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2,300 Tardes y Mañanas |
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[La expresión “tardes y mañanas” en] Heb. 'éreb bóqer, [es]
literalmente "tarde mañana", una expresión comparable con la descripción
de los días de la creación, "la tarde y la mañana un día" (Gén. 1:5), etc.
La LXX usa la palabra "días" después de la expresión "tarde y mañana".
Tratando de hacer coincidir aproximadamente este período con los tres años
durante los cuales Antíoco IV asoló el templo, algunos han computado
hábilmente la expresión "2.300 tarde- mañana" como si sólo correspondiera
con 1.150 días literales.
Acerca de esto, Keil ha advertido que el período de 2.300 tardes y mañanas
de ninguna manera podría ser entendido como "2.300 medios días ni como
1.150 días enteros porque en la creación la tarde y la mañana no
constituían la mitad de un día sino todo el día". Después de citar esta
declaración, Edward Young dice: "Por eso debemos entender la frase como
2.300 días" (The Prophecy of Daniel, p. 174).
Los comentadores han tratado sin éxito de encontrar algún acontecimiento
histórico que se amolde a un período de 2.300 días literales. Wright
observa: "Sin embargo, todos los esfuerzos para armonizar este período, ya
se lo considere como de 2.300 días o de 1.150 días, con cualquier época
histórica precisa que se mencione en el libro de los Macabeos o en Josefo,
han sido inútiles... El Prof. Driver tiene razón al afirmar: 'Parece
imposible encontrar dos acontecimientos separados por 2.300 días (= 6 años
y 4 meses) que corresponderían con la descripción' " (Charles H. H. Wright,
Daniel and His Prophecies, 1906, pp. 186-187). La única forma en
que se puede dar consistencia a estos "días" es computarlos en el sentido
profético mediante la aplicación del principio de día por año.
El tiempo al cual se hace referencia aquí es específico y definido, pero
en el cap. 8 no se indica ninguna fecha para su comienzo. Sin embargo, en
el cap. 9 se menciona específicamente tal fecha (ver vers. 25).
Demostraremos que esta fecha es 457 a. C. Partiendo de esta fecha, los
2.300 días proféticos que representan el mismo número de años solares (ver
cap. 7:25), llegan hasta el año 1844 d. C. [...]
El Santuario.
Puesto que los 2.300 años se proyectan hasta bien avanzada la era
cristiana, el santuario no puede referirse al templo de Jerusalén que fue
destruido en el año 70 d. C. El santuario del nuevo pacto es
inequívocamente el santuario celestial, "que levantó el Señor, y no el
hombre" (Heb. 8:2; CS 463 - 470). Cristo es el sumo sacerdote de este
santuario (Heb. 8:1). Juan previó un tiempo cuando se dirigiría especial
atención hacia "el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él" (Apoc.
11:1). Los símbolos que usa el revelador son notablemente parecidos a los
que se emplean en Dan. 8: 11-13.
“Será Purificado”
Del hebreo tsadaq, "ser justo", "ser recto". La forma nifal,
nitsdaq, sólo aparece aquí, lo que puede sugerir que se deba dar a
este término un significado especial. Los lexicógrafos y traductores
sugieren varios significados, tales como "ser puesto en rectitud", o "ser
puesto en una condición correcta", "ser rectificado", "ser declarado
recto', "ser justificado', o "ser vindicado'. La traducción "será
purificado" es la forma en que aparece en la LXX que aquí usa la forma
verbal katharisthesetai. No se sabe si los traductores de la LXX
dieron un significado adaptado al vocablo hebreo nitsdaq o
tradujeron de manuscritos que tenían otra palabra hebrea, quizá tahar,
que significa "estar limpio", "limpiar". La Vulgata usa la forma
mundabitur, que también significa "limpiado". Ver cap. 9:24.
Para ayudar a determinar a cuál acontecimiento relacionado con el
santuario celestial se hace referencia aquí, será útil examinar las
ceremonias del santuario terrenal, porque los sacerdotes de ese santuario
servían "a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales" (Heb. 8:5).
Las ceremonias del santuario del desierto y del templo estaban divididas
en dos grupos principales: el culto diario y el anual. El ministerio
diario de Cristo como nuestro sumo sacerdote estaba simbolizado por las
ceremonias diarias. El día anual de la expiación era símbolo de una obra
que Cristo debía emprender al final de la historia... La profecía de Dan.
8:14 anuncia el tiempo cuando debía comenzar esta obra especial. La
purificación del santuario celestial abarca toda la obra del juicio final
que comienza con la fase de la investigación y termina con la fase de la
ejecución, que da como resultado la erradicación permanente del pecado del
universo.
Un aspecto importante del juicio final es la vindicación del carácter de
Dios ante todas las inteligencias del universo. Debe demostrarse que no
tienen ninguna base las acusaciones falsas que Satanás ha presentado
contra el gobierno de Dios. Se debe mostrar que Dios ha sido completamente
justo al elegir a ciertos individuos para que formen parte de su reino
futuro y al impedir la entrada de otros allí. Los actos finales de Dios
arrancarán de los hombres estas confesiones: "Justos y verdaderos son tus
caminos" (Apoc. 15:3); "Justo eres tú, oh Señor" (Apoc. 16:5); "tus
juicios son verdaderos y justos" (Apoc. 16:7). Satanás mismo será
impulsado a reconocer la justicia de Dios (CS 728-730). La palabra griega
de esos pasajes del Apocalipsis que se traduce por "Justo" es díkaios,
equivalente al Heb. tsaddiq, derivado de tasadaq, raíz del
verbo que se traduce "será purificado" en Dan. 8: 14. De esta manera el
Heb. tasadaq puede transmitir el pensamiento adicional de que el
carácter de Dios será completamente vindicado como el clímax de "la hora
de su juicio" (Apoc. 14:7), el cual comenzó en 1844. Ver Problems in
Bible Translation (Problemas en la Traducción de la Biblia),
p.p. 174 - 177. (CBA, tomo IV, pág.
872).
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