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Se ha dicho que no importa quien escriba las leyes de la nación, pero sí
importa quien escribe su historia. La historia de una nación moldea y da
forma mayormente a la filosofía, a las experiencias, y al desarrollo de
las generaciones futuras. Las leyes de una nación y aún la interpretación
de su constitución son sólo reflejos de su modo de pensar colectivo y de
su filosofía. De la misma manera, la historia de un movimiento o de una
iglesia la modela y le da forma.
Si no presentamos en forma abierta la historia del Congreso de la
Asociación General de 1888 y sus consecuencias, nosotros, como
denominación, perpetuamos el pecado cometido en Minneapolis en 1888. Al
hacerlo, nos unimos a nuestros antepasados espirituales y virtualmente
crucificamos a Cristo nuevamente en la persona del Espíritu Santo |