La Lay y los Pactos
 

en la Historia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día

   
 

(1era. Parte)

 

Por: Paul Penno

   
 

Muchos de los pioneros adventistas guardadores del sábado sostenían –en el siglo diecinueve- una posición dispensacionalista sobre el pacto, según la cual el nuevo pacto sucedía cronológicamente al antiguo, a partir de la cruz. Los pioneros sostuvieron la posición de que existen dos leyes. Los Diez Mandamientos eran evidentemente distintos de las leyes ceremoniales del tipo. Por consiguiente, las leyes ceremoniales que habían sido ordenadas bajo el antiguo pacto, resultaron abolidas en la cruz. Contrastaba con ellas el carácter perpetuo de los Diez Mandamientos.

Los protestantes evangélicos se opusieron a la posición de los guardadores del sábado sobre la perpetuidad de los Diez Mandamientos, basándose en el supuesto de que había una sola ley. Los evangélicos argumentaban que tanto las leyes morales como las ceremoniales del Antiguo Testamento tenían un origen Mosaico. Según ellos, la única ley existente, resultó abolida en la cruz junto al antiguo pacto.

Los evangélicos tenían una concepción dispensacionalista de los pactos. Ese era el punto de convergencia entre los sabatistas y los evangélicos. En consecuencia, los adventistas guardadores del sábado concedían una inmensa ventaja a sus oponentes sin ser conscientes de ello.

Uriah Smith expresó así su dispensacionalismo, en un escrito de 1877:

"El santuario del antiguo pacto tiene que mantener la misma relación con el santuario del nuevo pacto, que aquella que mantiene el antiguo pacto con el nuevo... Todos están de acuerdo en que uno es el tipo y el otro el anti-tipo. El primero era la sombra o tipo; este otro el anti-tipo o sustancia. El santuario de aquella dispensación era el tipo; el santuario de esta es el anti-tipo". (Uriah Smith, The Sanctuary and the Twenty-three Hundred Days of Daniel VIII, 14 -Battle Creek, Michigan: Steam Press of the Seventh-day Adventist Publishing Association, 1877- p. 181. Atributo de cursiva consta así en el original).

La comprensión de Uriah Smith sobre el tipo -santuario terrenal- como asociado al antiguo pacto, y el santuario celestial o anti-tipo asociado al nuevo pacto, le llevó a aceptar el dispensacionalismo de carácter secuencial: 1º antiguo --> 2º nuevo pacto. Resumiendo, la comprensión tipológica de los pioneros, su forma de interpretar la Escritura, les llevó a la conclusión de que el antiguo pacto era un tipo del nuevo pacto –es decir, el nuevo era el anti-tipo del antiguo-.

Ese principio deductivo consistente en un dispensacionalismo tipológico aplicado a los pactos, junto a la teoría de las dos leyes, vino a ser la hermenéutica sobre la que debía entenderse la Escritura en relación con la ley y los pactos. El punto probatorio para la aplicación de esos principios era el asunto de la ley en Gálatas.

Antes de 1857 algunos pioneros adventistas como James White y J.N. Andrews, habían comprendido la ley en Gálatas como siendo los Diez Mandamientos. J.H. Waggoner [el padre de E.J. Waggoner] sostuvo esa posición en su libro The Law of God. (J.H. Waggoner, The Law of God: An Examination of the Testimony of Both Testaments –Rochester, N.Y.: Advent Review Office, 1854- p. 81). El tema había ocasionado una discusión teológica en Battle Creek, Michigan, lugar a donde los adventistas de Vermont enviaron en representación a Stephen Pierce. Pierce sostuvo que la ley en Gálatas era "el sistema de la ley". (S[tephen] P[ierce], "Answer to Bro. Merriam’s Questions Respecting the Law in Gal. iii" RH 10, 23 –8 octubre 1857-). En otras palabras, Pierce concibió ambas leyes -moral y ceremonial-, como "la ley" en Gálatas 3.

Recordando aquellos tres días de discusión en Battle Creek, Uriah Smith escribió a W.A. McCutchen:

"El hermano W[aggoner, padre] tomó la posición (o bien la sostenía en su libro) de que la ley en Gálatas era la ley moral. El hermano Pierce argumentó que se refería al sistema de la ley, "incluyendo la ley ceremonial". Por entonces yo era muy joven en la verdad, y dado que esas reuniones eran nuevas para mí, tanto yo como el hermano y la hermana White nos convencimos de que el hermano Pierce tenía la postura correcta, mientras que J.H.W. estaba equivocado. La señora White, poco tiempo después, tuvo una visión en la que se le mostró esta cuestión de la ley, y escribió inmediatamente a J.H.W. acerca de que su posición sobre la ley era errónea, y correcta la del hermano Pierce. Entonces el hermano White retiró de la circulación el libro del hermano Waggoner, pues todos consideramos zanjado el asunto". (Carta de Uriah Smith a W.A. McCutchen, 8 agosto 1901, Manuscripts and Memories of Minneapolis -Pacific Press Publishing Association, Boise, Idaho: 1988-, p. 305. Citado en lo sucesivo como MMM).

Posteriormente la hermana White se sintió frustrada por no ser capaz de recordar lo que se le había mostrado. No lograba recordar el contenido de la visión relacionada con el incidente de J. H. Waggoner.

"Me perturba no ser capaz de recordar lo que se me mostró en referencia a las dos leyes. No recuerdo cuál fue la amonestación y advertencia dadas en relación con el pastor [J.H.] Waggoner. Quizá fuera una amonestación a no hacer prominentes sus ideas por aquel tiempo, pues había gran peligro de desunión". (Carta de E.G. White a G.I. Butler y U. Smith, 5 abril 1887, Basel, Suiza. The Ellen G. White 1888 Materials -The Ellen G. White Estate: Washington, D.C.: 1987-, p. 32. Citado en lo sucesivo como EGW 1888).

El manuscrito nunca apareció (Tim Crosby, "Using the Law to No Profit," Review and Herald 163, 20 -15 mayo 1986-, p. 525).

No obstante, la citada visión que E. White tuvo hacia el 1857 relativa a las discusiones que sostuvieron J. H. Waggoner y Stephen Pierce, vino a ser la base sobre la que algunos pioneros adventistas dirigentes sustentaron su conclusión de que Gálatas 3 trataba exclusivamente de la ley ceremonial.

La relación entre la cruz y el antiguo y nuevo pactos en la temprana teología adventista era por demás interesante. Su mejor representación era una cruz en el vértice de la gran división cronológica entre la antigua y nueva dispensación -entre el pacto antiguo y el nuevo-. Así, existía un dispensacionalismo adventista que concebía los pactos en términos de períodos de tiempo. Alberto Timm reconoció esa característica de la teología temprana adventista sobre los pactos, cuando escribió:

"Se consideraba a los pactos de la Biblia como la base de la relación salvadora de Dios con su pueblo. Se entendía que la muerte del Hijo de Dios como "testador" (Heb. 9:15-17), señalaba la transición del antiguo pacto al nuevo. Eso lo establecía como "mensajero" (Mal. 3:1) y "mediador" (Heb. 8:6) del nuevo pacto". (Alberto Ronald Timm, "The Sanctuary and the Three Angels’ Messages, 1844-1863: Integrating Factors in the Development of Seventh-day Adventist Doctrines" p. 407. Original sin atributo de cursiva).

Desde luego, la observación de Timm era cierta.

Ese era el punto en el que la teología adventista sobre los pactos convergía con la de sus oponentes dispensacionalistas. Los dos pactos eran secuenciales y ligados al tiempo. Por ejemplo, un protestante contemporáneo, Andrew Murray (1828-1917), escribió:

"El primer pacto tenía su misión, según el designio divino; el nuevo pacto no podía ocupar su lugar mientras que el primero no hubiera hallado plena satisfacción en sus demandas...

Se habían ido acumulando todas las transgresiones bajo el primer pacto; la muerte de Cristo produjo satisfacción en todo lo referente a ese pacto, trayendo liberación. Por lo tanto, el Mediador del nuevo pacto inaugura un sistema completamente nuevo en el que el pecado es quitado por el sacrificio de sí mismo, abriendo un camino al principio de una vida nueva en el... poder de Dios" (Andrew Murray, "The Holiest of All" -Whitaker House, n.d.-, p. 312 y 313).

La exposición de Murray sobre los dos pactos indica que no los concebía como coexistentes, sino como secuenciales [uno viniendo a continuación del otro].

Ese modelo adventista generaba un problema en la interpretación de la epístola a los Gálatas. Si el "ayo", "guía" o "tutor" era la ley moral, entonces tenían que admitir, como hacían sus opositores antinomianistas, que la ley moral había sido abolida en la cruz. Pero si la "guía" (vers. 24) o la "ley" (vers. 19) era la ley ceremonial instituida en el antiguo pacto, entonces sí que les cuadraba que hubiera sido abolida en la cruz.

Hacia 1884, E.J. Waggoner estaba defendiendo que Gálatas 3 se refería a la ley moral. En referencia al tutor o guía de Gál. 3:24, Waggoner explicó: "Hay que observar que la ley no señala a Cristo –ese oficio le está encomendado a otra cosa-, sin embargo nos lleva, nos atrae y empuja hacia él como nuestra única esperanza" (E.J. Waggoner, "Under the Law" –continued-, The Signs of the Times 10, 35 –11 septiembre 1844-, p. 553 y 554).

Ese artículo presentaba el núcleo de la comprensión de E.J. Waggoner sobre la ley en Gálatas. Posteriormente exploraría más ampliamente el tema de los pactos. Por el momento, no ocasionó controversia alguna.

Se podría pensar que E.J. Waggoner tomó su comprensión sobre la ley en Gálatas de su padre, J.H. Waggoner. No obstante, su posición sobre la relación de la ley moral con los pactos era muy diferente a la de su padre.

E.J. Waggoner coincidía con su padre en que la "guía" ["ayo", o "tutor"] en Gálatas 3 era la ley moral. Pero ahí terminaban las coincidencias. Joseph Waggoner [el padre] enseñó que el antiguo pacto terminó con Cristo, momento en el que él instituyó el nuevo. Había escrito: "Sabemos que el Nuevo Testamento o pacto, comenzó con la muerte del Testador, que es el preciso momento en el que cesó el primer pacto" (J.H. Waggoner, "The New Covenant", RH, 26 mayo 1853). Eso es dispensacionalismo.

E.J. Waggoner, por el contrario, enseñó que los dos pactos no son una cuestión de tiempo, sino condiciones del corazón individual. En relación con los pactos, para Waggoner fue aún más crucial la respuesta a esta pregunta: "¿Quién hizo las promesas?" Bajo el antiguo pacto, el pueblo hizo la promesa de obedecer la ley. Bajo el nuevo pacto, Dios hizo la promesa y el pueblo tuvo fe en la Palabra de Dios.

E.J. Waggoner era plenamente consciente del potencial de controversia que tenía en la denominación su posición sobre la ley y los pactos. W.C. White refirió una conversación privada que sostuvo con E.J. Waggoner al respecto. W.C. White escribió en estos términos a Dan T. Jones, secretario de la Asociación General:

"Referente a la controversia sobre la ley en Gál., nunca he tomado la posición que el hermano Butler supone que he tomado, o la que parece atribuirme a tenor de las afirmaciones de su carta. En la primavera de 1885, en una caminata por el bosque con el hermano [E.J.] Waggoner, él introdujo dos puntos que le causaban perplejidad. El primero era la evidente necesidad de tomar posiciones en relación con su obra editorial, que vendría a entrar en conflicto con los escritos del hermano Canright; el segundo se refería al asunto objeto de controversia entre los hermanos Smith, Canright y mi padre [James White] de una parte, y los hermanos [J.H.] Waggoner y [J.N.] Andrews de la otra. Expresé libremente mi opinión consistente en que él y los redactores de Signs debían enseñar lo que ellos creían que era la verdad, aunque estuviera en conflicto con algo de lo escrito por el hermano Canright y otros..." (Carta de W.C. White a Dan T. Jones, 8 abril 1890).

Como redactor, E.J. Waggoner estaba tomando la decisión consciente de cuál habría de ser la dirección teológica en la que iría The Signs. Él conocía el potencial de controversia con respecto a los hermanos Uriah Smith y D.M. Canright.

Lo anterior no pasó desapercibido a la dirección eclesiástica en Battle Creek, Michigan. La primera salva, en lo que vendría a convertirse en una guerra abierta sobre la ley en Gálatas y los pactos, fue la creación de una nueva revista en Battle Creek [The Gospel Sickle: La hoz del evangelio]. La siguiente acción fue una visita del propio presidente de la Asociación General, el hermano George I. Butler. Viajaría al seminario de Healdsburg, en California, y conocería de primera mano lo que estaba sucediendo.

En Battle Creek se publicó The Gospel Sickle, en pugna con The Signs (publicada en Oakland, California). E. White detectó la naturaleza competitiva de las revistas y escribió a Uriah Smith sobre ello:

"‘The Sickle’ comenzó en Battle Creek, pero no ha de ocupar el lugar de ‘The Signs’, y no veo su necesidad real. ‘The Signs of the Times’ es necesaria, y hará lo que ‘The Sickle’ no puede hacer. Sé que si ‘The Signs’ continúa estando llena de preciosos artículos, alimento para el pueblo, toda familia debiera tenerla. Pero me produce dolor de corazón cada vez que veo ‘The Sickle’. Afirmo que no es conforme a la voluntad de Dios. Si Satanás logra introducir la disensión entre nosotros como pueblo, estará exultante de gozo" (Carta de E.J. White a E.J. Waggoner y A.T. Jones, 18 febrero 1887, Basel, Suiza; EGW 1888, p. 21).

Los hermanos George Butler, Uriah Smith y D.M. Canright eran contribuyentes habituales en ‘The Gospel Sickle’, revista que empleaban como plataforma para promocionar sus posiciones sobre la ley y los pactos en oposición a las publicadas en ‘The Signs’ por E.J. Waggoner. Por tanto tiempo como fue publicada ‘The Sickle’, desde el 1 de febrero de 1886 hasta diciembre de 1888, E. White pudo ver allí "disensión".

El hermano Dudley M. Canright, uno de los principales contribuyentes a ‘The Sickle’, definía así su concepto del pacto:

"¿Qué es un pacto? Webster lo define así: ‘Un acuerdo mutuo entre dos o más personas para realizar o abstenerse de realizar alguna acción o cosa, un contrato; un documento escrito conteniendo los términos del acuerdo o contrato entre las partes’. Es fácil ver que ese acuerdo tomado entre Dios e Israel en Éx. 19 es un pacto en el más pleno sentido del término" (D.M. Canright, "The Law to the Gentiles. --Why God Made a Covenant with Israel, and How the Gentiles Were to Come into It," The Gospel Sickle 1, 5 -1 abril 1886-, p. 37 y 38. Citada en lo sucesivo como GS).

Canright empleó posteriormente terminología que evidenciaba cuáles eran sus premisas:

"Algunos sostienen que todo cuanto Dios requería bajo la antigua dispensación era simplemente la obediencia externa a su ley... Tenían el Espíritu de Dios en la antigua dispensación... La voluntad de Dios era que su pueblo fuera tan espiritual durante el período del antiguo pacto, como ahora" (D.M. Canright, "The Law to the Gentiles. --God Required Spiritual Service of His People During the Jewish Age," GS 1, 7 –1 mayo 1886- p. 52 y 53).

Canright asociaba "el período del antiguo pacto" con "la antigua dispensación".

Uriah Smith armonizaba con esa mente dispensacionalista, como demuestra su afirmación: "El nuevo pacto remplazó al antiguo cuando Cristo lo ratificó con su propia sangre, en la cruz" (U. Smith, "The Sanctuary", GS 1,8 –15 mayo 1886-, p. 66).

Canright insistió:

"El nuevo pacto o evangelio, por consiguiente, comenzó siendo predicado por Jesucristo... Mediador del nuevo pacto, y venía ahora a sustituir al antiguo pacto; pero Jesús tuvo cuidado en ofrecer el nuevo pacto sólo a los judíos, dado que el Señor había prometido que ese nuevo pacto se habría de establecer con la casa de Israel" (D.M. Canright, "The New Covenant," GS 1, 10 –15 junio 1886- p. 76 y 77. Cf. Anonymous, "The New Covenant Made with the Jews," GS 1, -1 julio 1886- p. 81. Original sin atributo de cursivas).

Los antinomianistas aseveraban que el nuevo pacto fue establecido con los gentiles, mientras que el antiguo lo había sido con los judíos. Canright demostró que tanto el antiguo pacto como el nuevo fueron hechos con los judíos. Los gentiles se incorporaron por la fe en Cristo, convirtiéndose en ese momento en judíos espirituales.

George I. Butler, presidente de la Asociación General, llegó a Healdsburg –California- hacia mediados de abril, en 1886. Lo que descubrió allí no le resultó nada tranquilizador. En el cumplido informe que dio a E. White de su visita a California, se puede leer:

"Otra cosa de la que he de hablar, que me hace sentir mal: Cuando estuve en la Costa, supe mediante las averiguaciones de los que asistieron al seminario en Healdsburg y por mí mismo, que había habido grandes esfuerzos por parte de E.J. Waggoner y A.T. Jones para dejar en las mentes de los estudiantes de teología la impresión de que la ley de Gálatas 3 [19] y la ley que es nuestro "tutor" [24] para llevarnos a Cristo, es la ley moral de los mandamientos.

Los mismos argumentos están apareciendo de forma más o menos ocasional en The Signs. Algunos de esos estudiantes vinieron a recabar mi opinión al respecto. No habrá olvidado como esa cuestión fue causa de considerable polémica en el pasado.

Estoy convencido de que la inmensa mayoría de nuestro pueblo y pastores sostienen la posición de que la ley añadida [de Gálatas 3:19] a causa de la transgresión de la ley moral, es el sistema reparador de los tipos que señala a Cristo, y que la ley que es objeto principal de discusión del apóstol en su epístola a los Gálatas, es la ley ceremonial.

El hermano J.H. Waggoner siempre se opuso enérgicamente a esa posición, y pienso que los jóvenes hermanos en la editorial comparten sus sentimientos. Su esposo, el hermano Smith, Canright, yo mismo y muchos otros hemos sostenido esa posición. Pero algunos de nosotros hemos sentido que debíamos guardar cierta discreción sobre ese tema, sabiendo que no existía unanimidad de opinión por parte de nuestros hermanos dirigentes. Pero cuando vemos que la posición opuesta y minoritaria es presentada vigorosamente en uno de nuestros seminarios, entre nuestros estudiantes de la Biblia, y publicada al mundo en The Signs, confieso que no me satisface para nada. He escrito al hermano Jones al respecto, y hablado con el hermano Brownsberger y E.J. Jones. Saben que es cierto, y el profesor Brownsberger lo lamentó mucho. Hace años alguien me insinuó que usted tuvo luz relativa a la ley añadida [Gál. 3:19], en el sentido de que se refería al sistema reparador y no a la ley moral. Opino que de alguna forma esa cuestión se debiera dejar de lado. Sería un trago bien amargo para muchos de nuestros hermanos dirigentes el verse obligados a contemplar cómo se enseña de forma general la idea de que la ley añadida a causa de las transgresiones, es la propia ley moral.

Creemos que esa ley ha existido siempre y que su transgresión hizo necesaria la introducción de otra ley debido al pecado, a modo de remedio para el pecado. La referencia es a la ley de los tipos y las sombras, que conduce a Cristo" (Carta de G.I. Butler a E. White, 20 junio 1886, Madison, Wisconsin).

Esa es la forma en que el hermano Butler, dirigente de la iglesia, expresó su postura sobre la ley ceremonial en Gálatas, postura que seguiría sosteniendo hasta su muerte.

En aquellos días se publicaron las lecciones de Escuela Sabática en The Youth’s Instructor. Desde abril a julio de 1886, el tema fue "la ley". El autor de las lecciones era E.J. Waggoner. El hermano Butler escribió a E. White al propósito:

"...el pastor Underwood y otros me han hablado sobre el efecto de los artículos en The Signs y en las lecciones de Escuela Sabática en varias localidades, y sobre la ley en Gálatas. Las posiciones tomadas han suscitado un gran debate, y han dado lugar a un espíritu de discusión, controversia y agitación" (Carta de G.I. Butler a E. White, 23 agosto 1886, Mount Vernon, Ohio).

Las lecciones de Escuela Sabática tenían el formato de pregunta y respuesta, referidas al texto bíblico. Waggoner preguntó:

1. ¿De qué nos ha redimido Cristo? Gál. 3:13, primera parte.

2. ¿En qué consiste guardar los mandamientos? 1 Juan 5:3

3. Si guardar los mandamientos es el amor, ¿puede al mismo tiempo ser la maldición a la que Pablo se refiere?

4. ¿Sobre quiénes recae la maldición de la ley? Gál. 3:10..."

(E.J. Waggoner, "The Sabbath-School. 3er sábado de julio. Lección 13.—Redimidos de la maldición de la Ley," The Youth’s Instructor 34, 26 –30 junio 1886-, p. 103. En lo sucesivo, YI).

En su sucesión de preguntas Waggoner identificaba la ley en Gálatas 3 como los Diez Mandamientos. Dado que toda la iglesia estudió esas lecciones, alcanzaron mayor audiencia que The Signs. De ese modo fueron causa de considerable discusión. Colocaron al pastor Butler en una situación en la que debía emprender alguna acción.

Pero si algo fue especial causa de controversia, fue la serie de nueve artículos que Waggoner escribió en The Signs sobre la ley en Gálatas 3 (desde el 8 de julio al 2 de septiembre de 1886). Esa fue la primera exposición detallada que publicara sobre dicho capítulo. Admitía el argumento de los dispensacionalistas [evangélicos] de que la ley en Gálatas 3 era la ley moral. "Probablemente no haya otra porción de la Escritura que supuestamente preste tanto apoyo a los enemigos de la ley de Dios, como el tercer capítulo de Gálatas" (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3", ST, 8 julio 1886, p. 406). Pero tranquilizaba a sus lectores asegurándoles que si prestaban atención descubrirían allí un firme baluarte en defensa de la ley de Dios.

Abraham fue el padre de todos los fieles creyentes en Cristo. El apóstol escribió:

"Sabed, por tanto, que los que tienen fe, estos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: ‘En ti serán benditas todas las naciones’. De modo que los que tienen fe son bendecidos con el creyente Abraham" (Gál. 3:7-9).

Waggoner explicó los versículos en estos términos:

"Habiendo mostrado cómo Abraham no había sido justificado ante Dios por sus propias obras, Pablo señala que la promesa se dirige exclusivamente a los hijos de Abraham; y puesto que solamente son hijos de Abraham los que poseen la misma fe que él tuvo, sólo los que son de la fe reciben la promesa" (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3", ST, 8 julio 1886, p. 406).

Waggoner citó entonces Gálatas 3:10, que Butler, Canright y Smith aplicaban a la ley ceremonial: "Todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: ‘Maldito sea el que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para cumplirlas’". Waggoner señaló entonces la evidencia bíblica que identifica la ley referida en el versículo, explicando: "Esas palabras son una cita de Deut. 27:26 y de Jer. 11:2-4, pasajes ambos que se refieren indiscutiblemente a los Diez Mandamientos" (Id.)

El apóstol Pablo se refirió a la maldición de la ley: "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, haciéndose maldición por nosotros (pues está escrito: ‘Maldito todo el que es colgado en un madero’), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzara a los gentiles, a fin de que por la fe recibiéramos la promesa del Espíritu" (Gál. 3:13 y 14). La maldición de la ley caía sobre el pecado y la desobediencia, resultando en la muerte. Cristo fue hecho pecado por nosotros, de forma que pudiéramos recibir por la fe la bendición de Abraham.

Waggoner era plenamente consciente de la posición controversial que estaba tomando sobre la ley en Gálatas 3. Declaró: "Dado que algunos... han supuesto que Gálatas 3 se refiere principalmente a la ley ceremonial, quizá sea apropiado mostrar brevemente porqué es imposible que la ley ceremonial sea el objeto de la disertación en ese capítulo" (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3", nº 9, ST 12, 34 –2 septiembre 1886-, p. 534).

"Para empezar, las ordenanzas (ley ceremonial) nunca condenaban a nadie. Enseñaban el evangelio en la ‘época judía’. En segundo lugar, ni de nosotros hoy, ni de los gentiles de Galacia se puede decir que hayamos sido redimidos de la ley ceremonial. Por el contrario, nosotros, los gentiles, estamos bajo la condenación de la ley moral y encerrados bajo ella. [Esa ley] revela a todo hombre que es un pecador" (Id.).

El apóstol Pablo explicó la relación entre la ley y la promesa: "Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios en Cristo no puede ser anulado por la ley, la cual vino cuatrocientos treinta años después; eso habría invalidado la promesa" (Gál. 3:17).

Waggoner señaló que la ley "era la base" o "fundamento de la promesa", "uno de los términos del pacto". En ese particular, estaba de acuerdo con otros escritores adventistas. Más adelante dijo: "De igual forma en que los mandamientos eran la condición del pacto Abrahámico, lo son también de lo que se conoce por ‘segundo pacto’, que es en todo respecto el mismo que se hizo con Abraham. Ver Jer. 31:33; Heb. 8:10". (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3" No. 2, ST 12, 27 –15 julio 1886- p. 422 y 423).

Por los anteriores comentarios podemos ver cómo Waggoner no concibió el nuevo pacto como comenzando en la primera venida de Cristo. El nuevo pacto fue ratificado por la sangre de Cristo. Pero "el pacto fue confirmado a Abraham en Cristo... anticipadamente" (Id.).

Los Mandamientos eran la condición del pacto Abrahámico. Cristo enseñó la obediencia a la ley (Mat. 5:17-19; 19:17; Luc. 16:17).

La siguiente exposición de Waggoner trató de Gálatas 3:15: "...un pacto, aunque sea hecho por un hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade". Waggoner explicó: "Se acepta, hasta por los antinomianistas, que la ley de Dios estaba en plena vigencia hasta la muerte de Cristo; por lo tanto, Gál. 3:15 debiera convencerlos de que hoy sigue estando en plena vigencia" (Id.). Waggoner no era, pues, dispensacionalista, ni tampoco antinomianista; aunque igual que los antinomianistas, creía que la ley en Gálatas 3 se refería a los Diez Mandamientos. En contraste con E.J. Waggoner, los antinomianistas despreciaban la ley, y eran dispensacionalistas.

En lo que verdaderamente se destacaba Waggoner de los teólogos adventistas de sus días, era en ver el pacto hecho con Abraham como el nuevo pacto. El antiguo pacto, por el contrario, lo hizo Israel con Dios en Sinaí [no Dios con Israel].

Empleando la fraseología de Gálatas 3:17, Waggoner preguntó:

"¿Cuál fue el pacto que fue ‘previamente ratificado por Dios en Cristo’?

La promesa hecha a Abraham consistía en que ‘sería heredero del mundo’ (Rom. 4:13), y que en su simiente serían benditas todas las naciones. La condición era que debía andar delante de Dios y ser perfecto (Gén. 17:1-8). Pero no fue ese el pacto que se estableció con los israelitas en Horeb. Este último pacto no contenía referencia alguna a Cristo, ni provisión alguna para el perdón de los pecados; pero el pacto hecho con Abraham fue confirmado ‘en Cristo’ (Gál. 3:17), y no fue establecido bajo la condición de que habían de ser rectos por sus propios esfuerzos, sino de que poseyeran la justicia de la fe. Compárese Romanos 4:11 con 3:22 al 25. Eso incluía, desde luego, el perdón de los pecados; y vemos así que el pacto hecho con Abraham (pacto al que hace referencia este capítulo) era exactamente el mismo que "el segundo pacto" hecho con nosotros. El pacto establecido en Horeb, llamado "primer pacto", si bien fue hecho con posterioridad al establecido con Abraham, tuvo por objeto, tal como ya hemos visto, mostrar al pueblo la necesidad del auxilio prometido en el pacto Abrahámico, o segundo pacto" (Id.).

Para Waggoner, la condición del nuevo pacto dado a Abraham era la obediencia a la ley de Dios. Fue Cristo quien cumplió esa condición, permitiendo así "que por la fe recibiéramos la promesa del Espíritu" (Gál. 3:14). Había una sola condición para la salvación. Dijo Waggoner: "La fe en Cristo es la única condición para la salvación" (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3. No. 3," ST 12, 18 –22 julio 1886-, p. 438).

¿Para qué, pues, la ley? Waggoner planteó la cuestión en el presente. "Si somos salvos por la gracia, ¿qué necesidad tenemos de la ley?" (Id.). El apóstol Pablo responde: "Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniera la descendencia a quien fue hecha la promesa; y fue dada por medio de ángeles en manos de un mediador" Gál. 3:19).

George Butler ya se había comunicado con E. White a propósito de la ley "añadida":

"Sería un trago bien amargo para muchos de nuestros hermanos dirigentes el verse obligados a contemplar cómo se enseña de forma general la idea de que la ley añadida a causa de las transgresiones, es la propia ley moral" (Carta de G.I. Butler a E. White, 20 junio 1886, Madison, Wisconsin).

Butler estaba persuadido de que si se renunciaba a la interpretación de la ley ceremonial en Gálatas 3, toda la iglesia se precipitaría en el antinomianismo (desprecio a la ley).

La idea de la ley moral como siendo "añadida", dejaba la impresión de que hubiera comenzado a existir en el monte Sinaí. Ningún adventista defensor de la ley querría oír hablar de algo así. La creencia era que la ley era consustancial con Dios. No era pues de extrañar que Butler y otros concibieran la ley "añadida" como el sistema reparador dado a Moisés.

Pero Waggoner señaló que "proclamada", "pronunciada" o "enfatizada", eran traducciones más adecuadas que "añadida" -como figuraba en la versión King James al uso (Gál. 3:19)-.

"Fue proclamada a causa de la transgresión". Waggoner afirmó: "...la ley existía ya previamente, y era conocida por el hombre, si bien solamente por tradición; pero ahora el Señor la añadió en forma escrita" (Id.).

Romanos 5:20 es un pasaje paralelo: "La ley, pues, se introdujo para que el pecado abundara". Waggoner explicó: "La ley se ‘introdujo’ en el Sinaí. ¿Con qué finalidad? Para que abundara el pecado u ofensa que existía previamente" (Id.). Fue ese el primer uso que hizo Lutero de la ley. La ley fue engrandecida en Sinaí, de forma que fueron obligados a reconocer la rematada pecaminosidad de ellos. "...era necesario que los hombres vieran la naturaleza real del pecado, a fin de que pudieran buscar la gracia que hay en Cristo, único que puede quitar el pecado" (Id.).

D.M. Canright estaba representando a los hermanos del Este, cuando escribió a propósito de la ley "añadida":

"...la segunda ley fue añadida para señalar a la descendencia prometida hasta el momento en que llegara... ¿Por qué se dio esa ley?... "Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniera la descendencia". Por lo tanto, no se trataba de la ley moral, puesto que esa no señala a Cristo, ni dice cosa alguna relativa a la venida de la descendencia [simiente], mientras que la ley de los sacrificios, tipos y sombras, se relaciona plenamente con esa descendencia prometida" (D.M. Canright, The Two Laws -Review and Herald, Battle Creek, Michigan, 1886-, p. 9 y 10. Original incluye atributo de cursivas).

Así, Canright vio la ley de Gálatas 3 como la ley ceremonial. Además, interpretó la venida de la descendencia como la primera venida de Cristo a la que apuntaban los sacrificios y tipos.

Waggoner, por el contrario, mantuvo presente el pleno alcance de la promesa que Dios hizo a Abraham. La cruz tenía importancia estratégica en cuanto a ratificar el pacto, pero su cumplimiento último no sería completo "...hasta que viniera la descendencia a quien fue hecha la promesa" (Gál. 3:19). ¿En qué consiste la venida de la descendencia? Ciertamente, no en la primera venida de Cristo, -replicó Waggoner. Dios había prometido a Abraham: "Tu descendencia se adueñará de las puertas de tus enemigos" (Gén. 22:17). Los enemigos de Cristo y el propio Satanás no han de ser quitados hasta la segunda venida (Apoc. 19:11-21).

El apóstol inspirado continuó así: "Pero antes que viniera la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada" (Gál. 3:23). Waggoner observó: "La idea de la confinación o encierro siempre está relacionada con el pecado. El pecado es un amo cruel" (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3. No. 8," ST 12, 33 –26 agosto 1886-, p. 518). La ley encierra a quien la transgrede. Hace que quede "detenido" de forma preventiva. La única forma de escapar es "la fe" de Jesús, que trae la gozosa liberación de una muerte segura.

Waggoner aseveró que la ley no se refería aquí a las ceremonias, pues estas nunca precedían a la fe en Cristo. El pecador creía en Cristo primeramente, y después se servía de los sacrificios. Por contra, era posible resultar encerrado por la ley moral, y ser luego llevado a la fe de Cristo. (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3. No. 9," ST 12, 34, –2 septiembre 1886-, p. 534).

Waggoner dirigió entonces la atención al versículo 24. "De manera que la ley ha sido nuestro guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe" (Gál. 3:24).

Waggoner explicó Gálatas 3:24. La ley funcionaba como el oficial de la prisión correccional. Encerraba al que la había violado. Además, la ley, bajo la convicción del Espíritu Santo, llevaba al pecador literalmente a Cristo. La ley confinaba al pecador mediante la culpabilidad personal, sin proveer recurso alguno para lograr la libertad. El pecador aprendía de Cristo -perfecta encarnación de la ley- cómo caminar en justicia y en la correspondiente libertad.

El apóstol Pablo habló sobre la venida de la "fe". "Pero ahora que ha venido la fe, ya no estamos bajo un guía" (Gál. 3:25). Cristo era la perfecta ley de la libertad. En Cristo, el pecador perdonado caminaba en libertad. Por lo tanto, el creyente no estaba más bajo la ley, sino bajo la gracia. Gracias a Cristo, caminaba en perfecta armonía con la ley.

En referencia a que "la ley ha sido nuestro guía", Waggoner comentó:

"El tiempo verbal pasado puede ser empleado aquí solamente en referencia a los que han venido a Cristo y han sido justificados por la fe, tal como muestra Pablo en el versículo siguiente. Puesto que la ley fue nuestro guía para llevarnos a Cristo, tiene que seguir siendo una guía (pedagogo) para los que no están en Cristo, y ha de retener esa función hasta que haya sido llevado a él todo aquel que vaya a aceptar a Cristo. Por lo tanto, la ley [moral] será una guía para llevar a los hombres a Cristo mientras dure el tiempo de gracia. La ley levítica, en contraste, perdió su vigencia hace cientos de años; por lo tanto, no puede ser la ley a la que se refiere el texto" (E.J. Waggoner, "Comments on Galatians 3. No. 9," ST 12, 34 –2 septiembre 1886-, p. 534).

Según la comprensión de Waggoner, Gálatas 3:24 no es un texto dispensacionalista, y no dice que la ley fuera abolida en la cruz. Se refiere al cristiano: la función de la ley como agente corrector termina cuando el creyente queda libre mediante Cristo, el Salvador del pecado. Así, nuestro "guía" ha tenido un papel en la vida de cada pecador, sea que haya vivido en tiempo del Antiguo o del Nuevo Testamento.

Hacia el mes de agosto del 1886, el hermano Butler pedía encarecidamente a E. White -quien estaba en Suiza- que resolviera aquella discusión sobre la ley que estaba enfrentando a unos y otros en la iglesia.

"Por supuesto, sería muy chocante para mí, habiendo estudiado la cuestión por tanto tiempo, y habiéndome parecido tan clara, si a usted se le mostrara que la posición que sostengo es la errónea. Pero estoy seguro de que lo aceptaría, y al menos guardaría silencio en el caso de no ser capaz de comprenderlo claramente...

Que el Señor la guíe, mi querida hermana, y si tiene luz que me ayude a actuar sabiamente, me sentiré muy agradecido" (Carta de G.I. Butler a Ellen G. White, 23 agosto 1886, Mount Vernon, Ohio, Manuscripts and Memories of Minneapolis, -Pacific Press Publishing Association, Boise, Idaho: 1988-, p. 21-23. En lo sucesivo, MMM).

No habiendo obtenido respuesta a sus repetidas demandas, Butler se quejó a E. White en estos términos:

"Pero cuando el Dr. Waggoner publicó en nuestra revista pionera los nueve extensos artículos que presentaban directamente el tema, sentí que eso no podía continuar así, de forma que le escribí varias veces, sin que usted me respondiera" (Carta de G.I. Butler a E.G. White, -31 marzo 1887-, Battle Creek, Michigan).

Teniendo en el horizonte cercano la sesión de la Asociación General en Battle Creek del 18 de noviembre de 1886, el hermano Butler escribió una carta abierta a E.J. Waggoner, titulada ‘La ley en el libro de Gálatas’ (George I. Butler, The Law in the Book of Galatians: Is It the Moral Law, or Does It Refer to that System of Laws Peculiarly Jewish? -Battle Creek, Michigan: Review & Herald Publishing House, 1886-). Se distribuyó a todos los delegados de la Asamblea. Dos días antes de comenzar, G.I. Butler escribió a E. White en tonos sombríos:

"Tenemos la intención de llamar a nuestros buenos hermanos de Signs a que den explicaciones acerca de la forma en que han actuado en relación con algunos de los puntos discutidos de nuestra fe: la ley en Gálatas. Han estado publicando una cantidad de artículos en Signs expresando su posición, presentándola en nuestra publicación pionera como siendo la posición de esta denominación" (Carta de G.I. Butler a E.G. White, -16 noviembre 1886-, Battle Creek, Michigan. MMM, p. 30).

El hermano Butler decidió manejar el conflicto designando un comité teológico que discutiera la cuestión, e hiciera la recomendación pertinente a la sesión general a fin de que esta tomara a su vez una decisión. Butler explicó a E. White lo que ocurrió en dicho comité:

"Llegó el hermano E.J. Waggoner,... pertrechado para el conflicto. Se convocó el comité teológico. Yo tenía que actuar como presidente, pero decliné dado que al representar una determinada posición en el debate, se podría suponer que favorecería a una parte. Fue elegido el hermano Haskell como presidente, y se estableció el comité. Cuatro -Haskell, Whitney, Wilcox y Waggoner-, eran favorables a la posición de Signs. Cinco -Smith, Canright, Covert, J.H. Morrison y yo mismo-, sosteníamos la posición contraria. Mantuvimos una conversación de varias horas, pero ninguna parte convenció a la otra. La cuestión era ahora si debíamos llevar el tema a la Asamblea y tener un gran debate público al respecto, o no. No podía aconsejar que se lo llevara, y me sentí mal previendo que resultaría sólo en acaloramiento y disputa. Hice recomendaciones y dispuse preámbulos y resoluciones aplicables a nuestro curso de acción, en relación con la manifestación pública de esos temas" (Carta de G.I. Butler a E. G. White, 16 diciembre 1886, Plainfield, Wisconsin).

Esa división en el comité impidió que Butler obtuviera el resultado esperado.

El hermano S.N. Haskell, presidente de la Asociación de California, presidía el comité. El hermano Butler resultó frustrado por la actitud de Haskell:

"Llegó el hermano Haskell y vino a mi hogar, disfrutando de mi hospitalidad durante las reuniones. Pero junto al hermano B.L. Whitney, estaba dominado por ese espíritu de oposición. Ellos conocían bien mis sentimientos. Sabían qué perplejidad y angustia mental me habían ocasionado esos asuntos y, no obstante, su influencia estuvo de parte del Dr. Waggoner de toda forma posible a lo largo del encuentro. Su gran esfuerzo consistió en evitar que el Dr. Waggoner fuera censurado, y en ayudarle hasta donde les fue posible" (Carta de G.I. Butler a E.G. White, -1 octubre 1888-, Battle Creek, Michigan).

El hermano Butler esperaba obtener una censura pública del hermano Waggoner. Pero logró sólo un compromiso. La sesión aprobó una resolución que iba obviamente dirigida a Jones y Waggoner. Afectaba a redactores y personal docente del sistema de enseñanza Adventista. La resolución era como una bofetada para ellos dos. Decía que los comités, dirigentes de Escuela Sabática y redactores de publicaciones, debían:

"...evitar que puntos de vista doctrinales que no fuesen sostenidos por una gran mayoría de nuestro pueblo, fueran incluidos en nuestras publicaciones denominacionales... sin haber sido previamente examinados y aprobados por los hermanos dirigentes de experiencia" (RH, -14 diciembre 1886-, p. 779).

Era palpable la tensión creada entre los hermanos, a propósito de las divergencias teológicas. El hermano Butler recordó la Asamblea de 1886 como una de las peores experiencias de su vida. Literalmente le hizo enfermar. Escribió así a E. White:

"Mi mente ha estado absorta con estos temas, y no puedo evitar que me alteren en gran manera, debido a que todo me parecía tan injusto e inconsistente; pero después de estar enfermo por dos meses, por fin he podido asistir a esa terrible asamblea [1886] que tuvimos aquí, la última en Battle Creek" (Carta de G.I. Butler a E.G. White, -1 octubre 1888-, Battle Creek, Michigan. Original sin atributo de cursiva).

La respuesta de E. White evidencia que estuvo de acuerdo con él en una cosa:

"Habla, querido hermano, de esa terrible asamblea, la última tenida en Battle Creek mientras yo estaba en Suiza. Dicha asamblea me fue presentada en la noche. Mi guía dijo: -‘Sígueme. He de mostrarte ciertas cosas’. Me llevó como espectadora de las escenas que tuvieron lugar en aquella asamblea. Se me mostró la actitud de algunos pastores en esa reunión, particularmente la suya, y puedo decir con usted, mi hermano, que fue una asamblea terrible" (Carta de E.G. White a George I. Butler, -14 octubre 1888-, Minneapolis, Minnesota. EGW 1888, p. 92. Original sin atributo de cursivas).

Las animosidades y rencores que florecieron con posterioridad en la Asamblea de la Asociación General de 1888, tuvieron su germen en la Asamblea de Battle Creek de 1886, en relación con la ley en Gálatas.

El hermano Butler sufrió un golpe devastador el 17 de febrero de 1887. Iba a ser la primera resaca de "esa terrible asamblea". Butler vio como su viejo amigo y colega, Dudley Canright, solicitaba ser borrado de la iglesia de Otsego, Michigan. Butler informó a E. White sobre la razón de aquella decisión de Canright.

"Estuvo hablando quizá tres cuartos de hora o más. Dijo en esencia que no podía continuar con los Adventistas del Séptimo Día, que había dejado de creer que la ley siguiera vigente, y que no esperaba guardar ningún otro sábado..." (Carta de G.I. Butler a E.G. White, -17 febrero 1887-, Otsego, Michigan).

Evidentemente, la gota que colmó el vaso fue la asamblea de 1886 y su experiencia en aquel comité teológico. Tal como informó Butler,

"Le disgustó extraordinariamente el camino que tomaron algunas cosas con ocasión de nuestra última asamblea de la Asociación General, algunas de las cuestiones teológicas que surgieron y la forma en que algunos de nuestros hermanos actuaron en relación con él le hicieron sentirse mal y le hicieron recapacitar, de forma que manifestó que iba a estudiar esta cuestión de la ley, y eso le llevó a las conclusiones que ahora expone" (Id.).

Canright era uno de los nueve que formó parte del comité teológico que discutió la ley en Gálatas, en la asamblea de 1886. Aquella discusión con Waggoner en el comité teológico, hizo que Canright pensara que sus puntos de vista eran incorrectos. Gálatas se refería a la ley moral. Por lo tanto, Canright razonó que si nuestro "guía" eran los Diez Mandamientos, entonces verdaderamente quedaban sin vigencia en la cruz, y eso incluía al sábado.

 

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