Los Dos Adanes -I

 

(1era. Parte)

 
Unas Palabras al Lector:
            En los últimos tiempos se ha desarrollado en el seno de la iglesia Adventista un interés creciente por el estudio del Evangelio y la Justificación por la Fe. Aunque no debiera ser, esto ha generado una serie de desacuerdos que de momento no parecen fáciles de resolver. Un análisis exhaustivo de las principales obras de los escritores denominacionales permite ver serias inconsecuencias en la forma en que enfocan ciertos conceptos soteriológicos y cristológicos. Las mismas no dejan de ser percibidas por el investigador cuidadoso. Estos conceptos son sostenidos por hombres que desempeñan puestos de importancia en la iglesia actualmente. Claro, esto no convierte un error en verdad (un buen ejemplo de ello es el caso de Desmond Ford), pero causa perplejidad y hasta cierto grado de confusión en la mente de muchos miembros de la iglesia que esperan unidad de criterio en el ámbito teológico.
Es imposible iniciar un estudio detenido de las publicaciones denominacionales pasadas y actuales sin dejar de percibir ciertas anomalías en algunas enseñanzas fundamentales. Se puede apreciar un gran énfasis en el aspecto objetivo del Evangelio (lo que Dios ha hecho en Cristo) por parte de algunos escritores, mientras que otros resaltan el aspecto subjetivo del Evangelio [lo que Dios está haciendo en el creyente por medio del Espíritu Santo), dejando entrever una forma sutil de legalismo o salvación basada en nuestra conducta a comportamiento. En este tipo de enfoque, el énfasis en la perfección de carácter constituye el centro de todo discurso, en lugar de Cristo y su justicia. Con todo, no queremos desmeritar ambas posiciones como erróneas, sino más bien llamar la atención al equilibrio que debe existir entre ambas. Pero el equilibrio no siempre es fácil de lograr.
Nosotros debemos estar plenamente convencidos de la necesidad siempre presente de la predicación cristocéntrica. No podemos repetir el fatídico error de 1888. En ese año, Dios, “en su gran misericordia” envió “un preciosísimo mensaje” a su pueblo a través de “los pastores Waggoner y Jones” que presentaba la “Justificación por la Fe” en Cristo, el “sublime Salvador” que murió por los pecados del “mundo entero” (vea Testimonio para los Ministros pp. 91,92). El énfasis legalista de la Ley de Dios había robado al pueblo remanente el gozo del verdadero servicio cristiano y de una experiencia viva con Cristo. Lamentablemente surgieron serios inconvenientes en aquel Congreso, pues el mensaje fue objetado por los que debieron ser los primeros en recibirlo y prestarle atención y proclamarlo al mundo.
          Más de una centuria ha pasado, y todavía estamos aquí. Pero ahora se abre nuevamente ante nosotros la puerta de la oportunidad para recibir este “precioso mensaje” de Cristo y Su Justicia, así como presentarlo al mundo que perece en le pecado. Pero es obvio, que si lo ignoramos no podremos presentarlo a nadie, mucho menos ser tocados par él. Necesitamos urgentemente conocer el con­tenido de ese mensaje.
Una de las enseñanzas que más revuelo ha causado en los últimos años es la doctrina de los dos Adanes que se encuentra contenida en Rom. 5:12-21. Este pasaje - dice Atilio R. Dupertuis - es “de profundo contenido teológico” (En Paz con Dios, p. 97). Talvez por esto ha sido motivo de múltiples interpretaciones. Pero lo cierto es que cualquiera que sea la interpretación que le demos, debemos saber que en esta parte de las Escrituras están envueltas principios de intereses eternos.
El personal de Mensajes de Esperanza cree conveniente que los estudiantes de las Escrituras deben tener la oportunidad de estudiar una de las interpretaciones más interesante de este controvertido pasaje de la carta a los Romanos. Sabiendo que estamos sometidos constantemente a ideas que son irreconciliables en sí mismas, y con las Escrituras, creemos que es necesario conocer las que constituyen una oposición por algunos, para que sean estudiadas y comparadas. No es seguro llevarnos solamente de lo que alguien puede decir de cualquier doctrina, independientemente de la capacidad teológica que pueda tener. Hemos sido llamados a investigar toda doctrina que se nos presente de la Palabra de Dios, no sea que rechacemos la verdad (o un entendimiento más amplio de la misma) como sí fuera el error.
La interpretación y estudio de Romanos 5:12-21 que usted leerá no es nueva, ha existido durante largos años en el adventismo. Por eso es importante que sea considerada con detenimiento y oración no sea que constituya una comprensión más amplia que enriquezca la “Verdad Presente” que durante tanto tiempo hemos sostenido como iglesia. Después de todo, queremos presentar un mensaje que sea ético y legal al mundo y capaz de ganar el corazón de los oyentes.
La idea de los dos Adanes que usted leerá a continuación fue sostenida por W. W. Prescott en la Conferencia General de los Adventistas del 7mo. Día en el año de 1895. Es bueno saber que Prescott es considerado como uno de los teólogos formadores de la teología adventista en los primeros años de la iglesia. También es interesante conocer que esta interpretación de los dos Adanes fue sostenida por Waggoner y Jones en algunos de sus escritos desde los años 1894, 1895, 1896. Por ejemplo, A. T. Jones dijo basado en Rom. 5:18: “Entonces, Adán era figura del que había de venir. El que había de venir era Cristo. Adán era figura de Él. ¿En qué entonces, era Adán la figura de Cristo? En esto: Todos los que estaban en el mundo fueron incluidos en Adán, [de la misma manera] todos los que están en el mundo están incluidos en Cristo” (GCB, 1895, p. 268). Otros estudiosos han sostenido también este punto de vista en el transcurso del tiempo. Hemos publicado una segunda parte de este material (Los Dos Adanes –II) que proveer las repuestas a algunas de las objeciones que se han presentado contra este enfoque. Alentamos a nuestros lectores a ser juiciosos en el estudio de las doctrinas bíblicas - Héctor A. Delgado. 
 

La verdad de los dos Adanes es una de las doctrinas más descuidadas de las Escrituras. Sin embargo, es una de las enseñanzas más importante de la Palabra, perteneciente a la salvación de la raza humana. Esto es porque el destino eterno de la humanidad está envuelto en estos dos hombres, Adán y Cristo (el segundo Adán).

Las Escrituras enseñan claramente que “en Adán todos mueren” y “en Cristo todos serán vivificados” (1 Cor. 15:22 énfasis suplido). De acuerdo a la Biblia, Dios creó a todos los hombres en un hombre (Adán - Gén. 1:27,28; 2:7; Hech. 17:26); Satanás arruinó a todos los hombres en un hombre (Adán - Rom. 5:12,18; 1 Cor. 15:21,22); y Dios redi­mió a todos los hombres en un Hombre (en Cristo - 1 Cor. 1:30; Efe. 2:5,6).

Es la convicción de este escritor que nosotros nunca podremos entender o apreciar completamente todas las implicaciones y privilegios de nuestra salvación en Cristo a menos que nos demos cuenta de nuestra posición “en Adán”. Dos pasajes del Nuevo Testamento explican con algunos detalles la vital doctrina de los dos Adanes, Rom. 5:12-21, (el cual muchos eruditos de la Biblia consideran el punto más sobresaliente de esta carta), y 1 Corintios 15:19-23, 45-49. Para entender esta verdad es importante que veamos estos dos pasajes cuidadosamente.

En Rom. 5:11 el apóstol Pablo declara una gloriosa verdad del Evangelio - que nosotros los cristianos podemos regocijarnos porque hemos recibido la expiación. Esto significa que la reconciliación que Cristo ha obtenido para todos los hombres por su muerte en la cruz (Rom. 5:10) ya es efectiva en la vida de todos los creyentes. Entonces, él continúa exponiendo cómo recibimos esta expiación en los vv. 12-21. El apóstol lo hace de una forma única, usando a Adán como un tipo o patrón de Cristo (Rom. 5:14b)... La historia de estos dos hombres, Adán y Cristo ha afectado el destino eterno de toda la humanidad. Consecuentemente, para usar a Adán como un patrón de Cristo, Pablo explica primero nuestra posición “en Adán”. Y esto él lo hace en los vv. 12-14.  

“Todos Pecaron”

En el verso 12, Pablo declara tres hechos concernientes a nuestro problema del pecado: 1) El pecado entró en el mundo (es decir, en la historia de la raza humana) a través de un hombre. 2) Este pecado condenó a Adán a la muerte; pues Dios se lo dijo claramente a nuestros primeros padres: “el día que de él (del árbol del conocimiento del bien y del mal) comieres morirás” (Gén. 2:16-17). 3) Pablo continúa declarando que esta muerte se extendió a toda la humanidad, llegó a ser universal. La razón de esto es que “todos han pecado”. En vista del hecho de que esta última frase del verso 12 es una declaración incompleta, ésta ha traído controversias sin fin en la historia de La iglesia cristiana. ¿Qué quiso decir Pablo con esta frase? ¿Quiso decir que todos los hombres mueren porque “todos han pecado” como Adán pecó, o estaba implicando que todos los hombres mueren porque “todos han pecado” en Adán?

          Serios argumentos han sido presentados defendiendo las dos posiciones por eruditos famosos y las dos posiciones son sostenidas por cristianos sinceros. Como el propósito de Pablo al mencionar a Adán es usarlo como un tipo o patrón de Cristo (ver. 14 u.p.) nuestra conclusión de lo que él quiso decir con esta frase, (“todos pecaron”) es que tiene ramificaciones muy importantes. Mientras que gramaticalmente los dos argumentos pueden estar correctos, sin embargo, cuando examinamos cuidadosamente el contexto y la lógica de este capítulo (vv. 12-21) y consideramos las implicaciones de las dos opiniones, llega a ser claro que para ser consistentes con el contexto de este pasaje y con la clara enseñanza de Pablo de la Justificación por la Fe, tendríamos que tomar la posición de que la idea de Pablo aquí es que la muerte que vino a Adán por su pecado se extendió a todos los hombres porque “todos han pecado en Adán”. Como Dios creó de Adán a toda la humanidad (Hech. 17:26), entonces se puede decir que toda la humanidad estaba en Adán cuando él pecó, y por lo tanto, toda la raza humana estuvo implicada o participó en ese acto de desobediencia (es bueno notar que todos los hijos de Adán nacieron después que él había pecado). Por lo tanto, la condenación de muerte que vino a Adán, fue pasada a toda la humanidad. Para demostrar que este es el significado correcto de la frase “todos pecaron” se pueden dar por lo menos cinco razones. 

1) Históricamente, no es verdad que todos [los seres humanos] mueren porque han pecado como Adán. Un buen ejemplo son los bebés; ellos mueren, a pesar de no tener pecados personales. La única explicación de su muerte es que todos pecaron “en Adán”. 

2) El verbo “pecaron” en esta frase del verso 12 está en el tiempo “aoristo”; en griego este tiempo normalmente se refiere a un acto que sucedió en el pasado una vez y por todas. (2) Por lo tanto, gramaticalmente, “todos pecaron” se refiere a un evento histórico en el pasado y no a los pecados personales de la gente, los cuales son muchos y continuos. Note la segunda parte de Rom. 3:23, que se refiere (en el tiempo presente continuo) a nuestros múltiples pecados personales, a diferencia de la primera parte del texto del verso 23 que declara que “todos han pecado” (en tiempo “aoristo” otra vez), implicando de esta manera, que fue “en Adán”. 

3) De acuerdo a Rom. 5:13,14 (en estos versículos Pablo explica lo que quiso decir con “todos pecaron” en el verso 12b), aquellos que vivieron desde Adán hasta Moisés murieron, a pesar de que ellos “no pecaron a la similitud (o igualdad) de la transgresión de Adán”. Por consiguiente, el contexto inmediato contradice claramente el argumento de que todos mueren porque “todos pecaron” como Adán pecó. 

4) Cuatro veces en Rom. 5:15-18 el Apóstol dice clara y explícitamente que la ofensa o pecado de Adán (y no nuestros pecados personales) trajo a la raza humana completa, juicio, condenación y muerte. Así, el contexto de este pasaje sostiene claramente la idea de que todos mueren porque “todos pecaron” en Adán. En adición, el verso 19 continua con la declaración de que el pecado de Adán nos constituyó o nos hizo pecadores.

5) Puesto que Pablo está usando a Adán como un tipo de Cristo en este pasaje, si insistimos en que todos los hombres mueren porque “todos han pecado” como Adán pecó, para hacer que esta analogía se adapte a Cristo, tendríamos que enseñar igualmente, que todos los hombres viven o están justificados porque han obedecido como Cristo obedeció. Y esto convertiría a la Justificación por la Fe en legalismo a salvación por obras; que es lo opuesto a la clara enseñanza de Pablo en la carta a los Romanos. Pero la verdad es que como “todos han pecado” en Adán, y por lo tanto están condenados a muerte en él, de la misma manera, la idea de Pablo es que todos han obedecido en Cristo “y por lo tanto, están justificados para vida en Él (ver. 18). 

Una vez que hemos establecido este hecho, el razonamiento del verso 13 y 14 de Rom. 5 tiene sentido. Porque aquí, Pablo está probando simplemente el hecho que él declaró en el ver. 12 que todos mueren porque “han pecado” en Adán. El hace esto mirando a una parte de la raza humana, aquellos que vivieron desde Adán hasta Moisés. Esta gente con seguridad estaba pecando, pero como Dios no había definido explícitamente su Ley ni la había dada a la raza humana como un código legal hasta Moisés, El no podía condenar a muerte justamente a esta gente por sus pecados personales. Esto es lo que Pablo quiere decir en el verso 13, “pero no se imputa pecado (no es contado a imputado) cuando no hay Ley”...

Sin embargo, Pablo señala en el ver. 14, que esta gente estaba muriendo aunque sus pecados no eran idénticos a la transgresión de Adán. La diferencia está en que mientras la raza humana desde Adán hasta Moisés estaba “perdiendo el blanco” (es decir, pecando), el acto de desobediencia de Adán fue una “violación intencional de la Ley” (es decir, transgresión) que justamente mereció la muerte (Gén. 2:17). En vista de esto, la única razón válida por la cual esa gente estaba muriendo, era porque toda la humanidad está condenada a muerte en Adán.

Algunos se dan cuenta que no pueden negar los hechos anteriores, sin embargo, aún creen y enseñan que todos mueren porque “han pecado” como Adán, y tratan de resolver el problema insistiendo que de Adán lo que recibimos es la primera muerte solamente, mientras que nuestros pecados personales nos causan la segunda muerte. Este razonamiento puede parecemos convincente, pero no pasará la prueba de la Escrituras. La palabra “muerte” en Rom. 5:12 aparece dos veces, la primera vez se aplica a Adán y la segunda vez se aplica a su posteridad a la raza humana. La misma muerte que vino a Adán - dice Pablo - pasó a toda la humanidad.

Lo más seguro era que Adán no sabía nada de la primera muerte antes de la caída, y por lo tanto, la sentencia de muerte pronunciada sobre Adán cuando pecó fue la segunda muerte - el adiós a la vida para siempre. Y este tipo de muerte es la que ha pasado a todos los hombres “en Adán”. En otras palabras, la raza humana completa pertenece legalmente a la fila de los condenados a muerte. Además, la primera muerte que es experimentada tanto por los creyentes como por los incrédulos, llegó a ser necesaria por el Plan de la Salvación. Si no hubiera habido un sacrifico del Cordero “que fue muerto desde la fundación del mundo”, Adán había muerto el mismo día en que pecó y la raza humana hubiera muerto eternamente (la segunda muerte) en él (Gén. 2:17). Es solamente en Cristo que podemos pasar de la muerte eterna a la vida eterna (Juan 5:24; 1 Car. 15:55-57; 2 Tim. 1:10; Apoc. 20:6). 

Una Advertencia

Al tratar can esta verdad permítame advertirle al lector que no debemos ir más allá de lo que las Escrituras enseñan y decir que en Adán toda la humanidad hereda también su culpa. Esta es la herejía del pecado original introducida por Agustín y adoptada par la Iglesia Católica Romana. La culpa cuando se usa en un sentido legal, siempre incluye la voluntad o la responsabilidad; y Dios no nos hace responsables por algo en lo que no tuvimos elección. Es solamente cuando de manera personal, consciente, persistente y deliberada que rechazarnos el regalo de la vida eterna en Cristo (lo que significa que nosotros deliberadamente estamos escogiendo el camino del pecado y de la muerte) que la culpa y la responsabilidad del pecado y la segunda muerte llegan a ser nuestros (Juan 3:18,36; Mar. 16:15,16; Heb. 2:1-4; 10:14,26-29).

Habiendo establecido nuestra situación en Adán en los versos 12-14, Pablo continua en los versículos 15-18 para mostrar como Adán es un modelo o tipo de Cristo. Así como lo que Adán hizo afectó a la humanidad, de la misma manera, lo que Cristo hizo afectó a toda la humanidad. Pero, a diferencia de Adán, Cristo (el segundo Adán) obedeció. De acuerdo a Rom. 5:15-18, cuando Adán pecó, trajo sobre “todos los hombres” juicio, condenación y muerte. De la misma forma [sólo que en sentido opuesto], cuando Cristo obedeció, no solamente redimió a la humanidad de los resultados del pecado de Adán, sino que hizo “mucho más”. Él canceló todos nuestros pecados personales y además trajo el veredicto de “justificación de vida” a todos los hombres (vv. 16-18, note que “muchos delitos” en el verso 18 implica el pecado de Adán, más nuestros pecados personales). Estas son las Buenas Nuevas incondicionales de salvación que se proclama en el Evangelio.

En el verso 19 Pablo añade otra dimensión al problema del pecado “en Adán”, el cual constituye en pecadores a todos los hombres. Esto significa que en adición a la condenación y la sentencia de muerte, también nacemos esclavos del pecado debido a la caída, y por lo tanto, somos incapaces de producir genuina justicia por nosotros mismos (Rom. 3:9-12; 7:14-25). Pero en la segunda parte del verso 19 Pablo nos recuerda que es por la obediencia de Cristo, que seremos “constituidos justos” (note el tiempo futuro. Claro, esto se aplica a todos los que lo recibieron [v. 17]). Y para demostrar que somos esclavos del pecado Dios nos dio su Ley (v. 20; 7:7-13). En otras palabras, la Ley fue dada por Dios no para resolver el problema del pecado, sino para exponerlo, porque ésta muestra cómo el pecado de Adán produjo una raza humana entera de pecadores (note que la palabra “pecado” en el ver. 20 está en singular y se refiere al pecado de Adán). Sin embargo, las Buenas Nuevas son que, donde el pecado se ha multipli­cado por causa de la caída de Adán, la gracia de Dios en Cristo se ha multiplicado mucho más.

Esto nos trae ahora al próximo punto importante concerniente a este pasaje que estamos considerando. Usted notará que Pablo menciona dos cosas concerniente a Cristo en Rom. 5:15-20, las cuales él las aplica a nuestra situación en Adán. 1) Lo que Dios realizó para todos los hombres en Cristo se le refiere como un “don” o un “regalo gratis”. (3) Esto significa que aunque todos los hombres han sido legalmente justificados en la vida y la muerte de Cristo, eso es un regalo, y como todo regalo, solamente aquellos que por fe lo reciben, gozarán los beneficios de la obediencia de Cristo. Pablo aclara esto en el verso 17 usando la palabra “reciben” con referencia al regalo de la justicia de Cristo.

2) Pablo usa repetidas veces la expresión “mucho más” cuando señala las bendiciones que recibimos por la obediencia de Cristo. Lo que él quiere decir con esto es que en Cristo se ha hecho “mucho más” que deshacer el daño que heredamos en Adán. Por ejemplo: Por su muerte, Cristo liberó a la humanidad de la condenación de la muerte que resultó del pecado de Adán, pero “mucho más”, nos redimió de nuestras “muchas ofensas (personales) para justificación” (v. 16). En Cristo no sólo recibimos la vida eterna, pero “mucho más”, “reinaremos (a gobernaremos) en vida por Uno, Jesucristo” (v. 17, y cap. 8:17; Apoc. 20:6; 22:5). Esta es una gracia superabundante.

Por lo tanto, “cuando el pecado abundó [en y por Adán], sobreabundó la gracia [en y por Cristo]” (v. 20). Consecuentemente Pablo hace su conclusión en el verso 21. Como el pecado gobernó nuestras vidas desde el nacimiento lo haría hasta la muerte, [si no hubiésemos aceptados el don de Dios] su suplica es que dejemos que la gracia se haga cargo y reine en la vida de los creyentes, produciendo justicia, hasta que la eternidad empiece.  

 

Sigue... >>

 

Véase también: Los Dos Adanes –II   Segunda Parte

   
 

I N I C I O