I

 
   

Posiciones Comparadas

   
 

Por: Héctor A. Delgado 

   
 
“Hay algunos que perturban a los creyentes predicándoles un Evangelio pervertido, pero si aun nosotros mismos, o un ángel del Cielo les presentara un Evangelio diferente al que les estamos enseñando, sea condenado. Lo repetimos, si escuchan un Evangelio diferente al que anunciamos, condénenlo" (Gál. 1:7-9, adaptado).
 
Concepto Popular del Evangelio
Dios cuenta a cada persona como alguien que está fuera de Su familia hasta que ella decide aceptar a Cristo como Salvador y Señor. De manera, que si Dios recibe alguna persona en Su familia, es porque ella ha tomado la iniciativa de dar el primer paso. Mientras la persona no hace esto está totalmente perdida.
Más aun, el individuo tiene que llevar sobre sus hombros la terrible carga de que por cuanto no ha entregado su vida a Dios, la ira y la maldición del Señor está sobre él. Así se representa a Dios como el eterno Cobrador de una deuda que el hombre debe por causa de sus múltiples pecados. Y peor aun, como el hombre no puede resolver la problemática del sentido de culpabilidad que lo acusa por sus continuas caídas y errores, y al ver a Dios como un Dios que está airado con él, le es más fácil, presa de la desesperación, ingresar al mundo de los vicios antes que entrar en una relación de amistad con Dios.
Este enfoque del Evangelio impide que el individuo concilie la idea en su mente de un Dios que ama tanto al mundo que da a Su único Hijo por él, mientras que por otro lado se hace énfasis en la iniciativa divina de castigar  en el "lago de fuego y azufre" a todo aquel que no acepte a Cristo. ¿Es obligatoria - se pregunta - la aceptación de Cristo?, Después de todo, con un "lago de fuego y azufre" a la vista no queda opción, hay un solo camino para no ser castigado. La entrega que genera la presentación de un mensaje tal, está motivada por un deseo egocéntrico.
Con el fin de escapar de la destrucción la persona se siente impulsada a realizar lo único que puede salvarla de semejante suerte, entregarse a Dios. Pero el móvil de acción no es el fruto de una apreciación de corazón por la obra de Cristo, sino el deseo de escapar del castigo y la condenación del pecado. Es seguro, que una persona que realiza este tipo de entrega sólo deseará el perdón de los pecados para escapar del castigo, y no la liberación del mismo, y por consiguiente su entendimiento de la Justificación por la Fe y la santificación será limitado o equivocado.
         
"Buenas Nuevas" de lo que Dios puede hacer por el hombre si este se entrega a El. Se insiste - a veces inconscientemente - en que el individuo tiene que dar el primer paso hacia Dios. "El Señor está esperando que pongas de tu parte". "Tienes que apretar el botón, o la maquinaria celestial permanecerá paraliza-da". "El día que tomes la iniciativa de venir a Dios, la maquinaria celestial se activará".
Se nos enseña que "tenemos que admitir que somos pecadores, entonces Dios puede ayudarnos" (Lecciones de la Escuela Sabática, abril, mayo, junio, 1997, p. 16). Este entendimiento del Evangelio se puede resumir de la siguiente manera: ¿Usted quiere la salvación?  De el primer paso. Hágale señas a Dios.
 
El Concepto Real del Evangelio y el Mensaje de 1888
La Biblia es bien clara, la iniciativa de la salvación es divina, y no humana es de parte de Dios. Es El quien viene en busca del hombre, no importa la condición en la que se encuentre o el lugar donde esté (Lea Gén. 3:8,9). "Dios te ama incondicionalmente, no por lo bueno que eres, ni por los logros que alcanzas o por lo bueno que estás tratando de ser, sino, porque eres Su hijo y El quiere que vuelvas a casa" (Mat.11:28).
Es Dios quien despierta en el hombre el deseo de algo que no tiene, de un poder que le dé libertad del pecado y su vida dañada por la práctica del mismo. El hombre por sí solo no puede ir a Dios, aunque por momentos desee hacerlo. Necesita la ayuda de un poder externo.
Además, el testimonio unánime de las Escrituras es que Dios ha aceptado a toda la humanidad en la persona de Su Hijo Jesucristo (Efe. 1:3-6).
El Espíritu de Profecía dice: "Las palabras dichas a Cristo a orillas del Jordán: 'Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento' [Mat. 3:17], abarcan  a  toda  la  humanidad. Dios habló a Cristo como a nuestro Representante. No obstante a nuestros pecados y debilidades, no somos desechados como inútiles. El 'nos hizo aceptos en el Amado' (Efe. 1:6). La gloria que descansó sobre Jesús es una prenda del amor de Dios hacia nosotros... Dios acepta la humanidad en la persona de Su Hijo" (El Deseado de Todas las Gentes,  p. 87,86).
Si ya hemos sido aceptados ante Dios por la obra de Cristo de venir a este mundo para reconciliarnos con El, no tenemos razón para dudar de si el Señor nos recibirá o no cuando vallamos a El. La historia de la mujer encontrada en adulterio nos revela en claras palabras la manera en la que Dios trata con cada ser humano (Juan 8: 1-11; cf. Heb. 4:16).
El mismo Cristo dijo: "Porque Dios no envió a Su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El" (Juan 3:17). Lo primero que Cristo dice al pecador que ha respondido a su atracción es: "Hijo, no estoy enojado contigo. Ven a casa y no tengas miedo".
Quienes sostienen que Cristo "no perdonó nuestros pecados en la cruz", niegan la realidad y la razón misma de Su muerte. Ignoran que las palabras de Cristo "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Luc. 23:34) fueron contestadas por el Padre en forma objetiva y forense. Pero lamentablemente, los hombres no quieren recibir por fe la obra que Cristo realizó en la cruz. Esta es la única razón por la que no se benefician de ella para vida eterna, aunque ya les beneficia en el aspecto de la vida física que poseen.
Elena White dice: "No hay pecado que el hombre  pueda cometer, que no haya sido pagado en el Calvario" (Comentario Bíblico Adventista, tomo 6, p. 1071). Dios sí perdonó a la humanidad en la cruz, y esto fue posible porque El pagó todo el precio, saldó la cuenta que esta tenía y le dio  libertad. Hoy, Dios puede decir a cada hombre: "Hijo mío, eres libre, tu pecado está perdonado" (Isa. 40:2).
El Pr. N. C. Wilson (ex presidente de la Asociación General) dice: "El sacrificio de Cristo es más que provisorio. En realidad cancela la condenación que cayó sobre todos los miembros de la familia humana por causa de la caída de Adán, y provee justificación legal para el mundo entero. De ese modo, cada pecador está eterna e infinitamente en deuda con Cristo, sea que lo reconozca y admita [como Salvador personal] o no" (Revista Adventista, p. 3, 1988).
Antes de la muerte de Cristo en la cruz la humanidad estaba endeudada para con Dios, y esa deuda era de pago. Pero como la humanidad no podía por sí misma resolver ese problema,  Dios intervino salvándola de esa terrible situación. Después de la cruz, la raza humana sigue endeudada delante de Dios, pero esta vez su deuda no es de pago, sino, de aceptación del regalo de la vida eterna en Cristo (Juan 3:16,36).
Esta "justificación legal para todo el mundo" que fue lograda por Cristo, no significa que finalmente todos los hombres se salvarán como creen algunos, pues la eternidad será disfrutada solamente por aquellos que recibieron el don del nuevo nacimiento y la salvación por gracia en Cristo (Lea Juan 3:3-5; 18,19). Es por esto, que Pablo dice que sólo los que "reciben la abundancia de la gracia y el don gratuito de la justicia" (Rom. 5:17) son los que podrán reinar con Dios  por los siglos sin fin.
La "justificación legal" de la que estamos hablando es llamada por el apóstol Pablo "la justificación de vida" (Rom. 5:18 u. p.), y esta "vida" le provee al hombre la oportunidad que necesita para aceptar la "reconciliación" que fue realizada por Cristo en la cruz salvándolo de la destrucción (Col. 1:20; Rom.5:10; 2 Cor. 5:18,19). Si durante esta "vida", recibe a Cristo por la fe en su corazón, se consumará la salvación en su ser.
Necesitamos conocer y no olvidar que para nuestro Padre celestial la persona que no ha "entendido el Evangelio es una oveja perdida, no un lobo; una moneda perdida, no una basura; un hijo pródigo errante, no un extraño (La Comparación Basada en la Justificación por la Fe, p. 1).
          La salvación no es nuestra o es elaborada cuando creemos realmente, porque esta es la obra de Dios en Cristo. Verdaderamente, lo que sucede cuando creemos es que  recibimos esa realidad en nuestras vidas, pero Dios se la dio en Cristo  a la humanidad en la cruz (1 Cor. 1:30; 1 Juan 5:10).
El Dr. E. J. Waggoner, quien fuera comisionado por Dios en el año 1888 para dar "un precioso mensaje" a esta iglesia, dice en uno de sus temas: "Dios ha traído salvación a cada ser huma-no, y la ha entregado a cada  uno; pero la mayoría la ha rechazado y alejado se sí. El juicio revelará que a cada hombre le fue dada completa salvación, y que aquellos que se perderán, deliberadamente arrojaron fuera de sí la posesión de tal herencia. Entonces será acallado todo labio... ¿Qué? ¿Está UD. enseñando que la salvación es universal? Queremos decir justamente lo que la Palabra de Dios enseña, que 'la gracia de Dios que trae salvación, se manifestó a todos los hombres' [Tit. 2:11]" (Buenas Nuevas, el Evangelio en Gálatas, p. 17). Dios espera que los hombres reciban Su amor y perdón.
Dice el Espíritu de Profecía: "Por medio de influencias visibles e invisibles, nuestro Salvador está constantemente obrando para atraer el corazón de los hombres de los vanos placeres del pecado a las bendiciones infinitas que pueden disfrutar en El" (El Camino a Cristo, p. 26).
En realidad, el Evangelio significa "Buenas Noticias" de lo que Dios hizo y está haciendo por ti actualmente. "El te ha estado atrayendo toda tu vida" (Juan12:32; Jer. 31:3). "No resistas la atracción de Dios y serás salvo".
 
Si quieres venir a Dios, no te detengas ni sientas temor, las puertas están abiertas. ¡Grandes cosas ha hecho Dios por ti!
   
 

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