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“Hermanos
y hermanas, de la luz que me ha sido dada, yo se que si el pueblo de
Dios hubiera mantenido una viva conexión con El, si hubiera
obedecido la Palabra, estaría hoy en la Canaán celestial”
(Elena White, Boletín de la Asociación General, 30-3-1903).
En el año de 1844 se desplegó en Norteamérica el tercer movimiento
evangélico más grande que se ha conocido. Fue el movimiento
Millerita. Entusiasmados por la convicción del pronto regreso de
Cristo a esta Tierra, y con un fervor y una sinceridad poco
conocida hasta hoy, conmovieron el corazón de multitudes de personas
para que se prepararan y salieran al encuentro de su tierno y amante
Salvador.
Hoy se sabe que aunque estos sinceros creyentes enfrentaron un “gran
chasco” similar al que pasaron los discípulos de Cristo cuando el
murió, un grupo de ellos no desistió y continuó investigando las
causas del chasco, las cuales fueron conocidas poco tiempo después.
Años después y bajo la dirección divina se formaría una iglesia con
un sentido de misión totalmente diferente al de las iglesias
tradicionales: La Iglesia Adventista del 7mo. Día.
Cuatro años más tarde, en 1848 (el 31 de Marzo para ser más
específicos) empezaron a suceder “cosas extrañas” en el poblado de
Hydesville de New York.
En una humilde cabaña del mencionado lugar se estaba gestando
misteriosamente lo que más tarde se convertiría en un movimiento de
proporciones enormes: El espiritismo moderno.
Resulta interesante notar que mientras Dios estaba enviando el
mensaje de los tres ángeles registrado en Apocalipsis 14: 6-12 por
medio de sus instrumentos escogidos, Satanás, por su lado, estaba
moviendo sus agentes para contrarrestar y confundir la obra de Dios.
Pero no todo concluiría allí. Los años que siguieron a 1844 y 1848
sirvieron de propulsores para la posterior maduración de la cosecha,
y el tiempo de segar parecía estar a la puerta.
Para ese entonces la iglesia Adventista empezaba a crecer en adeptos
y forma de organización. Pero misteriosa e inexplicablemente no se
experimentaba un crecimiento en la vida devocional y espiritual del
remanente que recompensará la adquisición de la “verdad presente”.
Ya para 1853 Jaime White aplicaba el mensaje de “Laodicea” al pueblo
de Dios.
Un año después (1854) el espiritismo se había extendido ya por
“Estados Unidos, Francia y el resto de Europa”.1 Y solo unos diez
años después el número de médiums “en los Estados Unidos era de
30,000”2, y sus seguidores se contaban por tres millones.
Pero llegó el año 1888, y el Señor del Cielo estaba enviando un
mensaje a su pueblo que de haber sido recibido habría cambiado el
estado de cosas que imperaban.
“En las décadas de 1870 y 1880, muchos adventistas habían perdido
totalmente de vista a Jesús... La decreciente experiencia cristiana
personal de muchos miembros resultó en una creciente tibieza
espiritual de las congregaciones”.3
En la Review and Herald del 21 de Noviembre de 1882 el
presidente de la Asociación General, George Butler, externó que la
iglesia estaba pasando por una “apostasía y decadencia espiritual”
que estaba causando que “el progreso de la obra” se retrasara
“considerablemente”.
Esta terrible “decadencia espiritual” abarcaba no solo a los
miembros de la iglesia, sino también a los dirigentes. Elena de
White dijo para el año 1886 que “había una necesidad de un gran
reavivamiento espiritual entre los hombres que llevan
responsabilidades en la causa de Dios”.4
Como consecuencia, se predicaban “demasiados sermones sin Cristo”.
Entonces “el Señor en su misericordia envió un preciosísimo mensaje
a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones. Este
mensaje había de presentar en forma más prominente al mundo al
Salvador levantado, el sacrificio por los pecados del mundo entero.
Presentaba la Justificación por la Fe en el Garante (Cristo);
invitaba al pueblo a recibir la justicia de Cristo, que se
manifiesta en la obediencia a todos los Mandamientos de Dios. Muchos
[del pueblo] habían perdido de vista a Jesús. Necesitaban dirigir
sus ojos a su divina persona, a sus méritos, a su amor inalterable
por la familia humana”.5
Elena de White apoyó fervientemente este mensaje. Cuando ella estaba
en el Congreso de Minneapolis y lo escuchó, dijo: “cada fibra de mi
corazón dijo amén”.6 La exposición de Dr. Waggoner sobre la
Justificación por la Fe fue reconocida por ella como “una enseñanza
clara”.
Posteriormente, en el año 1895 ella expresó que Dios había
comisionado a Jones y Waggoner “para dar un mensaje especial al
mundo”.7
Pero mucho más sucedía con este mensaje, fue identificado como “el
fuerte clamor del tercer ángel [que] ya ha comenzado en la
revelación de la justicia de Cristo, el Redentor que perdona los
pecados. Este es el comienzo de la luz del ángel cuya gloria ha de
llenar toda la Tierra”.8
Tres años después de decir esto (en 1895) ella volvió a repetir: “Es
el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y
acompañado por el abundante derramamiento” del Espíritu Santo.9
Esto lo comprendía plenamente el Dr. Waggoner, pues dijo con una
convicción que conmueve al concluir una serie de sermones sobre la
carta a los Romanos:
“Cuando tengamos a Cristo, tendremos todo, y conoceremos el poder
que hay en Él. Entonces nos sujetaremos a Él, y su poder se
apoderará de nosotros, y la palabra que predicamos irá con poder y
el fuerte pregón del mensaje del tercer ángel habrá venido. En esta
noche me alegro en la fe que el alto clamor está ahora
empezando”.10
Esta maravillosa convicción de que la lluvia tardía se estaba
derramando y que el fuerte clamor había comenzado fue lo que los
llevó a creer que la venida de Cristo era inminente. Por eso dijo lo
siguiente:
“En breve, cuando Cristo venga, todo estará concluido. Entonces
veremos Aquel que no habiéndolo visto, lo amamos; en el cual, a
pesar de no verlo ahora, creemos, y nos alegramos con júbilo
inexplicable y lleno de gloria [1 Ped. 1:8,9]. Ese día feliz seremos
como El, porque le veremos tal como El es”.11
Sería el conocimiento de esto que llevó a Elena de White a decir “al
concluir el sermón que ofreció el primer sábado del Congreso de la
Asociación General de 1888” que “ahora, hermanos, casi hemos llegado
al hogar”.12
1888 un Año Clave
El año 1888 no sólo fue testigo de la llegada del mensaje a la
iglesia de la Justificación por la Fe, sino que fue un año clave
para un acontecimiento asombroso relacionado con el espiritismo
moderno.
Margareta Fox (quien fuera uno de los canales usados por los
espíritus en la casa de los Fox en Hidesville) regresó a New York
desde Europa y le “manifestó a un periodista que la entrevistó su
intención de denunciar las maquinaciones del espiritismo. Margareta
había llegado a despreciar el espiritismo y estaba decidida a
exponer sus cargos contra el ocultismo”.
“Todos estos sentimientos se volcaron en el periódico New York
Herald del 24 de Agosto de 1888 (¿notó la fecha?). En esa
ocasión, afirmó que iba a desnudar los mismos fundamentos del
espiritismo”.13
¿Podría considerarse casualidad o coincidencia que tan solo 54 días
después se celebrará el Congreso de la Asociación General en
Minneapolis?
Después que el esposo de Margareta murió, [ella] se alejó del
espiritismo por un tiempo y en el año de 1858 se convirtió al
catolicismo. Pero realmente nunca se desligó totalmente del
movimiento espiritista, y, finalmente ’presionada por los espíritus’
volvió a desempeñarse como médium”.14
En el tiempo que ella denunciaba “los mismos fundamentos del
espiritismo”, Margareta “les había respondido a las personas que
habían insistido para que “continuara celebrando ‘sesiones’: Ustedes
me están llevando al infierno’...
En ese mismo año, también llegó de Europa Katie Fox (otra de las
fundadoras del espiritismo moderno)... Cuando un periodista la
entrevistó, las palabras de Katie fueron: ‘Considero que el
espiritismo es una de las más grandes maldiciones que se han
conocido en el mundo’...
El 21 de Octubre de 1888 (cuatro días después de iniciarse el
Congreso en Minneapolis), una gran concurrencia se reunió en la
Academia de Música de New York. En esa ocasión Margareta Fox kane
leyó una declaración repudiando la totalidad de los fenómenos
paranormales. Dijo:
‘La mayoría de ustedes, sin duda, saben que fui un instrumento
importante para perpetuar el fraude del espiritismo a un público
excesivamente confiado.
“Lo que más lamento en mi vida es que esto ha sido verdad y aunque
mi decisión llega en forma tardía, recién ahora estoy preparada para
decir la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad, ¡así que
Dios me ayude!...
“‘Estoy aquí esta noche como una de las fundadoras del espiritismo
para denunciarlo como una absoluta falsedad de principio a fin, como
la más frágil de las supersticiones y la más impía de las blasfemias
que se conocen en el mundo’.
“Aquella declaración resonó como un golpe mortal contra el
espiritismo. ¡Una de las fundadoras lo denunciaba como un fraude! ¡Y
lo hacía ante las más grandes autoridades del espiritismo!”.15
Aunque un año más tarde Margareta se retractó de lo que dijo, lo
dicho anteriormente revela el caos que era su vida como esclava de
alguien que a sus prisioneros no les abre la puerta de la cárcel:
Satanás (ver Isa. 14:17b)
El hecho de que estos acontecimientos se encontraran paralelamente
en aquella fecha indica que fue la providencia divina que los ordenó
así. Cuan ciertas son las palabras: “Dios dirige todo para la
ejecución de sus propósitos”.16
El mensaje presentado por los pastores Jones y Waggoner en
Minneapolis estaba destinado a realizar una obra de reavivamiento y
reforma en el pueblo de Dios. Constituía “exactamente el mismo
[mensaje] que pablo enseñó, y el mismo que Cristo enseñó”.17 Esta es
la razón por la que fue identificado como un mensaje que tenía las
“credenciales divinas” y que su “fruto era para santidad”.18
Pero, en Minneapolis, sucedió algo extraño y terrible. Lo que debió
convertirse en una de las experiencias más grandiosas del pueblo de
Dios, se convirtió en uno “de los capítulos más tristes en la
historia de los creyentes de la verdad presente”.19 ¿Por qué? Porque
los “prejuicios” y “las opiniones preconcebidas” de muchos de los
líderes en contra de Waggoner y Jones no les permitieron apreciar la
luz que Dios les estaba enviando a través de ellos.
Elena de White declaró que el curso que fue “seguido en Minneapolis
fue de crueldad hacia el Espíritu de Dios”.20
También había dicho que la “experiencia no santificada” de aquellos
hombres estaba “insultando al Espíritu de Dios” y que “estaban
poseídos por el mismo espíritu que inspiró a Coré, Datán y
Abirán”.21 Y dijo más:
“Las escenas ocurridas en esta reunión hicieron avergonzarse al Dios
del Cielo de llamar hermanos a quienes tomaron parte en ellas. Todo
esto lo vio el Observador celestial, y está escrito en el libro de
las memorias de Dios”.22
“Todo el Universo del Cielo presenció el desgraciado tratamiento que
se le dio a Jesucristo, representado por el Espíritu Santo. Si
hubiera estado ante ellos, lo hubieran tratado de manera similar a
la forma en que los Judíos trataron a Cristo”.23
Me imagino que no hay que explicar cuál fue la forma en la que los
Judíos trataron a Cristo. ¿Verdad?
El conflicto que sucedió en Minneapolis y el rechazo del mensaje
presentado por los “siervos de Dios” preparó el terreno para que se
frustrara la obra de Dios y la proclamación del “fuerte clamor”. Y
hasta el presente estamos luchando para que esa experiencia se
repita y por rescatar el verdadero mensaje de la justicia de Cristo
que fue dado a la iglesia en l888. Pero esa “experiencia” no se
logrará abrazando y enseñando un falso mensaje de Justificación por
la Fe. Si no, con el mismo mensaje que presentaron los “mensajeros
de Dios” en el Congreso de Minneapolis. Meditemos en la siguiente
cita:
“La falta de voluntad para renunciar a opiniones preconcebidas y
aceptar esta verdad fue la principal base de la oposición
manifestada en Minneapolis contra el mensaje del Señor expuesto por
los hermanos Waggoner y Jones. Suscitando esa oposición, Satanás
tuvo éxito en impedir que fluyera hacia nuestros hermanos, en gran
medida, el poder especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba
impartirles. El enemigo les impidió que obtuvieran esa eficiencia
que pudiera haber sido suya para llevar la verdad al mundo, tal como
los apóstoles la proclamaron después del día de Pentecostés. Fue
resistida la luz que ha de alumbrar a toda la Tierra con su gloria,
y en gran medida ha sido mantenida lejos del mundo por el proceder
de nuestros propios hermanos”.24
La Crisis de las Leyes Dominicales
A estos acontecimientos súmele el conflicto de las leyes dominicales
y a la crisis que desató sobre los adventistas en “las décadas de
1880 y 1890” (¿Notó la fecha?).
En 1885 en el Estado de Tennesse tres adventistas “fueron multados y
puestos en prisión y pasaron varias semanas de trabajos forzados. En
1889, y una vez más en 1890” otro adventista fue “arrestado por
trabajar con su azadón en un sembradío de papas”.25 Este último
murió antes de que su causa “pudiera ser tratada”. “Tres años más
tarde cinco adventistas [más] fueron llevados a juicio por violar la
ordenanza del Estado de Tennessee... Muchas veces durante este
período, los proponentes de las leyes dominicales tuvieron éxito al
introducir proyectos de ley en el Congreso de los Estados Unidos”.26
En el mismo año de 1888 sucedió algo más. El libro conocido como El
Conflicto de los Siglos fue publicado por primera vez. Esta
maravillosa obra estaba destinada a servir de canal para esclarecer
algunas ideas confusas sobre el carácter de Dios, y conducir a
muchas personas al conocimiento de la “verdad presente” y la Biblia
como Palabra inspirada de Dios. En este libro se desenmascara el
engaño y la amenaza del espiritismo de una manera extraordinaria.
También se denuncian las consecuencias negativas que producirían las
leyes dominicales sobre la libertad de conciencia del pueblo de
Dios. En sus páginas se encuentra un sentido de urgencia que el
lector cuidadoso no dejará de percibir. Reagrupemos ahora las ideas
consideradas hasta aquí:
1) Surgimiento del movimiento Adventista y su poderosa predicación
del mensaje de los tres ángeles, la última advertencia de Dios a
este mundo.
2) Resurgimiento del espiritismo, esa forma de paganismo antiguo
bajo un nuevo disfraz en Hidesville cuatro años más tarde (1848).
3) El glorioso mensaje de la Justificación por Fe que Dios “en su
misericordia” envió a este pueblo a través de los pastores Waggoner
y Jones en el Congreso de Minneapolis.
4) La declaración del Espíritu de Profecía en 1888 que aseguraba que
casi habíamos “llegado al hogar” celestial. Y esta era una
convicción compartida por E. J. Waggoner como ya vimos.
5) La identificación de este “precioso mensaje” como el “fuerte
clamor del tercer ángel” que ya había “comenzado en la
revelación de la justicia de Cristo”.
6) La crisis creada por la Leyes dominicales sobre los adventistas
en “las décadas de 1880 y 1890”.
7) El “golpe mortal” asestado contra el espiritismo por dos de sus
fundadoras al denunciarlo como “una falsedad de principio a fin” y
como “la más impía de las blasfemias que se conocen en el mundo”.
El surgimiento de estos trascendentales acontecimientos deberían
hacernos meditar en el por qué todavía estamos aquí. De hecho, el
objetivo principal de este artículo es motivar en nosotros un
regreso a Dios de todo corazón y buscar de Él la suficiencia
necesaria para estar listos para su pronto regreso. También para que
investiguemos la verdad del “precioso mensaje” de 1888 y trabajemos
como un solo hombre en la restauración de dicho mensaje.
Al analizar la historia descubrimos que lo que motivó que nos
estancáramos aquí fue el rechazo del mensaje de la justicia de
Cristo tal y como fue entendido y predicado por los mensajeros de
1888. El “fuerte clamor” que había comenzado se esfumó. Bien observa
el reconocido escritor adventista Morris Venden:
“Aun cuando unos pocos hablaban, enseñaban y estudiaban del tema
[de la justicia de Cristo], gradualmente este se desvaneció. Y esta
es la única explicación de por qué todavía estamos aquí”.27
En 1901, tan solo trece años después del Congreso de Minneapolis,
Elena de White pronunció unas palabras que deben ser estudiadas y
consideradas con mucha seriedad y detenimiento:
“Tal vez tengamos que permanecer aquí en este mundo muchos años más
debido a la insubordinación, como les sucedió a los hijos de Israel;
pero por amor de Cristo, su pueblo no debe añadir pecado sobre
pecado culpando a Dios de las consecuencias de su propia conducta
errónea”.28
Y dos años después dijo:
“Hermanos y hermanas, de la luz que me ha sido dada, yo se que si el
pueblo de Dios hubiera mantenido una viva conexión con El, si
hubiera obedecido la Palabra, estaría hoy en la Canaán celestial”.
29
Veamos aun otra cita en el mismo tenor:
“Si el propósito de Dios de dar al mundo el mensaje de misericordia,
hubiera sido cumplido por su pueblo, Cristo hubiera venido a este
mundo y los santos hubieran recibido la bienvenida en la ciudad de
Dios”.30
Estas citas son reveladoras y las hemos reproducido con el solo
propósito de que veamos la necesidad de presentar el mensaje que
Dios quiere que presentemos al mundo y así “apresurar la venida del
Señor”. No es cualquier mensaje que logrará terminar la obra de
Dios. Solo lo hará el que Dios ha señalado.
En este tiempo Dios nos está dando nuevamente la oportunidad de
recibir y proclamar el “precioso mensaje” de 1888 a un mundo que
perece en las garras del escepticismo y el error. Y este glorioso
mensaje está siendo restaurado y predicado por instrumentos
humildes. Esta vez Dios triunfará y será glorificado en sus santos.
La Tierra será iluminada con toda “su gloria” (Apoc.18:1). También
debemos cuidarnos de las “opiniones preconcebidas” que echaron a
perder en el pasado este glorioso mensaje.
Dios se está moviendo en medio de las diferentes corrientes que
sacuden al adventismo hoy día y los fulgores del “fuerte clamor” se
ven venir una vez más.
Sí, el tiempo de que “el misterio de Dios”, su puro Evangelio, sea
consumado ha llegado (Apoc. 10:7) y en breve Jesucristo “aplastará
la cabeza a Satanás” (Rom. 16:20).
Muchos no creen que nosotros pudimos haber entrado en la Canaán
celestial hace varios años. Parece que no toman en cuenta la manera
en la que Dios actúa en este mundo en relación con su iglesia. Lo
cierto es, que si los párrafos que citamos anteriormente del
Espíritu de Profecía son ciertos, somos más que culpables por estar
vagando aun en este desierto. Y cuando enfocamos las cosas de otra
manera no estamos más “que añadiendo pecado sobre pecado” y
“culpando a Dios de las consecuencias” de nuestra “propia conducta
errónea”.
El Espíritu Santo será quien nos conducirá a una comprensión plena
de “la verdad como es en Jesús” contenida en el mensaje de 1888. Y
lo hará, si nosotros no lo estorbamos y lo “maltratamos” como lo
hicimos en el Congreso de Minneapolis.
Concluimos tomando prestadas las palabras de Waggoner: “En breve,
cuando Cristo venga, todo estará concluido”. Amén.
Notas y Referencias:
1) Credos Contemporáneos, p. 284.
2) Ibíd.
3) Lo Que Todo Adventista Debería Saber Sobre 1888, pp.
10-11.
4) Manuscrito 15, 1888.
5) Testimonios para los Ministros, p. 89.
6) Demora Aparente, p. 46.
7) Testimonios para los Ministros, p. 80.
8) Review and Herald, 2-11-1892.
9) Testimonios para los Ministros, p. 93
10) Carta a los Romanos, 16:22; 1891.
11) Ibíd.
12) La, p. 174. Véase además Review and Herald, 11-2-1890;
Dos años más tarde volvió a decir: “Casi hemos llegado al
hogar. Estamos en los bordes del mundo eterno. Los que
demuestren ser dignos 242 pronto serán introducidos en el
reino de Dios. No tenemos tiempo que perder” (Manuscrito
100, 1902)
13) Credos Contemporáneos, p. 289.
14) Ibíd.
15) Ibíd., pp. 289-290.
16) Manuscrito 5, 1889.
17) Manuscrito 27, 1889.
18) Review and Herald, 3-9-1889.
19) Citado en lo Que Todo Adventista debería Saber Sobre
1888, p. 35
20) Manuscrito 30, 1889.
21) Carta 2a. 1892.
22) Elena de White a O. L. Olsen, 31-5-1896.
23) Elena de White a Hermanos que Ocupan Puestos de
Responsabilidad en la Obra, 16-1-1896.
24) Carta 96, 1896.
25) Desafío del Tiempo Final, pág. 109.
26) Ibíd., p. 110.
27) Del Éxodo al Advenimiento, p. 57.
28) Carta 184, 1901.
29) Boletín de la Asociación General, 30-3-1903.
30) Testimonios, tomo 6, p.
406.
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