Hablemos de Justificación por la Fe

 

(2da. Parte)

  Por: Héctor A. Delgado
   
 
Apéndice I
 
La justificación universal de la raza humana
“en Cristo”
 
  Justificación Corporativa
Por: Fred Bischoff
 
El término [corporativo] hace referencia a un cuerpo, a un todo. Cristo es cabeza de la raza, tanto como es cabeza de la iglesia. Así, hay formas en las que la divinidad ve a la raza como a un todo. Se trata de las dimensiones universales del corazón divino. Y fluyen desde su corazón, dando forma a los componentes iniciales y (por necesidad) incondicionales del proceso de la salvación. Son el fundamento mismo de su forma de tratar el pecado. Debido a ello, son los menos visibles y apreciados, pero también los más esenciales e importantes. Como sucede con las estructuras físicas, en las que el edificio queda siempre limitado por la magnitud de sus fundamentos, así también la experiencia de uno en la salvación de Dios depende de cuán adecuadamente capta las dimensiones del fundamento que Dios ha puesto en Jesucristo. El grado en el que el individuo siente la atracción del amor de Dios, y resulta constreñido por él, determinará hasta qué punto su vida será transformada por ese poder que crea de nuevo.
Los aspectos universales e incondicionales de la salvación, siendo amplios y esenciales (y lo son más allá de nuestra comprensión), no son el todo de la salvación. Dios es amor, y valora el amor retornado libremente hasta tal punto que en cierto momento en el proceso, espera nuestra respuesta individual de amor a su amor, y de fe a su fe. La Escritura nunca describe lo que Dios ha hecho en el terreno de lo incondicional, para poner a continuación un punto y final. Siempre se espera la respuesta humana; ésta constituye el anhelo, el propósito y [el] fin buscado. Encontramos frecuentemente la expresión "para que", uniendo lo que Dios ha hecho ya, con aquello que espera cumplir en la persona. Obsérvense los siguientes ejemplos:
 
 
Juan 3:16:
De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito
 
para que
 
todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.
 
Rom. 5:20,21
La ley empero entró para que el pecado creciese; mas cuando el pecado creció, sobrepujó la gracia
 
para que 
de la manera que el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesucristo Señor nuestro.
Rom. 8:3,4:
lo que era imposible a la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne
 
para que
 
la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme a la carne, mas conforme al espíritu.
 
2 Cor. 5:21
Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros
 
para que
 
nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.
 
Las evidencias de los aspectos corporativos de la salvación son numerosas y apremiantes. Cuanto más abierto está uno a reconocerlas, más fácilmente las descubre. Y cuanto más transformado resulta uno por las mismas, mayor su potencial evangelístico. A Pedro se le instruyó en visión: "Lo que Dios limpió, no lo llames tú común". Eso comenzó a derribar en él barreras espirituales que habrían obstaculizado su ministerio evangélico. Así, poco después de su primera reunión con los gentiles, estuvo en condiciones de confesar: "me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo" (Hech. 10:15,28).
De igual manera, una revelación del amor de Dios transformó a Saulo, el fariseo separatista y perseguidor, en Pablo, el dinámico predicador del Evangelio, quien declaró: "de manera que nosotros de aquí adelante a nadie conocemos según la carne" (2 Cor. 5:16). Al resultar verdaderamente constreñido por las dimensiones universales del amor (ágape) de Dios ("porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos son muertos", v. 14), uno ve a las personas con ojos espirituales, no "según la carne".
        Así es como Cristo vio a todos. Y las personas son sensibles a ese espíritu; son atraídas poderosamente por él. Hace nacer la esperanza. Está lleno de gracia. ¡Así es como Dios ve a la raza! Obsérvese esta profunda descripción de esa dimensión:
 
"Dios dirigió su mirada a la humanidad, no como a algo vil y sin mérito; la miró en Cristo, y la vio como podría llegar a ser por medio del amor redentor. Reunió todas las riquezas del universo, y las entregó para comprar la perla" (Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 90).
 
          Vemos, por lo tanto, que la fe de Dios determina la forma en la que ve a la humanidad. Él es la fuente de justicia, el autor de la fe, y muestra su justicia por su fe. Y puesto que en ello es justo por la fe, su fe obró por el amor y entregó las riquezas del universo para comprar a todos y a cada uno. ¡Qué amor indescriptible!
 
Apéndice II
 
Justificación
El propósito de Dios en su trato con los pecadores universalmente, es restaurarlos a su imagen. Tal es el significado y origen de la palabra justificación. Uno vuelve a tener el carácter de su Creador. Pero eso implica un proceso. Y una vez más, de forma necesaria, el principio de ese maravilloso plan tenía que ser creado de forma incondicional y universal.
Las únicas dos ocasiones en las que aparece la expresión, lo hace en clara alusión a esa verdad universal (Rom. 4:25; 5:18).
 
"El cual fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación" (Rom. 4:25).
 
         Su resurrección para nuestra justificación fue tan universal como su sacrificio por nuestros pecados.
 
"Así que, de la manera que por un delito vino la culpa a todos los hombres para condenación, así por una justicia vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida" (Rom. 5:18).
 
El que Cristo sea la cabeza corporativamente, significa que la raza está en sus manos, que es suya, que él está en íntima conexión con cada miembro de ella. Lo que Él hizo revirtió la condenación que Adán había traído, resultando en justificación de vida para todos, restableciendo la libertad individual a cada uno [2 Cor. 5:18; Rom. 5:10].
Considérese primeramente lo que eso revela del amor de Dios hacia los pecadores. Su actitud es la de perdonar, no la de condenar [Juan 3:17; 8:11]. El perdón sana; la condenación destruye. El perdón fue el primer paso del Creador rechazado, hacia Adán y Eva. Y eso significó vida para ellos. Tan pronto como pecaron, tuvieron un Salvador. Hasta la cruz, no pudo verse con claridad aquello de lo que los salvó.
Nótese esta clara referencia a la manera en la que esa realidad debiera regir nuestra actitud:
 
"No debemos pensar que, a menos que confiesen su culpa los que nos han hecho daño, tenemos razón para no perdonarlos. Sin duda, es su deber humillar sus corazones por el arrepentimiento y la confesión; pero hemos de tener un espíritu compasivo hacia los que han pecado contra nosotros, confiesen o no sus faltas. Por mucho que nos hayan ofendido, no debemos pensar de continuo en los agravios que hemos sufrido ni compadecernos de nosotros mismos por los daños. Así como esperamos que Dios nos perdone nuestras ofensas, debemos perdonar a todos los que nos han hecho mal" (El Discurso Maestro de Jesucristo, p. 97) - [Col. 3:13; 2:13].
 
Dios no pide nada de nosotros, que no haya realizado él con anterioridad. La justificación abarca la dimensión completa de la salvación, como lo hacen tantos otros términos empleados para describir esa realidad plural de lo que Dios es para el pecador. Cuando se la emplea asociada al término "corporativa", la justificación se refiere a las dimensiones iniciales de lo que la palabra significa. Esos primeros aspectos, formando parte de su iniciativa, el fundamento que ha establecido en Jesucristo, son la base de los logros posteriores.
En el nacimiento, vida, muerte y resurrección de Jesucristo, la raza fue abrazada y redimida por su brazo extendido, el abismo entre Dios y el hombre fue totalmente salvado por el Puente, la paga/consecuencia del pecado fue demostrada y satisfecha, la humanidad se manifestó restaurada a la imagen y a la diestra de Dios, y el pecado y la muerte fueron vencidos. Dios pudo mirar a su Hijo sentado a su lado, y contemplar la humanidad restaurada a la justicia y a la vida. Esa afirmación corporativa es la justificación de vida.
La vida misma, o continuación de la existencia de la raza humana - aunque pecaminosa - resulta justificada de una forma que es compatible con su justicia invariable. Nunca debiera minimizarse eso. Los escritores inspirados no se refieren nunca a ese don como "meramente" provisional. El precio que se pagó para mantener la existencia del pecador impenitente en su vida actual, es idéntico al que se pagó a fin de que el pecador arrepentido viva eternamente con Dios. Y la vida que fue derramada es precisamente la vida de Dios en Cristo. Es lícito emplear la palabra "provisión" [en contraste con "provisional"], puesto que describe adecuadamente lo que Dios hizo: previó de antemano la necesidad, y proveyó la solución, desde la fundación del mundo.
 
Dios cuenta la fe por justicia. En razón de lo que Cristo ha hecho como cabeza de la raza humana, Dios puede implantar la semilla de esa realidad en cada corazón humano, y después dar a conocer la realidad de aquello que ha comenzado. No se trata del final del proceso, sino de su principio. Y es real; no imaginario. Él sabe que es sólo por la fe como se despierta la fe, de igual manera en que es por el amor como se despierta el amor. Siendo así, aquello que efectuó en favor de todos en Jesucristo, es justificación de vida. Lo que Él ha iniciado en favor de todo pecador, puede ser únicamente malogrado por la incredulidad de éste, por su rechazo a responder a lo que [Él] hizo, y sigue aún realizando, a fin de ganar a cada uno.
¿Qué más era necesario de su parte, sino restaurar la humanidad en Sí mismo, mantener a los pecadores con vida en toda justicia, y permitir que cada uno de ellos le responda de corazón? El potencial evangelístico de esa verdad bíblica permanece en gran manera desaprovechado. Cuántos hay aún debatiéndose en la duda de si Dios los incluyó o no en su plan, en la dádiva de Jesucristo. Cuántos hay que dejan de responderle por tener una percepción consciente o inconsciente de su indignidad, como algo que los descalifica para su favor. Dios nos ha dado en el Evangelio la clave para abrir [y romper] esa barrera. Todo pecador puede exclamar: “¡Estuve en su plan! ¡Tiene un plan para mí! ¡Vació los tesoros del Cielo en mi favor! Antes que sintiese mi necesidad de él, él la vio, y me dio a Jesús, ¡cómo podría rechazar un amor así!”.
 
Fred Bischoff, MD, MPH
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Apéndice III
 
“Nacido bajo la Ley”
 
         Ya para el 10 de Febrero  del año de 1887 E. J. Waggoner escribió a Butler, presidente de la Asociación General la siguiente carta:
 
"Lea Romanos 8:3 y comprenderá la naturaleza de la carne de la que fue hecho el Verbo:...
 
'Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne'. Cristo nació en semejanza de carne de pecado [se citan Fil. 2:5-7 y Heb. 2:9]...
 
Esos textos muestran que Cristo tomó sobre sí la naturaleza del hombre, y como consecuencia, estaba sujeto a la muerte. Vino al mundo con el propósito de morir, de tal manera que desde el principio de su vida en esta tierra se halló en la misma condición de aquellos a quienes vino a salvar con su muerte. Ahora lea Romanos 1:3: 'Acerca de su Hijo, que fue hecho de la simiente de David según la carne'. ¿Cómo era la naturaleza de David 'según la carne'? Pecaminosa, ¿no le parece? Dice David: 'He aquí en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre' (Sal. 51:5). No se horrorice, no estoy implicando que Cristo fuese pecador... [se cita Heb. 2:16 y 17].
 
El ser semejante en todo a los hermanos [de Heb. 2:17] es lo mismo que 'en semejanza de carne de pecado', 'hecho semejante a los hombres' [Fil. 2:7]. Una de las cosas más animadoras de la Biblia es el conocimiento de que Cristo tomó sobre sí la naturaleza del hombre; el saber que sus antepasados según la carne eran pecadores. Cuando leemos los registros de las vidas de los antepasados de Cristo, y vemos que tenían todas las debilidades y pasiones que nosotros tenemos, comprendemos que nadie tiene derecho a excusar sus actos pecaminosos evocando el factor hereditario. Si Cristo no hubiese sido hecho en todo semejante a los hermanos, entonces su vida sin pecado no sería motivo de ánimo para nosotros. Podríamos mirarle con admiración, pero sería el tipo de admiración que produce desánimo y desesperanza... [se cita 2 Cor. 5:2].
 
Ahora, ¿cuándo fue hecho Jesús pecado por nosotros? Tiene que haber sido cuando fue hecho carne, y comenzó a sufrir las tentaciones y enfermedades consustanciales a la carne pecaminosa. Pasó por cada fase de la experiencia humana, siendo 'tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado' [Heb. 4:15]. Fue 'varón de dolores, experimentado en quebranto'. 'Llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores' [Isa. 53:3,4]; y según Mateo, esa Escritura se cumplió mucho antes de la crucifixión. De manera que afirmo que su nacer bajo la ley es una consecuencia necesaria de su nacimiento en semejanza de carne de pecado, de haber tomado sobre sí la naturaleza de Abrahán. Fue hecho como el hombre, a fin de poder pasar por el sufrimiento de la muerte. La cruz estuvo siempre ante él desde su tierna infancia.
 
Usted dice: 'En cuanto a que él tomó voluntariamente sobre sí los pecados del mundo en su gran sacrificio sobre la cruz, lo admitimos [los líderes de la Asociación General y la Review and Herald]; pero él no nació bajo su condenación. De él, que fue puro, que no cometió un solo pecado en toda su vida, el decir que nació bajo la condenación de la ley, sería una manifiesta perversión de la sana teología' [Butler, The Law in Galatians, p. 58].
 
Puede que sea una perversión de la teología, pero armoniza exactamente con la Biblia, que es lo importante...
 
Se muestra sorprendido de la idea de que Jesús fue nacido bajo la condenación de la ley, dado que jamás en su vida cometió pecado. Sin embargo admite que en la cruz estuvo bajo la condenación de la ley. ¡Vaya!, ¿resulta que entonces sí cometió pecado? De ninguna manera. Bien, pues si Jesús pudo estar bajo la condenación de la ley en algún momento en su vida, sin pecar por ello, no veo razón por la cual no lo pudiese estar en otro momento, y seguir sin pecado...
 
Sencillamente, no puedo entender cómo pudo Dios manifestarse en la carne, y en semejanza de carne de pecado... Simplemente acepto la declaración de las Escrituras de que sólo así pudo venir a ser el Salvador del hombre; y me gozo en saber que así sea, porque es gracias a que Él fue hecho pecado, que yo puedo ser hecho justicia de Dios en Él" (Waggoner, The Gospel in Galatians, 1888, p. 60-62).

Notas y Referencias: 

Introducción: 
1- Jack Sequeira, ¿Cómo podemos tener un entendimiento correcto sobre la Justificación por la Fe? Este folleto fue publicado en 1981 por Seventh-day Adventist University Chaplain East Africa Union, Nairobi, Kenya, y esta disponible en copias en la dirección que aparece en la p. 19.
2- "La falta de voluntad para renunciar a opiniones preconcebidas y aceptar esta verdad fue la principal base de la oposición manifestada en Minneapolis contra el mensaje del Señor expuesto por los hermanos [E. J.] Waggoner y [A. T.] Jones. Suscitando esa oposición, Satanás tuvo éxito en impedir que fluyera hacia nuestros hermanos, en gran medida, el poder especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles. El enemigo les impidió que obtuvieran esa eficiencia que pudiera haber sido suya para llevar la verdad al mundo, tal como los apóstoles la proclamaron después del día de Pentecostés. Fue resistida la luz que ha de alumbrar toda la tierra con su gloria, y en gran medida ha sido mantenida lejos del mundo por el proceder de nuestros propios hermanos" (Mensajes Selectos, tomo I, p. 276).
3- Elena de White admitió con franqueza que ese episodio fue para ella “la historia más triste” y la “prueba más dolorosa” de su vida (Manuscrito, 21, 30, 1888). El Congreso de Minneapolis en 1888 constituyó el “único” que se ha “caracterizado por una rebelión abierta contra Elena de White por parte de un gran número de nuestros pastores” (Ministerio Adventista, p. 5, 1988). La impresión que Elena de White se llevó de este Congreso fue tan negativa que “llegó a pensar si acaso Dios no tendría que levantar un nuevo movimiento” (Ibíd., p. 3).
4- “Las sospechas y los celos, las conjeturas malignas [contra los mensajeros], la resistencia al Espíritu de Dios que los llamaba... Declaré que el curso seguido en Minneapolis fue de crueldad  hacia el Espíritu Santo” (White, Manuscrito 30, 1889). “Se que en esos momentos se insultó al Espíritu de Dios” (White, Carta 24, 1892). “Todo el universo del Cielo presenció el desgraciado tratamiento que se le dio a Jesucristo representado por el Espíritu Santo” (White, Special Testimonies, Series A, # 6, p. 20). “Injuriada e insultada, la Deidad hablará, proclamando los pecados que han sido escondidos” (Ibíd., # 7, pp. 54,55).
5- Elena G. de White, Mensajes Selectos, tomo II, p. 436.
6-  ---------, Ibíd.
7-  ---------, Profetas y Reyes, p. 535.
8-  ---------, Joyas de los Testimonios, tomo III, p. 60.
9-  ---------, Testimonios, tomo 9, p. 241.
10-  ---------, Mensajes Selectos, tomo I, p. 437.
11-  ---------, Testimonios, tomo V, pp. 206,207.
12-  ---------, Testimonio para los Ministros, p. 91,92.
13-  ---------, Ibíd.
14- Ellet J. Waggoner, Carta a los Romanos, Cap. 4:3, las cursivas son nuestras.
15- Un buen ejemplo de ello es el que se percibe en el libro de George Nihgt, Angry Saints, donde se sostiene que hacia 1895 el juicio de Elena de White era que el mensaje de 1888 había sido “presentado y aceptado”. Como prueba, se cita una carta de W. C. White (hijo de Elena White), fechada del 10 de Septiembre de 1895. Con esto se pretende negar la triste y oscura historia de los años siguientes al Congreso como resultado del rechazo de muchos dirigentes del “más precioso mensaje” de todos los tiempos. Sin embargo, esta apreciación de W. C. White fue incorrecta. Esto se prueba al conocer la existencia de otra carta de él mismo fechada del 25 de noviembre de 1905 (10 años después), en la que confiesa humildemente que su juicio en 1895 había sido “contrario al discernimiento del don de  profecía”.
Nosotros nos llenamos de asombro al ver hasta donde puede llegar un escritor con el objetivo de sostener sus puntos de vista particulares de la historia y el contenido del mensaje de 1888. Y pensar que es un escritor tan leído dentro de nuestra iglesia.
16- Esta actitud es típica de muchas personas. Por ejemplo, para aquellos que están atentos solamente a los acontecimientos proféticos y que no se detienen a considerar el amplio contexto y significado de Apoc. 14:6-12 y su relación con la Justificación por la Fe, es muy atractiva la siguiente declaración del Espíritu de Profecía: “La más terrible amenaza jamás dirigida a los mortales está contenida en el mensaje del tercer ángel” (El Conflicto de los Siglos, p. 503). Cuando se inclina la balanza en una sola dirección resulta difícil reconciliar esta cita con la que sostiene que el mensaje del tercer ángel es “el mensaje del Evangelio para estos últimos días”, es “la Justificación por la Fe en verdad”. En realidad, este tipo de aparentes contradicciones es típico en el Espíritu de Profecía tanto como en la Biblia. Pero están ahí con el objetivo de que la mente del investigador que profundiza en busca de la verdad divina, sea fortalecida y no arrastrada al terreno de la presunción o al fatal error de creer que puede determinar por sí mismo qué cosa es la verdad. Resulta interesante la siguiente declaración: “Algunas porciones de la Santa Escritura son en verdad demasiado claras para que se puedan entender mal; pero hay otras cuyo significado no es superficial, y no se discierne a primera vista. Se debe comparar pasaje con pasaje. Debe haber un escudriñamiento cuidadoso y una reflexión acompañada de oración” (El Camino a Cristo, p. 91). Cuando tratamos la doctrina de la Justificación por la Fe debemos acercarnos con reverencia, pues lo que parece ser tan fácil de entender ha extraviado a muchos eruditos en el transcurso de la  historia cristiana. Pero la verdad de Dios está reservada para los “sencillos” (Sal. 19:7).
17- Elena de White, Review and Herald, extra, 23-12-1890. 
 
Sección  I: “Hablemos de Justificación por Fe...” 
1- Para un estudio serio y bien equilibrado sobre la historia del Congreso y el mensaje de 1888 recomendamos la lectura del libro de Arnold Wallenkampf Lo que todo adventista debería saber sobre 1888, Casa Publicadora Interamericana. Hay dos libros más que pueden conseguirse en copias solicitándolo a la dirección que aparece en la página 19. Estos son: Robert Wieland, Introducción al Mensaje de 1888, publicado originalmente por la Pacific Press. Y del mismo autor: Alumbrados por su Gloria, Pacific Press. Y en la Internet puede conseguirlos en la siguiente dirección: www.libros1888.com
2- Neal C. Wilson, Revista Adventista, p. 3, (1988). Las cursivas son nuestras.
3- --------, Ibíd., p. 5. Las cursivas son nuestras.
4- --------, Ibíd., p. 3.
5- Bert Haloviak, Ibíd., p. 6.
6- --------, Ibíd. Es bueno tomar en cuenta que la idea peculiar que tenían los pioneros sobre la justificación no abarca a  Elena de White y a su esposo Jaime, pues 7 meses después del Congreso de Minneapolis, el 19 de junio de 1889, ella comentó en un sermón presentado en Roma, Nueva York: “Se me ha preguntado: ¿Qué piensa de la luz que estos hombres (Waggoner y Jones) están presentando? Pues, que la he estado presentado durante los últimos 45 años - los encantos incomparables de Cristo. Esto es lo que he tratado de presentar delante de vuestras mentes. Cuando el hermano Waggoner presentó estas ideas en Minneapolis, fue la primera vez que escuché de labios humanos una enseñanza clara acerca del tema, exceptuando las conversaciones entre mi esposo y yo... y cuando otro la presentó, cada fibra de mi corazón decía, Amén” (The Ellen G. White 1888 Material’s, p. 349).
7- -------, Ibíd., p. 7. Hay un detalle que debe observarse brevemente. Muchos escritores no logran asimilar el entendimiento de la doctrina de la Justificación por la Fe que presentaron Waggoner y Jones. Cuando son confrontados con sus declaraciones al respecto se turban. No logran entender que era lo que querían dejar dicho cuando expresan que ser justificado es “ser hecho justo”. Y no meramente ser “declarado justo”. La razón de esta problemática es que la mente de muchos escritores está saturada por un entendimiento incompleto del Evangelio que se conoce como “Evangelio Reformado”. Bajo esta forma de ver la cosas entienden la Justificación por la Fe como siendo solamente una declaración legal de absolución. Sólo perdón, y nada más. Todo intento de relacionar la Justificación por la Fe con alguna experiencia subjetiva es visto y denunciado como “legalismo” o “romanismo”.  Estas personas ignoran que el mismo Cristo enseñó que sin la experiencia del nuevo nacimiento (una experiencia totalmente subjetiva) no puede existir Justificación por la Fe efectiva (Juan 3:1-5). 
 
Sección  II: “Notas Discordantes” 
1- Elena de White, Mensajes Selectos, tomo III, p. 211 (1889). Algunas declaraciones entusiastas por parte de Elena de White sobre el mensaje de Justificación por la Fe son las siguientes: “El Pr. Waggoner tuvo el privilegio... de presentar sus puntos de vistas sobre la Justificación por la Fe y la justicia de Cristo en relación con la Ley. No se trataba de nueva luz, sino de antigua luz situada en su justo lugar, en el mensaje del tercer ángel” (The Ellen G. White 1888 Material’s, p. 211). “El Dr. Waggoner ha abierto ante vosotros una luz preciosa; no una luz nueva, sino una antigua luz que muchas mentes habían perdido de vista, y que brilla ahora en nítidos rayos” (Ibíd., p. 175). “[El Señor] ha dado a estos hombres [Jones y Waggoner] una obra que hacer, y un mensaje que llevar, que es verdad actual para hoy... el mensaje mismo que es verdad presente para el pueblo de Dios en este tiempo” (Ibíd., p. 274).
2- Olsen, Ministerio Adventista, p. 8 (1988).
3- Ibíd.
4- Elena de White, Eventos de los Ultimos Días, p.  204 (1895).
5- -------, Testimonios para los Ministros, p. 93.
6- Arnold Valentin Wallencampf, Lo que Todo Adventista Debería Saber Sobre 1888, p. 28 (1988).
7- Al hacer un comentario sobre Rom. 5:18 Waggoner sostuvo lo siguiente: “‘por una justicia vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida’. No hay aquí ninguna excepción. Así como la condenación vino a todos los hombres, también la justificación. Cristo gustó la muerte por todos. Se dio a sí mismo por todos, se dio a cada uno. El don gratuito vino sobre todos. El hecho de que sea un don gratuito es evidencia de que no hay excepción alguna. De haber venido solamente sobre los poseedores de alguna calificación especial, no habría sido un don gratuito.
Por lo tanto, es un hecho claramente establecido en la Biblia que el don de la justicia y de la vida en Cristo ha venido sobre todo hombre en el mundo. No hay la más mínima razón por la que todo hombre que jamás haya vivido tenga que dejar de ser salvo para vida eterna, excepto porque no lo reciba. ¡Cuántos desprecian el don que se ofrece tan generosamente!...
La muerte pasó a todos los hombres, puesto que todos han pecado, y el don de la justicia vino sobre todos los hombres en la vida de Cristo" (Carta a los Romanos, pp. 56, 57).
“Dios ha traído la salvación a todos los hombres, y la ha dado a cada uno de ellos; pero desgraciadamente, la mayoría la desprecia y desecha. El juicio revelará el hecho de que a cada ser humano se le dio la plena salvación, y también que todo perdido lo fue por rechazar deliberadamente el derecho de primogenitura que se le dio como posesión” (Las Buenas Nuevas. Gálatas versículo a versículo, p. 27).
“Alguno dirá irreflexivamente: ´Eso me tranquiliza: por lo que respecta a la ley, puedo hacer lo que quiera, puesto que todos fuimos redimidos’. Es cierto que todos fueron redimidos, pero no todos han aceptado la redención. Muchos dicen de Cristo: ‘no queremos que este hombre reine sobre nosotros’, y alejan de ellos la bendición de Dios. Pero la redención es para todos. Todos han sido comprados con la preciosa sangre (la vida) de Cristo, y todos pueden, si así lo quieren, ser librados del pecado y de la muerte” (Ibíd., p. 51).
A. T. Jones también en conformidad con esto dijo lo siguiente: “Todos los que estaban en el mundo estaban incluidos en Adán; y todos los que están en el mundo están incluidos en Cristo. Dicho de otro modo: Adán, con su pecado, afectó a todo el mundo; Jesucristo, el segundo Adán, afecta en su justicia a toda la humanidad...
Encontramos aquí a otro Adán. ¿Afecta a tantos como afectó el primer Adán? Esa es la cuestión... Ciertamente lo que hizo el segundo Adán afecta a todos los que resultaron afectados por lo que hizo el primero...
El asunto es: ¿Afecta la justicia del segundo Adán a tantos como afectó el pecado del primer Adán? Examinadlo detenidamente. Totalmente al margen de nuestro consentimiento, sin nada que ver con él, estuvimos incorporados al primer Adán; estábamos allí...
Jesucristo, el segundo hombre, tomó nuestra naturaleza pecaminosa. Nos tocó ‘en todo’. Se hizo nosotros y murió la muerte. Así, en Él y en ello, todo hombre que haya poblado la tierra y que estuviera implicado en el primer Adán, está igualmente implicado en esto, y volverá a vivir. Habrá una resurrección de los muertos, tanto de justos como de injustos. Toda alma se levantará - por virtud del segundo Adán - de la muerte que el primero trajo... (N.T. ver 1 Cor. 15:22; Hech. 24:15; Juan 5:28, 29; El Conflicto de los Siglos, p. 599).
Siendo Cristo quien nos ha liberado del pecado y la muerte que vinieron sobre nosotros por el primer Adán, esa liberación es para todo hombre, y cada uno puede poseerla si así lo elige.
El Señor no obligará a nadie a aceptarla... Nadie sufrirá la segunda muerte sin haber escogido el pecado en lugar de la justicia, la muerte en lugar de la vida" (Jones, General Conference Bulletin 1895, 268, 269).
8- Prescott, The Divine-Human Family, 1895, General Conference Bulletin, 8,9.
9- El último pasaje que citamos es Efe. 1:6. Es bueno observar que los mensajeros le dieron a este pasaje una interpretación interesante y refrescante. Lo vieron como un anuncio de que en su bondad, Dios  acepta al pecador “en el Amado” (que es lo mismo que “en Cristo”), a pesar de ser lo que es. Y hace al pecador por su divina gracia un “prisionero de esperanza”, un candidato para el Cielo (Juan 12:32).
Alonso T. Jones dijo al respecto: “[El Señor] dio todas las bendiciones que posee a cada alma que puebla el mundo; escogió a cada una de ellas; la escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, la predestinó a la adopción de hijo, y la hizo acepta en el Amado” (Sermón No. 17, General Conference Bulletin, 1893).
“El mensaje para nosotros - dice Waggoner - es que nuestra ‘milicia ha terminado’, ‘nuestro pecado está perdonado’... Él proclama a los cautivos libertad! A los que están sujetos les proclama que las puertas de la prisión están abiertas (Isa. 61:1)” (Buenas Nuevas en Gálatas, p. 16).
La misma Elena de White le dio una interpretación peculiar a este pasaje de Efesios. Al comentar las palabras que el Padre dirigió a Cristo en ocasión de su bautizo, ella dijo: “Las palabras dichas a Jesús a orilla del Jordán: ‘Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento’ abarcan a toda la humanidad. Dios habló a  Jesús como a nuestro representante. No obstante a todos nuestros pecados y debilidades, no somos desechados como inútiles. Él ‘nos hizo aceptos en el Amado’ (Efe. 1:6)... Dios acepta a la humanidad en la persona de su Hijo” (El Deseado de Todas las Gentes, p. 87, 86). Ya en la p. 88 ella hace una aplicación subjetiva del pasaje al creyente que se ha unido con Cristo por la fe: “La voz que habló a Jesús dice a toda alma creyente: ´este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento’ ”.
10- Neal C. Wilson, Ibíd., p. 3.
11- Véase a Jack Sequeira, ¿Cómo Podemos tener un entendimiento correcto sobre la Justificación por la Fe? Este material puede solicitarlo a la siguiente dirección que aparece en la p. 19.
12- Bert Haloviack, Ibíd., p. 8 (1988). 
 
Sección  III: “¿Qué Motivó las Disputas en Minneapolis?” 
1- Existe un punto adicional que pudimos comprobar después de escribir este documento como una de las razones de los debates en Minneapolis. El asunto de la naturaleza humana de Cristo. Un año antes de realizarse el Congreso de Minneapolis, en 1887, Waggoner y Butler discutían la expresión “nacido bajo la Ley” de Gál. 4:4 (Véase esta carta en el Apéndice III). Ya había suficientes razones para que existieran divisiones en el Congreso. Una vez más el monstruo del orgullo levantaría su fea cabeza! Todavía en el presente muchos eruditos son confrontados con este “precioso mensaje”, y porque no encaja en sus cabezas, lo están cuestionando y rechazando. Están repitiendo la triste historia de Minneapolis!
2- Carta de Urías Smith a Elena de White, 17-2-1890. Citada en Ministerio Adventista, p. 8 (1988). ¡Buena manera de expresar oposición al mensaje! Con más cortesía que esta no puede objetarse la verdad.
3- Urías Smith, Gospel Sickle, 15-9-1888. El énfasis es nuestro.
4- Citado en Atilio René Dupertuis, El Carpintero Divino, la Persona y la Obra de Cristo, pp. 98,99 (1991).
5- Urías Smith, Review and Herald, 11-6-1889.
6- Olsen, Ministerio Adventista, p. 8 (1988).
7- Bert Haloviack, Revista Adventista, p. 6 (1988).
8- Ver referencia No. 35. Véase también la revista Nuestro Firme Fundamento, tomo VII, No. 5, especialmente las pp. 16-19, 23. Allí se hace un análisis del libro del Pr. Jack Sequeira Beyond Belief. El análisis de algunas de las ideas presentadas en este libro permite ver las ideas de la “Visión Tradicional” sobre el Evangelio. 
 
Sección  IV: “La Justicia de Dios” 
1- Ellet J. Waggoner, Cristo y su Justicia, p. 45.
2- --------, Ibíd., pp. 44,45.
3- --------, Ibíd.,  p. 48. El énfasis está en el original.
4- --------, Ibíd., pp. 48,49.
5- --------, Ibíd., pp. 49,50. El énfasis no está en el original.
6- --------, Ibíd., pp. 53,54. El énfasis no está en el original.
7- Este pasaje es interesante, pues en el encontramos la gran verdad de que “justificación y perdón son una misma cosa”. El Publicano, al reconocer su pecaminosidad clamó por el perdón divino (Luc. 18:13) y fue perdonado. “Este - dijo Cristo - llegó a su casa justificado” (v. 14). Quizás, el Publicano no supo que cuando fue perdonado fue Justificado por la Fe, pero lo estaba. Hay dos verdades fundamentales de la Justificación por la Fe en este pasaje: 1- El perdón es parte integral de la justificación, y 2- Ser justificado por la Fe, no sólo es ser declarado perdonado, es ser transformado por la gracia divina, es toda una experiencia; es ser abatido en el polvo y dejar allí la gloria y orgullo humanos para recibir la justicia de Cristo. Es en verdad, experimentar el nuevo nacimiento y ser hecho en conformidad con la Ley de Dios (Juan 3:1-5).
8- -------, Ibíd., p. 57, el énfasis es nuestro.
9- --------, Ibíd., p. 62, el énfasis es nuestro.
10- --------, Carta a los Romanos, cap. 5:2, el énfasis es nuestro. Este aspecto del perdón y por ende de la justificación, es el que fallan en ver algunos escritores cristianos. El mismo Haloviack, si lo hubiera visto no hubiera dicho que Waggoner y Jones tenían “limitaciones” en la presentación de sus mensajes. Los que tienen serias “limitaciones” son los que no logran comprender la relación del perdón de los pecados en el individuo y la transformación que genera en él.
11- --------, Ibíd., cap. 6:2. El énfasis es nuestro.
12- --------, Ibíd., caps. 5:1; 7:1,2, el énfasis es nuestro. Esta visión es compartida por algunos escritores adventistas actualmente. Véase Lecciones de la escuela Sabática, Hitos del Fin del Tiempo, julio, agosto, septiembre, 1996, p. 20. Cristo el Único Camino, abril, mayo, junio, 1990, pp. 44-50. Erwin Gane, Sendas de Liberación,  pp. 38-40, 1990
13- Elena de White, El Discurso Maestro de Jesucristo, p. 97, el énfasis está en el original.
14- -------, Review and Herald, 18-8-1890, el énfasis es nuestro.
15- -------, El Deseado de Todas las Gentes, p. 509, las cursivas son nuestras.
16- Juan Carlos Viera, Listos para el Encuentro con Cristo, pp. 22,23.
17- Jack Sequeira, La Dinámica del Evangelio Eterno,  p. 52, las cursivas son nuestras.
18 -------, Ibíd., p. 53, las cursivas son nuestras. 
 
Sección  V: “¿Declarado Justo Solamnete?” 
1- Atilio René Dupertuis, De Egipto a Canaán, pp. 126,127 (1995), el énfasis esta en el original. Si se entiende el fuerte énfasis de los mensajeros de 1888 sobre la Justificación por la Fe como un poder que “hace justo” al individuo que cree las Buenas Nuevas del Evangelio, veremos que es más correcto decir que la Justificación por la Fe es una experiencia y no un mero acto.
2- -------, El Carpintero Divino, la Persona y la Obra de Cristo, p. 148 (1991).
3- -------, Ibíd.
4- Elena de White, Mensajes Selectos, tomo I, p. 461.
5- -------, Ibíd., el énfasis es nuestro. Esta cita es una declaración asombrosa que necesita ser considerada detenidamente. Es increíble, pero en la misma cita que se usa para reforzar una idea, aparece algo diametralmente opuesto a lo que se pretende probar. La cita es clara: “Dios nos declara justos y nos trata como a tales”. Pero note que esto sucede como consecuencia de que Dios nos ha hecho justos “por medio de la justicia imputada de Cristo”. Con razón Elena de White apoyó en forma entusiasta el mensaje de Waggoner y Jones cuando lo escuchó. Y es precisamente este aspecto del mensaje de 1888 que no ha sido fácil de comprender por muchos teólogos modernos. Bien observó el Pr. Wilson: [la Justificación por la Fe es] una posición correcta y una vida justa... [es] una experiencia del corazón” (Revista Adventista, p. 5, 1988).
 
Sección  VI: “Las Buenas Nuevas del Evangelio” 
1- Jack Sequeira, Ibíd., p. 14.
2-  --------, Ibíd., el énfasis es nuestro.
3- -------, Ibíd., Por esta razón, no puede un cristiano que pretende que su experiencia cristiana sea genuina vivir una vida “subnormal”. Debe haber relación entre lo que se cree y lo que se practica. No puede haber justificación separada de santificación, ni santificación separada de glorificación. Si la Justificación por la Fe opera en el individuo transformándolo en una nueva criatura, la Santificación por la Fe será una tangible realidad en su vida también, desencadenando esta a su vez en la experiencia de la glorificación en ocasión de la segunda venida de Cristo. La verdadera santificación no es más que la siempre creciente experiencia de la Justificación por la Fe. Si en la justificación el orgullo humano fue abatido en el polvo, la santificación logrará que esta experiencia se repita a diario. Esta persona, entonces, es un candidato para el cielo. Esto es vencer como Cristo venció (Apoc. 3:21).
4- Neal C. Wilson , Revista Adventista, p. 3, (1988).
   
 

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