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han dicho que el mensaje de 1888 enseña que la raza humana pecadora fue
hecha justa sin participación de su voluntad, que hasta los paganos y
adoradores de Satanás, asesinos y ladrones, son todos hechos justos. ¿Es
cierto?
Naturalmente, es una distorsión del mensaje. No hay tal, ni nada parecido.
Pablo debió también enfrentarse con aquellos que distorsionaban su
mensaje. La exposición del mensaje hecha por los mensajeros de 1888, y que
E. White apoyó, es la siguiente:
Así como la condenación vino a todos los hombres [Rom. 5: 18], también la
justificación. Cristo gustó la muerte por todos. Se dio a sí mismo por
todos, se dio a cada uno. El don gratuito vino sobre todos. El hecho de
que sea un don gratuito es evidencia de que no hay excepción alguna. Si
hubiese venido solamente sobre aquellos que hubiesen tenido alguna
calificación especial, no habría sido un don gratuito. Por lo tanto, es un
hecho claramente establecido en la Biblia que el don de la justicia
[justificación] y de la vida en Cristo, ha venido sobre todo hombre en el
mundo
(E.J. Waggoner, Signs of the Times,
12 marzo 1896;
Waggoner on Romans,
pp.
101 [56]).
Eso armoniza con Juan 3:16,17; Rom. 3:23,24; 5:12-18; 1 Tim. 2:6; 4:10; 2
Tim. 1:10; Heb. 2:9; 1 Juan 2:2.
No se trata aún de justificación por la fe. Es una justificación puramente
"legal", "temporal" o "corporativa". Hasta que el hombre no la cree y
acepta por la fe, no experimenta la justicia. No convierte a nadie en
justo, antes de haberla creído. Es la base y fundamento sobre el que
descansa la justificación por la fe.
Está claro que la Biblia enseña esa maravillosa verdad, pero ¿está E.
White de acuerdo con ella?
No podía ser de otra manera, puesto que E. White nunca disintió de la
Biblia. Pero algunas veces leemos sus escritos con un velo de incredulidad
sobre nuestros ojos, similar al que llevaban los judíos al leer el Antiguo
Testamento, y que les impidió discernir allí la justificación por la fe.
Elena de White reconoció repetidamente esa verdad. Por ejemplo, veamos en
Mensajes Selectos,
tomo III, p. 221:
"La obra mediatoria de Cristo comenzó en el mismo momento en que comenzó
la culpabilidad, el sufrimiento y la miseria humana, tan pronto como el
hombre se convirtió en un transgresor". "El hombre" significa aquí lo
mismo que "todo hombre", y la obra de Cristo en nuestro favor "comenzó"
antes de que nos arrepintiésemos. Consideremos también
El Deseado de Todas la Gentes,
p. 615:
"A la muerte de Cristo debemos aún esta vida terrenal. El pan que comemos
[¿quienes, sino "todos los hombres"?] ha sido comprado por su cuerpo
quebrantado. El agua que bebemos ha sido comprada por su sangre derramada.
Nadie, santo o pecador, come su alimento diario sin ser nutrido por el
cuerpo y la sangre de Cristo. La cruz del Calvario está estampada en cada
pan".
Poco tiempo después de haber escrito esas célebres palabras, comentó de
una forma quizá aún más enérgica la realidad de la justificación legal
universal:
Toda bendición ha de venir a través de un Mediador. Todo miembro de la
familia humana es dado enteramente en las manos de Cristo, y todo cuanto
poseemos sea el don del dinero, casas, tierras, el poder de la razón o la
fortaleza física, los talentos intelectuales en esta vida y las
bendiciones de la vida futura, se nos dan en posesión como tesoros de Dios
para ser fielmente dedicados en beneficio del hombre. Todo don está
estampado con la cruz, y lleva la imagen y sobrescrito de Jesucristo.
Todas las cosas vienen de Dios. Desde las más insignificantes bendiciones
hasta las mayores de ellas, fluyen todas por un Canal: una mediación
sobrehumana asperjada por la sangre de un valor inconmensurable, ya que
fue la vida de Dios en su Hijo
(MS, 36, 1890; The Ellen G. White 1888 Materials,
p. 814).
Veamos ahora
Mensajes Selectos, Tomo 2, p. 402:
"Se apoderó del mundo sobre el que Satanás pretendía presidir como en su
legítimo territorio. En la obra admirable de dar su vida, Cristo restauró
a toda la raza humana al favor de Dios".
Hay más: "Jesús, el Redentor del mundo, se interpone entre Satanás y toda
alma… Los pecados de cada uno que haya vivido sobre la tierra fueron
puestos sobre Cristo, testificando del hecho de que nadie tiene por qué
ser vencido en el conflicto con Satanás"
(Review and Herald,
23 mayo 1899).
"La sangre propiciatoria de Cristo impidió que el pecador recibiese el
pleno castigo de su culpa"
(El Conflicto de los Siglos,
p. 687).
Elena de White dijo que los que vinieron de Jerusalén a Antioquía para
oponerse a Pablo, rehusaban creer que Cristo murió por "el mundo entero",
justificando así legalmente a "todos los hombres"
(Sketches From the Life of Paul,
p. 121).
"Todos los hombres" morirían en un instante si hubiesen de llevar la
verdadera culpabilidad de sus pecados. Tal habría sido la suerte de Adán y
Eva en el jardín del Edén, de no haber existido un "Cordero que fue muerto
desde la creación del mundo" (Apoc.13:8). Eso es lo que Pablo quiere decir
al declarar que "vino a todos los hombres la justificación que da vida" (Rom.
5:18). Elena de White así lo creía.
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