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Apéndice I
La justificación universal de la raza humana
“en Cristo”
Justificación Corporativa
Por: Fred Bischoff
El término [corporativo] hace referencia a un cuerpo, a un todo.
Cristo es cabeza de la raza, tanto como es cabeza de la iglesia. Así,
hay formas en las que la divinidad ve a la raza como a un todo. Se
trata de las dimensiones universales del corazón divino. Y fluyen
desde su corazón, dando forma a los componentes iniciales y (por
necesidad) incondicionales del proceso de la salvación. Son el
fundamento mismo de su forma de tratar el pecado. Debido a ello, son
los menos visibles y apreciados, pero también los más esenciales e
importantes. Como sucede con las estructuras físicas, en las que el
edificio queda siempre limitado por la magnitud de sus fundamentos,
así también la experiencia de uno en la salvación de Dios depende de
cuán adecuadamente capta las dimensiones del fundamento que Dios ha
puesto en Jesucristo. El grado en el que el individuo siente la
atracción del amor de Dios, y resulta constreñido por él, determinará
hasta qué punto su vida será transformada por ese poder que crea de
nuevo.
Los aspectos universales e incondicionales de la salvación, siendo
amplios y esenciales (y lo son más allá de nuestra comprensión), no
son el todo de la salvación. Dios es amor, y valora el amor retornado
libremente hasta tal punto que en cierto momento en el proceso, espera
nuestra respuesta individual de amor a su amor, y de fe a su fe. La
Escritura nunca describe lo que Dios ha hecho en el terreno de lo
incondicional, para poner a continuación un punto y final. Siempre se
espera la respuesta humana; ésta constituye el anhelo, el propósito y
[el] fin buscado. Encontramos frecuentemente la expresión "para que",
uniendo lo que Dios ha hecho ya, con aquello que espera cumplir en la
persona. Obsérvense los siguientes ejemplos:
Juan 3:16:
De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito
para que
todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.
Rom. 5:20,21
La ley empero entró para que el pecado creciese; mas cuando el pecado
creció, sobrepujó la gracia
para que
de la manera que el pecado reinó para
muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna
por Jesucristo Señor nuestro.
Rom. 8:3,4:
lo que era imposible a la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios
enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del
pecado, condenó al pecado en la carne
para que
la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos
conforme a la carne, mas conforme al espíritu.
2 Cor. 5:21
Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros
para que
nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.
Las evidencias de los aspectos corporativos de la salvación son
numerosas y apremiantes. Cuanto más abierto está uno a reconocerlas,
más fácilmente las descubre. Y cuanto más transformado resulta uno por
las mismas, mayor su potencial evangelístico. A Pedro se le instruyó
en visión: "Lo que Dios limpió, no lo llames tú común". Eso comenzó a
derribar en él barreras espirituales que habrían obstaculizado su
ministerio evangélico. Así, poco después de su primera reunión con los
gentiles, estuvo en condiciones de confesar: "me ha mostrado Dios que
a ningún hombre llame común o inmundo" (Hech. 10:15,28).
De igual manera, una revelación del amor de Dios transformó a Saulo,
el fariseo separatista y perseguidor, en Pablo, el dinámico predicador
del Evangelio, quien declaró: "de manera que nosotros de aquí adelante
a nadie conocemos según la carne" (2 Cor. 5:16). Al resultar
verdaderamente constreñido por las dimensiones universales del amor
(ágape) de Dios ("porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando
esto: que si uno murió por todos, luego todos son muertos", v. 14),
uno ve a las personas con ojos espirituales, no "según la carne".
Así es como Cristo vio a todos. Y las personas son sensibles a ese
espíritu; son atraídas poderosamente por él. Hace nacer la esperanza.
Está lleno de gracia. ¡Así es como Dios ve a la raza! Obsérvese esta
profunda descripción de esa dimensión:
"Dios dirigió su mirada a la humanidad, no como a algo vil y sin
mérito; la miró en Cristo, y la vio como podría llegar a ser por medio
del amor redentor. Reunió todas las riquezas del universo, y las
entregó para comprar la perla" (Palabras de Vida del Gran Maestro, p.
90).
Vemos, por lo tanto, que la fe de Dios determina la forma en la que ve
a la humanidad. Él es la fuente de justicia, el autor de la fe, y
muestra su justicia por su fe. Y puesto que en ello es justo por la fe,
su fe obró por el amor y entregó las riquezas del universo para
comprar a todos y a cada uno. ¡Qué amor indescriptible!
Apéndice II
Justificación
El propósito de Dios en su trato con los pecadores universalmente, es
restaurarlos a su imagen. Tal es el significado y origen de la palabra
justificación. Uno vuelve a tener el carácter de su Creador. Pero eso
implica un proceso. Y una vez más, de forma necesaria, el principio de
ese maravilloso plan tenía que ser creado de forma incondicional y
universal.
Las únicas dos ocasiones en las que aparece la expresión, lo hace en
clara alusión a esa verdad universal (Rom. 4:25; 5:18).
"El cual fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra
justificación" (Rom. 4:25).
Su
resurrección para nuestra justificación fue tan universal como su
sacrificio por nuestros pecados.
"Así que, de la manera que por un delito vino la culpa a todos los
hombres para condenación, así por una justicia vino la gracia a todos
los hombres para justificación de vida" (Rom. 5:18).
El que Cristo sea la cabeza corporativamente, significa que la raza
está en sus manos, que es suya, que él está en íntima conexión con
cada miembro de ella. Lo que Él hizo revirtió la condenación que Adán
había traído, resultando en justificación de vida para todos,
restableciendo la libertad individual a cada uno [2 Cor. 5:18; Rom.
5:10].
Considérese primeramente lo que eso revela del amor de Dios hacia los
pecadores. Su actitud es la de perdonar, no la de condenar [Juan 3:17;
8:11]. El perdón sana; la condenación destruye. El perdón fue el
primer paso del Creador rechazado, hacia Adán y Eva. Y eso significó
vida para ellos. Tan pronto como pecaron, tuvieron un Salvador. Hasta
la cruz, no pudo verse con claridad aquello de lo que los salvó.
Nótese esta clara referencia a la manera en la que esa realidad
debiera regir nuestra actitud:
"No debemos pensar que, a menos que confiesen su culpa los que nos han
hecho daño, tenemos razón para no perdonarlos. Sin duda, es su deber
humillar sus corazones por el arrepentimiento y la confesión; pero
hemos de tener un espíritu compasivo hacia los que han pecado contra
nosotros, confiesen o no sus faltas. Por mucho que nos hayan ofendido,
no debemos pensar de continuo en los agravios que hemos sufrido ni
compadecernos de nosotros mismos por los daños. Así como esperamos que
Dios nos perdone nuestras ofensas, debemos perdonar a todos los que
nos han hecho mal" (El Discurso Maestro de Jesucristo, p. 97) - [Col.
3:13; 2:13].
Dios no pide nada de nosotros, que no haya realizado él con
anterioridad.
La justificación abarca la dimensión completa de la salvación, como lo
hacen tantos otros términos empleados para describir esa realidad
plural de lo que Dios es para el pecador. Cuando se la emplea asociada
al término "corporativa", la justificación se refiere a las
dimensiones iniciales de lo que la palabra significa. Esos primeros
aspectos, formando parte de su iniciativa, el fundamento que ha
establecido en Jesucristo, son la base de los logros posteriores.
En el nacimiento, vida, muerte y resurrección de Jesucristo, la raza
fue abrazada y redimida por su brazo extendido, el abismo entre Dios y
el hombre fue totalmente salvado por el Puente, la paga/consecuencia
del pecado fue demostrada y satisfecha, la humanidad se manifestó
restaurada a la imagen y a la diestra de Dios, y el pecado y la muerte
fueron vencidos. Dios pudo mirar a su Hijo sentado a su lado, y
contemplar la humanidad restaurada a la justicia y a la vida. Esa
afirmación corporativa es la justificación de vida.
La vida misma, o continuación de la existencia de la raza humana -
aunque pecaminosa - resulta justificada de una forma que es compatible
con su justicia invariable. Nunca debiera minimizarse eso. Los
escritores inspirados no se refieren nunca a ese don como "meramente"
provisional. El precio que se pagó para mantener la existencia del
pecador impenitente en su vida actual, es idéntico al que se pagó a
fin de que el pecador arrepentido viva eternamente con Dios. Y la vida
que fue derramada es precisamente la vida de Dios en Cristo. Es lícito
emplear la palabra "provisión" [en contraste con "provisional"],
puesto que describe adecuadamente lo que Dios hizo: previó de antemano
la necesidad, y proveyó la solución, desde la fundación del mundo.
Dios cuenta la fe por justicia.
En razón de lo que Cristo ha hecho como cabeza de la raza humana, Dios
puede implantar la semilla de esa realidad en cada corazón humano, y
después dar a conocer la realidad de aquello que ha comenzado. No se
trata del final del proceso, sino de su principio. Y es real; no
imaginario. Él sabe que es sólo por la fe como se despierta la fe, de
igual manera en que es por el amor como se despierta el amor. Siendo
así, aquello que efectuó en favor de todos en Jesucristo, es
justificación de vida. Lo que Él ha iniciado en favor de todo pecador,
puede ser únicamente malogrado por la incredulidad de éste, por su
rechazo a responder a lo que [Él] hizo, y sigue aún realizando, a fin
de ganar a cada uno.
¿Qué más era necesario de su parte, sino restaurar la humanidad en Sí
mismo, mantener a los pecadores con vida en toda justicia, y permitir
que cada uno de ellos le responda de corazón? El potencial
evangelístico de esa verdad bíblica permanece en gran manera
desaprovechado. Cuántos hay aún debatiéndose en la duda de si Dios los
incluyó o no en su plan, en la dádiva de Jesucristo. Cuántos hay que
dejan de responderle por tener una percepción consciente o
inconsciente de su indignidad, como algo que los descalifica para su
favor. Dios nos ha dado en el Evangelio la clave para abrir [y romper]
esa barrera. Todo pecador puede exclamar: “¡Estuve en su plan! ¡Tiene
un plan para mí! ¡Vació los tesoros del Cielo en mi favor! Antes que
sintiese mi necesidad de él, él la vio, y me dio a Jesús, ¡cómo podría
rechazar un amor así!”.
Fred Bischoff, MD, MPH
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Apéndice III
“Nacido bajo la Ley”
Ya
para el 10 de Febrero del año de 1887 E. J. Waggoner escribió a
Butler, presidente de la Asociación General la siguiente carta:
"Lea Romanos 8:3 y comprenderá la naturaleza de la carne de la que fue
hecho el Verbo:...
'Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa
del pecado, condenó al pecado en la carne'. Cristo nació en semejanza
de carne de pecado [se citan Fil. 2:5-7 y Heb. 2:9]...
Esos textos muestran que Cristo tomó sobre sí la naturaleza del
hombre, y como consecuencia, estaba sujeto a la muerte. Vino al mundo
con el propósito de morir, de tal manera que desde el principio de su
vida en esta tierra se halló en la misma condición de aquellos a
quienes vino a salvar con su muerte. Ahora lea Romanos 1:3: 'Acerca de
su Hijo, que fue hecho de la simiente de David según la carne'. ¿Cómo
era la naturaleza de David 'según la carne'? Pecaminosa, ¿no le
parece? Dice David: 'He aquí en maldad he sido formado, y en pecado me
concibió mi madre' (Sal. 51:5). No se horrorice, no estoy implicando
que Cristo fuese pecador... [se cita Heb. 2:16 y 17].
El ser semejante en todo a los hermanos [de Heb. 2:17] es lo mismo que
'en semejanza de carne de pecado', 'hecho semejante a los hombres'
[Fil. 2:7]. Una de las cosas más animadoras de la Biblia es el
conocimiento de que Cristo tomó sobre sí la naturaleza del hombre; el
saber que sus antepasados según la carne eran pecadores. Cuando leemos
los registros de las vidas de los antepasados de Cristo, y vemos que
tenían todas las debilidades y pasiones que nosotros tenemos,
comprendemos que nadie tiene derecho a excusar sus actos pecaminosos
evocando el factor hereditario. Si Cristo no hubiese sido hecho en
todo semejante a los hermanos, entonces su vida sin pecado no sería
motivo de ánimo para nosotros. Podríamos mirarle con admiración, pero
sería el tipo de admiración que produce desánimo y desesperanza... [se
cita 2 Cor. 5:2].
Ahora, ¿cuándo fue hecho Jesús pecado por nosotros? Tiene que haber
sido cuando fue hecho carne, y comenzó a sufrir las tentaciones y
enfermedades consustanciales a la carne pecaminosa. Pasó por cada fase
de la experiencia humana, siendo 'tentado en todo según nuestra
semejanza, pero sin pecado' [Heb. 4:15]. Fue 'varón de dolores,
experimentado en quebranto'. 'Llevó él nuestras enfermedades, y sufrió
nuestros dolores' [Isa. 53:3,4]; y según Mateo, esa Escritura se
cumplió mucho antes de la crucifixión. De manera que afirmo que su
nacer bajo la ley es una consecuencia necesaria de su nacimiento en
semejanza de carne de pecado, de haber tomado sobre sí la naturaleza
de Abrahán. Fue hecho como el hombre, a fin de poder pasar por el
sufrimiento de la muerte. La cruz estuvo siempre ante él desde su
tierna infancia.
Usted dice: 'En cuanto a que él tomó voluntariamente sobre sí los
pecados del mundo en su gran sacrificio sobre la cruz, lo admitimos
[los líderes de la Asociación General y la Review and Herald]; pero él
no nació bajo su condenación. De él, que fue puro, que no cometió un
solo pecado en toda su vida, el decir que nació bajo la condenación de
la ley, sería una manifiesta perversión de la sana teología' [Butler,
The Law in Galatians, p. 58].
Puede que sea una perversión de la teología, pero armoniza exactamente
con la Biblia, que es lo importante...
Se muestra sorprendido de la idea de que Jesús fue nacido bajo la
condenación de la ley, dado que jamás en su vida cometió pecado. Sin
embargo admite que en la cruz estuvo bajo la condenación de la ley.
¡Vaya!, ¿resulta que entonces sí cometió pecado? De ninguna manera.
Bien, pues si Jesús pudo estar bajo la condenación de la ley en algún
momento en su vida, sin pecar por ello, no veo razón por la cual no lo
pudiese estar en otro momento, y seguir sin pecado...
Sencillamente, no puedo entender cómo pudo Dios manifestarse en la
carne, y en semejanza de carne de pecado... Simplemente acepto la
declaración de las Escrituras de que sólo así pudo venir a ser el
Salvador del hombre; y me gozo en saber que así sea, porque es gracias
a que Él fue hecho pecado, que yo puedo ser hecho justicia de Dios en
Él" (Waggoner, The Gospel in Galatians, 1888, p. 60-62).
Notas y Referencias:
Introducción:
1-
Jack Sequeira, ¿Cómo podemos tener un entendimiento correcto sobre la
Justificación por la Fe? Este folleto fue publicado en 1981 por
Seventh-day Adventist University Chaplain East Africa Union, Nairobi,
Kenya, y esta disponible en copias en la dirección que aparece en la
p. 19.
2- "La falta de voluntad para renunciar a opiniones preconcebidas y
aceptar esta verdad fue la principal base de la oposición manifestada en
Minneapolis contra el mensaje del Señor expuesto por los hermanos [E. J.]
Waggoner y [A. T.] Jones. Suscitando esa oposición, Satanás tuvo éxito en
impedir que fluyera hacia nuestros hermanos, en gran medida, el poder
especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles. El enemigo les
impidió que obtuvieran esa eficiencia que pudiera haber sido suya para
llevar la verdad al mundo, tal como los apóstoles la proclamaron después
del día de Pentecostés. Fue resistida la luz que ha de alumbrar toda la
tierra con su gloria, y en gran medida ha sido mantenida lejos del mundo
por el proceder de nuestros propios hermanos" (Mensajes Selectos,
tomo I, p. 276).
3- Elena de White admitió con franqueza que ese episodio fue para ella “la
historia más triste” y la “prueba más dolorosa” de su vida (Manuscrito,
21, 30, 1888). El Congreso de Minneapolis en 1888 constituyó el “único”
que se ha “caracterizado por una rebelión abierta contra Elena de White
por parte de un gran número de nuestros pastores” (Ministerio
Adventista, p. 5, 1988). La impresión que Elena de White se llevó de
este Congreso fue tan negativa que “llegó a pensar si acaso Dios no
tendría que levantar un nuevo movimiento” (Ibíd., p. 3).
4- “Las sospechas y los celos, las conjeturas malignas [contra los
mensajeros], la resistencia al Espíritu de Dios que los llamaba... Declaré
que el curso seguido en Minneapolis fue de crueldad hacia el Espíritu
Santo” (White, Manuscrito 30, 1889). “Se que en esos momentos se
insultó al Espíritu de Dios” (White, Carta 24, 1892). “Todo el
universo del Cielo presenció el desgraciado tratamiento que se le dio a
Jesucristo representado por el Espíritu Santo” (White, Special
Testimonies, Series A, # 6, p. 20). “Injuriada e insultada, la Deidad
hablará, proclamando los pecados que han sido escondidos” (Ibíd., #
7, pp. 54,55).
5- Elena G. de White, Mensajes Selectos, tomo II, p. 436.
6- ---------,
Ibíd.
7- ---------, Profetas y Reyes, p. 535.
8- ---------, Joyas de los Testimonios, tomo III, p. 60.
9- ---------, Testimonios, tomo 9, p. 241.
10- ---------, Mensajes Selectos, tomo I, p. 437.
11- ---------, Testimonios, tomo V, pp. 206,207.
12- ---------, Testimonio para los Ministros, p. 91,92.
13- ---------,
Ibíd.
14- Ellet J. Waggoner, Carta a los Romanos, Cap. 4:3, las
cursivas son nuestras.
15- Un buen ejemplo de ello es el que se percibe en el libro de George
Nihgt, Angry Saints, donde se sostiene que hacia 1895 el juicio de
Elena de White era que el mensaje de 1888 había sido “presentado y
aceptado”. Como prueba, se cita una carta de W. C. White (hijo de Elena
White), fechada del 10 de Septiembre de 1895. Con esto se pretende negar
la triste y oscura historia de los años siguientes al Congreso como
resultado del rechazo de muchos dirigentes del “más precioso mensaje” de
todos los tiempos. Sin embargo, esta apreciación de W. C. White fue
incorrecta. Esto se prueba al conocer la existencia de otra carta de él
mismo fechada del 25 de noviembre de 1905 (10 años después), en la que
confiesa humildemente que su juicio en 1895 había sido “contrario al
discernimiento del don de profecía”.
Nosotros nos llenamos de asombro al ver hasta donde puede llegar un
escritor con el objetivo de sostener sus puntos de vista particulares de
la historia y el contenido del mensaje de 1888. Y pensar que es un
escritor tan leído dentro de nuestra iglesia.
16- Esta actitud es típica de muchas personas. Por ejemplo, para aquellos
que están atentos solamente a los acontecimientos proféticos y que no se
detienen a considerar el amplio contexto y significado de Apoc. 14:6-12 y
su relación con la Justificación por la Fe, es muy atractiva la siguiente
declaración del Espíritu de Profecía: “La más terrible amenaza jamás
dirigida a los mortales está contenida en el mensaje del tercer ángel” (El
Conflicto de los Siglos, p. 503). Cuando se inclina la balanza en una
sola dirección resulta difícil reconciliar esta cita con la que sostiene
que el mensaje del tercer ángel es “el mensaje del Evangelio para estos
últimos días”, es “la Justificación por la Fe en verdad”. En realidad,
este tipo de aparentes contradicciones es típico en el Espíritu de
Profecía tanto como en la Biblia. Pero están ahí con el objetivo de que la
mente del investigador que profundiza en busca de la verdad divina, sea
fortalecida y no arrastrada al terreno de la presunción o al fatal error
de creer que puede determinar por sí mismo qué cosa es la verdad. Resulta
interesante la siguiente declaración: “Algunas porciones de la Santa
Escritura son en verdad demasiado claras para que se puedan entender mal;
pero hay otras cuyo significado no es superficial, y no se discierne a
primera vista. Se debe comparar pasaje con pasaje. Debe haber un
escudriñamiento cuidadoso y una reflexión acompañada de oración” (El
Camino a Cristo, p. 91). Cuando tratamos la doctrina de la
Justificación por la Fe debemos acercarnos con reverencia, pues lo que
parece ser tan fácil de entender ha extraviado a muchos eruditos en el
transcurso de la historia cristiana. Pero la verdad de Dios está
reservada para los “sencillos” (Sal. 19:7).
17- Elena de White, Review and Herald, extra, 23-12-1890.
Sección I:
“Hablemos de Justificación por Fe...”
1- Para un estudio serio y bien equilibrado sobre la historia del Congreso
y el mensaje de 1888 recomendamos la lectura del libro de Arnold
Wallenkampf Lo que todo adventista debería saber sobre 1888, Casa
Publicadora Interamericana. Hay dos libros más que pueden conseguirse en
copias solicitándolo a la dirección que aparece en la página 19. Estos
son: Robert Wieland, Introducción al Mensaje de 1888, publicado
originalmente por la Pacific Press. Y del mismo autor:
Alumbrados por su Gloria, Pacific Press. Y en la Internet puede
conseguirlos en la siguiente dirección: www.libros1888.com
2- Neal C. Wilson, Revista Adventista, p. 3, (1988). Las
cursivas son nuestras.
3- --------, Ibíd., p. 5.
Las cursivas son nuestras.
4- --------, Ibíd., p. 3.
5- Bert Haloviak, Ibíd., p. 6.
6- --------, Ibíd. Es bueno tomar en cuenta que la idea peculiar
que tenían los pioneros sobre la justificación no abarca a Elena de White
y a su esposo Jaime, pues 7 meses después del Congreso de Minneapolis, el
19 de junio de 1889, ella comentó en un sermón presentado en Roma, Nueva
York: “Se me ha preguntado: ¿Qué piensa de la luz que estos hombres (Waggoner
y Jones) están presentando? Pues, que la he estado presentado durante los
últimos 45 años - los encantos incomparables de Cristo. Esto es lo que he
tratado de presentar delante de vuestras mentes. Cuando el hermano
Waggoner presentó estas ideas en Minneapolis, fue la primera vez que
escuché de labios humanos una enseñanza clara acerca del tema, exceptuando
las conversaciones entre mi esposo y yo... y cuando otro la presentó, cada
fibra de mi corazón decía, Amén” (The Ellen G. White 1888 Material’s,
p. 349).
7- -------, Ibíd., p. 7. Hay un detalle que debe observarse
brevemente. Muchos escritores no logran asimilar el entendimiento de la
doctrina de la Justificación por la Fe que presentaron Waggoner y Jones.
Cuando son confrontados con sus declaraciones al respecto se turban. No
logran entender que era lo que querían dejar dicho cuando expresan que ser
justificado es “ser hecho justo”. Y no meramente ser “declarado justo”. La
razón de esta problemática es que la mente de muchos escritores está
saturada por un entendimiento incompleto del Evangelio que se conoce como
“Evangelio Reformado”. Bajo esta forma de ver la cosas entienden la
Justificación por la Fe como siendo solamente una declaración legal de
absolución. Sólo perdón, y nada más. Todo intento de relacionar la
Justificación por la Fe con alguna experiencia subjetiva es visto y
denunciado como “legalismo” o “romanismo”. Estas personas ignoran que el
mismo Cristo enseñó que sin la experiencia del nuevo nacimiento
(una experiencia totalmente subjetiva) no puede existir Justificación por
la Fe efectiva (Juan 3:1-5).
Sección II:
“Notas Discordantes”
1- Elena de White, Mensajes Selectos, tomo III, p. 211 (1889).
Algunas declaraciones entusiastas por parte de Elena de White sobre el
mensaje de Justificación por la Fe son las siguientes: “El Pr. Waggoner
tuvo el privilegio... de presentar sus puntos de vistas sobre la
Justificación por la Fe y la justicia de Cristo en relación con la Ley. No
se trataba de nueva luz, sino de antigua luz situada en su justo lugar, en
el mensaje del tercer ángel” (The Ellen G. White 1888 Material’s,
p. 211). “El Dr. Waggoner ha abierto ante vosotros una luz preciosa; no
una luz nueva, sino una antigua luz que muchas mentes habían perdido de
vista, y que brilla ahora en nítidos rayos” (Ibíd., p. 175). “[El
Señor] ha dado a estos hombres [Jones y Waggoner] una obra que hacer, y un
mensaje que llevar, que es verdad actual para hoy... el mensaje mismo que
es verdad presente para el pueblo de Dios en este tiempo” (Ibíd.,
p. 274).
2- Olsen, Ministerio Adventista, p. 8 (1988).
3- Ibíd.
4- Elena de White, Eventos de los Ultimos Días, p. 204 (1895).
5- -------, Testimonios para los Ministros, p. 93.
6- Arnold Valentin Wallencampf, Lo que Todo Adventista Debería Saber
Sobre 1888, p. 28 (1988).
7- Al hacer un comentario sobre Rom. 5:18 Waggoner sostuvo lo
siguiente: “‘por una justicia vino la gracia a todos los hombres para
justificación de vida’. No hay aquí ninguna excepción. Así como la
condenación vino a todos los hombres, también la justificación. Cristo
gustó la muerte por todos. Se dio a sí mismo por todos, se dio a cada uno.
El don gratuito vino sobre todos. El hecho de que sea un don gratuito es
evidencia de que no hay excepción alguna. De haber venido solamente sobre
los poseedores de alguna calificación especial, no habría sido un don
gratuito.
Por lo tanto, es un hecho claramente establecido en la Biblia que el don
de la justicia y de la vida en Cristo ha venido sobre todo hombre en el
mundo. No hay la más mínima razón por la que todo hombre que jamás haya
vivido tenga que dejar de ser salvo para vida eterna, excepto porque no lo
reciba. ¡Cuántos desprecian el don que se ofrece tan generosamente!...
La muerte pasó a todos los hombres, puesto que todos han pecado, y el don
de la justicia vino sobre todos los hombres en la vida de Cristo" (Carta
a los Romanos, pp. 56, 57).
“Dios ha traído la salvación a todos los hombres, y la ha dado a cada uno
de ellos; pero desgraciadamente, la mayoría la desprecia y desecha. El
juicio revelará el hecho de que a cada ser humano se le dio la plena
salvación, y también que todo perdido lo fue por rechazar deliberadamente
el derecho de primogenitura que se le dio como posesión” (Las Buenas
Nuevas. Gálatas versículo a versículo, p. 27).
“Alguno dirá irreflexivamente: ´Eso me tranquiliza: por lo que respecta a
la ley, puedo hacer lo que quiera, puesto que todos fuimos redimidos’. Es
cierto que todos fueron redimidos, pero no todos han aceptado la
redención. Muchos dicen de Cristo: ‘no queremos que este hombre reine
sobre nosotros’, y alejan de ellos la bendición de Dios. Pero la redención
es para todos. Todos han sido comprados con la preciosa sangre (la vida)
de Cristo, y todos pueden, si así lo quieren, ser librados del pecado y de
la muerte” (Ibíd., p. 51).
A. T. Jones también en conformidad con esto dijo lo siguiente: “Todos los
que estaban en el mundo estaban incluidos en Adán; y todos los que están
en el mundo están incluidos en Cristo. Dicho de otro modo: Adán, con su
pecado, afectó a todo el mundo; Jesucristo, el segundo Adán, afecta en su
justicia a toda la humanidad...
Encontramos aquí a otro Adán. ¿Afecta a tantos como afectó el primer Adán?
Esa es la cuestión... Ciertamente lo que hizo el segundo Adán afecta a
todos los que resultaron afectados por lo que hizo el primero...
El asunto es: ¿Afecta la justicia del segundo Adán a tantos como afectó el
pecado del primer Adán? Examinadlo detenidamente. Totalmente al margen de
nuestro consentimiento, sin nada que ver con él, estuvimos incorporados al
primer Adán; estábamos allí...
Jesucristo, el segundo hombre, tomó nuestra naturaleza pecaminosa. Nos
tocó ‘en todo’. Se hizo nosotros y murió la muerte. Así, en Él y en ello,
todo hombre que haya poblado la tierra y que estuviera implicado en el
primer Adán, está igualmente implicado en esto, y volverá a vivir. Habrá
una resurrección de los muertos, tanto de justos como de injustos. Toda
alma se levantará - por virtud del segundo Adán - de la muerte que el
primero trajo... (N.T. ver 1 Cor. 15:22; Hech. 24:15; Juan 5:28, 29; El Conflicto de los Siglos, p. 599).
Siendo Cristo quien nos ha liberado del pecado y la muerte que vinieron
sobre nosotros por el primer Adán, esa liberación es para todo hombre, y
cada uno puede poseerla si así lo elige.
El Señor no obligará a nadie a aceptarla... Nadie sufrirá la segunda
muerte sin haber escogido el pecado en lugar de la justicia, la muerte en
lugar de la vida" (Jones, General Conference Bulletin 1895, 268,
269).
8- Prescott, The Divine-Human Family, 1895, General Conference
Bulletin, 8,9.
9- El último pasaje que citamos es Efe. 1:6. Es bueno observar que
los mensajeros le dieron a este pasaje una interpretación interesante y
refrescante. Lo vieron como un anuncio de que en su bondad, Dios
acepta al pecador “en el Amado” (que es lo mismo que “en Cristo”), a
pesar de ser lo que es. Y hace al pecador por su divina gracia un
“prisionero de esperanza”, un candidato para el Cielo (Juan 12:32).
Alonso T. Jones dijo al respecto: “[El Señor] dio todas las bendiciones
que posee a cada alma que puebla el mundo; escogió a cada una de ellas; la
escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, la predestinó a
la adopción de hijo, y la hizo acepta en el Amado” (Sermón
No. 17, General Conference Bulletin, 1893).
“El mensaje para nosotros - dice Waggoner - es que nuestra ‘milicia ha
terminado’, ‘nuestro pecado está perdonado’... Él proclama a los cautivos
libertad! A los que están sujetos les proclama que las puertas de la
prisión están abiertas (Isa. 61:1)” (Buenas Nuevas en Gálatas,
p. 16).
La misma Elena de White le dio una interpretación peculiar a este pasaje
de Efesios. Al comentar las palabras que el Padre dirigió a Cristo en
ocasión de su bautizo, ella dijo: “Las palabras dichas a Jesús a orilla
del Jordán: ‘Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento’
abarcan a toda la humanidad. Dios habló a Jesús como a nuestro
representante. No obstante a todos nuestros pecados y debilidades, no
somos desechados como inútiles. Él ‘nos hizo aceptos en el Amado’ (Efe.
1:6)... Dios acepta a la humanidad en la persona de su Hijo” (El
Deseado de Todas las Gentes, p. 87, 86). Ya en la p. 88 ella hace una
aplicación subjetiva del pasaje al creyente que se ha unido con
Cristo por la fe: “La voz que habló a Jesús dice a toda alma creyente:
´este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento’ ”.
10- Neal C. Wilson, Ibíd., p. 3.
11- Véase a Jack Sequeira, ¿Cómo Podemos tener un entendimiento
correcto sobre la Justificación por la Fe? Este material puede
solicitarlo a la siguiente dirección que aparece en la p. 19.
12- Bert Haloviack, Ibíd., p. 8 (1988).
Sección III:
“¿Qué Motivó las Disputas en Minneapolis?”
1- Existe un punto adicional que pudimos comprobar después de escribir
este documento como una de las razones de los debates en Minneapolis. El
asunto de la naturaleza humana de Cristo. Un año antes de realizarse el
Congreso de Minneapolis, en 1887, Waggoner y Butler discutían la expresión
“nacido bajo la Ley” de Gál. 4:4 (Véase esta carta en el
Apéndice III). Ya había suficientes razones para que existieran
divisiones en el Congreso. Una vez más el monstruo del orgullo levantaría
su fea cabeza! Todavía en el presente muchos eruditos son confrontados con
este “precioso mensaje”, y porque no encaja en sus cabezas, lo están
cuestionando y rechazando. Están repitiendo la triste historia de
Minneapolis!
2- Carta de Urías Smith a Elena de White, 17-2-1890. Citada en
Ministerio Adventista, p. 8 (1988). ¡Buena manera de expresar
oposición al mensaje! Con más cortesía que esta no puede objetarse la
verdad.
3- Urías Smith, Gospel Sickle, 15-9-1888. El énfasis es nuestro.
4- Citado en Atilio René Dupertuis, El Carpintero Divino, la Persona y
la Obra de Cristo, pp. 98,99 (1991).
5- Urías Smith, Review and Herald, 11-6-1889.
6- Olsen, Ministerio Adventista, p. 8 (1988).
7- Bert Haloviack, Revista Adventista, p. 6 (1988).
8- Ver referencia No. 35. Véase también la revista Nuestro Firme
Fundamento, tomo VII, No. 5, especialmente las pp. 16-19, 23. Allí se
hace un análisis del libro del Pr. Jack Sequeira Beyond Belief. El
análisis de algunas de las ideas presentadas en este libro permite ver las
ideas de la “Visión Tradicional” sobre el Evangelio.
Sección IV:
“La Justicia de Dios”
1- Ellet J. Waggoner, Cristo y su Justicia, p. 45.
2- --------, Ibíd., pp. 44,45.
3- --------, Ibíd., p. 48. El énfasis está en el original.
4- --------, Ibíd., pp. 48,49.
5- --------, Ibíd., pp. 49,50. El énfasis no está en el
original.
6- --------, Ibíd., pp. 53,54. El énfasis no está en el
original.
7- Este pasaje es interesante, pues en el encontramos la gran verdad de
que “justificación y perdón son una misma cosa”. El Publicano, al
reconocer su pecaminosidad clamó por el perdón divino (Luc. 18:13) y fue
perdonado. “Este - dijo Cristo - llegó a su casa justificado” (v. 14).
Quizás, el Publicano no supo que cuando fue perdonado fue Justificado por
la Fe, pero lo estaba. Hay dos verdades fundamentales de la Justificación
por la Fe en este pasaje: 1- El perdón es parte integral de la
justificación, y 2- Ser justificado por la Fe, no sólo es ser declarado
perdonado, es ser transformado por la gracia divina, es toda una
experiencia; es ser abatido en el polvo y dejar allí la gloria y orgullo
humanos para recibir la justicia de Cristo. Es en verdad, experimentar el
nuevo nacimiento y ser hecho en conformidad con la Ley de Dios (Juan
3:1-5).
8- -------, Ibíd., p. 57, el énfasis es nuestro.
9- --------, Ibíd., p. 62, el énfasis es nuestro.
10- --------, Carta a los Romanos, cap. 5:2, el énfasis es
nuestro. Este aspecto del perdón y por ende de la justificación, es el
que fallan en ver algunos escritores cristianos. El mismo Haloviack, si lo
hubiera visto no hubiera dicho que Waggoner y Jones tenían “limitaciones”
en la presentación de sus mensajes. Los que tienen serias “limitaciones”
son los que no logran comprender la relación del perdón de los pecados en
el individuo y la transformación que genera en él.
11- --------, Ibíd., cap. 6:2. El énfasis es nuestro.
12- --------, Ibíd., caps. 5:1; 7:1,2, el énfasis es nuestro.
Esta visión es compartida por algunos escritores adventistas
actualmente. Véase Lecciones de la escuela Sabática, Hitos del Fin del
Tiempo, julio, agosto, septiembre, 1996, p. 20. Cristo el Único
Camino, abril, mayo, junio, 1990, pp. 44-50. Erwin Gane, Sendas de
Liberación, pp. 38-40, 1990
13- Elena de White, El Discurso Maestro de Jesucristo, p. 97, el
énfasis está en el original.
14- -------, Review and Herald, 18-8-1890, el énfasis es
nuestro.
15- -------, El Deseado de Todas las Gentes, p. 509, las
cursivas son nuestras.
16- Juan Carlos Viera, Listos para el Encuentro con Cristo, pp.
22,23.
17- Jack Sequeira, La Dinámica del Evangelio Eterno, p. 52, las
cursivas son nuestras.
18 -------, Ibíd., p. 53, las cursivas son nuestras.
Sección V:
“¿Declarado Justo Solamnete?”
1- Atilio René Dupertuis, De Egipto a Canaán, pp. 126,127 (1995),
el énfasis esta en el original. Si se entiende el fuerte énfasis de
los mensajeros de 1888 sobre la Justificación por la Fe como un poder que
“hace justo” al individuo que cree las Buenas Nuevas del Evangelio,
veremos que es más correcto decir que la Justificación por la Fe es una
experiencia y no un mero acto.
2- -------, El Carpintero Divino, la Persona y la Obra de Cristo,
p. 148 (1991).
3- -------,
Ibíd.
4- Elena de White, Mensajes Selectos, tomo I, p. 461.
5- -------, Ibíd., el énfasis es nuestro. Esta cita es una
declaración asombrosa que necesita ser considerada detenidamente. Es
increíble, pero en la misma cita que se usa para reforzar una idea,
aparece algo diametralmente opuesto a lo que se pretende probar. La cita
es clara: “Dios nos declara justos y nos trata como a tales”. Pero note
que esto sucede como consecuencia de que Dios nos ha hecho justos
“por medio de la justicia imputada de Cristo”. Con razón Elena de White
apoyó en forma entusiasta el mensaje de Waggoner y Jones cuando lo
escuchó. Y es precisamente este aspecto del mensaje de 1888 que no ha sido
fácil de comprender por muchos teólogos modernos. Bien observó el Pr.
Wilson: [la Justificación por la Fe es] una posición correcta y una vida
justa... [es] una experiencia del corazón” (Revista Adventista, p.
5, 1988).
Sección VI:
“Las Buenas Nuevas del Evangelio”
1- Jack Sequeira, Ibíd., p. 14.
2- --------, Ibíd., el énfasis es nuestro.
3- -------, Ibíd., Por esta razón, no puede un cristiano que
pretende que su experiencia cristiana sea genuina vivir una vida
“subnormal”. Debe haber relación entre lo que se cree y lo que se
practica. No puede haber justificación separada de santificación, ni
santificación separada de glorificación. Si la Justificación por la Fe
opera en el individuo transformándolo en una nueva criatura, la
Santificación por la Fe será una tangible realidad en su vida también,
desencadenando esta a su vez en la experiencia de la glorificación en
ocasión de la segunda venida de Cristo. La verdadera santificación no es
más que la siempre creciente experiencia de la Justificación por la Fe.
Si en la justificación el orgullo humano fue abatido en el polvo, la
santificación logrará que esta experiencia se repita a diario. Esta
persona, entonces, es un candidato para el cielo. Esto es vencer como
Cristo venció (Apoc. 3:21).
4- Neal C. Wilson , Revista Adventista, p. 3, (1988).
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