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Hay una razón importante por la que la Asociación General reaccionó como
lo hizo a nuestro llamado de 1950 para que publicara una antología de los
escritos de A.T. Jones y E.J. Waggoner, lo que se conoce como "el mensaje
de 1888". Si se comprende más claramente la posición de la Asociación
General en aquel contexto, será posible disminuir la tensión y facilitar
la comprensión mutua. El Señor quiere que estemos en armonía.
"1888 Re-examinado" contenía un llamado a hacer dos cosas: (1) Que se
permitiera a la iglesia conocer cuál era realmente el mensaje de 1888 en
las palabras de los que fueron sus "mensajeros": Jones y Waggoner; y (2)
Que se permitiera el acceso a los materiales no disponibles de E. White al
respecto, de forma que se le diera libertad para expresar en sus propias
palabras la manera en que fue recibido el "preciosísimo mensaje". Treinta
y ocho años después White Estate puso a disposición y publicó todo lo que
E. White había escrito sobre "1888", lo que ocupa un libro de 1821 páginas
en cuatro volúmenes.
Muchos han deplorado la actitud de la Asociación General ante aquel
llamamiento. Quizá el presente artículo pueda ayudar a mitigar ese
sentimiento. El lector podrá fácilmente apreciar que, de haberse
encontrado en la piel de uno de aquellos hermanos en su momento, muy
probablemente, en vista de las evidencias disponibles por entonces, no
habría tenido más remedio que reaccionar negativamente, tal como hizo la
Asociación General.
Es necesario tener presente nuestra relación con el pastor Arthur L. White,
nieto de E. White e hijo de William C. White. En razón de sus lazos
familiares y de su herencia espiritual, en los años 50 su juicio era
tenido en la más alta estima. Si bien nadie consideraba al pastor Arthur
White como a un profeta inspirado, se asumía con toda razón que el
conocimiento que él tenía de lo que había escrito su abuela no tenía
parangón. Disfrutaba de libre acceso a la Cripta [lugar en el que se
conservaba todo el material escrito por E. White pendiente de
publicación].
En diciembre de 1949 presencié la enseñanza de opiniones enfrentadas sobre
"1888" en el Seminario Teológico, por entonces situado en Washington DC.
Acudí entonces al Departamento E.G. White (por entonces situado en el
sótano de las oficinas de la Asociación General) con esta petición:
¿Podría ver por mí mismo lo que ella dijo sobre el controvertido tema de
"1888"? "No. No se lo podemos permitir" -me dijo el pastor D.E. Robinson-
"Se trata de un asunto muy sensible".
No desistí de inmediato. Le dije quién era: un misionero en viaje de
permiso, presidente de la Misión de Uganda, que conocía a su hijo Virgil,
quien era miembro, como yo, del Comité de la Unión de África del Este,
etc. Entonces accedió (el pastor Arthur White se encontraba por entonces
en Sur-América). El pastor Robinson me trajo entonces un archivo
conteniendo cartas y manuscritos de E. White referidos sin ambages a
"1888".
Le pregunté si podía copiarlos. –"Sí, con tal que no los publique". No
tenía intención de hacerlo. Así, llevé mi máquina de escribir
transportable y estuve copiándolos hasta las 5 de la tarde. "¿Podría
llevármelo a casa esta noche y devolverlo mañana?" –"Oh no; pero puede
volver mañana y terminar".
Al día siguiente declinó volver a dejarme el archivo, pero no me pidió que
le retornara las copias que había hecho (vinieron a ser la base de gran
parte de lo que posteriormente escribiríamos en un documento privado
dirigido a la atención del Comité de la Asociación General: "1888
Re-examinado").
Me facilitó un archivo del texto mecanografiado de Testimonios para los
ministros, dándome permiso para copiarlo, pero yo tenía ya el libro.
Mientras caminaba bajo la luz de aquel sol invernal tomé la determinación
de que si el Señor me ayudaba, llegaría hasta el fondo de la cuestión.
En algún momento de 1958 (en otro viaje de permiso desde África) el pastor
Donald K. Short y yo visitamos al pastor White en su despacho. Lo único
que ocupaba su mesa era una copia de nuestro manuscrito ["1888
Re-examinado"]. Mientras pasaba una página tras otra, dijo: "No puedo
aceptar esto de ningún modo. Ustedes afirman que el mensaje de 1888 fue
rechazado, pero mi padre [el pastor W.C. White] me dijo que fue aceptado.
Hermanos, ustedes no estuvieron presentes en la Asamblea de Minneapolis en
1888, mientras que mi padre sí estuvo".
Donald
K. Short no replicó.
Se produjo un tenso silencio, que me sentí en necesidad de romper. Le
respondí (y eso es todo cuanto logro recordar): "Tenemos un gran respeto
por la memoria de su padre. Pero si existiera una diferencia entre lo que
dijo su padre y lo que dijo su abuela [E. White] respecto a 1888,
deberíamos aceptarla a ella como autoridad". No sé, después de todos los
años pasados, qué más pude haber dicho.
Años después fui invitado a dirigir una semana de oración en Pacific Press,
en Idaho. Cierto día estaba en el despacho del pastor Don Mansell (quien
había formado parte del equipo del "Ellen G. White Estate" en la
Asociación General). Me preguntó: "¿Le dijo usted al pastor White que su
padre era un mentiroso?" La pregunta me dejó estupefacto, y le referí los
hechos tal como acabo de expresar en los párrafos precedentes. Me dijo
entonces: "Comprendo".
Nuestro llamamiento y manuscrito de 1950 resultaban para el pastor Arthur
White un asunto muy doloroso. Habíamos escrito muy seguros de nuestra
posición: los dirigentes de la iglesia mantuvieron "en gran medida" el
mensaje alejado de nuestro pueblo [Mensajes Selectos, vol. I, p.
276], y privaron al mundo del "mensaje que Dios ordenó" que se proclamara
[Testimonios para los ministros, p. 91 y 92]. El hecho de que lo
sustentáramos con citas de E. White resultaba perturbador para su nieto.
Su corazón era leal a los reverenciados dirigentes de la obra y a los
hermanos de la generación de su padre. Para un conservador no era bien
recibida la idea de que fuera necesario arrepentirse por "1888", y
constituía una terrible descortesía hacia los dirigentes de la iglesia por
parte de dos hombres jóvenes.
En una visita a nuestros padres en Florida, durante aquel mismo permiso
desde África, me invitó a su casa el pastor L.A. Hansen, quien había sido
director de la revista Life and Health. El pastor Hansen me había
conocido desde la niñez, y vivía ahora jubilado en Orlando. Dijo tener
"algo para mí". Lo que tenía era una copia en papel carbón de un discurso
mecanografiado que E. White dirigió el 16 de marzo de 1890 a un grupo de
hermanos dirigentes en Battle Creek. No tenía otra referencia de
manuscrito excepto la fecha, evidenciando que era uno de aquellos
documentos "huérfanos" de E. White que solían circular entre individuos
particulares.
En el sermón E. White afirmaba llanamente que "no hubo recepción" del
mensaje de 1888 en Minneapolis, "y no ha habido recepción aquí" (en Battle
Creek). Aquel pastor jubilado había sabido de mi interés por investigar
"1888" y quiso sencillamente ayudarme.
Algún tiempo después Donald K. y yo estábamos en Washington, reunidos en
una sub-comisión que estaba dilucidando nuestra relación con la Asociación
General. Se volvió a suscitar la cuestión de si debía permitírsenos
"continuar en la obra". No sólo habíamos escrito "1888 Re-examinado" hacía
ocho años, sino que además habíamos escrito ahora una refutación de 70
páginas a la publicación de la Asociación General titulada, "Una nueva
valoración de ‘1888 Re-examinado’". En esta última se insistía una vez
más en que los dirigentes aceptaron el mensaje. Sugería que habíamos hecho
un uso deshonesto de los escritos de E. White al hacer ver que ella creía
que el mensaje había sido mantenido en gran medida alejado de la iglesia y
del mundo. Tiempo después supimos que el pastor White había sido el autor
de aquel documento. Los hermanos nos explicaron que se preguntaban si es
que estábamos planeando "declarar la guerra" a la Asociación General (no
lo estábamos). ¿Debían permitirnos regresar nuevamente al África y
permanecer en el ministerio?
En las deliberaciones, leí aquella declaración relativa a que "no hubo
recepción" del mensaje de 1888 al grupo del comité reunido. El pastor
White replicó inmediatamente: "La referencia, por favor". Le respondí todo
cuanto sabía: "Sermón, Battle Creek, 16 de marzo de 1890".
Por aquel tiempo, aprovechando que estábamos nuevamente en casa, de
permiso desde el África, asistía al seminario como estudiante en la clase
que daba el pastor White sobre Dirección Profética. Un día me pidió que me
quedara al acabar la clase. El pastor White había buscado en la Cripta
aquella declaración que leí en el comité, y no la había encontrado.
"Cuando leyó esa cita al comité, casi me caigo de la silla", me dijo,
"pues nunca la había oído con anterioridad. ¿Dónde encontró ese documento?
¿Puedo verlo?" Lo llevaba conmigo y se lo di. Sentí cierta intranquilidad:
¿resultaría ser una falsificación?... Pero la evidencia interna parecía
indicarme claramente que el documento era genuino. Nadie, excepto E. White,
podría haber expresado con un lenguaje tan vívido la forma en que Cristo
"había agotado todas las flechas de su aljaba" contendiendo con los
dirigentes de la Asociación General que estaban determinados a oponerse a
aquel "preciosísimo mensaje", el comienzo de la lluvia tardía y el fuerte
pregón. Me parecía que ningún falsificador habría podido escribir con
aquella fuerza. Le expliqué al pastor White cómo me había llegado aquel
documento.
Algunos días más tarde volvió a llamarme al término de una clase. "El
documento estaba allí. La razón por la que no lo encontré antes es por ser
el segundo de dos documentos, y por estar oculto tras el primero. Nunca
antes lo había visto", me dijo. "Su nomenclatura es Ms. 2, 1890",
confirmó.
Durante todo ese tiempo los dirigentes de la Asociación General estaban
perplejos, puesto que el pastor White insistía en que no podía ser cierto
lo que habíamos afirmado en "1888 Re-examinado", relativo a que el mensaje
de 1888 había sido rechazado "en gran medida". La posición era que se lo
había aceptado, y que "nosotros" -como iglesia- lo teníamos y
proclamábamos como nuestra indiscutible posesión (en nuestro llamado
habíamos afirmado que esa pretensión evidenciaba el orgullo laodicense, el
auto-engaño de ser ricos y estar enriquecidos, y de no tener necesidad de
ninguna cosa, como describe Apocalipsis 3:17). ‘No hay necesidad alguna de
arrepentimiento por "1888"’, se nos aseguraba; y las obras aún no
publicadas de E. White así lo vendrían a confirmar. ‘Vuestro llamamiento
es despectivo hacia la dirección de la iglesia, así como hacia los
reverenciados hermanos que pasaron al descanso’. Así lo aseguraba el
pastor Arthur White, y los dirigentes lo seguían, manteniendo su misma
posición. Hay que comprender que sentían que no podían obrar de otra forma
distinta a esa.
Puesto que se lo sabía el más completo conocedor, de entre todos los que
vivían, de los escritos aún sin publicar que alojaba la Cripta, ¿cómo
podían los hermanos de la Asociación General dar crédito a dos ingenuos
misioneros jóvenes destinados en África, en contra de la voz del nieto de
la profetisa? (el pastor White desconocía que mientras se encontraba en
Sur-América se había cambiado temporalmente el reglamento durante una o
dos horas en aquel día de diciembre de 1949, concediéndoseme el privilegio
de copiar documentos aún sin publicar, que no verían la luz hasta su
publicación oficial en esas 1821 páginas, 38 años después).
En justicia hacia la Asociación General es necesario comprender que
significábamos para ellos una dura prueba. Escribíamos y hablábamos con
aquella firme confianza, debido al privilegio que habíamos tenido de leer
aquellas cartas y manuscritos no publicados que en su contexto aclaraban
fuera de toda duda que el mensaje de 1888 había sido rechazado "en gran
medida" por los anteriores dirigentes de la Asociación General.
No debemos condenar a los hermanos de la Asociación General de 1950 por
rechazar aquello que vino después a convertirse en una evidencia
indiscutible, tanto de parte de E. White como de la historia.
Sencillamente no lo sabían. Haremos bien en humillar nuestros propios
corazones y procurar aceptar más ávidamente la verdad que brilla ante
nosotros. Pero podemos seguir generación tras generación, siglo tras
siglo, en la confusión relativa al significado de la "lluvia tardía" y de
su mensaje acompañante del fuerte pregón, así como a la verdad del trato
que se les dio.
El pastor Willie White clarifica el asunto
Es cierto que E. White tenía en alta estima a su hijo, el pastor William
C. White. Fue un consagrado consejero para sus hermanos, así como un
eficiente administrador. Pero antes de su muerte E. White tuvo cumplida
evidencia de que su hijo no poseía el discernimiento del Espíritu de
Profecía que procede de Dios. El don no se transmitía ciertamente de forma
hereditaria, y el propio pastor Willie White hizo pública confesión de
ello.
En 1895-96 W.W. Prescott estaba en Australia de visita. Cierto día llegó a
Sunnyside el correo procedente de América conteniendo cartas del
presidente de la Asociación General, el pastor O.A. Olsen, quien hablaba
de grandes reavivamientos en Battle Creek. Según eso la oposición habría
revertido o disminuido mucho, habiéndose aceptado el mensaje. Harmon
Lindsay y A.R. Henry (cuya oposición había sido manifiesta) estaban dando
ahora buenos sermones en las reuniones campestres, y estaban conociendo
"una nueva experiencia".
En un sermón dado el 25 de noviembre de 1905 en Lincoln, Nebraska, el
pastor W.C. White describió la experiencia: "Nos alegró sobremanera [a él
y a Prescott] la lectura de aquellas cartas. Nuestro gozo fue desbordante,
y nos unimos en alabanza al Señor por aquellos informes tan positivos.
Imagínese cuál no sería mi sorpresa al atardecer del día siguiente, cuando
mi madre [E. White] me dijo que había estado escribiendo a aquellos
hombres de quienes habíamos recibido informes tan favorables... [palabras]
de la más severa crítica... las más profundas reprobaciones... que jamás
se escribieran a aquel grupo de hermanos. Eso constituyó una gran lección
para mí" (Spalding-Magan Collection, p. 470).
E. White escribió al pastor Olsen su versión de aquel incidente, que
revela la comprensión que ella tenía de las limitaciones de la percepción
de su hijo. E. White discernía que esos reavivamientos en Battle Creek
eran superficiales, y los informes engañosos (la versión Evangélica de la
justificación por la fe procuraba reemplazar al mensaje de 1888). En
referencia a aquel arrepentimiento superficial, escribió: "Las ramas más
altas [de la oposición] se cortaron, pero las raíces fueron dejadas en
tierra para que produjeran su fruto impuro". En Sunnyside el entusiasmo de
Prescott y de su hijo Willie "me alarmaron. Si esos hombres no pueden ver
las consecuencias del asunto, pienso, cuán desesperanzada la labor de
hacérselo ver en Battle Creek. Ese pensamiento se clavó como un cuchillo
en mi corazón" (Carta, 25 mayo 1896, Spalding-Magan Collection).
El pastor Arthur White probablemente nunca supo acerca de aquel incidente
de 1896, y con toda seguridad los hermanos de la Asociación General lo
ignoraban por completo. Oponerse a "1888 Re-examinado" era lo razonable,
lo único que podían hacer.
Por cierto, cuando la institución "White Estate" publicó por primera vez
aquel sermón del 16 de marzo de 1890 como Manuscript Release Nº.
253, una nota a pie de página afirmaba que la declaración de la "no
recepción" era un error... |