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Unas Palabras a Nuestros Lectores

 

 

  Por: Héctor A. Delgado
   
 

Recuerdo una ocasión en la que había decidido cambiar mi vehículo. Lo puse en venta para comprar otro en mejores condiciones. Pronto me di cuenta que los interesados me ofrecían menos dinero por mi carro que el que debían ofrecerme, al tiempo que se empeñaban en encontrarle faltas por todas partes. Eso me frustraba bastante. Para colmo, cada vez que preguntaba por el automóvil que quería comprar, me pedían más dinero del que realmente valía. Me dije molesto: “Mi carro no vale nada porque está en mis manos, pero el que deseo adquirir sí vale mucho, claro que vale mucho porque está en las manos de otro”.

Casos como estos se reflejan en todas las áreas de la vida. Hasta en la teología.

Por eso, este incidente, me hace pensar en algo parecido en relación con el entendimiento que tenemos como adventistas de la doctrina del Santuario. Observo con interés a los teólogos y maestros de otras denominaciones religiosas (¡ncluyendo algunos adventistas!) empeñados en desacreditar por todo los medios posibles la singular doctrina del santuario y el ministerio sumosacerdotal de Cristo en el cielo. Muchos llegan hasta decir cosas absurdas con tal de ridiculizar nuestra comprensión de esta gloriosa verdad. Incluso, gastan fortunas y sus capacidades de investigación promoviendo y explicando doctrinas totalmente desacertadas y desacreditadas. ¡Y a eso le llaman “verdad”! Pero, estoy seguro de algo: aquí sucede lo mismo que ocurrió con la venta de mi carro. La doctrina del santuario que sostenemos no “vale nada” porque está en nuestras manos, pero si estuviera en la de ellos, constara “mucho dinero”. Fuera su mayor gloria. Y los cuatros vientos no darían para gritarlo.

En nuestra presente actualización ponemos a disposición de nuestros lectores, todo un arsenal de información bien documentada, y sólidamente bíblica por demás. Al hacerlo, nos embarga una profunda emoción, pues estos materiales pueden satisfacer la necesidad aún de la mente más culta y erudita. 

La doctrina del santuario y su punto central (el Cordero de Dios y su ministerio sumosacerdotal) es parte de nuestra vida espiritual como adventistas. En ella encontramos orientación evangélica y escatológica. Es una potente luz que guía nuestros pasos por las sendas oscuras de este mundo. Puede ser comprendida, sostenida con las Escrituras y pronto, muy pronto la veremos triunfar. Junto con ella triunfarán todos aquellos (que sin importar la religión a la que pertenezcan) logren apreciarla y recibirla por la fe en sus vidas.  

Dejamos pues, a su consideración estas sólidas informaciones.