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Objeción: “No es necesario conocer el mensaje de Waggoner y Jones tal como
ellos lo presentaron, puesto que tenemos los escritos de E. White”.
1. E. White no identificó su propia obra como el comienzo del fuerte
clamor, del derramamiento de la lluvia tardía. Sin embargo, sí que lo
hizo con el preciosísimo mensaje que "en su gran misericordia el Señor
envió... a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones...
el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y
acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu" (TM 91,
92). Es ineludible reconocer que tiene que haber algo único, especial, en
el mensaje que el Señor comisionó a Jones y Waggoner a que dieran a la
iglesia y al mundo. Es imposible apreciar el don profético manifestado en
E. White si al mismo tiempo rechazamos sus consejos y afirmaciones. Hay
más de 1.800 páginas escritas por E. White a propósito de "1888". A ningún
otro evento dedicó tanta extensión.
2. E. White no sostuvo que fuese ella quien llevó ese "mensaje
especial". Siempre fue categórica e insistente en la identificación de los
mensajeros:
"Cuando Cristo vino a los judíos con todo el poder de su majestad,
manifestando toda su gracia en prodigiosas curaciones y en el poderoso
derramamiento de su Espíritu, no estarían dispuestos a reconocerlo. ¿Por
qué? Porque reinaban allí los mismos prejuicios que habían morado en sus
corazones, y los más poderosos milagros que hiciera no tendrían efecto
alguno en sus corazones.
Si nos situamos en una posición en la que no vamos a reconocer la luz que
Dios envía, o su mensaje para nosotros, estamos en peligro de pecar contra
el Espíritu Santo. ¡Cómo podemos ir en procura de encontrar alguna pequeña
cosa que se haya hecho, que nos permita colgar allí alguna de nuestras
dudas, y empezar a cuestionar! El asunto es, ¿ha enviado Dios la verdad?
¿ha suscitado Dios a esos hombres para proclamar la verdad? Digo:
–Sí. Dios ha enviado a hombres para proporcionarnos la verdad que no
habríamos tenido si Dios no hubiese enviado alguien para que nos la
trajese. Dios me ha permitido tener una luz en cuanto a lo que es su
Espíritu Santo, por lo tanto, lo acepto, y no me atreveré más a levantar
mi mano contra esas personas, puesto que sería contra Jesucristo mismo,
quien debe ser reconocido en sus mensajeros.
Os pido ahora que seáis cuidadosos en cuanto a la posición que tomáis cada
uno de vosotros, si os rodeáis de nubes de incredulidad debido a que veis
imperfecciones; veis una palabra o un pequeño asunto, quizá, que puede
ocurrir, y los juzgáis de acuerdo con ello. Debéis ver lo que Dios está
haciendo con ellos. Ver si Dios está obrando con ellos, y entonces tenéis
que reconocer el Espíritu de Dios que se revela en ellos. Si elegís
resistirlo, estaréis actuando exactamente como lo hicieron los judíos" (Manuscrito
2, 1890; The Ellen G. White 1888 Materials, p. 608, 609).
"El Señor ha suscitado a los hermanos Jones y Waggoner para que
proclamen un mensaje al mundo a fin de preparar a un pueblo para que
resista en pie en el día de Dios. El mundo está sufriendo por necesidad de
luz adicional que venga a ellos sobre las Escrituras, –proclamación
adicional de los principios de pureza, humildad, fe y la justicia de
Cristo. Ese es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree" (The
Ellen G. White 1888 Materials, 1814, 1815).
"Satanás controla toda mente que no se halla en forma decidida bajo el
gobierno del Espíritu de Dios. Algunos han estado cultivando odio contra
los hombres a quienes Dios ha comisionado para presentar un mensaje
especial al mundo" (TM 79, 80).
Dios comisionó a Waggoner y a Jones para que presentaran "un mensaje
especial al mundo", no para que presentaran ‘un mensaje especial a la
hermana White, de forma que ella lo pudiese presentar después al mundo, o
a su pueblo’. Cuando Dios comisionaba a E. White algún mensaje, se
comunicaba con ella según la norma profética, mediante sueños, visiones,
etc. No mediante Jones y Waggoner. Carece de sentido la suposición de que
Dios comisionara a Jones y Waggoner con ese mensaje, con el único
propósito de que ellos se lo transmitieran a E. White, y ella a nosotros.
"Este mensaje, tal como ha sido presentado, debe ir a toda
iglesia que pretenda creer la verdad... Queremos ver quién ha
presentado al mundo las credenciales divinas" (RH 18 marzo 1890).
E. White no dijo: ‘Este mensaje, tal como lo presentaré yo después que
Waggoner y Jones hayan desaparecido de la escena...’, sino "tal como ha
sido presentado". Y debe ir "a toda iglesia". ¿Ha ido ya a la tuya?
"En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su
pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones... este es el
mensaje que Dios ordenó que fuera dado al mundo" (TM 91,
92).
¿Desechaste ese medio ordenado por Dios para hacer llegar el
preciosísimo mensaje a "su pueblo" y "al mundo"
Objeción: “El mensaje presentado por Jones y Waggoner es el mismo
presentado por E. White, por lo tanto no necesitamos recibirlo a través de
ellos”.
Si el Señor hubiese suscitado a los dos mensajeros antes de la
época de E. White, o después de ella, cabría pensar que se trataba
de enfatizar una misma cosa. Pero estando viva la profetisa del Señor, en
pleno uso de su don profético, "en su gran misericordia el Señor envió...
a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones... el
mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y
acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu" (TM 91,
92), por lo tanto, está claro que el Señor les encomendó a ellos una labor
especial, diferente de la que le había encomendado a ella.
[El ángel del Señor dijo] "El pueblo está actuando según la rebelión de
Coré, Dathán y Abiram… No es a ti [E. White] a quien están
despreciando, sino a los mensajeros y al mensaje que envié a mi pueblo.
Han mostrado su desdén hacia la palabra del Señor" (The Ellen G. White
1888 Materials, p. 1067-1068).
Objeción: “He leído artículos de E. White de "1888", y no encuentro allí
lo que se presenta como ‘el mensaje de 1888’ ”.
E. White no se identificó a sí misma como a la mensajera de 1888. Afirmó
que el tema, en Minneapolis, fue la justificación por la fe. Sin embargo,
no fue ella quien lo presentó. Como explica la nota de la página 215 de
Mensajes Selectos, vol. III, "Elena de White habló 20 veces en
Minneapolis, pero no se refirió a la justificación por la fe". Dios
había elegido para ese mensaje especial a Jones y Waggoner. En su infinita
sabiduría, el Señor había asignado allí otro importante papel a su
profetisa: el de dar testimonio del origen celestial de ese mensaje y
apoyarlo, cosa que hizo de la forma más enfática. La credibilidad de lo
presentado por Jones y Waggoner se mantiene o se cae, junto con la de E.
White en su ministerio profético. Ver resumen de
The Ellen G.
White 1888 Materials.
Objeción: “El Camino a Cristo, El Deseado, El Discurso maestro de
Jesucristo y Palabras de vida del gran Maestro contienen el mensaje de la
justicia de Cristo, por lo tanto, no necesitamos los escritos de Jones y
Waggoner”.
Si debido a que esos cuatro libros contienen todo lo que necesitamos saber
sobre el evangelio, no estamos en necesidad de dar oído a los "mensajeros
delegados celestiales", significa que, con mucho mayor motivo, podemos
abstenernos de cualquier otra lectura y predicación. ¡Basta con quedarse
en casa, leyendo esos cuatro libros! Y eso quizá nos hiciera un gran bien,
aunque naturalmente, sea disparatado. Pero obsérvese lo que dijo E. White
sobre sus propios escritos (de ella): "No estáis familiarizados con las
Escrituras. Si os hubieseis dedicado a estudiar la Palabra de Dios,
con un deseo de alcanzar la norma de la Biblia y la perfección cristiana,
no habríais necesitado los Testimonios" (2 JT, 280). Siendo
así, ¿qué pensaríamos de alguien que sostuviera que no tenemos ninguna
necesidad de los Testimonios, puesto que "todo" está en la Biblia? ¿Acaso
no revelaría eso la peor incredulidad en el don profético que quepa
imaginar?
Objeción: “E. White dijo que el mensaje presentado por Waggoner y Jones no
era luz nueva; por lo tanto, nada hay de especial allí, que nos sea
necesario”.
Obsérvese esto: "Los testimonios escritos no son dados para
proporcionar nueva luz, sino para impresionar vívidamente en el
corazón las verdades de la inspiración ya reveladas" (2 JT 280).
¿Desecharemos por ello también los Testimonios?
La revelación es o no nueva, en relación a quiénes la reciben. Jesús dijo:
"Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros" (Juan
13:34). ¿Realmente nuevo? (vea Lev. 19:18) Lo era ciertamente para
aquellos oidores de Jesús.
"El Dr. Waggoner ha abierto ante vosotros una luz preciosa; no luz nueva,
sino antigua luz que muchas mentes habían perdido de vista, y que brilla
ahora en nítidos rayos" (The Ellen G. White 1888 Materials, p. 175)
Objeción: “Es preciso rechazar toda nueva luz, ya que todo lo nuevo es
necesariamente erróneo y contrario a la verdad. En todo caso, ya hemos
recibido toda la verdad que necesitamos”.
El Espíritu de Profecía siempre nos ha indicado que nuestro crecimiento en
el conocimiento de la verdad será continuo e ininterrumpido.
"Se me preguntó entonces: ‘Hermana White, ¿piensa que el Señor tiene
nueva luz para nosotros como pueblo?’ Respondí: ‘Con toda seguridad.
No es sólo que lo piense, sino que puedo hablar manifiestamente. Sé que
hay preciosa luz que ha de ser desplegada ante nosotros, si somos el
pueblo que ha de resistir en el día de la preparación de Dios" (The
Ellen G. White 1888 Materials, p. 219).
"Los hay que se han jactado de su gran cautela en recibir ‘nueva luz’,
como ellos la llaman; pero están cegados por el enemigo, y no pueden
discernir las obras y caminos de Dios. Luz, preciosa luz; viene del cielo,
y ellos se disponen contra ella. ¿Qué sigue después? Esos mismos aceptarán
mensajes que Dios no ha enviado, y vendrán así a ser incluso peligrosos
para la causa de Dios, debido a las falsas normas que establecen" (The
Ellen G. White 1888 Materials, p. 722).
"Nuestros hombres jóvenes miran a los de mayor edad, que siguen en su
posición rígida, y para nada se moverán a fin de aceptar ninguna nueva
luz que venga; se mofarán y ridiculizarán lo que esos hombres dicen y
hacen como si fuese algo intrascendente. ¿Quién es responsable por esa
burla, por ese desprecio, os pregunto? ¿Quién la protagoniza? Los mismos
que se han interpuesto en la luz que Dios ha dado, haciendo que no
llegue al pueblo que debió recibirla" (The Ellen G. White 1888
Materials, p. 540-541).
"Grandes verdades que han pasado sin ser vistas ni oídas desde el día de
Pentecostés, han de brillar en su pureza nativa a partir de la palabra de
Dios. A aquellos que verdaderamente aman a Dios, el Espíritu Santo les
revelará verdades que se han desvanecido de la mente, y revelará
también verdades que son enteramente nuevas" (Fundamentals of
Christian Education, p. 473).
"Cuando el Señor envía hombres precisamente con el mensaje para este
tiempo, a fin de que lo den al pueblo –un mensaje que no es una nueva
verdad, sino la misma que Pablo enseñó, que Cristo mismo enseñó–,
resulta para ellos una doctrina extraña. Comienzan a inducir al pueblo
a que tenga cuidado... Los hombres que han tenido un espíritu farisaico
piensan que si se aferran a lo que consideran las buenas teorías antiguas,
y no toman parte en el mensaje enviado por Dios a su pueblo, estarán en
una posición segura y buena. Así pensaban los fariseos de antaño" (III
MS, 211).
"La verdad de Dios es progresiva; va siempre en aumento, de fortaleza en
fortaleza aún mayor, hacia una luz mayor. Tenemos todas las razones para
creer que el Señor nos enviará mayor verdad, ya que queda aún por
hacer una gran obra. En nuestro conocimiento de la verdad, primeramente
hay un comienzo en su comprensión, luego una progresión, y más tarde la
plenitud; primero la plántula, luego la mazorca, y tras ello, el maíz en
su plenitud. Ha habido una gran pérdida, debido a que nuestros pastores
y nuestro pueblo han llegado a la conclusión de que ya hemos recibido toda
la verdad que nos era esencial como pueblo; pero una conclusión tal es
errónea, y armoniza con los engaños de Satanás, ya que la verdad se estará
desplegando constantemente".
"La luz vendrá al pueblo de Dios, y aquellos que han procurado cerrar la
puerta tendrán que arrepentirse, o bien ser quitados del camino. Ha
llegado el momento de dar un nuevo ímpetu a la obra. Escenas terribles
están por llegar ante nosotros, y Satanás se esfuerza por ocultar de
nuestro entendimiento precisamente aquello que Dios quiere que conozcamos.
Dios tiene mensajeros y mensajes para su pueblo. Si se presentan ideas que
difieren en ciertos puntos de nuestras doctrinas anteriores, no debemos
condenarlas sin estudio diligente de la Biblia, para ver si son
verdaderas" (Signs of the Times, 26 mayo 1890).
Objeción: “El derramamiento del Espíritu Santo no será un mensaje, sino un
poder acompañado de manifestaciones tangibles e incontrovertibles, por lo
tanto, es un error relacionarlo con el mensaje traído por Jones y Waggoner”.
Es el Espíritu de Profecía quien establece tal relación, nosotros sólo la
señalamos. Es posible que las manifestaciones tangibles e
incontrovertibles lo sean en un sentido que no imaginamos, ya que:
"A menos que estemos avanzando diariamente en la ejemplificación de las
virtudes cristianas activas, no reconoceremos las manifestaciones del
Espíritu Santo en la lluvia tardía. Podrá estar derramándose en los
corazones de los que están en torno de nosotros, pero no lo percibiremos
ni lo recibiremos" (TM 507).
Es decir, sean cuales sean esas manifestaciones, lo serán del tipo que
puede pasar desapercibido para nosotros, a pesar de estar derramándose el
Espíritu Santo en los corazones de personas que pueden ocupar el mismo
banco en nuestra iglesia. ¿Interesante?.
Objeción: “La justificación por la fe es una doctrina que tenemos en
común con los evangélicos, de forma que no hay nada singular ni especial
en el mensaje que presentaron Jones y Waggoner”.
1. El mensaje preciosísimo que en su gran misericordia el Señor envió a su
pueblo mediante los pastores Waggoner y Jones "invitaba a la gente a
recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en la obediencia a
todos los mandamientos de Dios" (TM, p. 91 y 92). Pero los
Evangélicos creen que el mandamiento sobre el sábado fue específicamente
abolido en la cruz. Waggoner afirmó esto: "El sábado es el punto de apoyo
en la palanca de la fe". La "palanca de la fe", tal como es comprendida y
presentada por las iglesias caídas, se apoya sobre... ¡nada!
2. El mensaje presentado en 1888 estaba en estrecha relación con la
comprensión única adventista de la purificación del santuario; es el
evangelio eterno en el contexto de la hora de su juicio (Apoc. 14:7). Eso
es ampliamente ignorado, cuando no enérgicamente repudiado, por los
Evangélicos.
3. Su singularidad: Constituyó el comienzo del fuerte pregón, del
derramamiento del Espíritu Santo, acontecimientos que tienen en la
escatología adventista un significado único, no compartido por los
Evangélicos.
"El fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado en la revelación
de la justicia de Cristo, el Redentor que perdona los pecados. Este es el
comienzo de la luz del ángel cuya gloria llenará toda la tierra" (1 MS,
425 –escrito en 1892–).
"Algunos se sintieron incómodos con este derramamiento, y se
pusieron de manifiesto sus propias disposiciones naturales. Dijeron: 'no
es más que excitación; no es el Espíritu Santo, ni los aguaceros
celestiales de la lluvia tardía'. Hubo corazones llenos de
incredulidad, que no bebieron del Espíritu Santo, sino que desarrollaron
amargura en su alma… Los que resistieron al Espíritu de Dios en
Minneapolis estuvieron esperando una oportunidad para recorrer el
mismo camino otra vez… Dijeron con su corazón, su alma y con sus palabras,
que esa manifestación del Espíritu Santo era fanatismo y engaño. Se
tuvieron como una roca, por encima y alrededor de la cual fluían las olas
de la misericordia, pero sus endurecidos e impíos corazones las
rechazaron, resistiendo a la obra del Espíritu Santo… todo el universo
celestial fue testigo del trato afrentoso que se dio a Jesucristo,
representado por el Espíritu Santo. Si Cristo hubiera estado ante ellos,
lo habrían tratado de forma similar a como lo hicieron los Judíos" (The
Ellen G. White 1888 Materials, p. 1478-1479).
"Algunos han tratado al Espíritu como a un huésped indeseado, rehusando
recibir el rico don, rehusando reconocerlo, dándole la espalda, y
condenándolo como fanatismo… Se resistió la luz que ha de alumbrar toda
la tierra con su gloria, y por la acción de nuestros propios hermanos
ha sido en gran medida mantenida alejada del mundo" (The Ellen G. White
1888 Materials, p. 1575).
Objeción: “Waggoner y Jones escribieron muy poco, y lo que predicaron...
se lo llevó el viento”.
¿Puedes creer que el Señor permitiría que se pierda "el mensaje para
Laodicea", el que envió para preparar a su pueblo para la traslación?
Después de E. White, de entre todos los autores adventistas, probablemente
ninguno escribió tanto como Jones y Waggoner. Ver
listado
(parcial) de sus obras escritas.
Objeción: “Puesto que no somos expertos en lenguas antiguas ni en inglés,
y tampoco nos son asequibles las fuentes primarias, haremos bien en
limitarnos a aceptar las decisiones de nuestros dirigentes en cuanto a
cuál es la verdad”.
1. ¿Qué conocimiento de la verdad habría obtenido alguien que tuviera esa
mentalidad, en la época de Elías, de Juan el Bautista (Lucas 7:28-30), de
Jesús en sus días en esta tierra (Juan 7:47-49), de Lutero y los
reformadores, o de nuestros pioneros en el surgimiento del movimiento
adventista?
2. Si tienes acceso a estos escritos, habrás podido comprobar por ti mismo
que HAY abundante material asequible, tanto en inglés como en castellano.
Otro asunto es si ese material está asequible por el conducto que uno
quisiera o considera adecuado... (pero eso no es nada nuevo: recuérdese
por qué conducto llegó la verdad en la época de Juan Bautista, en la de
Jesús, o en la de 1888, y el papel que tuvieron los prejuicios referentes
al mensajero en el rechazo del mensaje, en cada uno de los casos citados).
"En la manifestación de ese poder que ilumina la tierra con la gloria de
Dios, no verán más que algo que en su ceguera les parecerá peligroso,
algo que despertará sus temores, y tomarán posición para resistirlo.
Debido a que el Señor no obra de acuerdo con sus ideas y expectaciones, se
opondrán a la obra. ‘¡Qué!’, dicen ellos, ‘¿Acaso no conocemos el espíritu
de Dios, tras haber estado tantos años en la obra?’ ” (RH 23
diciembre 1890).
Obsérvese el contraste: Lo que E. White definió como "precioso", algunos
lo percibirán como "peligroso". La simpatía o animadversión que
manifestamos hacia el mensaje y los mensajeros demuestra cuál es nuestra
posición al respecto.
"¿Cómo escudriñaremos las Escrituras para entender lo que enseñan? Debemos
abordar la investigación de la Palabra de Dios con un corazón contrito,
con oración y con una disposición a ser enseñados. No hemos de pensar,
como pensaron los judíos, que nuestras propias ideas y opiniones son
infalibles; ni como los papistas, que piensan que ciertos individuos son
los únicos guardianes de la verdad y el conocimiento, y que los hombres no
tienen derecho a investigar las Escrituras por sí mismos, sino que deben
aceptar las explicaciones dadas por los padres de la iglesia. No
debemos estudiar la Biblia con el propósito de sostener nuestras opiniones
preconcebidas, sino con el único objeto de aprender lo que Dios ha dicho.
“Algunos han temido que si en un solo punto siquiera reconocían su error,
otras mentes se verían inducidas a dudar de toda la teoría de la verdad.
Por lo tanto, han creído que no debiera permitirse la investigación, que
ésta tendería a la disensión y la desunión. Pero si tal ha de ser el
resultado de la investigación, cuanto antes venga tanto mejor. Si hay
personas cuya fe en la Palabra de Dios no resiste la prueba de una
investigación de las Escrituras, cuanto antes se manifiesten, tanto mejor;
pues entonces se abrirá el camino para mostrarles su error. No podemos
sostener que ninguna posición, una vez adoptada, ninguna idea, una vez
defendida, no habrá de ser abandonada en circunstancia alguna. Hay
solamente Uno que es infalible: Aquel que es el camino, la verdad y la
vida.
“Los que permiten que el prejuicio impida que la mente reciba la verdad,
no pueden ser receptáculos de la iluminación divina. Sin embargo,
cuando se presenta un punto de vista de las Escrituras, muchos no
preguntan: ¿Es cierto? ¿Está en armonía con la Palabra de Dios? Sino
¿quién lo defiende? y a menos que venga precisamente por el medio que a
ellos les agrada, no lo aceptan. Tan plenamente satisfechos se sienten con
sus propias ideas, que no quieren examinar la evidencia bíblica con un
deseo de aprender, sino que rehúsan interesarse, meramente a causa de sus
prejuicios.
“El Señor a menudo obra cuando nosotros menos lo esperamos; él nos
sorprende al revelar su poder mediante instrumentos de su propia
elección, mientras pasa por alto a los hombres por cuyo intermedio hemos
esperado que viniera la luz. Dios quiere que recibamos la verdad por
sus propios méritos, porque es verdad.
La Biblia no debe ser interpretada para acomodarse a las ideas de los
hombres, por mucho tiempo que hayan sido tenidas estas ideas como verdad.
No hemos de aceptar la opinión de comentadores como la voz de Dios; ellos
eran seres mortales como nosotros. Dios nos ha dado facultades razonadoras
a nosotros así como a ellos. Hemos de hacer que la Biblia sea su propio
expositor.
“Todos deben ser cuidadosos en la presentación de nuevos puntos de vista
sobre pasajes de la Biblia, antes de haber dado a estos puntos un cabal
estudio, y estén plenamente preparados para sostenerlos con la Biblia. No
introduzcáis nada que cause disensión, sino una clara evidencia de que en
ello Dios está dando un mensaje especial para este tiempo.
“Más guardaos de rechazar aquello que es verdad. El gran peligro para
nuestros hermanos ha sido el de depender de los hombres, y hacer de la
carne su brazo. Los que no han tenido el hábito de escudriñar la
Biblia por sí mismos, o pesar la evidencia, tienen confianza en los
hombres dirigentes, y aceptan las decisiones que ellos hacen; y así muchos
rechazan los mismos mensajes que Dios envía a su pueblo, si estos
hermanos dirigentes no los aceptan.
“Nadie debe pretender que tiene toda la luz que existe para el pueblo de
Dios. El Señor no tolerará esta condición. Él ha dicho: "He aquí, he dado
una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar". Aun
cuando nuestros hombres dirigentes rechacen la luz y la verdad, esa puerta
permanecerá aún abierta. El Señor suscitará a hombres que den al pueblo el
mensaje para este tiempo.
“La verdad es eterna, y el conflicto con el error sólo manifestará la
fortaleza de esa verdad. Nunca hemos de rehusarnos a examinar las
Escrituras con aquellos que tengamos razones para creer que desean saber
qué es verdad. Suponed que un hermano sostiene un punto de vista que
difiere del vuestro, y que viene a vosotros, proponiéndoos que os sentéis
con él para hacer una investigación de ese punto en las Escrituras.
¿Debéis levantaros, llenos de prejuicio, y condenar sus ideas, mientras os
rehusáis a escucharlo sin prejuicio? El único procedimiento correcto sería
el sentaros como cristianos para investigar la posición presentada a la
luz de la Palabra de Dios, la cual revelará la verdad y desenmascarara
el error. El ridiculizar sus ideas no debilitará su posición en lo más
mínimo si fuera falsa, ni fortalecerá vuestra posición si fuera la verdad.
Si los pilares de nuestra fe no soportan la prueba de la investigación, es
tiempo de que lo sepamos. Ningún espíritu de fariseísmo debe ser
acariciado entre nosotros.
“Hemos de abordar el estudio de la Biblia con reverencia, sintiendo que
estamos en la presencia de Dios. Toda liviandad y frivolidad debe ser
dejada a un lado. Aunque algunas porciones de la Palabra se entienden con
facilidad, el verdadero sentido de otras partes no se discierne con
rapidez. Debe haber paciente estudio y meditación y ferviente oración.
Todo estudioso, al abrir las Escrituras, debe solicitar la iluminación del
Espíritu Santo; y la promesa segura es que será dado.
“El espíritu con el cual os aboquéis a la investigación de las Escrituras
determinará el carácter de los que os asistan. Ángeles del mundo de la luz
estarán con los que con humildad de corazón buscan dirección divina. Pero
si la Biblia se abre con irreverencia, con un sentimiento de suficiencia
propia, si el corazón está lleno de prejuicio, Satanás está a vuestro
lado, y él colocará las declaraciones sencillas de la Palabra de Dios en
una luz pervertida.
“Hay algunos que se complacen en la ligereza, en el sarcasmo, y aun en la
burla de los que difieren de ellos.
Otros presentan una colección de objeciones a cualquier nuevo punto de
vista; pero cuando estas objeciones son claramente contestadas por las
palabras de las Escrituras, no reconocen la evidencia presentada ni se
permiten quedar convencidos. Sus preguntas no tenían el propósito de
llegar a la verdad, sino la mera intención de confundir la mente de los
demás.
“Algunos han pensado que es una evidencia de agudeza y superioridad
intelectual el sumir en la perplejidad las mentes con respecto a qué es
verdad. Recurren a las sutilezas de argumentos, al juego de palabras;
toman injusta ventaja haciendo preguntas. Cuando sus preguntas han sido
claramente contestadas, cambian de tema y saltan a otro punto para evitar
la necesidad de reconocer la verdad. Debemos cuidarnos de complacer el
espíritu que dominó a los judíos. No querían aprender de Cristo, porque su
explicación de las Escrituras no estaba de acuerdo con sus ideas; por lo
tanto llegaron a ser espías en su camino, "acechándole, y procurando cazar
algo de su boca para acusarle". No traigamos sobre nosotros la
terrible denuncia de las palabras del Salvador: ‘¡Ay de vosotros, doctores
de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no
entrasteis, y a los que entraban impedisteis’...
"Los jóvenes deben investigar las Escrituras por sí mismos. No deben
pensar que es suficiente que los de más experiencia busquen la verdad y
que los más jóvenes pueden aceptarla cuando proviene de ellos,
considerándolos una autoridad. Los judíos perecieron como nación
porque fueron apartados de la verdad de la Biblia por sus gobernantes,
sacerdotes y ancianos. Si hubieran hecho caso a Jesús, e investigado las
Escrituras por sí mismos, no habrían perecido"
"Debemos estudiar la verdad por nosotros mismos. No debe confiarse en
nadie para que piense por nosotros. No importa de quién se trate, o cuán
elevado sea el puesto que ocupe, no hemos de mirar a nadie como criterio
para nosotros"
"Dios nos pide que dependamos de él, y no del hombre"
(TM, extractos del capítulo "¿Cómo escudriñaremos las Santas
Escrituras?" p. 105-111)
Objeción: “La comprensión de la justificación por la fe de Jones y
Waggoner es diferente de la mantenida por la iglesia en la actualidad, lo
que es causa de disensión”.
Por desgracia, no existe una posición en nuestra iglesia actual sobre la
justificación por la fe, sino muchas y enfrentadas. Y eso es el triste
fruto de haber rechazado la genuina verdad que el Señor nos envió en 1888,
mediante sus "mensajeros delegados".
Este es el testimonio de E. White, que parece hoy aún extrañamente
pertinente:
"Las muchas y confusas ideas en relación con la justicia de Cristo y la
justificación por la fe son el resultado de la posición que usted ha
tomado hacia los hombres y hacia el mensaje enviado por Dios..."
(Carta
24 –a Uriah Smith–, 1892; The Ellen G. White 1888 Materials, p.
1053).
Objeción: “Dado que el mensaje ha sido ya aceptado, y que toda alusión a
Minneapolis o 1888 produce malestar, ¿no debiera evitarse hablar de ese
lugar o esa fecha, de los hechos relacionados con ‘todo eso’?”.
El hecho de que produzca malestar, que despierte la animosidad y que se
intente ocultar, es precisamente la evidencia irrefutable de que no ha
sido aceptado. Los que se adhieren al mito de la aceptación sostienen que
fue aceptado pocos años después de Minneapolis (para muchos, unos dos años
después). Véase cuál es el testimonio del pastor Daniells, ex–presidente
de la Asociación General, en su libro "Cristo Nuestra Justicia", escrito
en 1924 (38 años después de Minneapolis):
"El mensaje nunca fue aceptado ni anunciado, ni le fue dado libre curso
en su debida forma para traer sobre la iglesia las bendiciones sin límite
que están contenidas en él" (p. 33).
Véase el testimonio de E. White a propósito de los sermones dados por A.
T. Jones en la Asamblea de 1893, que contienen una solemne y llana
exposición del rechazo del que fue objeto el mensaje en 1888, así como un
llamamiento a recuperar entonces lo que se perdió cinco años atrás:
"Se me ha dado instrucción para que emplee esos discursos suyos impresos
en los Boletines de la Asociación General de 1893 y 1897, que contienen
poderosos argumentos en relación con la validez de los Testimonios, y que
sustentan el don de la profecía entre nosotros. Se me mostró que esos
artículos serían de ayuda para muchos, y especialmente para aquellos
recién llegados a la fe que no han estado familiarizados con nuestra
historia como pueblo. Será para usted una bendición el leer de nuevo esos
argumentos a los que dio forma el Espíritu Santo" (Carta 230,
1908).
Obsérvese el testimonio de O. A. Olsen (presidente de la Asociación), tras
oír uno de esos sermones:
"Algunos se pueden sentir atribulados por la alusión hecha a Minneapolis.
Sé que algunos se han sentido agraviados y afligidos en razón de la
referencia hecha a ese encuentro, y a la situación de allí. Pero téngase
presente que la única razón para que alguien se pudiera sentir así es un
espíritu obstinado por su parte... El mismo hecho de que uno se sienta
agraviado, delata al instante la semilla de la rebelión en el corazón" (General
Conference Bulletin, p. 188).
Objeción: “Podemos estar seguros de que Dios nunca enviará luz, de no ser
a través de los dirigentes de su iglesia, por lo que basta con atenerse a
lo que ellos aprueban”.
Podemos estar seguros de que Dios nunca dejará sin luz a los dirigentes de
su iglesia, pero estar seguros de que ellos siempre la aceptarán equivale
a adherirse al dogma papal de la infalibilidad de la iglesia. En ninguna
época de crisis fue suficiente con atenerse a lo que aprobaron los
dirigentes del pueblo de Dios. No bastó en los días de Elías, de Jeremías,
de Juan Bautista, del propio Jesús, en los días de la Reforma, del inicio
del movimiento adventista, ni en Minneapolis. Es posible que estemos
viviendo hoy en una época de crisis.
"Aquellos que han desempeñado un papel prominente en la obra, deben tener
gran cuidado con pensar que es imposible que la luz venga al pueblo de
Dios, si no es a través de ellos" (Signs of the Times, 26 mayo
1890).
"Dios elige al que él quiere, para que lleve el mensaje" (The Ellen G.
White 1888 Materials, p. 1032, Carta 19d, 1892).
"Dios puede elegir instrumentos que nosotros no aceptemos, debido a que no
coinciden exactamente con nuestras ideas… Entonces comienza la disección
del carácter" (The Ellen G. White 1888 Materials, p. 1091).
"Los maestros del pueblo en el tiempo de Cristo estaban plenamente
satisfechos con ellos mismos. Mantenían consejos y se animaban uno al otro
en sus ideas y opiniones, y Satán estaba en sus asambleas controlando sus
decisiones. Procuraban que el pueblo temiese escuchar las palabras de
Cristo. Amenazaban con echar de la sinagoga a aquellos que daban oído a su
doctrina, cosa que era considerada por el pueblo como la mayor maldición
que sobre ellos podía caer" (Signs of the Times, 26 mayo 1890).
"En el temor y el amor de Dios digo a aquellos ante quienes me tengo hoy,
que hay luz creciente para nosotros, y que con la recepción de esa luz
vienen grandes bendiciones. Y cuando veo a mis hermanos encendidos de ira
contra los mensajes y los mensajeros de Dios, pienso en escenas similares
en la vida de Cristo y de la Reforma. La recepción dada a los siervos de
Dios en épocas pasadas, es la misma que se da hoy a los portadores a
quienes Dios está enviando preciosos rayos de luz. Los dirigentes del
pueblo siguen hoy el mismo curso de acción que siguieron los Judíos.
Critican y cuestionan vez tras vez, y rehúsan admitir la evidencia,
tratando la luz que les es enviada de la misma manera en que los Judíos
trataron la luz que Jesús les trajo" (The Ellen G. White 1888 Materials,
p. 911).
"Sea cuidadoso en cuanto a tomar posición contra el pastor Waggoner. ¿No
tiene acaso la mayor evidencia posible de que el Señor ha estado
comunicando luz por medio de él? Yo sí la tengo" (The Ellen G. White
1888 Materials, p. 977).
"En tales casos la mente de un hombre gobierna la mente de otro hombre, y
el instrumento humano es separado de Dios y expuesto a la tentación. Los
métodos de Satanás tienden a un solo fin: a hacer que los hombres sean
esclavos de los hombres" (TM 361).
Jeremías 17:5 nos advierte: "Maldito el varón que confía en el hombre, y
pone carne por su brazo". ¿Por qué? (vers. 6): "no verá cuando viniere el
bien". Ahí encontramos resumida, con muy pocas palabras, nuestra historia
en Minneapolis. ¿La repetiremos nosotros?
"Siempre ha sido el firme propósito de Satanás eclipsar la visión de Jesús
e inducir a los hombres a mirar al hombre, a confiar en el hombre, y a
esperar ayuda del hombre. Durante años la iglesia ha estado mirando al
hombre, y esperando mucho del hombre en lugar de mirar a Jesús en quien se
cifran nuestras esperanzas de vida eterna. Por eso Dios entregó a sus
siervos un testimonio que presentaba con contornos claros y distintos la
verdad como es en Jesús, que es el mensaje del tercer ángel" (TM,
93)
Objeción: “La disciplina eclesiástica está por encima de una
interpretación no ‘oficial’ de la Escritura”.
Esa fue sin duda la ideología que permitió que se llevara a cabo la
Inquisición, único fruto posible de la mentalidad papal. Nuestra iglesia,
desde su mismo origen, surgió basada en el principio protestante de la
primacía de la Palabra. No hay otra forma en la que nuestro pueblo pueda
seguir avanzando en la luz.
"Permitid que sea Dios quien hable en su palabra. Si pensáis que
vuestro hermano cree un error, debéis tratarlo con consideración,
manifestando bondad, paciencia y cortesía. Debéis razonar con él a
partir de la palabra de Dios, comparando escritura con escritura,
considerando cuidadosamente cada partícula de evidencia" (Signs of the
Times, 26 mayo 1890).
Objeción: “Ha sido desafortunado equiparar a Jones y Waggoner con E. White,
en términos de inspiración profética”.
Habría sido desafortunado si tal cosa hubiera sucedido. Pero no sabemos de
nadie que sostenga tal equiparación (ver página 6 de
Introducción al mensaje
de 1888, PPPA 1997).
Los hechos son estos, y nos limitamos a señalarlos:
E. White los calificó como "mensajeros delegados de Cristo", "agentes
escogidos" como siendo poseedores de "credenciales celestiales". Dijo que
rechazar el mensaje que traían era rechazar a Cristo "quien debe ser
reconocido en sus mensajeros".
"Sé positivamente que Dios ha dado preciosa verdad en el momento oportuno,
a los hermanos Jones y Waggoner. ¿Significa que los considero infalibles?
¿Quiero decir con ello que es imposible que hagan una declaración, o
tengan una idea que no pueda ser cuestionada, o que sea errónea? No, no
hay tal cosa. No digo eso de ningún hombre en el mundo. Sin embargo,
afirmo que Dios ha enviado luz, y sed cuidadosos en el trato que le dais"
(The Ellen G. White 1888 Materials, p. 566).
"¿Por cuánto tiempo odiareis y despreciareis a los mensajeros de la
justicia de Dios? Dios les ha dado su mensaje. Llevan la palabra del
Señor" (The Ellen G. White 1888 Materials, p. 1341).
Objeción: “La insistencia en el tema de ‘Cristo, justicia nuestra’
es una forma de desequilibrio, de ir a los extremos. Está en peligro de
convertirse en una obsesión, en un monotema”.
"El gran pecado de los que profesan ser cristianos es que no abren el
corazón para recibir el Espíritu Santo. Cuando las almas tienen ferviente
deseo de Cristo, y procuran hacerse uno con él, los que se conforman con
una forma de piedad exclaman: ‘Sed cuidadosos, no vayáis a los extremos’"
(The Ellen G. White 1888 Materials, p. 1.250).
"...la reunión de Minneapolis... la justificación por la fe, Cristo
nuestra justicia... el Hno. Jones habló acerca del tema... este mensaje de
luz y verdad que ha venido a nuestro pueblo es precisamente la verdad
para este tiempo... Todo otro tema se hunde en la insignificancia"
(I MS, p. 424).
"Si mediante la gracia de Cristo su pueblo se transforma en recipientes
nuevos, él los llenará con vino nuevo. Dios concederá luz adicional y se
recuperarán verdades antiguas, que serán repuestas en el armazón de la
verdad, y dondequiera vayan los obreros, triunfarán. Como embajadores de
Cristo, han de escudriñar las Escrituras para investigar las verdades que
se hallan ocultas bajo los escombros del error. Y han de comunicar a otros
cada rayo de luz que reciban. Habrá un solo interés prevaleciente, un
solo propósito que absorberá todos los demás: Cristo, justicia nuestra"
(Hijos e hijas de Dios, p. 261).
"No me propuse saber algo entre vosotros, sino a Jesucristo, y a éste
crucificado" (1 Cor. 2:2).
Objeción: “No veo la importancia del mensaje traído por Jones y Waggoner:
yo siempre he comprendido y aceptado la justificación por la fe”.
¿Para quién debe estar escrito Apocalipsis 3:17? ¿Y para quién 1 Corintios
8:2? "Si alguno se imagina que sabe algo, aun no sabe nada como debe
saber".
Un año después de las presentaciones de Minneapolis, E. White escribió:
"El mensaje presente, la justificación por la fe... No hay uno en cien
que entienda por sí mismo la verdad bíblica sobre este tema que es tan
necesario" (I MS 422).
Casi todos estamos seguros de formar parte de ese menos que "uno en cien"
que lo entiende (y que lo acepta). No decimos que sea imposible... Pero
reconozcamos que ¡es improbable! ¿Te gustaría saber cuál era la posición
de los dos grandes campeones del rechazo al mensaje de la justificación
por la fe, tal como lo presentaron Jones y Waggoner en 1888? (U. Smith y
G. Butler): Sostenían que siempre habían creído y aceptado la
justificación por la fe...
Objeción: “Por algo debe ser que ese mensaje suele ser causa de
controversia...”
Efectivamente. La causó desde que fue dado en Minneapolis, y la seguirá
causando mientras el Señor lo siga enviando, y mientras siga siendo
resistido. Esta es la razón:
"¿Qué es justificación por la fe? Es la obra de Dios que abate
en el polvo la gloria del hombre, y hace por el hombre lo que éste no
puede hacer por sí mismo" (TM, p. 456).
Objeción: “No veo necesidad alguna del mensaje dado en Minneapolis en la
era de 1888, ya que yo encuentro toda la verdad en la Biblia”.
Efectivamente, está en la Biblia. Quizá simplemente debiera felicitarte
por haberlo encontrado ahí. No obstante, no estoy seguro de poder darte la
enhorabuena antes de preguntarte si felicitarías a alguien que te dijera
que no necesita el Nuevo Testamento, ya que toda la verdad que contiene
está de hecho ya en el Antiguo. O que no necesita los escritos del
Espíritu de Profecía por idéntico motivo.
También me gustaría preguntarte: El mensaje que presentaron Jones y
Waggoner, ¿de dónde era? ¿del cielo, o de los hombres? No podrás eludir
indefinidamente esa cuestión. Si era de Dios, ¿te sentirás cómodo cuando
te pregunte qué hiciste con esa luz que él envió “en su gran misericordia”?
“El hombre no vivirá sólo de pan, mas de todo lo que sale de la
boca de Jehová vivirá el hombre” (Deut. 8:3).
Objeción: ‘Es mejor seguir ocultando nuestra historia. Es preferible que
nuestros miembros, particularmente los nuevos miembros, desconozcan esos
hechos’
Es pertinente aquí recordar que Esteban fue apedreado por recordarle su
historia al pueblo de Israel.
¿Puedes señalar un solo lugar en el que el registro sagrado haya
preferido ocultar alguna parte de la historia del pueblo de Dios? La
religión cristiana es una religión revelada. Dios la ha revelado en
la historia. Los grandes hitos han estado siempre relacionados con
momentos, con lugares y con personas. No es posible
captar la justicia por la fe y olvidar a Abraham. No es posible aceptar la
ley e ignorar el Sinaí. No es posible intentar conocer a Dios y desechar
la historia sagrada, la forma como condujo al pueblo de Israel. No es
posible comprender el sacrificio infinito y ocultar el Calvario... ¿Cuál
es la virtud de ocultar Minneapolis, 1888, e intentar seguir como si no
hubiera sucedido nada, siendo que estamos cada vez más necesitados de lo
que allí se perdió? ¿Estamos hoy alumbrando la tierra con el conocimiento
de la gloria de Dios?
Repetimos aquí esta declaración de E. White:
“Se me ha dado instrucción para que emplee esos discursos suyos
impresos en los Boletines de la Asociación General de 1893 y 1897, que
contienen poderosos argumentos en relación con la validez de los
Testimonios, y que sustentan el don de la profecía entre nosotros. Se
me mostró que esos artículos serían de ayuda para muchos, y
especialmente para aquellos recién llegados a la fe que no han estado
familiarizados con nuestra historia como pueblo. Será para usted una
bendición el leer de nuevo esos argumentos a los que dio forma el Espíritu
Santo” (Carta 230, 1908). Puedes leer algunos de esos
sermones
de A. T. Jones.
Objeción: “Ese mensaje produce disensión, por lo tanto, perturba la unidad
y se lo debe silenciar”.
La introducción de la verdad siempre se ha acompañado de disensión; pero
no porque la verdad produzca la disensión, sino debido a que unos
la rechazan y otros la aceptan. No necesitamos la paz del cementerio.
Según la descripción que hace el Testigo fiel y verdadero de Apocalipsis a
propósito de Laodicea, nuestro gran problema es la tibieza. La
verdad es lo único que puede disipar esa falsa paz a la que tanto apego
han tenido siempre los falsos profetas, y que mantiene a la iglesia
espiritualmente dormida.
“La verdadera paz vendrá al pueblo de Dios cuando por medio del celo unido
y la oración ferviente, resulte perturbada la falsa paz que
en gran medida existe... Los que están bajo la influencia del Espíritu de
Dios no serán fanáticos sino serenos, firmes, libres de extravagancia.
Pero todos aquellos quienes han tenido la luz de la verdad brillando en
contornos claros en su camino, que sean cuidadosos en clamar: Paz y
seguridad. Que sean cuidadosos en dar el primer paso para suprimir el
mensaje de la verdad. Sed cuidadosos con la influencia que
ejercéis en este tiempo. Los que profesan creer las verdades especiales
necesitan estar convertidos y santificados por la verdad. Como cristianos
somos hechos depositarios de verdad sagrada, y no hemos de mantener la
verdad en el atrio exterior, sino traerla al santuario del alma. Entonces
la iglesia poseerá vitalidad divina por doquier. El débil será como David,
y David como el ángel del Señor” (Carta a U. Smith; The Ellen G. White
1888 Materials, p. 1014)
Jesús dijo: “¿Pensáis que he venido a la tierra a dar paz? No, os digo;
mas disensión” (Luc. 12:51).
Si bien hemos de procurar la unidad, no la hemos de procurar a cualquier
precio. Especialmente no al precio de sacrificar la verdad, porque Cristo
es la Verdad. Queremos estar unidos en la Verdad, en Cristo. Estar unidos
contra él no tiene virtud alguna. Eso se ha producido en demasiadas
ocasiones, una de ellas en las escenas previas a la crucifixión: la opción
de la unidad fue allí la elección de Barrabás. También se dio al
pie del Sinaí, cuando Aarón fundió el becerro de oro para que fuese
adorado como dios de Israel.
La acusación de producir división ha sido el argumento universal del
fanatismo religioso contra los que han sido fieles a Dios. Acab acusó así
a Elías: “¿Eres tú el que alborotas a Israel?” (1 Rey. 18:17). De una u
otra forma, es una acusación que han debido enfrentar todos los siervos
fieles de Dios. “Entonces hablaron los sacerdotes y los profetas a los
príncipes y a todo el pueblo, diciendo: En pena de muerte ha incurrido
este hombre [Jeremías]; porque profetizó contra esta ciudad, como vosotros
habéis oído con vuestros oídos” (Jer. 26:11). ¿Cuál fue la acusación del
papado contra los reformadores?
La falsa paz, la tibieza, que es el problema más grave de Laodicea, es la
más fuerte tentación a la que hemos de hacer frente como pueblo. El deseo
de buscar aquello que “nos conviene” está en nuestra propia carne. No hace
falta mirar más lejos de cada uno de nosotros. El pensar en términos
humanos en lo que nos conviene como pueblo, puede llevarnos al error más
lamentable:
“Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y
no que toda la nación se pierda” (Juan 11:50). Cuando pensamos en salvar
la nación de acuerdo con nuestra sabiduría humana, estamos en peligro de
hacer la voluntad del enemigo.
He aquí la auténtica causa de las divisiones:
“Murmuradores, querellosos, andando según sus deseos; y su boca
habla cosas soberbias, teniendo en admiración las personas por causa
del provecho. Mas vosotros, amados, tened memoria de las palabras que
antes han sido dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; Como
os decían: Que en el postrer tiempo habría burladores, que andarían
según sus malvados deseos. Estos son los que hacen divisiones,
sensuales, no teniendo el Espíritu” (Judas 16-19).
Objeción: “No hay un interés ‘oficial’ por ese mensaje. No ha logrado
impronta significativa en el cuerpo ministerial y docente. Ha fracasado en
ello, quedando sólo como una opción apropiada para excéntricos y
fanáticos”.
La iglesia ha sido grandemente bendecida por un mejor conocimiento del
mensaje, y también de su historia. Hace 50 años, afirmar que el mensaje
fue rechazado en Minneapolis, fue causa de escándalo. Hoy es un hecho
ampliamente aceptado y reconocido. También se acepta hoy el hecho de que
Cristo murió el equivalente a la muerte segunda de cada pecador, que
“gustó” la muerte que es la paga del pecado; no meramente el “sueño” o
descanso de la primera muerte. Eso abre unos tremendos horizontes y
permite ampliar nuestra visión sobre las dimensiones de los encantos
incomparables de Cristo, demostrados en su sacrificio expiatorio.
No nos parece justo hablar de desinterés oficial por ese mensaje. Como
ejemplo, el libro
Introducción al mensaje
de 1888 (R. J. Wieland) ha venido siendo publicado hasta
hoy por las tres casas editoras, desde hace más de 17 años (Southern
Publishing, Review & Herald, y Pacific Press). Se ha publicado
The Ellen G. White 1888
Materials: más de 1.800 páginas escritas por E. White a
propósito del precioso mensaje, de sus mensajeros, o de su historia. El
supuesto “fracaso” es más que discutible. Por otra parte, recibimos
personalmente innumerables manifestaciones de aprecio, de parte de
consagrados dirigentes de nuestra iglesia, quienes se congratulan por ver
facilitado el conocimiento de ese mensaje “preciosísimo”. Dios está al
timón de su iglesia. Pero no podemos ignorar los tiempos peligrosos
que nos esperan, ni podemos olvidar escenarios similares a los evocados
por esta objeción, en la vida de Jesús en esta tierra:
“Entonces los fariseos les preguntaron: ¿También vosotros habéis sido
engañados? ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes o de los
fariseos? Pero esta gente que no sabe de la ley, maldita es” (Juan
7:47-49).
“Vivimos en tiempos de peligro. Nuestra única seguridad está en caminar
en las huellas de Cristo y llevar su yugo. Tiempos turbulentos están
delante de nosotros. En muchos casos los amigos se enemistarán. Sin causa
alguna, los hombres llegarán a ser nuestros enemigos. Los motivos del
pueblo de Dios serán tergiversados no solamente por el mundo, sino también
por sus propios hermanos. Los siervos de Dios serán colocados en
situaciones difíciles. A fin de justificar la conducta egoísta e injusta
de los hombres, se hará una montaña de una insignificancia.
La obra que los hombres han hecho fielmente será desacreditada y
desestimada, debido a que sus esfuerzos no son acompañados por una
aparente prosperidad. Por medio de tergiversaciones estos hombres serán
vestidos con los oscuros ropajes de la deshonestidad debido a que
circunstancias que están más allá de su control, confundieron su obra. Se
los señalará como hombres en quienes no se puede confiar. Y esto lo harán
los miembros de la iglesia. Los siervos de Dios deben armarse con la mente
de Cristo. No deben esperar que escaparan del insulto y la tergiversación.
Se los tildará de excéntricos y fanáticos” (Alza tus ojos, p. 175).
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