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Apreciados miembros del "Comité para el estudio del mensaje de 1888":
Cuando asistí a las conferencias del mensaje de 1888, mi corazón quedó
hondamente impresionado. Es algo tan claro, tan sensato, tan leal a la
Iglesia y sus dirigentes, tan evidentemente "preciosísimo", que regresé a
casa rebosante de alegría, impaciente por compartir las buenas nuevas con
todos los hermanos de mi iglesia local. Pero me quedé atónito de la
recepción que se me hizo -el pastor y los ancianos dicen que es fanatismo,
y que debo abstenerme de distribuir libros o cassettes. ¿Qué puedo hacer?
Apreciado Comité:
Asistí a todas las conferencias en Union College, y fui bendecido. Mil
gracias por venir a nuestra zona. Pero me he visto atrapado en una severa
oposición… He hablado con cuatro pastores, y de ellos, tres estaban
totalmente en contra del
arrepentimiento
corporativo…*
¿Puede alguien ayudarme?
Apreciado Comité:
Su artículo sobre las joyas me convenció. La noción de que estamos
viviendo en el día de la expiación es la auténtica razón para nuestros
principios de modestia en el vestido. A mi parecer, todos debieran estar
agradecidos por haber comprendido algo tan útil. Pero – ¿Qué? ¡Tendrían
que ver la tormenta que se ha armado en mi iglesia a propósito del tema!
Sé que la purificación del santuario es verdadera, pero aquí no se la
acepta…
Primeramente, postrado sobre sus rodillas, vea si el mensaje es
verdaderamente "preciosísimo", como E. White dijo que era, o si es
"fanatismo". Dispone de la Biblia y del Espíritu de Profecía. Confíe en la
promesa de Cristo: "El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la
doctrina si viene de Dios, o si yo hablo de mí mismo" (Juan 7:17). Está a
su alcance estudiarlo personalmente. ¿Por qué no creer que su Padre
celestial no le dará jamás una piedra, siendo que le pide pan? (Luc. 11:9-13).
Una vez que eso se grabe en su mente y corazón, permita que sea la Biblia
quien le enseñe cómo afrontar la oposición y el rechazo. Otros que lo
experimentaron con anterioridad se entregaron a tal estudio y oración.
Frente a una oposición incomprensible, Jeremías se gozó así, "Halláronse
tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de
mi corazón" (Jer. 15:16). El Señor dice: "No temas, que yo soy contigo"
(Isa. 41:10; Ezeq. 2:6; 3:9). Dice Juan, en relación con la oposición:
"Hermanos míos, no os maravilléis si el mundo os aborrece" (1 Juan 3:13).
He aquí algunos ejemplos bíblicos que nos proporcionan luz y ánimo:
1- El Caso de
José
José sufrió oposición de la parte de sus hermanos mayores, quienes
constituían en aquel tiempo los "dirigentes" de la iglesia verdadera. Lo
vendieron como esclavo, debido a que aborrecían sus sueños proféticos. En
otras palabras, se oponían al Espíritu de Profecía de sus días (Gén.
37:4-27). José casi se desesperó en llanto incontenible durante su primera
noche de esclavitud, pero después tomó la determinación de confiar en el
Dios de sus padres, y serle fiel (Patriarcas y Profetas, p. 214 y
215). Totalmente solo en Egipto, escogió creer las buenas nuevas de sus
sueños juveniles, incluso aunque "afligieron sus pies con grillos; en
hierro fue puesta su persona. Hasta la hora que… el dicho de Jehová le
probó" (Sal. 105:17-19).
El mismo "dicho de Jehová" debe probarnos a nosotros:
"Pronto los hijos de Dios serán probados por intensas pruebas, y muchos de
aquellos que ahora parecen ser sinceros y fieles resultarán ser vil metal.
…El permanecer de pie en defensa de la verdad y la justicia cuando la
mayoría nos abandone, el pelear las batallas del Señor cuando los
campeones sean pocos, ésta será nuestra prueba." (Joyas de los
Testimonios, vol. 2, p. 31).
La experiencia de José bien merece nuestra atenta lectura y estudio.
Cobraremos ánimo para permanecer firmes por el Señor, aunque podamos
pensar que estamos desesperadamente solos.
Durante todos esos años de prueba, José mantuvo su fe en lo que equivale
al arrepentimiento corporativo y denominacional: creyó (a) que Dios daría
a sus hermanos verdadero arrepentimiento, (b) que el Señor bendeciría a
los hijos de Israel con el reavivamiento y la reforma, (c) que en ellos
serían benditas "todas las familias de la tierra" (Gén. 12:3). Fue esa fe
la que evitó que cayera en la amargura o el resentimiento hacia sus
hermanos. Le guardó asimismo del desánimo durante la larga espera.
Para José, la familia de Jacob era tan ciertamente la auténtica iglesia
remanente de sus días, como lo es para nosotros la Iglesia denominacional
organizada. Y la necesidad espiritual de sus diez hermanos era, por lo
tanto, similar a la necesidad de la iglesia remanente de nuestros días.
Hasta su mismo padre Jacob se había entregado a la incredulidad
desesperanzada, dudando de las buenas nuevas. Así pues, no solamente sus
hermanos, sino el mismo Jacob estaba en necesidad de arrepentimiento.
Obsérvese: Jacob sabía que era el Señor quien había dado esos sueños
inspirados a José (Gén. 37:9-11), sin embargo cuando los hermanos malvados
le trajeron la preciosa túnica de su hijo manchada de sangre, sacó
rápidamente la conclusión errónea: "alguna mala bestia le devoró" (v. 33).
Tan densa y honda era la incredulidad de Jacob, que cuando sus diez hijos
le trajeron las nuevas de aquel terrible gobernador de Egipto que
solicitaba ver a Benjamín, se dio a la desesperación y clamó: "José no
parece, Simeón tampoco, y a Benjamín lo llevaréis. Contra mí son todas
estas cosas" (42:36).
De hecho, "todas esas cosas" ¡eran en favor de él! Sin embargo, todo
cuanto pudo hacer fue elevar una patética (pero totalmente innecesaria)
oración para que el Señor, de alguna forma, pudiese tocar con su "gracia"
el supuestamente cruel corazón de aquel gobernador de Egipto (43:14).
Aunque mermado, había llevado a cabo un reavivamiento y reforma en su
"iglesia".
2- El Caso de
David
David sufrió oposición por parte de Saúl, el rey "ungido" de Israel, el
"dirigente eclesiástico" de su tiempo. Perseguido como una bestia salvaje
por las montañas, David se vio forzado a refugiarse en cavernas, aunque se
supo en todo tiempo "ungido del Señor" para reinar algún día, y progenitor
del Mesías.
Sin embargo, fue leal a Israel y a los principios de organización y
dirección. Cuando se encontraba en una cueva y Saúl entró en ella
inadvertidamente, los hombrees de David le susurraron: 'He aquí el día:
¡mátalo! David rehusó "y dijo a los suyos: Jehová me guarde de hacer tal
cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra
él; porque es el ungido de Jehová" (1 Sam. 24:5-7). La lección para el
pueblo de Dios: el cargo merece un respeto.
Sin embargo, eso no significa que se deba sufrir sin protesta la falsa
acusación de deslealtad. David no fue solamente respetuoso, sino también
claro en su defensa ante el rey. Fue leal a la dirección de la iglesia:
"¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: Mira que David procura tu
mal?… Jehová pues será juez, y él juzgará entre mí y ti. Él vea, y
sustente mi causa, y me defienda de tu mano" (v. 10-16).
¿Por qué permitió el Señor que David padeciera diez largos años de esa
clase de injusticia? El futuro rey necesitaba disciplina, y nos enseña en
sus salmos cómo también nosotros debemos ser pacientes bajo el abuso y la
oposición. Léalos y encontrará aliento. La prueba más difícil viene en los
últimos días.
Con una sola excepción (el 88), acaba todos sus salmos escogiendo confiar
en que el Señor defenderá lo recto y hará prevalecer la verdad. Aquellos
que escribió bajo la persecución de Saúl son especialmente vibrantes. En
el 52:9, ora: "Esperaré en tu nombre, porque es bueno, delante de tus
santos". En el 54:3 y 4: "Extraños se han levantado contra mí, y fuertes
buscan mi alma… El Señor es con los que sostienen mi vida". 56:3-11: "En
el día en que temo, yo en ti confío… En Dios confío. No temeré. ¿Qué me
puede hacer el mortal? Todo el día tuercen mis palabras. Todos sus
pensamientos son contra mí para el mal. Se reúnen, se esconden, miran
atentamente mis pasos… juntas mis lágrimas en tu redoma. ¿No están
escritas en tu libro? En Dios he confiado". En 57:4 y 7 se lamenta: "Estoy
entre leones… Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto".
Cuando se escondía en el desierto: "De ti me acuerdo en mi lecho, medito
en ti en las vigilias de la noche. Porque has sido mi socorro, bajo la
sombra de tus alas me regocijaré… la boca de los que hablan mentira será
cerrada" (63:6, 11).
Pero ¿cómo podemos entender sus imprecaciones a sus enemigos? (a) Sabemos
que no albergaba ningún odio personal ni resentimiento hacia el rey Saúl,
ya que rehusó repetidamente dañarle cuando tuvo la posibilidad de hacerlo
(ver 1 Sam. 24:6,10; 26:9-11). Jamás intentó atacar a Saúl o a su corte, o
de alguna manera destruir, ni siquiera debilitar, el gobierno de éste,
incluso ni teniendo en cuenta que tal gobierno había perdido la razón.
(Trasladado a nuestra actual situación, no habría osado jamás "aceptar
diezmos", ni comenzar una nueva organización). Cuando Saúl finalmente
llegó a su final en el monte de Gilboa, David hizo luto por él, en sincera
lamentación y lealtad a Israel (2 Sam. 1:17-27).
(b) Consideró su unción de forma objetiva; eso es, su realeza divinamente
señalada, era una institución sagrada, no un triunfo personal. Era el
cumplimiento de la promesa divina hecha a Abraham de que mediante sus
descendientes, serían benditas "todas las familias de la tierra" (Gén.
12:3).
(c) Eso hacía posible que sus oraciones vindicatorias no estuviesen
manchadas por el egoísmo, por la reafirmación de su persona. En él como
rey, vio una anticipación de Cristo como Mesías. Pudo maldecir a sus
enemigos en amor desprovisto de egoísmo (cercano al ágape).
(d) Esa comprensión de sus enemigos en tanto que enemigos de Dios, hizo
que sus imprecaciones se convirtieran en clamores por el triunfo de Cristo
en el gran conflicto de los siglos. El rey Saúl era un anticipo de Judas
Iscariote (Sal. 109:6-15; Hech. 1:20). El pensamiento de que Satanás sería
derrotado se expresaba en toda justicia y amor.
En una ocasión, David estuvo a punto de perder su fe en que el
arrepentimiento, reforma y vindicación de la verdad fuesen a llegar alguna
vez a Israel. Pero se arrepintió, y la bendición llegó por fin. (Patriarcas
y Profetas, p. 728). Sus salmos vinieron a ser el "pan" que siglos más
tarde alimentó al "Hijo de David". Jesús acudió a ellos al sufrir
oposición constante de parte de los dirigentes de Israel.
3- El Caso de
Elías
Elías se las tuvo que ver sólo en la "iglesia" de sus días. "Él no procuró
ser mensajero del Señor; la palabra del Señor le fue confiada" (Profetas
y Reyes, p. 88). No era un oportunista en busca de una ocasión para
exaltarse y brillar. Tras ferviente, prolongada y agonizante oración,
constreñido por el amor de Cristo, se dirigió al rey sin rodeos, confiado
en la victoria final (1 Rey. 17:1). Tenía fe en el arrepentimiento de la
nación, el equivalente al arrepentimiento denominacional de nuestros días:
"Elías el tisbita inició sin embargo su misión confiando en el propósito
que Dios tenía de preparar el camino delante de él y darle abundante
éxito. La palabra de fe y poder estaba en sus labios, y consagraba toda su
vida a la obra de reforma" (Profetas y Reyes, p. 87). "Había
abrigado grandes esperanzas de que Israel, como nación, retornase a su
fidelidad a Dios, y fuese restaurado a su favor" (Testimonies,
vol. 3, p. 290).
Cuando sufrió la persecución del rey y la reina de Israel, no mostró
amargura ni resentimiento, ni se determinó a abandonar Israel, la
"iglesia" de su día. Su fe flaqueó en cierta ocasión, cuando temporalmente
desesperó de que la nación se reformase finalmente alguna vez, pero se
arrepintió de ello, y volvió humildemente a su obra (1 Rey. 19:1-15;
Profetas y Reyes, p. 124-131).
La experiencia de Elías nos recuerda que el arrepentimiento y la reforma
no son la obra de un momento, un seminario, ni una asamblea. Elías se vio
una y otra vez en necesidad de mantener lo recto frente a una oposición
constante y astutamente renovada. He aquí una de las más reconfortantes
declaraciones en favor de aquellos que se ponen de parte del bien, en
contra de la oposición y apostasía en la iglesia:
"Los que, mientras dedican las energías de su vida a una labor abnegada,
se sienten tentados a ceder al abatimiento y la desconfianza, pueden
cobrar valor de lo que experimentó Elías. El cuidado vigilante de Dios, su
amor y su poder se manifiestan en forma especial para favorecer a sus
siervos cuyo celo no es comprendido ni apreciado, cuyos consejos y
reprensiones se desprecian y cuyos esfuerzos por las reformas se
retribuyen con odio y oposición…
“Los que, destacándose en el frente del conflicto, se ven impelidos por el
Espíritu Santo a hacer una obra especial, experimentarán con frecuencia
una reacción cuando cese la presión. El abatimiento puede hacer vacilar la
fe más heroica y debilitar la voluntad más firme. Pero Dios comprende, y
sigue manifestando compasión y amor. Lee los motivos y los propósitos del
corazón. Aguardar con paciencia, confiar cuando todo parece sombrío, es la
lección que necesitan aprender los dirigentes de la obra de Dios. El cielo
no los desamparará en el día de su adversidad. No hay nada que parezca más
impotente que el alma que siente su insignificancia y confía plenamente en
Dios, y en realidad no hay nada que sea más invencible… El que fue la
fortaleza de Elías es poderoso para sostener a cada hijo suyo que lucha,
por débil que sea… en el poder de Dios puede ser fuerte para vencer el mal
y ayudar a otros a vencerlo" (Profetas y Reyes, p.p. 128
y 129).
En los días de Elías, la apostasía consistía en el sofisticado engaño de
la adoración a Baal, el equivalente a lo que hoy entendemos por una falsa
justificación por la fe. Tras un siglo de tinieblas espirituales en
continua progresión, los dirigentes nacionales y el pueblo supusieron de
hecho que se trataba de la verdadera adoración (Profetas y Reyes,
p.p. 87-90;
92,97,108,113). ¿Por qué? El nombre "Baal" era la forma habitual de
designar al "señor" o "marido" (los israelitas temían pronunciar el
sagrado nombre de Dios). Baal significaba la noción ecuménica de Dios, tal
como la entendían los pueblos circundantes. ¿Por qué no ser como ellos?
¿Por qué no tomar prestados de la "Babilonia" de aquellos días sus
conceptos de teología y adoración? Los dirigentes, y la vasta mayoría de
la "iglesia verdadera" de los días de Elías, se habían deslizado en la
apostasía de forma inadvertida. "[Jezabel] …acompañada en ello por casi
todo Israel, denunció a Elías como causa de todos los sufrimientos" (Profetas
y Reyes, p. 91).
Como resultado directo del rechazo del mensaje de la justicia de Cristo
dado en 1888, dice E. White que creamos un vacío que ha llevado a la
confusión de la moderna adoración a Baal:
"Los prejuicios y opiniones que prevalecieron en Minneapolis no han
desaparecido de ninguna manera; las semillas que se sembraron allí en
algunos corazones están listas para brotar y producir una cosecha
semejante. La parte superior fue cortada, pero nunca se desarraigaron sus
raíces, y todavía producen su fruto impío para emponzoñar el juicio,
pervertir las percepciones y cegar el entendimiento, con respecto al
mensaje y los mensajeros…
Para muchos, el clamor de su corazón ha sido: ‘No queremos que éste reine
sobre nosotros’. Baal, Baal, eso han elegido. La religión de muchos será
la del apóstata Israel porque aman su propio camino y olvidan el camino
del Señor. La verdadera religión, la única religión de la Biblia, que
enseña el perdón sólo por los méritos de un Salvador crucificado y
resucitado, que propugna la justicia por la fe en el Hijo de Dios, ha sido
menospreciada, criticada, ridiculizada y rechazada. Se la ha acusado de
inducir al entusiasmo y el fanatismo" (Testimonios para los ministros,
p. 467 y 468).
El Señor ha prometido enviar "a Elías el profeta, antes que venga el día
de Jehová grande y terrible" (Mal. 4:5). El mensaje de Juan el Bautista
cumplió la profecía para aquel tiempo (Mat. 11:12-14). En su día, E. White
reconoció que el mensaje de 1888 cumplía esa profecía (Mensajes
Selectos, vol. 1, p. 482). En nuestros días ¿será "Elías" algún
superhombre o supermujer envuelto en un gran carisma? El Señor "suscitará
hombres y mujeres entre la gente corriente para hacer su obra, así como en
la antigüedad llamó a pescadores para que fuesen sus discípulos. Pronto
habrá un despertar que sorprenderá a muchos. Aquellos que no comprenden la
necesidad de lo que debe hacerse, serán pasados por alto, y los mensajeros
celestiales trabajarán con aquellos que son llamados gente común,
capacitándolos para llevar la verdad a muchos lugares" (Eventos de los
últimos días, p. 208). Aunque considerablemente obstaculizado, Elías
llevó a cabo un reavivamiento y reforma en Israel; y "Jehová, el Dios de
Elías" sostendrá también hoy a sus siervos para producir reavivamiento y
reforma, aunque obren evidentemente obstaculizados.
4- El Caso de
Jeremías
Jeremías sufrió oposición de parte del rey, los príncipes, los sacerdotes,
los falsos profetas y "todo el pueblo". A pesar de todo ello, se mantuvo
fiel a los dirigentes de la nación, y no tomó medida alguna para iniciar
una nueva organización. Cuando Irías, un capitán de la guardia, le acusó
de deslealtad a los dirigentes de la "iglesia" de su tiempo, replicó:
"Falso". Sin embargo, "los príncipes se airaron contra Jeremías"
(Jer. 37:13-15).
El profeta era una persona sensible, que rehuía la controversia (1:6;
17:16-18).
"¡Ay de mí, madre mía, que me has engendrado hombre de contienda, de
discordia para todo el país!" (15:10).
Prácticamente en ningún momento de su larga misión se le concedió respiro
de la constante oposición de los dirigentes de su nación. Tan pertinaz
fue, que en una ocasión llegó a rendirse al desánimo: "Oh Eterno, me
sedujiste, y fui seducido… Entonces dije: ‘No lo mencionaré más, ni
hablaré más en su Nombre’. Pero su Palabra fue en mi corazón como un fuego
ardiente, prendido en mis huesos. Traté de sufrirlo, y no pude" (20:7-10).
Derramó su alma en angustiosa oración: "Tu eres siempre justo, oh Eterno…
¿Por qué prosperan los impíos, y tienen bien los desleales? Los plantaste,
y echaron raíces… Cerca estás tu en sus bocas, pero su corazón está lejos
de ti" (12:1,2). "Oigo la murmuración de muchos: ‘Terror por todas partes.
Denunciad, denunciémoslo’. Todos mis amigos miraban si claudicaría. ‘Quizá
falle’ —decían—, y prevaleceremos contra él, y nos vengaremos de él"
(20:10). "¿Por qué ha de ser perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada y
sin cura? ¿Serás para mí como algo ilusorio, como agua inestable?"
(15:18).
Su más amarga prueba fue la falsa teología de los "profetas" que
proclamaron: "visión mentirosa, y adivinación, y vanidad y engaño de su
corazón" (14:14). Jeremías sabía que solamente el arrepentimiento podía
salvar de la ruina total a la nación, sin embargo, esas grandes
personalidades con carisma, grandes engañadores como Hananías, dijeron que
el mensaje del Señor era: "No veréis cuchillo, ni habrá hambre en
vosotros, sino que en este lugar os daré paz verdadera" (14:13; 28:1-17).
El rey, los príncipes, sacerdotes y el pueblo, preferían ese mensaje de
'todo está bien, todo está bien', antes que el llamado de Jeremías al
arrepentimiento (6:14).
La adoración a Baal escaló un peldaño más en los días de Jeremías. Los
sacerdotes y profetas la habían entretejido sabiamente con la adoración al
Señor en el templo de Jerusalén: "¿…incensando a Baal… vendréis y os
pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre?…
pusieron sus abominaciones en la casa sobre la cual mi nombre fue
invocado, amancillándola" (7:9,10,30). El pueblo era ¡incapaz de ver la
diferencia! "¿Cómo dices: No soy inmunda, nunca anduve tras los Baales?…
Porque soy inocente, de cierto su ira se apartó de mí" (2:23,35).
"Pashur sacerdote… que presidía por príncipe en la casa de Jehová… E hirió
Pashur a Jeremías profeta, y púsole en el cepo" humillándole públicamente
(20:1 y 2). Uno puede suponer la opresión y el ridículo que tuvo que
soportar Jeremías, al ser rechazado por los dirigentes de la "Asociación"
de sus días: "Cada día he sido escarnecido; cada cual se burla de mí"
(20:7).
Pero no tenemos que sacar la conclusión de que Jeremías sufría sin
protestar. En cierta ocasión, tras haber proclamado su mensaje con
franqueza, "los sacerdotes y los profetas, y todo el pueblo le echaron
mano, diciendo: De cierto morirás" (26:8). Se estableció un tribunal. La
acusación: crítica desleal. "Entonces hablaron los sacerdotes y los
profetas a los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: En pena de muerte
ha incurrido este hombre; porque profetizó contra esta ciudad" (v.11).
La respuesta de Jeremías fue suave como la seda, pero dura como el acero:
"En lo que a mí toca, he aquí estoy en vuestras manos: haced de mí como
mejor y más recto os pareciere. Mas sabed de cierto que, si me matareis,
sangre inocente echaréis sobre vosotros, y sobre esta ciudad, y sobre sus
moradores: porque en verdad Jehová me envió a vosotros para que dijese
todas estas palabras en vuestros oídos" (v. 12-15).
En esa ocasión Dios suscitó defensores en la persona de algunos ancianos:
"los príncipes y todo el pueblo", quienes se arrepintieron tras oír la
firme defensa de Jeremías. Otro profeta – Urías –, quien proclamó también
el mismo mensaje, pero careció de valor, no fue igualmente bendecido: "Y
cuando el rey Joacim… procuró matarlo" Urías perdió su fe, "temió, y huyó
a Egipto". Allí fue apresado y muerto por los hombres del rey (v. 20-23).
La lección: sea amable, respetuoso, cortés, manifieste el espíritu
cristiano, pero manténgase firme por la verdad; es un pecado atemorizarse.
Debemos conducirnos de modo que: sepamos no "correr" allí donde el Señor
no nos ha enviado, como hicieron los profetas falsos en los días de
Jeremías (23:21), y saber cuándo nos pide el Señor que digamos alguna
cosa.
No hay duda que la voluntad del Señor es que muchas personas, en muchos
lugares, cobren ánimo del ejemplo de Jeremías, efectúen su obra en su
área, conozcan la verdad profundamente, y den un testimonio fiel cuando el
Señor haga claro el deber.
5- El Caso de
Jesús
Jesús sufrió la más espantosa oposición de parte de los
dirigentes. Peor que la que nadie haya jamás sufrido. Su instrucción se
aplica directamente al problema de cómo deben afrontar la oposición y la
falsedad sus seguidores:
"He aquí, yo os envío como ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes
como serpientes, y sencillos como palomas".
"Guardaos de los hombres: porque os entregarán en concilios, y en sus
sinagogas os azotarán".
"Cuando os entregaren, no os apuréis por cómo o qué hablaréis; porque en
aquella hora os será dado qué habéis de hablar. Porque no sois vosotros
los que habláis sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros".
"El hermano entregará al hermano a la muerte, y el padre al hijo; y los
hijos se levantarán contra los padres… más el que soportare hasta el fin,
éste será salvo".
"El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor"
(Mat. 10:16-24).
El consejo "no os apuréis por cómo o qué hablaréis" no significa que no
debemos esforzarnos por adquirir un cabal conocimiento de la verdad. La
única forma en la que el Espíritu Santo puede ayudarnos es recordándonos
todas las cosas que Jesús nos ha enseñado previamente en su Palabra
(Juan 14:26). El saber que la verdad es invencible, constituye una buena
nueva. Hasta que llegue ese triste día en que el Espíritu Santo se retire
totalmente de la tierra, los corazones honestos continuarán respondiendo a
la clara presentación de la verdad.
Así pues, ¡menos televisión y más estudio de la verdad! "Procura con
diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué
avergonzarse, que traza bien la palabra de verdad" (2 Tim. 2:15). Podemos
aprender una lección animadora: Jesús conoce lo que uno siente al sufrir
oposición por parte de nuestra familia, y de nuestros hermanos y hermanas
de la membresía de la iglesia. Su misma congregación local intentó
despeñarle desde la cumbre de un monte (Luc. 4:29).
6- El Caso de
Pablo
Es posible que no hayamos reparado en la gran oposición que Pablo sufrió,
de parte de los dirigentes de la iglesia primitiva. En el nuevo testamento
afloran algunas evidencias de ello. Pedro actuó en su contra en Antioquía,
forzando a Pablo a una confrontación pública (Gál. 2:11-14). Ante la
oposición subrepticia, se vio forzado a defender su apostolado
(1 Cor. 15:9 y 10; 2 Cor. 11:23). Finalmente, el apoyo a medias y el mal
consejo de los hermanos dirigentes, en Jerusalén, acortaron su ministerio
(Hech. 21:18-31).
La más viva descripción de esa tragedia, por parte de E. White, la
encontramos en su libro The Sketches From the Life of Paul, aún más
clara que en Los hechos de los apóstoles.
"[Pablo] no podía contar con la simpatía y el apoyo ni siquiera de sus
propios hermanos en la fe. Los judíos faltos de conversión que tan de
cerca habían seguido sus pasos, no se habían guardado de hacer circular en
Jerusalén los informes más desfavorables, mediante carta y también
personalmente, en relación con él mismo y su obra, y algunos, incluso
entre los apóstoles y ancianos, aceptaron esos informes como siendo
verdad, sin hacer ningún esfuerzo por contrarrestarlos, ni manifestar el
más mínimo deseo de procurar la armonía [con Pablo]…
“Los ancianos de la iglesia erraron al permitir ser influenciados por los
enemigos del apóstol… “Ahora era la oportunidad de oro para que esos
hermanos dirigentes confesaran honestamente que Dios había obrado mediante
Pablo, y que se habían equivocado al permitir que los informes de sus
enemigos ocasionaran celos y prejuicio contra él. Pero en lugar de hacer
justicia a aquel a quien habían herido, lo siguieron presentando como el
responsable del prejuicio existente, como si él les hubiese dado causa
para tales sentimientos. No se levantaron noblemente en su defensa, ni se
esforzaron por mostrar su error a la parte equivocada; en lugar de eso,
responsabilizaron totalmente a Pablo, aconsejándole seguir un curso de
acción tendente a eliminar toda prevención contra él" (p. 207,211, 212).
Ese curso de acción condujo a su arresto en el templo de Jerusalén.
Sin embargo, Pablo se mantuvo leal a sus desalmados compañeros de
apostolado. Ante los falsos informes y la resistencia, demostró plenamente
su amor por las almas y por la iglesia, y viene a ser el campeón del
respeto exquisito por los dirigentes de la iglesia de sus días.
7- El Caso de
Elena White
Como último ejemplo de resistencia frente a la oposición y prejuicio,
acudimos a un personaje extrabíblico —la propia E. White. Sólo
recientemente se ha sabido cómo la oposición de 1888 fue también dirigida
personalmente contra ella. El Dr. Robert Olson afirmó que en 1888 se la
"desafió públicamente" (Adventist Review, 30 octubre 1988). La
portada de la Review del 12 diciembre 1991 desveló que "hace cien
años, ciertos dirigentes en Battle Creek hicieron embarcar hacia Australia
a E. White —en contra de la voluntad de ella— … ‘exilio’ ". Dijo ella
misma: "No tengo ni un rayo de luz referente a que deba ir a Australia.
Los hermanos me enviaron aquí y me pregunto si hice mal en obedecerles" (This
Day With God, p. 61).
En 1896 escribió en términos francos al presidente de la Asociación
General:
"Nuestra salida de América no fue conforme al Señor… Si su percepción
espiritual hubiese discernido la verdadera situación, nunca habría
consentido el movimiento realizado… Era tan grande el deseo de que nos
fuésemos, que el Señor permitió que tal cosa ocurriera. Los que estaban
hartos de los testimonios dados, quedaron libres de las personas que les
causaban fastidio. Nuestra separación de Battle Creek permitiría que los
hombres siguieran su propio camino y voluntad…
Pero cuando el Señor me presentó ese asunto tal como era en realidad, no
dije nada a nadie… Cuando nos fuimos… el Señor fue agraviado" (Carta 127,
1896).
El Señor transformó el "exilio" en un bien para Australia, y la misma E.
White obtuvo gozo de esa pena. Ese es un buen ejemplo para todos quienes
se sienten oprimidos, quienes sufren oposición por parte de sus hermanos.
E. White anhelaba con todo su corazón que el mensaje del cuarto ángel, que
ella sabía que había comenzado en 1888, iluminase toda la tierra con su
gloria, y pudiese cumplirse la comisión evangélica en su día. Fue obligada
a reconocer con tristeza que tendría que producirse un retraso de "muchos
más años" (Evangelismo, p. 505). Eso fue para ella una dolorosa
cruz, pero la llevó pacientemente hasta que la muerte la llevó al descanso
en 1915. Jones y Waggoner no fueron tan pacientes. No pudieron digerir un
siglo más de retraso, por lo que cayeron en el desánimo y la confusión.
La oposición que enfrentó E. White no fue nada placentero. Fue peor que el
ostracismo que padeció de la parte de la Iglesia Metodista en 1843 (Testimonies,
vol. 1, p. 43 y 44), ya que llegó a decir: "Jamás en la experiencia de mi
vida fui tratada como en la [reciente Asamblea] de la Asociación" (Carta
7, 9 diciembre 1888).
"He buscado al Señor diariamente para pedirle sabiduría, y para que no
cayera en el desánimo total, descendiendo así a la tumba con el corazón
quebrantado al igual que mi marido… Se oyeron voces que me sorprendió…
oír, atrevidas y decididas en denunciar[me]. Y de todos aquellos que tan
libres se han sentido de ir adelante con sus crueles palabras, ni uno sólo
ha venido a mí a preguntarme si esos informes y sus suposiciones eran
verdaderos… Mi corazón se deshizo en mis entrañas.
…Pensé en la crisis que nos espera, y sentimientos que jamás he expresado
con palabras, me turbaron por un breve tiempo… ‘el hermano traicionará al
hermano hasta la muerte’ " (Carta 1, 1890).
Ningún profeta de la antigüedad ha debido esperar tanto como E. White para
que se viese el fruto de su profecía, ni siquiera Noé. Tan tempranamente
como en 1850, proclamó que el fin estaba "cerca". Noé debió esperar
solamente 120 años; ahora hace más de 142 años desde que E. White
profetizó. El ángel de Apocalipsis 10 proclama: "el tiempo [demora] no
será más, pero en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él
comenzare a tocar la trompeta, el misterio de Dios será consumado". Pero
Satanás hace lo posible para que "el tiempo [demora] sea más".
¿Dedicará las energías de su vida a cooperar con el ángel que declara que
no debe haber más demora? Es absolutamente previsible que vaya a encontrar
resistencia sin fin por parte del ángel caído que no desea que Jesús
regrese nunca. Pero nadie necesita luchar sólo, ya que Jesús prometió: "He
aquí, yo estoy con vosotros todos los días" (Mat. 28:20). ¡Confíe en ello!
El siervo más humilde de Cristo que ama la verdad, toma importante
posición en el gran conflicto, ante todo el universo.
Cuando venga finalmente la última crisis y Jesús regrese, el tiempo
¡parecerá corto al ser analizado en el contexto de nuestra preparación
consumada! "Y ellos le han vencido por la sangre del Cordero, y por la
palabra de su testimonio" Apoc. 12:11.
Nota: Arrepentimiento
Corporativo:
Comprensión de que los pecados de los demás serían los nuestros de no ser
por la gracia de Cristo; que la raza humana es un todo corporativo "en
Adán", compartiendo una misma naturaleza pecaminosa, de forma que ninguno
es más justo que otro, de forma innata. Así, la crucifixión de Cristo es
tan ciertamente el pecado nuestro, como lo fue el de los romanos y judíos
de la época.
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