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Lugar privado", "prohibido pasar", "no se aceptan mascotas", "no
apto para cardíacos", "vehículos no registrados serán remolcados",
"violadores serán procesados". Y a pesar de eso, jamás faltan los
que desobedecen las señales públicas. Es más, no importa cuán
altos construyan los paredones y tegidos metálicos, no podrán
impedir que sigan pasando los inmigrantes ilegales. La gente se
las ingenia para entrar a otros países con mejores perspectivas de
vida y a cualquier precio: mintiendo, falsificando, sobornando.
Cuanto más crisis hay en algunos países, más esfuerzos hay para
emigrar. Lo que no hemos podido hacer todavía, es irnos a otro
planeta. ¡Cuánto menos a otra galaxia!
Pero no nos preocupemos. Está por llegar el día en que esto último
sucederá. Hace dos mil años atrás vino del cielo un rey para
darnos una visa de entrada a su ciudad celestial. No requiere de
nosotros que nos aguantemos largas colas frente a una embajada
para obtener un permiso. El mismo vino hasta donde estábamos para
darnos la carta de ciudadanía que necesitábamos para entrar en su
reino. Tampoco requiere que le paguemos grandes sumas de dinero.
Nos la ofrece gratis, ya que cuando vino, lo hizo para pagar todos
los trámites que se requieren de entrada a su ciudad. Y lo más
maravilloso es que podemos "acercarnos" a él más allá de las 6 de
la tarde. ¡Sí, su oficina nunca cierra, y el papeleo corre por
cuenta de su reino!
¿Acceso ilimitado? ¿Dónde?
¿Dónde está nuestro Rey? ¿Es cierto que nos da acceso ilimitado? ¿Qué
hizo para que pudiéramos acercarnos a él? Ya hemos visto en
lecciones anteriores que está en el santuario celestial oficiando
como sumo sacerdote en nuestro favor, y en virtud de su sangre.
Pero, ¿por qué tanta gente no sabe nada de lo que está haciendo
ahora por nosotros allá arriba? ¿Acaso no tiene muchas sucursales
aquí en la tierra para anunciar su reino?
Los dos argumentos básicos que se han encontrado para negar un
ministerio de Jesús en dos lugares y momentos diferentes del
santuario celestial tienen que ver básicamente con dos hechos. Se
nos dice, en primer lugar que, luego de ofrecer su sacrificio,
Jesús se sentó "a la diestra del trono" de Dios (Heb 8:1). Ya
vimos en la lección anterior, que el error de este argumento es
que se ha restringido esa diestra al lugar santísimo. Algo
semejante ocurre con el segundo argumento que corresponde tratar
ahora. Tiene que ver con nuestro acceso al santuario celestial.
Hebreos dice que Jesús, el príncipe del cielo, nos inauguró un
camino para que podamos entrar, siguiéndolo a él, "dentro del velo",
y esto es igualmente malinterpretado como refiriéndose
exclusívamente al lugar santísimo (Heb 6:19-20; 9:8; 10:19-22).
Según se arguye, en la tierra había muchas trabas e impedimentos
para acercarse a Dios en su santuario. Los gentiles no podían
entrar al patio del templo de Israel, salvo un lugar bastante
retirado que se les asignaba. El pueblo tampoco podía ir más allá
del patio (incluso las mujeres y los niños se paraban más de lejos).
Ni los sacerdotes podían ir más allá del lugar santo. Sólo el sumo
sacerdote, una vez al año y luego de una preparación muy especial,
podía entrar en el lugar santísimo (Lev 16:1-2).
¿Cuál era el resultado de traspasar esas prohibiciones? La pena de
muerte. "El extraño que se acerque, morirá" (Núm 1:51; 3:10,38;
4:15,20; Núm 17:13; 18:7, etc). Ahora, según se arguye, todas esas
trabas y prohibiciones y amenazas se terminaron y tenemos un
acceso ilimitado y directo al lugar santísimo.
¿De veras? ¿Puede alguien describirme qué es lo que vió? ¿Vió el
arca del pacto y a Jesús ministrando delante del Padre sentado en
su trono? ¿Vió los querubines y escuchó a los ángeles de Dios
alabando su nombre? Me parece que algo anda mal con ese
razonamiento. Lo que los antiguos no podían hacer con su santuario
terrenal (entrar físicamente al lugar santísimo), tampoco podemos
hacerlo nosotros hoy con nuestro santuario celestial. Y, sin
embargo, la carta a los Hebreos nos asegura "que tenemos plena
seguridad para entrar en el Santuario, por la sangre de Jesús, por
el nuevo y vivo camino que él nos abrió, a través del velo, esto
es, [por el camino de] su carne" (Heb 10:19-20).
Los antiguos tenían acceso a Dios (había un camino para ellos).
Los antiguos también seguían la obra sacerdotal efectuada en favor
de ellos dentro del templo del primer pacto. No sólo el sumo
sacerdote comparecía "en la presencia [o literalmente 'faz'] de
Dios" una vez al año en el lugar santísimo (Lev 16:2,13). También
comparecían "delante de Señor" [traducción más usual] los
sacerdotes cuando oficiaban frente al altar del incienso y la
cortina que separaba el lugar santo del santísimo (Lev 4:6-7). Y
aunque el pueblo no tenía acceso físico a los lugares interiores
del templo, eso no impedía que pudiesen comparecer en la misma "presencia
de Dios" cuando se acercaban al patio del santuario para ofrecer
sus sacrificios (Lev 4:14-15). Aún fuera del patio podían sentir
que estaban "en la presencia del Señor" (Juec 21:2; 2 Sam 21:9).
El propósito mismo por el que Dios ordenó construir un santuario
fue el de manifestarse a su pueblo y vivir "en medio de ellos" (Ex
25:8-9,40). Es cierto que la pena de muerte pesaba para el que
presuntuosamente se acercaba al templo sin cumplir con las
condiciones que Dios estableció. Pero eso mismo ocurre hoy, según
lo destaca claramente la Epístola a los Hebreos (Heb 12:25; véase
4:11-13; 10:26-31). Hoy también debemos aprender a acercarnos a
Dios como él manda, por el único medio de salvación que ha puesto
delante de nosotros, esto es, el sacrificio de su Hijo y su
mediación celestial.
"Cuando Jesús en su ascensión entró por su propia sangre en el
santuario celestial para derramar sobre sus discípulos las
bendiciones de su mediación, los judíos fueron dejados en
completas tinieblas para continuar con sus sacrificios y ofrendas
inútiles. La ministración de tipos y sombras había cesado. Esa
puerta por la cual los hombres habían anteriormente encontrado
acceso a Dios [en la antigua dispensación], no estaba más abierta.
Los Judíos habían rehusado buscarlo en el único camino por donde
podía entonces ser encontrado, mediante la ministración en el
santuario celestial... Para ellos la puerta fue cerrada", CS, 430
(inglés).
La naturaleza de nuestra entrada al templo celestial.
La Epístola a los Hebreos es bien definida al describir la
naturaleza de nuestra entrada actual al templo celestial. Veamos
varios pasajes.
a) Por medio de la mediación sacerdotal de Jesús.
- Heb 7:25: "por medio de él se acercan a Dios".
- Heb 12:22,24: "sino que os habéis acercado... a Jesús, el
Mediador del nuevo pacto..."
b) Mediante la sangre de Jesús. En la sangre de Jesús está nuestra
vida de pecado que confesamos y transferimos mediante su
ministerio al santuario celestial. Es a través de su sangre, en la
cual está inscrito el pecado que confesamos, y mediante la cual
recibimos perdón, que comparecemos delante de Dios (Heb 10:19).
- Heb 13:11: "cuya sangre del pecado es introducida en el
santuario".
- Heb 9:22: "sin efusión de sangre no hay remisión", esto es, "quitamiento"
del pecado del penitente y "transferencia" del mismo al santuario,
todo mediante el ministerio de la sangre. Véase A. R. Treiyer, Las
Promesas Gloriosas del Santuario, Lección 5; y Los Cumplimientos
Gloriosos del Santuario, Lección 7.
c) Mediante la fe o iluminación del Espíritu Santo (en una
dimensión espiritual).
- Heb 6:4: "fueron iluminados" y "participaron del Espíritu
Santo".
- Heb 11:2: "Por ella [la fe] los antiguos fueron aprobados" (quiere
decir que los antiguos que ejercieron fe también entraron, no
físicamente, pero espiritualmente por la fe, en el santuario
divino (Heb 11:39-40; 12:1; véase sin embargo 4:2, en referencia a
la mayoría).
- Ef 2:6,18: "Con él [Jesús] nos resucitó y nos sentó en el cielo
con Cristo Jesús... Porque por medio de él, unos [gentiles] y
otros [judíos], tenemos acceso al Padre por un mismo Espíritu".
¿Hay velos o puertas en el templo celestial?
La primera pregunta que tenemos que hacernos es la siguiente. ¿Impedían
los velos y puertas del templo antiguo comparecer en la cara o
presencia de Dios (lipene' Yahvé)? Ya vimos que no. Los hombres de
fe del antiguo pacto podían y debían comparecer "delante del Señor",
y el hecho de que el templo terrenal tuviera velos o puertas no
impedía ese acceso espiritual.
Lo mismo sucede hoy, pero de una manera mejor aún. El acceso al
que apunta el nuevo pacto es definitivo y eterno, porque el
sacrificio es único y no repetible, y el ciclo completo de nuestro
sumo sacerdote celestial que pasa por diferentes velos o puertas,
también es único y no repetible. Luego de cumplir su obra en el
lugar santo y completar el juicio en el santísimo, Jesús no saldrá
para llevar de nuevo el pecado y comenzar otro ciclo de servicios
equivalente al antiguo ritual anual. Saldrá del templo celestial
"sin [relación con el] pecado para salvar a los que lo esperan"
(Heb 9:28).
Es cierto que
mediante Jesús, tenemos un acceso a Dios "delante del cual no
cuelga velo", como dice E. de White. Pero eso no significa que no
haya velos ni puertas en el santuario celestial. ¿En qué sentido
no cuelga velo? En que Jesús tiene "la llave de David" mediante la
cual "abre, y ninguno cierra, cierra y ninguno abre" (Apoc 3:7-8).
No hay velo que pueda interponerse en ese camino que nos abrió
para toda esta dispensación cristiana. No obstante, ese camino
pasa por diferentes velos y puertas en los diferentes momentos de
su obra de mediación. [En referencia a 1844, E. de White comenta
basándose en Daniel y Apocalipsis, que la puerta del lugar santo
se cerró entonces, y se abrió la del lugar santísimo. "Había aún
una 'puerta abierta' al santuario celestial, donde Cristo estaba
ministrando en favor del pecador" (GC, 429-430 en inglés).
Véase detalles en A. R. Treiyer,
The Day of Atonement and the Heavenly Judgment, 514-520.
Jesús es nuestro "Precursor" (Heb 6:20). Nos abrió o inauguró un
nuevo camino viviente que penetra "dentro del velo" (Heb 10:20). ¿Cuál
velo? Es significativo que no mencione "segundo velo" como en Heb
9:3, para referirse al lugar santísimo. Si el apóstol está
traspasando el santuario antiguo con su ministerio en su entero al
santuario y ministerio celestiales, es obvio que se refiere a
ambos velos del templo celestial. Pero, ¿por qué se refiere a
ambos velos en singular? En Núm 18:7, Moisés usa la misma
expresión cuando habla del ministerio sacerdotal que debía
efectuarse "del velo adentro", obviamente en referencia a ambos
cuartos del tabernáculo terrenal y en sus diferentes momentos
durante el año. No importa en qué momento nos toque vivir, podemos
y debemos acercarnos al Señor donde él está.
En otras palabras, Jesús puso en marcha un ministerio en el templo
celestial que ninguna puerta o velo puede detener. Y detrás de "nuestro
Precursor", seguimos nosotros, primero en una dimensión espiritual,
de fe, y luego corporalmente cuando nos lleve a la casa de su
Padre, en su venida. Nuestra carne humana, la que asumió el Hijo
de Dios al venir a este mundo aunque ahora glorificada como lo
será la nuestra en su venida (Filip 3:21), llegó al trono de Dios
y está allí honrada y dignificada delante de todo el universo en
la persona del Hijo (Heb 10:20; 12:22,24; Apoc 5:9-12). De esto se
deduce que, así como el evangelio, el pacto, el sacerdocio y el
santuario son ahora mejores, así también sucede con nuestro acceso
actual a la presencia de Dios.
¿Dónde, para qué y cómo?
Meditemos en algunos pasajes que resumen lo que hemos estado
tratando. Es bueno leerlos directamente de la Palabra de Dios.
¿Adónde debemos ir para asegurarnos el pase a la ciudad de nuestro
Rey? ¿A qué lugar del cielo? Adentro del "santuario [celestial]"
(Heb 10:19), más específicamente "al trono de la gracia" (Heb
4:16), que está en el "monte Sión, a la ciudad del Dios vivo, a la
Jerusalén celestial, a innumerables huestes de ángeles en feliz
asamblea, a la congregación de los primogénitos inscritos en el
cielo, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos
hechos perfectos, a Jesús, el Mediador del nuevo pacto, y a la
sangre rociada que habla mejor que la de Abel" (Heb 12:22-24).
¿Para qué? "Para alcanzar misericordia y hallar gracia para el
oportuno socorro" (Heb 4:16), ya que ese rey "está siempre vivo
para interceder por... los que se acercan a Dios por medio de él"
(Heb 7:25).
¿Cómo? "Por la sangre de Jesús..., con corazón sincero, con plena
certeza de fe, purificado el corazón de mala conciencia, y lavado
el cuerpo con agua limpia" (Heb 10:19,22). "Fijos los ojos en
Jesús, autor y perfeccionador de la fe" (Heb 12:2). "Porque sin fe
es imposible agradar a Dios, porque el que se acerca a Dios,
necesita creer que existe, y que recompensa a quien lo busca" (Heb
11:6). "La fe es estar seguros de lo que esperamos, y ciertos de
lo que no vemos. Por ella los antiguos fueron aprobados" (Heb
11:1-2).
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