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Objeción No.2
Esta enseñanza es una
teología federal. La teología federal como la enseñanza del pecado
original, es también una mezcla de verdad y error. En pocas
palabras, esta doctrina enseña que así como Adán fue la primera cabeza
federal de la raza humana, y por su pecado condenó a toda la humanidad,
Cristo como la segunda cabeza federal de la raza humana, redimió a toda
la humanidad por su acto de justicia.
Esta idea suena completamente bíblica. Sin embargo, casi todos los que hoy
enseñan la teología federal trazan ciertas implicaciones antibíblicas de
esta enseñanza. Casi todos son calvinistas o universalistas.
Calvinistas.
El entendimiento de la salvación de Juan Calvino estaba basada sobre la
doctrina de la predestinación; él aplicó la verdad bíblica de “en
Cristo” solamente a los elegidos, a esos que Dios había predestinado que
serían salvos. Por lo tanto, los calvinistas hoy, aplican el “todos los
hombres” en los textos universales del Nuevo Testamento, no a toda la
humanidad.
Universalistas.
Los universalistas, por otro lado, enseñan que todos los hombres serán
salvados [finalmente] puesto que Cristo, como la segunda cabeza federal
de la raza humana, redimió a toda la humanidad por su vida, muerte y
resurrección. Un punto de vista tal falla al no tomar en cuenta que las
Escrituras enseñan claramente que quienes rechazan el don de la
salvación “en Cristo” por su incredulidad, se perderán eternamente (Cf.
Mar. 16:15,16; Juan 3:18,36). Yo rechazo el Calvinismo y el
Universalismo por ser antiescriturales. Por lo tanto, la verdad como es
“en Cristo”, tal y como es presentada en este libro, no puede ser
designada como teología federal.
Pero el problema real que yo creo que existe con quienes objetan el
concepto “en Cristo” y los dos Adanes en este libro, y quienes acusan
esta enseñanza de ser “federalismo”, es que ellos mismos fallan en dar
una exégesis adecuada de Rom. 5:12-21 y otros pasajes para probar su
punto. Más que simplemente designar este punto de vista como “teología
federal” - un término que no es familiar para muchos pastores y
administradores, sin mencionar a los miembros de la iglesia - ¿por qué
no prueban ellos con las Escrituras que están en desacuerdo con mi
interpretación de Rom. 5:12-21? Cuando los hermanos que se opusieron al
mensaje de 1888 criticaron el mensaje de la justicia por fe de Waggoner
y Jones, Elena White insistió en más de una ocasión en que ellos no
tenían derecho de acusar a sus hermanos de error hasta que no pudieran
probar con las Escrituras que estaban equivocados (ver, por ejemplo,
Materiales de 1888 de Elena White, II: 529; III: 122).
Objeción No.3
Esta enseñanza socava la
doctrina de la sustitución, la idea de que Cristo murió por, a en lugar
de, nosotros. La sustitución es sin duda un pilar central del Evangelio. La
palabra sustituto significa: persona que actúa en representación de
otra. En nuestro sistema de educación, tenemos maestros sustitutos, y
los jugadores sustitutos son una práctica común en los deportes. La
doctrina de la sustitución enseña que, Cristo, el segundo Adán, nos
salvó como nuestro Sustituto, porque El vivió y murió por, o en lugar de
nosotros.
Yo de ninguna manera niego esta clara enseñanza de las Escrituras. Pero la
doctrina de la sustitución tiene peligros - así como lo tiene la
salvación por gracia solamente. El mismo hecho de que Cristo murió por
todos puede ser usado indebidamente y convertido en gracia barata, como
sugiere Pablo en Rom. 6:1: “¿Perseveraremos en el pecado para que la
gracia abunde?” La doctrina de la sustitución también encara este mismo
peligro: puede ser convertida en licencia para pecar. Porque Cristo
vivió y murió por o en lugar de nosotros, muchos creyentes han concluido
que tienen libertad para vivir como les plazca. “Por qué no”, razonan
ellos, “puesto que mi salvación está garantizada cuando yo creo en
Cristo como mi Sustituto?”. Es a este uso indebido de la justificación a
la que yo me opongo - la idea de que porque Cristo murió en mi lugar, yo
puedo por lo tanto vivir como yo quiera.
Como yo lo vea, tal usa indebido de la doctrina de la sustitución es el
resultado de un punto de vista vicario de la sustitución. La cristiandad
Evangélica como también la mayoría de los adventistas de hoy entienden
la doctrina de la sustitución como enseñando que Cristo sustituyo
vicariamente (en lugar de) a la humanidad caída durante su misión
terrenal. Pero este entendimiento de la sustitución no es explícitamente
enseñado por la Escrituras o en los escritos de Elena White. Lo que si
enseñan las Escrituras claramente es el entendimiento “en Cristo” de la
sustitución.
De acuerdo al punto de vista vicaria de la sustitución, la naturaleza
humana impecable de Cristo fue sustituida en lugar de la naturaleza
pecaminosa de la humanidad. Su perfecta obediencia y su muerte
sacrificial, fueron sustitutos en lugar de los pecados de la raza
humana. Tal punto de vista presenta a Cristo coma Sustituto que no se
identifica verdaderamente con la raza humana pecaminosa que vino a
redimir. El no viene a ser uno con nosotros, en cambio, el sustituye su
naturaleza impecable en lugar de nuestra pecaminosa. El siguiente
diagrama ilustra como el punto de vista vicario de la sustitución nos
redime de los dos problemas del pecado - el pecado como un estado y como
transgresión de la Ley.
Como esta ilustración lo muestra, el punto de vista vicario de la
sustitución está en completa contradicción al punto de vista “en Cristo”
de la sustitución, porque Cristo actualmente redimió a la humanidad de
los dos problemas del pecado (ver diagrama al final de este artículo).
Por lo tanto, uno de los mayores asuntos que la Iglesia Adventista
necesita establecer antes de que pueda cumplir unida su misión mundial
de presentar el Evangelio eterno a todo el mundo es esta: ¿Cuál punto de
vista de Cristo como sustituto es el verdadero y bíblico? ¿Qué
constituye el Evangelio eterno que Dios nos ha llamado a proclamar?
El punto de vista vicario de la sustitución niega que la humanidad de
Cristo fue totalmente identificada con la naturaleza humana pecaminosa
de los que vino a redimir; por lo tanto, dejan un gran abismo entre
Cristo y nosotros. Tal abismo crea problemas mayores con relación al
poder del Evangelio para salvar a la humanidad del poder y la esclavitud
del pecado.
En la mente de muchos, el entendimiento vicario de la sustitución levanta
también una pregunta válida en relación con la legalidad de la
salvación. Legalmente ¿cómo podría Cristo calificar para ser nuestro
Sustituto, tomar nuestro lugar?
La Ley no permitirá que un hombre inocente muera en lugar de uno culpable.
Esta es una de las principales objeciones en contra de la doctrina de la
sustitución que la Iglesia Cristiana enfrenta del mundo no cristiano,
especialmente de los musulmanes. Ellos acusan al cristianismo de ser la
religión más antiética en el mundo.
Si la iglesia hubiera proclamado la doctrina de la sustitución en el
sentido de la idea “en Cristo” y los dos Adanes, temas que están
fundados solidamente en el concepto de solidaridad corporal, esta piedra
de tropiezo para el mundo no cristiano no se habría levantado. La idea
“en Cristo” y la verdad de los dos Adanes, come está presentado en este
artículo no socava la doctrina de la sustitución, antes bien la
fortalece [y enriquece].
La pregunta importante que necesita ser contestada no es: ¿Murió Jesús en
lugar de nosotros? La Biblia enseña claramente que Él lo hizo. Las
preguntas reales que necesitamos responder son estas: ¿Qué calificó a
Cristo para vivir y morir en lugar de nosotros? ¿Cómo podría Él ser
legalmente mi Sustituto? Si Cristo tomó nuestro lugar como un hombre
impecable, hay todavía un profundo e infranqueable abismo entre Él y
nosotros. Pero fue este abismo, creado por el problema del pecado, que
tuvo que ser llenado antes de que pudiéramos estar unidos a Cristo. Para
ser un efectivo Sustituto en nuestro beneficio, Cristo debe llenar el
abismo que existe entre el hombre y Dios, creado por el pecado (Cf. Isa.
59:2). El no podría hacer esto simplemente viniendo como un hombre
inmaculado a sustituimos vicariamente. Sino asumiendo nuestra naturaleza
caída y pecaminosa para poder ser el Salvador del mundo. Por su
divinidad, Él se aferra del trono de Dios, mientras que por su
identificación con nuestra humanidad pecaminosa, sostiene a la raza que
vine a redimir.
La mensajera del Señor apoyó totalmente el entendimiento “en Cristo” de la
doctrina de la sustitución, antes que el punto de vista vicario. De
hecho, Elena White no usó el término “vicario” cuando presentó a Cristo
como nuestro Sustituto y Garante. He aquí algunas citas de su pluma que
son típicas de las declaraciones que ella hace apoyando el punto de
vista “en Cristo” de la sustitución.
“Vestido de la humanidad, el Hijo de Dios descendió al nivel de los que
deseaba salvar. En Él no había astucia de pecaminosidad; Él fue siempre
puro y sin mancha; con todo Él tomó sobre sí nuestra naturaleza
pecaminosa. Vistiendo su divinidad con nuestra humanidad, Él pudo
asociarse con la humanidad caída, Él buscó redimir para el hombre lo que
Adán perdió por causa de su desobediencia” (Review and Herald,
22-8-1907).
“En Cristo fue unido lo divino y lo humano - El Creador y la criatura. La
naturaleza de Dios, cuya Ley había sido transgredida, y la naturaleza de
Adán el transgresor, se unieron en Jesús, el Hijo del Hombre y el Hijo
de Dios” (Lift Him Up, p. 345).
“Adán fue tentado par el enemigo, y cayó. El no estaba habitado por el
pecado, Dios lo había hecho puro y recto, a su propia Imagen. El era sin
falta como los ángeles delante del trono de Dios. No había en él
principios corruptos, ni tendencias al mal. Pero cuando Cristo vino a
hacer frente a las tentaciones de Satanás, El nació ‘en semejanza de
carne pecaminosa’ “ (Signs of the Times, 17-8-1900).
“Él dejó las glorias del cielo, y vistió su divinidad con humanidad y se
sujetó al pesar, la vergüenza y el reproche, al abuso, al rechazo y a la
crucifixión. Pero aunque el tuvo la fuerza de las pasiones de la
humanidad nunca cedió a la tentación para hacer algo que no fuera puro,
elevador y ennoblecedor” (Ibíd., 21-11-1892).
“La unión de la divinidad con la humanidad le da a la raza caída un valor
que escasamente comprendemos. Lo humano y lo divino fueron unidos en
Cristo, para poder representar a quienes creerían en Él. Cristo tomó
nuestra naturaleza, y pasó a través de nuestras experiencias, y como
nuestro Representante asumió nuestras responsabilidades. Los pecados de
los hombres fueron cargados por Cristo, y aunque era inocente, prefirió
sufrir por el culpable, para que a través de la fe en Él, el mundo pueda
ser salvo... ¡Oh, que compasión y amor fueron aquí revelados! ¡Como es
exaltada esta humanidad a través de los méritos de cristo! Su sacrificio
fue amplio y completo. El Santo murió en lugar del impío. Él se vistió
con nuestros trapos de inmundicia, para que nosotros podamos ser
vestidos con el inmaculado vestido de su justicia, tejido en los telares
del cielo” (Ibíd., 23-5-1895).
“Es un misterio muy profundo para la mente humana llegar a comprenderlo.
Cristo en realidad unió la naturaleza ofensiva del hombre a su propia
naturaleza impecable, porque por este acto de condescendencia, Él sería
capaz de verter su sangre en beneficio de la raza caída” (Manuscritos
Liberados, 17:26).
“Al asumir la humanidad Cristo tomó aquella parte de cada ser humano. Él
era la cabeza de la humanidad. Un ser divino y humano; con su largo
brazo [humano] rodea a la humanidad, mientras que con su brazo divino,
se aferra del trono de Infinito” (Mensajes selectos, tomo I, p. 252).
“El pecado de nuestros primeros padres hizo separación entre este mundo y
el cielo. Pero Cristo tomó sobre Sí nuestras debilidades y pecados. Él
fue tentado; ridiculizado; acosado en cada aspecto. El sufrió todas las
penas, los dolores y pesares de la humanidad, sin un murmullo para poder
darnos ejemplo. El descendió paso a paso por el camino de la
humillación, hasta ser tratado como un criminal sobre la cruz, para con
su diestra de amor infinito rodear a la raza [humana], mientras se
aferraba del trono del poder infinito, para conectar la tierra con el
cielo (Signs of the Times, 3-12-1885).
Aquí está la identificación real con la raza humana que vino a redimir. Y
a causa de su victoria total sobre el pecado Él es capaz de ser nuestro
perfecto Sustituto y Representante ante Dios en el Santuario celestial.
Por lo tanto, parece que para que la teoría de la sustitución se ajuste
totalmente y haga frente a la situación humana pecaminosa, necesita que
sea incorporada dentro de su estructura una posición cristológica
similar a la presentada en... [este documento] - que Cristo asumió en la
encarnación nuestra naturaleza pecaminosa con todas sus propensiones,
pero que en su caso,
Él venció totalmente la [“ley del pecado y la muerte”] y redimió esa
naturaleza rebelde de cada aspecto del pecado, y llevó al cielo una
humanidad glorificada, para presentarse como nuestro Sumo Sacerdote.
Conclusión
Al concluir este importante tema de los dos Adanes, voy a compartir una
carga real que está sobre mi corazón. Quienes se oponen al tema “en
Cristo” y a la verdad de los dos Adanes están robando al pueblo de Dios
el gozo y la seguridad de la salvación, el prerrequisito para la genuina
santificación. Como resultado, inconscientemente han cambiado las Buenas
Nuevas incondicionales del Evangelio, por buenos consejos. Ellos creen
que tienen que tomar la iniciativa de su propia salvación mediante el
arrepentimiento y su creencia en Cristo, antes de que Dios los ponga en
Cristo y los justifique.
El problema con esta enseñanza es que los repetidos fracasos para vivir
una vida santificada destruyen la confianza de uno en su
arrepentimiento. Si el verdaderamente me he apartado del pecado
[sostienen algunos], ¿por qué todavía caigo? El resultado es que
cualquier gozo y esperanza que el creyente tuvo cuando vino a Cristo,
desaparece. Muchos dicen: “Dejaré la iglesia y gozaré del pecado, puesto
que no puedo llegar al cielo”. Triste de decir, yo he visto a muchos
adventistas experimentar los resultados de este llamado Evangelio y
consecuentemente han dejado la iglesia o han llegado a ser cristianos
nominales.
La verdad del asunto es que la “bondad de Dios” (Rom. 2:13) revelada a
través del Evangelio [verdadero] es la que nos guía al arrepentimiento.
Cuando uno experimenta este arrepentimiento, es motivado por una
apreciación de corazón por Cristo y Él crucificado, de manera que la
vida cristiana ya no es motivada más por el miedo al castigo o el deseo
de recompensa. Esta es verdadera santificación.
Por lo tanto, mi ruego, es que antes de que te opongas a estas
maravillosas verdades que han traído paz, gozo y victoria a muchos que
una vez estuvieron atrapados en una sutil forma de legalismo, que por
favor pongas a un lado tu orgullo y puntos de vista preconcebidos y
estudies acerca de este asunto. Y pueda la verdad como es en Cristo
Jesús hacerte libre.
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