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Cada uno de los diez aspectos se presenta atendiendo a:
1- Su base bíblica
2- La contribución de Jones y Waggoner
3- Los "Amén" de E. White
Prefacio
"En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su
pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones", dice E. White en una
de sus muchas y entusiastas declaraciones (TM 91).
El mismo mensaje que tanto gozo y ánimo trajo a muchos hace un siglo,
reaviva aún el espíritu allí donde se lo proclama. En este resumen
esperamos dar respuesta a algunas cuestiones:
· ¿Cuál fue el mensaje que nos trajeron en la era de 1888?
· ¿Qué elementos despertaron en E. White tal gratitud?
· ¿Hemos perdido, como iglesia, algo especial y refrescante de
lo que estamos necesitados?
· ¿Por qué apoyó E. White el mensaje por una década mediante
declaraciones entusiastas, en no menos de 374 ocasiones?
· ¿Por qué manifestó que era la presentación más clara de la
justificación por la fe que jamás oyera expresar en público?
· ¿Qué vio allí, que la llevó a calificarlo como "el comienzo"
del fuerte pregón de Apocalipsis 18, y el principio de "los aguaceros
celestiales de la lluvia tardía"?
· ¿Creyó verdaderamente que el mensaje prepararía a un pueblo
para la traslación, en sus días? Si es así, ¿por qué?
En las 1.821 páginas de The Ellen G. White 1888 Materials se
encuentran respuestas a todas esas cuestiones. Pero la piedra de toque
última para toda verdad es la propia Biblia. Esta compilación pretende
ayudar a disponer de un resumen de fácil lectura, expresado en forma de
diez aspectos esenciales del mensaje de 1888 que lo caracterizan y lo
hacen singular, en las palabras de los propios mensajeros de 1888, junto
a su apoyo bíblico y de E. White.
Comité Para el Estudio del Mensaje de 1888 (1998)
1
Cristo ha efectuado ya algo en favor de todo ser humano. Murió la segunda
muerte "por todos", y eligió así a todo hombre para que fuese salvo. En
ese sentido, es cierto que "salvó el mundo". La apreciación de lo
realizado por Cristo en su sacrificio, permitirá que Laodicea asimile el
significado de la verdadera fe, y el sentido profundo de gloriarse en la
cruz.
La Enseñanza Bíblica
(a) Cuando Cristo "murió por todos", cuando experimentó "la muerte en
beneficio de todos", esa muerte tuvo que ser la segunda, puesto que
aquello a lo que ordinariamente nos referimos como muerte (la primera
muerte), la Biblia lo denomina "sueño", y es algo que todos
experimentan, con la excepción de los que hayan de ser trasladados (Juan
1:11-13; 1 Tes. 4:16 y 17). Por lo tanto, no hay razón por la que nadie
haya de morir finalmente la segunda muerte, si no es porque resistió o
rechazó la salvación que se le dio ya "en Cristo" (la palabra
"descuidamos", de Heb. 2:3, contiene la noción de desprecio. Ver su uso
en Mat. 22:5).
(b) Cuando Cristo fue bautizado (Mat. 3:17), el Padre aceptó en Él a toda
la raza humana. Así, Cristo es ya "el Salvador del mundo" (Juan 4:42; 1
Juan 4:14). Nadie necesita dudar que el Señor lo ha aceptado en Él. Pero
si bien Cristo es el "Salvador de todos los hombres", lo es "en especial
de los que creen" (1 Tim. 4:10. La voz griega del NT malista,
significa "en especial", "especialmente", "con plena efectividad", etc.,
ver Gál. 6:10). Nuestra salvación no depende de que iniciemos una
relación con Él, sino que depende de nuestra respuesta a la relación que
Él inició ya con nosotros.
(c) Cristo "abolió la muerte" (la segunda, 2 Tim. 1:10). Puesto que nadie
tiene por qué perderse al fin, a menos que escoja rechazar lo que Cristo
efectuó ya por él, lo único que puede determinar su perdición es su
incredulidad (Juan 3:16-19). Cristo "sacó a la luz la vida y la
inmortalidad por medio del evangelio" (2 Tim. 1:10). Para todos,
creyentes e incrédulos, "sacó a la luz la vida"; y para aquellos que
creen, además, "la inmortalidad".
(d) En Romanos 5:15 al 18, Pablo expone lo que Cristo efectuó en la cruz.
La proclamación de la emancipación de los esclavos, en 1863 (por Abraham
Lincoln), es una ilustración de ese "veredicto de absolución" o
"justificación" por "todos los hombres". Lincoln aseguró a todo esclavo
perteneciente a los territorios confederados la libertad desde el punto
de vista legal; pero nadie pudo experimentarla, a menos que: (1) oyese
las buenas nuevas, (2) las creyera, y (3) le motivaran a vivir en
libertad.
Cómo lo
comprendieron Jones y Waggoner
"Cristo ha hecho todo eso gratuitamente. ¿En favor de cuántos lo hizo? ¿A
favor de toda alma? [Congregación: ‘Sí’]. Dio todas las bendiciones que
posee a cada alma que puebla el mundo; escogió a cada una de ellas; la
escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, la predestinó a la
adopción de hijo, y la hizo acepta en el Amado (E. White aplica esta
expresión de Efe. 1:6 globalmente a la raza humana, Deseado de Todas
las Gentes, p. 87).
El que tú y yo se lo permitamos no es ahora la cuestión. Me compró desde
antes de la fundación del mundo. Por lo tanto, ¿de quién somos?
[Congregación: ‘del Señor’].
¿Cómo puede ser que alguien dude acerca de si es o no del Señor? ‘El que
no cree a Dios, lo hace mentiroso’. Puede no hacerlo en muchos otros
aspectos, pero en el momento en que admite la duda acerca de si es o no
del Señor, permite que la incredulidad lo controle y da crédito a
Satanás, echándolo todo a perder.
No obstante, el Señor no tomará sin nuestro permiso aquello que compró.
Hay una línea que Dios mismo ha marcado como terreno de la soberanía de
cada ser, y Él se abstiene escrupulosamente de traspasarla sin nuestro
consentimiento, seamos ángeles o seamos personas. Pero si le damos
permiso, vendrá con todo lo que Él significa".
El valor práctico de esa verdad.
"Supón que te levantas por la mañana con dolor de cabeza, que has tenido
una mala digestión y te encuentras enfermo. ¿Cómo sabes que eres del
Señor? [Congregación: ‘Porque así lo dice Él’]. Algunas veces hacemos
preguntas a las personas, y obtenemos respuestas como las que siguen:
–¿Le han sido perdonados los pecados?
‘Sí, me convencí de que se me habían perdonado, por un tiempo’.
–¿Qué lo convenció de ello?
‘Sentí que se me habían perdonado’.
Sintieron,
pero no supieron nada de ello. No presentaron la más mínima
evidencia de que sus pecados hubiesen sido perdonados. La única
evidencia que podemos tener de que eso es así es que así lo dice Dios.
Nunca os fiéis de los sentimientos. Son tan variables como el viento.
No necesitamos albergar ninguna duda más acerca de si somos del Señor.
Pero muchos no se han sometido al Señor, y en la práctica no son de Él.
Él los ha hecho suyos por su compra. ¿Cómo pueden ahora saber que son de
Él? Por su palabra".
Esas buenas nuevas, ¿significan licencia para pecar?
"Ocasionalmente oímos cómo algunos consideran que lo referido pudiese
significar licencia para el pecado. –No; no significa eso. Os salvará de
pecar. Cuando el hombre elige ser del Señor, entonces Dios obra en él
tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad. Allí está el poder
divino; ninguna licencia para el pecado. Al contrario, es la única forma
de que no la haya.
¿Cuándo nos compró? [Congregación: ‘Antes de la fundación del mundo’].
¿Qué clase de personas éramos antes de la fundación del mundo?
¿Pecadores, como lo somos ahora? ¿Seres reprobables, deseosos de
transitar en caminos reprobables? ¿No haciendo profesión de religión y
sin estar particularmente interesados en ello? ¿Es así como nos compró?
[Congregación: ‘Sí’]. Y compró nuestros pecados. Isaías lo describe así:
‘Herida, hinchazón y podrida llaga. No están curadas’.
Por lo tanto, a mí toca el decidir si prefiero tener mis pecados, o
tenerlo a Él. ¿Acaso no depende de mí? [Congregación: ‘Sí’]. Cuando se
señala vuestro pecado, decid: ‘Prefiero tener a Cristo que a eso’ "
(Jones, General Conference Bulletin, 1893, sermón nº 17,
selección).
Lo que efectuó Cristo.
"Dios ha traído la salvación a todos los hombres, y la ha dado a cada
uno de ellos; pero desgraciadamente, la mayoría la desprecia y
desecha. El juicio revelará el hecho de que a cada ser humano se le dio
la plena salvación, y también que todo perdido lo fue por rechazar
deliberadamente el derecho de primogenitura que se le dio como posesión"
(Waggoner, Las Buenas Nuevas, Gálatas versículo a versículo, p.
27).
"Alguno dirá irreflexivamente: 'Eso me tranquiliza: por lo que respecta a
la ley, puedo hacer lo que quiera, puesto que todos fuimos redimidos'.
Es cierto que todos fueron redimidos, pero no todos han aceptado
la redención. Muchos dicen de Cristo: ‘no queremos que este hombre reine
sobre nosotros’, y alejan de ellos la bendición de Dios. Pero la
redención es para todos. Todos han sido comprados con la preciosa sangre
– la vida – de Cristo, y todos pueden, si así lo quieren, ser librados
del pecado y de la muerte" (Ibíd., p. 51).
Ilustraciones de Elena White
"Jesús conoce las circunstancias particulares de cada alma. Cuanto más
grave es la culpa del pecador, tanto más necesita del Salvador. Su
corazón rebosante de simpatía y amor divinos se siente atraído ante todo
hacia el que está más desesperadamente enredado en los lazos del
enemigo. Con su sangre firmó Cristo los documentos de emancipación de la
humanidad" (Ministerio de Curación, p. 59).
"[Cristo] se apoderó del mundo sobre el cual Satanás pretendía presidir
como en su legítimo territorio. En la obra admirable de dar su vida,
Cristo restauró a toda la raza humana al favor de Dios (Mensajes
Selectos, tomo I, p. 402).
"Por medio de su obediencia a todos los mandamientos de Dios, Cristo
efectuó la redención de los hombres. Esto no fue hecho convirtiéndose
[Cristo] en otro, sino tomando él mismo la humanidad. Así Cristo dio a
la humanidad la posibilidad de existir gracias a lo que él hizo. La obra
de la redención es poner a la humanidad en comunión con Cristo, efectuar
la unión de la raza caída con la divinidad" (Mensajes Selectos,
tomo I, p. 294).
"Se ha pagado el precio de la redención para la raza humana" (Review
and Heral, 3 junio 1890).
"Cristo hizo su sacrificio por el mundo" (Palabras de Vida del Gran
Maestro, p. 243).
"Cristo... redimió la desgraciada caída de Adán, y salvó al mundo" (My
Life Today, 323).
2
Gracias a su cruz y a su ministerio sacerdotal en curso, Cristo está
atrayendo a "todos los hombres" al arrepentimiento. Su amor y gracia son
tan poderosos e insistentes que el pecador tiene que resistirlos a fin
de perderse.
La Enseñanza Bíblica
(a) Toda la vida y felicidad de las que el mundo disfruta son la compra
del sacrificio de Cristo (Juan 6:32, 33, 35, 50-53; DTG 615). La
cruz del Calvario está estampada en cada pan. La comprensión de la
verdad de esa gran deuda que tenemos para con Él, es la base de toda
experiencia cristiana genuina.
(b) Si Cristo no hubiese muerto por el mundo, no existiría ninguno de
nosotros. El Padre puso sobre Él las transgresiones del mundo entero (2
Cor. 5:19; Isa 53:5 y 6). Así, de una forma muy real, el sacrificio de
Cristo ha justificado a "todos los hombres" al emitir en su favor un
decreto de absolución, en lugar del "juicio" y "condenación" que les
correspondía "en Adán" (Rom. 3:23 y 24; 5:15-18). Cuando el pecador oye
y cree la verdad, experimenta la justificación por la fe (Rom. 4:25;
Efe. 2:8-10).
(c) Los perdidos niegan deliberadamente esa justificación que Cristo ha
efectuado por ellos, y toman voluntariamente sobre sí la "condenación"
(Heb. 10:29; 2 Cor. 6:1; Camino a Cristo, p. 27).
(d) Los creyentes en Cristo pueden decir que "Él es la propiciación por
nuestros pecados". Pero "no solamente por los nuestros, sino también por
los de todo el mundo" (1 Juan 2:2). "Porque tanto amó Dios al mundo, que
dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él, no perezca, sino
tenga vida eterna" (Juan 3:16). Dado que pagó el precio de todos
nuestros pecados, la única razón por la que alguien puede perderse es
porque rehúse creer, apreciar el don que ya le fue dado "en Él" (Juan
3:18). Dios no nos condena por doble partida, ya que "el Eterno cargó
sobre él el pecado de todos nosotros" (Isa. 53:6). ¿Cómo cargaría
nuevamente el pecado sobre nosotros, se pregunta Pablo en Romanos 8:33
al 39? Son los perdidos quienes vuelven a cargarlos sobre sí.
(e) Todo ello se puede resumir en un veredicto judicial de absolución y
vida para todos los hombres (como traduce Romanos 5:16-18 la Nueva
Versión Española). Quien cree estas buenas nuevas, resulta motivado a
una total consagración de su ser a Cristo (2 Cor. 5:14,15).
La Comprensión de Waggoner
“‘Por
una justicia vino la gracia a todos los hombres para justificación de
vida’. No hay aquí ninguna excepción. Así como la condenación vino a
todos los hombres, también la justificación. Cristo gustó la muerte por
todos. Se dio a sí mismo por todos, se dio a cada uno. El don gratuito
vino sobre todos. El hecho de que sea un don gratuito es evidencia de
que no hay excepción alguna. De haber venido solamente sobre los
poseedores de alguna calificación especial, no habría sido un don
gratuito.
Por lo tanto, es un hecho claramente establecido en la Biblia que el don
de la justicia y de la vida en Cristo ha venido sobre todo hombre en el
mundo. No hay la más mínima razón por la que todo hombre que jamás haya
vivido tenga que dejar de ser salvo para vida eterna, excepto porque no
lo reciba. ¡Cuántos desprecian el don que se ofrece tan
generosamente!...
Dice el texto que ‘por la obediencia de Uno los muchos serán constituidos
justos’. Alguien puede preguntarse, ‘¿Por qué no son todos constituidos
justos por la obediencia de Uno?’ La razón es que no todos lo desean
así...
El don gratuito viene sobre todos, pero no todos lo aceptan; por
consiguiente, no todos son hechos justos por él...
La muerte pasó a todos los hombres, puesto que todos han pecado, y el don
de la justicia vino sobre todos los hombres en la vida de Cristo"
(Waggoner, Carta a los Romanos, pp. 56,57).
Jones, en perfecta armonía
"¿A quién justifica el Señor? [Congregación: ‘Al impío’]. Si fuese de otra
manera, no habría para mí esperanza alguna. Si hubiese justificado
solamente a personas que tuvieran algo de bueno en ellas mismas, yo
quedaría excluido. Pero gracias sean dadas al Señor por su gran bondad.
Dado que Él justificó al impío (Rom. 6:6, 8 y 10), tengo la perfecta
seguridad de su salvación eterna. ¿Os parece que hay alguna cosa capaz
de impedir mi felicidad? ‘Al que no obra’: si requiriese obras, nunca
podría aportar las suficientes. Pero ¡ah!, como leímos anoche, ‘De balde
fuisteis vendidos. Por tanto, sin dinero seréis rescatados’ (Isa. 52:3).
Sin dinero; no sin precio. Pero Él ha pagado ya ese precio. He oído
decir a algunos hermanos: ‘Doy gracias al Señor porque confío en Él’.
Sin embargo, yo le doy gracias porque confía en mí. Es muy poca cosa el
que el hombre confíe en el Señor; pero que el Señor confíe en mí, es
algo que va más allá de mi comprensión. Y estoy agradecido porque el
Señor haya tenido esa confianza al arriesgarse de esa forma por mí.
‘David habla también de la dicha del hombre a quien Dios atribuye justicia
aparte de las obras’ (Rom. 4:6). ¿Hay alguien aquí que conozca la
miseria del que procura obtener la justicia por las obras?
‘Para que la bendición de Abraham fuese sobre los Gentiles en Cristo
Jesús’ (Gál. 3:14). Cuando nosotros como pueblo, como iglesia, hayamos
recibido la bendición de Abraham, ¿qué vendrá entonces? [Congregación:
‘La lluvia tardía’]. ¿Qué podría, pues, impedir el derramamiento del
Espíritu Santo? [Voz: ‘La incredulidad’]. Nuestra carencia de la
justicia de Dios, que viene por la fe; eso es lo que lo retiene" (Jones,
General Conference Bulletin 1893, sermón 16, selección).
Cristo hizo su obra desde lo antiguo.
“‘Nos hizo aceptos en el Amado’ (Efe. 1:6). ¿Cuándo fue eso?
[Congregación: ‘Antes de la fundación del mundo’]. Lo hizo todo antes de
que tuviésemos la menor oportunidad de hacer nada –mucho antes de que
naciéramos–, antes que el mundo fuese creado. ¿No veis como es el Señor
quien obra, a fin de que podamos ser salvos y podamos tenerlo a Él?
Por lo tanto, podemos estar seguros de que nos escogió. Él afirma que es
así. Podemos estar seguros de que nos predestinó a la adopción de hijos.
Podemos estar seguros de todas estas cosas, pues es Dios quien las
declara, y así han de ser. ¿No se trata acaso de un inmenso festín? (Ibíd.,
nº 17, selección).
"Todos los que estaban en el mundo estaban incluidos en Adán; y todos los
que están en el mundo están incluidos en Cristo. Dicho de otro modo:
Adán, con su pecado, afectó a todo el mundo; Jesucristo, el segundo
Adán, afecta en su justicia a toda la humanidad...
Encontramos aquí a otro Adán. ¿Afecta a tantos como afectó el primer Adán?
Esa es la cuestión... Ciertamente lo que hizo el segundo Adán afecta a
todos los que resultaron afectados por lo que hizo el primero...
El asunto es: ¿Afecta la justicia del segundo Adán a tantos como afectó el
pecado del primer Adán? Examinadlo detenidamente. Totalmente al margen
de nuestro consentimiento, sin nada que ver con él, estuvimos
incorporados al primer Adán; estábamos allí...
Jesucristo, el segundo hombre, tomó nuestra naturaleza pecaminosa. Nos
tocó "en todo". Se hizo nosotros y murió la muerte. Así, en Él y
en ello, todo hombre que haya poblado la tierra y que estuviera
implicado en el primer Adán, está igualmente implicado en esto, y
volverá a vivir. Habrá una resurrección de los muertos, tanto de justos
como de injustos. Toda alma se levantará –por virtud del segundo Adán –
de la muerte que el primero trajo... (Nota de Traductor, Ver 1
Cor. 15:22; Hech. 24:15; Juan 5:28,29; Conflicto de los Siglos, p.
599).
Siendo Cristo quien nos ha liberado del pecado y la muerte que vinieron
sobre nosotros por el primer Adán, esa liberación es para todo hombre, y
cada uno puede poseerla si así lo elige.
El Señor no obligará a nadie a aceptarla... Nadie sufrirá la segunda
muerte sin haber escogido el pecado en lugar de la justicia, la muerte
en lugar de la vida" (Jones, General Conference Bulletin 1895,
pp. 268,269).
Testimonio de Elena White
"Todas nuestras bendiciones nos llegan por medio del don inestimable de
Cristo. La vida, la salud, los amigos, la razón, la felicidad, son
nuestros gracias a los méritos de Cristo. ¡Oh, que los jóvenes y los
ancianos comprendan que todo nos viene por medio de la virtud de la vida
y de la muerte de Cristo, y reconozcan la propiedad de Dios!" (Hijos
e hijas de Dios, p. 240 –Nota del Traductor).
" ‘De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito’.
Mediante este don único, todos los demás se imparten a los hombres.
Diariamente todo el mundo recibe las bendiciones de Dios. Cada gota de
lluvia, cada rayo de luz prodigados sobre la humanidad ingrata, cada
hoja, flor y fruto, testifican de la tolerancia de Dios y de su gran
amor". "Todas las bendiciones de esta vida y de la vida venidera nos son
entregadas con el sello de la cruz del Calvario" (Palabras de Vida
del Gran maestro,
pp. 243,296 –Nota del Traductor).
"Si Jesús no hubiera muerto como nuestro sacrificio y no hubiera
resucitado, nunca hubiéramos conocido la paz, nunca hubiéramos sentido
gozo, sino tan sólo habríamos experimentado los horrores de la oscuridad
y las aflicciones de la desesperación. Por lo tanto, sólo la alabanza y
la gratitud sean el lenguaje de nuestro corazón. Toda nuestra vida hemos
participado de sus beneficios celestiales y recibido las bendiciones de
su expiación sin par. Por lo tanto, es imposible que concibamos la
degradada condición... de la cual nos ha levantado Cristo" (En los
Lugares Celestiales, p. 36 –Nota del Traductor).
"Todo miembro de la familia humana es puesto enteramente en las manos de
Cristo... La cruz está grabada en todo don, y lleva la imagen y
sobreescritura de Jesucristo" (Manuscrito 36, 1890).
"Jesús, el Redentor del mundo, se interpone entre Satanás y cada alma...
Los pecados de cada uno que haya vivido sobre la tierra fueron puestos
sobre Cristo, testificando del hecho de que nadie tiene que ser un
perdedor en el conflicto con Satanás" (Review and Heral, 23 mayo
1899).
"Tan pronto como hubo pecado, hubo un Salvador. Cristo sabía que tendría
que sufrir, sin embargo se hizo el sustituto del hombre. Tan pronto como
Adán pecó, el Hijo de Dios se presentó a sí mismo como garantía para la
raza humana, con tanto poder para desviar la condenación pronunciada
sobre el culpable, como cuando murió sobre la cruz del Calvario" (Ibíd.,
12 marzo 1901).
"Puedes decir que crees en Jesús cuando tienes una apreciación del coste
de la salvación. Puedes pretender tal cosa cuando sientes que Jesús
murió por ti en la cruel cruz del Calvario; cuando tu fe comprende de
una forma inteligente que su muerte hace posible para ti el que ceses de
pecar, y perfecciones un carácter justo por la gracia de Dios, que se te
otorga como la compra de la sangre de Cristo" (Ibíd., 24 julio
1888).
3
La conclusión es que resulta fácil ser salvo, y difícil perderse, tras
haber comprendido y creído lo buenas que son las buenas nuevas. Lo
difícil es aprender a creer el evangelio. Jesús enseñó esa verdad.
La Enseñanza Bíblica
(a) La parte de Dios es amar, obrar y dar; nuestra parte es creer (Juan
3:16 y 17). "Si puedes creer, al que cree todo es posible" (Mar. 9:23).
Ahora bien, es fundamental comprender el significado bíblico de "creer"
(Rom. 10:10).
(b) "Mi yugo es fácil y ligera mi carga"; y resistirse, "dar coces contra
el aguijón", es "dura cosa" (Mat. 10:30; Hech. 9:5; 26:14).
(c) Se debe a que "el amor de Cristo nos constriñe". El amor de Cristo es
activo, no pasivo. Quien cree al evangelio, no puede continuar viviendo
para sí (Rom. 6:1, 2, 14, 15; 2 Cor. 5:14; PVGM 274).
(d) El amor de Cristo por cada persona individual es infinitamente mayor
que el de un padre por su hijo (Sal. 27:10; 103:13).
(e) Dar "coces contra el aguijón" es resistir la convicción del Espíritu
Santo a propósito de las buenas nuevas (Juan 16:7-11).
(f) La luz disipa las tinieblas, la gracia sobreabunda al pecado, y el
Espíritu Santo es más poderoso que la carne (Juan 1:5,9; Rom. 5:20; Gál.
5:16 y 17).
(g) Dios guía a toda persona al arrepentimiento, a pesar de que muchos
rehúsen su conducción (Rom. 2:4).
Así lo comprendió Jones
"Cuando reina la gracia es más fácil hacer el bien que hacer el mal. Tal
es la comparación: De la misma forma en que reinaba el pecado, reina
ahora la gracia. Cuando reinaba el pecado, lo hacía contra la gracia, es
decir, repelía todo el poder de la gracia que Dios había proporcionado;
pero cuando se rompe el poder del pecado y reina la gracia contra el
pecado, repele todo el poder de éste. Así, es literalmente cierto que
bajo el reino de la gracia es más fácil hacer el bien que hacer el mal;
tanto como cierto era que bajo el reino del pecado es más fácil obrar el
mal que el bien" (Jones, Review and Herald, 25 julio 1899).
¿Comprendemos el poder de la gracia?
"Es imposible insistir demasiado en el hecho de que bajo el reino de la
gracia es tan fácil la práctica del bien, como lo es la del mal en el
reino del pecado. Así tiene que ser, puesto que de no haber mayor poder
en la gracia que en el pecado, no podría haber salvación del pecado...
La salvación del pecado depende ciertamente de que haya mayor poder en la
gracia, del que hay en el pecado... La gran dificultad para el hombre ha
consistido siempre en obrar el bien. Pero eso es así debido a que de
forma natural el hombre está esclavizado a un poder – el poder del
pecado – que es absoluto en su reino. Y por tanto tiempo como rige ese
poder, es, no ya difícil, sino imposible hacer el bien que uno debe y
quiere hacer. Pero permítase que tome el control un poder superior: ¿No
está claro que será tan fácil servir a la voluntad del poder superior,
cuando reina, como lo fue servir a la del otro poder cuando reinó?
Pero la gracia no es sólo más poderosa que el pecado... Eso, con ser
bueno, no lo es todo... La gracia es mucho más poderosa que el pecado.
‘Donde se agrandó el pecado, tanto más sobreabundó la gracia’ (Rom.
5:20). Entonces, el servicio a Dios será verdaderamente ‘en novedad de
vida’. Su yugo resultará entonces ‘fácil’, y ‘ligera’ su carga; su
servicio está entonces caracterizado por el ‘gozo inefable y
glorificado’ (1 Ped. 1:8)" (Ibíd.,
1 setiembre 1896).
"Consideremos esta noche al hombre que no cree para nada en Jesús... Si
decide tener a Cristo como a su Salvador, si quiere abundante provisión
para todos sus pecados, y salvación de todos ellos, ¿tiene Cristo que
hacer algo ahora, a fin de proveer para los pecados de tal hombre, o
para salvarlo de ellos? No: ya lo hizo. Hizo abundante provisión a favor
de todo hombre en los días de su carne, y todo aquel que cree en Él, lo
recibe sin necesidad alguna de que vuelva a repetirse ninguno de los
hechos que tuvieron lugar. ‘Habiendo ofrecido por los pecados un solo
sacrificio para siempre’ (Heb. 10:12)" (Jones, General Conference
Bulletin 1895, p. 268).
Waggoner coincidió
"El nuevo nacimiento trasciende totalmente al viejo. ‘Si alguno está en
Cristo, es una nueva creación. Las cosas viejas pasaron, todo es nuevo.
Y todo esto proviene de Dios’ (2 Cor. 5:17 y 18). El que toma a Dios
como la porción de su herencia (Sal. 16:5), tiene en su interior un
poder que obra para justicia, mucho más fuerte que el poder de sus
tendencias heredadas al mal; tanto como más poderoso es nuestro Padre
celestial que nuestros padres terrenales" (Waggoner, The Everlasting
Covenant, p. 66).
"No debemos intentar corregir las Escrituras, y decir que la bondad de
Dios tiende a llevar al hombre al arrepentimiento. La Biblia dice
que lo hace, que guía al arrepentimiento, y podemos tener la
seguridad de que así es. Todo hombre es llevado al arrepentimiento tan
seguramente como que Dios es bueno. Pero no todos se arrepienten. ¿Por
qué? Porque desprecian las riquezas de la benignidad, paciencia y
benevolencia de Dios, y escapan de la misericordiosa conducción del
Señor. Pero todo aquel que no resista al Señor, será guiado con
seguridad al arrepentimiento y la salvación" (Waggoner, Carta a los
Romanos, p. 21).
"Permaneciendo en el Espíritu, andando en el Espíritu, la carne con sus
concupiscencias no tiene más poder sobre nosotros del que tendría si
estuviésemos realmente muertos y enterrados... La carne sigue siendo
corruptible, sigue estando llena de malos deseos, siempre dispuesta a
rebelarse contra el Espíritu; pero por tanto tiempo como sometamos la
voluntad a Dios, el Espíritu mantiene la carne a raya... El Espíritu
de vida en Cristo – la vida de Cristo –, se da gratuitamente a todos.
‘El que tenga sed y quiera, venga y tome del agua de la vida de balde’
(Apoc. 22:17)" (Waggoner, Las Buenas Nuevas. Gálatas, versículo a
versículo, p. 155).
"¡Gracias a Dios por la bendita esperanza! La bendición ha venido a todos
los hombres. ‘Así como por el delito de uno vino la condenación a todos
los hombres, así también por la justicia de uno solo, vino a todos los
hombres la justificación que da vida’ (Rom. 5:18). Dios, que no hace
acepción de personas, nos bendijo en Cristo con toda bendición
espiritual en los cielos (Efe. 1:3). El don es nuestro, y se espera que
lo guardemos.
Si alguien no tiene la bendición, es porque no ha reconocido el don, o
bien porque lo ha rechazado deliberadamente" (Ibíd., pp.
79,80).
Elena White respaldó las buenas nuevas
"No deduzcamos, sin embargo, que el sendero ascendente es difícil y la
ruta que desciende es fácil. A todo lo largo del camino que conduce a la
muerte hay penas y castigos, hay pesares y chascos, hay advertencias
para que no se continúe. El amor de Dios es tal que los desatentos y los
obstinados no pueden destruirse fácilmente... A lo largo del áspero
camino que conduce a la vida eterna hay también manantiales de gozo para
refrescar a los fatigados" (Palabras de Vida del Gran Maestro,
117-119).
4
Cristo es el buen Pastor a la búsqueda de la oveja perdida, incluso aunque
no lo hayamos buscado a Él. Una comprensión errónea de su carácter nos
hace suponer que intenta ocultarse de nosotros. No hay ninguna parábola
de una oveja perdida que tenga que ir en busca de su pastor.
La enseñanza bíblica
(a) Esa verdad fluye de forma lógica y natural como buenas nuevas del
evangelio (Luc 15:1-10). Es un error ver a Dios como alguien que nos
considera con indiferencia hasta que tomamos la iniciativa y le
obligamos a salir de su escondite. La verdad, por el contrario, es que
Él nos busca (Sal. 119:176; Eze. 34:16). (Hay dos verbos hebreos que
encontramos traducidos como "buscar" en nuestras Biblias. Uno de ellos
significa hacer algo para hallar alguna cosa o persona que está perdida.
Ese verbo nunca lo encontramos en los pasajes en los que Dios nos
amonesta a "buscarlo", como si fuese difícil encontrarlo por esconderse
de nosotros. El otro verbo significa "estar atento a", "inquirir". En 1
Sam. 28:7, encontramos ambos verbos en una sola frase. El que se traduce
en ese lugar como "pregunte" o "consulte", es el que se emplea en Isa.
55:6: "Buscad a Jehová mientras puede ser hallado". Lo que está diciendo
realmente el Señor es: ‘Preguntad, consultad, estad atentos a
Jehová, mientras puede ser hallado’.
(b) Si alguien es salvo al fin, lo será por la iniciativa de Dios; si se
pierde, será por su propia iniciativa (Jer. 31:3; Juan 3:16-19).
(c) Nuestra salvación no gravita sobre el hecho de que mantengamos una
relación con Dios, sino de que creamos que Él está a la puerta y llama,
que lo está haciendo todo para mantener una relación con nosotros, a
menos que la rechacemos (Apoc. 3:20).
¿Cómo comprendió Waggoner ese concepto?
"No sólo nos llama, sino que nos atrae. Nadie podría acudir a Él sin esa
atracción. Cristo fue levantado de la tierra a fin de atraer a todos a
Dios. Él gustó la muerte por todo hombre (Heb. 2:9), y mediante Él todo
hombre tiene acceso a Dios. Deshizo en su propio cuerpo la enemistad –
el muro que separa al hombre de Dios –, de manera que nada puede apartar
de Dios al hombre, si es que éste no reedifica la barrera.
El Señor nos atrae a sí sin hacer uso de la fuerza. Llama, pero no
conmina... Dios ha dispuesto la salvación para toda alma que jamás
habitara este mundo" (Waggoner, Carta a los Romanos, p. 81 y
83).
"Cristo se da a todo hombre. Por lo tanto, cada uno recibe la totalidad de
Cristo. El amor de Dios abarca al mundo entero, a la vez que llega
individualmente a cada persona. El amor de una madre no queda mermado al
dividirse hacia cada uno de sus hijos, de forma que estos no reciban más
que la tercera, cuarta o quinta parte de él. No: cada hijo es objeto de
todo el amor de su madre. ¡Cuánto más será así con Dios, cuyo amor es
más perfecto que el de la mejor madre imaginable! (Isa. 49:15). Cristo
es la luz del mundo, el Sol de justicia. Pero la luz que ilumina a un
hombre en nada disminuye la que alumbra a los demás. Si una habitación
está perfectamente iluminada, cada uno de sus ocupantes se beneficia de
la totalidad de la luz existente, tanto como si fuese el único presente
en aquel lugar. Así, la luz de Cristo alumbra a todo ser humano que
viene a este mundo...
Cuán a menudo oímos a personas lamentarse en estos términos: 'Soy tan
pecador que el Señor no me aceptará'. Incluso algunos que han profesado
ser cristianos durante años, expresan el deseo tristemente incumplido de
lograr seguridad de la aceptación por parte de Dios. Pero el Señor no ha
provisto razón alguna para tales dudas. Nuestra aceptación queda
asegurada por siempre. Cristo nos ha comprado, y pagó ya el precio.
¿Cuál es la razón por la que alguien va a la tienda y compra un artículo?
Porque está interesado en él. Si ha pagado su precio, tras haberlo
examinado, de forma que es consciente de lo que compró, ¿temerá el
vendedor que el comprador no acepte el artículo? Al contrario, si le
retiene el producto, el comprador protestará: '¿por qué no me entrega
aquello que me pertenece?'. A Jesús no le resulta indiferente si nos
entregamos o no a Él. Se interesa con un ansia infinita por cada alma
que compró con su propia sangre. ‘El Hijo del hombre vino a buscar y a
salvar lo que se había perdido’ (Luc. 19:10)" (Waggoner, La Buenas
Nuevas, Gálatas, versículo a versículo, pP. 5,6).
Jones sostuvo la misma posición
"Siempre ha sido un engaño de Satanás el hacer pensar a la gente que
Cristo está tan alejado de ellos como sea posible. Cuanto más alejado
está Cristo, incluso para aquellos que profesan creer en Él, tanto más
satisfecho resulta el diablo; entonces excita la enemistad que alberga
el corazón natural y pone a la obra el ceremonialismo, colocándolo en el
lugar de Cristo" (Jones, General Conference Bulletin, 1895, p.
478, selección).
"La mente de Dios concerniente a la naturaleza humana no está satisfecha
hasta no vernos a su mano derecha, glorificados. Hay poder vivificador
en esa bendita verdad. Nos hemos contentado con mantener nuestras mentes
demasiado lejos de lo que Dios tiene para nosotros. Pero ahora, cuando
viene y nos llama al respecto, vayamos allá donde nos guíe. Es la fe la
que lo hace; no la presunción; es la única respuesta apropiada. El
Pastor celestial nos lleva; nos conduce a verdes pastos y a aguas
tranquilas que fluyen desde el trono de Dios. Bebamos abundantemente y
vivamos...
‘A los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos
también justificó, y a los que justificó a éstos también glorificó’
(Rom. 8:30). No los puede glorificar hasta no haberlos justificado. ¿Qué
significa, pues este mensaje especial de justificación que Dios ha
estado enviando estos [siete] años a la iglesia y al mundo? Significa
que Dios está disponiéndose a glorificar a su pueblo. Pero sólo
resultamos glorificados en la segunda venida del Señor; por lo tanto,
este mensaje especial [de 1888] de justificación que Dios ha estado
enviándonos tiene por fin el prepararnos para la glorificación en la
venida del Señor. En esto, Dios nos está dando la señal más poderosa que
cabe tener de que lo siguiente ha de ser la venida del Señor" (Ibíd.,
pp. 366-368, selección).
El Buen Pastor toma la iniciativa.
"Él nos preparará; no podemos prepararnos a nosotros mismos. Por largo
tiempo intentamos justificarnos, hacernos rectos, y prepararnos así para
la venida del Señor. Pero nunca logramos la satisfacción, pues no se lo
alcanza de ese modo. Ningún maestro o artista se detiene a contemplar el
fruto de su trabajo a medio terminar, para comenzar a rechazarlo por
incompleto. ¡No está aún terminado! Es inconcebible que el Supremo
Artista nos haya de mirar a medio camino, como estamos, para concluir
que en nuestro estado no servimos para nada. Él va adelante con su
maravillosa obra. Vosotros y yo podemos decir: ‘No sé cómo va a lograr
el Señor hacer de mí un cristiano, y prepararme para el cielo’. Aunque
podamos parecer rudos, marchitos y afeados por cicatrices ahora, Él nos
ve ya de la forma en que estamos en Cristo.
Confiando en Él, le permitiremos que lleve a cabo la obra. Ahora nos dice:
‘Permíteme que obre, y verás lo que voy a hacer’. No es de ninguna forma
tarea nuestra. Podéis salir de este templo y mirar aquella ventana desde
afuera. Tendréis la impresión de contemplar un oscuro y confuso amasijo
de cristales sin orden. Pero contempladla iluminada desde el interior, y
os deleitaréis en la obra de arte que encierra. De igual forma, vosotros
y yo podemos mirarnos, y todo parece torcido, oscuro e inservible, una
masa amorfa. Pero Dios lo mira tal como es en Jesús. Cuando miramos
desde el interior tal como estamos en Jesús, veremos también en claros
caracteres escritos por el Espíritu de Dios: ‘Justificados por la fe;
estamos en paz para con Dios mediante nuestro Señor Jesucristo’. Veremos
toda la ley de Dios escrita en el corazón y brillando en la vida. Ese
brillo se refleja procedente de Jesucristo.
En Él Dios ha perfeccionado su plan en lo concerniente a nosotros.
Aceptémoslo, hermanos. Recibámoslo en la plenitud de esa fe abnegada que
Jesús nos ha traído. Permitamos que el poder de ella opere en nosotros,
nos resucite, y nos siente en los lugares celestiales en Jesucristo, en
el lugar de su morada (Efe. 2:5 y 6)" (Ibíd.).
El concepto, visto por Elena White
"Cuando Cristo los induce a mirar su cruz y a contemplar a Aquel que fue
traspasado por sus pecados,... Comienzan a entender algo de la justicia
de Cristo... El pecador puede resistir a este amor, puede rehusar ser
atraído a Cristo; pero si no se resiste, será atraído a Jesús; el
conocimiento del plan de la salvación le guiará al pie de la cruz,
arrepentido de sus pecados, los cuales causaron los sufrimientos del
amado Hijo de Dios" (Camino a Cristo, p. 27).
5
Al venir en nuestra búsqueda, Cristo recorrió todo el camino hasta donde
estamos, tomando sobre sí mismo la "semejanza de carne de pecado, y a
causa del pecado, condenó al pecado en la carne". Es así el Salvador que
está "cercano, a la mano, no alejado". Es "el Salvador de todos los
hombres", incluso hasta del "primero" de los pecadores. Ahora bien, el
pecador tiene libertad para rechazarlo.
La Enseñanza Bíblica
(a) Su nombre es "Emmanuel... Dios con nosotros" (Mat. 1:23).
(b) "Aunque era de condición divina", fue hecho "un poco menor que los
ángeles", "nacido de mujer, nacido bajo la ley", "en todo semejante a
sus hermanos", "al que no tenía pecado, Dios lo hizo pecado por
nosotros" (Fil. 2:6; Heb. 2:9, 17; Gál. 4:4; 2 Cor. 5:21).
(c) "Por cuanto los hijos participan de carne [sarx] y sangre, él
también participa de lo mismo" (Heb. 2:14).
(d) "Fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (Heb.
4:15).
(e) Quien no reconoce esta realidad de que "Jesucristo ha venido en carne
[sarx]", "este es del anticristo", la esencia de la falsificación
Católica Romana del evangelio (1 Juan 4:1-3).
Waggoner vio a Cristo como "cercano, a la mano"
"Cristo tomó sobre sí mismo la naturaleza del hombre, y como consecuencia
estuvo sujeto a la muerte. Vino al mundo a fin de morir; y así desde el
principio de su vida en esta tierra estuvo en la misma condición en la
que están los hombres a quienes vino a salvar.
No retroceda horrorizado; no estoy implicando que Cristo fuera un pecador.
Una de las cosas que más ánimo proporcionan en la Biblia es la
constatación de que Cristo tomó sobre sí la naturaleza del hombre, el
saber que sus antecesores según la carne fueron pecadores. Tuvieron
todas nuestras pasiones y debilidades. Ningún hombre tiene el menor
derecho a excusar sus actos pecaminosos en razón de la herencia. Si
Cristo no hubiese sido hecho en todas las cosas como sus hermanos,
entonces su vida impecable no habría significado aliento alguno para
nosotros. La podemos mirar con admiración, pero sería la admiración que
lleva a la desesperación.
Desde su más temprana infancia la cruz estuvo siempre ante Él" (Waggoner,
The Gospel in Galatians, pp. 60-62, selección).
"Su humanidad solamente veló su naturaleza divina, por la cual estaba
conectado inseparablemente con el Dios invisible, y que fue más que
capaz de resistir exitosamente la debilidad de la carne. Hubo en toda su
vida una lucha. La carne, afectada por el enemigo de toda justicia,
tendía a pecar, sin embargo su naturaleza divina nunca albergó, ni por
un momento, un mal deseo, ni vaciló jamás su poder divino" (Waggoner,
Cristo y su justicia, pp. 12).
Jones ve el amor de Dios manifestado en la encarnación,
como
poderosa motivación
"La elección de glorificar a Dios es la elección de que el yo se vacíe y
se pierda, y que sólo Dios aparezca, por medio de Jesucristo. Es que
todo el universo y cada parte de él reflejen a Dios. Tal es el
privilegio que Dios ha puesto ante todo ser humano. ¿Cuál fue el costo
de traernos a ti y a mí ese privilegio? El precio infinito del Hijo de
Dios.
¿Vino Cristo a este mundo para regresar tal como era antes, de modo que
hiciera un sacrificio por 33 años? La respuesta es que lo hizo por la
eternidad. El Padre nos otorgó su Hijo a nosotros, y Cristo se dio a sí
mismo por toda la eternidad. Nunca jamás volverá a ser en todos los
respectos como fue antes.
‘El que era uno con Dios se ha vinculado con los hijos de los hombres
mediante ligaduras que no han de romperse nunca’. ¿En qué se vinculó con
nosotros? –En nuestra carne, en nuestra naturaleza. Ese es el sacrificio
que gana el corazón de los hombres. Muchos consideran que el sacrificio
de Cristo lo fue sólo por 33 años, para morir entonces la muerte de cruz
y regresar tal como había venido. A la vista de la eternidad anterior y
posterior a esos 33 años, no se trataría ciertamente de un sacrificio
infinito. Pero cuando consideramos que sorbió su naturaleza en nuestra
naturaleza humana por toda la eternidad, eso es un sacrificio. Ese es el
amor de Dios. Ningún corazón puede argumentar en contra. Sea que el
hombre lo crea o no, hay en él poder subyugador, y el corazón no puede
sino inclinarse en silencio ante esa sublime verdad. Lo diré una vez
más: desde que comprendí el bendito hecho de que el sacrificio del Hijo
de Dios es un sacrificio eterno, y de que todo fue por mí, he
vivido continuamente meditando en las palabras: ‘Andaré humildemente
todos mis años’” (Jones, General Conference Bulletin, 1895, pp.
381,382, selección).
Waggoner vio piedad práctica en esa verdad
"Se me han hecho dos preguntas, que podemos ahora considerar: ‘El santo
ser que nació de la virgen María, ¿nació en carne de pecado? y ¿tenía
esa carne que luchar con las mismas tendencias al mal que la nuestra?’
Nada sé sobre el particular, salvo lo que leo en la Biblia. He pasado
por el desánimo y abatimiento. Lo que durante años me desanimó fue en
parte el conocimiento de la debilidad de mí propio yo, y el pensamiento
de que aquellos que según mi estimación estaban procediendo rectamente,
así como los santos hombres de antaño en el relato sagrado, poseían una
constitución diferente a la mía. Encontraba que el mal era lo único que
podía hacer...
Si Jesús, que vino aquí a mostrarme el camino de la salvación, el único en
quien hay esperanza, si su vida en esta tierra fue un fraude, ¿dónde
quedaría la esperanza? ‘Pero – dirás –, la pregunta presupone lo
contrario, que Él era perfectamente santo, tan santo que jamás tuvo mal
alguno contra el que contender’.
A eso es precisamente a lo que me refiero. Leo que ‘fue tentado en todo
según nuestra semejanza, pero sin pecado’. Leo cómo pasó toda la noche
en oración, en una agonía tal que de su frente caían gotas como de
sangre. Si todo eso fuese ficticio, si no fue realmente tentado, ¿qué
provecho tiene para mí? Quedo peor que estaba.
Pero Ah!, si hay Uno – y ciertamente lo hay –; Mejor diré: puesto que hay
Uno que pasó por todo aquello a lo que yo puedo ser llamado a pasar, que
resistió más de lo que jamás se me pueda pedir que yo resista, que fue
constituido como yo en todo respecto, sólo que en circunstancias aún
peores que las mías, que enfrentó todo el poder que el diablo pudo
ejercer mediante la carne humana, y sin embargo no conoció pecado,
entonces puedo alegrarme. Lo que hizo hace 1.900 años es igualmente
capaz de hacerlo a todos los que creen en Él" (Waggoner, General
Conference Bulletin, 1901, pp. 403-405, selección).
La inmaculada concepción niega la verdad bíblica sobre la naturaleza de
Cristo.
"Es imprescindible que cada uno de nosotros decida si está fuera de la
iglesia de Roma o no. Muchos llevan aún las marcas de ella. ¿No veis que
el concepto que pretende que la carne de Jesús no fue como la nuestra
(pues sabemos que la nuestra es pecaminosa) implica necesariamente la
idea de la inmaculada concepción de la virgen María?
Suponed que aceptamos la idea de que Jesús estaba tan separado de
nosotros, que era tan diferente que no tenía en su carne nada contra lo
que contender –que tenía carne impecable. Podéis ver que el dogma
católico romano de la inmaculada concepción se convierte entonces en una
consecuencia necesaria. Pero ¿por qué detenerse ahí? Podemos ir hasta la
madre de la virgen María, y así hasta Adán. ¿Resultado? Nunca se produjo
la caída (el pecado). En ello podéis ver como la esencia del catolicismo
romano es el espiritismo.
Cristo fue tentado en la carne, sufrió en la carne, pero tenía una mente
que no consintió jamás en pecar. Estableció la voluntad de Dios en la
carne, y estableció que la voluntad de Dios pudiera realizarse en toda
carne humana y pecaminosa" (Ibíd.).
Jones, en perfecto acuerdo
"En estos días de general aceptación del catolicismo por parte de los
‘protestantes’, deberíamos conocer por nosotros mismos la doctrina de
Cristo y las consecuencias en aquellos que aceptan el dogma [de la
inmaculada concepción de María].
He aquí algunas declaraciones de padres y santos católicos: ‘[María era]
muy diferente del resto del género humano, le fue comunicada la
naturaleza humana, pero no el pecado’. ‘Fue creada en una condición más
sublime y gloriosa que toda otra naturaleza’. Lo anterior sitúa la
naturaleza de María infinitamente más allá de toda semejanza real, o
relación con la raza humana. En palabras del cardenal Gibbons:
‘Afirmamos que la segunda persona de la bendita Trinidad, el Verbo de
Dios, quien es en su naturaleza divina, desde la eternidad, engendrado
del Padre, consubstancial con él, venido el cumplimiento del tiempo, fue
nuevamente engendrado al nacer de la virgen, tomando así para sí mismo,
de la matriz materna, una naturaleza humana de la misma sustancia que la
de ella’.
Inevitablemente, en su naturaleza humana, el Señor Jesús resulta ser ‘muy
diferente’ de la raza humana, infinitamente más allá de toda semejanza
real, o relación con nosotros en este mundo. Pero la verdad es que el
Señor Jesús en su naturaleza humana tomó nuestra carne y sangre tal cual
las conocemos, con todas sus enfermedades. Será bueno conocer
verdaderamente cuán cercano está.
Jesús, a fin de poder devolver al hombre a la gloria de Dios, en su amor,
se rebajó hasta ahí mismo, compartió su naturaleza tal como ésta es,
sufrió con él y hasta incluso murió con él, tanto como por
él, en la naturaleza humana pecaminosa que es común a los hombres. ‘Fue
contado con los perversos’. Eso es amor. Viene a nosotros allí donde nos
encontramos, a fin de poder elevarnos desde nosotros mismos hasta Dios.
‘Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también
participó de lo mismo’ (Heb. 2:14).
Encontramos en esta sola frase todas las palabras que cabe emplear, a fin
de hacerlo claro y positivo. Lejos de ser cierto que Jesús, en su
naturaleza humana, esté tan alejado que no tenga semejanza alguna ni
relación con nosotros, es cierto lo contrario: es nuestro pariente más
cercano en la carne y sangre. Esta gran verdad de la relación de sangre
entre nuestro Redentor y nosotros está claramente presentada en el
evangelio, en Levítico. Cuando alguien había perdido su herencia, el
derecho de rescate recaía sobre su pariente de sangre más próximo. No
simplemente sobre uno que estuviera próximo, sino sobre el más
próximo (Lev. 25:24-28; Rut 2:20; 3:12 y 13; 4:1-12). Por consiguiente
Cristo tomó nuestra misma carne y sangre, y se hizo así nuestro pariente
más próximo. Es el más próximo a nosotros de entre todas las personas
del universo.
Eso es cristianismo.
Negar que Jesucristo viniera, no simplemente en carne, sino en la
carne, la única carne que en el mundo existe, carne pecaminosa;
negar eso es negar a Cristo. ‘Porque muchos engañadores son entrados en
el mundo, los cuales no confiesan que Jesucristo ha venido en carne’.
Confiésale a Él tus pecados: nunca abusará de tu confianza. Dile tus
pesares. Llevó ‘nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores’, es
‘varón de dolores, experimentado en quebranto’. Te consolará con el
consuelo de Dios" (Jones,
The Immaculate Conception of the Virgin Mary, 1894, selección).
"Si no hubiese sido hecho de la misma carne que aquellos a quienes vino a
redimir, entonces no sirve absolutamente de nada el que se hiciese
carne. Más aún: Puesto que la única carne que hay en este vasto mundo
que vino a redimir, es esta pobre, pecaminosa y perdida carne humana que
posee todo hombre, si esa no es la carne de la que fue hecho, entonces
no vino realmente jamás al mundo que necesita ser redimido. Si
vino en una naturaleza humana diferente a la que existe en este mundo,
entonces, a pesar de haber venido, para todo fin práctico de alcanzar y
auxiliar al hombre, estuvo tan lejos de él como si nunca hubiera
venido...
La fe de Roma en relación con la naturaleza de Cristo y de María, y
también de nuestra naturaleza, parte de esa noción de la mente natural
según la cual Dios es demasiado puro y santo como para morar con
nosotros y en nosotros, en nuestra naturaleza humana pecaminosa: tan
pecaminosos como somos, estamos demasiado distantes de él en su pureza y
santidad, demasiado distantes como para que él pueda venir a nosotros
tal como somos.
La verdadera fe – la fe de Jesús – es que, alejados de Dios como estamos
en nuestra pecaminosidad, en nuestra naturaleza humana que él tomó,
vino a nosotros justamente allí donde estamos; que, infinitamente puro
y santo como es él, y pecaminosos, degradados y perdidos como estamos
nosotros, Dios, en Cristo, a través de su Espíritu Santo, quiere
voluntariamente morar con nosotros y en nosotros para salvarnos, para
purificarnos, y para hacernos santos.
La fe de Roma es que debemos necesariamente ser puros y santos a fin de
que Dios pueda morar con nosotros.
La fe de Jesús es que Dios debe necesariamente morar con nosotros, y en
nosotros, a fin de que podamos ser puros y santos" (Jones, El Camino
Consagrado a la Perfección Cristiana, pp. 26,29,30).
Elena White fue, no sólo favorable, sino entusiasta
"El sábado de tarde [en South Lancaster] fueron tocados muchos corazones,
y muchas almas se alimentaron del pan que descendió del cielo...
Sentimos [Jones, Waggoner y E. White] la necesidad de presentar a Cristo
como a un Salvador que no está alejado, sino cercano, a la mano... Hubo
muchos, incluso entre los pastores, que vieron la verdad tal como es en
Jesús, en una luz en la nunca antes la habían visto" (Review and
Herald, 5 marzo 1889).
"Pero muchos dicen que Jesús no era como nosotros, que no era como
nosotros en el mundo, que él era divino, y que nosotros no podemos
vencer como él venció. Pero eso no es cierto; ‘Porque de cierto, no vino
para ayudar a los ángeles, sino a los descendientes de Abrahán... Y como
él mismo padeció al ser tentado, es poderoso para socorrer a los que son
tentados’. Cristo conoce las pruebas de los pecadores; conoce sus
tentaciones. Tomó sobre sí mismo nuestra naturaleza... las tentaciones
más fuertes [del cristiano] vendrán del interior, dado que tiene que
batallar contra las inclinaciones del corazón natural. El Señor conoce
nuestras debilidades... Cada lucha contra el pecado, cada esfuerzo por
conformarse a la ley de Dios, es Cristo obrando mediante sus agencias
señaladas en el corazón humano. ¡Oh, si pudiéramos comprender lo que
Cristo es para nosotros!" (Christ Tempted as We Are, pp. 3,4,11;
1894).
"Habría sido una humillación casi infinita para el Hijo de Dios revestirse
de la naturaleza humana, aun cuando Adán poseía la inocencia del Edén.
Pero Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada
por cuatro mil años de pecado. Como cualquier hijo de Adán, aceptó los
efectos de la gran ley de la herencia. Y la historia de sus antepasados
terrenales demuestra cuáles eran aquellos efectos. Mas él vino con una
herencia tal para compartir nuestras penas y tentaciones, y darnos un
ejemplo de una vida sin pecado" (Deseado de Todas las Gentes, p.
32).
"[Cristo] tomó sobre su naturaleza impecable nuestra naturaleza
pecaminosa, a fin de que pudiera saber cómo socorrer a los que son
tentados" (Medical Ministry, p. 181).
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