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El Mensaje de 1888

 

¿Tu Responsabilidad? 

   
 

Por: Héctor A. Delgado 

   
 

Nota: Los siguientes comentarios son artículos de una pequeña revista que actualmente no está en publicación (Mensaje al Remanente). Lo hemos colocados aquí por su importancia para todo investigador sincero del “más precioso mensaje” de todos los tiempos.

- Número I -
 
Cada vez que compartimos con la iglesia las Buenas Nuevas del Evangelio como están contenidas en el  mensaje de 1888, nos damos cuenta la forma maravillosa en la que les impacta. Algunos, hasta manifiestan que nunca en su vida habían oído hablar de estos temas del Evangelio Eterno con un énfasis tal. Esto es así porque este “precioso mensaje” promueve seguridad de salvación y libertad del pecado en todos sus aspectos.
Cada vez que logramos palpar la decreciente experiencia espiritual del pueblo de Dios y su falta de preparación para la “crisis final” nos conmovemos por la urgente necesidad que existe de que el Evangelio Eterno sea restaurado a su pureza original. Necesitamos el mensaje que el Señor nos envió en 1888. Solo él puede crear un reavivamiento y una reforma verdadera en las filas del pueblo remanente, pues es un mensaje de “gracia abundante”.
Los años que tenemos escuchando una falsa justicia por fe, han hecho decaer el ánimo del pueblo de Dios. Súmele a esto, el mal enfoque que se ha venido haciendo de doctrinas tales como la Ley de Dios, el sábado, el juicio investigador, el Santuario y otras. Puede verse que el mal creado no es fácil de extirpar. Pero el mensaje de 1888, arraigado fuertemente en la eficiencia de la cruz de Cristo logrará hacer la obra que Dios le asignó que hiciera.
Muchos de los hijos de Dios no ven belleza alguna en este precioso mensaje y lo ven como sospechoso, pues suena como algo nuevo en sus oídos. Otros están sumidos en una forma sutil de legalismo o en el lado desesperante de la indiferencia religiosa. Esto los ha hundido en una “patética incredulidad”.
Movidos por el deseo de mejorar y desesperados porque ningún plan parece funcionar, se asume que el “pecador debe ser presionado para que acepte a Cristo, usualmente usan-do una motivación egocéntrica; como por ejemplo: esperanza de recompensa o temor por el castigo. ‘Apelación de ventas’ es típica: ‘¿qué hay para mi en todo esto?’”.1
Y todo esto por haber abandonado la esencia del mensaje de la cruz. Pero en la opinión de los que estudian el contenido del mensaje de 1888  “todo uso de presión, mañas o temor como motivación,... [evidencia] la falta de un contenido evangélico en el mensaje. Una vez que la verdad es revelada en amor, nada puede detener como el buscador de la verdad responde a este amor:.2
Dios nos juzgará por emplear métodos evangelísticos que traicionan deliberadamente la verdad del mensaje de la cruz. Y también nos tendrá por responsables por no tener disposición para investigar la luz que en “su misericordia” nos envió a través de los pastores Waggoner y Jones en 1888.
Creemos que es sumamente importante que te animes a investigar este “precioso mensaje” en el tiempo de gracia que el Señor está concediendo. Es con este mensaje y no otro que el Señor iluminará toda la tierra con la gloria de su amor abnegado (Apoc. 18:1).
 
Referencias:
1- La Comparación Basada en la Justificación por la Fe, p. 2.
2- Ibíd.

- Número II -
 
La opinión popular sobre el mensaje de 1888 es que “como pueblo y particularmente como ministros, comprendemos correctamente la Justificación por la Fe. Lo que necesitamos es más obras. ‘Olvidémonos de 1888 y trabajemos más duro’”.
Pero en la opinión de los que estudian el contenido del mensaje de 1888 es que “especialmente en este respecto, somos ‘desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos’. Ningún  programa de trabajo puede terminar el trabajo de Dios... Necesitamos el mensaje de 1888 que Él nos envió”.
Si este mensaje no es relevante para nuestro tiempo, puede preguntarse ¿Con qué propósito envió el Señor este mensaje en el pasado? Si otro mensaje puede hacer el movimiento de reavivamiento y reforma que esperamos, ¿por qué no nos fue enviado desde hace mucho?
Basta leer un poco lo relacionado al tema del Congreso de 1888 para darse cuenta que lo sucedido en ese año marcó un hito en nuestra historia como iglesia. Lástima que de ese episodio se diga que fue “uno de los capítulos más tristes en la historia de los creyentes en la verdad presente”. Con todo, ese “precioso mensaje” de Cristo y su justicia sigue siendo la “verdad presente”, el “mensaje del tercer ángel en verdad”. Y el conocimiento de esto, debe bastar para movernos a investigar más a fondo el asunto.
Muchos han dado por sentado que es fácil determinar lo que Waggoner y Jones enseñaron sobre la justicia de Cristo, pero los años de estudios que tenemos investigando este tema, nos han demostrado que no es así.  Podemos decir, que entrar en el terreno del mensaje de 1888 es en realidad algo “preciosísimo”. Fortalece la fe y da aliento al espíritu abatido. Es en verdad “un mensaje de gracia abundante”.
Sólo resta que entiendas que es tu gran responsabilidad investigar a fondo el contenido de este mensaje. De seguro que serás recompensado con poder de lo alto para salir al encuentro de tu Dios.
 

 
- Número III -
 
“No tenemos nada que temer en lo futuro  - dijo Elena de White -, excepto que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido y sus enseñanzas en nuestra historia pasada”.1
Esta cita forma parte del “último mensaje directo de la Sra. Elena G. de White a la iglesia”.2  Y es sumamente claro que nosotros, como pueblo, “no tenemos nada que temer en lo futuro”. Pero, ¿usted notó cómo dice la última parte de la cita? “Excepto  que olvidemos” dos cosas: 1) “la manera en que el Señor nos ha conducido” y 2) “sus enseñanzas en nuestra historia pasada”.
Cualquier persona que haya estado leyendo estas informaciones desde que se inició, habrá notado el alto  valor que le hemos venido dando a nuestra historia pasada como iglesia, de manera especial a lo sucedido en el año 1888.
Nosotros creemos lo que dice esta cita y tomamos muy en serio el hecho de que la única manera de temer al futuro es si olvidamos los dos puntos enumerados anteriormente. Recordar constantemente la “forma en la que el Señor nos ha conducido” y “sus enseñanzas en nuestra historia pasada” es reconfortante.
Creemos firmemente que “la misteriosa historia” de Minneapolis es un tema de continuo estudio y reflexión. Sabemos además que es sumamente peligroso penetrar en el pasado, pues podemos tomar cosas erróneas y presentarlas como verdad, errores que en el andar en la luz creciente del mensaje del tercer ángel han sido descartados. Con todo, el mensaje de 1888 presentado a este pueblo a través de los pastores Waggoner y Jones ha de continuar siendo motivo de análisis por parte de nosotros.
No podemos negar que a pesar de las cosas negativas que pudieron sucederse en el Congreso de Minneapolis, también encontramos cosas positivas. Pero, como estamos tratando de no repetir los mismos errores del pasado, necesitamos repasar constantemente algunos incidentes relacionados con dicho Congreso.
Necesitamos urgentemente la restauración del “precioso  mensaje”  de 1888 en la vida de los creyentes en “la verdad presente”. Como el mensaje de la “justicia de Cristo” es un mensaje de “gracia abundante” que se “manifiesta en la obediencia de todos los Mandamientos de Dios”,3 debe ser comprendido y proclamado a toda “nación, tribu, lengua y pueblo” (Apoc. 14:6-7). Esta es la gloria de Dios que “iluminará toda la Tierra con su gloria” (Apoc. 18:1).
 
Un Ejemplo del Pasado
Algunas de las cosas negativas que Elena de White declaró del Congreso de Minneapolis es que ese episodio en la historia del pueblo de Dios fue para ella “la historia más triste” y “la prueba más dolorosa” de su vida.4
La revista Ministerio de 1988 nos informa también que el Congreso de Minneapolis fue el “único” que se ha “caracterizado por una rebelión abierta contra Elena de White por parte de un gran número de nuestros pastores”.5
La impresión que Elena de White se llevó de este Congreso fue tan negativa que “hasta llegó a pensar si acaso Dios no tendría que levantar un nuevo movimiento”.6 ¡Claro, posteriormente ella vertió declaraciones más positivas! Como la que citamos al principio de nuestro artículo.
En el Congreso se habían formado dos grupos: Uno dirigido por Butler y Smith (siendo el primero presidente la Asociación General y el segundo director de la Review and Herald). Y el otro grupo estaba dirigido  por Waggoner y Jones (el primero profesor de Biblia en el Colegio Healdsburgs y director asociado de la revista Sings of de Times; y el segundo coeditor de la misma revista).
Los seguidores de Butler y Smith  tenían “sospechas acerca de Elena de White” por la amistad que existía entre W. C. White y Waggoner y Jones. Y cuando la Hna. White apoyó fervientemente el mensaje de ellos la gente de Butler y Smith quedaron convencidos de la supuesta “conspiración”.7
Esta fue una de las razón es por la que Elena de White dijo que el camino seguido por Butler, Smith y su gente “era un insulto al Espíritu de Dios”.8
Otro motivo  muy importante de divergencia en el Congreso que se puede mencionar es que “muchos” no investigaban por sí mismos la Biblia para ver si lo que estaban rechazando era o no el mensaje de Dios. Y se conformaron con  seguir el testimonio de los hombres, y así rechazaron la luz que Dios quería darle.
 
¡Cuidado! El Peligro Permanece
Como ya notamos, “no tenemos nada que temer” en el presente ni en “lo futuro, excepto que olvidemos” principalmente las “enseñanzas” de Dios “en nuestra historia pasada”. Este consejo inspirado debiera ser tomado en cuenta ahora más que nunca, porque vivimos en un tiempo saturado por la indiferencia al mensaje de la justicia de Cristo. En una época en la que se habla y enfatiza  de todo menos el Evangelio.
El enfoque desequilibrado de los acontecimientos finales y la mala presentación de algunas de nuestras principales doctrinas están robando el gozo y la seguridad de la salvación a nuestra iglesia. Esto impide que se realice un trabajo misionero efectivo por parte de los miembros de la iglesia. Lo que se procura obtener con motivaciones egocéntricas y mal orientadas.
Hay una verdad para ser predicada en el centro de toda doctrina adventista y es la cruz de Cristo; y sin un entendimiento equilibrado de la misma, ninguna predicación será efectiva. Lamentamos que muchos no puedan ver ningún atractivo en el “precioso mensaje” de 1888.  Como resultado, los discursos presentados a la iglesia son “áridos” y “mera charla” que no hacen más que  sumar desánimo.
La historia es testigo de que en el pasado  aun hombres que ocupaban puestos de importancia en la obra se opusieron al mensaje. Y el Espíritu de Profecía nos advierte que en el tiempo cuando este mensaje empiece a ser restaurado otra vez, volverá haber oposición. Veamos:
 
“La luz que alumbrará a la Tierra con su gloria será llamada falsa luz, por aquellos que rehúsen andar en su gloria ascendente”.9
 
“En la manifestación del poder que iluminará la tierra con la gloria de Dios, ellos (los que hayan sido cegados por Satanás) sólo verán algo que en su ceguera considerarán peligroso, algo que despertará sus temores y se unirán firmemente para resistirlo”.10
 
No repitamos el error de llamar “error” lo que nos parece nuevo y lo que no entendemos. Investiguemos la luz que se nos presenta y veamos si es de Dios o no.
Y que Dios nos  libre de ser de aquellos que llamarán “falsa luz” al mensaje de la justicia de Cristo, el cual en su “luz ascendente” llega hasta nosotros hoy.
 
 Referencias:
1- Joyas de los Testimonios, tomo 3, p. 443.
2- Ibíd.,
3- Testimonio Para los Ministros, p. 92.
4- Manuscrito 21 y 30, 1888.
5- Ministerio  Adventista, p. 5, 1988. 
6- Ibíd., p. 3.
7- Ibíd., p. 8.
8- Carta 14, 1889.
9- Review and  Herald,  27-5-1890.
10- Ibíd., 23-12-1890, Citado en Su Amigo el Espíritu  Santo, p. 108.

 
- Número IV -
 
¿Conoce Ud. a alguien que dice creer un determinado mensaje y nunca lo escucha promoverlo por la prédica o la pluma? ¿No? ¡Yo si! Por experiencia sé que es muy penoso conocer a alguien así. Este tipo de persona es la que el apóstol Santiago menciona en su carta cuando dice: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la  fe salvarle?” (Sant. 2:14-26). Siempre ha existido; y existirá una clase de persona que sólo da un asentimiento intelectual a la verdad.
Los años que siguieron al Congreso de Minneapolis fueron testigos de esta clase de problemática. Como se sabe el Pr. G. I. Butler (presidente de la Asociación General en el año de 1888) y Uriah Smith (quien “había estado en la Review desde los primeros años de la década de los 50”).1 fueron los más acérrimos oponentes del mensaje de Justificación por Fe que presentaron Waggoner y Jones.
El Pr. Butler se veía a sí mismo no sólo como “un líder que debía gobernar desde la cima, sino también como un fiel guardián teológico para la denominación”.2 Resulta penoso saber que ya casi al final de una sección de 1888, Elena de White dijo que Butler “había estado en el cargo tres años de más y ahora su sumisión y humildad se había apartado de él. Él piensa que su cargo le da tal poder, que su voz es infalible”.3
Según observa Robert W. Olson “no sorprende quizá que tanto Jones como Waggoner más tarde se volvieran contra el concepto denominacional y especialmente el sistema presidencial”.4
En cuanto a Uriah Smith, hoy se sabe que en muchas cosas “tenía las mismas ideas que Butler”, y que al igual que este se consideraba “como guardián de la teología ortodoxa”. En una ocasión manifestó que después de “mucho estudio, y años de observación en el trabajo” él no estaba preparado para “pasarse al otro bando (el de Waggoner y Jones) por las sugestiones de cada novicio”.5
Todo esto es triste y muy penoso. Esta actitud y las “opiniones preconcebidas” según expresó Elena de White “fue la principal base de la oposición manifestada en Minneapolis contra el mensaje del Señor... Suscitando esta oposición, Satanás tuvo éxito en impedir que fluyera hacia nuestros hermanos, en gran medida, el poder especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirle. El enemigo les impidió que obtuvieran esa eficiencia que pudiera haber sido suya para llevar la verdad al mundo, tal como los apóstoles la proclamaron después del día de Pentecostés. Fue resistida la luz que ha de alumbrar la Tierra con Su gloria, y en gran medida ha sido mantenida lejos del mundo por el proceder de nuestros propios hermanos”.6
En enero de 1891 Smith confesó en una reunión con la Sra. White y algunos dirigentes “muchos de sus errores cometidos en Minneapolis”. Después, en 1892 le siguió J. H. Marison, “quien había representado a Butler” en Minneapolis como el “principal portavoz de los tradicionalistas en el asunto de Gálatas”.
Y el último de “los tres líderes que estuvieron en contra del equipo White-Waggoner-Jones en confesar su error sobre la Justificación por la Fe” fue Butler. Él advirtió que... ‘respetaba libremente’ lo que antes había previamente resistido”.
Pero, ¿fue real el arrepentimiento de estos líderes? o ¿dieron ellos solo un asentamiento intelectual al mensaje de 1888 de justicia por fe?
Arnold V. Wallencampf observa que “el apoyo de Uriah Smith al mensaje de 1888 no fue completo ni sincero. Vaciló. Su biógrafo, Eugene Durand, dice que a pesar del arrepentimiento de Smith y la confesión  de su actitud equivocada y su posición contraria en el Congreso de Minneapolis, todavía tenía ‘la misma posición’”.7
La revista Ministerio Adventista del año 1988 en la pág. 19 reconoce que con el tema de la Ley en Gálatas tanto Butler como Smith “tuvieron dificultades... hasta su muerte”.
Ahora, detengámonos aquí. Todo lo que hemos analizado hasta ahora es historia, pero en la actualidad, ¿qué tipo de apoyo le estás dando al mensaje de la justicia de Cristo y la Justificación por la Fe? ¿Reflejan tus temas o escritos este “preciosísimo mensaje” o solamente le das un asentimiento intelectual como muchos otros?
Creo, que si Dios te ha dado la oportunidad de relacionarte con este “precioso mensaje” estás en el deber de proclamarlo a un mundo que perece en el pecado. Y creo también, que si has estado leyendo esta publicación desde sus comienzos, habrás descubierto que sí, el mensaje de 1888 es tú responsabilidad.
Démosle la oportunidad a estas Buenas Nuevas en nuestros corazones.
 
Referencias:
1- Olson, Ministerio Adventista, p. 14 (1988).
2- Ibíd., pp. 14-15.
3) Ibíd., pp. 15.
4- Ibíd.,
5- Ibíd.
6- White, Carta 96, 1896.
7- Wallencampf, Lo que Todo Adventista Debería Saber Sobre 1888,  p. 63. 
 

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