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El Corazón del Mensaje de 1888

 

Diez Conceptos Únicos y Esenciales*

   
 

 Por: Héctor A. Delgado

   
 

Cual es en esencia el contenido del mensaje de 1888? ¿Es realmente un mensaje único y distinto? ¿Lo conoce usted?

Muchas personas no tienen ni la más remota idea de qué constituye el mensaje de 1888, de hecho, ni siquiera saben qué fue lo que sucedió en ese año.

El 17 de octubre del año 1888 fue convocado el Congreso de la Asociación General en Minneapolis. En esa ocasión Dios envió “en su gran misericordia” un “preciosísimo mensaje” a través de dos hombres: E. J. Waggoner y A. T. Jones. El Espíritu de Profecía los llamó los “siervos” y  los “mensajeros” de Dios.

El pueblo remanente estaba muriendo por el énfasis legalista de la Ley de los Diez Mandamientos, y el Señor quería conducirlos a una experiencia viva con Cristo, su amante Salvador. El Congreso de Minneapolis proveyó esa oportunidad.

Lamentablemente las cosas no sucedieron como Dios quiso que fueran, y el mensaje destinado a crear un reavivamiento y una reforma en todos los aspectos, fue detenido. Y los hombres de experiencia (tales como Butler y Uriah Smith) fueron los primeros en hacer abierta oposición. De aquella experiencia escribió Elena de White: “Se me ha instruido que la terrible experiencia de Minneapolis es uno de los capítulos más tristes en la historia de los creyentes en la verdad presente”.1

Mucho se ha escrito sobre este controvertido Congreso, sin embargo, pocos escritores han captado la esencia del “preciosísimo mensaje” de 1888.

El espacio no nos permite hacer un análisis detallado de las condiciones que existieron antes, durante y después del Congreso, pero les ofrecemos lo mejor de todo: un resumen de  diez conceptos únicos y esenciales de ese mensaje.

Si estos conceptos son estudiados con sinceridad causarán un impacto en su vida como ya lo han hecho en la vida de otros. Como son ideas casi totalmente desconocidas por la mayoría de los hermanos, sugerimos que sean estudiadas con detenimiento y mucha oración.

Este material no es completo en sí mismo, es sólo un incentivo para mover al investigador sincero de la Palabra de Dios a entrar en contacto con el “precioso mensaje” de 1888, que es un mensaje para este tiempo. Es con este mensaje, y no otro,  que Dios iluminará toda la Tierra con su gloria (Apoc. 18:1).

Actualmente se están haciendo estudios del mensaje presentado en Minneapolis que presentan realmente su contenido. El pueblo remanente está en el derecho de conocerlo, estudiarlo y proclamarlo. Con este documento usted tiene la oportunidad de conocerlo por lo menos en parte.

Permítanos hacer una aclaración: Las ideas contenidas en este documento no son las conclusiones personales de nadie, ni mucho menos de quienes distribuyen este material. Son más bien, el resultado del estudio de hombres de fe que en el transcurso de la historia Dios los ha guiado a la comprensión de una verdad en común. Son además, el fruto de mucha oración y esfuerzo, y finalmente del recibimiento de Dios que es su autor. Estos conceptos han resistido la prueba del tiempo, y ahora ha llegado el momento (después de haber estado guardados durante mucho tiempo en las gavetas del recuerdo) de que sean restaurados y puestos en el debido lugar: el corazón de los hijos fieles de Dios.

A continuación presentamos algunas citas del Espíritu de Profecía que hablan de este importante mensaje. 

“El mensaje actual - de la Justificación por la Fe  [presentado por Waggoner y Jones] - es un mensaje de Dios; tiene las credenciales divinas, porque su fruto es para santidad”.2 

“El Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones. Este mensaje tenía que presentar en forma más destacada ante el mundo al sublime Salvador, el sacrificio por los pecados del mundo entero... Invitaba a la gente a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los Mandamientos de Dios... Es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz, y acompañado por el derramamiento de su Espíritu en gran medida”.3 

“Dios entregó a sus siervos un testimonio que  presentaba en contornos claros y distintos; la verdad como es en Jesús, que es la verdad del tercer ángel”.4 

“Agradecemos a Dios de todo corazón porque tenemos una luz preciosa para presentar delante de la gente, y nos regocijamos porque tenemos un mensaje que es la verdad presente. Las Buenas Nuevas de que Cristo es nuestra justicia han proporcionado alivio a muchísimas almas, y Dios dice a su pueblo: ‘Seguid adelante’ ”.5 

          En el año de 1892 Elena de White identificó el mensaje de 1888 como el “fuerte clamor del tercer ángel [que] ya ha comenzado en la revelación de la justicia de Cristo, el redentor que perdona los pecados. Este es el comienzo de la luz del ángel cuya gloria ha de llenar toda la Tierra”.6 Y en el año de 1895 dijo que Dios había comicionado a Jones y Waggoner para “presentar un mensaje especial al mundo”.7

Este mensaje según fue definido no era “una nueva verdad, sino la misma que Pablo enseñó, que Cristo mismo ensenó”.8

Entonces ¿cómo es posible que nosotros no escuchemos hablar de este “preciosísimo mensaje” que Dios en su “gran misericordia” envió hace más de cien años? ¿Cómo es posible que siendo que este mensaje, que fuera identificado como “el fuerte clamor del tercer ángel”, y el “comienzo de la luz del ángel cuya gloria ha de llenar toda la Tierra” y como la verdad que Pablo y Cristo enseñaron, estemos aquí todavía? ¿Cómo es posible que cien años después el 80% de los habitantes del mundo aun no conozca a Cristo? ¿Qué sucedió con el fuerte clamor? La única respuesta aceptable es que nunca hemos aceptado ni proclamado el mensaje en sí, y lo peor de todo es que hemos aceptado un sustituto del mismo. Y aunque algunos hombres en el pasado lo aceptaron, y lo mismo pasa en el presente, sólo una minoría lo predica. Muchos de los hombres que llevan responsabilidades en la causa de Dios parecen indiferentes a este “precioso mensaje”, que no sólo es la “verdad presente”, sino el “mensaje del tercer ángel en verdad”.

El escritor adventista Morris Venden comentando sobre el inicio del “fuerte clamor” que comenzó en 1888 dice: “Si  el fuerte clamor empezó a fines del siglo pasado, algo  pasó, o no estaríamos aquí todavía. Y lo que estamos proponiendo sobre la base de nuestra autoridad es que nosotros tuvimos la oportunidad de entrar a la Tierra prometida, pero la rechazamos...”9 Y dice más: “Aun cuando unos pocos hablaban y enseñaban el tema [de la justicia de Cristo], gradualmente éste pronto se desvaneció. Y esta es la única razón por la que todavía estamos aquí”.10

Hermano que lees este artículo, ante ti se presenta el desafío de estudiar, comprender, aceptar y enseñar este mensaje a un mundo que no da más, y que desesperadamente necesita de la predicación de un Evangelio verdadero, que sea ético y legal. Y no uno manchado por las tradiciones humanas.

Ha llegado el momento de ser instrumentos de Dios, pues la restauración del Evangelio eterno ha comenzado. Nos alegramos en Dios de que esto es verdad ahora.

¿Qué Dice el Mensaje de 1888? 

El Sacrificio de Cristo

   1) El sacrificio de Cristo no es simplemente provisional sino efectivo para el mundo entero, de manera que la única razón por la cual una persona puede perderse es porque halla elegido resistir la gracia salvadora de Dios. Para quienes serán salvos, fue Dios que tomó la iniciativa; en el caso de los que se perderán, la iniciativa la tomaron ellos. La salvación es por la fe, la  condenación es por la incredulidad. 

Justificación Legal Universal

  2) El sacrificio de Cristo ha justificado legalmente a “cada hombre”, y literalmente ha salvado al mundo de una destrucción prematura. Todos los hombres deben su vida física a El, sean creyentes o no. En cada trozo de pan está estampada su cruz. Cuando el pecador oye y cree el Evangelio  puro, él es justificado por la fe. Los perdidos deliberadamente anulan la justificación que Cristo ha efectuado para ellos. 

La Verdadera Justificación por la Fe

   3) Por lo tanto la Justificación por la Fe es mucho más que una declaración legal de absolución; es un cambio de corazón. El pecador ha recibido la expiación, que es la reconciliación con Dios. Puesto que es imposible ser reconciliado con El y no ser reconciliado con su santa Ley, lo siguiente que la verdadera Justificación por Fe hace [es] que el creyente venga a ser obediente a los Mandamientos de Dios. 

El Antiguo y el Nuevo pacto

   4) Esta maravillosa obra es realizada a través del ministerio del nuevo pacto en el cual el Señor escribe la Ley en el corazón del creyente. [En esta condición] la obediencia es amada, y la nueva motivación trasciende al miedo a perderse o a la esperanza del premio al ser salvado (a cada una de estas dos motivaciones [egocéntricas] se refiere Pablo con la frase de “estar bajo la Ley”). El antiguo y nuevo pacto no son asuntos de tiempo, sino de condiciones. La fe de Abrahán lo capacitó para vivir [bajo la experiencia del] nuevo pacto, mientras que multitudes viven hoy bajo el antiguo pacto, porque el interés  egoísta es su  motivación. El antiguo pacto fue la promesa del pueblo de ser fiel; bajo el nuevo pacto la salvación viene por creer las promesas de Dios para con nosotros, no por nosotros hacer promesas a El. 

El Amor de Dios

   5) El amor de Dios es activo, y no simplemente pasivo. Como buen  Pastor, Cristo está activamente buscando sus ovejas perdidas. Nuestra salvación no depende de nuestra búsqueda del Salvador, sino de nuestra creencia de que El nos está buscando. Los perdidos hasta el fin estarán resistiendo y despreciando el ofrecimiento de su amor. Esta es la esencia del escepticismo. 

Difícil Perderse y... Fácil Salvarse

   6) De este modo es difícil perderse y fácil salvarse si uno comprende cuan buenas son las Buenas Nuevas. El pecado es una constante resistencia a su gracia. Puesto que Cristo ha pagado la penalidad del pecado de los hombres, la única razón por la que alguien puede ser condenado al fin es un escepticismo continuo, por rehusarse a apreciar la redención realizada por Cristo en la cruz y ministrada por El como Sumo Sacerdote. El verdadero Evangelio pone al descubierto este escepticismo y conduce a un arrepentimiento efectivo que prepara al creyente para el regreso de Cristo. El orgullo humano, la alabanza y la adulación de los seres humanos, son inconsecuentes con la verdadera fe en Cristo, y son una señal segura de que el escepticismo prevalece dentro de la iglesia. 

La Naturaleza Humana de Cristo

    7) Buscando a la humanidad  perdida, Cristo  asumió sobre Sí la naturaleza pecaminosa y caída del hombre. El hizo esto para poder ser tentado en todo como nosotros, y con todo demostrar perfecta justicia “en semejanza de carne de pecado” [Rom. 8:3]. El mensaje de 1888 acepta que “semejanza” significa lo que dice, no distinto. Justicia es una palabra que nunca se aplica a Adán en su estado de pureza, ni a los ángeles exentos de pecado. Puede connotar solamente una santidad que viene como resultado de un conflicto con el pecado y se lo ha vencido en la carne humana pecaminosa.

    De esta forma “el mensaje de la justicia de Cristo” que Elena de White endosó entusiastamente en la época de 1888 está arraigado en este tópico único de la naturaleza [humana] de Cristo. Si Cristo tomó la naturaleza de Adán antes de la caída, el término “justicia de Cristo” sería abstracto y sin sentido. Los mensajeros de 1888 reconocieron que la enseñanza de que Cristo tomó la naturaleza inmaculada de Adán es un legado del romanismo, la insignia del misterio de iniquidad, el cual mantiene a Cristo “lejos” y no “cerca” [de nosotros]. 

La Victoria Sobre el Pecado

   8) De esta manera nuestro Salvador “condenó el pecado en la carne” de la humanidad caída [Rom. 8:3]. Esto significa que El ha proscrito el pecado; lo ha hecho ilegal y el mismo ha llegado a ser innecesario a la luz de su ministerio. Es imposible tener verdadera fe en Cristo y continuar en pecado. No podemos continuar excusándonos por pecar diciendo que “somos humanos” o que “el demonio me hizo esto”. A la luz de la cruz, Satanás no puede forzarnos a pecar. Ser verdaderamente “humano” es ser igual que Cristo en su carácter, porque El es totalmente humano así como divino. 

La Fe Verdadera

9) El único elemento que el pueblo de Dios necesita para el regreso de Cristo es esa fe genuina del Nuevo Testamento. Pero  es  precisamente  de  [esa fe]  que  la  iglesia carece. Ella se considera “rica y que se ha enriquecido” en su doctrina y experiencia, cuando la realidad es que la raíz de su pecado es una patética incredulidad. La justicia es por fe; y [por eso] es imposible tener fe y no demostrar justicia en la vida, porque la fe obra por el amor. Los fracasos de hoy, morales y espirituales, son el fruto de haber perpetuado el antiguo pecado de Israel, la incredulidad, a través de la confusión de una falsa justicia por fe. 

El Mensaje del Tercer Ángel en Verdad

   10) La justicia por fe desde 1844 es “el mensaje del tercer ángel en verdad”. Así que es más grandioso que lo que los Reformadores enseñaron [en el pasado] y que lo que las iglesias populares entienden en la actualidad. Es un mensaje de gracia abundante, compatible con la verdad única Adventista de la purificación del Santuario celestial, una obra paralela  de limpieza de los corazones del pueblo de Dios en la Tierra. 

Hay otros aspectos del mensaje de 1888, tales como la reforma en la salud y métodos educacionales, pero nuestro principal interés... es la justicia por fe, que es el corazón del mensaje, como reconoció Elena de White. 

(*) Estos diez conceptos esenciales del mensaje de 1888 han sido traducido al español por Sergio Amador Alcántara, del libro 1888 Re-Examinado, publicado por el Comité de Estudio del Mensaje de 1888. 

Para un estudio detallado de estos diez puntos véase el artículo Diez Grandes Verdades del Evangelio que Hacen único el Mensaje de 1888

Referencias:

1) Citado en el libro Lo que Todo Adventista Debería Saber Sobre 1888, p. 35.
2) Review and Herald, 3-9-1889.
3) El Evangelísmo, p. 143, (1896).
4) Ibíd., p. 144, (1896).
5) Ibíd., (1889).
6) Review and Herald, 12-11-1892.
7) Testimonios para los Ministros, p. 80.
8) Mensajes Selectos, tomo 3, p. 211.
9) Del Éxodo al Advenimiento, pp. 54-55.
10) Ibíd., p. 57. 
 
 

 Cortesía de: www.libros1888.com

 
 

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