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La importancia de la Justificación por la Fe ha pasado al primer plano en
la enseñanza Adventista del 7mo. Día en la actualidad. Desdichadamente,
como en el pasado, este tópico ha encontrado gran antagonismo, y corno
consecuencia, ha generado mucha oposición. Satanás está haciendo todo lo
posible para impedir la restauración final del Evangelio Eterno, porque
sabe que este es el único poder que puede destruir su dominio sobre el
hombre pecaminoso.
Por causa de esta controversia y confusión, estamos buscando
un punto de unidad sobre la Justificación por la Fe. Pero hasta que
estemos unidos en la verdad como es en Jesús no podremos predicar un
mensaje distinto y único al mundo, y acabar la predicación del Evangelio
Eterno (el mensaje de los tres ángeles) a toda nación, tribu, lengua y
pueblo (Apoc. 14:6-12).
Hoy, se están enseñando dentro del adventismo tres puntos de vista
diferentes sobre el Evangelio. Vamos a considerar y a evaluar cada uno de
ellos, con el propósito de eliminar el error y proveer la unidad en la fe
sobre esta doctrina tan crucial, que un día debe “absorber toda otra
enseñanza” (Review and Herald, extra, 23- 12-1890).
El Punto de Vista “Tradicional” del Evangelio
De acuerdo a este enfoque la Justificación por la Fe consiste
en dos experiencias: la justificación y la santificación. Este es el
entendimiento general que tienen los Adventistas. La relación y el
significado de estas dos experiencias son entendidos de la siguiente
manera:
1) La justificación es el perdón de los pecados pasados hecho
posible a través de la muerte de Cristo. Cuando por el arrepentimiento y
la confesión, una persona acepta a Cristo, todos sus pecados pasados son
perdonados. Esto es identificado con la Justificación por la Fe, la obra
de un momento y es muchas veces mencionada como nuestro derecho al Cielo.
2) Sin embargo, el perdón de los pecados pasados, tan
maravilloso como puede ser, es solamente la cancelación de nuestra
desobediencia pasada a la Ley, pero no nos hace justos. A fin de calificar
para el Cielo tal justificación (cancelación de las cuentas pasadas) debe
ser acompañada por una justicia positiva. Esto es realizado a través de la
obediencia a todos los Mandamientos de Dios por medio del proceso de la
santificación. Así, la santificación o santidad de vida (obediencia a la
Ley) es esencial como nuestra idoneidad para el Cielo Esta obra de
santificación no puede ser realizada con nuestra propia fuerza, sino que
es hecha posible por medio de la morada del Espíritu Santo [en el
creyente]. Habiéndole perdonado los pecados pasados, Dios requiere del
creyente que obedezca Su Ley a través de Su gracia, si el Cielo ha de ser
de él. Y esta obediencia a la Ley demuestra que realmente él ama a Dios y
a Jesús, y por lo tanto merece el Cielo.
3) Durante el proceso de santificación que es la obra de toda
la vida, los creyentes individualmente cometerán pecados. Estos deberán
ser perdonados o cancelados a través del arrepentimiento y la confesión
diarios. Todo pecado conocido no confesado los descalificará en el juicio
y los privará del Cielo.
Resumiendo el punto de vista Tradicional del Evangelio
encontramos que finalmente el Cielo es ganado por: 1) Justificación, el
perdón de los pecados pasados en la conversión; 2) Obediencia a todos los
Mandamientos de Dios, que nos hace justos y dignos para el Cielo, y 3) El
perdón de los pecados cometidos después de ser justificados durante el
proceso de santificación a través del arrepentimiento y la confesión
diarios.
Pero debido que los dos últimos puntos son cosas diarias, la
obra de toda la vida, el creyente nunca puede sentirse seguro de la
salvación sino hasta el día del juicio.
Evaluando el Punto de Vista “Tradicional”
1) Esta visión falla al no hacer una clara diferencia entre el
Evangelio y sus frutos. En consecuencia, el Evangelio no es enseñado como
una verdad objetiva terminada en Cristo, sino como incluyendo también
nuestra experiencia subjetiva, (que es, la que Cristo hace en el
creyente), como un requisito para la salvación.
2) Así el Evangelio deja de ser Buenas Nuevas para convertirse
en “Buenas Noticias” par un lado y un “Buen Consejo” par otro. De esta
manera, un concepto que incluye nuestras buenas obras coma requisito final
para la salvación, implica que la salvación no es sólo por fe, sino por fe
más las obras u obediencia a la Ley (Esta era incidentalmente la herejía
de los Gálatas) Quienes adoptan esta visión del Evangelio fallan en ver la
distinción entre la fe más obras, y la fe que obra por amor. Por esta
razón, este mal entendimiento ha creada mucha confusión en relación con
los conceptos del estar “baja la Ley” y “baja la gracia”.
3) Por medio de este punto de vista se enseña que de alguna
manera la obediencia a la Ley o las buenas obras decidirán eventualmente
si merecemos o no el Cielo, y esto nos deja en suspenso e inseguridad del
Cielo que tenemos que luchar con el pecado en nuestra naturaleza humana,
que es hasta la muerte o hasta el segundo advenimiento (Rom. 8:23-25). Tal
inseguridad produce un temor constante de estar perdido y hace imposible
que se experimente el amor del Nuevo Testamento, el cual “no busca lo
suyo” (1 Car. 13:5). Por lo tanto, el mensaje de la hora del juicio no
constituye “Buenas Nuevas”, sino una verdad terrible capaz de producir un
tipo de persona que procura guardar celosamente la Ley, pero que no tiene
un amor genuino (1 Juan 4:17,18).
4) (Esta visión] despoja de la paz que produce la verdad y el
gozo de la salvación en Cristo, privando a la gente de Dios, de la vida y
el verdadero testimonio cristiano. Como resultado, la santificación tanto
como la confesión de los pecados, es motivada por el temor al castigo o el
deseo de galardón, antes que por un profundo sentido de apreciación por
Cristo. Así, el testimonio cristiano llega a ser casi inexistente. Pero,
sea lo que sea el hecho, usualmente es motivado par un interés
egocéntrico, y “tal religión” dice Elena White, es considerada coma nada
(El Camino a Cristo, p. 44).
El Punto de Vista del “Evangelio Reformado”
De acuerdo a los que sostienen este punto de vista, la
justicia por la fe se refiere solamente a la justificación. La
santificación, aunque es importante, no es parte de la justicia por fe.
Así es como explican su entendimiento del Evangelio en lo referente a la
santificación:
1) Justicia por fe y Justificación por la Fe son términos
sinónimos. Esta es la declaración legal de Dios que proclama al pecador
creyente justo sobre la base de la obra y muerte de Cristo. A diferencia
del punto de vista Tradicional, la Justificación par la Fe es más que el
perdón de los pecados pasados, es la declaración de Dios de que el
creyente es positivamente justo en Cristo, incluyendo el perdón completo
de todos los pecados. Por lo tanto, esta justificación califica
completamente al creyente para el Cielo ahora y en el juicio.
2) El Evangelio [desde este punto de vista] es sólo
justificación. Todo la que el hombre necesita para calificar en el juicio
ha sido completado en la historia de Jesucristo, nuestro Sustituto y
Representante. A través de El y su humanidad Dios produjo una perfecta
justicia para el hombre pecaminoso. Esta justicia no puede ser comprada ni
ganada, sino que es un libre don [que debe recibirse] por fe. En el
momento en que uno cree en Cristo, Su justicia es puesta o imputada a la
cuenta del creyente. Nada puede ser añadido a esto, dicen ellos.
3) Bajo ninguna circunstancia se permite una experiencia
subjetiva coma parte de la justificación. Esta es solamente una
declaración legal. La justicia que justifica está siempre en Cristo, pero
nunca en el creyente o en su experiencia. Por lo tanto, a esto se le
refiere como una justicia ajena. Todo intento de incluir el nuevo
nacimiento (regeneración) u otra experiencia subjetiva es rechazada
fuertemente coma perteneciendo al falso Evangelio de Babilonia. En este
aspecto, el Evangelio Reformado es totalmente opuesto a la enseñanza
Tradicional y es la causa de la controversia en medio nuestro.
4) Mientras, la santificación no pertenece a la doctrina de la
Justificación par la Fe, es el inevitable resultado de la justificación.
La persona justificada dará evidencia de su nuevo estado viviendo una
buena y santa vida a través de la ayuda del Espíritu Santo. Sin embargo,
en ninguna forma esta vida santa o estas buenas abras contribuirán para la
salvación. La santificación nunca es el significado, pero siempre será el
fruto de la justificación.
5) A diferente de la justificación, la santificación nunca es
por fe solamente, que siempre incluye el esfuerzo propio y la obra del
creyente. Pero como su naturaleza es todavía pecaminosa la justicia
subjetiva en la vida del creyente nunca puede ser perfecta, sino que está
ligada con el pecado. Y pecado, debe ser recordado, no se refiere a actos
[equivocados], sino a nuestro estado, según los reformacionistas. Por esta
razón, dicen ellos, la naturaleza humana de Cristo debió ser inmaculada, o
su cumplimiento a la Ley habría estado manchado, y Él mismo habría sido un
pecador con necesidad de un Salvador.
Podemos definir el Evangelio Reformado como significando
solamente justificación. A través de la fe en Cristo el hombre es
declarado legalmente justo y [queda] completamente calificado para el
Cielo ahora y en el juicio. Este creyente, fuera del amor de Dios podrá
esforzarse por vivir una vida santa por medio del Espíritu Santo, pero
esta vida seguirá manchada con el pecado, pero como la santificación no
contribuye en nada para la salvación, esta [situación] no produce ansiedad
o preocupación en la mente de quienes esperan en la justicia de Cristo, la
cual ya ha sido garantizada por el Cielo.
Evaluando el “Evangelio Reformado”
1) Mientras que hay algunas verdades en este punto de vista
para ser recomendadas contiene ciertos fallos. La Reforma del siglo XVI
fue el comienzo de la recuperación del verdadero Evangelio de las herejías
de la edad oscura. Su obra fue incompleta. Para igualar el Evangelio
Reformado con la verdad completa necesitamos dar un paso atrás y retirar
nuestros ojos de la verdad revelada desde entonces. Es verdad que el
Adventismo Tradicional ha errado la gloriosa verdad de la Justificación
por la Fe recuperada por los reformadores y la ha convertido en una artera
forma de legalismo. Pero también es verdad que no se puede decir que el
Evangelio Reformado “es el mensaje del tercer ángel en verdad” o la
recuperación completa del mensaje.
2) Esta posición falla al responder al tema central de la
doctrina de la Justificación por la Fe: ¿Cómo puede Dios justificar a un
pecador y mantener el sentido verdadero de Su santa Ley que lo condena a
muerte? Se intenta resolver este dilema con la enseñanza de que Cristo
como nuestro Sustituto murió en nuestro lugar por nuestros pecados. Pero
la Ley, debe notarse, no permitirá una solución antiética para nuestro
problema del pecado (véase Eze.18:20). La Ley no consentirá la
transferencia del delito del pecado y el castigo del culpable al inocente.
Por lo tanto, la Ley no permitirá que el pecador sea declarado justo
legalmente sin ser primero hecho recto (véase el Apéndice 1). Como el
Evangelio Reformado ha fallado en resolver este problema ético de la
Justificación por la fe, ha caído bajo ataques y ha sido acusado de
enseñar “ficción legal”.
3) Como el Evangelio Reformado también ha fallado en resolver
cómo Dios redimió al hombre verdaderamente, ha sido inducido ha enseñar la
Justificación por la Fe como una declaración legal solamente. Pero la
realidad es que como la humanidad de Cristo fue nuestra humanidad
pecaminosa corporal, el hombre pecaminoso fue redimido de la ley o el
principio de pecado y egoísmo, y éste es el obstáculo para desarrollar una
vida santa (Rom. 8:2-4). A la luz de esta verdad, el pecador que ejerce
verdadera fe en Cristo, es declarado justo legalmente, pero también por su
identificación con Cristo crucificado viene a ser como consecuencia un
siervo de Dios y Su justicia (Rom. 6:14-22). Para este creyente, la
Justificación por la Fe significa Cristo viviendo en él por la fe (Gál.
2:19,22). Y siendo así, la Justificación par la Fe tiene un significado
moral y ético que implica la justicia de Cristo siendo impartida y
reproducida en el creyente (Rom. 6:1-3; 8:12,13; Efe. 2:8-10; 2 Cor.
3:17,18). Esta es la meta a la que el cristiano justificado aspira llegar
(FiI. 3:14).
4) El Evangelio Reformado no comprende la diferencia que
existe entre la justificación legal que fue establecida para todos los
hombres en la cruz por medio de las obras y muerte de Jesucristo (Rom.
5:18, estas son las Buenas Nuevas del Evangelio), y la Justificación por
la Fe que incluye una respuesta del corazón por parte del creyente hacia
el Evangelio. Mientras que la fe es un don de Dios creado en el oyente de
Cristo crucificado, incluye también la respuesta del corazón (Hech. 8:37).
Por consiguiente, mientras que el Evangelio o la Justificación legal
[obtenida para la humanidad en la cruz], es una verdad enteramente
objetiva realizada en la santa historia de Cristo, la Justificación por la
Fe incluye una apreciación subjetiva, por lo que no puede ser clasificada
solamente como una declaración legal (Rom. 6:17; 10: 8-10,16). La fe
genuina siempre es la respuesta de un corazón hacia el don de Dios que
hace al creyente ser obediente (Gal. 5:6,13; Rom. 6:17).
5) Como no se hace diferencia entre la justificación lograda
para todo ser humano en Cristo de la Justificación por la Fe, el Evangelio
Reformado también falla al presentar la correcta relación entre la
Justificación por la Fe y el nuevo nacimiento o regeneración. Es claro en
las enseñanzas de Jesús que separada de la experiencia del nuevo
nacimiento ninguna justificación es efectiva (Juan 3:3.8). Lo que fue
obtenido para todos los hombres en Cristo se vuelve válido para el pecador
que cree sólo si recibe el nuevo nacimiento. No es la fe en realidad la
que justicia al hombre, sino la perfecta vida de Cristo ofrecida par
nosotros en la cruz (ver Rom. 5:9). La fe es tan sólo un instrumento a
través del cual la vida de Cristo (el medio de ser justificado) es
recibida, mientras que el nuevo nacimiento es la realidad de esa
recepción. Y sin esta realidad no existe justificación efectiva. Es cierto
que la justificación del creyente siempre se encuentra en Cristo y no en
sí mismo, pero es igualmente cierto que mientras el Espíritu Santo no nos
bautiza en el cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:13), la justificación [lograda
en Cristo] se mantiene como una verdad objetiva solamente. Y si alguno no
tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él (Rom. 8:9, véase también los vers.
16,17).
6) Fallar en discernir cómo Dios redimió al hombre a través de
la humanidad de Cristo ha llevado a los de la posición reformada a una
incorrecta comprensión de la relación que [existe] entre la justificación
y la santificación. Aunque es cierto que la santificación no contribuye en
nada a la justicia que salva al creyente, es bueno recordar que la
Santificación por la Fe hace real en la vida del creyente lo que ya fue
obtenido para él en la justificación, esto es, total obediencia a la Ley.
Justificación es la justicia imputada de Cristo (la cual califica al
cristiano para el Cielo ahora y en el juicio), mientras que la
santificación es la justicia [impartida] de Cristo (que demuestra la
efectividad de la justificación). Aunque las dos son diferentes, no pueden
separarse, porque lo que Dios ha hecho en Cristo es lo mismo que hará en
la experiencia de todos aquellos que lo reciben por la fe. Realmente, el
centro del Evangelio es siempre la Justificación por la Fe, pero como el
cuerpo sin espíritu está muerto, así mismo la fe sino tiene obras está
muerta (Sant. 2:26).
7) De acuerdo a lo dicho, santificación es por fe solamente,
no por fe más obras o esfuerzo propio como es enseñado par los proponentes
del Evangelio Reformado. Esto no significa que no hay cooperación a
esfuerzo que hacer por el creyente justificado en el proceso de la
santificación. Al contrario, esta obra envuelve mucho esfuerzo, pero todo
esfuerzo realizado por el creyente es en el reino de la fe y no en el
reino de las obras. La naturaleza pecaminosa se opone a Dios y Su santa
Ley (Rom. 8:7), y desde que la ley del pecado (el principio del amor a uno
mismo) se mantiene rendido en la carne del creyente, algo que nunca es
natural, siempre envuelve una batalla (1 Tim. 6:12; Luc. 9:23).
Santificación es el fruto del Espíritu reproducido en el cristiano que
está par la fe habitando en Cristo (Gal. 5:22.25). Habitar en Cristo es
una continua batalla en el proceso de la santificación (1 Tes. 5:17-24).
Pero la fe no es solamente una batalla en el reino de la Justificación por
la Fe, porque el creyente tiene que despojarse del yo pecaminoso ante la
cruz de Cristo (Rom. 8:8-12; 2 Tes. 2:11). De la misma manera, la
Justificación por la Fe efectiva toma lugar cuando el creyente cuenta toda
sus justicias que es por la ley coma “pérdidas” y recibe la justicia de
Cristo que es por la fe (Fil. 3:7-9). Las dos envuelven esfuerzo y lucha.
Es en este contexto de Justificación por la Fe que el escritor de la carta
a los Hebreos escribió que los Judíos debían admitir su justicia propia
para poder entrar en el reposo de Dios (cap. 4:11). Cuando Cristo es
levantado en la cruz y verdaderamente es comprendido, el amor de Dios
llena el corazón con profunda apreciación, así que el pecado como justicia
propia se torna repulsivo y la fe viene coma respuesta del amor de Dios
produciendo obediencia a la Ley en la mente (Rom. 7:25 u.p.)- (Véase el
Apéndice 2).
8) De esta manera, cuando la Justificación par la Fe es
correctamente comprendida, no sólo le da a cada creyente paz, gozo y
seguridad ahora y en el juicio (ambas son preocupaciones egocéntricas),
pero más que eso, llena lo llena con una ambición: “para mí el vivir es
Cristo”. Tal respuesta del corazón al Evangelio produce frutos que llevan
a la santidad.
La verdadera Justificación por la Fe que obra por el amor es rendir el
corazón pecaminoso y la vida condenada hasta la muerte en la cruz y en
cambio abraza la vida santificada de Cristo que ahora constituye el todo (Gal.
2:19.20). El resultado de una respuesta de esta naturaleza resulta en un
curso de vida santa (que honra a Dios]. Y tal santidad de vida no está
manchada par el pecado, aun cuando la naturaleza carnal del creyente es
pecaminosa, porque el origen de esa justicia es Cristo. La formula para
la justificación tanto coma para la santificación es: No yo, sino Cristo.
9) La impresión que se obtiene del “Evangelio Reformado” es
que el pecado es un monstruo tan grande que aun el mismo Dios es incapaz
de vencerlo en la carne humana. Pero ciertamente Dios rechazó y condenó el
principio de pecado en la carne, en la humanidad de Cristo, el cual fue
hecho en “semejanza de carne de pecado” (Rom. 8:2,3).
Cristo demostró que el hombre teniendo naturaleza humana caída
cuando es controlado por Dios puede vivir sin pecado. El amor que Jesús
sentía por los pecadores era tan fuerte que el principio del pecado, la
ley del yo, perdió su poder en la humanidad de Cristo. De ahí que el
pecado estuviera totalmente vencido en Él. Esta revelación del amor de
Cristo debería constreñirnos que las Buenas Nuevas en lugar de ser una
licencia para pecar nos motiven a la obediencia de la Ley de Dios (Rom.
13:8.10; Gál. 5:13, 14). Esta es la verdadera Justificación por Fe cuyo
fruto es para santidad.
El Mensaje de 1888 de Justificación por Fe
En la sesión de la Conferencia General de 1888, Dios envió el
“más precioso” mensaje a la iglesia Adventista. Este presentaba más
completamente al Salvador crucificado, revelando sus “encantos
incomparables”. Este mensaje estaba destinado no solamente a restaurar el
gozo, la paz y la seguridad de la salvación en el pueblo de Dios, robado
por el énfasis desmedido y la incorrecta presentación de la Ley, sino
también a armonizar con el amor de Dios del Nuevo Testamento, y así
propiciar la oportunidad para que Dios iluminara toda la Tierra con Su
gloria (Apoc. 18:1).
Este mensaje fue identificado con “el mensaje del tercer ángel
en verdad”, si hubiera seguido su curso habría resultado en la terminación
de la obra encargada al remanente. Pero, ¿cuál era la esencia del mensaje
de 1888?.
1) Reafirmó lo que descubrieron los reformadores en lo
referente a la obra de la redención realizada en la misión y muerte de
Cristo. Sin embargo, fue mas allá del énfasis del siglo XVI, porque enseñó
no solamente una redención legal de la culpa y el castigo del pecado, sino
también, redención del poder y el dominio del pecado. Así Cristo era
presentado como un Salvador de todos los aspectos del pecado.
Al identificar la humanidad de Cristo con nuestra humanidad
pecaminosa corporal, este mensaje presentó a Cristo como uno con nosotros,
y al identificarlo con nuestras debilidades espirituales y frustraciones
efectuó una completa redención del pecado y su tiranía. En la victoria de
Cristo y Su justicia fue revelado el amor de Dios, pero también Su poder
sobre el pecado. Consecuentemente, a todos los que reciben a Cristo por la
fe se le da la esperanza de una justicia legal en el juicio y también [la
seguridad de ser librado] del principio que domina la carne pecaminosa [la
“Ley del pecado y la muerte”]. Todo esto hace posible la vindicación de
Cristo.
2) El mensaje de 1888 presentó la Justificación por la Fe como
algo más que una justicia legal que satisface los intereses egocéntricos
de una persona. Habiendo hecho al hombre justo en la humanidad de Cristo,
El viene a ser nuestro Salvador del pecado para siempre, y no sólo de su
culpa y castigo [sino también de su dominio]. Por la fe el creyente espera
lograr la victoria sobre el pecado (vea Heb. 11:1). En otras palabras, a
la fe se le dio un significado dinámico en el sentido de que la victoria
de Cristo sobre el pecado en la naturaleza humana puede llegar a ser la
experiencia del cristiano. Por manifestar su justicia en la humanidad de
Cristo, que era nuestra naturaleza humana pecaminosa corporal, Dios no
sólo nos salvo legalmente, sino que demostró de una vez y por todas que
puede salvar perpetuamente a los que por media de Cristo se acercan a Él (Heb.
7:25). El que tenga una fe tal, goza de un gran sentido de seguridad y
confianza por causa de su unión con Cristo. Pero esa unión nunca puede
llevar al creyente a decir: “Yo estoy salvo” sino que será motivado a dar
un gran testimonio manifestando a Cristo al mundo para su honra y gloria.
3) Por igualar la muerte de Jesús en la cruz con la segunda
muerte, que es el “adiós a la vida para siempre” el mensaje de 1888
presentó la verdadera naturaleza del supremo sacrificio de Cristo. En la
cruz, Jesús se sometió actualmente a la paga del pecado, que es el
equivalente a la muerte eterna, para que podamos vivir en Su lugar. Este
sacrificio fue realmente una manifestación gloriosa del amor de Dios en la
cruz y debe causar profundo efecto sobre el creyente. Un amor tal está
destinado a llevar al cristiano a tener verdadero odio por el pecado y no
meramente a temerle al castigo. Este amor [que se menciona) en el Nuevo
Testamento cuando se produce en el corazón del cristiano viene a ser la
base de una verdadera santificación. Así, el amor verdadero es el
cumplimiento de Ley (Rom. 13:8-10; Gál. 5:13,14; 2 Juan 6). La justicia de
la Ley demanda para los pecadores la segunda muerte, pero Cristo
experimentó en la cruz esta muerte por cada hombre (Heb. 2:9).Desde que la
Reforma se adhirió a la herejía de la inmortalidad natural del alma, se le
dio una definición diferente [a la expresión] la paga del pecado
despojando a la cruz (el supremo sacrificio de Cristo) de su verdadera
gloria [y significado]. Solo cuando los hombres ven la verdadera dimensión
del sacrificio de Cristo sobre la cruz dejan todo y lo siguen motivados
por una verdadera fe. Y tal motivación es esencial si la verdadera
santificación ha de ser realizada en nosotros. Sin esta fe genuina, la
santidad de vida se convierte meramente en una demostración externa y no
en una experiencia del corazón.
4) La correcta relación [que existe] entre la justificación y
la santificación fue restaurada por el mensaje de 1888. En la experiencia
de la Justificación par la Fe el creyente se identifica al mismo con
Cristo, y Cristo crucificado. Así hace efectiva la justificación legal
preparada en Cristo, pero también tal obediencia de fe hace posible que
Cristo viva en él por medio de su Santo Espíritu. De esta manera, la
santificación viene a ser el hacer real en la vida del creyente lo que ya
es cierto de él en Cristo a través de la Justificación par la Fe. Así la
Justificación par la Fe no es sólo justificación legal puesta en la cuenta
del creyente en el Cielo, sino también la gran verdad de “Cristo en
vosotros, la esperanza de gloria” (Cal. 1:27). El misterio de piedad
manifestado en la humanidad de Cristo con “Dios manifestado en la carne”
(1 Tim. 3:16), debe ser la experiencia de la iglesia remanente a través de
la recepción del mensaje de 1888 (ver Apoc. 10:7). Esta experiencia fue
identificada con “la purificación del Santuario”, “el borramiento de
nuestros pecados”, “la expiación final”, y el “alistarse de la esposa para
la boda del Cordero”. De esta forma, el mensaje de 1888 prepararía a un
pueblo para el segundo advenimiento de Cristo.
5) El mensaje de 1888 también era una presentación correcta de
la Cristología. En Cristo, la divinidad fue unida a nuestra humanidad
corporal pecaminosa que necesitaba redención. Fue solamente por esto que
Cristo fue llamado el segundo Adán, y legalmente fue constituido nuestro
Representante y Sustituto. Para Cristo, tomar sobre Sí la naturaleza
humane pecaminosa, no lo hizo un pecador como el tocar a un leproso no la
hizo impuro. “El tomó sobre Su naturaleza [divina] nuestra naturaleza
[humana] pecaminosa” (Ministerio Médico, p. 181, en inglés). Y así
demostró dos cosas, su amor por los pecadores y su poder sobre el pecado.
Y así por siempre, Él llega a ser la seguridad del hombre en términos de
justicia legal, pero también, sobre el dominio del pecado.
El mensaje de 1888 enfatiza claramente que Cristo “fue hecho
pecado por nosotros”, cosa que Él no era por derecho de nacimiento. Sin
embargo, Él no debería ser igualado a un pecador como nosotros. Él “fue
hecho pecado” para que pudiera redimirnos del pecado. Así en Cristo somos
justicia de Dios (2 Car. 5:21). Estas son las Buenas Nuevas, el mensaje
del tercer ángel en verdad, que da esperanza a todos los hombres y puede
producir un pueblo que tenga la fe de Jesús y la demuestre en la
obediencia a todos los Mandamientos de Dios (Apoc. 12:17; 14:12).
Evaluando el Mensaje de 1888
1) Mientras la Reforma [Protestante del siglo XVI] comenzó la
restauración del Evangelio, el mensaje de 1888 comenzó su consumación
futura, fue realmente el comienzo de la lluvia tardía y el tuerte clamor.
Si no hubiera sido estorbado par nuestra incredulidad se habría regado el
grano de la cosecha (vea Apoc.14:12-16).
2) Llegando más allá de la justicia legal del Evangelio
Reformado el mensaje de 1888 muestra a Cristo como el Redentor de la
esclavitud del hombre pecador (Rom. 7:24,25). Por igualar la humanidad de
Cristo con nuestra humanidad pecaminosa y caída, Cristo fue traído cerca
de nosotros haciéndose uno con nosotros, nuestro Hermano mayor que se
identifica a sí mismo con nosotros en todos los puntos (Heb. 2:14,18;
4:15).Por esta razón, Su salvación representa más para los pecadores ahora
y en el juicio. En Cristo, al pecador le es dada una esperanza doble: 1)
Salvación del castigo del pecado, y 2) Salvación del poder y dominio del
mismo.
3) La correcta diferencia entre una justificación legal la
cual le da a todo hombre una correcta relación forense ante Dios (Rom.
5:18 u.p.) y la Justificación par la Fe, fue restaurada en el mensaje de
1888. Hay también una correcta obediencia a esa justificación legal (Rom.
6:17). La Justificación por Fe crea en el corazón una obediencia cuyo
fruto es santidad (Rom. 6:22). Así la relación entre la justificación y la
santificación fue establecida correctamente y ambas son presentadas como
partes vitales de la doctrina de la Justificación par Fe en el mensaje de
1888.
4) Este mensaje dado a los Adventistas del Séptimo Día es
único. Se nos ha encomendado una responsabilidad especial. En el siglo XVI
los reformadores no profesaron presentar el mensaje del tercer ángel en
verdad. Y este claro entendimiento del Evangelio significa el
levantamiento de Dios al mundo y completa en su pueblo una obra paralela a
la que Cristo está terminando en el Santuario celestial. El verdadero
entendimiento Adventista del Santuario también es único. Estas dos grandes
verdades, la Justificación por la Fe y el Santuario van juntas con el
mensaje de 1888. Ellas iluminarán la Tierra con la gloria de Dios y
prepararán el camino para la venida de nuestro Señor.
Conclusión
Debería ser claro a todo Adventista del Séptimo Día que la
visión Tradicional del Evangelio nunca ha sido, verdadera enseñanza
adventista, por el contrario, se ha desarrollado como una falla al no
comprender y aceptar el mensaje que Dios envió a Su pueblo en 1888.
Desdichadamente, casi cada doctrina Adventista está coloreada e
interpretada a través de los ojos del Adventismo Tradicional. Aun los
escritos de Elena White han sido coloreados por esto, de tal manera que
las compilaciones de sus escritos son seleccionadas de una manera tal que
la hacen parecer legalista.
La posición del Evangelio Reformado es un intento de suplir la
falla presente en la enseñanza Tradicional Adventista, y procura corregir
sus deficiencias. Pero también falla en apreciar la luz plena de 1888. En
consecuencia, trata de llevarnos de regreso a la confusión de las iglesias
evangélicas de nuestros días. Estas no tienen uso de la única verdad
enseñada por los Adventista, de la limpieza del Santuario o “expiación
final” como fue comprendida en el mensaje de 1888. Por fallar en
comprender la fe del Nuevo Testamento, la Justificación por la Fe es
devaluada al enfatizar solamente (la justicia legal que libra al ser
humano del castigo y la culpa del pecado y que es en consecuencia] una
preocupación egocéntrica, y de esta forma es ampliamente reconocida por su
tendencia al antinomianismo (rechazo a la Ley). Así tiende a excusar la
desobediencia a la Ley de Dios sobre la base de que es imposible para
alguien obedecer verdaderamente, aun siendo habilitado por el Espíritu
Santo. También se hace ver la tentación a pecar como algo tan difícil de
vencer que aun al mismo Cristo le hubiera sido imposible vencer si Su
naturaleza humana hubiera sido pecaminosa como nosotros la conocemos.
Solamente la visión de 1888 suple la falta en nuestra
enseñanza y corrige sus deficiencias. Aquellos que están a favor del
Evangelio Reformado objetan algunas veces el mensaje de 1888 por su
énfasis en la santificación. Hay que admitir que la primera necesidad del
pueblo de Dios hoy, [el cual] está atrapado en una forma sutil de
legalismo por la enseñanza Tradicional, es tener una clara comprensión de
la Justificación por la Fe. Sin embargo, la preocupación del mensaje de
1888 como la del escritor de la carta a los Hebreos es: “Por lo tanto,
dejando, los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la
perfección” (Heb. 6:1,2; 2 Ped. 1:4-9).
Cerca de un 80% de la presente población mundial no es
cristiana. Nuestro presente mundo secular no está dispuesto a escuchar el
Evangelio. Como en los días apostólicos, la predicación de las Buenas
Nuevas debe ser acompañada por una demostración de poder que demanda
salvación del pecado y el amor propio (Juan 8:32-36).
El filósofo pagano Nietzche dijo a los cristianos: “Si ustedes
esperan que yo crea en su Redentor tendrán que verse mucho más redimidos”.
Si el Adventismo es para convencer al mundo del Evangelio, debemos
comprender que el reino de Dios no es de palabras, sino de poder (1 Cor.
4:20).
El “precioso mensaje” que Dios les dio a los adventistas en 1888 era para
el mundo. A través de su recepción la Tierra iba a ser iluminada con la
gloria de Dios como testimonio a todos los hombres (Apoc. 18:1). Era el
propósito de Dios dar esperanza a toda nación, tribu, lengua y pueblo y
levantar la justicia “en Cristo” antes del juicio en toda la Tierra. Por
lo tanto, este mensaje puede ser resumido como “la verdad presente”. El
mensaje de Elías para estos últimos días.
Cuando nosotros como Adventistas del Séptimo Día entendamos
esto y a través del arrepentimiento lo abracemos con todo nuestros
corazones, proclamaremos finalmente la verdadera justicia por la fe a un
mundo que duerme.
Apéndice 1
En medio de la controversia teológica de la edad media entre
los católicos y los reformadores estuvo la importante doctrina de la
Justificación por la Fe. Los católicos insistían en que Dios no puede
declarar legalmente a una persona justa si realmente no lo es, sin antes
haberla hecho justa. Esta idea fue rechazada por los reformadores como una
posición legalista, y presentaron la idea de que Dios declara justo al
pecador creyente en base los méritos de Cristo.
Los católicos tenían razón en parte, pero no presentaron
soluciones bíblicas para defender sus argumentos. Por su parte, los
reformadores estaban en la correcto al decir que Dios declare justa a una
persona sobre la base de la vida y la muerte de Cristo, pero también
enseñaron error.
“Es un principio fundamental de toda Ley de Dios o el hombre,
que no se puede transferir la culpa o el castigo del culpable al inocente
(Deut. 24:16; 2 Rey. 14:6; Eze. 18:20). Recíprocamente, no se puede pasar
la justicia de uno para el otro” (Sequeira, La Dinámica del Evangelio
Eterno, p. 18).
Entonces, ¿Cómo entender la manera en la que Dios declara a
una persona justa y al mismo tiempo puede mantener la integridad de la
Ley que condena a muerte al pecador?
Para el catolicismo, Dios justifica a la persona “a través de
una vida de obediencia a las enseñanzas de la iglesia, y al ser nutrida
de los sacramentos de la iglesia”. Para ellos, “justificación” no es un
acto declaratorio sino un proceso de toda la vida”. También sostienen que
“una persona no es justificada por ejercitar fe salvadora en la obra final
de Cristo”, sino que también puede ser de la manera ya mencionada (The
Search for Salvation, p. 142).
Para el protestantismo es totalmente lo opuesto. Pero no pudo
ni ha podido resolver el problema ético fundamental de la doctrina de la
Justificación par la Fe que ya hemos planteado. El mensaje de 1888 es la
solución a esta problemática.
El concepto de sustitución vicaria, que fue en el cual se
apoyaron los reformadores del siglo XVI para defender la doctrina de la
Justificación por la Fe (“que la vida y la muerte de Cristo fue cumplida
en lugar de nosotros”) no es correcto en un todo.
La verdadera sustitución bíblica está basada en el concepto de
identidad o solidaridad corporal. Nos explicamos: Cuando Adán fue creado,
Dios incorporó en él a todos los hombres (Gen. 2:7; Hech. 17:26). Cuando
él cayó en pecado nuestra vida que estaba en él quedó malograda. Pero
mediante el milagro de la encarnación, Dios unió nuevamente a toda la
humanidad en un Hombre: Cristo Jesús. Así, la victoria de Cristo
constituye nuestra seguridad eterna, pues en Él Dios nos redimió del
pecado y sus consecuencias. Dios hizo esto posible al unir la naturaleza
divina sin pecado de Cristo con nuestra naturaleza humana corporal que
necesitaba redención, la naturaleza pecaminosa y caída como nosotros la
conocemos. Esto es lo que constituye el tema central de Pablo en Cristo (Rom.
5:12-19).
Los reformadores fallaron en resolver el problema ético del
Evangelio por la sencilla razón de que ellos como a la Iglesia Católica
Romana, hicieron distinción entre la humanidad de Cristo y la humanidad
que El vino a redimir. [Seria el entendimiento equivocado que han tenido
del pecado original lo que los condujo a este error?].
Es solamente cuando identificamos la humanidad de Cristo con
la humanidad caída corporal de la raza humana que Él vino a redimir, que
podemos predicar un Evangelio ético que es Buenas Nuevas incondicionales”
(Sequeira, Ibíd., p. 19).
Finalmente, ¿hace Dios al hombre justo o no para justificarlo
o es justificado sin ser realmente justo? Como ya se notó en nuestro
análisis del “Evangelio Reformado” la Justificación por la Fe es mucho más
que una declaración legal. Es realmente, el hacer real en nuestra
experiencia lo que ya es cierto de nosotros en Cristo.
Como toda la raza humana fue justificada legalmente en la cruz
por las obras y muerte de Cristo (Rom. 5:9,10,18; 2 Cor. 5:18,19), la
Justificación por la Fe es una experiencia del corazón que cambia positiva
y subjetivamente a una persona de injusta en justa De un pecador
egocéntrico a un ser que ama la justicia y aborrece el pecado, es decir,
en una persona Cristocéntrica (véase Fil. 1:21; Rom. 5:1,9,11).
Así, el mensaje de 1888 enseña que Justificación por la Fe
significa ser hecho recto y justo. (Waggoner, Cristo y Su Justicia, p.
48). Sin este cambio positivo en el creyente, Dios está perdonando a una
persona inconversa que no ha nacido de nuevo. Y esta no es la verdad que
enseña la Biblia. El Pr. N. C. Wilson dice que la justificación “no es
meramente una condición, un estatus. Es una posición correcta y una vida
justa”. Él dice también que la Justificación por la Fe “incluye una
experiencia del corazón; no es meramente una anotación objetiva en los
libros del Cielo” (Revista Adventista, p. 5, 1988).
Si, es verdad, Dios declara a la persona justa y no sobre la
base a sus logros a méritos, ni necesita toda una vida pare justificarla.
Justificación por la Fe es la obra de un momento, es el hacer real en
nosotros lo que Él ha logrado a nuestro favor en Cristo. Pero, también es
cierto, que Justificación por la Fe es más que declaración legal y
forense, es como sostiene el mensaje de 1888, es ser hecho recto, en el
sentido de convertir al hombre de desobediente en obediente a la Ley de
Dios (Juan 14:15; 15:10). Pero no a través de un largo proceso que dura
toda la vida, ni mucho menos por la obediencia de toda la Ley, sino por
medio de la recepción de la justicia de Cristo, la cual al tocar el hombre
le cambia totalmente – H. A. Delgado.
Apéndice 2
A este respecto dijo el Espíritu de Profecía: “Jesús dijo: ‘Y
si Yo fuere levantado en lo alto sobre la Tierra, a todos los atraeré a mi
mismo’ [Juan. 12:32]. Cristo debe ser revelado al pecador como el Salvador
que muere por los pecados del mundo; y cuando consideramos al Cordero de
Dios sobre la cruz del Calvario, el misterio de la redención comienza a
abrirse a nuestra mente y la bondad de Dios nos guía al arrepentimiento.
Al morir Cristo par los pecadores, manifestó un amor incomprensible; y
este amor, a medida que el pecador la contempla, enternece el corazón,
impresiona la mente e inspira constricción en el alma.
“Es verdad que algunas veces los hombres se avergüenzan de sus
caminos pecaminosos y abandonan algunos de sus malos hábitos antes de
darse cuenta de que son atraídos a Cristo. Pero cuando hacen un esfuerzo
por reformarse, con un sincero deseo de hacer el bien, es el poder de
Cristo que los está atrayendo. Una influencia de la cual no se dan cuenta,
obra sobre el alma, la conciencia se vivifica y la vida externa se
enmienda. Y a medida que Cristo los induce a mirar Su cruz y contemplar a
Quien han traspasado sus pecados, el mandamiento despierta la conciencia.
La maldad de su vida, el pecado profundamente arraigado en su alma se les
revela. Comienza a entender algo de la justicia de Cristo y exclama:
‘¿Quién es el pecado para que exigiera tal sacrificio para la redención de
su victima? ¿Fueron necesario todo este amor, todo este sufrimiento, toda
esta humillación, para que no pereciéramos, sino que tuviéramos vida
eterna?’.
“El pecador puede resistir este amor, puede rehusar sen
atraído a Cristo; pero si no se resiste será atraído a Jesús; un
entendimiento del Plan de la Salvación lo guiará al pie de la cruz,
arrepentido de sus pecados, que han causado los sufrimientos del amado
Hijo de Dios.
“La misma inteligencia divina que obra en la naturaleza, habla
al corazón de los hombres y crea un deseo indecible en ellos de algo que
no tienen. Las casas del mundo no pueden satisfacer su ansiedad. El
Espíritu de Dios está suplicándoles que busquen las cosas que sólo pueden
satisfacer su ansiedad. Por medio de influencias visibles e invisibles,
nuestro Salvador está constantemente obrando para atraer el corazón de los
hombres de los vanos placeres del pecado a las bendiciones infinitas que
pueden disfrutar en El” (El Camino a Cristo, p. 25,26).
Traducido por
Hermes Tavera B.
del original Ingles de B. H. Sequeira
"How Can we Know the Truth of Righteousness by Fait".
Publicado Originalmente en Marzo del año 1981 por Seventh-day
Adventist University Chaplain East African Union, Nairobi Kenya |