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La Ley y los Pactos en la Historia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día Por: Paul Penno Muchos de los pioneros adventistas guardadores del sábado sostenían –en el siglo diecinueve- una posición dispensacionalista sobre el pacto, según la cual el nuevo pacto sucedía cronológicamente al antiguo, a partir de la cruz. Los pioneros sostuvieron la posición de que existen dos leyes. Los Diez Mandamientos eran evidentemente distintos de las leyes ceremoniales del tipo. Por consiguiente, las leyes ceremoniales que habían sido ordenadas bajo el antiguo pacto, resultaron abolidas en la cruz. Contrastaba con ellas el carácter perpetuo de los Diez Mandamientos. Los protestantes evangélicos se opusieron a la posición de los guardadores del sábado sobre la perpetuidad de los Diez Mandamientos, basándose en el supuesto de que había una sola ley. Los evangélicos argumentaban que tanto las leyes morales como las ceremoniales del Antiguo Testamento tenían un origen Mosaico. Según ellos, la única ley existente, resultó abolida en la cruz junto al antiguo pacto. Los evangélicos tenían una concepción dispensacionalista de los pactos. Ese era el punto de convergencia entre los sabatistas y los evangélicos. En consecuencia, los adventistas guardadores del sábado concedían una inmensa ventaja a sus oponentes sin ser conscientes de ello. Uriah Smith expresó así su dispensacionalismo, en un escrito de 1877: "El santuario del antiguo pacto tiene que mantener la misma relación con el santuario del nuevo pacto, que aquella que mantiene el antiguo pacto con el nuevo... Todos están de acuerdo en que uno es el tipo y el otro el anti-tipo. El primero era la sombra o tipo; este otro el anti-tipo o sustancia. El santuario de aquella dispensación era el tipo; el santuario de esta es el anti-tipo". (Uriah Smith, The Sanctuary and the Twenty-three Hundred Days of Daniel VIII, 14 -Battle Creek, Michigan: Steam Press of the Seventh-day Adventist Publishing Association, 1877- p. 181. Atributo de cursiva consta así en el original). La comprensión de Uriah Smith sobre el tipo -santuario terrenal- como asociado al antiguo pacto, y el santuario celestial o anti-tipo asociado al nuevo pacto, le llevó a aceptar el dispensacionalismo de carácter secuencial: 1º antiguo --> 2º nuevo pacto. Resumiendo, la comprensión tipológica de los pioneros, su forma de interpretar la Escritura, les llevó a la conclusión de que el antiguo pacto era un tipo del nuevo pacto –es decir, el nuevo era el anti-tipo del antiguo-. Ese principio deductivo consistente en un dispensacionalismo tipológico aplicado a los pactos, junto a la teoría de las dos leyes, vino a ser la hermenéutica sobre la que debía entenderse la Escritura en relación con la ley y los pactos. El punto probatorio para la aplicación de esos principios era el asunto de la ley en Gálatas. Antes de 1857 algunos pioneros adventistas como James White y J.N. Andrews, habían comprendido la ley en Gálatas como siendo los Diez Mandamientos. J.H. Waggoner [el padre de E.J. Waggoner] sostuvo esa posición en su libro The Law of God. (J.H. Waggoner, The Law of God: An Examination of the Testimony of Both Testaments –Rochester, N.Y.: Advent Review Office, 1854- p. 81). El tema había ocasionado una discusión teológica en Battle Creek, Michigan, lugar a donde los adventistas de Vermont enviaron en representación a Stephen Pierce. Pierce sostuvo que la ley en Gálatas era "el sistema de la ley". (S[tephen] P[ierce], "Answer to Bro. Merriam’s Questions Respecting the Law in Gal. iii" RH 10, 23 –8 octubre 1857-). En otras palabras, Pierce concibió ambas leyes -moral y ceremonial-, como "la ley" en Gálatas 3. Recordando aquellos tres días de discusión en Battle Creek, Uriah Smith escribió a W.A. McCutchen: "El hermano W[aggoner, padre] tomó la posición (o bien la sostenía en su libro) de que la ley en Gálatas era la ley moral. El hermano Pierce argumentó que se refería al sistema de la ley, "incluyendo la ley ceremonial". Por entonces yo era muy joven en la verdad, y dado que esas reuniones eran nuevas para mí, tanto yo como el hermano y la hermana White nos convencimos de que el hermano Pierce tenía la postura correcta, mientras que J.H.W. estaba equivocado. La señora White, poco tiempo después, tuvo una visión en la que se le mostró esta cuestión de la ley, y escribió inmediatamente a J.H.W. acerca de que su posición sobre la ley era errónea, y correcta la del hermano Pierce. Entonces el hermano White retiró de la circulación el libro del hermano Waggoner, pues todos consideramos zanjado el asunto". (Carta de Uriah Smith a W.A. McCutchen, 8 agosto 1901, Manuscripts and Memories of Minneapolis -Pacific Press Publishing Association, Boise, Idaho: 1988-, p. 305. Citado en lo sucesivo como MMM). Posteriormente la hermana White se sintió frustrada por no ser capaz de recordar lo que se le había mostrado. No lograba recordar el contenido de la visión relacionada con el incidente de J. H. Waggoner. "Me perturba no ser capaz de recordar lo que se me mostró en referencia a las dos leyes. No recuerdo cuál fue la amonestación y advertencia dadas en relación con el pastor [J.H.] Waggoner. Quizá fuera una amonestación a no hacer prominentes sus ideas por aquel tiempo, pues había gran peligro de desunión". (Carta de E.G. White a G.I. Butler y U. Smith, 5 abril 1887, Basel, Suiza. The Ellen G. White 1888 Materials -The Ellen G. White Estate: Washington, D.C.: 1987-, p. 32. Citado en lo sucesivo como EGW 1888). El manuscrito nunca apareció (Tim Crosby, "Using the Law to No Profit," Review and Herald 163, 20 -15 mayo 1986-, p. 525). No obstante, la citada visión que E. White tuvo hacia el 1857 relativa a las discusiones que sostuvieron J. H. Waggoner y Stephen Pierce, vino a ser la base sobre la que algunos pioneros adventistas dirigentes sustentaron su conclusión de que Gálatas 3 trataba exclusivamente de la ley ceremonial. La relación entre la cruz y el antiguo y nuevo pactos en la temprana teología adventista era por demás interesante. Su mejor representación era una cruz en el vértice de la gran división cronológica entre la antigua y nueva dispensación -entre el pacto antiguo y el nuevo-. Así, existía un dispensacionalismo adventista que concebía los pactos en términos de períodos de tiempo. Alberto Timm reconoció esa característica de la teología temprana adventista sobre los pactos, cuando escribió: "Se consideraba a los pactos de la Biblia como la base de la relación salvadora de Dios con su pueblo. Se entendía que la muerte del Hijo de Dios como "testador" (Heb. 9:15-17), señalaba la transición del antiguo pacto al nuevo. Eso lo establecía como "mensajero" (Mal. 3:1) y "mediador" (Heb. 8:6) del nuevo pacto". (Alberto Ronald Timm, "The Sanctuary and the Three Angels’ Messages, 1844-1863: Integrating Factors in the Development of Seventh-day Adventist Doctrines" p. 407. Original sin atributo de cursiva). Desde luego, la observación de Timm era cierta. Ese era el punto en el que la teología adventista sobre los pactos convergía con la de sus oponentes dispensacionalistas. Los dos pactos eran secuenciales y ligados al tiempo. Por ejemplo, un protestante contemporáneo, Andrew Murray (1828-1917), escribió: "El primer pacto tenía su misión, según el designio divino; el nuevo pacto no podía ocupar su lugar mientras que el primero no hubiera hallado plena satisfacción en sus demandas... Se habían ido acumulando todas las transgresiones bajo el primer pacto; la muerte de Cristo produjo satisfacción en todo lo referente a ese pacto, trayendo liberación. Por lo tanto, el Mediador del nuevo pacto inaugura un sistema completamente nuevo en el que el pecado es quitado por el sacrificio de sí mismo, abriendo un camino al principio de una vida nueva en el... poder de Dios" (Andrew Murray, "The Holiest of All" -Whitaker House, n.d.-, p. 312 y 313). La exposición de Murray sobre los dos pactos indica que no los concebía como coexistentes, sino como secuenciales [uno viniendo a continuación del otro]. Ese modelo adventista generaba un problema en la interpretación de la epístola a los Gálatas. Si el "ayo", "guía" o "tutor" era la ley moral, entonces tenían que admitir, como hacían sus opositores antinomianistas, que la ley moral había sido abolida en la cruz. Pero si la "guía" (vers. 24) o la "ley" (vers. 19) era la ley ceremonial instituida en el antiguo pacto, entonces sí que les cuadraba que hubiera sido abolida en la cruz. Hacia 1884, E.J. Waggoner estaba defendiendo que Gálatas 3 se refería a la ley moral. En referencia al tutor o guía de Gál. 3:24, Waggoner explicó: "Hay que observar que la ley no señala a Cristo –ese oficio le está encomendado a otra cosa-, sin embargo nos lleva, nos atrae y empuja hacia él como nuestra única esperanza" (E.J. Waggoner, "Under the Law" –continued-, The Signs of the Times 10, 35 –11 septiembre 1844-, p. 553 y 554). Ese artículo presentaba el núcleo de la comprensión de E.J. Waggoner sobre la ley en Gálatas. Posteriormente exploraría más ampliamente el tema de los pactos. Por el momento, no ocasionó controversia alguna. Se podría pensar que E.J. Waggoner tomó su comprensión sobre la ley en Gálatas de su padre, J.H. Waggoner. No obstante, su posición sobre la relación de la ley moral con los pactos era muy diferente a la de su padre. E.J. Waggoner coincidía con su padre en que la "guía" ["ayo", o "tutor"] en Gálatas 3 era la ley moral. Pero ahí terminaban las coincidencias. Joseph Waggoner [el padre] enseñó que el antiguo pacto terminó con Cristo, momento en el que él instituyó el nuevo. Había escrito: "Sabemos que el Nuevo Testamento o pacto, comenzó con la muerte del Testador, que es el preciso momento en el que cesó el primer pacto" (J.H. Waggoner, "The New Covenant", RH, 26 mayo 1853). Eso es dispensacionalismo. E.J. Waggoner, por el contrario, enseñó que los dos pactos no son una cuestión de tiempo, sino condiciones del corazón individual. En relación con los pactos, para Waggoner fue aún más crucial la respuesta a esta pregunta: "¿Quién hizo las promesas?" Bajo el antiguo pacto, el pueblo hizo la promesa de obedecer la ley. Bajo el nuevo pacto, Dios hizo la promesa y el pueblo tuvo fe en la Palabra de Dios. E.J. Waggoner era plenamente consciente del potencial de controversia que tenía en la denominación su posición sobre la ley y los pactos. W.C. White refirió una conversación privada que sostuvo con E.J. Waggoner al respecto. W.C. White escribió en estos términos a Dan T. Jones, secretario de la Asociación General: "Referente a la controversia sobre la ley en Gál., nunca he tomado la posición que el hermano Butler supone que he tomado, o la que parece atribuirme a tenor de las afirmaciones de su carta. En la primavera de 1885, en una caminata por el bosque con el hermano [E.J.] Waggoner, él introdujo dos puntos que le causaban perplejidad. El primero era la evidente necesidad de tomar posiciones en relación con su obra editorial, que vendría a entrar en conflicto con los escritos del hermano Canright; el segundo se refería al asunto objeto de controversia entre los hermanos Smith, Canright y mi padre [James White] de una parte, y los hermanos [J.H.] Waggoner y [J.N.] Andrews de la otra. Expresé libremente mi opinión consistente en que él y los redactores de Signs debían enseñar lo que ellos creían que era la verdad, aunque estuviera en conflicto con algo de lo escrito por el hermano Canright y otros..." (Carta de W.C. White a Dan T. Jones, 8 abril 1890). Como redactor, E.J. Waggoner estaba tomando la decisión consciente de cuál habría de ser la dirección teológica en la que iría The Signs. Él conocía el potencial de controversia con respecto a los hermanos Uriah Smith y D.M. Canright. Lo anterior no pasó desapercibido a la dirección eclesiástica en Battle Creek, Michigan. La primera salva, en lo que vendría a convertirse en una guerra abierta sobre la ley en Gálatas y los pactos, fue la creación de una nueva revista en Battle Creek [The Gospel Sickle: La hoz del evangelio]. La siguiente acción fue una visita del propio presidente de la Asociación General, el hermano George I. Butler. Viajaría al seminario de Healdsburg, en California, y conocería de primera mano lo que estaba sucediendo. En Battle Creek se publicó The Gospel Sickle, en pugna con The Signs (publicada en Oakland, California). E. White detectó la naturaleza competitiva de las revistas y escribió a Uriah Smith sobre ello: "‘The Sickle’ comenzó en Battle Creek, pero no ha de ocupar el lugar de ‘The Signs’, y no veo su necesidad real. ‘The Signs of the Times’ es necesaria, y hará lo que ‘The Sickle’ no puede hacer. Sé que si ‘The Signs’ continúa estando llena de preciosos artículos, alimento para el pueblo, toda familia debiera tenerla. Pero me produce dolor de corazón cada vez que veo ‘The Sickle’. Afirmo que no es conforme a la voluntad de Dios. Si Satanás logra introducir la disensión entre nosotros como pueblo, estará exultante de gozo" (Carta de E.J. White a E.J. Waggoner y A.T. Jones, 18 febrero 1887, Basel, Suiza; EGW 1888, p. 21). Los hermanos George Butler, Uriah Smith y D.M. Canright eran contribuyentes habituales en ‘The Gospel Sickle’, revista que empleaban como plataforma para promocionar sus posiciones sobre la ley y los pactos en oposición a las publicadas en ‘The Signs’ por E.J. Waggoner. Por tanto tiempo como fue publicada ‘The Sickle’, desde el 1 de febrero de 1886 hasta diciembre de 1888, E. White pudo ver allí "disensión". El hermano Dudley M. Canright, uno de los principales contribuyentes a ‘The Sickle’, definía así su concepto del pacto: "¿Qué es un pacto? Webster lo define así: ‘Un acuerdo mutuo entre dos o más personas para realizar o abstenerse de realizar alguna acción o cosa, un contrato; un documento escrito conteniendo los términos del acuerdo o contrato entre las partes’. Es fácil ver que ese acuerdo tomado entre Dios e Israel en Éx. 19 es un pacto en el más pleno sentido del término" (D.M. Canright, "The Law to the Gentiles. --Why God Made a Covenant with Israel, and How the Gentiles Were to Come into It," The Gospel Sickle 1, 5 -1 abril 1886-, p. 37 y 38. Citada en lo sucesivo como GS). Canright empleó posteriormente terminología que evidenciaba cuáles eran sus premisas: "Algunos sostienen que todo cuanto Dios requería bajo la antigua dispensación era simplemente la obediencia externa a su ley... Tenían el Espíritu de Dios en la antigua dispensación... La voluntad de Dios era que su pueblo fuera tan espiritual durante el período del antiguo pacto, como ahora" (D.M. Canright, "The Law to the Gentiles. --God Required Spiritual Service of His People During the Jewish Age," GS 1, 7 –1 mayo 1886- p. 52 y 53). Canright asociaba "el período del antiguo pacto" con "la antigua dispensación". Uriah Smith armonizaba con esa mente dispensacionalista, como demuestra su afirmación: "El nuevo pacto remplazó al antiguo cuando Cristo lo ratificó con su propia sangre, en la cruz" (U. Smith, "The Sanctuary", GS 1,8 –15 mayo 1886-, p. 66). Canright insistió: "El nuevo pacto o evangelio, por consiguiente, comenzó siendo predicado por Jesucristo... Mediador del nuevo pacto, y venía ahora a sustituir al antiguo pacto; pero Jesús tuvo cuidado en ofrecer el nuevo pacto sólo a los judíos, dado que el Señor había prometido que ese nuevo pacto se habría de establecer con la casa de Israel" (D.M. Canright, "The New Covenant," GS 1, 10 –15 junio 1886- p. 76 y 77. Cf. Anonymous, "The New Covenant Made with the Jews," GS 1, -1 julio 1886- p. 81. Original sin atributo de cursivas). Los antinomianistas aseveraban que el nuevo pacto fue establecido con los gentiles, mientras que el antiguo lo había sido con los judíos. Canright demostró que tanto el antiguo pacto como el nuevo fueron hechos con los judíos. Los gentiles se incorporaron por la fe en Cristo, convirtiéndose en ese momento en judíos espirituales. George I. Butler, presidente de la Asociación General, llegó a Healdsburg –California- hacia mediados de abril, en 1886. Lo que descubrió allí no le resultó nada tranquilizador. En el cumplido informe que dio a E. White de su visita a California, se puede leer: "Otra cosa de la que he de hablar, que me hace sentir mal: Cuando estuve en la Costa, supe mediante las averiguaciones de los que asistieron al seminario en Healdsburg y por mí mismo, que había habido grandes esfuerzos por parte de E.J. Waggoner y A.T. Jones para dejar en las mentes de los estudiantes de teología la impresión de que la ley de Gálatas 3 [19] y la ley que es nuestro "tutor" [24] para llevarnos a Cristo, es la ley moral de los mandamientos. Los mismos argumentos están apareciendo de forma más o menos ocasional en The Signs. Algunos de esos estudiantes vinieron a recabar mi opinión al respecto. No habrá olvidado como esa cuestión fue causa de considerable polémica en el pasado. Estoy convencido de que la inmensa mayoría de nuestro pueblo y pastores sostienen la posición de que la ley añadida [de Gálatas 3:19] a causa de la transgresión de la ley moral, es el sistema reparador de los tipos que señala a Cristo, y que la ley que es objeto principal de discusión del apóstol en su epístola a los Gálatas, es la ley ceremonial. El hermano J.H. Waggoner siempre se opuso enérgicamente a esa posición, y pienso que los jóvenes hermanos en la editorial comparten sus sentimientos. Su esposo, el hermano Smith, Canright, yo mismo y muchos otros hemos sostenido esa posición. Pero algunos de nosotros hemos sentido que debíamos guardar cierta discreción sobre ese tema, sabiendo que no existía unanimidad de opinión por parte de nuestros hermanos dirigentes. Pero cuando vemos que la posición opuesta y minoritaria es presentada vigorosamente en uno de nuestros seminarios, entre nuestros estudiantes de la Biblia, y publicada al mundo en The Signs, confieso que no me satisface para nada. He escrito al hermano Jones al respecto, y hablado con el hermano Brownsberger y E.J. Jones. Saben que es cierto, y el profesor Brownsberger lo lamentó mucho. Hace años alguien me insinuó que usted tuvo luz relativa a la ley añadida [Gál. 3:19], en el sentido de que se refería al sistema reparador y no a la ley moral. Opino que de alguna forma esa cuestión se debiera dejar de lado. Sería un trago bien amargo para muchos de nuestros hermanos dirigentes el verse obligados a contemplar cómo se enseña de forma general la idea de que la ley añadida a causa de las transgresiones, es la propia ley moral. Creemos que esa ley ha existido siempre y que su transgresión hizo necesaria la introducción de otra ley debido al pecado, a modo de remedio para el pecado. La referencia es a la ley de los tipos y las sombras, que conduce a Cristo" (Carta de G.I. Butler a E. White, 20 junio 1886, Madison, Wisconsin). Esa es la forma en que el hermano Butler, dirigente de la iglesia, expresó su postura sobre la ley ceremonial en Gálatas, postura que seguiría sosteniendo hasta su muerte. En aquellos días se publicaron las lecciones de Escuela Sabática en The Youth’s Instructor. Desde abril a julio de 1886, el tema fue "la ley". El autor de las lecciones era E.J. Waggoner. El hermano Butler escribió a E. White al propósito: "...el pastor Underwood y otros me han hablado sobre el efecto de los artículos en The Signs y en las lecciones de Escuela Sabática en varias localidades, y sobre la ley en Gálatas. Las posiciones tomadas han suscitado un gran debate, y han dado lugar a un espíritu de discusión, controversia y agitación" (Carta de G.I. Butler a E. White, 23 agosto 1886, Mount Vernon, Ohio). Las lecciones de Escuela Sabática tenían el formato de pregunta y respuesta, referidas al texto bíblico. Waggoner preguntó: 1. ¿De qué nos ha redimido Cristo? Gál. 3:13, primera parte. 2. ¿En qué consiste guardar los mandamientos? 1 Juan 5:3 3. Si guardar los mandamientos es el amor, ¿puede al mismo tiempo ser la maldición a la que Pablo se refiere? 4. ¿Sobre quiénes recae la maldición de la ley? Gál. 3:10..." (E.J. Waggoner, "The Sabbath-School. 3er sábado de julio. Lección 13.—Redimidos de la maldición de la Ley," The Youth’s Instructor 34, 26 –30 junio 1886-, p. 103. En lo sucesivo, YI). En su sucesión de preguntas Waggoner identificaba la ley en Gálatas 3 como los Diez Mandamientos. Dado que toda la iglesia estudió esas lecciones, alcanzaron mayor audiencia que The Signs. De ese modo fueron causa de considerable discusión. Colocaron al pastor Butler en una situación en la que debía emprender alguna acción. Pero si algo fue especial causa de controversia, fue la serie de nueve artículos que Waggoner escribió en The Signs sobre la ley en Gálatas 3 (desde el 8 de julio al 2 de septiembre de 1886). Esa fue la primera exposición detallada que publicara sobre dicho capítulo. Admitía el argumento de los dispensacionalistas [evangélicos] de que la ley en Gálatas 3 era la ley moral. "Probablemente no haya otra porción de la Escritura que supuestamente preste tanto apoyo a los enemigos de la ley de Dios, como el tercer capítulo de Gálatas" (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3", ST, 8 julio 1886, p. 406). Pero tranquilizaba a sus lectores asegurándoles que si prestaban atención descubrirían allí un firme baluarte en defensa de la ley de Dios. Abraham fue el padre de todos los fieles creyentes en Cristo. El apóstol escribió: "Sabed, por tanto, que los que tienen fe, estos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: ‘En ti serán benditas todas las naciones’. De modo que los que tienen fe son bendecidos con el creyente Abraham" (Gál. 3:7-9). Waggoner explicó los versículos en estos términos: "Habiendo mostrado cómo Abraham no había sido justificado ante Dios por sus propias obras, Pablo señala que la promesa se dirige exclusivamente a los hijos de Abraham; y puesto que solamente son hijos de Abraham los que poseen la misma fe que él tuvo, sólo los que son de la fe reciben la promesa" (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3", ST, 8 julio 1886, p. 406). Waggoner citó entonces Gálatas 3:10, que Butler, Canright y Smith aplicaban a la ley ceremonial: "Todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: ‘Maldito sea el que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para cumplirlas’". Waggoner señaló entonces la evidencia bíblica que identifica la ley referida en el versículo, explicando: "Esas palabras son una cita de Deut. 27:26 y de Jer. 11:2-4, pasajes ambos que se refieren indiscutiblemente a los Diez Mandamientos" (Id.) El apóstol Pablo se refirió a la maldición de la ley: "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, haciéndose maldición por nosotros (pues está escrito: ‘Maldito todo el que es colgado en un madero’), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzara a los gentiles, a fin de que por la fe recibiéramos la promesa del Espíritu" (Gál. 3:13 y 14). La maldición de la ley caía sobre el pecado y la desobediencia, resultando en la muerte. Cristo fue hecho pecado por nosotros, de forma que pudiéramos recibir por la fe la bendición de Abraham. Waggoner era plenamente consciente de la posición controversial que estaba tomando sobre la ley en Gálatas 3. Declaró: "Dado que algunos... han supuesto que Gálatas 3 se refiere principalmente a la ley ceremonial, quizá sea apropiado mostrar brevemente porqué es imposible que la ley ceremonial sea el objeto de la disertación en ese capítulo" (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3", nº 9, ST 12, 34 –2 septiembre 1886-, p. 534). "Para empezar, las ordenanzas (ley ceremonial) nunca condenaban a nadie. Enseñaban el evangelio en la ‘época judía’. En segundo lugar, ni de nosotros hoy, ni de los gentiles de Galacia se puede decir que hayamos sido redimidos de la ley ceremonial. Por el contrario, nosotros, los gentiles, estamos bajo la condenación de la ley moral y encerrados bajo ella. [Esa ley] revela a todo hombre que es un pecador" (Id.). El apóstol Pablo explicó la relación entre la ley y la promesa: "Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios en Cristo no puede ser anulado por la ley, la cual vino cuatrocientos treinta años después; eso habría invalidado la promesa" (Gál. 3:17). Waggoner señaló que la ley "era la base" o "fundamento de la promesa", "uno de los términos del pacto". En ese particular, estaba de acuerdo con otros escritores adventistas. Más adelante dijo: "De igual forma en que los mandamientos eran la condición del pacto Abrahámico, lo son también de lo que se conoce por ‘segundo pacto’, que es en todo respecto el mismo que se hizo con Abraham. Ver Jer. 31:33; Heb. 8:10". (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3" No. 2, ST 12, 27 –15 julio 1886- p. 422 y 423). Por los anteriores comentarios podemos ver cómo Waggoner no concibió el nuevo pacto como comenzando en la primera venida de Cristo. El nuevo pacto fue ratificado por la sangre de Cristo. Pero "el pacto fue confirmado a Abraham en Cristo... anticipadamente" (Id.). Los Mandamientos eran la condición del pacto Abrahámico. Cristo enseñó la obediencia a la ley (Mat. 5:17-19; 19:17; Luc. 16:17). La siguiente exposición de Waggoner trató de Gálatas 3:15: "...un pacto, aunque sea hecho por un hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade". Waggoner explicó: "Se acepta, hasta por los antinomianistas, que la ley de Dios estaba en plena vigencia hasta la muerte de Cristo; por lo tanto, Gál. 3:15 debiera convencerlos de que hoy sigue estando en plena vigencia" (Id.). Waggoner no era, pues, dispensacionalista, ni tampoco antinomianista; aunque igual que los antinomianistas, creía que la ley en Gálatas 3 se refería a los Diez Mandamientos. En contraste con E.J. Waggoner, los antinomianistas despreciaban la ley, y eran dispensacionalistas. En lo que verdaderamente se destacaba Waggoner de los teólogos adventistas de sus días, era en ver el pacto hecho con Abraham como el nuevo pacto. El antiguo pacto, por el contrario, lo hizo Israel con Dios en Sinaí [no Dios con Israel]. Empleando la fraseología de Gálatas 3:17, Waggoner preguntó: "¿Cuál fue el pacto que fue ‘previamente ratificado por Dios en Cristo’? La promesa hecha a Abraham consistía en que ‘sería heredero del mundo’ (Rom. 4:13), y que en su simiente serían benditas todas las naciones. La condición era que debía andar delante de Dios y ser perfecto (Gén. 17:1-8). Pero no fue ese el pacto que se estableció con los israelitas en Horeb. Este último pacto no contenía referencia alguna a Cristo, ni provisión alguna para el perdón de los pecados; pero el pacto hecho con Abraham fue confirmado ‘en Cristo’ (Gál. 3:17), y no fue establecido bajo la condición de que habían de ser rectos por sus propios esfuerzos, sino de que poseyeran la justicia de la fe. Compárese Romanos 4:11 con 3:22 al 25. Eso incluía, desde luego, el perdón de los pecados; y vemos así que el pacto hecho con Abraham (pacto al que hace referencia este capítulo) era exactamente el mismo que "el segundo pacto" hecho con nosotros. El pacto establecido en Horeb, llamado "primer pacto", si bien fue hecho con posterioridad al establecido con Abraham, tuvo por objeto, tal como ya hemos visto, mostrar al pueblo la necesidad del auxilio prometido en el pacto Abrahámico, o segundo pacto" (Id.). Para Waggoner, la condición del nuevo pacto dado a Abraham era la obediencia a la ley de Dios. Fue Cristo quien cumplió esa condición, permitiendo así "que por la fe recibiéramos la promesa del Espíritu" (Gál. 3:14). Había una sola condición para la salvación. Dijo Waggoner: "La fe en Cristo es la única condición para la salvación" (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3. No. 3," ST 12, 18 –22 julio 1886-, p. 438). ¿Para qué, pues, la ley? Waggoner planteó la cuestión en el presente. "Si somos salvos por la gracia, ¿qué necesidad tenemos de la ley?" (Id.). El apóstol Pablo responde: "Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniera la descendencia a quien fue hecha la promesa; y fue dada por medio de ángeles en manos de un mediador" Gál. 3:19). George Butler ya se había comunicado con E. White a propósito de la ley "añadida": "Sería un trago bien amargo para muchos de nuestros hermanos dirigentes el verse obligados a contemplar cómo se enseña de forma general la idea de que la ley añadida a causa de las transgresiones, es la propia ley moral" (Carta de G.I. Butler a E. White, 20 junio 1886, Madison, Wisconsin). Butler estaba persuadido de que si se renunciaba a la interpretación de la ley ceremonial en Gálatas 3, toda la iglesia se precipitaría en el antinomianismo (desprecio a la ley). La idea de la ley moral como siendo "añadida", dejaba la impresión de que hubiera comenzado a existir en el monte Sinaí. Ningún adventista defensor de la ley querría oír hablar de algo así. La creencia era que la ley era consustancial con Dios. No era pues de extrañar que Butler y otros concibieran la ley "añadida" como el sistema reparador dado a Moisés. Pero Waggoner señaló que "proclamada", "pronunciada" o "enfatizada", eran traducciones más adecuadas que "añadida" -como figuraba en la versión King James al uso (Gál. 3:19)-. "Fue proclamada a causa de la transgresión". Waggoner afirmó: "...la ley existía ya previamente, y era conocida por el hombre, si bien solamente por tradición; pero ahora el Señor la añadió en forma escrita" (Id.). Romanos 5:20 es un pasaje paralelo: "La ley, pues, se introdujo para que el pecado abundara". Waggoner explicó: "La ley se ‘introdujo’ en el Sinaí. ¿Con qué finalidad? Para que abundara el pecado u ofensa que existía previamente" (Id.). Fue ese el primer uso que hizo Lutero de la ley. La ley fue engrandecida en Sinaí, de forma que fueron obligados a reconocer la rematada pecaminosidad de ellos. "...era necesario que los hombres vieran la naturaleza real del pecado, a fin de que pudieran buscar la gracia que hay en Cristo, único que puede quitar el pecado" (Id.). D.M. Canright estaba representando a los hermanos del Este, cuando escribió a propósito de la ley "añadida": "...la segunda ley fue añadida para señalar a la descendencia prometida hasta el momento en que llegara... ¿Por qué se dio esa ley?... "Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniera la descendencia". Por lo tanto, no se trataba de la ley moral, puesto que esa no señala a Cristo, ni dice cosa alguna relativa a la venida de la descendencia [simiente], mientras que la ley de los sacrificios, tipos y sombras, se relaciona plenamente con esa descendencia prometida" (D.M. Canright, The Two Laws -Review and Herald, Battle Creek, Michigan, 1886-, p. 9 y 10. Original incluye atributo de cursivas). Así, Canright vio la ley de Gálatas 3 como la ley ceremonial. Además, interpretó la venida de la descendencia como la primera venida de Cristo a la que apuntaban los sacrificios y tipos. Waggoner, por el contrario, mantuvo presente el pleno alcance de la promesa que Dios hizo a Abraham. La cruz tenía importancia estratégica en cuanto a ratificar el pacto, pero su cumplimiento último no sería completo "...hasta que viniera la descendencia a quien fue hecha la promesa" (Gál. 3:19). ¿En qué consiste la venida de la descendencia? Ciertamente, no en la primera venida de Cristo, -replicó Waggoner. Dios había prometido a Abraham: "Tu descendencia se adueñará de las puertas de tus enemigos" (Gén. 22:17). Los enemigos de Cristo y el propio Satanás no han de ser quitados hasta la segunda venida (Apoc. 19:11-21). El apóstol inspirado continuó así: "Pero antes que viniera la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada" (Gál. 3:23). Waggoner observó: "La idea de la confinación o encierro siempre está relacionada con el pecado. El pecado es un amo cruel" (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3. No. 8," ST 12, 33 –26 agosto 1886-, p. 518). La ley encierra a quien la transgrede. Hace que quede "detenido" de forma preventiva. La única forma de escapar es "la fe" de Jesús, que trae la gozosa liberación de una muerte segura. Waggoner aseveró que la ley no se refería aquí a las ceremonias, pues estas nunca precedían a la fe en Cristo. El pecador creía en Cristo primeramente, y después se servía de los sacrificios. Por contra, era posible resultar encerrado por la ley moral, y ser luego llevado a la fe de Cristo. (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3. No. 9," ST 12, 34, –2 septiembre 1886-, p. 534). Waggoner dirigió entonces la atención al versículo 24. "De manera que la ley ha sido nuestro guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe" (Gál. 3:24). Waggoner explicó Gálatas 3:24. La ley funcionaba como el oficial de la prisión correccional. Encerraba al que la había violado. Además, la ley, bajo la convicción del Espíritu Santo, llevaba al pecador literalmente a Cristo. La ley confinaba al pecador mediante la culpabilidad personal, sin proveer recurso alguno para lograr la libertad. El pecador aprendía de Cristo -perfecta encarnación de la ley- cómo caminar en justicia y en la correspondiente libertad. El apóstol Pablo habló sobre la venida de la "fe". "Pero ahora que ha venido la fe, ya no estamos bajo un guía" (Gál. 3:25). Cristo era la perfecta ley de la libertad. En Cristo, el pecador perdonado caminaba en libertad. Por lo tanto, el creyente no estaba más bajo la ley, sino bajo la gracia. Gracias a Cristo, caminaba en perfecta armonía con la ley. En referencia a que "la ley ha sido nuestro guía", Waggoner comentó: "El tiempo verbal pasado puede ser empleado aquí solamente en referencia a los que han venido a Cristo y han sido justificados por la fe, tal como muestra Pablo en el versículo siguiente. Puesto que la ley fue nuestro guía para llevarnos a Cristo, tiene que seguir siendo una guía (pedagogo) para los que no están en Cristo, y ha de retener esa función hasta que haya sido llevado a él todo aquel que vaya a aceptar a Cristo. Por lo tanto, la ley [moral] será una guía para llevar a los hombres a Cristo mientras dure el tiempo de gracia. La ley levítica, en contraste, perdió su vigencia hace cientos de años; por lo tanto, no puede ser la ley a la que se refiere el texto" (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3. No. 9," ST 12, 34 –2 septiembre 1886-, p. 534). Según la comprensión de Waggoner, Gálatas 3:24 no es un texto dispensacionalista, y no dice que la ley fuera abolida en la cruz. Se refiere al cristiano: la función de la ley como agente corrector termina cuando el creyente queda libre mediante Cristo, el Salvador del pecado. Así, nuestro "guía" ha tenido un papel en la vida de cada pecador, sea que haya vivido en tiempo del Antiguo o del Nuevo Testamento. Hacia el mes de agosto del 1886, el hermano Butler pedía encarecidamente a E. White -quien estaba en Suiza- que resolviera aquella discusión sobre la ley que estaba enfrentando a unos y otros en la iglesia. "Por supuesto, sería muy chocante para mí, habiendo estudiado la cuestión por tanto tiempo, y habiéndome parecido tan clara, si a usted se le mostrara que la posición que sostengo es la errónea. Pero estoy seguro de que lo aceptaría, y al menos guardaría silencio en el caso de no ser capaz de comprenderlo claramente... Que el Señor la guíe, mi querida hermana, y si tiene luz que me ayude a actuar sabiamente, me sentiré muy agradecido" (Carta de G.I. Butler a Ellen G. White, 23 agosto 1886, Mount Vernon, Ohio, Manuscripts and Memories of Minneapolis, -Pacific Press Publishing Association, Boise, Idaho: 1988-, p. 21-23. En lo sucesivo, MMM). No habiendo obtenido respuesta a sus repetidas demandas, Butler se quejó a E. White en estos términos: "Pero cuando el Dr. Waggoner publicó en nuestra revista pionera los nueve extensos artículos que presentaban directamente el tema, sentí que eso no podía continuar así, de forma que le escribí varias veces, sin que usted me respondiera" (Carta de G.I. Butler a E.G. White, -31 marzo 1887-, Battle Creek, Michigan). Teniendo en el horizonte cercano la sesión de la Asociación General en Battle Creek del 18 de noviembre de 1886, el hermano Butler escribió una carta abierta a E.J. Waggoner, titulada ‘La ley en el libro de Gálatas’ (George I. Butler, The Law in the Book of Galatians: Is It the Moral Law, or Does It Refer to that System of Laws Peculiarly Jewish? -Battle Creek, Michigan: Review & Herald Publishing House, 1886-). Se distribuyó a todos los delegados de la Asamblea. Dos días antes de comenzar, G.I. Butler escribió a E. White en tonos sombríos: "Tenemos la intención de llamar a nuestros buenos hermanos de Signs a que den explicaciones acerca de la forma en que han actuado en relación con algunos de los puntos discutidos de nuestra fe: la ley en Gálatas. Han estado publicando una cantidad de artículos en Signs expresando su posición, presentándola en nuestra publicación pionera como siendo la posición de esta denominación" (Carta de G.I. Butler a E.G. White, -16 noviembre 1886-, Battle Creek, Michigan. MMM, p. 30). El hermano Butler decidió manejar el conflicto designando un comité teológico que discutiera la cuestión, e hiciera la recomendación pertinente a la sesión general a fin de que esta tomara a su vez una decisión. Butler explicó a E. White lo que ocurrió en dicho comité: "Llegó el hermano E.J. Waggoner,... pertrechado para el conflicto. Se convocó el comité teológico. Yo tenía que actuar como presidente, pero decliné dado que al representar una determinada posición en el debate, se podría suponer que favorecería a una parte. Fue elegido el hermano Haskell como presidente, y se estableció el comité. Cuatro -Haskell, Whitney, Wilcox y Waggoner-, eran favorables a la posición de Signs. Cinco -Smith, Canright, Covert, J.H. Morrison y yo mismo-, sosteníamos la posición contraria. Mantuvimos una conversación de varias horas, pero ninguna parte convenció a la otra. La cuestión era ahora si debíamos llevar el tema a la Asamblea y tener un gran debate público al respecto, o no. No podía aconsejar que se lo llevara, y me sentí mal previendo que resultaría sólo en acaloramiento y disputa. Hice recomendaciones y dispuse preámbulos y resoluciones aplicables a nuestro curso de acción, en relación con la manifestación pública de esos temas" (Carta de G.I. Butler a E. G. White, 16 diciembre 1886, Plainfield, Wisconsin). Esa división en el comité impidió que Butler obtuviera el resultado esperado. El hermano S.N. Haskell, presidente de la Asociación de California, presidía el comité. El hermano Butler resultó frustrado por la actitud de Haskell: "Llegó el hermano Haskell y vino a mi hogar, disfrutando de mi hospitalidad durante las reuniones. Pero junto al hermano B.L. Whitney, estaba dominado por ese espíritu de oposición. Ellos conocían bien mis sentimientos. Sabían qué perplejidad y angustia mental me habían ocasionado esos asuntos y, no obstante, su influencia estuvo de parte del Dr. Waggoner de toda forma posible a lo largo del encuentro. Su gran esfuerzo consistió en evitar que el Dr. Waggoner fuera censurado, y en ayudarle hasta donde les fue posible" (Carta de G.I. Butler a E.G. White, -1 octubre 1888-, Battle Creek, Michigan). El hermano Butler esperaba obtener una censura pública del hermano Waggoner. Pero logró sólo un compromiso. La sesión aprobó una resolución que iba obviamente dirigida a Jones y Waggoner. Afectaba a redactores y personal docente del sistema de enseñanza Adventista. La resolución era como una bofetada para ellos dos. Decía que los comités, dirigentes de Escuela Sabática y redactores de publicaciones, debían: "...evitar que puntos de vista doctrinales que no fuesen sostenidos por una gran mayoría de nuestro pueblo, fueran incluidos en nuestras publicaciones denominacionales... sin haber sido previamente examinados y aprobados por los hermanos dirigentes de experiencia" (RH, -14 diciembre 1886-, p. 779). Era palpable la tensión creada entre los hermanos, a propósito de las divergencias teológicas. El hermano Butler recordó la Asamblea de 1886 como una de las peores experiencias de su vida. Literalmente le hizo enfermar. Escribió así a E. White: "Mi mente ha estado absorta con estos temas, y no puedo evitar que me alteren en gran manera, debido a que todo me parecía tan injusto e inconsistente; pero después de estar enfermo por dos meses, por fin he podido asistir a esa terrible asamblea [1886] que tuvimos aquí, la última en Battle Creek" (Carta de G.I. Butler a E.G. White, -1 octubre 1888-, Battle Creek, Michigan. Original sin atributo de cursiva). La respuesta de E. White evidencia que estuvo de acuerdo con él en una cosa: "Habla, querido hermano, de esa terrible asamblea, la última tenida en Battle Creek mientras yo estaba en Suiza. Dicha asamblea me fue presentada en la noche. Mi guía dijo: -‘Sígueme. He de mostrarte ciertas cosas’. Me llevó como espectadora de las escenas que tuvieron lugar en aquella asamblea. Se me mostró la actitud de algunos pastores en esa reunión, particularmente la suya, y puedo decir con usted, mi hermano, que fue una asamblea terrible" (Carta de E.G. White a George I. Butler, -14 octubre 1888-, Minneapolis, Minnesota. EGW 1888, p. 92. Original sin atributo de cursivas). Las animosidades y rencores que florecieron con posterioridad en la Asamblea de la Asociación General de 1888, tuvieron su germen en la Asamblea de Battle Creek de 1886, en relación con la ley en Gálatas. El hermano Butler sufrió un golpe devastador el 17 de febrero de 1887. Iba a ser la primera resaca de "esa terrible asamblea". Butler vio como su viejo amigo y colega, Dudley Canright, solicitaba ser borrado de la iglesia de Otsego, Michigan. Butler informó a E. White sobre la razón de aquella decisión de Canright. "Estuvo hablando quizá tres cuartos de hora o más. Dijo en esencia que no podía continuar con los Adventistas del Séptimo Día, que había dejado de creer que la ley siguiera vigente, y que no esperaba guardar ningún otro sábado..." (Carta de G.I. Butler a E.G. White, -17 febrero 1887-, Otsego, Michigan). Evidentemente, la gota que colmó el vaso fue la asamblea de 1886 y su experiencia en aquel comité teológico. Tal como informó Butler, "Le disgustó extraordinariamente el camino que tomaron algunas cosas con ocasión de nuestra última asamblea de la Asociación General, algunas de las cuestiones teológicas que surgieron y la forma en que algunos de nuestros hermanos actuaron en relación con él le hicieron sentirse mal y le hicieron recapacitar, de forma que manifestó que iba a estudiar esta cuestión de la ley, y eso le llevó a las conclusiones que ahora expone" (Id.). Canright era uno de los nueve que formó parte del comité teológico que discutió la ley en Gálatas, en la asamblea de 1886. Aquella discusión con Waggoner en el comité teológico, hizo que Canright pensara que sus puntos de vista eran incorrectos. Gálatas se refería a la ley moral. Por lo tanto, Canright razonó que si nuestro "guía" eran los Diez Mandamientos, entonces verdaderamente quedaban sin vigencia en la cruz, y eso incluía al sábado. Canright tenía una visión dispensacionalista del viejo y nuevo pactos, lo mismo que Butler y sus contemporáneos. Esa concepción de los pactos fue la responsable de la errónea comprensión de Canright sobre la relación de la ley y los pactos. Se sintió compelido a abandonar la ley, a la vista del nuevo pacto. Canright escribiría posteriormente: "Ningún tema produce tanta perplejidad a los Adventistas como los pactos. Temen abordarlo. Han procurado explicarlo de diversas maneras, pero no son satisfactorias ni siquiera para ellos mismos. Yo he estado allí, y lo sé. La abolición del pacto Sinaítico conlleva la abolición del sábado judío de forma tan completa que no se puede encontrar legítima traza de él, de este lado de la tumba de nuestro Salvador resucitado. El hermano Smith dice: ‘Si los diez mandamientos constituyen el viejo pacto, entonces quedan abolidos para siempre’. Por lo tanto, esa viene a ser una cuestión probatoria" (D.M. Canright, Seventh-day Adventism Renounced -New York: Fleming H. Revell Company, 1889-, p. 350). El hermano Butler había escrito numerosas cartas a E. White –quien estaba en Europa-, sobre los problemas domésticos en relación con la ley en Gálatas. No había recibido respuesta de ella durante el año 1886. Por fin, el 18 de febrero de 1887, llegó la esperada carta. Era una amonestación a los hermanos de la costa del Este. E. White urgió a Waggoner -y Jones- a ser cuidadosos al respecto de "...esas conocidas diferencias publicadas en artículos aparecidos en nuestras revistas, nunca debiera haber seguido el curso que siguió, tanto en las ideas que presentó ante nuestros estudiantes en el seminario, como en Signs, donde tampoco debieran haber aparecido... No tengo duda alguna en afirmar que ha cometido aquí un error... No es conforme a la voluntad de Dios. ...Dios ha revelado claramente que no se debiera proceder así..." (Id., p. 22 y 23). La carta de Waggoner, en respuesta a la amonestación de E. White, estuvo caracterizada por la sumisión. Él expresó su "gratitud a Dios en vista de que su espíritu aún contiende conmigo, señalándome errores a los que estoy tan sujeto..." (Carta de E.J. Waggoner a E.G. White, -1 abril 1887-, Oakland, California. MMM, p. 71). Waggoner tenía una motivación subyacente para reformar la enseñanza de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Su deseo era que hubiera unidad en sus filas. "Deseo ardientemente que llegue pronto el momento en el que todo nuestro pueblo pueda ver ojo con ojo. En mi inconsciente autosuficiencia supuse que podía hacer mucho por lograr ese fin. He aprendido que Dios cumplirá su obra a su propio modo, y que los mayores esfuerzos en la buena causa son inútiles a menos que estén motivados solamente por el amor a Dios..." (Id.). En verdad existía una rivalidad regionalista entre Review and Herald Publishing House y Pacific Press. Waggoner podía apreciarla. "Lamento verdaderamente el sentimiento que ha existido y existe entre las dos instituciones". Waggoner creía que "existía una incomprensión de parte de" los hermanos de la Review. Sin embargo, Waggoner asumía también su culpa, ya que "sé bien que aquí se ha permitido la existencia de un sentimiento de criticismo, y no pienso en nadie más que en mí mismo" (Id., p. 71 y 72). Cuando el hermano Butler recibió la carta que E. White escribió el 18 de febrero de 1887, la consideró como una plena vindicación de su propio curso de acción. La regañó con gentileza por no haberle respondido antes. Él era bien consciente de que Waggoner y Jones habían estado enseñando durante unos "dos o tres años" en Healdsburg la postura consistente en que Gálatas se refiere a la ley moral. En la asamblea de la Asociación General de 1886, el hermano Butler se había exasperado realmente "...cuando el Dr. W. llegó a la Asamblea, bien pertrechado para el combate, y obtuvo tan pleno respaldo del hermano Haskell, B.L. Whitney, Wilcox y otros, de forma que él y el hermano Whitney suscitaron pequeños grupos de hermanos nuestros a fin de adoctrinar hasta donde fuera posible de forma silenciosa..." (Id.). El hermano Butler se sintió ahora exultante, pensando que E. White estaba vindicando su posición. "Me gozo grandemente... después de este prolongado período de tiempo, en comprobar que usted no respalda el curso de acción seguido por los dos hombres jóvenes... Su carta les causará sorpresa... Lo siento por ellos, pues siempre compadezco a quienes sufren el amargo chasco" (Carta de G.I. Butler a E.G. White, -31 marzo 1887-, Battle Creek, Michigan. MMM, p. 69). Ella había manifestado que la posición de J.H. Waggoner [el padre] sobre la ley en Gálatas era incorrecta. Eso resultaba "muy satisfactorio" para Butler. No obstante, lo que él estaba realmente esperando era una declaración de ella en el sentido de que "...la ley añadida, o bien es la ley moral, o la del sistema ceremonial. Usted dice en esencia que la posición del hermano Waggoner [padre] no era correcta. La posición que él sostenía consistía en que la ley añadida era la ley moral, por lo tanto ha de ser cierto lo contrario. Si nuestro pueblo pudiera saber que usted tiene luz al respecto de que la ley moral no era la ley añadida, la cuestión podría quedar rápidamente zanjada. Eso es precisamente lo que nuestro pueblo está deseando saber ansiosamente. No le estoy urgiendo a que haga ninguna afirmación, pero estoy seguro de que después de todo el tira y afloja habido sobre esta cuestión, va a continuar la confusión hasta que se de a conocer su opinión. No me negará que va a suceder así" (Id., p. 70). Butler sentía como si E. White sólo le hubiera dado la mitad de lo que esperaba. Naturalmente, era preferible esa mitad, a no tener nada... E. White envió otra carta, esta vez a los hermanos Butler y Uriah Smith. Le había disgustado el artículo de Butler del 1 de marzo de 1887 en la Review, referente al "Cambio en la fe del hermano Canright", y su carta abierta de réplica a E.J. Waggoner a propósito de ‘La ley en Gálatas’. Lo señaló como trasgresor de los mismos principios que quería que otros respetasen, en lo referente a dar expresión pública a asuntos doctrinales controvertidos. E. White le aconsejó así: "Si usted hubiera evitado aquello que me confirma haber efectuado, habría estado más de acuerdo con la luz que Dios ha tenido a bien darme" (Carta de E.G. White a G.I. Butler y U. Smith, 5 abril 1887, Basle, Switzerland, titulada "Giving Exposure to Differing Doctrinal Viewpoints; Disapproval of D.M. Canright’s Actions. MMM, p. 32-37). E. White supo que Butler había empleado la carta que ella escribiera a Waggoner y Jones [18 febrero 1887] en contra de ellos. Le escribió lo que sigue: "No se la envié [la copia de la carta dirigida a Waggoner y Jones] para que la empleara como un arma contra los mencionados hermanos, sino con el objeto de que usted ejerciera la misma cautela y prudencia a fin de preservar la armonía, tal como usted desearía que ejercieran ellos... No quisiera que las cartas que le he enviado fueran usadas de forma que usted dedujera que todas sus ideas son correctas, y todas las del Dr. Waggoner y el hermano Jones incorrectas" (Id.). E. White continuó con una reprensión a Butler por su polémica carta abierta, ‘La ley en Gálatas’. "Los principios que refiere son correctos... creo que es demasiado incisivo" en su trato hacia el Dr. Waggoner. Le habló entonces sobre "ciertos sueños impresionantes" que había estado recibiendo, referentes a Butler y al desleal Canright como navegando en la misma barca. "...usted no está totalmente en la luz. El hermano [D.M.] Canright estaba presentando sus ideas sobre la ley, y nunca había oído una mezcla como aquella. Ninguno de ustedes parecía ver o comprender a dónde conducirían sus argumentos" (Id., p. 33). Canright aparecía sentado entre las oscuras sombras de una "barca carcomida" que tenía "las cuadernas podridas", y Butler estaba allí con él. "...es la obra de Satanás" (Id.). E. White expresó su inequívoca desaprobación hacia "el curso de acción del hermano Canright". Advirtió en el sentido de "que se suprimiesen sus libros, especialmente el que trata de la ley... Si esa obra es lo que yo creo que es, quemaría en el fuego cada copia impresa antes de permitir que una sola de ellas llegara a nuestro pueblo" (Id., p. 34). El libro se había vuelto a publicar justo antes de la asamblea de la Asociación General de 1886, evidentemente con el objeto de dar soporte a la posición de Butler referente a la ley ceremonial en Gálatas. El hermano Butler no deseaba una discusión abierta sobre la ley en Gálatas. Quería controlar el flujo de información. Pero E. White escribió: "No quiero ver fariseísmo entre nosotros. El asunto se ha presentado ahora tan plenamente ante nuestro pueblo, tanto por su parte como por parte del Dr. Waggoner, que se lo debe abordar con franqueza en una discusión abierta" (Id., p. 35). Lejos de poner fin a toda discusión, E. White creía que la iglesia debía estar abierta a la Palabra de Dios. Cristo iba a dirigir a la Iglesia Adventista del Séptimo Día mediante la enseñanza de la Escritura. Por su parte, el hermano Butler tuvo una reacción negativa a la correspondencia de E. White. Replicó: "Hermana White, no he logrado ver la justicia de su carta del 5 de abril de 1887, y no espero verla nunca... Pensé en no contestar nunca esa carta, sino más bien en soportar pacientemente y en silencio aquello que me parecía injusto" (Carta de G.I. Butler a E.G. White, 1 octubre 1888, Battle Creek, Michigan. MMM, p. 82). Continuó así: "En su carta del 5 de abril de 1887 parecía preocuparle que yo pudiera sacar ventaja de la carta de reprensión que había escrito a los hermanos Waggoner y Jones relativa al curso de acción de estos al difundir sus puntos de vista sobre Gálatas, y también porque yo pudiera sacar la conclusión de estar sosteniendo la postura correcta sobre el tema. Permítame decirle, con relación a eso, que jamás empleé su artículo de la forma que sugiere en su carta, hasta el momento de recibir ésta, y que no tenía intención alguna de hacerlo así" (Id., p. 83). El hermano Butler protestó en estos términos: "...con respecto a mi propia actitud. Se me culpabiliza en los anteriores párrafos... Parece difícil sostener... que alguien ostentando la posición de presidente de la Asociación General debiera estar obligado a mantener la boca cerrada mientras que se están haciendo esfuerzos persistentes por sacar a la luz pública un punto controvertido que fue antes silenciado... Y ahora me censura por haber escrito un pequeño folleto sobre el tema de la ley en Gálatas... Usted sostiene que he puesto en circulación mi folleto, y que es de justicia que el Dr. Waggoner tenga idéntica oportunidad de hacer lo mismo. Mi querida hermana, me perdonará si le digo que ese lenguaje me parece sumamente extraño" (Id., p. 93 y 98). El hermano Butler lamentaba una cosa: "...cuando esos argumentos de Waggoner conteniendo el otro punto de vista aparecieron en las lecciones del Instructor y en Signs of the Times,... que el hermano Smith y yo no los enfrentáramos con decisión, poniéndolos en evidencia por todos los medios posibles" (Id., p. 99). Entonces expresó a E. White su argumento final: "Pienso si en los días de la administración del hermano James White, de haberse dado un movimiento como este, si acaso a esos dos hombres jóvenes no les habrían retumbado los oídos; si en caso de haber estado él presente no los hubiese hecho estremecer, es que he olvidado la forma en que procedía. No he olvidado la forma en que manejaba los asuntos de esta índole; cómo los afrontaba en público y en privado, haciendo que lamentaran su atrevimiento" (Id.). Eso ponía enfermo al hermano Butler. Estaba comenzando a dudar de los Testimonios. Había llegado la hora de tomar medidas contra esos "pardillos" que acababan de acceder al "sillón de redacción" (Id., p. 100 y 99). Era un son de guerra. En los días que siguieron, Uriah Smith insistiría a través de las páginas de la Review en la forma de dispensacionalismo al que se adhería. Escribió: "A ese pacto con Israel se lo llamó ‘el primer pacto’, y se extendió hasta la primera venida de Cristo. Habiendo llegado con dicha venida el tiempo para que fuera concedida la bendición mayor que había sido prometida mediante la descendencia de la mujer, Dios estableció un nuevo pacto con Israel y Judá" (U. Smith, "What Does God Write?" RH 64, 31 –2 agosto 1887-, p. 488). Era la misma línea de pensamiento que había arruinado la fe de Thomas Preble, Moses Hull y Dudley M. Canright en los Diez Mandamientos y el Sábado. El hermano Smith fue más explícito, si cabe: "Por lo tanto, la conclusión es inequívoca: esos dos pactos representan dos grandes divisiones en la obra que el Cielo ha efectuado para la redención del hombre, y abarcan dos dispensaciones especiales dedicadas al desarrollo de la obra" (U. Smith, The Two Covenants," Bible Echo, and Signs of the Times 2, -11 noviembre 1887-, p. 162. En lo sucesivo, BE. Original sin atributo de cursivas). El hermano Smith, como tantos otros, tomó del diccionario de Webster su definición de pacto bíblico. Se trataba de un acuerdo entre las partes, al respecto de cumplir ciertas condiciones. Smith concluyó: "...todo pacto que Dios haga con el hombre ha de estar basado en la condición de la obediencia a su ley, por parte del hombre. La definición teológica... de Webster es, por consiguiente, correcta, al poner la obediencia como el primero de los términos bajo el que han de ser aseguradas las promesas" (U. Smith, "God’s Covenants with Men," RH 64, 37 –13 septiembre 1887-, p. 584). Así pues, Dios hizo un pacto de obras con Adán. E.J. Waggoner estaba de acuerdo en que la condición del pacto de Dios eran los Diez Mandamientos. No obstante, el pecador era incapaz de prestar una obediencia tal; por lo tanto, Dios prometió que Cristo sería el auténtico substituto y garante del hombre. El pacto de Dios, por consiguiente, era su promesa en Cristo. Waggoner observó: "El Señor le hizo [a Abraham] una promesa que habría sobrecogido a la mayoría de las personas, tan grande e incomprensible parecía... Abraham dijo: ‘Creo’; y el Señor, en respuesta a esa fe sencilla, declaró perdonados sus pecados... ¿En qué tuvo fe Abraham?... En la muerte y resurrección de Cristo" (E.J. Waggoner, "The Commentary. Call of Abraham. Lección 8.—sábado 25 febrero," ST 14, 7 –17 febrero 1888-, p. 106). El pecador creyó en la Palabra [Verbo] de Dios. Abraham dijo ‘Amén’ a lo que Dios le acababa de prometer, y fue tenido por justo. Los Diez Mandamientos eran la "base" de ambos pactos. En ese punto Waggoner estaba de acuerdo. Pero no lo estaba con esta afirmación: "Los dos grandes pactos que Dios ha hecho –uno para cada dispensación... el pacto de la antigua dispensación, y el otro para el pacto de la nueva" (Anónimo, GS 2, 21 –1 noviembre 1887-, p. 161). Ese tipo de dispensacionalismo impregnaba sutilmente todo lo que el hermano Smith escribió sobre los pactos. Se preguntaba: "¿Cuándo fue hecho el nuevo pacto?" Y la respuesta era: -Cuando Cristo murió en la cruz. "En la cruz terminó el sistema judío, y comenzó la dispensación cristiana. Allí estaba la línea divisora entre ambos... A partir de ese momento estuvo vigente el nuevo pacto" (U. Smith, "God’s Covenants with Men," RH 64, 42 –25 octubre 1887-, p. 664. Cp. U. Smith, God’s Covenants with Men," GS 3, 1 –1 enero 1888-). La idea subyacente era que hasta la muerte de Cristo en la cruz, la salvación estaba confinada a los judíos. El hermano Smith estaba de acuerdo con la interpretación del hermano Butler a propósito de Gálatas 3:17, a la que citaba literalmente intercalando sus propios comentarios: "...el pacto previamente ratificado por Dios en Cristo [el pacto Abrahámico], no puede ser anulado por la ley [el pacto de Horeb con Israel] que vino cuatrocientos treinta años después; eso habría invalidado la promesa, porque si la herencia [la tierra prometida a Abraham, Rom. 4:13] es por la ley [ha de ser asegurada mediante la realización de las ceremonias y servicios del sistema Mosaico], ya no es por la promesa [no descansa simplemente sobre la promesa de Dios]; pero Dios se la concedió a Abraham mediante la promesa" (Id., Original incluye frases entre corchetes). La ley ceremonial había sido "añadida", debido a la transgresión de los Diez Mandamientos. Además del pacto Abrahámico, Dios "añadió; una disposición subordinada... se estableció un nuevo pacto..." con Israel (Id.). "...hasta que viniera Cristo, la Descendencia prometida..." Si los judíos "hubieran seguido los dictados de ese ‘pedagogo’, de ese ‘ayo’, no habrían rechazado al Mesías..." (Id., p. 618. Cp. "... La ‘ley de Moisés,’ ... [fue] ‘añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniera la descendencia a quien fue hecha la promesa’, y fue ‘nuestro guía’ simplemente en el sentido de enseñarnos los rudimentos de la fe hasta que viniera Cristo..." Anónimo, GS 2, 16 –15 agosto 1887-, p. 1). La ley, en Gálatas 3, era por lo tanto la ley Mosaica. El hermano Smith creía que la defensa del sábado dependía de la distinción entre las dos leyes ("El mejor punto de ataque en la cuestión del sábado, están llegando a pensar nuestros oponentes, es la posición que sostenemos a propósito de la distinción entre las ‘leyes llamadas morales’ y las que son de naturaleza ceremonial y correctora" U. Smith, "The Two Laws and the Sabbath," GS 3, 10 –15 mayo 1888-, p. 75). U. Smith no estaba dispuesto a admitir que la ley en Gálatas 3 fuese la ley moral. Defenía con fuerza su postura. "...nuestros opositores se esfuerzan por demostrar que en los días de Moisés, toda la ley... ‘era un sistema gravoso’, un ‘yugo de servidumbre’, un ‘guía con la utilidad exclusiva de llevarnos a Cristo"... y por lo tanto, fue ‘clavada en la cruz’" (Id.). Smith creía que el guía o ayo era la ley ceremonial. Eso, además de los dos pactos, se configuraba como el gran campo de batalla. Había desunión entre la Review, The Gospel Sickle y The Signs. Al aproximarse la asamblea de la Asociación General de 1888, la delegación de la Asociación de California consideró conveniente reunirse. Anticiparon que se suscitarían ciertos temas en la asamblea. Uno de los principales iba a ser la ley en Gálatas. Los delegados se reunieron en "Camp Necessity", cerca de Oakland, el 25 y 26 de junio de 1888. Los presentes fueron E.J. Waggoner, A.T. Jones, C.H. Jones, director de Pacific Press; W.C. White, hijo de E. White y miembro del comité ejecutivo de la Asociación General, y algunos otros. W.C. tomó notas sobre las deliberaciones. El 26 de junio de 1888 consideraron Gálatas 3:23 y 4:21. Se determinó que la palabra "añadida", referida a la ley -en Gálatas 3:19-, significaba "pronunciada", al compararla con Deut. 5:22 y Heb. 12:19. "En el original, ambos textos se refieren a la ley moral en términos similares a Gálatas 3:19. En ningún caso se aplican a la ley ceremonial" (W.C. White, "Notes Made at ‘Camp Necessity,’ 25 y 26 de junio de 1888," MMM, p. 419). Se recordó que J.N. Andrews sostuvo esa misma posición sobre la ley moral en Gálatas, en sus primeros escritos en la Review. Se evocaron también los sermones de Wesley" (Id., p. 418). El hermano White recordó a Dan Jones, secretario de la Asociación General, el encuentro en "Camp Necessity": "...se propuso que los redactores de Signs, C.H. Jones y yo mismo, así como tantos pastores de California como pudiéramos hacer venir con nosotros, acudieran a las montañas y dedicaran unos pocos días al estudio de la Biblia... El hermano McClure estuvo con nosotros parte del tiempo. Dedicamos... un día al examen de ‘La ley en Gálatas’ de Butler, y a otros temas relacionados con esa cuestión. Finalizando aquel día, el hermano Waggoner leyó algunos manuscritos que había preparado como respuesta al folleto del hermano Butler... Al final de nuestro estudio, el hermano Waggoner nos preguntó si nos parecía correcto que él publicara su manuscrito y lo pusiera en manos de los delegados en la próxima asamblea de la Asociación General, tal como el hermano Butler había hecho con el suyo. Nos pareció bien que procediera así, y le animamos a que imprimiera quinientas copias del manuscrito. No hicimos de eso ningún secreto, ni nos dolieron prendas en hacerlo público" (Carta de W.C. White a Dan T. Jones, 8 abril 1890, Boulder, Colorado. MMM, p. 167 y 168). E.J. Waggoner preparó ‘El evangelio en Gálatas’ para la asamblea de la Asociación General de 1888. El hermano A.T. Jones escribió posteriormente sus memorias del encuentro de Minneapolis: "Algún tiempo antes de que comenzara ese instituto, C.H. Jones, director general de Pacific Press, W.C. White y algunos otros, nos pidieron al hermano Waggoner y a mí que los acompañáramos en una salida de unos días a fin de estudiar juntos las Escrituras a propósito de esas cuestiones "heréticas" que estaban seguros que surgirían en el instituto y la asamblea. El viento llevó las noticias de esa inocente y breve reunión hasta los hermanos en Battle Creek, como confirmó posteriormente el hecho de que dieran por sentado que el hermano Waggoner y yo, además de albergar un esquema revolucionario sobre la doctrina de la denominación, estábamos convenciendo a otros hermanos de nuestras conclusiones, de forma que pudiéramos llegar al instituto y a la asamblea de la Asociación General en Minneapolis con el refuerzo necesario para imponerlas. No fue sino hasta después de haber concluido el instituto y la asamblea cuando supimos que los responsables de la Asociación General en Battle Creek albergaban esos pensamientos sobre nosotros, y no habiendo podido imaginar jamás algo así, llegamos al instituto y asamblea tan ignorantes sobre lo que pensaban los otros, como sobre lo que ellos creían que nosotros pensábamos. Y así, en total inocencia, llegamos al encuentro no esperando otra cosa, excepto el estudio sincero de la Biblia a fin de conocer la verdad" (Carta de A.T. Jones a C.H. Holmes, 12 mayo 1921, Washington D.C. MMM, p. 328). Entonces sucedió algo inesperado en el encuentro campestre de California, en septiembre de 1888. Según el hermano White: "...se suscitó en algunos un espíritu muy amargo contra los hermanos Waggoner y Jones, instigado en parte, creo, por las personalidades presentes en el folleto del hermano Butler, y debidas en parte a una vieja enemistad de familia contra el hermano Waggoner padre. Tuvimos un consejo pastoral en el que se criticó casi cada una de las expresiones de esos hermanos relacionadas de forma directa o remota con la cuestión de Gálatas. Pero los hermanos que se oponían a las enseñanzas de ellos no estuvieron dispuestos, ni a examinar con justicia el tema, ni a dejarlo en paz. Preferían dedicarse a su demolición..." (Id.). W.C. White y E. White desvelaron posteriormente cuál fue aquel "viento [que] llevó las noticias" del "consejo pastoral" a los responsables de la Asociación General en Battle Creek. W.M. Healey era pastor y evangelista en la Asociación de California. El hermano W.C. White escribió: "Ignoro qué fue lo que el hermano Healey escribió al hermano Butler, pero parece haber producido la impresión de que estábamos tramando un plan en secreto, mientras que nosotros suponíamos que estábamos obrando en perfecta armonía con los planes del hermano Butler" (Carta de W.C. White a Dan T. Jones, 18 marzo 1890, Boulder, Colorado. MMM, p. 170. Original sin atributo de cursiva). E. White escribió al hermano W.M. Healey: "Sus suposiciones con respecto a la posición y la obra de los hermanos A.T. Jones y E.J. Waggoner eran incorrectas. Sus cartas al hermano Butler al objeto de advertirle sobre algo, llevaron totalmente al engaño. Él quemó esas cartas para que nadie pudiera conocer la fuente de su información. El resultado de esas cartas ha sido retardar en años la obra de Dios, y convertir mi labor en severa y extenuante. Nos sobra con una experiencia como la que tuvimos en Minneapolis, como resultado de sus cartas insensatas. Esa experiencia ha dejado su impronta por el tiempo y la eternidad. Oh, mi hermano, le ruego por causa de Cristo que sea cuidadoso en cómo implanta en otras mentes las semillas de la incredulidad, para producir resultados tan tristes como los que hemos visto en el pasado" (Carta de E.G. White a W.M. Healey, 21 agosto 1901, Los Angeles, California. EGW 1888, p. 1759 y 1760). E. White había dicho a Healey con anterioridad: "Puesto que llegué desde la costa del Pacífico, dedujeron que había sido influenciada por W.C. White, Dr. Waggoner y A.T. Jones". Explicó que como resultado de lo que Healey escribió al presidente de la Asociación General, ella misma había venido a ser considerada como sospechosa de haber sido influenciada por el trío. Butler y Smith habían llegado a pensar que E. White estaba siendo influenciada por E.J. Waggoner, A.T. Jones, y el propio hijo de ella. Se arrojaba así una duda en cuanto a la fuente de sus consejos a la iglesia. De esa forma llegaron los hermanos de Battle Creek a creer en la existencia de "la conspiración de California". (Tal es la descripción que hace Dan T. Jones. Ver la carta de Dan T. Jones a J.H. Morrison, 17 marzo 1890, Battle Creek, Michigan. "Algunos habían llegado pensando que había una conspiración de parte de los Californianos para imponer sus doctrinas en la iglesia, mediante su sesión previa a Minneapolis..."). E. White confirmó la existencia de ese sentimiento en la asamblea de Minneapolis, y antes de ella. "Se me representó como faltando a la verdad, cuando hice la declaración de que no había intercambiado ni una palabra con los hermanos Jones y Waggoner, ni con mi hijo Willie a propósito de la ley en Gálatas. Si hubieran sido tan francos conmigo como lo fueron al hablar unos con otros en mi contra, podría haberles aclarado todo al respecto. Repetí esto varias veces, porque vi que estaban determinados a no recibir mi testimonio. Pensaban que habíamos venido todos a la asamblea en perfecta compenetración y acuerdo, para plantear batalla con la ley en Gálatas" (Carta de E.G. White a "Dear Children of the Household," 12 mayo 1889. EGW 1888, p. 310 y 311). Sus llamamientos a que se investigara la Escritura y se discutiera abiertamente en la próxima asamblea de la Asociación General, fueron como predicar en el desierto en lo que respecta a los dirigentes. A partir de la información que habían recabado, dedujeron que ella estaba siendo influenciada por la facción de la costa del Pacífico. La Asociación General estaba esforzándose por excluir de la sesión la discusión sobre la ley. Les parecía que los llamamientos de E. White a mostrarse abiertos beneficiaban a Waggoner, Jones y W.C. White. Este último había escrito al hermano Butler al respecto de tener un instituto en el que pudieran discutirse asuntos doctrinales. Ahora todo parecía encajar. Los dirigentes de la iglesia estaban convencidos de que iba a tener lugar un esfuerzo concertado para torpedear doctrinalmente la asamblea. Las mentes estaban resueltas. Daban crédito a la teoría de la conspiración. E. White dijo de la jerarquía de Battle Creek: "pensaron que se suscitaría la ley en Gálatas, y estarían armados y dispuestos para resistir cualquier cosa, vieja o nueva, que procediera de esos hombres de la costa del Pacífico" (Id.). Uriah Smith confirmó que tal era su estado mental al acudir a la asamblea de 1888. "El siguiente paso desafortunado, creo, fue cuando se reunieron los hermanos en California, justo antes de la asamblea de Minnesota [Minneapolis], e hicieron sus planes para plasmar y llevar sus puntos de vista sobre los diez cuernos y la ley en Gálatas a aquella asamblea. Sólo por carta de California fuimos informados de ello, unos pocos días antes de que llegara el momento de comenzar la asamblea. Me cuesta creer que fuera así, pero el informe resultó pronto confirmado una vez que llegamos allí. El hermano Haskell acudió a mí, y me preguntó cómo creía que sería mejor presentar esas cosas. Le dije que en mi opinión lo mejor era no presentarlas en absoluto; que no traerían más que confusión a la asamblea, y que no serían de beneficio sino al contrario. Pero él me dijo que los hermanos de California estaban decididos a presentarlas; y así sucedió, y tal como me temía, casi arruinaron la asamblea. De no haberse presentado esas cuestiones perturbadoras, no veo por qué no hubiéramos podido disfrutar de una asamblea tan placentera y bendecida como las que siempre habíamos tenido" (Carta de Uriah Smith a E.G. White, 17 febrero 1890, Battle Creek, Michigan. MMM, p. 154). A.T. Jones dijo que ignoraba totalmente que las mentes de los hermanos albergaran todas esas sospechas. "En total inocencia, llegamos al encuentro no esperando otra cosa, excepto el estudio sincero de la Biblia a fin de conocer la verdad" (Carta de A.T. Jones a C.H. Holmes, 12 mayo 1921, Washington, D.C. MMM, p. 328). W.C. White dijo: "Fui al encuentro de Minneapolis con la inocencia de una paloma, y mientras tanto, mis viejos amigos en B.C. [Battle Creek] e incluso mis propios parientes estaban diciendo las cosas más amargas contra mí..." (Carta de W.C. White a Dan T. Jones, 8 abril 1890, Boulder, Colorado., MMM, p. 171). El hermano White acudió a Minneapolis pensando que se habían dispuesto las cosas con el hermano Butler de modo que pudiera haber una discusión sobre la ley en Gálatas en el instituto. El hermano Waggoner vino preparado con sus "libros de referencia". Lo que encontró fue una oposición decidida. Tal como describió el hermano White: "...nunca pudimos comprender por qué nuestros hermanos de B.C. tuvieron que oponerse a ese tema, y aducir que la propuesta de discutir esas cuestiones les venía totalmente por sorpresa, siendo que podíamos apreciar por sus mismas acciones que no les venía por sorpresa" (Id., p. 170). El hermano Rupert distribuyó entre los delegados "varios cientos" de copias del folleto escrito por el hermano Butler ‘La ley en Gálatas’, lo que demuestra que los hermanos de Battle Creek habían anticipado las discusiones. En los tres años precedentes el hermano Butler había venido repetidamente enfermando. Manifestó que su resistencia se había visto mermada por el estrés derivado de sus pesadas responsabilidades como presidente de la Asociación General. Creía que ese asunto de la ley en Gálatas era un mal "innecesario e injustificable" (Carta de G.I. Butler a E.G. White, 1 octubre 1888, Battle Creek, Michigan. MMM, p. 80). Llegó incluso a culpar a E. White de su estado de enfermedad, entre mayo y agosto de 1888. Escribió: "Nunca he tenido dudas en cuanto a que fue la tristeza de corazón que me produjo la posición que usted tomó, lo que me ha causado esta enfermedad que dura ya cuatro meses" (Id., p. 82). E. White no había respondido -desde Suiza- a las peticiones de ayuda que Butler le hiciera durante el año 1886 para contrarrestar a Waggoner y Jones. Entonces, la carta que E. White escribió el 18 de febrero de 1887 a los hombres jóvenes, era lo que Butler estaba esperando para condenar la posición de ellos. Escribió a E. White: "Han existido simplemente dos posiciones sobre este tema de la ley añadida: la que sostuvo el hermano Waggoner de que la ley se refiere a los diez mandamientos morales, y la otra consistente en que la ley añadida se refiere a las leyes particularmente judías... Esos son los puntos sobre los que se centra todo el asunto que ha venido siendo objeto de debate y controversia durante años" (Id., p. 88). El hermano Butler protestó con vehemencia cuando Waggoner publicó las lecciones de Escuela Sabática en el Instructor, durante el verano de 1886 (Id., p. 91). Al final de ese mismo verano se publicó la "larga serie" de artículos sobre Gálatas 3 en Signs, que llegaron a unos 20.000 lectores (Id., p. 92). Eso lo percibía como un desafío directo al liderazgo y autoridad doctrinal de la iglesia. El hermano Butler se quejó a E. White en estos términos: "Nunca me respondió palabra sobre ello, ni prestó la más mínima atención a esas cosas..." (Id., p. 94). Todas esas preocupaciones le habían hecho enfermar de tal modo que ahora estaba presto a deponer sus cargas. No podría asistir a la asamblea de Minneapolis. Otros habrían de defender la causa. Debería dedicarse al cuidado de su propia salud y la de su esposa, quedándose en casa (Battle Creek). Pero urgió a los leales a que "permanecieran en los hitos". Por su parte, E. White no aceptaría la acusación de ser la culpable de la enfermedad de Butler: "Si es que mi carta tuvo en usted consecuencias tan importantes como causarle los cinco meses de enfermedad, no se me debe tener por responsable de ello; pues si usted la hubiera recibido con el espíritu adecuado, no habría producido esos resultados. Le escribí en angustia de espíritu con respecto a su curso de acción en la asamblea de la Asociación General de hace dos años [en 1886]. Ese encuentro no complació al Señor. Su espíritu, hermano mío, no fue el debido. La forma en la que manejó el caso del Dr. Waggoner fue quizá según usted dispuso, pero no tal como Dios dispone" (Id., p. 96 y 97). El instituto ministerial comenzó el miércoles, del 10 al 16 de octubre, en la iglesia de la 4ª Ave. S. and Lake St., Minneapolis, Minnesota (La cronología se ha tomado de "Selected Aspects of Ellet J. Waggoner’s Eschatology and Their Relation to His Understanding of Righteousness by Faith, 1882-1895," -Clinton Wahlen, Andrews University Seventh-day Adventist Theological Seminary, 1988-, p. 71-77). Las reuniones tuvieron lugar en el sótano de la iglesia. Continuaron hasta la primera reunión de la asamblea de la Asociación General, el 17 de octubre. Al inicio del instituto, E. White escribió a su nuera Mary White en relación con la carta que le envió el hermano Butler conteniendo aquellas diatribas hacia ella: "El hermano Butler me ha enviado una larga carta, una colección de acusaciones y cargos contra mí, pero esas cosas no me alteran... Los hermanos Smith y Butler detestan sobremanera que se diga algo sobre la ley en Gálatas, pero no veo la forma en que eso pueda evitarse... Mañana al mediodía se presentará y discutirá la ley en Gálatas" (Carta de E.G. White a Mary White, 9 octubre 1888, Minneapolis, Minnesota. EGW 1888, p. 68). La noche del sábado 13 de octubre se leyó una larga carta del hermano Butler a los delegados, que los retuvo allí hasta las diez. E. White escribió a Mary White: "La carta del hermano Butler ha sido una buena cosa para iniciar esta cuestión, así que aquí la tenemos" (Id.). El lunes 15 de octubre, E.J. Waggoner comenzó una serie de nueve presentaciones sobre la ley y el evangelio. Dio su séptima presentación el jueves 18 de octubre, a las 9 de la mañana. Habló sobre la ley en Gálatas (R. DeWitt Hottel, "Diary of 1888," MMM, p. 506). No había duda posible en cuanto al tema |