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Dos Departamentos, Dos Santuario

   
 

Nota: El siguiente comentario constituye la “Nota Adicional al Capítulo 10” del libro a los Hebreos tal y como está expuesto en el Comentario Bíblico Adventista (ver también Santuario o Lugar Santísimo). Ponemos este material a disposición de nuestros lectores de todo el mundo por considerarlo de suma utilidad para la correcta compresión de la doctrina del Santuario tal y como la expone la Sagrada Escritura. Este artículo nos revela también lo infundado que son algunos comentarios que se han hecho por desacreditar el entendimiento histórico que tienen los adventistas del 7mo. Día sobre la distintiva doctrina del Santuario y la Expiación. 

En la Biblia repetidas veces se hace referencia al gran plan que Dios ideó para la salvación de los seres humanos, plan que tiene como centro y fundamento el sacrificio de nuestro Señor en el Calvario y su ministerio en el cielo por nosotros. Cuando Dios llamó a un pueblo escogido como suyo, una de sus primeras revelaciones a ese pueblo fue acerca del plan de salvación. Dios instruyó a Moisés para que le construyera un santuario a fin de poder habitar "en medio de ellos" (ver Éxo. 25:8). Ese santuario estaba dividido en dos compartimientos (ver Éxo. 26:31-37), en cada uno de los cuales se colocaron ciertos muebles muy importantes. En el primer compartimiento estaban la mesa de los panes de la proposición, el candelero de siete brazos y el altar del incienso; cada día se celebraban allí determinados servicios. En el segundo compartimiento estaba el arca del pacto, y en ese lugar se celebraba sólo un servicio en el día cumbre del ciclo anual: el día de la expiación. En relación con los servicios que se celebraban en ambos compartimientos, se ofrecían sacrificios de animales y se derramaba su sangre.
Este santuario fue hecho de acuerdo con un "modelo" que le fue mostrado a Moisés "en el monte" (Éxo. 25:40; Éxo. 25:9; Hech. 7:44). En el cielo se halla el original, del cual el santuario terrenal era una "sombra" (ver Heb. 8:5; 9:23). El apóstol Juan, a quien le fueron reveladas repetidas vislumbres proféticas del cielo, dice que "fue abierto en el cielo el templo del tabernáculo del testimonio" (ver  Apoc. 15: 5). En ese templo vio en visión celestial el "arca" (cap. 11:19), y también el altar del incienso (ver cap. 8:3). Pablo, el autor de Hebreos, habla de nuestro "sumo sacerdote" en el cielo (Heb. 3:1; 9:24), quien se sacrificó "una vez para siempre" y derramó su sangre en favor de los pecadores que se arrepientan (ver cap. 9:24-26; 10:12).
Por éstos y otros pasajes que podrían citarse es evidente que el santuario terrenal con sus dos compartimientos y su ciclo de servicios, es una "sombra" o bosquejo de la obra de Cristo por los pecadores en el Calvario y en el cielo. Es muy probable que podamos hablar con más seguridad acerca de los servicios del santuario que de cualquier otro aspecto de lo que Dios ha hecho para relacionarse con el hombre, porque allí se presenta delante de nosotros, tan fielmente como pueden hacerlo los símbolos del santuario terrenal, el gran original que se halla en el cielo.
Por lo que nos enseña el santuario terrenal podemos deducir ciertas conclusiones acerca del celestial.  El ministerio terrenal no podía comenzar hasta que el sacerdote no hubiera ofrecido un sacrificio; Cristo comenzó su obra como nuestro sumo sacerdote en el santuario celestial después de ofrendarse a sí mismo.  El santuario terrenal tenía dos fases o etapas que se llevaban a cabo en sus dos compartimientos o divisiones; el celestial tiene también esas dos etapas.  El servicio del santuario terrenal se desarrollaba en su primera etapa y compartimiento hasta que llegaba el día más solemne de todos: el día de expiación.  El servicio del santuario celestial estuvo vinculado con la primera etapa hasta ese día, ya cerca del fin de la historia de la tierra, cuando nuestro gran sumo sacerdote entró en la segunda fase o etapa de su ministerio sacerdotal. La profecía de Dan. 8:14 y la de Dan. 9:25, nos muestran que Cristo comenzó esa segunda fase en 1844.
Sin embargo, como se ha hecho notar en el comentario de Éxo. 25: 9, es vano especular en cuanto a las dimensiones, la apariencia exacta, o la disposición precisa del santuario celestial, pues "ningún edificio terrenal podría representar la grandeza y la gloria del templo celestial" (PP 371). El hombre es la "imagen de Dios" (Gén. 1:27), y sin embargo sólo Cristo es "la misma imagen de su sustancia" (Heb. 1:3). El santuario terrenal fue hecho conforme al modelo celestial; era, pues, una vívida representación de los diferentes aspectos del ministerio de Cristo en favor del hombre caído (PP 371). Podemos hablar correctamente del "lugar santo" y del "lugar santísimo" del santuario celestial, pues al hacerlo usamos el lenguaje y los símbolos del santuario terrenal (Éxo. 26:33-34) para entender, de la mejor manera posible, la verdad concerniente al santuario celestial. Pero al basarnos en lo que conocemos del terrenal, no debemos permitir que ningún tipo de perplejidad en la comprensión del santuario celestial opaque en nuestra mente las grandes verdades enseñadas por esa "sombra" terrenal, una de las cuales es que el ministerio de Cristo en nuestro favor se lleva a cabo en dos fases o en "dos grandes divisiones", empleando las palabras de Elena G. de White (PP: 371). Esta verdad es vital para la debida comprensión de la obra de nuestro gran sumo sacerdote. Para un estudio más completo de este tema, pueden leerse los comentarios de los textos citados.
La Epístola a los Hebreos trata de la obra de Cristo como nuestro sumo sacerdote.  En ciertos casos, por ejemplo el cap. 9, Pablo habla de dos compartimientos del tabernáculo terrenal y le da cierta aplicación al ministerio de Cristo en el cielo. Por lo tanto, este libro veces ha sido el centro de una discusión teológica en cuanto a la interpretación de las palabras de Pablo acerca de dicho tema, particularmente en cuanto a si enseña que hay dos compartimientos en el santuario celestial, o "dos grandes divisiones" del ministerio sacerdotal de Cristo.
Este Comentario sostiene firmemente que el ministerio celestial de Cristo se lleva a cabo en "dos grandes divisiones", o empleando el simbolismo de las Escrituras, en el "lugar santo" y después en el "lugar santísimo" del santuario celestial (ver comentario de Éxo. 25:9,40); pero considera que no ha de buscarse en el libro de Hebreos una presentación definitiva de este asunto.
Los primeros cristianos de origen judío estaban muy perplejos con el problema de si debían participar o no en los servicios realizados en el santuario terrenal, que ellos y sus antepasados habían considerado durante mil quinientos años como centro y fundamento de la verdadera vida religiosa. Pablo procura mostrar por medio de una serie de paralelos y de contrastes, que ya no debían consagrar su lealtad y dedicación al santuario terrenal porque Dios ya había establecido aquello de lo cual lo terrenal no era sino una "sombra". Por ejemplo, el autor de Hebreos habla del sacerdote inmortal del cielo, comparado con los sacerdotes mortales de la tierra (ver Heb. 7:23-24,28), del sacrificio incomparable de Cristo en contraste con el sacrificio de animales (ver cap. 9:11-14,23-26; 10:11-14); y llega a la grandiosa conclusión de que ahora hay un "tanto mejor ministerio" (ver cap. 8: 6) al alcance de los hijos de Dios.  Ya no necesitamos recurrir más a sacerdotes terrenales para presentar ante Dios nuestras súplicas en busca de perdón.  Nosotros podemos ahora ir directa y confiadamente al trono de la gracia en virtud de nuestro gran sumo sacerdote celestial (ver cap. 4:14-16; 10:19-22).
Pablo tenía que establecer esta verdad fundamental de la inmensa superioridad del santuario celestial, para persuadir a los cristianos de origen judío a apartar para siempre su atención de los sacerdotes y del santuario terrenal para fijarla en el gran Sacerdote y en el santuario celestial. Pablo concentra sobre esta verdad su apasionado tema acerca del santuario.  Este Comentario sostiene que si las declaraciones de Pablo en Hebreos se comparan con otros pasajes bíblicos que tratan más ampliamente con las "dos grandes divisiones" del servicio del santuario, aparece nítidamente un cuadro bíblico muy completo en cuanto a la naturaleza y a la preeminencia del ministerio de Cristo por nosotros como sumo sacerdote (CBA, tomo VII, pp. 483,484).