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Ministerio de Jesús y Santuario

   
  Por: Dr.  Alberto R. Treiyer
   
 
Lugar privado", "prohibido pasar", "no se aceptan mascotas", "no apto para cardíacos", "vehículos no registrados serán remolcados", "violadores serán procesados". Y a pesar de eso, jamás faltan los que desobedecen las señales públicas. Es más, no importa cuán altos construyan los paredones y tegidos metálicos, no podrán impedir que sigan pasando los inmigrantes ilegales. La gente se las ingenia para entrar a otros países con mejores perspectivas de vida y a cualquier precio:  mintiendo, falsificando, sobornando. Cuanto más crisis hay en algunos países, más esfuerzos hay para emigrar. Lo que no hemos podido hacer todavía, es irnos a otro planeta. ¡Cuánto menos a otra galaxia!
 
Pero no nos preocupemos. Está por llegar el día en que esto último sucederá. Hace dos mil años atrás vino del cielo un rey para darnos una visa de entrada a su ciudad celestial. No requiere de nosotros que nos aguantemos largas colas frente a una embajada para obtener un permiso. El mismo vino hasta donde estábamos para darnos la carta de ciudadanía que necesitábamos para entrar en su reino. Tampoco requiere que le paguemos grandes sumas de dinero. Nos la ofrece gratis, ya que cuando vino, lo hizo para pagar todos los trámites que se requieren de entrada a su ciudad. Y lo más maravilloso es que podemos "acercarnos" a él más allá de las 6 de la tarde. ¡Sí, su oficina nunca cierra, y el papeleo corre por cuenta de su reino!
 
¿Acceso ilimitado? ¿Dónde?
 
¿Dónde está nuestro Rey? ¿Es cierto que nos da acceso ilimitado? ¿Qué hizo para que pudiéramos acercarnos a él? Ya hemos visto en lecciones anteriores que está en el santuario celestial oficiando como sumo sacerdote en nuestro favor, y en virtud de su sangre. Pero, ¿por qué tanta gente no sabe nada de lo que está haciendo ahora por nosotros allá arriba? ¿Acaso no tiene muchas sucursales aquí en la tierra para anunciar su reino?
 
Los dos argumentos básicos que se han encontrado para negar un ministerio de Jesús en dos lugares y momentos diferentes del santuario celestial tienen que ver básicamente con dos hechos. Se nos dice, en primer lugar que, luego de ofrecer su sacrificio, Jesús se sentó "a la diestra del trono" de Dios (Heb 8:1). Ya vimos en la lección anterior, que el error de este argumento es que se ha restringido esa diestra al lugar santísimo. Algo semejante ocurre con el segundo argumento que corresponde tratar ahora. Tiene que ver con nuestro acceso al santuario celestial. Hebreos dice que Jesús, el príncipe del cielo, nos inauguró un camino para que podamos entrar, siguiéndolo a él, "dentro del velo", y esto es igualmente malinterpretado como refiriéndose exclusívamente al lugar santísimo (Heb 6:19-20; 9:8; 10:19-22).
 
Según se arguye, en la tierra había muchas trabas e impedimentos para acercarse a Dios en su santuario. Los gentiles no podían entrar al patio del templo de Israel, salvo un lugar bastante retirado que se les asignaba. El pueblo tampoco podía ir más allá del patio (incluso las mujeres y los niños se paraban más de lejos). Ni los sacerdotes podían ir más allá del lugar santo. Sólo el sumo sacerdote, una vez al año y luego de una preparación muy especial, podía entrar en el lugar santísimo (Lev 16:1-2).
 
¿Cuál era el resultado de traspasar esas prohibiciones? La pena de muerte. "El extraño que se acerque, morirá" (Núm 1:51; 3:10,38; 4:15,20; Núm 17:13; 18:7, etc). Ahora, según se arguye, todas esas trabas y prohibiciones y amenazas se terminaron y tenemos un acceso ilimitado y directo al lugar santísimo.
 
¿De veras? ¿Puede alguien describirme qué es lo que vió? ¿Vió el arca del pacto y a Jesús ministrando delante del Padre sentado en su trono? ¿Vió los querubines y escuchó a los ángeles de Dios alabando su nombre? Me parece que algo anda mal con ese razonamiento. Lo que los antiguos no podían hacer con su santuario terrenal (entrar físicamente al lugar santísimo), tampoco podemos hacerlo nosotros hoy con nuestro santuario celestial. Y, sin embargo, la carta a los Hebreos nos asegura "que tenemos plena seguridad para entrar en el Santuario, por la sangre de Jesús, por el nuevo y vivo camino que él nos abrió, a través del velo, esto es, [por el camino de] su carne" (Heb 10:19-20).
 
Los antiguos tenían acceso a Dios (había un camino para ellos).
 
Los antiguos también seguían la obra sacerdotal efectuada en favor de ellos dentro del templo del primer pacto. No sólo el sumo sacerdote comparecía "en la presencia [o literalmente 'faz'] de Dios" una vez al año en el lugar santísimo (Lev 16:2,13). También comparecían "delante de Señor" [traducción más usual] los sacerdotes cuando oficiaban frente al altar del incienso y la cortina que separaba el lugar santo del santísimo (Lev 4:6-7). Y aunque el pueblo no tenía acceso físico a los lugares interiores del templo, eso no impedía que pudiesen comparecer en la misma "presencia de Dios" cuando se acercaban al patio del santuario para ofrecer sus sacrificios (Lev 4:14-15). Aún fuera del patio podían sentir que estaban "en la presencia del Señor" (Juec 21:2; 2 Sam 21:9).
 
El propósito mismo por el que Dios ordenó construir un santuario fue el de manifestarse a su pueblo y vivir "en medio de ellos" (Ex 25:8-9,40). Es cierto que la pena de muerte pesaba para el que presuntuosamente se acercaba al templo sin cumplir con las condiciones que Dios estableció. Pero eso mismo ocurre hoy, según lo destaca claramente la Epístola a los Hebreos (Heb 12:25;  véase 4:11-13; 10:26-31). Hoy también debemos aprender a acercarnos a Dios como él manda, por el único medio de salvación que ha puesto delante de nosotros, esto es, el sacrificio de su Hijo y su mediación celestial.
 
 "Cuando Jesús en su ascensión entró por su propia sangre en el santuario celestial para derramar sobre sus discípulos las bendiciones de su mediación, los judíos fueron dejados en completas tinieblas para continuar con sus sacrificios y ofrendas inútiles. La ministración de tipos y sombras había cesado. Esa puerta por la cual los hombres habían anteriormente encontrado acceso a Dios [en la antigua dispensación], no estaba más abierta. Los Judíos habían rehusado buscarlo en el único camino por donde podía entonces ser encontrado, mediante la ministración en el santuario celestial... Para ellos la puerta fue cerrada", CS, 430 (inglés).
 
La naturaleza de nuestra entrada al templo celestial.
 
La Epístola a los Hebreos es bien definida al describir la naturaleza de nuestra entrada actual al templo celestial. Veamos varios pasajes.
 
a) Por medio de la mediación sacerdotal de Jesús.
- Heb 7:25:  "por medio de él se acercan a Dios".
- Heb 12:22,24:  "sino que os habéis acercado... a Jesús, el Mediador del nuevo pacto..."
 
b) Mediante la sangre de Jesús. En la sangre de Jesús está nuestra vida de pecado que confesamos y transferimos mediante su ministerio al santuario celestial. Es a través de su sangre, en la cual está inscrito el pecado que confesamos, y mediante la cual recibimos perdón, que comparecemos delante de Dios (Heb 10:19).
- Heb 13:11:  "cuya sangre del pecado es introducida en el santuario".
- Heb 9:22:  "sin efusión de sangre no hay remisión", esto es, "quitamiento" del pecado del penitente y "transferencia" del mismo al santuario, todo mediante el ministerio de la sangre. Véase A. R. Treiyer, Las Promesas Gloriosas del Santuario, Lección 5;  y Los Cumplimientos Gloriosos del Santuario, Lección 7.
 
c) Mediante la fe o iluminación del Espíritu Santo (en una dimensión espiritual).
- Heb 6:4:  "fueron iluminados" y "participaron del Espíritu Santo".
- Heb 11:2:  "Por ella [la fe] los antiguos fueron aprobados" (quiere decir que los antiguos que ejercieron fe también entraron, no físicamente, pero espiritualmente por la fe, en el santuario divino (Heb 11:39-40; 12:1; véase sin embargo 4:2, en referencia a la mayoría).
- Ef 2:6,18:  "Con él [Jesús] nos resucitó y nos sentó en el cielo con Cristo Jesús... Porque por medio de él, unos [gentiles] y otros [judíos], tenemos acceso al Padre por un mismo Espíritu".
 
¿Hay velos o puertas en el templo celestial?
 
La primera pregunta que tenemos que hacernos es la siguiente. ¿Impedían los velos y puertas del templo antiguo comparecer en la cara o presencia de Dios (lipene' Yahvé)? Ya vimos que no. Los hombres de fe del antiguo pacto podían y debían comparecer "delante del Señor", y el hecho de que el templo terrenal tuviera velos o puertas no impedía ese acceso espiritual.
 
Lo mismo sucede hoy, pero de una manera mejor aún. El acceso al que apunta el nuevo pacto es definitivo y eterno, porque el sacrificio es único y no repetible, y el ciclo completo de nuestro sumo sacerdote celestial que pasa por diferentes velos o puertas, también es único y no repetible. Luego de cumplir su obra en el lugar santo y completar el juicio en el santísimo, Jesús no saldrá para llevar de nuevo el pecado y comenzar otro ciclo de servicios equivalente al antiguo ritual anual. Saldrá del templo celestial "sin [relación con el] pecado para salvar a los que lo esperan" (Heb 9:28).
 
Es cierto que mediante Jesús, tenemos un acceso a Dios "delante del cual no cuelga velo", como dice E. de White. Pero eso no significa que no haya velos ni puertas en el santuario celestial. ¿En qué sentido no cuelga velo? En que Jesús tiene "la llave de David" mediante la cual "abre, y ninguno cierra, cierra y ninguno abre" (Apoc 3:7-8). No hay velo que pueda interponerse en ese camino que nos abrió para toda esta dispensación cristiana. No obstante, ese camino pasa por diferentes velos y puertas en los diferentes momentos de su obra de mediación. [En referencia a 1844, E. de White comenta basándose en Daniel y Apocalipsis, que la puerta del lugar santo se cerró entonces, y se abrió la del lugar santísimo. "Había aún una 'puerta abierta' al santuario celestial, donde Cristo estaba ministrando en favor del pecador" (GC, 429-430 en inglés). Véase detalles en A. R. Treiyer, The Day of Atonement and the Heavenly Judgment, 514-520.
 
Jesús es nuestro "Precursor" (Heb 6:20). Nos abrió o inauguró un nuevo camino viviente que penetra "dentro del velo" (Heb 10:20). ¿Cuál velo? Es significativo que no mencione "segundo velo" como en Heb 9:3, para referirse al lugar santísimo. Si el apóstol está traspasando el santuario antiguo con su ministerio en su entero al santuario y ministerio celestiales, es obvio que se refiere a ambos velos del templo celestial. Pero, ¿por qué se refiere a ambos velos en singular? En Núm 18:7, Moisés usa la misma expresión cuando habla del ministerio sacerdotal que debía efectuarse "del velo adentro", obviamente en referencia a ambos cuartos del tabernáculo terrenal y en sus diferentes momentos durante el año. No importa en qué momento nos toque vivir, podemos y debemos acercarnos al Señor donde él está.
 
En otras palabras, Jesús puso en marcha un ministerio en el templo celestial que ninguna puerta o velo puede detener. Y detrás de "nuestro Precursor", seguimos nosotros, primero en una dimensión espiritual, de fe, y luego corporalmente cuando nos lleve a la casa de su Padre, en su venida. Nuestra carne humana, la que asumió el Hijo de Dios al venir a este mundo aunque ahora glorificada como lo será la nuestra en su venida (Filip 3:21), llegó al trono de Dios y está allí honrada y dignificada delante de todo el universo en la persona del Hijo (Heb 10:20; 12:22,24; Apoc 5:9-12). De esto se deduce que, así como el evangelio, el pacto, el sacerdocio y el santuario son ahora mejores, así también sucede con nuestro acceso actual a la presencia de Dios.
 
¿Dónde, para qué y cómo?
 
Meditemos en algunos pasajes que resumen lo que hemos estado tratando. Es bueno leerlos directamente de la Palabra de Dios.
 
¿Adónde debemos ir para asegurarnos el pase a la ciudad de nuestro Rey? ¿A qué lugar del cielo? Adentro del "santuario [celestial]" (Heb 10:19), más específicamente "al trono de la gracia" (Heb 4:16), que está en el "monte Sión, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén celestial, a innumerables huestes de ángeles en feliz asamblea, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús, el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel" (Heb 12:22-24).
 
¿Para qué? "Para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Heb 4:16), ya que ese rey "está siempre vivo para interceder por... los que se acercan a Dios por medio de él" (Heb 7:25).
 
¿Cómo? "Por la sangre de Jesús..., con corazón sincero, con plena certeza de fe, purificado el corazón de mala conciencia, y lavado el cuerpo con agua limpia" (Heb 10:19,22). "Fijos los ojos en Jesús, autor y perfeccionador de la fe" (Heb 12:2). "Porque sin fe es imposible agradar a Dios, porque el que se acerca a Dios, necesita creer que existe, y que recompensa a quien lo busca" (Heb 11:6). "La fe es estar seguros de lo que esperamos, y ciertos de lo que no vemos. Por ella los antiguos fueron aprobados" (Heb 11:1-2). 
   
 
 
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