Los Dos Adanes -II

 

Objeciones Consideradas

 

(1era. Parte)

  Por: Jack Sequeira
 

 

 

Desdichadamente, muchos adventistas conservadores se oponen al glorioso mensaje de los dos Adanes y a la Justificación universal de la raza humana en Cristo. Su oposición está basada en una o más de las siguientes objeciones:  

1- Esta enseñanza suena parecida ala doctrina Católica Romana del pecado original.
2- Esta enseñanza es una teología federal.
3- Esta enseñanza socava la doctrina de la sustitución, la idea de que Cristo murió por, o en lugar de nosotros.  

Ignorar estas objeciones serla ciertamente minar el propósito de este libro - traer unidad en la fe y en el mensaje de la justicia por fe que Dios envió a esta iglesia hace más de un siglo. Yo creo que esas objeciones provienen de individuos sinceros en su mayor parte y merecen una respuesta. Lo siguiente, por lo tanto, es mi respuesta a esas tres objeciones al mensaje que examinamos en... [la primera parte de este documento - la enseñanza de Pablo de los dos Adanes y la justificación universal de la raza humana en Cristo.  

Objeción No. 1

Esta enseñanza suena parecida a la doctrina Católica Romana del pecado original. Muchos adventistas tienen sólo una vaga idea de lo que enseña realmente la doctrina del pecado original. Todo lo que la mayoría de los adventistas conoce acerca de esa doctrina es que es sostenida por la Iglesia Católica y por lo tanto, es una herejía que debe ser evitada. Como resultado, pocos adventistas son capaces de discutir o evaluar satisfactoriamente esta doctrina.

Yo creo que este es precisamente el plan de Satanás. Una de las artimañas del enemigo para pervertir el Evangelio es mezclar la verdad con el error, de manera que los cristianos sinceros rechacen la verdad junto con el error. Satanás ha tenido mucho éxito con esto, y nosotros necesitamos estar en guardia para no caer en su trampa. Esto es especialmente cierto con relación a la doctrina del pecado original.

El término “pecado original” no se encuentra en la Biblia; es una designación teológica. Pero el hecho de que el término no aparece en la Biblia, no significa necesariamente que la idea es una herejía. Muchas doctrinas enseñadas por el adventismo y en la actualidad han sido nombradas con designaciones teológicas que no aparecen en la Biblia. Buenos ejemplos son las doctrinas del “juicio investigador” y la “sustitución”. Esos términos no se hallan en la Biblia, pero son designaciones para conceptos que son bíblicos.

Pero, ¿qué acerca del pecado original?  ¿Qué es lo que enseña y al mismo tiempo es bíblico de esta doctrina? Agustín, el obispo de Hipona en África del norte, en el siglo cuarto, fue el primero en formular y enseñar la doctrina del pecado original. La Iglesia Católica Romana adoptó la enseñanza, y los reformadores, especialmente Juan Calvino, la creyeron también. Así es como la Confesión de Augsburgo la define:  

“Después de la caída de Adán, todos los hombres nacen con pecado; eso es, sin el temor de Dios, sin confianza en Él, y con apetitos carnales; y este fallecimiento, o falta original es pecado verdaderamente, que condena y trae muerte eterna ahora sobre todos los que no han nacido de nuevo por el bautismo y el Espíritu Santo” (Artículo II del pecado original -formulado por Fhilip Melanchton, 1530 d.C.).  

          Pecado original se refiere a los efectos que el pecado de Adán tuvo sobre su posteridad. Hoy la doctrina del pecado original está definida incluyendo cuatro efectos mayores de la caída sobre la raza humana. Ellos son: 1) Culpa, 2) Condenación, 3) Alienación y 4) Debilidades.

Culpa y condenación están estrechamente relacionadas, pero en un sentido legal no significan lo mismo. La culpa envuelve una elección y responsabilidad personal, las cuales tienen que hacerse con la anuencia deliberada de la voluntad. La condenación, sin embargo, es el resultado de esa mala elección y puede afectar a otros que no han tenido parte en esa elección.

Por ejemplo, imaginémonos que usted es un americano que está en un país extranjero sirviendo como misionero, y sucede que los líderes de América declaran la guerra al país en el cual usted vive y trabaja. A pesar de que usted está opuesto a esa decisión, el gobierno del país en el cual usted está viviendo lo condenará simplemente porque usted es un americano. Usted está condenado aunque no tenga culpa.

        Con relación al pecado original de Adán, no hay ni un sencillo texto en toda la Biblia, que enseñe que sus descendientes participen de la culpa de su pecado. Dios no nos tiene por responsables por el pecado de Adán, [un pecado] en el cual no ejercimos elección personalmente. Por lo tanto, la idea de que nosotros heredamos la culpa del pecado de Adán es antibíblica y debe ser rechazada. La doctrina del pecado original tal y como la enseña la Iglesia Católica Romana es un error, pues enseña que la culpa del pecado de Adán pasa [por herencia] a su posteridad. Así es como uno de los últimos comentarios de la Biblia puntualiza esto: 

“Puede ser dicho que Pablo sostiene una doctrina del pecado original, en el sentido que desde el principio (nacimiento) cada uno ha estado bajo el poder del pecado con la muerte como consecuencia, pero no una doctrina de la culpa original, puesto que los individuos son tenidos por responsables [solamente] de actos deliberados de desafíos en contra de Dios y su Ley” (The Word Biblical, 38a:291).  

La Biblia no enseña que la humanidad hereda la culpa a la responsabilidad del pecado de Adán, pero sí enseña definidamente que los hijos de Adán (nosotros) estuvieron implicados [corporalmente] en la caída y por lo tanto, sufren las consecuencias del pecado de Adán. Es en este respecto que Pablo declara que como resultado del único pecado de Adán, la condenación, el juicio y la muerte llegaron a todos los seres humanos (ver Rom. 5:12-21).

La idea de que la culpa del pecado de Adán pasa a su posteridad, enseñada en la doctrina del pecado original, es la misma razón por la cual la Iglesia Católica, y algunas iglesias protestantes, practican el bautismo de niños. Pero en ninguna parte de las Escrituras encontramos la idea de que la culpa y la condenación que heredamos de Adán es erradicada al bautizarnos; de esta manera no hay necesidad para el bautizo de los niños. Fue sobre la cruz que la condenación que heredamos como resultado del pecado de Adán, así como también la culpa y la condenación que recibimos de nuestros pecados personales, fueron eliminadas. Es la sangre de Cristo que nos limpia de todo pecado cuando andamos a la luz del Evangelio (cf. Juan 1:7,9).

Por lo tanto, aunque el pecado de Adán trajo sobre toda su posteridad el juicio de condenación, podemos alabar a Dios porque en la justicia original de Cristo - su vida perfecta y muerte sacrificial - la justificación viene como un don a toda la humanidad. Esta es la Buena Nueva del Evangelio que hace posible la experiencia de la Justificación par la Fe (cf. Juan 5:24; Hech. 13:38,39; Rom. 8:1).

        Elena de White sostiene este concepto. Consideremos las siguientes declaraciones, manteniendo en mente que ella usa la palabra “culpa” en el sentido de “condenación”.  

“Los hombres están emparentados con el primer Adán, y por lo tanto no reciben de él sino culpa y sentencia de muerte” (Comentarlo Bíblico Adventista, tomo 6, p. 1094).  

“Tenemos motivo para dar incesante gratitud a Dios porque Cristo, por su perfecta obediencia, reconquistó el cielo que Adán perdió par su desobediencia. Adán pecó, y los descendientes de Adán comparten su culpa, y las consecuencias” (Fe y Obras, p. 91).  

“Bendita el alma que puede decir... yo estoy perdido en Adán, pero restaurado en Cristo” (Hijos e Hijas de Dios, p. 120).  

Así que, la doctrina del pecado original es incorrecta cuando enseña que la posteridad de Adán hereda la culpa de su pecado. Pero es bíblica cuando enseña que recibimos condenación como resultado del pecado de Adán. Es también correcta y bíblica cuando sostiene que hay un tercer efecto del pecado de Adán sobre su posteridad - alienación o separación. Elena de White dice: 

“Desde las edades eternas, había sido el propósito de Dios que todo ser creado, desde el resplandeciente y santo serafín hasta el hombre, fuese un templo para que en él habitase el Creador. A causa del pecado, la humanidad había dejado de ser templo de Dios. Ensombrecido y contaminado par el pecado, el corazón del hombre no revelaba la gloria del Ser divino. Pero par la encarnación del Hijo de Dios se cumple el propósito del cielo” (El Deseado de Todas las Gentes, p. 132).  

Esto es lo que la doctrina del pecado original quiere decir con alienación o separación. A causa de la caída cada uno de nosotros nace espiritualmente muerto (Efe. 2:1). Pero a través de la encarnación de Cristo, cuando su divinidad fue unida a nuestra humanidad que estaba espiritualmente muerta, fuimos hechos espiritualmente vivos en Cristo (cf. Efe. 2:5). Este hecho hace posible que experimentemos individualmente el nuevo nacimiento y lleguemos a ser otra vez el templo de Dios. Este es el cumplimiento de la promesa del nuevo pacto: “Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como dijo Dios: Habitaré y andaré entre ellos” (2 Cor. 6:16). Este hecho objetivo, que tomó lugar en Cristo, hace posible la experiencia subjetiva del nuevo nacimiento. Por lo tanto, los cristianos nacidos de nuevo no están más separados de Dios; ellos han llegado a ser adoptados como hijos de Dios y pueden clamar “abba, Padre” (Rom. 8:15, ver también los vers. 14-17; Juan 3:1,2). Esto es parte del paquete de las Buenas Nuevas del Evangelio. Y es lo que hace posible para nosotros andar en el Espíritu como Cristo lo hizo en nuestra naturaleza pecaminosa. Y es lo que hace posible que experimentemos la vida de Dios en el proceso de la santificación, una vida que es agradable a Dios.

Finalmente, la doctrina del pecado original enseña que a causa del pecado de Adán la raza humana es esclava del pecado. Esto, también, es una verdad bíblica. Pablo concluye su análisis sobre el problema universal con el pecado en Rom. 3:9 declarando que Judíos y Gentiles están todos “bajo pecado”. Esto significa que nosotros nacemos como esclavos del pecado, y Pablo confirma esto en Rom. 7:14. Esto es a causa del hecho de que... aun después de la conversión, somos incapaces en y por nosotros mismos, de vivir una vida santa (cf. Rom. 7:15-25).

Como resultado del pecado de Adán, nacemos esclavos al pecado. David hace esto bien claro en Sal. 51:5. El dice: “He aquí, en maldad (iniquidad) he sido formado y en pecado me concibió mi madre”. Algunos aplican esta declaración a la madre de David, antes que a David mismo, porque (dicen ellos) ella cometió adulterio cuando la concibió. Pero el contexto, como también el principio de paralelismo en la poesía hebrea no permite esta interpretación. Yo creo que Lutero estaba en lo correcto cuando escribió: 

El (David) no está hablando acerca de ciertas acciones sino simplemente acerca del asunto, y él dice: ‘La simiente humana, de la cual yo fui formado, es totalmente corrupta con faltas y pecados. La materia misma es defectuosa. La arcilla, por así decirlo, de la cual esta vasija es formada es detestable... Así es como soy yo; así es como son todos los hombres (0bras de Lutero, 12:347-351).  

Cuando hablamos de debilidad, de nuestra esclavitud al pecado como resultado del pecado de Adán, Elena White tiene mucho que decir, he aquí algunas citas que muestran que ella enseñó claramente que el pecado de Adán afectó nuestra naturaleza de una manera tal que, aparte de la gracia salvadora de Cristo, los seres humanos no pueden ser salvos:  

“Por causa del pecado, su descendencia (la de Adán) nació con propensiones inherentes de desobediencia” (Comentario Bíblico Adventista, tomo 5, p. 1128). 

“Cuando el hombre transgredió la Ley divina, su naturaleza llegó a ser mala, y estaba en armonía con Satanás y no en desacuerdo” (El Conflicto de los Siglos, p. 505).  

“En la vida de todo hombre se manifiesta el resultado de haber comido del árbol del conocimiento del bien y el mal. Hay en su naturaleza una inclinación hacia el mal, una fuerza que solo, sin ayuda él no podría resistir” (La Educación, p. 29). 

“Coma resultado de la desobediencia de Adán, cada ser humano es un transgresor de la Ley vendido al pecado... siervo de Satanás” (Signs of the Times, 23-7-1902). 

          Este breve estudio de la doctrina del pecado original, demuestra que [esta enseñanza] contiene una mezcla de verdad y error. De este modo, la iglesia Adventista correctamente rechaza esta doctrina. Sin embargo, al hacer esto no debemos cometer el error de rechazar la verdad que contiene. Si lo hacemos no sólo socavamos el problema del pecado, sino también la solución de Dios a ese problema - el Evangelio. La Biblia no enseña que la humanidad hereda la culpa de Adán, o la responsabilidad personal por su pecado. Pero si enseña que heredamos condenación, separación y debilidades como resultado de su pecado.

Las Buenas Nuevas del Evangelio son que, porque Cristo asumió la misma naturaleza humana que heredamos de Adán, esa naturaleza fue hecha espiritualmente viva en la encarnación (Cf. Efe. 2:5), sus debilidades fueron vencidas por el poder del Espíritu de vida en Cristo (Cf. Luc. 4:14), y finalmente esta naturaleza condenada fue ejecutada en la cruz (ver Juan 12:31; Rom. 8:2,3). El resultado de todo esto es que Cristo obtuvo para toda la humanidad una salvación plena y completa, la cual todos podemos experimentar por fe.     

   
 

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Véase también: Los Dos Adanes –I   Segunda Parte

   
 

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