad de la Nueva Jerusalén. ¿Cómo se puede resolver esta aparente contradicción? Apocalipsis 21:3, se refiere a la presencia de Dios en la tierra nueva, y a la ciudad como el lugar de morada porque el skene (tabernáculo) es la habitación de Dios. Por otra parte, Apocalipsis 21:22, forma parte de una descripción de la Nueva Jerusalén cuando ya el pecado no exista. Por lo tanto, en ese tiempo, el templo (naós) ye no existe como elemento vinculado a la eliminación del pecado.

32- H. Wenschkewits, “Die Spiritualisierung der Kultusbegriffe Tempel, Priester und Opfer im NT”, Angebos 4 (1932): 219.

33- Cerfaux, Cambier, El Apocalipsis, p. 234.

34- Trench, Synonyms, p. 165.

35- Helmuth Traub, “Ouranos”, TDNT, 1. 5, p. 530.

36- Char- es H. Giblin, “Correlation”, p. 491.

37- Iván Barchuk, Expli­cacidn del Libro ‘del Apocalipsis (Tarrasa, Barcelona, 1978), p. 107: “La salvación aún no está concluida”.

38- Zondervan, The Analytical Greek Lexicon (Grand Rapids, Mich., 1967), p. 143.

39- Iván Barchuk, Explicación, p. 114.

40- Manley, Grammar, p. 79.

41- Bless, Debrunner, Grammar, p. 167.

42- Arthur Jeffery, “The Book of Daniel”. The Interpreter’s Bible (Nueva York, 1956), t. 6, p. 461.

43- Cerfaux, Cambier, El Apocalipsis, p. 31; Joseph Comblin, Cristo en el Apocalipsis (Barcelona, 1969), pp. 89,93,96.

44- Comblin, Cristo, p. 264; Trench, Synonyms, p. 187. Thayer, Lexicon, p. 254.

45- Iván Barchuk, Explicacion, p. 114: “El trono en el cielo corresponde al arca en el tabernáculo”.

46- J. Jeremías, “Amno”, TDNT, t. 1, pp. 338-340.

47- Algunas de las obras publicadas antes de 1960 son: A. Briggs, The Messiah of the Apostles (Edimburgo, 1985). pp. 284-308; A. Schlatter, Des Alte Testament in der juhanneischen Apokalipse (GUtersloh, 1912), pp. 32-56; H. W. Tribble, “The Christ of the Apocalypse”, Review and Expositor 4 (1943): 167-173; R. B. Y. Scott, “Behold He Cometh with Clouds, New Testament Studies 5 (1958): 127-132; E. Schmitt, “Die Christologische Interpretation als das Grundlengende der Apokalypse”, Theobogische Quartalschrift 140 (1960): 257-290. En la década del sesenta se hicieron estudios más completos acerca de la Cristología del Apocalipsis: Traugott HoIz, Die Christobogie der apokalypse des Johannes (Berlin, 1962); Joseph Comblin, Le Christ dans l’Apocalypse (Tournai, 1965), Cristo en el Apocalipsis (Barcelona, 1969); R. L. Thomas, “The Glorified Christ on Patmos”, Bibliotheca Sacra 122 (1965): 228-236; N. Hillyer, “‘The Lamb in the Apocalypse”, Evangelical Quarterly 39 (1967): 228-236; V. B. Miller, Messias und Menshensohn in judischen Apocalypsen und in der Offenbarung des Johannes (GUtersloh, 1972); Francois Bovon, “Le Christ de l‘Apocalypse”, Revue de Théobogie et de Phibosophie 21 (1972): 65-80; S. Sabugal, “El título Christos en el Apocalipsis”, Augustinianum 12 (1972): 319-340; J. C. Leardi, “El Cristo-total en el Apocalipsis”, Revista Biblica 39 (1977): 253-281.

48- F. Bovon, “Le Christ”, p. 66; S. Sabugal, “Christos”, p. 319; Charles H. Giblin, “Correla­tioñ”, p. 409; J. Comblin, Cristo, p. 24.

49- J. Comblin, Cristo, p. 42; F. Bovon, “Le Christ”, p. 67; 1. Holtz, Chris­tologie, pp. 27-54; H. Hillyer, “The Lamb”, p. 228; V. B. Muller, Messia, pp. 162-165.

50- Apocalipsis 5:6,8,12,13; 6:1,16; 7:9,10,14,17; 12:11; 13:8; 14:1,4,10; 15:3; 17:14; 17:7,9; 21:9,14,22,23,27; 22:1,3,14.

51- J. Jeremías, “Amnos, aren, arnion’, TDNT, t. 1, p. 341.

52- J. Cornblin, Cristo, p. 65.

53- J. Massyngberde Ford, “For the testimony of Jesus is the Spirit of Prophecy”, The Irish Theological Quarterly 42 (1975): 290; Elizabeth Schussler Fiorenza, “Redemption as liberation: Rev. 1: 5f and 5: 9f”, The Catholic Biblical Quarterly 36 (1974): 228.

54- Con la idea de que los títulos de Apocalipsis 1:5 representan la pasión, la resurrección y la ascensión de Cristo, Feuillet concluye diciendo que el Apocalipsis representa a Cristo como sacerdote y como victima, para liberar al hombre del pecado por medio de su sangre. A. Feuillet, “Les chrétiens pretes et rois d’apres L’Apocalypse”, Revue Thomiste 75 (1975): p. 46. Véase también F. Lohmeyer, Die Offenbarung des Johannes (Gotinga, 1966), p. 15; A. Wikenhauser, Die Oftenbarung des Johannes (Ratisbona, 1959), p. 29; A. Farrer, The Revelation of John the Divine (Oxford, 1964), p. 62.

55- O. Bauernfeind, “Nikao”, TDNT, t. 4, p. 944.

56- J. Comblin, Cristo, p. 264-266.

57- ”AI que nos amó, y nos lavó (lysanti) de nuestros pecados con su sangre” (Apoc. 1:5). Elizabeth Schússler Fiorenza, “Redemption”, p. 220. “Lysanti se utiliza sólo aquí en el NT. Sin embargo, comparte su raíz con expresiones como lytron, Iytrousthai o apolytrosi. Estas palabras se emplean en conexión con haima para denotar la redención (Rom. 3:24-26; Efe. 1:7; Heb. 9:12; 1 Ped. 1:19)” (p. 225). Pero esta redención, según E. S. Fiorenza, tiene que ser comprendida “en términos políticos y en categorías socio-económicas” (p. 220). Andre Feuiliet, en armonía con Allo, Lohmeyer, Cerfaux, Gambler, C. B. Caird, T. HoIz y J. Comblin, se oponen a esfe enfoque. Véase A. Feuiilet, “Les chretiens pretres et rois d’apres “Apocalypse”, Revue Tho miste 75 (1975): 56.

58- G. C. Berkouwer, The Work of Christ (Grand Rapids, Mich., 1965), pp. 224-226.

59- John Calvin, Institutes of the Christian Religion (Grand Rapids, Mich., 1966), t. 2, p. 619.

60- Adam Clarke, Commentary (Nueva York, 1832), t. 6, p. 973.

61- Bless, Debrunner, Grammar, pp. 318-339.

62- En el servicio religioso diario, el sacerdote tomaba fuego del altar en el incensario de plata, pero en el Día de la Expiación, lo hacia con el incensario de oro. Clarke, Commentary, t. 6, p. 999.

63- Otto Michel, “Sfrazo, stage”, TDNT, t. 7, p. 934.

64- Friedrich Buchsel, “Agorazo, exagorazo”, TDNT, t. 1, p. 125; S. Sabugal, “Ghristos”, p. 330.

65- Braun, “Poieo”, TDNT, t. 6, p. 464.

66- Peter Staples, “Rev. XVI 4-6 and its Vindication Formula”, Novum Testamentum 14 (1972): 283, 285.

67- Richard Bauckham, “The eschatological earthquake in the Apocalypse of John”, Novum Testamentum 19 (1977): 226. En el Apocalipsis de Juan los terremotos son heraldos de “la venida de Dios en juicio”. 

Nota: Cuando en artículos como este abundan las referencias a libros, revistas y artículos, es probable que aparezcan algunos errores de digitación. Esperamos ser comprendidos. Con todo, hemos querido ser lo más exactos posibles.

   
 

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