I

 
   

Diez Grandes Verdades del Evangelio

 

 que Hacen único el Mensaje de 1888

 

(1era. Parte)

 

 Compilado por: Robert J. Wieland 

   
 
Cada uno de los diez aspectos se presenta atendiendo a:
1- Su base bíblica
2- La contribución de Jones y Waggoner
3- Los "Amén" de E. White 
Prefacio
"En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones", dice E. White en una de sus muchas y entusiastas declaraciones (TM 91).
El mismo mensaje que tanto gozo y ánimo trajo a muchos hace un siglo, reaviva aún el espíritu allí donde se lo proclama. En este resumen esperamos dar respuesta a algunas cuestiones:
 
·   ¿Cuál fue el mensaje que nos trajeron en la era de 1888?
·   ¿Qué elementos despertaron en E. White tal gratitud?
·   ¿Hemos perdido, como iglesia, algo especial y refrescante de lo que estamos necesitados?
·   ¿Por qué apoyó E. White el mensaje por una década mediante declaraciones entusiastas, en no menos de 374 ocasiones?
·   ¿Por qué manifestó que era la presentación más clara de la justificación por la fe que jamás oyera expresar en público?
·   ¿Qué vio allí, que la llevó a calificarlo como "el comienzo" del fuerte pregón de Apocalipsis 18, y el principio de "los aguaceros celestiales de la lluvia tardía"?
·   ¿Creyó verdaderamente que el mensaje prepararía a un pueblo para la traslación, en sus días? Si es así, ¿por qué?

En las 1.821 páginas de The Ellen G. White 1888 Materials se encuentran respuestas a todas esas cuestiones. Pero la piedra de toque última para toda verdad es la propia Biblia. Esta compilación pretende ayudar a disponer de un resumen de fácil lectura, expresado en forma de diez aspectos esenciales del mensaje de 1888 que lo caracterizan y lo hacen singular, en las palabras de los propios mensajeros de 1888, junto a su apoyo bíblico y de E. White.

Comité Para el Estudio del Mensaje de 1888  (1998)

 1

Cristo ha efectuado ya algo en favor de todo ser humano. Murió la segunda muerte "por todos", y eligió así a todo hombre para que fuese salvo. En ese sentido, es cierto que "salvó el mundo". La apreciación de lo realizado por Cristo en su sacrificio, permitirá que Laodicea asimile el significado de la verdadera fe, y el sentido profundo de gloriarse en la cruz. 

La Enseñanza Bíblica

(a) Cuando Cristo "murió por todos", cuando experimentó "la muerte en beneficio de todos", esa muerte tuvo que ser la segunda, puesto que aquello a lo que ordinariamente nos referimos como muerte (la primera muerte), la Biblia lo denomina "sueño", y es algo que todos experimentan, con la excepción de los que hayan de ser trasladados (Juan 1:11-13; 1 Tes. 4:16 y 17). Por lo tanto, no hay razón por la que nadie haya de morir finalmente la segunda muerte, si no es porque resistió o rechazó la salvación que se le dio ya "en Cristo" (la palabra "descuidamos", de Heb. 2:3, contiene la noción de desprecio. Ver su uso en Mat. 22:5).

(b) Cuando Cristo fue bautizado (Mat. 3:17), el Padre aceptó en Él a toda la raza humana. Así, Cristo es ya "el Salvador del mundo" (Juan 4:42; 1 Juan 4:14). Nadie necesita dudar que el Señor lo ha aceptado en Él. Pero si bien Cristo es el "Salvador de todos los hombres", lo es "en especial de los que creen" (1 Tim. 4:10. La voz griega del NT malista, significa "en especial", "especialmente", "con plena efectividad", etc., ver Gál. 6:10). Nuestra salvación no depende de que iniciemos una relación con Él, sino que depende de nuestra respuesta a la relación que Él inició ya con nosotros.

(c) Cristo "abolió la muerte" (la segunda, 2 Tim. 1:10). Puesto que nadie tiene por qué perderse al fin, a menos que escoja rechazar lo que Cristo efectuó ya por él, lo único que puede determinar su perdición es su incredulidad (Juan 3:16-19). Cristo "sacó a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio" (2 Tim. 1:10). Para todos, creyentes e incrédulos, "sacó a la luz la vida"; y para aquellos que creen, además, "la inmortalidad".

(d) En Romanos 5:15 al 18, Pablo expone lo que Cristo efectuó en la cruz. La proclamación de la emancipación de los esclavos, en 1863 (por Abraham Lincoln), es una ilustración de ese "veredicto de absolución" o "justificación" por "todos los hombres". Lincoln aseguró a todo esclavo perteneciente a los territorios confederados la libertad desde el punto de vista legal; pero nadie pudo experimentarla, a menos que: (1) oyese las buenas nuevas, (2) las creyera, y (3) le motivaran a vivir en libertad.

Cómo lo comprendieron Jones y Waggoner

"Cristo ha hecho todo eso gratuitamente. ¿En favor de cuántos lo hizo? ¿A favor de toda alma? [Congregación: ‘Sí’]. Dio todas las bendiciones que posee a cada alma que puebla el mundo; escogió a cada una de ellas; la escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, la predestinó a la adopción de hijo, y la hizo acepta en el Amado (E. White aplica esta expresión de Efe. 1:6 globalmente a la raza humana, Deseado de Todas las Gentes, p. 87).

El que tú y yo se lo permitamos no es ahora la cuestión. Me compró desde antes de la fundación del mundo. Por lo tanto, ¿de quién somos? [Congregación: ‘del Señor’].

¿Cómo puede ser que alguien dude acerca de si es o no del Señor? ‘El que no cree a Dios, lo hace mentiroso’. Puede no hacerlo en muchos otros aspectos, pero en el momento en que admite la duda acerca de si es o no del Señor, permite que la incredulidad lo controle y da crédito a Satanás, echándolo todo a perder.

No obstante, el Señor no tomará sin nuestro permiso aquello que compró. Hay una línea que Dios mismo ha marcado como terreno de la soberanía de cada ser, y Él se abstiene escrupulosamente de traspasarla sin nuestro consentimiento, seamos ángeles o seamos personas. Pero si le damos permiso, vendrá con todo lo que Él significa".

El valor práctico de esa verdad. "Supón que te levantas por la mañana con dolor de cabeza, que has tenido una mala digestión y te encuentras enfermo. ¿Cómo sabes que eres del Señor? [Congregación: ‘Porque así lo dice Él’]. Algunas veces hacemos preguntas a las personas, y obtenemos respuestas como las que siguen:

–¿Le han sido perdonados los pecados?

‘Sí, me convencí de que se me habían perdonado, por un tiempo’.

–¿Qué lo convenció de ello?

‘Sentí que se me habían perdonado’.

Sintieron, pero no supieron nada de ello. No presentaron la más mínima evidencia de que sus pecados hubiesen sido perdonados. La única evidencia que podemos tener de que eso es así es que así lo dice Dios. Nunca os fiéis de los sentimientos. Son tan variables como el viento.

No necesitamos albergar ninguna duda más acerca de si somos del Señor. Pero muchos no se han sometido al Señor, y en la práctica no son de Él. Él los ha hecho suyos por su compra. ¿Cómo pueden ahora saber que son de Él? Por su palabra".

Esas buenas nuevas, ¿significan licencia para pecar? "Ocasionalmente oímos cómo algunos consideran que lo referido pudiese significar licencia para el pecado. –No; no significa eso. Os salvará de pecar. Cuando el hombre elige ser del Señor, entonces Dios obra en él tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad. Allí está el poder divino; ninguna licencia para el pecado. Al contrario, es la única forma de que no la haya.

¿Cuándo nos compró? [Congregación: ‘Antes de la fundación del mundo’]. ¿Qué clase de personas éramos antes de la fundación del mundo? ¿Pecadores, como lo somos ahora? ¿Seres reprobables, deseosos de transitar en caminos reprobables? ¿No haciendo profesión de religión y sin estar particularmente interesados en ello? ¿Es así como nos compró? [Congregación: ‘Sí’]. Y compró nuestros pecados. Isaías lo describe así: ‘Herida, hinchazón y podrida llaga. No están curadas’.

Por lo tanto, a mí toca el decidir si prefiero tener mis pecados, o tenerlo a Él. ¿Acaso no depende de mí? [Congregación: ‘Sí’]. Cuando se señala vuestro pecado, decid: ‘Prefiero tener a Cristo que a eso’ " (Jones, General Conference Bulletin, 1893, sermón nº 17, selección).

Lo que efectuó Cristo. "Dios ha traído la salvación a todos los hombres, y la ha dado a cada uno de ellos; pero desgraciadamente, la mayoría la desprecia y desecha. El juicio revelará el hecho de que a cada ser humano se le dio la plena salvación, y también que todo perdido lo fue por rechazar deliberadamente el derecho de primogenitura que se le dio como posesión" (Waggoner, Las Buenas Nuevas, Gálatas versículo a versículo, p. 27).

"Alguno dirá irreflexivamente: 'Eso me tranquiliza: por lo que respecta a la ley, puedo hacer lo que quiera, puesto que todos fuimos redimidos'. Es cierto que todos fueron redimidos, pero no todos han aceptado la redención. Muchos dicen de Cristo: ‘no queremos que este hombre reine sobre nosotros’, y alejan de ellos la bendición de Dios. Pero la redención es para todos. Todos han sido comprados con la preciosa sangre – la vida – de Cristo, y todos pueden, si así lo quieren, ser librados del pecado y de la muerte" (Ibíd., p. 51).

Ilustraciones de Elena White

"Jesús conoce las circunstancias particulares de cada alma. Cuanto más grave es la culpa del pecador, tanto más necesita del Salvador. Su corazón rebosante de simpatía y amor divinos se siente atraído ante todo hacia el que está más desesperadamente enredado en los lazos del enemigo. Con su sangre firmó Cristo los documentos de emancipación de la humanidad" (Ministerio de Curación, p. 59).

"[Cristo] se apoderó del mundo sobre el cual Satanás pretendía presidir como en su legítimo territorio. En la obra admirable de dar su vida, Cristo restauró a toda la raza humana al favor de Dios (Mensajes Selectos, tomo I, p. 402).

"Por medio de su obediencia a todos los mandamientos de Dios, Cristo efectuó la redención de los hombres. Esto no fue hecho convirtiéndose [Cristo] en otro, sino tomando él mismo la humanidad. Así Cristo dio a la humanidad la posibilidad de existir gracias a lo que él hizo. La obra de la redención es poner a la humanidad en comunión con Cristo, efectuar la unión de la raza caída con la divinidad" (Mensajes Selectos, tomo I, p. 294).

"Se ha pagado el precio de la redención para la raza humana" (Review and Heral, 3 junio 1890).

"Cristo hizo su sacrificio por el mundo" (Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 243).

"Cristo... redimió la desgraciada caída de Adán, y salvó al mundo" (My Life Today, 323). 

 2

Gracias a su cruz y a su ministerio sacerdotal en curso, Cristo está atrayendo a "todos los hombres" al arrepentimiento. Su amor y gracia son tan poderosos e insistentes que el pecador tiene que resistirlos a fin de perderse.  

La Enseñanza Bíblica

(a) Toda la vida y felicidad de las que el mundo disfruta son la compra del sacrificio de Cristo (Juan 6:32, 33, 35, 50-53; DTG 615). La cruz del Calvario está estampada en cada pan. La comprensión de la verdad de esa gran deuda que tenemos para con Él, es la base de toda experiencia cristiana genuina.

(b) Si Cristo no hubiese muerto por el mundo, no existiría ninguno de nosotros. El Padre puso sobre Él las transgresiones del mundo entero (2 Cor. 5:19; Isa 53:5 y 6). Así, de una forma muy real, el sacrificio de Cristo ha justificado a "todos los hombres" al emitir en su favor un decreto de absolución, en lugar del "juicio" y "condenación" que les correspondía "en Adán" (Rom. 3:23 y 24; 5:15-18). Cuando el pecador oye y cree la verdad, experimenta la justificación por la fe (Rom. 4:25; Efe. 2:8-10).

(c) Los perdidos niegan deliberadamente esa justificación que Cristo ha efectuado por ellos, y toman voluntariamente sobre sí la "condenación" (Heb. 10:29; 2 Cor. 6:1; Camino a Cristo, p. 27).

(d) Los creyentes en Cristo pueden decir que "Él es la propiciación por nuestros pecados". Pero "no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo" (1 Juan 2:2). "Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él, no perezca, sino tenga vida eterna" (Juan 3:16). Dado que pagó el precio de todos nuestros pecados, la única razón por la que alguien puede perderse es porque rehúse creer, apreciar el don que ya le fue dado "en Él" (Juan 3:18). Dios no nos condena por doble partida, ya que "el Eterno cargó sobre él el pecado de todos nosotros" (Isa. 53:6). ¿Cómo cargaría nuevamente el pecado sobre nosotros, se pregunta Pablo en Romanos 8:33 al 39? Son los perdidos quienes vuelven a cargarlos sobre sí.

(e) Todo ello se puede resumir en un veredicto judicial de absolución y vida para todos los hombres (como traduce Romanos 5:16-18 la Nueva Versión Española). Quien cree estas buenas nuevas, resulta motivado a una total consagración de su ser a Cristo (2 Cor. 5:14,15).

La Comprensión de Waggoner

Por una justicia vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida’. No hay aquí ninguna excepción. Así como la condenación vino a todos los hombres, también la justificación. Cristo gustó la muerte por todos. Se dio a sí mismo por todos, se dio a cada uno. El don gratuito vino sobre todos. El hecho de que sea un don gratuito es evidencia de que no hay excepción alguna. De haber venido solamente sobre los poseedores de alguna calificación especial, no habría sido un don gratuito.

Por lo tanto, es un hecho claramente establecido en la Biblia que el don de la justicia y de la vida en Cristo ha venido sobre todo hombre en el mundo. No hay la más mínima razón por la que todo hombre que jamás haya vivido tenga que dejar de ser salvo para vida eterna, excepto porque no lo reciba. ¡Cuántos desprecian el don que se ofrece tan generosamente!...

Dice el texto que ‘por la obediencia de Uno los muchos serán constituidos justos’. Alguien puede preguntarse, ‘¿Por qué no son todos constituidos justos por la obediencia de Uno?’ La razón es que no todos lo desean así...

El don gratuito viene sobre todos, pero no todos lo aceptan; por consiguiente, no todos son hechos justos por él...

La muerte pasó a todos los hombres, puesto que todos han pecado, y el don de la justicia vino sobre todos los hombres en la vida de Cristo" (Waggoner, Carta a los Romanos, pp. 56,57).

Jones, en perfecta armonía

"¿A quién justifica el Señor? [Congregación: ‘Al impío’]. Si fuese de otra manera, no habría para mí esperanza alguna. Si hubiese justificado solamente a personas que tuvieran algo de bueno en ellas mismas, yo quedaría excluido. Pero gracias sean dadas al Señor por su gran bondad. Dado que Él justificó al impío (Rom. 6:6, 8 y 10), tengo la perfecta seguridad de su salvación eterna. ¿Os parece que hay alguna cosa capaz de impedir mi felicidad? ‘Al que no obra’: si requiriese obras, nunca podría aportar las suficientes. Pero ¡ah!, como leímos anoche, ‘De balde fuisteis vendidos. Por tanto, sin dinero seréis rescatados’ (Isa. 52:3). Sin dinero; no sin precio. Pero Él ha pagado ya ese precio. He oído decir a algunos hermanos: ‘Doy gracias al Señor porque confío en Él’. Sin embargo, yo le doy gracias porque confía en mí. Es muy poca cosa el que el hombre confíe en el Señor; pero que el Señor confíe en mí, es algo que va más allá de mi comprensión. Y estoy agradecido porque el Señor haya tenido esa confianza al arriesgarse de esa forma por mí.

‘David habla también de la dicha del hombre a quien Dios atribuye justicia aparte de las obras’ (Rom. 4:6). ¿Hay alguien aquí que conozca la miseria del que procura obtener la justicia por las obras?

‘Para que la bendición de Abraham fuese sobre los Gentiles en Cristo Jesús’ (Gál. 3:14). Cuando nosotros como pueblo, como iglesia, hayamos recibido la bendición de Abraham, ¿qué vendrá entonces? [Congregación: ‘La lluvia tardía’]. ¿Qué podría, pues, impedir el derramamiento del Espíritu Santo? [Voz: ‘La incredulidad’]. Nuestra carencia de la justicia de Dios, que viene por la fe; eso es lo que lo retiene" (Jones, General Conference Bulletin 1893, sermón 16, selección).

Cristo hizo su obra desde lo antiguo. “‘Nos hizo aceptos en el Amado’ (Efe. 1:6). ¿Cuándo fue eso? [Congregación: ‘Antes de la fundación del mundo’]. Lo hizo todo antes de que tuviésemos la menor oportunidad de hacer nada –mucho antes de que naciéramos–, antes que el mundo fuese creado. ¿No veis como es el Señor quien obra, a fin de que podamos ser salvos y podamos tenerlo a Él?

Por lo tanto, podemos estar seguros de que nos escogió. Él afirma que es así. Podemos estar seguros de que nos predestinó a la adopción de hijos. Podemos estar seguros de todas estas cosas, pues es Dios quien las declara, y así han de ser. ¿No se trata acaso de un inmenso festín? (Ibíd., nº 17, selección).

"Todos los que estaban en el mundo estaban incluidos en Adán; y todos los que están en el mundo están incluidos en Cristo. Dicho de otro modo: Adán, con su pecado, afectó a todo el mundo; Jesucristo, el segundo Adán, afecta en su justicia a toda la humanidad...

Encontramos aquí a otro Adán. ¿Afecta a tantos como afectó el primer Adán? Esa es la cuestión... Ciertamente lo que hizo el segundo Adán afecta a todos los que resultaron afectados por lo que hizo el primero...

El asunto es: ¿Afecta la justicia del segundo Adán a tantos como afectó el pecado del primer Adán? Examinadlo detenidamente. Totalmente al margen de nuestro consentimiento, sin nada que ver con él, estuvimos incorporados al primer Adán; estábamos allí...

Jesucristo, el segundo hombre, tomó nuestra naturaleza pecaminosa. Nos tocó "en todo". Se hizo nosotros y murió la muerte. Así, en Él y en ello, todo hombre que haya poblado la tierra y que estuviera implicado en el primer Adán, está igualmente implicado en esto, y volverá a vivir. Habrá una resurrección de los muertos, tanto de justos como de injustos. Toda alma se levantará –por virtud del segundo Adán – de la muerte que el primero trajo... (Nota de Traductor, Ver 1 Cor. 15:22; Hech. 24:15; Juan 5:28,29; Conflicto de los Siglos, p. 599).

Siendo Cristo quien nos ha liberado del pecado y la muerte que vinieron sobre nosotros por el primer Adán, esa liberación es para todo hombre, y cada uno puede poseerla si así lo elige.

El Señor no obligará a nadie a aceptarla... Nadie sufrirá la segunda muerte sin haber escogido el pecado en lugar de la justicia, la muerte en lugar de la vida" (Jones, General Conference Bulletin 1895, pp. 268,269).

Testimonio de Elena White

"Todas nuestras bendiciones nos llegan por medio del don inestimable de Cristo. La vida, la salud, los amigos, la razón, la felicidad, son nuestros gracias a los méritos de Cristo. ¡Oh, que los jóvenes y los ancianos comprendan que todo nos viene por medio de la virtud de la vida y de la muerte de Cristo, y reconozcan la propiedad de Dios!" (Hijos e hijas de Dios, p. 240 –Nota del Traductor).

" ‘De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito’. Mediante este don único, todos los demás se imparten a los hombres. Diariamente todo el mundo recibe las bendiciones de Dios. Cada gota de lluvia, cada rayo de luz prodigados sobre la humanidad ingrata, cada hoja, flor y fruto, testifican de la tolerancia de Dios y de su gran amor". "Todas las bendiciones de esta vida y de la vida venidera nos son entregadas con el sello de la cruz del Calvario" (Palabras de Vida del Gran maestro, pp. 243,296 –Nota del Traductor).

"Si Jesús no hubiera muerto como nuestro sacrificio y no hubiera resucitado, nunca hubiéramos conocido la paz, nunca hubiéramos sentido gozo, sino tan sólo habríamos experimentado los horrores de la oscuridad y las aflicciones de la desesperación. Por lo tanto, sólo la alabanza y la gratitud sean el lenguaje de nuestro corazón. Toda nuestra vida hemos participado de sus beneficios celestiales y recibido las bendiciones de su expiación sin par. Por lo tanto, es imposible que concibamos la degradada condición... de la cual nos ha levantado Cristo" (En los Lugares Celestiales, p. 36 –Nota del Traductor).

"Todo miembro de la familia humana es puesto enteramente en las manos de Cristo... La cruz está grabada en todo don, y lleva la imagen y sobreescritura de Jesucristo" (Manuscrito 36, 1890).

"Jesús, el Redentor del mundo, se interpone entre Satanás y cada alma... Los pecados de cada uno que haya vivido sobre la tierra fueron puestos sobre Cristo, testificando del hecho de que nadie tiene que ser un perdedor en el conflicto con Satanás" (Review and Heral, 23 mayo 1899).

"Tan pronto como hubo pecado, hubo un Salvador. Cristo sabía que tendría que sufrir, sin embargo se hizo el sustituto del hombre. Tan pronto como Adán pecó, el Hijo de Dios se presentó a sí mismo como garantía para la raza humana, con tanto poder para desviar la condenación pronunciada sobre el culpable, como cuando murió sobre la cruz del Calvario" (Ibíd., 12 marzo 1901).

"Puedes decir que crees en Jesús cuando tienes una apreciación del coste de la salvación. Puedes pretender tal cosa cuando sientes que Jesús murió por ti en la cruel cruz del Calvario; cuando tu fe comprende de una forma inteligente que su muerte hace posible para ti el que ceses de pecar, y perfecciones un carácter justo por la gracia de Dios, que se te otorga como la compra de la sangre de Cristo" (Ibíd., 24 julio 1888). 

3

La conclusión es que resulta fácil ser salvo, y difícil perderse, tras haber comprendido y creído lo buenas que son las buenas nuevas. Lo difícil es aprender a creer el evangelio. Jesús enseñó esa verdad. 

La Enseñanza Bíblica

(a) La parte de Dios es amar, obrar y dar; nuestra parte es creer (Juan 3:16 y 17). "Si puedes creer, al que cree todo es posible" (Mar. 9:23). Ahora bien, es fundamental comprender el significado bíblico de "creer" (Rom. 10:10).

(b) "Mi yugo es fácil y ligera mi carga"; y resistirse, "dar coces contra el aguijón", es "dura cosa" (Mat. 10:30; Hech. 9:5; 26:14).

(c) Se debe a que "el amor de Cristo nos constriñe". El amor de Cristo es activo, no pasivo. Quien cree al evangelio, no puede continuar viviendo para sí (Rom. 6:1, 2, 14, 15; 2 Cor. 5:14; PVGM 274).

(d) El amor de Cristo por cada persona individual es infinitamente mayor que el de un padre por su hijo (Sal. 27:10; 103:13).

(e) Dar "coces contra el aguijón" es resistir la convicción del Espíritu Santo a propósito de las buenas nuevas (Juan 16:7-11).

(f) La luz disipa las tinieblas, la gracia sobreabunda al pecado, y el Espíritu Santo es más poderoso que la carne (Juan 1:5,9; Rom. 5:20; Gál. 5:16 y 17).

(g) Dios guía a toda persona al arrepentimiento, a pesar de que muchos rehúsen su conducción (Rom. 2:4).

Así lo comprendió Jones

"Cuando reina la gracia es más fácil hacer el bien que hacer el mal. Tal es la comparación: De la misma forma en que reinaba el pecado, reina ahora la gracia. Cuando reinaba el pecado, lo hacía contra la gracia, es decir, repelía todo el poder de la gracia que Dios había proporcionado; pero cuando se rompe el poder del pecado y reina la gracia contra el pecado, repele todo el poder de éste. Así, es literalmente cierto que bajo el reino de la gracia es más fácil hacer el bien que hacer el mal; tanto como cierto era que bajo el reino del pecado es más fácil obrar el mal que el bien" (Jones, Review and Herald, 25 julio 1899).

¿Comprendemos el poder de la gracia? "Es imposible insistir demasiado en el hecho de que bajo el reino de la gracia es tan fácil la práctica del bien, como lo es la del mal en el reino del pecado. Así tiene que ser, puesto que de no haber mayor poder en la gracia que en el pecado, no podría haber salvación del pecado...

La salvación del pecado depende ciertamente de que haya mayor poder en la gracia, del que hay en el pecado... La gran dificultad para el hombre ha consistido siempre en obrar el bien. Pero eso es así debido a que de forma natural el hombre está esclavizado a un poder – el poder del pecado – que es absoluto en su reino. Y por tanto tiempo como rige ese poder, es, no ya difícil, sino imposible hacer el bien que uno debe y quiere hacer. Pero permítase que tome el control un poder superior: ¿No está claro que será tan fácil servir a la voluntad del poder superior, cuando reina, como lo fue servir a la del otro poder cuando reinó?

Pero la gracia no es sólo más poderosa que el pecado... Eso, con ser bueno, no lo es todo... La gracia es mucho más poderosa que el pecado. ‘Donde se agrandó el pecado, tanto más sobreabundó la gracia’ (Rom. 5:20). Entonces, el servicio a Dios será verdaderamente ‘en novedad de vida’. Su yugo resultará entonces ‘fácil’, y ‘ligera’ su carga; su servicio está entonces caracterizado por el ‘gozo inefable y glorificado’ (1 Ped. 1:8)" (Ibíd., 1 setiembre 1896).

"Consideremos esta noche al hombre que no cree para nada en Jesús... Si decide tener a Cristo como a su Salvador, si quiere abundante provisión para todos sus pecados, y salvación de todos ellos, ¿tiene Cristo que hacer algo ahora, a fin de proveer para los pecados de tal hombre, o para salvarlo de ellos? No: ya lo hizo. Hizo abundante provisión a favor de todo hombre en los días de su carne, y todo aquel que cree en Él, lo recibe sin necesidad alguna de que vuelva a repetirse ninguno de los hechos que tuvieron lugar. ‘Habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio para siempre’ (Heb. 10:12)" (Jones, General Conference Bulletin 1895, p. 268).

Waggoner coincidió

"El nuevo nacimiento trasciende totalmente al viejo. ‘Si alguno está en Cristo, es una nueva creación. Las cosas viejas pasaron, todo es nuevo. Y todo esto proviene de Dios’ (2 Cor. 5:17 y 18). El que toma a Dios como la porción de su herencia (Sal. 16:5), tiene en su interior un poder que obra para justicia, mucho más fuerte que el poder de sus tendencias heredadas al mal; tanto como más poderoso es nuestro Padre celestial que nuestros padres terrenales" (Waggoner, The Everlasting Covenant, p. 66).

"No debemos intentar corregir las Escrituras, y decir que la bondad de Dios tiende a llevar al hombre al arrepentimiento. La Biblia dice que lo hace, que guía al arrepentimiento, y podemos tener la seguridad de que así es. Todo hombre es llevado al arrepentimiento tan seguramente como que Dios es bueno. Pero no todos se arrepienten. ¿Por qué? Porque desprecian las riquezas de la benignidad, paciencia y benevolencia de Dios, y escapan de la misericordiosa conducción del Señor. Pero todo aquel que no resista al Señor, será guiado con seguridad al arrepentimiento y la salvación" (Waggoner, Carta a los Romanos, p. 21).

"Permaneciendo en el Espíritu, andando en el Espíritu, la carne con sus concupiscencias no tiene más poder sobre nosotros del que tendría si estuviésemos realmente muertos y enterrados... La carne sigue siendo corruptible, sigue estando llena de malos deseos, siempre dispuesta a rebelarse contra el Espíritu; pero por tanto tiempo como sometamos la voluntad a Dios, el Espíritu mantiene la carne a raya... El Espíritu de vida en Cristo – la vida de Cristo –, se da gratuitamente a todos. ‘El que tenga sed y quiera, venga y tome del agua de la vida de balde’ (Apoc. 22:17)" (Waggoner, Las Buenas Nuevas. Gálatas, versículo a versículo, p. 155).

"¡Gracias a Dios por la bendita esperanza! La bendición ha venido a todos los hombres. ‘Así como por el delito de uno vino la condenación a todos los hombres, así también por la justicia de uno solo, vino a todos los hombres la justificación que da vida’ (Rom. 5:18). Dios, que no hace acepción de personas, nos bendijo en Cristo con toda bendición espiritual en los cielos (Efe. 1:3). El don es nuestro, y se espera que lo guardemos. Si alguien no tiene la bendición, es porque no ha reconocido el don, o bien porque lo ha rechazado deliberadamente" (Ibíd., pp. 79,80).

Elena White respaldó las buenas nuevas

"No deduzcamos, sin embargo, que el sendero ascendente es difícil y la ruta que desciende es fácil. A todo lo largo del camino que conduce a la muerte hay penas y castigos, hay pesares y chascos, hay advertencias para que no se continúe. El amor de Dios es tal que los desatentos y los obstinados no pueden destruirse fácilmente... A lo largo del áspero camino que conduce a la vida eterna hay también manantiales de gozo para refrescar a los fatigados" (Palabras de Vida del Gran Maestro, 117-119). 

 4

Cristo es el buen Pastor a la búsqueda de la oveja perdida, incluso aunque no lo hayamos buscado a Él. Una comprensión errónea de su carácter nos hace suponer que intenta ocultarse de nosotros. No hay ninguna parábola de una oveja perdida que tenga que ir en busca de su pastor. 

La enseñanza bíblica

(a) Esa verdad fluye de forma lógica y natural como buenas nuevas del evangelio (Luc 15:1-10). Es un error ver a Dios como alguien que nos considera con indiferencia hasta que tomamos la iniciativa y le obligamos a salir de su escondite. La verdad, por el contrario, es que Él nos busca (Sal. 119:176; Eze. 34:16). (Hay dos verbos hebreos que encontramos traducidos como "buscar" en nuestras Biblias. Uno de ellos significa hacer algo para hallar alguna cosa o persona que está perdida. Ese verbo nunca lo encontramos en los pasajes en los que Dios nos amonesta a "buscarlo", como si fuese difícil encontrarlo por esconderse de nosotros. El otro verbo significa "estar atento a", "inquirir". En 1 Sam. 28:7, encontramos ambos verbos en una sola frase. El que se traduce en ese lugar como "pregunte" o "consulte", es el que se emplea en Isa. 55:6: "Buscad a Jehová mientras puede ser hallado". Lo que está diciendo realmente el Señor es: ‘Preguntad, consultad, estad atentos a Jehová, mientras puede ser hallado’.

(b) Si alguien es salvo al fin, lo será por la iniciativa de Dios; si se pierde, será por su propia iniciativa (Jer. 31:3; Juan 3:16-19).

(c) Nuestra salvación no gravita sobre el hecho de que mantengamos una relación con Dios, sino de que creamos que Él está a la puerta y llama, que lo está haciendo todo para mantener una relación con nosotros, a menos que la rechacemos (Apoc. 3:20).

¿Cómo comprendió Waggoner ese concepto?

"No sólo nos llama, sino que nos atrae. Nadie podría acudir a Él sin esa atracción. Cristo fue levantado de la tierra a fin de atraer a todos a Dios. Él gustó la muerte por todo hombre (Heb. 2:9), y mediante Él todo hombre tiene acceso a Dios. Deshizo en su propio cuerpo la enemistad – el muro que separa al hombre de Dios –, de manera que nada puede apartar de Dios al hombre, si es que éste no reedifica la barrera.

El Señor nos atrae a sí sin hacer uso de la fuerza. Llama, pero no conmina... Dios ha dispuesto la salvación para toda alma que jamás habitara este mundo" (Waggoner, Carta a los Romanos, p. 81 y 83).

"Cristo se da a todo hombre. Por lo tanto, cada uno recibe la totalidad de Cristo. El amor de Dios abarca al mundo entero, a la vez que llega individualmente a cada persona. El amor de una madre no queda mermado al dividirse hacia cada uno de sus hijos, de forma que estos no reciban más que la tercera, cuarta o quinta parte de él. No: cada hijo es objeto de todo el amor de su madre. ¡Cuánto más será así con Dios, cuyo amor es más perfecto que el de la mejor madre imaginable! (Isa. 49:15). Cristo es la luz del mundo, el Sol de justicia. Pero la luz que ilumina a un hombre en nada disminuye la que alumbra a los demás. Si una habitación está perfectamente iluminada, cada uno de sus ocupantes se beneficia de la totalidad de la luz existente, tanto como si fuese el único presente en aquel lugar. Así, la luz de Cristo alumbra a todo ser humano que viene a este mundo...

Cuán a menudo oímos a personas lamentarse en estos términos: 'Soy tan pecador que el Señor no me aceptará'. Incluso algunos que han profesado ser cristianos durante años, expresan el deseo tristemente incumplido de lograr seguridad de la aceptación por parte de Dios. Pero el Señor no ha provisto razón alguna para tales dudas. Nuestra aceptación queda asegurada por siempre. Cristo nos ha comprado, y pagó ya el precio.

¿Cuál es la razón por la que alguien va a la tienda y compra un artículo? Porque está interesado en él. Si ha pagado su precio, tras haberlo examinado, de forma que es consciente de lo que compró, ¿temerá el vendedor que el comprador no acepte el artículo? Al contrario, si le retiene el producto, el comprador protestará: '¿por qué no me entrega aquello que me pertenece?'. A Jesús no le resulta indiferente si nos entregamos o no a Él. Se interesa con un ansia infinita por cada alma que compró con su propia sangre. ‘El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido’ (Luc. 19:10)" (Waggoner, La Buenas Nuevas, Gálatas, versículo a versículo, pP. 5,6).

Jones sostuvo la misma posición

"Siempre ha sido un engaño de Satanás el hacer pensar a la gente que Cristo está tan alejado de ellos como sea posible. Cuanto más alejado está Cristo, incluso para aquellos que profesan creer en Él, tanto más satisfecho resulta el diablo; entonces excita la enemistad que alberga el corazón natural y pone a la obra el ceremonialismo, colocándolo en el lugar de Cristo" (Jones, General Conference Bulletin, 1895, p. 478, selección).

"La mente de Dios concerniente a la naturaleza humana no está satisfecha hasta no vernos a su mano derecha, glorificados. Hay poder vivificador en esa bendita verdad. Nos hemos contentado con mantener nuestras mentes demasiado lejos de lo que Dios tiene para nosotros. Pero ahora, cuando viene y nos llama al respecto, vayamos allá donde nos guíe. Es la fe la que lo hace; no la presunción; es la única respuesta apropiada. El Pastor celestial nos lleva; nos conduce a verdes pastos y a aguas tranquilas que fluyen desde el trono de Dios. Bebamos abundantemente y vivamos...

‘A los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó, y a los que justificó a éstos también glorificó’ (Rom. 8:30). No los puede glorificar hasta no haberlos justificado. ¿Qué significa, pues este mensaje especial de justificación que Dios ha estado enviando estos [siete] años a la iglesia y al mundo? Significa que Dios está disponiéndose a glorificar a su pueblo. Pero sólo resultamos glorificados en la segunda venida del Señor; por lo tanto, este mensaje especial [de 1888] de justificación que Dios ha estado enviándonos tiene por fin el prepararnos para la glorificación en la venida del Señor. En esto, Dios nos está dando la señal más poderosa que cabe tener de que lo siguiente ha de ser la venida del Señor" (Ibíd., pp. 366-368, selección).

El Buen Pastor toma la iniciativa. "Él nos preparará; no podemos prepararnos a nosotros mismos. Por largo tiempo intentamos justificarnos, hacernos rectos, y prepararnos así para la venida del Señor. Pero nunca logramos la satisfacción, pues no se lo alcanza de ese modo. Ningún maestro o artista se detiene a contemplar el fruto de su trabajo a medio terminar, para comenzar a rechazarlo por incompleto. ¡No está aún terminado! Es inconcebible que el Supremo Artista nos haya de mirar a medio camino, como estamos, para concluir que en nuestro estado no servimos para nada. Él va adelante con su maravillosa obra. Vosotros y yo podemos decir: ‘No sé cómo va a lograr el Señor hacer de mí un cristiano, y prepararme para el cielo’. Aunque podamos parecer rudos, marchitos y afeados por cicatrices ahora, Él nos ve ya de la forma en que estamos en Cristo.

Confiando en Él, le permitiremos que lleve a cabo la obra. Ahora nos dice: ‘Permíteme que obre, y verás lo que voy a hacer’. No es de ninguna forma tarea nuestra. Podéis salir de este templo y mirar aquella ventana desde afuera. Tendréis la impresión de contemplar un oscuro y confuso amasijo de cristales sin orden. Pero contempladla iluminada desde el interior, y os deleitaréis en la obra de arte que encierra. De igual forma, vosotros y yo podemos mirarnos, y todo parece torcido, oscuro e inservible, una masa amorfa. Pero Dios lo mira tal como es en Jesús. Cuando miramos desde el interior tal como estamos en Jesús, veremos también en claros caracteres escritos por el Espíritu de Dios: ‘Justificados por la fe; estamos en paz para con Dios mediante nuestro Señor Jesucristo’. Veremos toda la ley de Dios escrita en el corazón y brillando en la vida. Ese brillo se refleja procedente de Jesucristo.

En Él Dios ha perfeccionado su plan en lo concerniente a nosotros. Aceptémoslo, hermanos. Recibámoslo en la plenitud de esa fe abnegada que Jesús nos ha traído. Permitamos que el poder de ella opere en nosotros, nos resucite, y nos siente en los lugares celestiales en Jesucristo, en el lugar de su morada (Efe. 2:5 y 6)" (Ibíd.).

El concepto, visto por Elena White

"Cuando Cristo los induce a mirar su cruz y a contemplar a Aquel que fue traspasado por sus pecados,... Comienzan a entender algo de la justicia de Cristo... El pecador puede resistir a este amor, puede rehusar ser atraído a Cristo; pero si no se resiste, será atraído a Jesús; el conocimiento del plan de la salvación le guiará al pie de la cruz, arrepentido de sus pecados, los cuales causaron los sufrimientos del amado Hijo de Dios" (Camino a Cristo, p. 27). 

5

Al venir en nuestra búsqueda, Cristo recorrió todo el camino hasta donde estamos, tomando sobre sí mismo la "semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne". Es así el Salvador que está "cercano, a la mano, no alejado". Es "el Salvador de todos los hombres", incluso hasta del "primero" de los pecadores. Ahora bien, el pecador tiene libertad para rechazarlo. 

La Enseñanza Bíblica

(a) Su nombre es "Emmanuel... Dios con nosotros" (Mat. 1:23).

(b) "Aunque era de condición divina", fue hecho "un poco menor que los ángeles", "nacido de mujer, nacido bajo la ley", "en todo semejante a sus hermanos", "al que no tenía pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros" (Fil. 2:6; Heb. 2:9, 17; Gál. 4:4; 2 Cor. 5:21).

(c) "Por cuanto los hijos participan de carne [sarx] y sangre, él también participa de lo mismo" (Heb. 2:14).

(d) "Fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (Heb. 4:15).

(e) Quien no reconoce esta realidad de que "Jesucristo ha venido en carne [sarx]", "este es del anticristo", la esencia de la falsificación Católica Romana del evangelio (1 Juan 4:1-3).

Waggoner vio a Cristo como "cercano, a la mano"

"Cristo tomó sobre sí mismo la naturaleza del hombre, y como consecuencia estuvo sujeto a la muerte. Vino al mundo a fin de morir; y así desde el principio de su vida en esta tierra estuvo en la misma condición en la que están los hombres a quienes vino a salvar.

No retroceda horrorizado; no estoy implicando que Cristo fuera un pecador. Una de las cosas que más ánimo proporcionan en la Biblia es la constatación de que Cristo tomó sobre sí la naturaleza del hombre, el saber que sus antecesores según la carne fueron pecadores. Tuvieron todas nuestras pasiones y debilidades. Ningún hombre tiene el menor derecho a excusar sus actos pecaminosos en razón de la herencia. Si Cristo no hubiese sido hecho en todas las cosas como sus hermanos, entonces su vida impecable no habría significado aliento alguno para nosotros. La podemos mirar con admiración, pero sería la admiración que lleva a la desesperación.

Desde su más temprana infancia la cruz estuvo siempre ante Él" (Waggoner, The Gospel in Galatians, pp. 60-62, selección).

"Su humanidad solamente veló su naturaleza divina, por la cual estaba conectado inseparablemente con el Dios invisible, y que fue más que capaz de resistir exitosamente la debilidad de la carne. Hubo en toda su vida una lucha. La carne, afectada por el enemigo de toda justicia, tendía a pecar, sin embargo su naturaleza divina nunca albergó, ni por un momento, un mal deseo, ni vaciló jamás su poder divino" (Waggoner, Cristo y su justicia, pp. 12). 

Jones ve el amor de Dios manifestado en la encarnación,
como poderosa motivación

"La elección de glorificar a Dios es la elección de que el yo se vacíe y se pierda, y que sólo Dios aparezca, por medio de Jesucristo. Es que todo el universo y cada parte de él reflejen a Dios. Tal es el privilegio que Dios ha puesto ante todo ser humano. ¿Cuál fue el costo de traernos a ti y a mí ese privilegio? El precio infinito del Hijo de Dios.

¿Vino Cristo a este mundo para regresar tal como era antes, de modo que hiciera un sacrificio por 33 años? La respuesta es que lo hizo por la eternidad. El Padre nos otorgó su Hijo a nosotros, y Cristo se dio a sí mismo por toda la eternidad. Nunca jamás volverá a ser en todos los respectos como fue antes.

‘El que era uno con Dios se ha vinculado con los hijos de los hombres mediante ligaduras que no han de romperse nunca’. ¿En qué se vinculó con nosotros? –En nuestra carne, en nuestra naturaleza. Ese es el sacrificio que gana el corazón de los hombres. Muchos consideran que el sacrificio de Cristo lo fue sólo por 33 años, para morir entonces la muerte de cruz y regresar tal como había venido. A la vista de la eternidad anterior y posterior a esos 33 años, no se trataría ciertamente de un sacrificio infinito. Pero cuando consideramos que sorbió su naturaleza en nuestra naturaleza humana por toda la eternidad, eso es un sacrificio. Ese es el amor de Dios. Ningún corazón puede argumentar en contra. Sea que el hombre lo crea o no, hay en él poder subyugador, y el corazón no puede sino inclinarse en silencio ante esa sublime verdad. Lo diré una vez más: desde que comprendí el bendito hecho de que el sacrificio del Hijo de Dios es un sacrificio eterno, y de que todo fue por mí, he vivido continuamente meditando en las palabras: ‘Andaré humildemente todos mis años’” (Jones, General Conference Bulletin, 1895, pp. 381,382, selección).

Waggoner vio piedad práctica en esa verdad

"Se me han hecho dos preguntas, que podemos ahora considerar: ‘El santo ser que nació de la virgen María, ¿nació en carne de pecado? y ¿tenía esa carne que luchar con las mismas tendencias al mal que la nuestra?’ Nada sé sobre el particular, salvo lo que leo en la Biblia. He pasado por el desánimo y abatimiento. Lo que durante años me desanimó fue en parte el conocimiento de la debilidad de mí propio yo, y el pensamiento de que aquellos que según mi estimación estaban procediendo rectamente, así como los santos hombres de antaño en el relato sagrado, poseían una constitución diferente a la mía. Encontraba que el mal era lo único que podía hacer...

Si Jesús, que vino aquí a mostrarme el camino de la salvación, el único en quien hay esperanza, si su vida en esta tierra fue un fraude, ¿dónde quedaría la esperanza? ‘Pero – dirás –, la pregunta presupone lo contrario, que Él era perfectamente santo, tan santo que jamás tuvo mal alguno contra el que contender’.

A eso es precisamente a lo que me refiero. Leo que ‘fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado’. Leo cómo pasó toda la noche en oración, en una agonía tal que de su frente caían gotas como de sangre. Si todo eso fuese ficticio, si no fue realmente tentado, ¿qué provecho tiene para mí? Quedo peor que estaba.

Pero Ah!, si hay Uno – y ciertamente lo hay –; Mejor diré: puesto que hay Uno que pasó por todo aquello a lo que yo puedo ser llamado a pasar, que resistió más de lo que jamás se me pueda pedir que yo resista, que fue constituido como yo en todo respecto, sólo que en circunstancias aún peores que las mías, que enfrentó todo el poder que el diablo pudo ejercer mediante la carne humana, y sin embargo no conoció pecado, entonces puedo alegrarme. Lo que hizo hace 1.900 años es igualmente capaz de hacerlo a todos los que creen en Él" (Waggoner, General Conference Bulletin, 1901, pp. 403-405, selección).

La inmaculada concepción niega la verdad bíblica sobre la naturaleza de Cristo. "Es imprescindible que cada uno de nosotros decida si está fuera de la iglesia de Roma o no. Muchos llevan aún las marcas de ella. ¿No veis que el concepto que pretende que la carne de Jesús no fue como la nuestra (pues sabemos que la nuestra es pecaminosa) implica necesariamente la idea de la inmaculada concepción de la virgen María?

Suponed que aceptamos la idea de que Jesús estaba tan separado de nosotros, que era tan diferente que no tenía en su carne nada contra lo que contender –que tenía carne impecable. Podéis ver que el dogma católico romano de la inmaculada concepción se convierte entonces en una consecuencia necesaria. Pero ¿por qué detenerse ahí? Podemos ir hasta la madre de la virgen María, y así hasta Adán. ¿Resultado? Nunca se produjo la caída (el pecado). En ello podéis ver como la esencia del catolicismo romano es el espiritismo.

Cristo fue tentado en la carne, sufrió en la carne, pero tenía una mente que no consintió jamás en pecar. Estableció la voluntad de Dios en la carne, y estableció que la voluntad de Dios pudiera realizarse en toda carne humana y pecaminosa" (Ibíd.).

Jones, en perfecto acuerdo

"En estos días de general aceptación del catolicismo por parte de los ‘protestantes’, deberíamos conocer por nosotros mismos la doctrina de Cristo y las consecuencias en aquellos que aceptan el dogma [de la inmaculada concepción de María].

He aquí algunas declaraciones de padres y santos católicos: ‘[María era] muy diferente del resto del género humano, le fue comunicada la naturaleza humana, pero no el pecado’. ‘Fue creada en una condición más sublime y gloriosa que toda otra naturaleza’. Lo anterior sitúa la naturaleza de María infinitamente más allá de toda semejanza real, o relación con la raza humana. En palabras del cardenal Gibbons: ‘Afirmamos que la segunda persona de la bendita Trinidad, el Verbo de Dios, quien es en su naturaleza divina, desde la eternidad, engendrado del Padre, consubstancial con él, venido el cumplimiento del tiempo, fue nuevamente engendrado al nacer de la virgen, tomando así para sí mismo, de la matriz materna, una naturaleza humana de la misma sustancia que la de ella’.

Inevitablemente, en su naturaleza humana, el Señor Jesús resulta ser ‘muy diferente’ de la raza humana, infinitamente más allá de toda semejanza real, o relación con nosotros en este mundo. Pero la verdad es que el Señor Jesús en su naturaleza humana tomó nuestra carne y sangre tal cual las conocemos, con todas sus enfermedades. Será bueno conocer verdaderamente cuán cercano está.

Jesús, a fin de poder devolver al hombre a la gloria de Dios, en su amor, se rebajó hasta ahí mismo, compartió su naturaleza tal como ésta es, sufrió con él y hasta incluso murió con él, tanto como por él, en la naturaleza humana pecaminosa que es común a los hombres. ‘Fue contado con los perversos’. Eso es amor. Viene a nosotros allí donde nos encontramos, a fin de poder elevarnos desde nosotros mismos hasta Dios. ‘Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo’ (Heb. 2:14).

Encontramos en esta sola frase todas las palabras que cabe emplear, a fin de hacerlo claro y positivo. Lejos de ser cierto que Jesús, en su naturaleza humana, esté tan alejado que no tenga semejanza alguna ni relación con nosotros, es cierto lo contrario: es nuestro pariente más cercano en la carne y sangre. Esta gran verdad de la relación de sangre entre nuestro Redentor y nosotros está claramente presentada en el evangelio, en Levítico. Cuando alguien había perdido su herencia, el derecho de rescate recaía sobre su pariente de sangre más próximo. No simplemente sobre uno que estuviera próximo, sino sobre el más próximo (Lev. 25:24-28; Rut 2:20; 3:12 y 13; 4:1-12). Por consiguiente Cristo tomó nuestra misma carne y sangre, y se hizo así nuestro pariente más próximo. Es el más próximo a nosotros de entre todas las personas del universo.

Eso es cristianismo. Negar que Jesucristo viniera, no simplemente en carne, sino en la carne, la única carne que en el mundo existe, carne pecaminosa; negar eso es negar a Cristo. ‘Porque muchos engañadores son entrados en el mundo, los cuales no confiesan que Jesucristo ha venido en carne’. Confiésale a Él tus pecados: nunca abusará de tu confianza. Dile tus pesares. Llevó ‘nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores’, es ‘varón de dolores, experimentado en quebranto’. Te consolará con el consuelo de Dios" (Jones, The Immaculate Conception of the Virgin Mary, 1894, selección).

"Si no hubiese sido hecho de la misma carne que aquellos a quienes vino a redimir, entonces no sirve absolutamente de nada el que se hiciese carne. Más aún: Puesto que la única carne que hay en este vasto mundo que vino a redimir, es esta pobre, pecaminosa y perdida carne humana que posee todo hombre, si esa no es la carne de la que fue hecho, entonces no vino realmente jamás al mundo que necesita ser redimido. Si vino en una naturaleza humana diferente a la que existe en este mundo, entonces, a pesar de haber venido, para todo fin práctico de alcanzar y auxiliar al hombre, estuvo tan lejos de él como si nunca hubiera venido...

La fe de Roma en relación con la naturaleza de Cristo y de María, y también de nuestra naturaleza, parte de esa noción de la mente natural según la cual Dios es demasiado puro y santo como para morar con nosotros y en nosotros, en nuestra naturaleza humana pecaminosa: tan pecaminosos como somos, estamos demasiado distantes de él en su pureza y santidad, demasiado distantes como para que él pueda venir a nosotros tal como somos.

La verdadera fe – la fe de Jesús – es que, alejados de Dios como estamos en nuestra pecaminosidad, en nuestra naturaleza humana que él tomó, vino a nosotros justamente allí donde estamos; que, infinitamente puro y santo como es él, y pecaminosos, degradados y perdidos como estamos nosotros, Dios, en Cristo, a través de su Espíritu Santo, quiere voluntariamente morar con nosotros y en nosotros para salvarnos, para purificarnos, y para hacernos santos.

La fe de Roma es que debemos necesariamente ser puros y santos a fin de que Dios pueda morar con nosotros.

La fe de Jesús es que Dios debe necesariamente morar con nosotros, y en nosotros, a fin de que podamos ser puros y santos" (Jones, El Camino Consagrado a la Perfección Cristiana, pp. 26,29,30).

Elena  White fue, no sólo favorable, sino entusiasta

"El sábado de tarde [en South Lancaster] fueron tocados muchos corazones, y muchas almas se alimentaron del pan que descendió del cielo... Sentimos [Jones, Waggoner y E. White] la necesidad de presentar a Cristo como a un Salvador que no está alejado, sino cercano, a la mano... Hubo muchos, incluso entre los pastores, que vieron la verdad tal como es en Jesús, en una luz en la nunca antes la habían visto" (Review and Herald, 5 marzo 1889).

"Pero muchos dicen que Jesús no era como nosotros, que no era como nosotros en el mundo, que él era divino, y que nosotros no podemos vencer como él venció. Pero eso no es cierto; ‘Porque de cierto, no vino para ayudar a los ángeles, sino a los descendientes de Abrahán... Y como él mismo padeció al ser tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados’. Cristo conoce las pruebas de los pecadores; conoce sus tentaciones. Tomó sobre sí mismo nuestra naturaleza... las tentaciones más fuertes [del cristiano] vendrán del interior, dado que tiene que batallar contra las inclinaciones del corazón natural. El Señor conoce nuestras debilidades... Cada lucha contra el pecado, cada esfuerzo por conformarse a la ley de Dios, es Cristo obrando mediante sus agencias señaladas en el corazón humano. ¡Oh, si pudiéramos comprender lo que Cristo es para nosotros!" (Christ Tempted as We Are, pp. 3,4,11; 1894).

"Habría sido una humillación casi infinita para el Hijo de Dios revestirse de la naturaleza humana, aun cuando Adán poseía la inocencia del Edén. Pero Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada por cuatro mil años de pecado. Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de la gran ley de la herencia. Y la historia de sus antepasados terrenales demuestra cuáles eran aquellos efectos. Mas él vino con una herencia tal para compartir nuestras penas y tentaciones, y darnos un ejemplo de una vida sin pecado" (Deseado de Todas las Gentes, p. 32).

"[Cristo] tomó sobre su naturaleza impecable nuestra naturaleza pecaminosa, a fin de que pudiera saber cómo socorrer a los que son tentados" (Medical Ministry, p. 181). 

 
 

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