I

 
   

El Cantar de los Cantares y el Mensaje a Laodicea

   
 

 Por: Robert Wieland 

   
 

Hay una historia de amor oculta en el mensaje a Laodicea, que pocos en esta generación parecen apreciar. Pero investigadores escrupulosos y reverentes de las Escrituras las han tenido en cuenta durante siglos. De alguna forma, escapó a la consideración de nuestros pioneros, y nuestros ojos han estado demasiado  "cargados" como para prestarle atención.

En el original griego, Apoc. 3:20 viene a decir algo así como: 

“Mira, estoy de pie a la puerta y llamo (golpeando con la mano). Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a donde él y tendré estrecha relación con él”. 

Esa constituye una clara alusión a la historia del Cantar de los Cantares de Salomón, un libro que ha suscitado más situaciones embarazosas que dedicada atención y estudio. La fraseología empleada por Cristo es una cita directa y exacta de la Septuaginta, epi ten thuran, "a la puerta", tal como se encuentra en Cantares 5:2: "Yo dormía, pero mi corazón velaba: la voz de mi amado que llama a la puerta…" La expresión "a la puerta" no figura en el antiguo testamento en hebreo. Los editores del Comentario bíblico adventista evidentemente no consultaron la Septuaginta, que la iglesia primitiva utilizaba ampliamente, ya que afirman: "El Cantar de los Cantares no se cita en el Nuevo Testamento" (Tomo 3, pág. 1129). ¡Pero aquí aparece, en el mensaje a Laodicea, citada por nuestro propio Señor! Él mismo se refiere también a ese libro en Juan 7:38: "El que cree en mí, como dice la Escritura…", citando Cant. 4:12-16, único pasaje del Antiguo Testamento al que pudo haberse referido. Así, Cristo pone su sello de aprobación sobre el libro, y se identifica como su auténtico protagonista.

La protagonista debe ser, pues, la propia Laodicea. Y así es, efectivamente. La historia de ésta se refleja allí con claridad. Fue en 1888 cuando nuestro Señor "llamó", como amante divino, buscando entrada en el corazón de su futura esposa. La cita directa de la Septuaginta que Jesús hizo, constituye un comentario inspirado que nos indica que 'el mensaje a Laodicea debe comprenderse a la luz del libro de Cantares'... ¿Podemos ahora apreciar su divino fervor y anhelo por llevar consigo a su esposa? ¿Somos capaces de sentir cómo Cristo, el "amante", esperaba contra toda esperanza que ella respondiese?

   Pero Elena de White dijo más tarde, "El chasco de Jesús es indescriptible" (Review and Herald, 15-12-1904). Los Cantares de Salomón nos relatan lo que ocurrió, mejor que nuestros propios historiadores.  

Una Búsqueda Infructuosa

Habla la novia: “Yo dormía, pero mi corazón velaba: Y oí a mi amado que llamaba [a la puerta, LXX]: Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía; Porque mi cabeza está llena de rocío, mis cabellos de las gotas de la noche'. He quitado mi ropa; ¿cómo me he de vestir? He lavado mis pies; ¿cómo los he de ensuciar? Mi amado introdujo su mano por la ventanilla, y mi corazón se conmovió dentro de mí. Me levanté para abrir a mi amado, y mis manos y mis dedos gotearon mirra, mirra que corría sobre el pasador de la puerta. Abrí, pero mi amado se había ido, había ya pasado, y tras su hablar salió mi corazón. Lo busqué, y no lo hallé. Lo llamé, y no respondió” (Cant. 5:2-6).

El resto del capítulo describe muy adecuadamente el implacable devenir de los sucesivos años de nuestra historia. Todo ello es bien conocido por el universo celestial; sola-mente nosotros hemos caído en la ceguera y en la patética confusión, en la búsqueda de Aquel que tan trágicamente despreciamos:

“Me hallaron los guardas que rondan la ciudad. Me golpearon e hirieron, me quitaron mi manto de encima, los guardas de la muralla. Os conjuro, doncellas de Jerusalén, si halláis a mi amado, que le hagáis saber que estoy enferma de amor (vers. 7, 8)

¿Qué significa, "enferma de amor"? La palabra hebrea no da la idea de lo que hoy entendemos por el "mal de amores", sino que se refiere a la enfermedad, a la debilidad. El término se utiliza en toda otra ocasión, en ese último sentido (en el resto del Antiguo Testamento). ¿Qué significa el versículo siguiente?  

Los Encantos del Amante Perdido

“¿En qué es mejor tu amado que otro amado, oh, la más hermosa de todas las mujeres? ¿En qué tu amado es más que otro amado, que así nos conjuras?” (ver. 9). 

En la Septuaginta, llama la atención otra expresión empleada en el libro de Cantares. Las otras mujeres han solicitado a la heroína que les explique por qué  su amante es tan "diferente" de todos los demás (el más señalado entre diez mil, vers. 10). En los versículos 10 al 16 expresa poéticamente sus excelencias, y concluye diciendo: "Tal es mi amado, tal es mi amigo, oh doncellas de Jerusalén". La palabra traducida por "amigo" es plesion, que en griego significa "aquel que está cercano a" (Juan 4:5). ¿Qué  es lo destacable o distintivo sobre Cristo, que hace que lo amemos y proclamemos al mundo? Elena de White dijo del mensaje de 1888: 

“El sábado por la tarde fueron tocados muchos corazones, y muchas almas se alimentaron con el pan que viene del cielo… Sentimos [ella, Jones y Waggoner] la necesidad de presentar a Cristo como al Salvador que no estaba alejado, sino cercano, a la mano” (Review and Herald, 5 marzo1889). 

Es una clara alusión a la cristología que Jones y Waggoner presentaron, que lo hicieron "cercano", que trajeron realmente cerca a Cristo, como nuestro "pariente más próximo", aquel que vino "en semejanza de carne de pecado", "tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado". En la Septuaginta hay también una relación con Zacarías 12:10. El lector recordará la tierna descripción que hace el pasaje, acerca de la estrecha simpatía que el pueblo de Dios aprenderá a sentir por Cristo cuando se dé cuenta de que él es aquel a quien han "traspasado". La versión Reina Valera traduce "llorarán sobre mí, como se llora por unigénito. Se afligirán sobre mí como quien se aflige por primogénito", pero la Septuaginta traduce, "llorarán por él, como por el amado", precisamente la palabra empleada en el Cantar de los Cantares.

Obsérvese la forma en la que Elena de White relaciona claramente la fraseología del libro de Cantares con el fruto del mensaje de 1888: 

 “La vida cristiana, que antes les había parecido [a los jóvenes] indeseable y llena de in-consistencias, apareció ahora en su verdadera luz, en destacada simetría y belleza. Aquel que les había parecido antes como raíz de tierra seca, sin parecer ni hermosura, se convirtió ahora en el señalado entre diez mil [Cantares 5:10], y todo él deseable. (Id., 12-2-1889). 

Es en verdad una historia de amor, la más impresionante que jamás haya sido descrita. Está impregnada de la misma esperanza de reconciliación final que el mensaje a Laodicea.

Es una esperanza digna de morir por ella, y de vivir por ella. El que nuestras pobres almas sean finalmente salvadas, lleguemos al cielo y se nos recompense, eso no es lo importante. Lo que es importante es que el tan chasqueado Amante y Esposo reciba su recompensa, que él reciba por fin su esposa, una iglesia capaz de apreciarlo verdaderamente de corazón. 

 
 

 Cortesía de: www.libros1888.com

 
 

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I

 
   

Lo Básico de la Posición de Wieland y Short

   
 

Por:  C. Mervyn Maxwell

   
 

         En 1973 Robert H. Pierson, presidente de la Asociación General, convocó una comisión had hoc para discutir el impacto perturbador del manuscrito "1888 Re-examinado" editado por Robert J. Wieland y Donald K. Short. Acababa de publicarse la obra monumental del Dr. Leroy Edwin Froom sobre "1888" (Movement of Destiny), en la que promovía una visión diametralmente opuesta. Se había hecho necesario resolver aquella tensión, y el presidente actuó en sincera búsqueda de la verdad y la paz. Pero la inmensa mayoría de los miembros de aquella comisión se opusieron al manuscrito. La idea del "arrepentimiento denominacional" era ajena a su pensamiento.

Los autores del manuscrito obtuvieron cierto respaldo de parte del Dr. C. Mervyn Maxwell, profesor de Historia de la Iglesia en la universidad Andrews (y miembro de aquella comisión). Cierta noche, durante las semanas en que se desenvolvieron las reuniones, se despertó hacia las 4 de la madrugada y escribió este documento en un intento de presentar ante sus colegas los asuntos suscitados en el manuscrito, en un lenguaje que ellos pudieran entender mejor.

El esfuerzo de Maxwell no ganó el soporte de la Asociación General, pero tuvo éxito de alguna forma en moderar la intensidad de las censuras de Froom. Quienes estén interesados en conocer la historia encontrarán interesante la lectura de ese documento escrito por el Dr. Maxwell que reproducimos a continuación literalmente, y de forma íntegra.

A. Premisas básicas

1. Los pastores Wieland y Short creen que en 1888 y en los años siguientes, Dios extendió su brazo de una forma especial para traer a su iglesia remanente el gozo y el poder de la lluvia tardía y el fuerte pregón. (A lo largo de la historia ha habido varios momentos especiales en los que la tierra parecía estar en una disposición extraordinaria para la obra de Dios. El período de la vida de Cristo en esta tierra, el tiempo de la Reforma, el despertar Adventista y el anuncio del mensaje de Laodicea en los años 1850 parecen haber sido otros de esos momentos especiales). Fue un tiempo de especial oportunidad para la iglesia.

2. Una forma inicial en la que Dios obró a fin de traer la lluvia tardía y el fuerte pregón, al inicio de ese período especial, fue mediante el mensaje presentado por los pastores A.T. Jones y E.J. Waggoner en la Asamblea de la Asociación General de Minneapolis, en 1888. Wieland y Short reconocen cómo Ellen White y el pastor James White habían estado presentando la esencia de ese mensaje durante décadas, pero tuvo lugar un significativo avance cuando por primera vez se oyeron voces distintas a las de ellos proclamándolo. El interés manifestado por la iglesia durante los años subsiguientes, en los que se organizaron institutos ministeriales, es también un indicador de la importancia singular de aquel período.

3. El mensaje especial que vino en aquella ocasión, consistió en la justicia por la fe, en su contexto singularmente adventista. Era "los encantos incomparables de Cristo" vistos, no sólo a través de la cruz, sino también del santuario y el sábado, en relación con nuestra necesidad como pecadores. La inspiración lo calificó como "un mensaje preciosísimo", la justificación por la fe, el mensaje del tercer ángel en verdad, y afirmó que destacaba a Cristo como a nuestro Garante, y presentaba la justicia de Cristo que se revela en la obediencia a todos los mandamientos de Dios.

4. Dado que se trataba de un mensaje especial de Dios, para un tiempo especial, cuando Dios se dispuso a ofrecer de una forma especial la lluvia tardía a su iglesia, Wieland y Short creen que si la respuesta a este mensaje en 1888 y los años inmediatamente subsiguientes hubiese sido la que debió haber sido, se habría derramado la lluvia tardía y se habría proclamado el fuerte pregón en un período muy breve de tiempo.

5. Es su convicción que algo fue mal. Verdaderamente, puesto que la oportunidad era tan grande, y que Dios estaba tan anhelante por otorgar la lluvia tardía, creen que lo que fue mal, fue terriblemente mal. ¿En qué se basan para creer tal cosa? Dejando a parte por un momento todos los informes escritos por los historiadores, incluso por los testigos presenciales, y hasta incluso por la propia Ellen White, señalan que la prueba irrefutable de que algo fue mal, es que la lluvia tardía, ofrecida de una forma tan evidente, no se recibió.

6. Puesto que no cabe atribuirle a Dios el fallo, concluyen que fue el pueblo adventista el que falló. Dicho fallo consistió en la respuesta defectuosa de nuestro movimiento frente a la oportunidad puesta ante él.

7. Ese fallo -creen Wieland y Short- consistió en el fracaso en entronizar adecuadamente en el santuario interior del corazón el verdadero significado de la justicia por la fe. Para ellos resulta irrelevante si pocos, algunos o muchos aceptaron la justicia por la fe como una doctrina. Asumen esperanzadamente que muchos resultaron beneficiados mediante su asentimiento a la doctrina, y que algunos pudieron resultar transformados por ella al punto de estar individualmente preparados para la traslación. Pero la lluvia tardía no descendió sobre el pueblo como un todo. El fuerte pregón no se consumó. Por lo tanto, es su convicción que al margen de cuál fuera la aceptación intelectual y espiritual de la justicia por la fe en aquel tiempo, la aceptación en la experiencia interior de las vidas no fue lo que debió ser.

8. Tienen la convicción de que toda esa historia tiene hoy una importancia vital para la iglesia, puesto que creen que a menos que la conozcamos y reaccionemos ante ella de la forma en que debemos hacerlo, también nosotros dejaremos de recibir la lluvia tardía. Del lado positivo, creen que si conocemos y reaccionamos a nuestra historia como debemos, podemos avanzar rápidamente en preparación plena para la lluvia tardía y el fuerte pregón.

B. Historia

1. Justicia por la fe. A partir de nuestra historia Wieland y Short quieren primeramente que conozcamos y reaccionemos a la PARTE BUENA. Creen que en los polvorientos volúmenes de Review and Herald y General Conference Bulletin, así como también en libros y folletos, deben encontrarse cosas gloriosas sobre Cristo y su justicia, escritas por Waggoner y Jones. Creen además que si fueran juiciosamente publicadas, arrojarían preciosa luz sobre los escritos de Ellen White, y reavivarían los aspectos singulares de la justicia por la fe a la luz del sábado y del santuario, que tan vitales son en la preparación para la lluvia tardía y para la traslación.

Meramente poner en circulación esas obras, o incluso proclamar además su contenido, podría fracasar en traer la lluvia tardía. Ni siquiera el creer el contenido sería suficiente. Un núcleo significativo de nuestro pueblo debiera resultar persuadido –en parte por el ejemplo de nuestros dirigentes- a fin de llevar el verdadero mensaje de la justicia por la fe de forma efectiva a sus propias vidas. Debieran ser cambiados por dicho mensaje. Entonces, y sólo entonces, podría derramarse la lluvia tardía.

2. Arrepentimiento corporativo. Eso nos lleva a la PARTE MALA de nuestra historia, que Wieland y Short quieren que conozcamos, reaccionando a ella. Wieland y Short no están interesados en saber acerca de los pecados de nuestros dirigentes con el fin de acusarlos, o de publicarlos al mundo. Creen que los pecados de nuestro pueblo en los años 1888 al 1901 deben ser hoy conocidos a fin de que podamos descubrir dónde estamos cometiendo el mismo tipo de pecados. Todos nos sabemos pecadores. Nos arrepentimos y pedimos perdón diariamente. Pero la lluvia tardía no desciende. ¿Por qué? Wieland y Short piensan que una de las razones es porque nuestra implicación en el pecado es mucho mayor de lo que pensamos. Somos inconscientes de cuán pecaminosos somos en realidad. Por consiguiente creen que sería útil, en términos pastorales prácticos, como forma de remediar nuestra situación actual, el descubrir nuestros propios pecados reconociéndolos en nuestro pueblo, en los años 1890. Incluso si se volviera a enseñar en toda su singularidad la justicia por la fe, no cumpliría hoy más que una obra parcial, tal como hizo en la década de 1890, a menos que abandonemos ahora la misma clase de pecados que nuestros antecesores cometieron entonces.

Es su convicción que un ejercicio como ese habría de conducir, y conduciría a un profundo arrepentimiento, no sólo por los pecados que estamos cometiendo, sino por aquellos que estamos inclinados a cometer.

Un ejemplo: Al mirar a los años 1890 vemos a un dedicado e infatigable presidente de la Asociación General rehusando patéticamente el llamamiento hecho por Ellen White a que se separase de sus impíos consejeros. Si al conocer eso nos decimos: ‘¿Y qué? ¡Qué otra cosa podía hacer el pobre hombre!’, estaríamos excusando su pecado, y eso jamás sería la solución. Debiéramos más bien decir: ‘¡Un momento!, ¿Acaso no estoy yo haciendo lo mismo? ¿No estoy también yo racionalizando mi rechazo a los Testimonios? ¡Oh, Dios mío, estoy haciendo en mi situación lo mismo que él hizo en la suya! No soy mejor que él, si bien pensaba que lo era. Estoy hecho de su misma sustancia. Señor, me arrepiento. Perdóname’.

¿Por qué cuestionan Wieland y Short la cualidad de las confesiones hechas a principio de los años 1890, de las que informa el libro del pastor Olsen? [A.V. Olsen, Through Crisis to Victory, Review and Herald, 1962 –incluimos esta cita para la información del lector, aunque no forma parte del manuscrito original-]. Por ejemplo, ¿por qué cuestionan la confesión de Uriah Smith? Fue muy sincera, y así lo reconocen ellos llanamente. No sólo pidió disculpas a Ellen White, Jones y Waggoner en una reunión privada, sino que además lo confesó en dos ocasiones a toda la congregación de Battle Creek. También otros confesaron con sinceridad. Eso satisfizo a Ellen White. Satisfizo a Dios. Pero tal como Wieland y Short interpretan los datos, Ellen White tuvo posteriormente la impresión de que no se hubiese hecho para nada confesión. ¿Cómo es posible? Era un tiempo de inmensa y final oportunidad escatológica, y esas confesiones, si bien sinceras en todo sentido, según los cánones ordinarios, no estuvieron a la altura del momento. Después de su confesión Smith volvió a caer. Es cierto, seguía siendo un pecador, y la lluvia tardía no puede descender hasta tanto nos tengamos como vencedores, victoriosos sobre todos nuestros pecados.

¡Cuántas cosas nos enseña eso! Confesamos. Somos sinceros. Pero continuamos pecando. Seguimos siendo pecadores y la lluvia tardía no desciende. La experiencia de Smith nos enseña que también nosotros hemos de hacer mucho, mucho más. ¡Cuán trágico sería que reimprimiéramos los escritos de Jones y Waggoner, que predicáramos la verdadera justicia por la fe, que nuestros dirigentes nos mostraran nuestros pecados y nos arrepintiéramos sinceramente de ellos durante todo un sábado, toda una semana, o durante dos o tres semanas, y aún así no descendiera la lluvia tardía! Hemos de arrepentirnos profundamente a fin de ser debidamente transformados.

“Cuando el pueblo de Dios se separe de la iniquidad tan plenamente como para permitir que la luz del cielo repose sobre ellos abundantemente, y brille desde ellos al mundo, entonces se cumplirá, aún más plenamente de lo que se cumplió en el pasado, la profecía de Isaías… ‘Vendrán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu amanecer’ (Isa. 60:3)” (EGW, RH, 31 marzo 1910).

 
 

 Cortesía de: www.libros1888.com

 
 

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