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E. White concibió el asunto de la ley en Gálatas como de
importancia secundaria. Ciertamente no era un "hito", no era una
doctrina pionera en la iglesia. Debido a eso, no podía comprender cómo
había causado una "incomprensible crispación" de aquella magnitud. En
cuanto al tema de los pactos, estaba a punto de romper su silencio.
Desde la asamblea de Minneapolis E. White había estado animando
al estudio de la Biblia sobre ese aspecto de la verdad. Ni la palabra de
E.J. Waggoner ni la de Uriah Smith debían tomarse por la verdad. Ella
misma procuró mantenerse al margen de la controversia, no habiendo
tomado posición sobre la ley en Gálatas, o sobre los pactos.
Ahora había llegado el momento. Llegó luz de lo alto. El martes 6
de marzo de 1890, le fue mostrado a E. White el tema de los pactos.
Escribió una carta al hermano Smith el sábado siguiente, el 8 de marzo:
"Anteanoche se me mostró que las evidencias en relación con los
pactos eran claras y convincentes. Usted mismo, el hermano Dan Jones, el
hermano Porter y otros están empleando en vano sus poderes de
investigación, intentando sostener una posición sobre los pactos
diferente a la que el hermano Waggoner ha presentado. Si hubieran
recibido la verdadera luz que brilló, no habrían imitado ni seguido la
misma forma de interpretar y tergiversar las Escrituras que caracterizó
a los judíos. ¿Qué los hizo tan celosos? ¿Por qué estaban pendientes de
las palabras de Cristo? ¿Por qué lo siguieron espiando sus palabras?
Para poder repetirlas, malinterpretarlas y tergiversarlas de forma que
significaran lo que querían hacerlas significar sus mentes desprovistas
de santidad. De esa forma engañaron al pueblo. Suscitaron falsedades.
Manejaron aquellas cosas que podían utilizar como medios para
entenebrecer y confundir las mentes. El asunto del pacto es una cuestión
clara, y será recibida por toda mente sincera que esté libre de
prejuicios; pero fui llevada allí donde el Señor me dio una comprensión
en este tema. Ustedes han vuelto la espalda a la clara luz porque temían
verse obligados a aceptar la cuestión de la ley en Gálatas. En cuanto a
la ley en Gálatas, no tengo ni he tenido nunca preocupación" (Carta de
Ellen White a Uriah Smith, 8 marzo 1890, Battle Creek, Mich., Carta 59,
1890. EGW 1888, p. 604).
Eso fue un sonado espaldarazo de E. White a los pactos, tal como
los presentó E.J. Waggoner. Como es natural, el Señor observó la gran
desunión existente en el liderazgo de la iglesia. Estaba procurando
llevarlos a la unidad en la verdad tal como es en Jesús, siempre que
estuvieran dispuestos a andar en la luz que presenta la Escritura.
El otro aspecto del apoyo dado por E. White consistía en la
comparación entre los judíos de los días de Cristo, y el liderazgo de la
iglesia en el momento. Declaró que tenían ideas confusas que
desconcertaban al pueblo. En el contexto de los pactos, los judíos
creyeron que el pacto Sinaítico era la elección irrevocable de Dios
hacia el pueblo hebreo. En consecuencia, rechazaron a Cristo cuando
afirmó ser el Mediador del pacto de Dios.
De igual forma, el hermano Smith había presentado una comprensión
del antiguo pacto que representaba a Israel como al pueblo elegido de
Dios, en virtud del pacto de Abraham. La condición del corazón y la fe
ejercida en Cristo eran temas secundarios, en relación con la elección
de Dios. Su postura sobre el viejo pacto tenían un cierto regusto a
predestinación. Presentando sus confusos puntos de vista sobre el
antiguo pacto, el hermano Smith estaba actuando tal como hicieron los
judíos en los días de Cristo, quienes cazaban sus palabras y lo
representaban con falsedad ante el pueblo.
E. White advirtió al hermano Smith:
"Si rechaza un rayo de luz por temor a tener que aceptar
posiciones que no está dispuesto a recibir, la luz se convierte para
usted en tinieblas, de forma que si está en el error, sostendrá
sinceramente que es la verdad" (Id., p. 605).
Efectivamente, el hermano Smith tenía ese preciso temor, el de
que si cedía en el asunto de los pactos, tendría que aceptar la cuestión
de la ley en Gálatas. El hermano Smith acababa de escribir a E. White el
17 de febrero de 1890 sobre ese tema. Pudo ver la mano misteriosa
escribir sobre la pared lo que le era contrario, y ello le perturbaba
grandemente. Su divergencia con E. White era tal, que le llevaba a
cuestionar los Testimonios. Si caía una sola ficha del dominó de su
teoría, todo el montaje se vendría abajo.
El hermano Smith escribió a E. White concerniente a Waggoner:
"...posición sobre Gálatas, que yo juzgo errónea... él [E.J.
Waggoner] tomó su posición sobre Gálatas, la misma que usted ha
condenado en su padre [J.H. Waggoner]" (Carta de Uriah Smith a E.G.
White, 17 febrero 1890, Battle Creek, Michigan. MMM, p.154).
Y luego, U. Smith dijo sin ambigüedades a E. White:
"En mi opinión, después de la muerte del hermano [James] White,
la mayor calamidad que jamás haya venido sobre nosotros fue cuando el
Dr. Waggoner publicó en Signs sus artículos sobre el libro de
Gálatas. Supuse que la cuestión de la ley en Gálatas había sido ya
resuelta en 1856... Me sorprendieron los artículos, puesto que me
parecía entonces, y me lo sigue pereciendo ahora, que contradicen de
forma tan directa lo que usted escribió a J.H. Waggoner..." (Id.,
p. 152 y 153. Los artículos de E.J. Waggoner a los que se refería el
hermano Smith, eran la serie de nueve "Comments on Galatians 3," ST
12, del 8 julio al 2 de septiembre de 1886).
El domingo 9 de marzo, el día siguiente de haber enviado al
hermano Smith su declaración de apoyo al asunto del pacto tal como lo
presentaba Waggoner, E. White hizo esta confidencia a su hijo W.C.
White:
"No tengo ahora ningún freno que poner. Me siento en perfecta
libertad, llamando luz lo que es luz, y tinieblas a lo que son
tinieblas. Ayer les dije que creo en la posición sobre los pactos, tal
como la presento en el volumen 1 Patriarcas y Profetas. Si esa
era la posición del Dr. Waggoner, entonces tenía la verdad" (Carta de
E.G. White a W.C. White y Mary White, 9 marzo 1890, Battle Creek,
Michigan. EGW 1888, p. 617).
La dirección de la iglesia se había reunido juntamente con E.
White la tarde del sábado 8 de marzo, en la capilla de la oficina de la
Review" (Carta de E.G. White a W.C. White y Mary White, 10 marzo
1890, Battle Creek, Michigan. EGW 1888, p. 623).
"Me satisface grandemente saber que el profesor Prescott está
dando a los estudiantes en su clase las mismas lecciones que el hermano
Waggoner ha estado dando. Está presentando los pactos... Desde que hice
la declaración el sábado pasado acerca de que la comprensión de los
pactos, tal como ha sido enseñada por el hermano Waggoner, era
verdadera, parece haber habido un gran alivio para muchas mentes" (Id.).
E. White informó de lo sucedido:
"Estaba presente un gran número de personas. Los hermanos Olsen y
Waggoner dirigieron la reunión. Vino sobre mí la bendición del Señor, y
todos supieron que descansaron sobre mí el Espíritu y el poder de Dios,
y muchos resultaron grandemente bendecidos. Hablé con fervor y
decisión..." (Carta de E.G. White a W.C. White y Mary White, 9 marzo
1890, Battle Creek, Michigan. EGW 1888, p. 617) [Olsen
informó: "...creo que probablemente esta cuestión del pacto abarca más
de lo que podemos ver en ciertos respectos. La hermana White ha
intervenido muy oportunamente". Carta de O.A. Olsen a R.A. Underwood, 18
marzo 1890, Battle Creek, Michigan].
E. White dirigió la atención de ellos a su declaración en
Patriarcas y Profetas a propósito de los pactos, y afirmó que
armonizaba con el Dr. Waggoner. Esa resultó ser una reunión pública
crucial, ya que su aprobación de la comprensión de Waggoner sobre los
pactos sólo se había dado hasta entonces mediante cartas escritas a
Uriah Smith, W.C. White y Mary White. Ahora, daba a conocer la "luz" en
un acto público" (Desgraciadamente, alguien que jugó un papel principal
no se encontraba presente en aquella reunión. Por dos días, Dan Jones se
perdió esa declaración crucial. E. White escribió a su hijo W.C. White:
"He sabido que el hermano Jones ha llegado esta tarde a casa". Eso
ocurría el 10 de marzo. Carta de E.G. White a W.C. White y Mary White,
10 marzo 1890, Battle Creek, Michigan. EGW 1888, p. 623.
Había estado en Tennessee, en el enjuiciamiento real. Carta de Dan T.
Jones a R.M. Kilgore, 16 marzo 1890, Battle Creek, Michigan., p. 963.
General Conference of Seventh-day Adventists Archives).
E. White tomó la palabra el sábado de tarde, en la capilla de la
oficina. Les dijo qué posición sostenía exactamente en aquel conflicto.
Se refirió a la revelación recibida la noche del jueves 6 de marzo.
Dijo:
"...la luz que me vino anteanoche expuso una vez más claramente
ante mí la influencia que ha estado obrando, y a dónde conduciría...
Estáis recorriendo precisamente el mismo camino por el que anduvieron en
los días de Cristo. Habéis conocido la experiencia de ellos; pero Dios
nos libre... Os habéis interpuesto directamente en el camino de Dios. La
tierra tiene que ser alumbrada por su gloria, y si permanecéis donde
estáis hoy, podéis fácilmente decir que el Espíritu de Dios era el
espíritu del diablo...
...no os aferréis al hermano Smith. Os digo en el nombre de Dios
que no está en la luz. No ha estado en la luz desde que estuvo en
Minneapolis...
...Permitid que la verdad de Dios venga a vuestros corazones;
abrid la puerta. Os digo ahora aquí ante Dios, que el asunto de los
pactos, tal como ha sido presentado, es la verdad.
(E.G. White, Sermón, 8 marzo 1890, Battle Creek, Michigan. EGW
1888, pp. 595, 596).
E. White relacionó aquí la verdad del pacto con luz del Espíritu
Santo.
Era la misma luz del evangelio eterno que habría de alumbrar la
tierra con la gloria de Dios (Apoc. 18:1). Rechazar la verdad de los
pactos era rechazar el Espíritu de Dios, llamándole espíritu del diablo.
Era el mismo trato que los judíos habían dado a la verdad que Cristo
presentó.
Dar crédito a la postura sostenida por el hermano Smith sobre los
pactos, era transitar por caminos de tinieblas. Su postura había sido
objeto de análisis en numerosas ocasiones. Debiera por entonces haberse
llegado a diferenciar claramente entre la verdad y el error. No había
duda alguna en cuanto a la posición que tomó E. White sobre los pactos:
se alistó con E.J. Waggoner. El pacto eterno era la luz de la
justificación por la fe. Era la luz que debía darse al mundo. Al
recibirla, vendría la bendición del Espíritu Santo para terminar la
obra.
A principios de 1890, E. White había estado ocupada en la
preparación del primer volumen de The Spirith of Prophecy. Cuando
recibió confirmación divina, el 6 de marzo de 1890, relativa a la
posición de Waggoner sobre los pactos, la incorporó en su edición
revisada que llevó por título Patriarcas y Profetas (E.G. White,
"The Law and the Covenants," The Patriarchs and Prophets
-Oakland, California: Pacific Press Publishing Company, 1890-, p.
363-373. En castellano, Patriarcas y Profetas, p. 378-390). Se
trataba de material completamente nuevo. Fue una de las declaraciones
más abarcantes acerca de la relación entre los pactos y la justicia por
la fe (Tim Crosby, "Ellen G. White and the Law in Galatians: A Study in
the Dynamics of Present Truth," p. 29). Patriarcas y Profetas se
publicó el 26 de agosto de 1890 (Ver Ron Duffield, "The Return of the
Latter Rain," manuscrito no publicado). E. White dijo:
"Este mismo pacto le fue renovado a Abraham en la promesa: ‘En tu
simiente serán benditas todas las gentes de la tierra’ (Gén. 22:18).
Esta promesa dirigía los pensamientos hacia Cristo. Así la entendió
Abraham (Véase Gál. 3:8, 16), y confió en Cristo para obtener el perdón
de sus pecados. Fue esa fe la que se le contó como justicia. El pacto
con Abraham también mantuvo la autoridad de la ley de Dios...
La ley de Dios fue la base de ese pacto, que era sencillamente un
arreglo para restituir al hombre a la armonía con la voluntad divina,
colocándolo en situación de poder obedecer la ley de Dios.
Otro pacto, llamado en la Escritura el pacto ‘antiguo’, se
estableció entre Dios e Israel en el Sinaí, y en aquel entonces fue
ratificado mediante la sangre de un sacrificio. El pacto hecho con
Abrahán fue ratificado mediante la sangre de Cristo..."
(E.G. White, The Patriarchs and Prophets, pp. 370, 371. En
castellano, p. 387).
E. White distinguió entre dos pactos, en términos de cuándo y
cómo fueron ratificados. No confundió ambos pactos, tal como hacía el
hermano Porter.
Luego afirmó la validez del nuevo pacto en tiempos del Antiguo
Testamento:
"Es evidente que el nuevo pacto estaba en vigor en los días de
Abrahán, puesto que entonces fue confirmado, tanto por la promesa como
por el juramento de Dios, ‘dos cosas inmutables, en las cuales es
imposible que Dios mienta’ (Heb. 6:18)" (Id., p. 387 y 388).
E. White continuó sus observaciones relativas a los pactos:
"Pero si el pacto confirmado a Abrahán contenía la promesa de la
redención, ¿por qué se hizo otro pacto en el Sinaí? Durante su
servidumbre, el pueblo había perdido en alto grado el conocimiento de
Dios y de los principios del pacto de Abrahán. Al libertarlos de Egipto,
Dios trató de revelarles su poder y su misericordia para inducirlos a
amarle y a confiar en él. Los llevó al mar Rojo, donde, perseguidos por
los egipcios, parecía imposible que escaparan, para que pudieran ver su
total desamparo y necesidad de ayuda divina; y entonces los libró. Así
se llenaron de amor y gratitud hacia él, y confiaron en su poder para
ayudarles. Los ligó a sí mismo como su libertador de la esclavitud
temporal.
Pero había una verdad aún mayor que debía grabarse en sus mentes.
Como habían vivido en un ambiente de idolatría y corrupción, no tenían
un concepto verdadero de la santidad de Dios, de la extrema
pecaminosidad de su propio corazón, de su total incapacidad para
obedecer la ley de Dios, y de la necesidad de un Salvador. Todo esto se
les debía enseñar...
Los israelitas no percibían la pecaminosidad de su propio
corazón, y no comprendían que sin Cristo les era imposible guardar la
ley de Dios; y con excesiva premura concertaron su pacto con
Dios. Creyéndose capaces de ser justos por sí mismos, declararon:
‘Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos’ (Éx.
24:7)... apenas unas pocas semanas después, quebrantaron su pacto con
Dios al postrarse a adorar una imagen fundida. No podían esperar el
favor de Dios por medio de un pacto que ya habían roto; y entonces
viendo su pecaminosidad y su necesidad de perdón, llegaron a sentir la
necesidad del Salvador revelado en el pacto de Abrahán y
simbolizado en los sacrificios. De manera que mediante la fe y el amor
se vincularon con Dios como su libertador de la esclavitud del pecado.
Ya estaban capacitados para apreciar las bendiciones del nuevo pacto.
Los términos del pacto antiguo eran: Obedece y vivirás... El
nuevo pacto se estableció sobre ‘mejores promesas’, la promesa del
perdón de los pecados, y de la gracia de Dios para renovar el corazón y
ponerlo en armonía con los principios de la ley de Dios" (Id., p. 388 y
389. Original sin atributo de cursiva).
E. White tomó incluso de Waggoner la expresión de que "no podían
esperar el favor de Dios" mediante un pacto [el pacto de ellos] que ya
habían roto. Su pecaminosidad vino a quedar patente. Sintieron "su
necesidad de perdón". Fueron llevados al Salvador del pacto hecho con
Abraham. Ahora, en lugar de venir con sus promesas, quedaron vinculados
a Dios mediante "la fe y el amor" verdaderos. Tenían ahora un nuevo
aprecio de su liberación de la esclavitud del pecado. En las
declaraciones de E. White encontramos reflejados los términos exactos
que Waggoner había empleado para describir las relaciones existentes
entre el antiguo y nuevo pactos. Si es que el Espíritu Santo aprobó
algún concepto de forma más clara que otros, es sin duda el pacto eterno
del mensaje de 1888.
E. White enfatizó que el antiguo pacto era legalismo, tal como
había enseñado Waggoner. Sólo la promesa del nuevo pacto proveía el
perdón de los pecados y la ayuda divina. La declaración de Patriarcas
y Profetas es uno de los comentarios más bellos y concisos acerca de
las buenas nuevas del pacto eterno, aparte de lo contenido en las
Escrituras.
Posteriormente en ese mismo año, Porter regresó a Minnesota y
recibió una carta de Dan Jones que continuaba alimentando su negativismo
hacia el mensaje del pacto. Dan Jones le escribió:
"Compruebo que la agitación sobre la cuestión del pacto y la
justificación por la fe no ha disminuido en intensidad al ir
extendiéndose por las diferentes partes de la obra, sino que más bien ha
cobrado fuerza y ha adquirido rasgos objetables, hasta el punto en que
se lo ve hoy en una luz mucho peor de lo que es en realidad" (Carta de
Dan T. Jones a R.C. Porter, 5 mayo 1890).
Resumiendo brevemente los eventos significativos del Instituto
bíblico ministerial: El sábado 8 de marzo de 1890, E. White dio un
testimonio a los dirigentes de la iglesia. Había recibido una visión en
la noche del 6 de marzo, confirmando que el hermano Waggoner tenía la
luz sobre el tema del pacto. Lo confirmó también mediante cartas
enviadas a Uriah Smith y a W.C. White.
Si bien Dan Jones no estuvo presente el 8 de marzo, cuando E.
White hizo la declaración pública de apoyo a la comprensión de los
pactos de E.J. Waggoner, con toda seguridad debió ser un tema de
conocimiento general. A su retorno a Battle Creek sin duda debió ser
informado de lo que había expresado E. White. A pesar de esa declaración
pública, Dan Jones escribió:
"Por un tiempo parecía que la hermana White vendría y apoyaría
plenamente la posición del Dr. Waggoner sobre la cuestión del pacto, y
me causó gran perplejidad el saber cómo abordar el asunto; pues a mí me
parecía claro que sus posiciones no eran todas correctas. Pero... el
asunto doctrinal no era de ninguna manera el punto importante. La
hermana White y el Dr. Waggoner dijeron que no les preocupaba lo que
creyéramos sobre la ley en Gálatas o sobre los pactos..." (Id., p. 976).
Dan Jones asumió, pues, que ni E. White ni E.J. Waggoner pensaban
que la ley o los pactos fueran un tema crucial.
No obstante, hay evidencia confiable a propósito de que E.J.
Waggoner no abandonó nunca su posición sobre la ley o los pactos. Por lo
que respecta a E. White, apoyó su comprensión de los pactos, aunque no
se había pronunciado aún sobre el asunto de la ley.
Otra falsa asunción sobre la que Dan Jones estaba operando es que
Waggoner había renunciado a un punto clave de su enseñanza. Según Dan
Jones, Waggoner "había desistido en su posición de que en el antiguo
pacto las promesas vinieran enteramente de parte del pueblo, y no de
parte de Dios" (Id.). No hay evidencia alguna de que Waggoner renunciara
a su posición.
Dan Jones parecía sentirse aliviado al escribir:
"Yo había pensado que eran de considerable importancia los puntos
doctrinales implicados en las cuestiones de la ley en Gálatas y los dos
pactos" (Id.).
Así, si no se trataba realmente de un asunto doctrinal, ¿en qué
radicaba el conflicto? La mente de Dan Jones había imaginado en qué
consistía el auténtico problema. Escribió:
"[E. White] objetó solamente contra el espíritu manifestado,
espíritu del que el hermano Waggoner estuvo exento. Ambos, la hermana
White y el Dr. Waggoner, declararon que los puntos doctrinales no eran
el tema importante. Eso despeja el asunto que preocupó a mi mente todo
el tiempo" (Carta de Dan T. Jones a R.M. Kilgore, 16 marzo 1890, Battle
Creek, Michigan., p. 963).
Él razonó que al fin y al cabo la doctrina no era importante, de
forma que podía concebir una apariencia de orden en una mente que se
debatía en el conflicto. Pero esa racionalización no le había traído
mucha paz, ya que dijo: "...El Instituto ministerial está a punto de
terminar. La investigación sobre la cuestión del pacto terminó sin mejor
satisfacción de la que existía antes que comenzara" (Id.). La situación
de Dan Jones era lamentable. Una vez que hubo desechado el Espíritu de
verdad, le resultó más fácil caminar en la luz de su propia lámpara. La
verdad resultaba para él algo demasiado complejo.
El domingo 16 de marzo tuvo lugar otra reunión en la capilla de
la oficina. Se encontraron algunos de los hermanos dirigentes. E. White
informó sobre lo sucedido. Escribió así a W.C. White, en relación con el
evento:
"Entonces habló el hermano Dan Jones. Afirmó que se había sentido
tentado a abandonar los testimonios; pero si hacía así, sabía que lo
abandonaría todo, ya que había considerado los testimonios como
entretejidos con el mensaje del tercer ángel; y habló sobre terribles
escenas de tentación. Sentí auténtica pena por él" (Carta de E.G. White
a W.C. Whitey Mary White, 16 marzo 1890, Battle Creek, Michigan. EGW
1888, pp. 629).
E. White se refirió a la obstinada resistencia hacia el mensaje
de Dios, de parte de algunos de los dirigentes:
"El domingo de mañana, aunque agotada y casi desanimada, me
aventuré en la reunión... presenté ante ellos lo que habían hecho para
dejar sin efecto aquello que el Señor había estado procurando realizar,
y por qué. La ley en Gálatas era su única discusión.
Les pregunté: -‘¿Es vuestra interpretación sobre la ley en
Gálatas más querida para vosotros, y tenéis más celo por mantener
vuestras ideas al respecto, que por conocer las obras del Espíritu de
Dios? Habéis estado midiendo cada precioso testimonio enviado del cielo
según vuestras propias escalas, de acuerdo con vuestra interpretación de
la ley en Gálatas’. No os puede llegar nada relacionado con la verdad y
el poder de Dios, a menos que lleve vuestra marca, las preciosas ideas
que habéis idolatrado sobre la ley en Gálatas.
Esos testimonios del Espíritu de Dios, los frutos del Espíritu de
Dios, carecen de peso a menos que vengan estampados con vuestras ideas
sobre la ley en Gálatas. Temo por vosotros y por vuestra interpretación
de cualquier escritura que se manifieste en un espíritu tan
anticristiano como el que habéis exhibido, y que me ha costado tan
innecesaria labor. Ya que sois tan cautos y críticos como para temer
recibir algo que no esté de acuerdo con las Escrituras, pido que
vuestras mentes vean esas cosas en la verdadera luz. Ejerced vuestra
cautela en considerar si no estáis cometiendo el pecado contra el
Espíritu Santo. ¿Han considerado vuestras mentes críticas esa
cuestión? Afirmo que si vuestras posiciones sobre la ley en Gálatas,
y los frutos, son del carácter que he visto en Minneapolis y a partir de
entonces, mi plegaria es que pueda permanecer tan lejos de vuestra
comprensión e interpretación de las Escrituras como me sea posible. Temo
toda aplicación de la Escritura que necesite un espíritu tal, y que
lleve un fruto como el que habéis manifestado. Una cosa es cierta: por
tanto tiempo como Dios me conceda raciocinio, no armonizaré jamás con
ese espíritu.
Ahora hermanos, no tengo nada que decir, ninguna preocupación
sobre la ley en Gálatas. Ese asunto me parece de importancia
menor, en comparación con el espíritu que habéis traído a vuestra
fe. Es exactamente de la misma clase que el manifestado por los judíos
en relación con la obra y misión de Jesucristo. El testimonio más
convincente que podemos dar a otros de que tenemos la verdad, es el
espíritu con el que se defiende esa verdad. Si santifica el corazón de
quien la recibe, si lo hace cortés, amable, perdonador, verdadero y
semejante a Cristo, entonces llevará cierta evidencia del hecho de que
posee la genuina verdad. Pero si actúa como hicieron los judíos cuando
fueron confrontadas sus opiniones e ideas, entonces no podemos
ciertamente recibir un testimonio tal, puesto que no produce los frutos
de justicia. Sus interpretaciones de la Escritura no eran correctas, sin
embargo los judíos no estarían dispuestos a recibir la evidencia de la
revelación del Espíritu de Dios, y al ver contradichas sus ideas
llegarían a asesinar al Hijo de Dios" (Id., p. 631-633. Original
sin atributo de cursiva).
Resulta claro que el error trajo asociado un espíritu de
persecución.
La verdad se evidenciaba mediante el Espíritu de Dios manifestado
en la vida. E. White tenía el don del discernimiento. No quiso tener
nada que ver con interpretaciones de la Biblia que conllevaban una
actitud de maldad tal, que de darles rienda suelta "llegarían a asesinar
al Hijo de Dios".
El Espíritu Santo estaba llevándoles a una verdad más profunda en
cuanto a los pactos y la justicia por la fe, pero estaban resistiendo a
la luz. (Aquella mañana de domingo, E. White habló ente el Instituto
ministerial, diciendo: "Sé que [Dios] tiene una bendición para nosotros.
La tenía en Minneapolis, y la tenía para nosotros con ocasión de la
asamblea de la Asociación General aquí. Pero no hubo recepción*. Algunos
recibieron la luz para el pueblo y se alegraron en ella. Hubo otros que
le dieron la espalda, y su posición ha dado confianza a otros para
hablar incredulidad...". En el lugar del asterisco va incluida esta
anotación de A.L. White: "Las palabras de esta frase son claramente
deficientes, ya que aisladamente no está en armonía con lo que sigue, ni
con otras declaraciones a propósito de la asamblea de la Asociación
General de 1889".
"[Released in this form to combat a distorted use of a sentence in
public address.--A.
L. White.]" Eso demuestra hasta dónde están dispuestos a ir algunos, en
su defensa de la "teoría de la recepción" de la justicia por la fe por
parte de los dirigentes de la iglesia, inmediatamente después de 1888.
Ver Manuscript Release nº 253, E.G. White Estate)
Si aceptaban los pactos tal como los enseñaba Waggoner, temían
tener que renunciar a sus ideas acariciadas sobre la ley ceremonial en
Gálatas.
Hasta aquí, E. White no había tomado posición sobre la ley en
Gálatas. La había tomado –públicamente- sobre los pactos, apoyando la
comprensión de Waggoner. Los hermanos seguían aferrados a sus
interpretaciones acariciadas sobre la ley en Gálatas. No querían dar
ningún paso en el tema de los pactos, por temor a lo que habrían de
hacer con el tema de la ley. Manifestaron un espíritu mezquino hacia los
mensajeros del Señor.
En ese contexto, E. White dijo: "La ley en Gálatas no es una
cuestión vital, ni lo ha sido nunca" (Id.). Aclaró qué era lo que
rechazaba: "Me veo forzada, por la actitud que han tomado mis hermanos y
por el espíritu que han evidenciado, a decir: -Dios me libre de vuestras
ideas sobre la ley en Gálatas..." (Id.).
E. White estaba abandonando la posición de la "vieja guardia"
sobre la ley. Discernió los trágicos resultados que estaba teniendo en
la iglesia. El Espíritu Santo y la verdad estaban siendo objeto de
rechazo. Se apercibió de que "vuestras ideas" no podían ser correctas.
"Dejando de alimentar el espíritu de Cristo, tomando
posiciones equivocadas en la controversia sobre la ley en Gálatas
-una cuestión que muchos no han comprendido plenamente antes de tomar la
postura equivocada-, la iglesia ha sufrido una gran pérdida"
(E.G. White, Diary Entry, 27 febrero 1891. EGW 1888,
p. 894. Original sin atributo de cursivas. Para más detalles acerca del
cambio de posición de E. White sobre la ley en Gálatas, ver Ron
Duffield, "Ch 14.
Stand by the Landmarks," en su manuscrito no publicado: "The Return of
the Latter Rain").
El 27 de febrero de 1891, E. White sostenía ya con firmeza que la
posición de la ley ceremonial en Gálatas [en oposición a la presentada
por E.J. Waggoner] era errónea.
"Se admite generalmente que hacia el final del Instituto
ministerial, en marzo de 1890, tuvo lugar uno de los momentos de cambio
decisivos, en el prolongado debate sobre la ley y los pactos" (George R.
Knight, From 1888 to Apostasy: The Case of A.T. Jones
-Washington, D.C.: Review and Herald Publishing Association, 1987-, p.
51. Knight señaló como evidencia la carta de Dan Jones a W.C. White.
Dijo: "Esas explicaciones demostraron ser un gran punto de inflexión en
el conflicto subsiguiente a Minneapolis".
Id.,
p. 52. Cf. George R. Knight, Angry Saints: Tension and Possibilities
in the Adventist Struggle Over Righteousness by Faith -Washington,
D.C.: Review and Herald Publishing Association, 1989-, p. 93).
La evidencia no apoya esa conclusión. Basarse en las
interpretaciones que hizo Dan Jones acerca de los testimonios de E.
White es pisar arenas movedizas, un terreno demasiado inestable sobre el
que fundar una conclusión de esa envergadura.
Se ha escrito que "El mensaje, tal como lo vio E. White, no es
doctrinal. No la encontramos preocupada por la ley en Gálatas, los
pactos o la Trinidad" (George R. Knight, From 1888 to Apostasy,
pp. 69, 52).
Analícese esa suposición, a la luz de lo dicho por E. White aquel
sábado 8 de marzo, cuando apoyó los pactos, tal como los había
presentado Waggoner.
"Ahora os digo aquí, ante Dios, que la cuestión del pacto, tal
como se la ha presentado, es la verdad. Es la luz. Ha sido presentada
ante mí en líneas claras. Y aquellos que han estado resistiendo la luz,
os pregunto si han estado obrando por Dios o por el diablo... Dije al
hermano Dan Jones, no voy a darle mi opinión; mi fe. Profundice en la
Biblia" (E.G. White, "Sermón," 8 marzo 1890, EGW 1888, p. 596 y
597).
E. White no le dio a Dan Jones su opinión. Lo que hizo fue apoyar
la luz sobre los pactos que procedió de la Biblia.
Además, le preocupaban mucho las actitudes anticristianas que se
estaban evidenciando. Las relacionó con puntos de vista erróneos sobre
la ley y los pactos, y no quiso tener nada que ver con las
interpretaciones de ellos:
"Esos testimonios del Espíritu de Dios, los frutos del Espíritu
de Dios, carecen de peso a menos que vengan estampados con vuestras
ideas sobre la ley en Gálatas. Temo por vosotros y por vuestra
interpretación de cualquier escritura que se manifieste en un espíritu
tan anticristiano como el que habéis exhibido, y que me ha costado tan
innecesaria labor... Afirmo que si vuestras posiciones sobre la ley en
Gálatas, y los frutos, son del carácter que he visto en Minneapolis y a
partir de entonces, mi plegaria es que pueda permanecer tan lejos de
vuestra comprensión e interpretación de las Escrituras como me sea
posible. Temo toda aplicación de la Escritura que necesite un espíritu
tal, y que lleve un fruto como el que habéis manifestado. Una cosa es
cierta: por tanto tiempo como Dios me conceda raciocinio, no armonizaré
jamás con ese espíritu" (Carta de E.G. White a W.C. White y esposa, 13
marzo 1890, EGW 1888, p. 631 y 632. Discutía aquí las
actitudes de los hermanos que se oponían a la enseñanza de Waggoner).
E. White identificó las doctrinas que sostenían, como estando en
el origen del espíritu que manifestaban.
La defensa de doctrinas falsas requería un espíritu duro y
dictatorial que reforzara su posición, puesto que no podían demostrarla
a partir de las Escrituras. Descontar la verdad, disociándola de la
experiencia, es siempre un dilema falso. Las dos eran absolutamente
esenciales en la consecución de una vida semejante a la de Cristo.
E. White dijo de ambos, Butler y Smith, que habían "tomado su
propio curso de acción" en lo relativo a la "luz" de Dios.
"La obra de Dios necesitaba cada jota y tilde de la experiencia
que había dado al hermano Butler y al hermano Smith; pero han tomado su
propio curso de acción en algunas cosas, desatendiendo la luz que Dios
ha dado" (Carta de E.G. White a S.N. Haskell, 1 junio 1894. EGW 1888,
p. 1248).
Eso calificó el valor que tuvieron las confesiones que hicieran a
la iglesia los hermanos Butler y Smith. Por más sinceros que fueran en
sus disculpas, el hecho es que continuaron oponiéndose al mensaje y a
los mensajeros. Jamás aceptaron los conceptos centrales sobre los pactos
o la ley en Gálatas que E. White apoyó. A.G. Daniells escribió
posteriormente (en 1902) a W.C. White a propósito de ese año.
"No es solamente los veteranos que actuaban cuando el hermano
Butler, Morrison y otros peleaban esta batalla, sino que algunos de los
hombres más jóvenes que están llegando, están impregnados de esas viejas
herejías procedentes de los hombres en la obra que siguen aún sin
convertirse a esta nueva luz" (Carta de A.G. Daniells a W.C. White, 14
abril 1902, Battle Creek, Michigan. MMM, p. 320).
El concepto de E.J. Waggoner sobre los pactos no se podía
comprender a través del paradigma de dos dispensaciones ligadas al
tiempo, grupos étnicos o naciones. El modelo de Waggoner fue claro y
consistente a lo largo de todos los años, en sus escritos. En 1893
dedicó un artículo completo al dispensacionalismo. Ofreció allí una
exposición abarcante del tema.
Dijo que hay dos dispensaciones, pero no se trata de eras
distintas, sino de distintas actitudes del corazón:
"...la ‘dispensación cristiana’ comenzó para el hombre al menos
tan tempranamente como se produjo la caída. Hay ciertamente dos
dispensaciones: una dispensación de pecado y muerte, y otra de justicia
y vida; pero esas dos dispensaciones han venido discurriendo de forma
paralela desde la caída. Dios trata a los seres humanos como personas y
no como naciones; no las trata de forma distinta según el siglo en el
que hayan vivido. No importa en qué período de la historia del mundo,
uno puede pasar en cualquier momento de la antigua a la nueva
dispensación" (E.J. Waggoner, "The ‘Two Dispensations,’" PT 9, 23
– 7 septiembre 1893-, p. 356).
Waggoner escribió: "La ley y el evangelio estuvieron unidos en el
Sinaí, como lo han estado siempre. En el Sinaí brilló la gloria del
Calvario tan claramente como lo hace ahora" (Id.). "El Calvario en el
Sinaí", era una nueva revelación para muchos adventistas del séptimo
día. "Sinaí" incluía la ley y el evangelio, combinados en Cristo.
Por lo tanto, las dos dispensaciones eran dos caminos paralelos
que han discurrido uno al lado del otro desde el mismo jardín del Edén.
"La antigua dispensación es el yo; la nueva, Cristo" (Id., p. 358). Las
dispensaciones eran, pues, dos principios antagónicos que operan en el
corazón del ser humano. Se trataba de dos condiciones del corazón. Nada
podía ser más claro, ni más bello. Quedaba despejada toda la confusión
del dispensacionalismo progresivo. Quedaba preservada la unidad de los
Testamentos. El plan de la salvación sólo en Cristo, fue el mismo en
todas las edades. Eso era adventismo bíblico.
El año 1896, E. White se pronunciaría sobre la ley que era el
"guía" o "tutor" (Gál. 3:24). Marian Davis, su secretaria, mandó por
correo a Uriah Smith la declaración más definitiva sobre la ley en
Gálatas hasta el momento. Una vez más, apoyaba la posición de E.J.
Waggoner, consistente en que la ley aludida en la epístola a los
Gálatas, era la ley moral.
Esta fue la declaración de E. White en su integridad:
"’De manera que la Ley ha sido nuestro guía para llevarnos a
Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe’. En esa escritura,
el Espíritu Santo, mediante el apóstol, está hablando especialmente de
la ley moral. La ley nos revela el pecado, y hace que sintamos nuestra
necesidad de Cristo, y que corramos hacia él para el perdón y la paz al
ejercer el arrepentimiento hacia Dios, y fe hacia nuestro Señor
Jesucristo.
La falta de voluntad para abandonar opiniones preconcebidas y
aceptar esta verdad, están en el fundamento de gran parte de la
oposición manifestada en Minneapolis contra el mensaje del Señor a
través de los hermanos Jones y Waggoner. Suscitando esa oposición,
Satanás tuvo éxito en expulsar de nuestro pueblo, en gran medida, el
poder especial del Espíritu Santo que Dios quería impartirles. El
enemigo impidió que obtuvieran esa eficiencia que podía haber sido suya
para llevar la verdad al mundo, tal como la proclamaron los apóstoles
tras el día de Pentecostés. La luz que tenía que alumbrar toda la tierra
con su gloria fue resistida, y ha sido en gran medida mantenida alejada
del mundo por la acción de nuestros propios hermanos" (EGW 1888,
p. 1575).
El primer párrafo exponía Gálatas 3:24 tal como lo había
explicado Waggoner a partir de la Biblia. La ley traía convicción al
pecador culpable. Dirigía entonces al pecador al único remedio posible.
La justicia de Cristo era el único remedio para la ley violada. La
visión de E. White confirmaba las investigaciones bíblicas de Waggoner.
El segundo párrafo es sobrecogedor. Afirma que el tema de la ley
en Gálatas suscitó la oposición al mensaje de la justificación por la fe
y los pactos de Jones y Waggoner. Se trataba del "mensaje del Señor" que
el Espíritu Santo había dispuesto para que toda la tierra resultara
alumbrada por la gloria de Dios. La recepción de la verdad habría ido
acompañada del derramamiento inicial del Espíritu Santo, tal como
sucedió en el día de Pentecostés. Pero el enemigo logró evitar que
sucediera eso, excitando la oposición de los hermanos contra la verdad
que Dios quería enviar al mundo.
"La luz que tenía que alumbrar toda la tierra con su gloria fue
resistida, y ha sido en gran medida mantenida alejada del mundo por la
acción de nuestros propios hermanos" (Id.).
Eso aludía a Apocalipsis 18:1. Se trataba del mensaje del
poderoso cuarto ángel que se une con los tres ángeles de Apocalipsis 14
para llamar, preparar y madurar la cosecha del mundo para la venida del
Señor. El poder de ese mensaje tenía que fortalecer los mensajes de los
tres ángeles precedentes.
Así era exactamente como Dios había dispuesto que sucediera. El
mensaje que trajeron los mensajeros tenía origen divino. Estaban
ordenados por el Espíritu Santo. Dios vino a sus amigos, los dirigentes
de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Les proporcionó luz adicional
que era absolutamente esencial para ellos. De haber sido aceptada, la
habría acompañado el poder necesario para cumplir la comisión. Sin
embargo, "la acción de nuestros propios hermanos" mantuvo aquella luz
"alejada del mundo" "en gran medida".
Tan tempranamente como en 1887, A.T. Jones resumió con estas
palabras la razón por la que se escribió Gálatas:
"...el libro de Gálatas se escribió para colocar la ley
ceremonial, la ley moral y el evangelio en sus verdaderas y
correspondientes posiciones, y para aniquilar por siempre el
ceremonialismo" (Carta de A.T. Jones a E.G. White, 13 marzo 1887,
Healdsburg, California. MMM, p. 66).
Por lo tanto, la epístola a los Gálatas corregía el error de usar
ambas -la ley moral y la ceremonial- como medios de justificación, en
detrimento de Jesucristo.
E. White afirmó que el "guía" o "tutor" se refería a ambas leyes,
moral y ceremonial [si bien "especialmente" la moral]. En algún momento
durante el año 1900, había dicho:
"Se me pregunta acerca de la ley en Gálatas. ¿Cuál ley es el ayo
para llevarnos a Cristo? Contesto: Ambas, la ceremonial y el código
moral de los Diez Mandamientos" (E.G. White, Manuscrito 87, 1900
-Washington, D.C.: Review and Herald Publishing Association, 1958-,
Mensajes Selectos, vol. I, p. 274).
Era esa la posición que había tomado Stephen Pierce "en la década
de 1850, es decir... que el tutor era la ley en todas sus formas" (C.
Mervyn Maxwell –27 febrero 1983-, citado en: Tim Crosby, "Ellen G. White
and the Law in Galatians: A Study in the Dynamics of Present Truth," p.
48). La ley, en Gálatas 3:24, se refería a ambas leyes, la moral y la
ceremonial (Tim Crosby, "The Law of the Prophet," RH 163, 21 –22
mayo 1986- p. 549).
En ese sentido, A.T. Jones y E.G. White estaban edificando sobre
el fundamento puesto por E.J. Waggoner. Éste último había limitado el
"tutor" primariamente a la ley moral de Dios. Sin duda, eso fue lo que
tenía in mente el "guía" de E. White en 1888, cuando le inspiró a
que escribiera al hermano Butler:
"Él [el guía de E. White en aquella visión] extendió sus brazos
hacia el Dr. Waggoner y hacia usted, hermano Butler, y dijo en esencia
lo siguiente: ‘Ninguno de los dos tiene toda la luz sobre la ley;
ninguna de las dos posiciones es perfecta’" (Carta de E.G. White a G.I.
Butler, 14 octubre 1888, Minneapolis, Minnesota. Manuscript Releases,
vol. 9, p. 326).
Waggoner estaba comenzando a recibir los rayos de la luz sobre la
justicia por la fe y sobre la ley, que vendrían a desarrollarse hasta
convertirse en el mensaje pleno de Dios para su pueblo.
De entre la generación que presenció los eventos de 1888, W.W.
Prescott fue el último en publicar una serie de artículos sobre los
pactos en la historia bíblica. Sus escritos llegaron en pleno siglo XX
(W.W. Prescott, "The Gospel of the Covenant," RH 113 –20 agosto a
1 octubre 1936-). Prescott reconoció cuán importantes eran los pactos a
fin de comprender el mensaje de los tres ángeles. Dijo:
"Se nos ha instruido cabalmente al efecto de que la justificación
por la fe ‘es el mensaje del tercer ángel en verdad’, y con toda
propiedad, teniendo en cuenta que la justificación por la fe es el rasgo
esencial del pacto hecho con Abraham, tal como enseña Gál. 3:8... el
pacto hecho con Abraham es la esencia misma del mensaje del tercer
ángel... Debiéramos proclamar el pleno significado de ese pacto
desarrollado desde el tiempo de Abraham hasta ahora. Es el ‘evangelio
eterno’ que ha de ser predicado a todo el mundo, como preparación para
la gran consumación" (W.W. Prescott, "The Gospel of the Covenant.
IV--The Doctrine of the Promise-Covenant," RH 113, 47 –10
septiembre 1936-, p. 8).
La promesa que Dios hizo a Abraham contenía todo lo necesario
para preparar a una generación pecaminosa para la traslación, en la
segunda venida de Cristo.
En relación con los dos pactos, se han destacado estos puntos:
· La salvación viene sólo mediante la promesa de Cristo, según el
nuevo pacto.
· Jamás se salvó nadie mediante las promesas hechas por el
hombre, según el antiguo pacto.
· Los dos pactos no son dispensacionales en el tiempo; es decir,
no son secuenciales, no se suceden en el tiempo el uno al otro, ni están
ligados a ninguna época en la historia.
· Los dos pactos describen dos condiciones opuestas del corazón,
son dos opciones que han discurrido paralelas a lo largo de la historia
de la humanidad.
· El pacto eterno es el mensaje del tercer ángel.
El antiguo pacto son las promesas del hombre de obedecer y vivir.
Es un pacto de obras que produce "esclavitud". Jamás se debe confundir
el antiguo pacto con el pacto eterno [nuevo pacto, o segundo pacto].
¿Por qué es la historia del antiguo y del nuevo pacto una
historia tan desconocida? Porque una mayoría de cristianos ha aceptado
irreflexiva y gratuitamente la suposición de que el antiguo pacto fue la
forma en la que Dios salvó a las personas en el Antiguo Testamento,
mientras que el nuevo sería la forma de salvarlas en el Nuevo
Testamento. Ese error de concepto ha llevado a un dispensacionalismo en
la comprensión de los pactos.
Pacto eterno es lo mismo que nuevo pacto. Son las buenas nuevas
del evangelio. Cristo crucificado es el sustituto y garante del pecador.
El pecador es incapaz de cumplir sus obligaciones con respecto a la ley.
Cristo, el Fiador del pacto, cumple la justicia de la ley en beneficio
del pecador.
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Modelo dispensacionalista del pacto (G.I. Butler, U. Smith) |
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Ley ceremonial |
CRUZ
DE
CRISTO |
Venida de la fe |
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Guardados bajo la ley |
No más bajo la ley ceremonial |
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Antigua dispensación |
Nueva dispensación |
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Modelo enseñado por E.J. Waggoner
Los pactos: una condición del corazón |
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CRUZ
DE CRISTO |
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<--------------------------- Nuevo Pacto
---------------------------> |
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Edén <-------------------------------------------------> 2da. venida |
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<------------------------ Diez Mandamientos
---------------------------> |
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<--------------------------- Antiguo Pacto
------------------------------> |
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