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La
doctrina del Juicio final es un concepto cristiano que no sólo se
encuentra en
la Biblia sino también en los credos cristianos antiguos. No es
un invento de
la
Iglesia Adventista sino que ha sido parte del mensaje cristiano
desde los tiempos apostólicos. De acuerdo con Pablo, el juicio
formaba parte del evangelio que él predicaba a los Judíos y
gentiles y no era incompatible con su enseñanza sobre
la Justificación
por la le. Las buenas nuevas del evangelio son que aun cuando el
Juicio nos condena, Jesús ha traído una justificación no basada en
la ley sino en la fe en él como nuestro sustituto y Salvador.
Aunque aún así enfrentamos un Juicio, ahora podemos hacerlo con
confianza, sabiendo que seremos exonerados en y a través de
Cristo.
El cristianismo y el juicio previo al advenimiento
Tal vez algunos adventistas se sorprendan al saber que muchos
cristianos creen en un juicio que ocurre antes del regreso de
Cristo. De hecho, los católicos y muchos protestantes comparten
este concepto. La teología católica distingue entre el juicio
particular y el juicio general.[1]
El juicio particular ocurre inmediatamente después de la muerte y
determina si el alma entrará en el cielo, el purgatorio o el
infierno.[2]
Este Juicio toma lugar antes de la segunda venida de Cristo y es
necesario debido a la doctrina católica de la inmortalidad del
alma. El Juicio general ocurre en la segunda venida, es de
carácter universal e incluye tanto a los justos como a los malos.
Los seres humanos lo experimentarán en el cuerpo después de la
resurrección.[3]
No es claro, sin embargo, por qué habría necesidad de un Juicio
general si el Juicio particular determina el destino eterno de
cada individuo.
Los dispensacionalistas tienen una doctrina del Juicio muy
desarrollada que conceptúa al menos siete Juicios individuales.[4]
El primero comprende el Juicio de la iglesia en el cielo después
del rapto y antes de la segunda venida. Podríamos considerarlo
como un juicio "previo al advenimiento". De nuevo uno se sorprende
de por qué los creyentes que ya han sido raptados deben enfrentar
un juicio. ¿No indica acaso el hecho de que Dios los ha raptado
que han pasado por el juicio y sido absueltos? Los otros juicios
ocurren en la segunda venida (e. g., el Juicio de Israel y el de
los gentiles), y después del milenio (e. g., los Juicios de
Satanás y de los ángeles caídos, y el de los muertos no salvos).[5]
Otro grupo de cristianos prefiere describir el Juicio como un solo
evento universal que ocurre en la segunda venida de Cristo, en
ocasión de la resurrección de todos los justos e injustos. Esa
posición parece ignorar que Cristo viene por segunda vez para
salvar a quienes lo esperan y no para determinar si ellos se
salvarán o no (Hebreos 9:28). Él tiene que tomar esa decisión en
algún momento antes de su regreso.
Como adventistas, nosotros hemos enseñado que el Juicio Final
consiste en un proceso que comienza en el cielo antes del retorno
de Cristo (Dan. 7:9, 10, 21, 22, 26, 27) y concluye después del
milenio (Apocalipsis 20:11, 12). Quienes han aceptado a Cristo
como su Salvador pasaran por el juicio en el cielo antes de la
venida de Cristo (Daniel 7:22; Romanos 2:5, 6). Luego en la
segunda venida los fieles quedan a salvo de sus enemigos (Hebreos
9:28), son reveladas las decisiones legales hechas en el tribunal
celestial (Romanos 2:5), y se recompensa apropiadamente a cada uno
(versículo 6). Enseguida ocurre el milenio, durante el cual los
justos –llevados al cielo– juzgarán a los malos (Apocalipsis
20:4; 1 Corintios 6:2, 3). Después del milenio Dios dará a conocer
las decisiones tomadas en el tribunal celestial y Satanás y sus
seguidores serán condenados de manera justa a la muerte eterna
(Apocalipsis 20:12‑15). Basados en nuestro entendimiento de las
profecías apocalípticas también hemos sido capaces de identificar
el momento histórico en que comenzó el juicio en el cielo; es
decir, en 1844 (Daniel 7:25, 26; Daniel 8:13, 14; Apocalipsis
14:6, 7). De allí la importancia y urgencia del mensaje y la
misión de nuestra iglesia.
Nuestra comprensión del juicio final integra toda la información
bíblica relacionada con ese tema específico en una declaración
doctrinal coherente. Siendo que
la Biblia rechaza la doctrina de la inmortalidad del alma,
nosotros negamos que el juicio previo al advenimiento ocurra al
momento en que la persona muere, pero sí afirmamos que comienza
antes del regreso de Cristo.
La Biblia también enseña que el traslado [al cielo] ocurre en
la segunda venida; por lo tanto, creemos que el juicio no tiene
lugar después del traslado sino antes del regreso de Cristo.
Entonces los justos recibirán la recompensa que se les ha asignado
en el tribunal celestial.
Juicio e investigación en el Antiguo Testamento
Un juicio justo comienza con una investigación, un examen de los
hechos y su evaluación antes de pronunciar un veredicto final. Esa
es la forma de proceder en cualquier tribunal, incluyendo el
celestial. La gente en los tiempos bíblicos realizaba comúnmente
indagaciones judiciales antes de hacer decisiones legales. Por
ejemplo, la frase "buscando e inquiriendo" (Jueces 6:29) se
refiere a ese proceso. Job, al describir su responsabilidad de
juez en la puerta de la ciudad, declara: "Y de la causa que no
entendía, me informaba con diligencia" (Job 29:16). Ester le
informó al rey que dos de sus siervos estaban planeando matarlo:
"Se hizo investigación del asunto, y fue hallado cierto; por
tanto, los dos eunucos fueron colgados en una horca" (Ester 2:22,
23). Podríamos citar muchos otros ejemplos.
Dios
también hace indagaciones antes de dictar sentencia en contra o a
favor de los seres humanos. Vemos esto indicado claramente en
Génesis 3:8‑18, el primer juicio registrado en
la Biblia. Los
eruditos ven en Génesis 3:11‑20 un "juicio",[6]
un proceso legal,[7]
o una escena de juicio.[8]
En esta escena Dios actúa como fiscal,[9]
investigando el crimen cometido por la primera pareja. La historia
"sigue paso a paso el procedimiento de una acción legal:
08‑10: Escondimiento y hallazgo
11‑13: Interrogación y defensa
14‑19: Tres sentencias de castigo".[10]
Es importante notar que hay un interrogatorio: Dios pregunta,
investigando la naturaleza y razón del crimen cometido. En otras
palabras, en esta historia hay una investigación dentro del
proceso de Juicio en la cual Dios busca y analiza la evidencia. La
pregunta obvia es si Dios ya conocía el crimen; y si así era,
entonces por qué necesitó hacer una investigación. Umberto Cassuto,
un comentarista bíblico Judío, formula esas preguntas y sugiere
que “siendo que la narrativa subsecuente describe a Dios como
omnipotente, es razonable que aquí no se lo describa como alguien
que no se da cuenta de lo que lo rodea".[11]
Cassuto añade que "el Juez de toda la tierra llama al hombre, a
fin de demandar de él el relato de su conducta".[12]
Según otros, el propósito de las preguntas es (1) establecer los
hechos y "dejarle claro al hombre y a la mujer lo que ellos han
hecho";[13]
(2) permitirle "al hombre, que él mismo reconozca su crimen";[14]
(3) o mejor aún, hacer que el acusado "confiese su culpa".[15]
Es interesante observar que durante la indagatoria Dios cuestionó
a Adán y a Eva, pero ignoró sorprendentemente a la serpiente. El
Señor no la juzga de la misma forma que a la pareja. Dios sólo
condena al enemigo y pronuncia una sentencia contra él.[16]
Aquí tenemos un excelente paralelismo con el Juicio final en el
que Dios es quien busca la verdad, conduce el juicio y pronuncia
el veredicto. Daniel 7 sigue el mismo patrón durante el Juicio
escatológico en el que se describe a Dios abriendo los libros
(investigando la evidencia), conduciendo el juicio, y dictando la
sentencia final (a favor de su pueblo y en contra del enemigo).
Otros casos en los que Dios investigó antes de pronunciar una
sentencia aparecen en Génesis 4:9‑13; 18:22; y Salmos 7:8, 9. En
este último pasaje la frase "prueba [bajan] la mente y el corazón"
se refiere a un proceso investigador, tal como se indica por el
uso del verbo bajan. Aquí "sugiere la fase investigadora necesaria
para un correcto juicio"
[17] (Cf. Salmo 11:4‑6).
La investigación de la evidencia es un tema común en los libros
proféticos. Unos cuantos ejemplos pueden ser suficientes para
mostrarlo. Oseas 4:1‑3, por ejemplo, contiene el anuncio de un
juicio, el análisis de la evidencia y un veredicto. Miqueas 6:1‑16
describe un Juicio completo que incluye testigos, la presentación
de la evidencia contra del pueblo y la decisión legal. Sofonías
1:12 usa el verbo "investigar" para referirse a los fundamentos
sobre los cuales el juez basará la sentencia. Es simplemente
imposible tener un Juicio sin una investigación legal de la
evidencia.
Juicio e investigación en el Nuevo Testamento
Durante el período del Nuevo Testamento el principio expresado por
Nicodemo era bien conocido: "¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre
si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?" (Juan 7:51). Es
legalmente inconcebible pronunciar una sentencia sin reunir y
analizar toda la evidencia. Pablo compareció ante Festo y Agripa
para un juicio que obviamente incluía la evaluación de la
evidencia que apoyaba los cargos contra él (Hechos 25:2-11;
26:2-32).
El
tribunal divino sigue el mismo patrón. La Escritura describe a
Dios juzgando imparcialmente la obra de cada persona; es decir, él
evalúa o examina cuidadosamente la vida de cada individuo antes de
dar el veredicto (1 Pedro 1:17). Su juicio es universal. Tanto los
vivos como los muertos "darán cuenta" a Dios (1 Pedro 4:5) y él
"juzgará... los secretos de los hombres" (Romanos 2:16). En otras
palabras, Dios investigará la evidencia escondida de la vista
humana. La norma de juicio es la respuesta de la persona a Jesús
(2 Tesalonicenses 2:12) y a la ley (Santiago 2:12).
La Escritura enfatiza la idea de la investigación mediante la
insistencia en el hecho de que Dios juzgará a los humanos según
sus obras (Mateo 12:36, 37; 16:27; Apocalipsis 20:13), incluyendo
los cristianos (1 Corintios 3:8‑15; 2 Corintios 5: 10; Efesios
6:8; Colosenses 3:23‑25).
El juicio se llevará a cabo "ante el tribunal [bema] de Cristo" (2
Corintios 5: 10) y de Dios (Romanos 14: 10). El Nuevo Testamento
usa aquí una imagen tomada del sistema legal secular en el cual el
término griego bema designaba un lugar donde se colocaba un
oficial, escuchaba los casos y pronunciaba las sentencias legales
(Hechos 18:12, 16; 25:6, 10). Las cortes seguían un procedimiento
legal que requería la reunión de la evidencia, su evaluación, y la
pronunciación de un veredicto final. El escritor inspirado emplea
una práctica humana para ilustrar lo que ocurre en el tribunal
celestial. La idea que ella trasmite es la de una investigación y
evaluación que conducen a un veredicto. "Cada uno de nosotros dará
a Dios cuenta de sí" (Romanos 14:12), pero las buenas nuevas son
que en el tribunal celestial quien habla en nuestro lugar nos
confesará delante de los ángeles (Lucas 12:8, 9). Nuestro abogado
(1 Juan 2:1) e intercesor (Hebreos 7:25) está a cargo de nuestro
juicio. Eso tiene que ser así porque el juicio del pueblo de Dios
ocurrirá en el cielo antes del regreso de Cristo. Siendo que
nosotros no podremos estar allí, Cristo nos representará.
Daniel 7 indica que el Juicio comienza en el cielo y el Nuevo
Testamento apoya el concepto. Ya hemos visto que en Daniel el
juicio comienza antes que el reino de Dios sea establecido sobre
la tierra. Pablo lo asocia con la segunda venida en Romanos 2:5, 6
y 2 Timoteo 4: 1. Hebreos 9:27, 28 nos informa que el juicio final
ocurre después que uno muere, y que el siguiente evento
escatológico es la segunda venida. Según el versículo 28 Cristo no
viene a juzgar a su pueblo sino a salvarlo; es decir, a darles la
recompensa determinada en el juicio. De acuerdo con Romanos 2:5, 6
es en el día de la ira (la segunda venida) cuando será revelado el
justo juicio de Dios, y cuando él "pagará a cada uno conforme a
sus obras". Aquí encontramos dos ideas importantes. La primera,
que el "justo Juicio de Dios" es algo todavía oculto en el tiempo
presente, pero que será revelado posteriormente. Esto significa
que se hizo una decisión Judicial antes de la segunda venida,
porque es en ocasión de ese evento cuando dicha decisión se
revela. La segunda, muestra que Dios basó la decisión Judicial en
las obras de la persona. Dios las tomó en cuenta en el aspecto
investigador del Juicio para determinar el destino final otorgado
en ocasión de la venida de Cristo.
El examen de los registros
La Biblia menciona varios libros celestiales donde se conserva
la historia de la vida de cada miembro de la raza humana. Incluso
los que no eran israelitas en el mundo antiguo creían en tales
libros celestiales. Los registros mesopotámicos hablan de la
"tablilla de la vida", "la tablilla de sus errores, delitos y
crímenes", y "la tablilla de sus buenos actos".[18]
Pero es difícil determinar la naturaleza, y en algunos casos el
propósito, de tales registros celestiales.
La
Biblia habla del libro de la vida, basada en la práctica de
guardar un registro de los nombres de las personas que vivían en
una ciudad (e. g., Isaías 4:3; Ezequiel 13:9). El libro de la vida
celestial contiene los nombres de todos aquellos que formaron
parte del pueblo de Dios (Éxodo 32:32, 33; Daniel 12: 1;
Filipenses 4:3; Lucas 10:20; Apocalipsis 21:27). La apostasía
podría resultar en la remoción del nombre de una persona de ese
libro (Salmo 69:28; Apocalipsis 3:5). Este libro también registra
las acciones humanas, sean buenas o malas (Isaías 65:6;
Apocalipsis 20:12). El libro de memorias podría ser el mismo que
el libro de las acciones (Malaquías 3:16; Cf. Ester 6:1). La
contraparte terrenal del libro de acciones celestial podría haber
sido el libro de las Crónicas de los reyes de Israel y Judá que
preservaron las cosas buenas y malas que hizo cada rey. Los
profetas las usaron para evaluar las vidas de los diferentes
reyes. Nosotros no conocemos la naturaleza de los registros
celestiales, pero su función es extremadamente importante. La
Biblia se refiere a ellos para enfatizar la naturaleza objetiva e
imparcial del Juicio final. Tales registros les proveen una
evidencia objetiva a los miembros del concilio celestial para
determinar el destino de cada individuo (Daniel 7:10; 12:1;
Apocalipsis 20:12). Dios, obviamente, no necesita de tales
registros, pero sus criaturas sí. Quienes han aceptado a Cristo
como su Salvador personal no deben preocuparse del contenido de
sus registros en el cielo, porque Cristo les ha otorgado el perdón
de sus pecados y la justicia de Cristo les ha sido acreditada.
Mientras permanezcan en una relación de pacto genuina con nuestro
Salvador el juicio investigador simplemente confirmará y asegurará
por siempre su compromiso previo con él.
La justificación por la fe y el juicio
La Biblia enseña que somos salvos por la fe en Cristo y
juzgados por las obras. Teólogos cristianos de todas las
tradiciones por mucho tiempo han intentado integrar estas dos
declaraciones aparentemente contradictorias. Por lo tanto, este
problema teológico no es peculiar de los adventistas. Ya hemos
indicado que para Pablo el evangelio y el juicio no eran conceptos
contradictorios sino complementarlos (Romanos 2:16). El juicio era
uno de los conceptos fundamentales que la iglesia primitiva
enseñaba a los nuevos conversos (Hebreos 6:3) y era parte de la
proclamación apostólica (Hechos 24:25).
Un
teólogo luterano escribió: "Una doctrina de la justificación que
elude el concepto del juicio pierde su carácter como proclamación
del señorío de Dios, y con ello la única base de la humanización
de la raza humana. Un concepto del juicio que no adquiere su
significado de la doctrina de la justificación no deja lugar para
la seguridad de la salvación".[19]
Debemos mantener juntos ambos conceptos a fin de presentar un
cuadro balanceado de
la Escritura. Dos
eruditos no adventistas han intentado describir la relación entre
el juicio por las obras y la justificación por la fe de la
siguiente forma:
"Pablo... cree en el juicio final de cada hombre. La función
primaria de éste será revelar si el hombre pertenece a Cristo o
no, y en consecuencia determinar su destino. Para quienes han
entrado en una relación con Dios por medio de la fe en Cristo, el
veredicto anticipado en la justificación y demostrado en sus
vidas, será confirmado. Para quienes han rechazado a Cristo, su
condenación estará decidida."
De acuerdo con Travis, cuando somos justificados por la fe en
Cristo recibimos por adelantado el veredicto de exoneración que
será pronunciado en el tribunal divino durante el juicio final.
Por lo tanto, el juicio final confirma esa decisión judicial
dejando en claro que pertenecemos a Cristo. Sólo aquellos que no
pertenecen a Cristo son condenados.
[20]
"Ese evento público [descrito en Romanos 2:5], en el cual se dará
un veredicto y se pronunciará una sentencia pública, requerirá una
evidencia pública verificable para sustentarlos. Y la única
evidencia pública disponible serán nuestras obras: lo que hemos
hecho y se nos ha visto hacen La presencia o ausencia de la fe
salvadora en nuestros corazones será puesta al descubierto por la
presencia o ausencia de amor en nuestras vidas."[21]
La justificación por la fe no es un concepto o una idea abstracta
para ser asimilada sólo con nuestro intelecto. Quienes han sido
justificados viven una vida de obediencia al Señor, que refleja
una vida controlada por el amor hacia Dios y hacía otros. La
siguiente declaración resume bastante bien la posición adventista
a este respecto:
"La Biblia enseña que
la Justificación
pertenece a las 'cosas' finales, porque trae el ansiado veredicto
de absolución del último juicio al presente... Por lo tanto, el
testimonio de la Escritura es contradicho cuando la lógica humana
concluye que siendo que la justificación ‑una realidad presente a
través de la fe ‑ pertenece a las últimas cosas, no se le puede
pedir nada adicional al creyente en el Juicio final. Aunque la
bendición de la absolución en el Juicio futuro ciertamente llega a
operar aun en el presente,
la Escritura aclara que lo que Dios quiere ver en el juicio final
son creyentes justificados, quienes a través de su gracia hayan
dado frutos para su gloria [Filipenses 1:9‑11). La nueva historia
que Dios le da a cada creyente no acaba cuando éste va a Cristo y
es Justificado; apenas ha comenzado. Al final Dios pide una
justificación con frutos, no en el sentido de la fórmula 'fe más
obras igual a salvación', sino en el sentido de que la
justificación es la fuente del fruto santificado”.[22]
Propósito del juicio final
El
Juicio Final es una investigación de la verdad, que busca
restablecer
la Justicia y la armonía en un mundo trastornado por la presencia
del pecado. El Juicio hace al inocente victorioso sobre los malos
y reafirma y vindica los principios divinos que gobiernan el
universo. De hecho, el juicio final culmina con un reconocimiento
cósmico de la justicia de Dios, una teodicea (theós, "Dios" y díke,
"Justicia"). Basados en la evidencia que Dios presentará durante
el Juicio Final, toda criatura inteligente del universo
testificará que Dios es en verdad justo y misericordioso. Sólo
entonces será apropiado concluir la guerra entre el bien y el mal
y eliminar a Satanás y a sus seguidores del universo.
Filipenses 2:10 y 11 anticipa el momento cuando todo el cosmos
reconocerá a Dios y a Cristo como dignos de alabanza: Vara que en
el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los
cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua
confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre".
Esta será la experiencia de quienes se hallan en el cielo, es
decir, ángeles y seres celestiales. Juan describe a los seres
celestiales postrándose ante Dios y alabándolo por la sabiduría y
poder que él manifestó en sus maravillosos actos de salvación a
favor de su pueblo (Apocalipsis 7:11, 12). Tales seres celestiales
fueron testigos de los procedimientos judiciales en el cielo y
están persuadidos de que Dios es justo en sus juicios contra los
poderes malignos (Daniel 7: 10; Apocalipsis 16:5; 19: 1‑10).
El segundo grupo mencionado por Pablo, que se une a quienes se
hallan en el cielo para alabar a Dios consiste de seres humanos.
Esta expectativa escatológica tiene sus raíces en la proclama del
salmista a todas las naciones para alabar a Dios. El pueblo de
Dios, los reyes de la tierra y todas las naciones son invitados a
adorarlo (Salmo 5:6, 7; 148:1 l). Incluso la naturaleza recibe la
invitación para reconocer a Dios como Creador y Redentor (Salmo
148:7‑ 10). Pablo sugiere que tal evento ocurrirá al fin.
El tercer grupo comprende a los que están "debajo de la tierra".
La palabra griega usada por Pablo (katajthonios) aparece en la
literatura griega para designar a seres divinos o demonios
localizados en el infierno, el reino de los demonios.[23]
Pablo parece usarla aquí para referirse a los poderes espirituales
del mal a fin de enfatizar el hecho de que aún ellos reconocerán y
confesarán finalmente que sólo Dios y Jesús son dignos de alabanza
y adoración. No es una confesión basada en el arrepentimiento,
sino un reconocimiento de que ellos se hallaron en el lado
equivocado de la gran controversia y que Dios es justo en
condenarlos. En el Antiguo Testamento tenemos un precedente legal
para tal práctica.
Israel investigó cuidadosamente el pecado de Acán, y después de
identificarlo como el culpable, lo confrontó con las
consecuencias. El pueblo de Dios lo sentenció a muerte a fin de
restaurar el orden social y espiritual en Israel. Pero antes de la
ejecución Josué le dijo: "Da gloria a Jehová el Dios de Israel, y
dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo
encubras" (Josué 7:19). Algunos han llamado a esto una doxología
de Juicio. Permítame explicarlo. En esta situación, glorificar y
alabar al Señor significaría que Acán aceptaba la responsabilidad
por su pecado y que estaba listo para declarar públicamente que el
juicio de Dios contra él era merecido y justo. No es una confesión
del pecado para obtener perdón, sino un reconocimiento del hecho
de que la persona es culpable de los cargos y que el veredicto
divino es justo. Los poderes demoníacos reconocerán finalmente que
Dios es justo, así como también la sentencia pronunciada contra
ellos. Parecería que Dios busca persuadir incluso al archienemigo
de que él es realmente un Dios de justicia y amor. Incluso Satanás
percibirá claramente la verdad. Ninguna criatura inteligente se
perderá eternamente teniendo dudas o cuestionando la naturaleza
del carácter de Dios.
Elena de White describe la experiencia de Satanás durante el
juicio después del milenio y su doxología de juicio de la
siguiente manera: "Satanás ve que su rebelión voluntaria te
incapacitó para el cielo. Ejercitó su poder guerreando contra
Dios; la pureza, la paz y la armonía del cielo serían para él
suprema tortura. Sus acusaciones contra la misericordia y justicia
de Dios están ya acalladas. Los vituperios que procuró lanzar
contra Jehová recaen enteramente sobre él. Y ahora Satanás se
inclina y reconoce la justicia de su sentencia".
[24] Es solamente entonces cuando Dios puede
detener el reinado destructivo de Satanás.
Quienes han aceptado a Jesús como Salvador y Señor no deben temer
al juicio, porque ya han pronunciado su doxología de juicio.
Confrontados con el Juicio de Dios sobre la cruz en contra del
pecado, ellos reconocen que son culpables de los cargos y que Dios
estaba en lo correcto al condenarlos a la muerte eterna. Pero
también saben que la fase ejecutiva de su juicio tomó lugar en
Cristo y que al aceptarlo a él como Salvador no serán condenados
en el juicio final (Romanos 10:9, 10; Juan 5:24). Ahora podemos
enfrentar el futuro con plena confianza
(Fulgores
de Gloria;
pp.
32-43).
Notas y Referecias:
Richard P. McBrian, Catholicism (San Francisco: Harper,
1994) p.1164.
J. H. Wright, “Judgment, Divine”, en New Catholic
Enclycopedia, tomo 8, pp. 36, 37.
S. N. Gundry, “The Judment of Nations”, en Walter A. Elwell,
ed. Evangelical Dictionary of Theology (Grand Rapids: Baker,
1984) p. 591; David R. Nicholas, “Judgements varoius”, en Mal
Couch, ed., Dictionary of Premillennial Theology (Grand
Rapids: Kregal, 1996) pp. 225-227.
John F. Walvoord hace una lista de siete juicios que ocurren
al momento de la segunda venida y después de ésta (Major Bible
Prophecies [Grand Rapids: Zondervan, 1991], pp. 381-388).
Nicolas da una lista más completa en “Judgments”, pp. 225-227
[véase la referencia anterior].
von Rad, Genesis, p. 91; Walter Brueggeman, Genesis
(Atlanta: John Knox, 1982) p. 49.
Claus Westermann, Genesis 1-11: A Comentary (Minneápolis:
Augsburg, 1984), p. 49.
John H. Sailhamer,
“Genesis”, en Frank A. Gaebelein, ed., The Expositor’s Bible
Commentary (Grand Rapids: Zondervan, 1990), tomo 2, p. 52)
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1961) p. 155.
Westerman, Genesis 1-11; pp. 254, 255.
Hamilton, Genesis 1-17; p. 194.
Gordon J. Wenham, Genesis 1-15 (Waco, Texas: Word, 1987) p. 77
Westerman,
Genesis 1-11, p. 255, escribe: “El crimen comenzó con la
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del mal. La serpiente no es interrogada; es maldecida”.
Pietro Bovati, Re-Establisbing Justice: Legal Terms, Concepts
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Journal of Ancient Near Eastern Studies 5 (1973): 345, 346,
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Ivan Blazen, “Justification and Judgment”, Adventist Review
(11 de agosto de 1983), p.9
Hermann Sasse, “Katajchthonios”, en Gerhard Kittel, ed.
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Eerdmans, 1965), tomo 3, pp. 633, 634.
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