Hablemos de Justificación por la Fe

 

(1era. Parte)

  Por: Héctor A. Delgado
   
 
Introducción*
 
No hay que hacer un análisis exhaustivo de algunas obras de los escritores denominacionales para darse cuenta que existen marcadas diferencias en la manera en que entienden la doctrina de la Justificación por la Fe. De hecho, hay quienes han escrito dando a conocer por lo menos tres conceptos de Justificación por la Fe dentro de la denominación.1
Evidentemente hay serias dificultades relacionadas con el entendimiento de esta importante doctrina bíblica. Es que existen diferentes corrientes de pensamientos que luchan por el dominio de la mente del pueblo de Dios.
Y es natural que esto suceda, pues Satanás está trabajando arduamente para crear confusión dentro de la iglesia remanente con el sólo objetivo de retrasar aun más la obra de Dios. Algo que considerablemente ha sucedido, pues nos hemos enfrascado más en complicadas discusiones teológicas sobre la Justificación por la Fe, que en el aspecto práctico de esta doctrina, el cual no se ha dejado sentir en la vida de los creyentes de la verdad presente. Lo peor de todo, es que a veces, cuando se clama por “reconciliación” se propone sobre una base espuria y un entendimiento equivocado de la Justificación por la Fe. Se ignora que el error nunca es inofensivo ni santifica, y que sólo la verdad es lo que único que es digno de sostener.
Si Satanás lograra su objetivo totalmente, su triunfo estaría asegurando al impedir que toda la tierra sea iluminada con la gloria de Dios (ver Apoc. 18:1). A finales de la década de los ochenta y principios del noventa, él “tuvo éxito” en impedir que el pueblo recibiera los poderosos rayos del “más precioso mensaje” de todos los tiempos, por medio de los canales elegidos por Dios para impartirla: Ellet J. Waggoner y Alonso T. Jones.2 También la influencia de Elena White fue resistida grandemente.3 Pero en realidad a quien se “resistió” y “maltrató” con esta persistente oposición y resistencia a la luz fue al Espíritu de Dios.4
Pero aunque Satanás trabaja por ocultar la verdad de la Justificación por la Fe, no lo logrará totalmente, pues en este tiempo, aunque son pocos los que parecen tener una preocupación genuina por este tema, cada vez, son más los que se suman a las filas para proclamarla. Aunque parece “que la iglesia está por caer” 5 Dios conserva siervos fieles dentro de ella que no doblan la rodilla ante Baal o el mundo. Sí, las buenas nuevas son que la Iglesia “no caerá”. “Ella permanece de pie, mientras los pecadores que hay en Sión son tamizados, mientras la paja es separada del trigo precioso. Es una prueba terrible pero tiene que ocurrir”.6
En otro lugar se nos asegura: “Revestida con la armadura de la justicia de Cristo, la iglesia entrará en su conflicto final. ‘Hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden’ (Cant. 6:10), ha de salir a todo el mundo, vencedora y para vencer”.7
Este material está elaborado con el objetivo de evaluar en forma detallada algunos conceptos sobre la doctrina de la Justificación por la Fe que están siendo proclamados actualmente por algunos escritores. Con esto pensamos decir “a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis,... ¡Tu Dios [aun] reina!” (Isa. 35:4; 52:7).
No es cosa liviana mantenernos al margen de estas diferencias tan marcadas, pues la doctrina de “la Justificación por la Fe y la justicia de Cristo” constituyen “las melodías más dulces que provienen de Dios”.8 Elena de White dijo también que la Justificación por la Fe “es el mensaje del tercer ángel en verdad” 9, es el “mensaje del Evangelio para estos últimos días”.10
Como se puede ver, es importante que investiguemos esta importante enseñanza si en verdad nos sentimos llamados por Dios para ocupar un lugar especial en la obra en este solemne tiempo. Es un gran privilegio el que Dios nos ha concedido al permitirnos participar en la proclamación del “último mensaje” a este mundo, pues en verdad, “no se darán ya más mensajes de misericordia”.11 Y si no comprendemos esta enseñanza en su marco debido, ¿cómo podremos predicarla al mundo en esta hora crítica? Podemos estar predicando sin saberlo al mundo el entendimiento de Justificación por Fe que tienen las iglesias evangélicas, en lugar de estar enseñando el mensaje que el Espíritu de Profecía esbozó en el Congreso de Minneapolis y que nos llegó en los labios de Waggoner y Jones. Hay que admitir que todavía hay una gran cantidad de líderes y miembros de la iglesia que no entienden totalmente todas las implicaciones que conlleva rechazar o aceptar este “precioso mensaje”, razón por la cual se tornan indiferentes al mismo. Pero tarde o temprano la verdad nos confrontará y habrá que elegir a favor o en contra. No para siempre durará el estado patético de neutralidad que hoy nos caracteriza como pueblo. Un arrepentimiento genuino ocupará el lugar de este estado de irreflexiva indiferencia.
Este estudio no será completo si no analizamos el “precioso mensaje” de Justificación por la Fe y su relevancia para nosotros hoy.
Este mensaje cristocéntrico  estaba destinado a “presentar en forma más prominente al mundo al Salvador levantado”, y a presentar “la Justificación por la Fe en el Garante (Cristo)”. Si este mensaje se recibe plenamente en el corazón traerá “la justicia de Cristo”, la cual se manifiesta en la “obediencia de todos los Mandamientos”.12
El mensaje de Justificación por Fe de 1888 constituye “el mensaje del tercer ángel en verdad”, y es el “precioso mensaje” que “ha de ser proclamado en alta voz (fuerte pregón), y acompañado por el derramamiento” del Espíritu Santo “en gran medida”.13
El mismo Waggoner escribió en 1891: “En este mundo hay solamente una cosa que el hombre necesita, y esto es la justificación, - y justificación es una experiencia, no una teoría. Es el Evangelio”. “Todas las cosas dignas de ser predicadas” deben “guiar hacia la Justificación por la Fe”.14
Esta es la idea y el entendimiento que tristemente no hemos sabido conseguir y retener. Por esta razón muchas de nuestras presentaciones de los puntos distintivos de nuestra fe parecen distorsionadas o pinceladas con cierto toque de legalismo.
No sólo debemos interesarnos en el Mensaje de 1888, sino que en caso de hacerlo no debemos cometer el error de conformarnos con lo que otros dicen o creen acerca de él. Nuestra mente no debe ser un reflejo de otra mente, sino un reflejo de Cristo y su verdad.
Muchas son las páginas que se han escrito tratando de establecer la historia y el contenido del mensaje de 1888, y en lugar de esclarecer este asunto, lo que han hecho es confundir más a los lectores sinceros que andan en busca de la verdad sobre este particular.15 Dios nos libre de sumarnos a esta fila!. Un error de esta naturaleza es lo menos que necesitamos en este tiempo.
Muchos escritores, como veremos más adelante usan la Biblia y el Espíritu de Profecía para apoyar sus ideas haciendo uso selectivo de aquellos pasajes que parecen apoyar su entendimiento particular sobre la Justificación por la Fe. Es sumamente delicado hacer uso selectivo de algunas citas de la Biblia o del don profético sin tomar en cuenta el contexto y las condiciones bajo las cuales se escribieron.16
En cuanto al trascendente tema de la Justificación por la Fe sucede lo mismo. Esta es una razón adicional por la cual nos motivamos a escribir este material.
Tampoco podemos negar el hecho de que detrás de algunas declaraciones de muchos escritores cristianos existen personas sinceras y honestas. Sin embargo, la sinceridad y la honestidad de alguien o de un grupo de teólogos no pueden convertir el error en verdad.
Es nuestra oración y deseo que este material pueda motivar a todo sincero buscador de la verdad a hacer una investigación más profunda sobre el tema de la justicia de Cristo tal y como nos fue enviado en 1888. También anhelamos que el descubrimiento de este “precioso mensaje” pueda ganar sus corazones (como lo hizo con nosotros) y llevarnos a entender que el tema de la Justificación por la Fe es un tema que debe “absorber toda otra verdad”.17
 
 
*Nota: Este material fue escrito en diciembre del año 1997 y creemos que será de utilidad para los miembros de la iglesia que desean tener una idea más acabada del “preciosísimo mensaje” de 1888. Este análisis constituye nuestra lucha con el tema, pero no lo proponemos como concluyente. El mensaje de Justificación por Fe de 1888 constituye un mundo de sorpresas y buenas nuevas inagotables.  
 
Hablemos de Justificación por Fe
 
En el año de 1988 se celebró el centenario del Congreso de la Asociación General en Minneapolis. Este Congreso estuvo cargado de fuertes debates sobre la Ley en Gálatas, la identificación de los Hunos como uno de los diez cuernos de Daniel 7 y la Justificación por la Fe.1
Para recordar este acontecimiento se publicó un número especial de la Revista Adventista dedicado al tema de Cristo y su Justicia para una semana de oración. El primer tema estuvo titulado “El Corazón del Mensaje de 1888” y fue escrito por el entonces presidente de la Asociación General el Pr. Neal C. Willson. Al comentar el  mensaje enviado por Dios a esta iglesia en aquel tiempo hizo una declaración reveladora:
 
“Este mensaje debiera clarificar que la Justificación por la Fe es más que una declaración legal. No declara meramente que el pecador es justo, hace que la persona sea justa, capacitándolo para obedecer la Ley de Dios. Esto abarca la idea de que el sacrificio de Cristo en la cruz es más que provisorio. En realidad cancela la condenación que cayó sobre la familia humana por causa de la caída de Adán, y provee justificación legal para el mundo entero. De ese modo, cada pecador está eternamente en deuda con Cristo sea que lo reconozca y lo admita o no”. 2
 
         Esta cita, contiene en pocas palabras la esencia del mensaje de 1888. Y contiene preciosas verdades que al ser conocidas y estudiadas abren la puerta para un entendimiento correcto del “precioso mensaje” que fue dado en Minneapolis. Leamos aun otras declaraciones del mismo autor:
 
“Esta Justificación de la que hablamos no es meramente una condición, un status. Es una posición correcta y una vida justa. Jesús no nos viste simplemente con su manto puro; además, por medio del Espíritu Santo viene a nuestros corazones y establece  residencia en nuestros corazones. La nueva criatura que llegamos a ser es un cristiano...
 
“Cuando el pecador ve y cree esta verdad, experimenta la Justificación por la Fe. Esto incluye una experiencia del corazón (el nuevo nacimiento); no es meramente una anotación objetiva en los libros del Cielo”.3
 
El Pr. Wilson sabía que este entendimiento peculiar de la Justificación por la Fe que nos ofrece el mensaje de 1888 no había sido recibido en su plenitud por la iglesia. Es por esto que nos dice: “Recordemos que si hubiéramos aceptado plenamente el mensaje de 1888 y si hubiéramos sido fieles a las demandas de Cristo sobre nuestras vidas, todos deberíamos haber estado en nuestro hogar celestial hace mucho tiempo”.4
Como veremos más adelante, esta idea de Justificación por la Fe expresada por Wilson no es la misma que aparece en algunas obras de autores adventistas actualmente.
En este mismo número de la Revista Adventista que estamos considerando aparece otro artículo titulado Un Momento Oportuno, que fue escrito por Bert Haloviak quien era en ese año director asistente de la Oficina de Archivos y Estadísticas de la Asociación General de la Iglesia en Washington D. C.
En este artículo aparecen algunas declaraciones interesantes que consideraremos de inmediato.
Bert analiza en su artículo el entendimiento que tenían los Pioneros sobre la doctrina de la Justificación por la Fe. Comentando las ideas del papá de Ellet J. Waggoner (J. H. Waggoner) Bert declaró que la “posición presentada por Waggoner (padre) en 1882 defendía el punto de vista de los pioneros”.5
El concepto que el padre de E. J. Waggoner tenía era que la justificación “sólo se aplicaba al perdón inicial. Para ellos (J. H. Waggoner y otros pioneros) la justificación no bastaba para alcanzar la salvación... la salvación final del creyente, después de la justificación, descansaba sobre su propia actuación. No obstante, los pioneros sostenían que el poder para obedecer en forma aceptable aun provenía de Cristo”.6
Haloviak señala además que en el Congreso de 1888, E. J. Waggoner y A. T. Jones “presentaron ideas que iban más allá de la teología de los pioneros”. Sin embargo, curiosamente declara que “si bien es cierto que estos hombres corrigieron la perspectiva antigua y dieron a la iglesia un nuevo rumbo, su propia perspectiva también tenía limitaciones. Ellos aparentemente carecían de una comprensión nítida de la naturaleza objetiva y forense de la justificación. El concepto de que Dios imputa la justicia de Cristo al creyente y la anota en la cuenta que el pecador tiene en el Cielo cuando éste acepta a Cristo como Salvador y Señor no estaba claramente definida”.7
 
Notas Discordantes
Con estas declaraciones de Haloviak se introduce lo que nosotros consideramos notas discordantes relacionadas al análisis y la compresión que muchos escritores adventistas tienen sobre el mensaje de 1888.
 
En primer lugar, en ninguna de las declaraciones de Elena White aparecen observaciones que señalen fallas en la comprensión que tenían Waggoner y Jones. Ella pudo expresar que el mensaje presentado por estos dos “siervos de Dios” era “el mensaje para este tiempo” y lo reconoció no como “una nueva verdad, sino la misma que Pablo enseñó, que Cristo mismo enseñó”.1
De hecho, el apoyo de Elena de White a las exposiciones de Waggoner y Jones sobre el tema fue tan abarcante que la “oposición” dirigida en Minneapolis contra los mensajeros por parte de Butler, Smith y “su gente”, fue dirigida “también contra Elena de White”.2
“En realidad la gente de Butler y Smith tenían serias sospechas acerca de Elena de White aun antes de que comenzara el Congreso [de Minneapolis] por causa de la amistad conocida entre W. C. White y Waggoner y Jones... Estas sospechas se confirmaron en sus mentes cuando [Elena] apoyó decididamente a Waggoner en sus mensajes acerca de la Justificación por la Fe”.3
Elena de White identificó este mensaje en forma entusiasta como un “preciosísimo mensaje” que el Señor “en su gran misericordia” envió “a su pueblo”.4
Esta misma cita sostiene que “este [mensaje] tenía que presentar en forma más destacada al mundo al sublime Salvador, el sacrificio por los pecados del mundo entero... Este es el mensaje que Dios ordenó que fuera dado al mundo. Es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz [fuerte pregón] y acompañado por el abundante derramamiento del Espíritu”. ¿Cómo puede ser esto cierto si este mensaje no tenía conceptos claramente definidos?
Una cita más del Espíritu de Profecía revelará que el mensaje de 1888 era un mensaje bien compacto y nítido: “El Señor entregó a sus siervos un testimonio que presentaba en contornos claros y distintos la verdad como es en Jesús, que es el mensaje del tercer ángel”.5
Tan protegido de imperfecciones y pérdida de poder estaba este mensaje que se ha reconocido “que ni aun una concebible apostasía futura” por parte de Waggoner y Jones “invalidaría el mensaje de la Justificación por la Fe que Dios le había dado”.6
En segundo lugar, no es correcto decir que Waggoner y Jones carecían de “una comprensión nítida de la naturaleza objetiva y forense de la justificación” porque son precisamente Waggoner y Jones los que enseñaron la idea de una justificación legal y forense de toda la raza humana, gracias a la obra redentora de Cristo en la cruz.7
Este concepto también fue sostenido y enseñado por W. W. Prescott, uno de los teólogos pioneros de la Iglesia Adventistas en la Conferencia General del año 1895. Uno de los seis discursos presentado en esta ocasión fue sobre esta preciosa verdad.8
Esta enseñanza fue reconocida por el Pr. Neal C. Wilson cuando dijo en la cita ya mencionada más arriba que el mensaje de 1888 presenta el sacrificio de Cristo en la cruz como más que una mera provisión, en realidad, provee “justificación legal para el mundo entero”. Aun en el presente, esta visión peculiar del mensaje de 1888 tiene sus fieles representantes.
Y este, al igual que otros, es uno de los aspectos del mensaje de 1888 que ha sido más rechazado y hasta mal interpretado por escritores y teólogos denominacionales.
Es bueno observar que aquello que Haloviack llama “naturaleza objetiva y forense de la justificación”, no viene al hombre cuando este “acepta a Cristo como Salvador”, sino que es la obra de Dios lograda “en Cristo” a favor de cada hombre en la cruz del Calvario. Numerosos pasajes de las Escrituras presentan esta gloriosa verdad (Rom. 5:9-10,15,18; Tit. 2:11;  1 Juan 2:2; 2 Cor. 5:18,19; Efe. 1:3,6).9 Ver Apéndice I y II.
Ahora bien, la Justificación por la Fe que toma lugar cuando el individuo cree y acepta el Evangelio de Cristo, no es meramente una declaración legal de absolución que se “anota en la cuenta que tiene el pecador en el Cielo” como propone Haloviack y otros; es más bien como dice Wilson, una “posición correcta y una vida justa”. La Justificación por la Fe “incluye una experiencia del corazón; no es meramente una anotación objetiva en los libros del cielo”10.
Más adelante veremos de forma más detallada el concepto de Justificación por la Fe que sostiene el mensaje de 1888, y que hemos señalado brevemente por medio de las reflexiones del Pr. Wilson.
A estas alturas podemos ver que la posición de Haloviack y la de Wilson difieren marcadamente. ¡Y en la misma revista! Evidentemente, Haloviack presentó un entendimiento incompleto de lo que constituye la “experiencia” de la Justificación por la Fe. Su visión más bien, parece corresponder con una corriente de pensamiento dentro de la iglesia que se conoce como “Evangelio Reformado”.11
Es evidente que existen muchas incoherencias entre algunos escritores denominacionales, pues mientras Haloviack puede decir que el mensaje que Waggoner y Jones presentaron tenía algunas “limitaciones” porque “carecían de una compresión nítida”, otros pueden decir que lo único que el Espíritu de Profecía sanciona de su mensaje es su entendimiento sobre la Justificación por la Fe. Así se libran de la responsabilidad de tener que aceptar sus puntos de vistas peculiares sobre cristología y otros temas.
Si el mensaje de 1888 sobre Justificación por Fe y otros temas es correcto, “la multiplicidad de aberraciones teológicas que la iglesia soportó en la década siguiente”12 es una evidencia tangible de que el rechazo del “más precioso mensaje” y su apatía hacia él por años, no resultó para bien. Lo peor de todo es que esos problemas se prolongaron, y la década de los cincuenta sería testigo de nuevas confrontaciones teológicas dentro de las filas del pueblo remanente. Lo mismo se puede decir de nuestra época, pues ha habido un renovado interés en el estudio de la Justificación por la Fe como fue presentado en 1888. Y aunque ha habido un gran despertar, también hoy vemos aflorar las diferencias. Pero es evidente que el mensaje de la justicia de Cristo tal y como Dios nos lo enviara en 1888 está ganando terreno.
 
¿Qué motivó las diputas en Minneapolis?
Algunos creen que las diferencias que existían entre los “dos bandos” en lo referente a la identificación del reino de los Hunos o los Alemanes como uno de los reinos mencionados en Daniel cap. 7 fue la causa del rechazo del mensaje presentado por Waggoner y Jones. Estrechamente relacionado a este problema estaba la disputa de si la “ley” mencionada en Gálatas Cap. 3 era la Ley Ceremonial o la Ley Moral de los Diez Mandamientos. Se sumaba a esto también el tema sobre la Justificación por la Fe.1
Después de la presentación de una serie de discursos por parte de Waggoner sobre la Justificación por la Fe, el Pr. Butler expresó que los consideraba “sospechosos”, y dijo: “Todos podríamos estar de acuerdo con los seis discursos preliminares del Hno. Waggoner; y yo hubiera sido el primero en gozar de ellos, sino hubiera sabido todo el tiempo que él estaba preparando el camino para su posición acerca de Gálatas”.2
Esta carta revela que las diferencias que existían entre ellos eran motivadas en parte por la comprensión opuesta que tenían de la “ley” en Gálatas. Sin embargo, creemos que el factor más fuerte que generaba discordia entre ambos bandos era el entendimiento que se tenía sobre el tema de la Justificación por la Fe.
Como se pudo apreciar más arriba, los pioneros adventistas (incluyendo el padre de Waggoner) tenían un entendimiento peculiar sobre la justificación. La siguiente cita de Urías Smith nos permite tener una idea más clara:
 
“El Plan de la Salvación tiene el propósito de hacer que cada individuo de la familia humana sea él mismo responsable de su destino futuro... cada uno [habiendo sido libertado del ‘pecado de Adán’] depende luego de sus propios méritos”.3
 
Esto fue dicho por Urías Smith en el año 1888, precisamente 28 días después de haber sido convocado el Congreso en Minneapolis. Y en 1889 escribió en la Review and Herald que “el propósito de la obra de Cristo fue llamar  la atención a la Ley, para que podamos obedecerla así como Él la obedeció y en el día del juicio ‘poder aparecer en absoluta armonía con ella’ ”.4
Todo esto era el desarrollo de una forma sutil de legalismo. Y hay más, en un artículo titulado “nuestra justicia”, Smith comentó:  
“La perfecta obediencia a ella (la Ley) desarrollará la perfecta justicia y este es el único modo en que se puede alcanzar la justificación...
 
“Hay una justicia que necesitamos tener, para ver el reino de los cielos, que se llama ‘nuestra justicia’, y esta justicia proviene de estar en armonía con la Ley de Dios”.5
“Una  semana después de publicarse este editorial alguien le preguntó a la Sra. White ‘¿Qué significa este artículo del Hno. Smith en la Review?´ Ella respondió en público: ‘No sabe de lo que está hablando; ve árboles como si fueran hombres que caminan... Es imposible que exaltemos la Ley de Jehová a menos que nos aferremos a la justicia de Cristo’”.6
Es evidente que “los Pioneros limitaron todos los conceptos sustitutivos y legales de la justificación a los pecados pasados”, y entonces “se apoyaban primariamente sobre la santificación como la base de su esperanza respecto a la salvación final”.7
Esta era la razón por la que se hacía tanto énfasis en la necesidad de obedecer la Ley de Dios. Lo peor de todo es, que esta forma de pensamiento no ha desaparecido aun y  tiene sus representantes. Este entendimiento de la justificación se conoce con el nombre de “Visión Tradicional” o la posición tradicional.8
Lo cierto es que cuando evaluamos la posición de algunos Pioneros sobre la Justificación por la Fe descubrimos que ellos no entendían correctamente la diferencia entre el Evangelio y sus frutos; entre la justicia imputada de Cristo como nuestro “pasaporte” para el Cielo y la justicia impartida de Cristo como nuestra “idoneidad” para el mismo. El asunto no consistía en que no se predicara la necesidad de la obediencia a la Ley de Dios, de la victoria sobre el pecado y de la perfección de carácter. La necesidad era, que el pueblo necesitaba escuchar y aprender que es “Cristo y su justicia” y no “nuestra justicia” lo que constituye nuestra única esperanza de vida eterna.
 
La justicia de Dios
El mismo Waggoner creía que la Ley de los Diez Mandamientos es la “medida de la justicia de Dios. Desde que es la Ley de Dios, y es justicia, debe ser la justicia de Dios. No hay en verdad, ninguna otra justicia”.1
Waggoner también creía que “la justicia” es “obediencia a la Ley”. “Aquellos que conocen la justicia de Dios - dijo él - son aquellos en cuyos corazones está su Ley, y por lo tanto... la Ley de Dios es la justicia de Dios”.2 El analizaba textos tales como Isa. 51:6,7; 1 Juan 5:7  comparados con 1 Juan 3:4 y Sal. 119:172.
Es evidente, que este no era el punto de controversia. ¿Cuál era entonces? Era la manera de obtener esa justicia y si nuestra obediencia era meritoria o no como creían Butler y Smith.
Siendo que la Justificación por la Fe es la gran obra que debe realizarse a favor del hombre, es inminente que el ser humano necesita ser justificado.
Al comentar Rom. 2:13 que dice que “los hacedores de la Ley serán justificados” Waggoner comenta: “Justificar significa hacer recto o mostrar a uno recto”.3 Luego comentó: 
“Pero para uno ser juzgado un ‘hacedor de la Ley’ sería necesario que hubiese guardado la Ley en su medida total cada momento de su vida. Si no alcanza esto no se puede decir que ha hecho toda la Ley. El no puede ser considerado un hacedor de la Ley si la ha hecho solo en parte. Es un triste hecho, por lo tanto, de que no hay en la raza humana un hacedor de la Ley,... [la Ley] está forzada a declarar el triste hecho de que nadie de la raza de Adán [excepto Cristo] ha llenado sus requerimientos”.4
¿Por qué esto es así según el razonamiento de Waggoner? Él contesta: “Los requerimientos de cada precepto de la Ley son tan amplios, - toda la Ley es tan espiritual, - que [aun] un ángel no podría dar más que simple obediencia”.5
Entonces, - pregunta Waggoner - “¿Cómo puede ser obtenida la justicia que es necesaria para que uno pueda entrar en la ciudad de Dios?”. El cita la parábola del Fariseo y el Publicano de Luc. 9:18-24 y luego dice:
 
“Esto fue dado para mostrar cómo no debemos y cómo sí debemos, alcanzar la justicia”.6
 
¿Cómo obtuvo la justicia el Publicano? ¿Cuando obró por ella y demostró ser obediente a todos los Mandamientos de la Ley de Dios? No! El obtuvo “la justicia” cuando su orgullo quedó abatido en el polvo y clamó por la bondad y el perdón de Dios. Así obtuvo la justicia que necesitaba. Llegó a su casa justificado.7
Nótese ahora como el Dr. Waggoner expone el aspecto declarativo de la Justificación por la Fe:
 
“Cristo ha sido puesto por Dios como Aquel a través de Quien el perdón de los pecados es obtenido, y este perdón consiste simplemente en la declaración de su justicia (que es la justicia de Dios) para su remisión. Dios ‘que es rico en misericordia’ (Efe. 2:4), y que se deleita en perdonar, pone Su justicia sobre el pecador que cree en Jesús, como un Substituto por sus pecados”.8
 
         Nótese que Waggoner ve el perdón como la “declaración de la justicia de Dios en el creyente”. Un concepto revelador. Pero esto no es lo único que él tiene que decir sobre el perdón de Dios y la justicia de Cristo que es puesta “sobre el pecador”. Waggoner tenía un concepto amplio sobre el perdón de Dios, pues sostenía lo siguiente:
 
“El perdón de los pecados, completo y gratuito lleva consigo ese cambio maravilloso conocido como nuevo nacimiento... el corazón nuevo es un corazón que ama la justicia y odia el pecado. Es un corazón de disponibilidad a ser llevado por los caminos de la justicia”.9
 
En el año 1891 en el Congreso de la Asociación General, Waggoner presentó una serie de sermones. En uno de ellos expresó:
 
“El perdón de los pecados no es solamente una transacción comercial, un cancelación de cuentas pasadas (este era el concepto de algunos Pioneros, incluyendo su padre). Antes [el perdón] tiene una relación vital para con el hombre. No es una obra temporaria. Cristo da su justicia, quita el pecado y deja su justicia. Esto es lo que hace una transformación radical en el hombre”.10
 
El acto de “quitar” los pecados y “dejar” la justicia en el hombre fue lo que hizo que el publicano volviera a su casa “justificado”. El mismo Cristo enseñó que no puede haber Justificación por la Fe efectiva separada de la experiencia del nuevo nacimiento (véase Juan 3:1-5).
Puesto que el mensaje de Waggoner y Jones sostenía la idea de una justificación legal para toda la humanidad en la cruz, la Justificación por la Fe era vista no simplemente como un nuevo status, o una declaración legal de absolución, sino como “una experiencia” que hace efectivo en nuestra vida lo que Cristo logró para cada hombre en la cruz. “Cristo en vosotros” era visto como Pablo lo vio: “la esperanza de gloria” (Col. 1:27).
Del milagro del cambio de corazón en el hombre por el poder de Dios, Waggoner comentó lo siguiente:
 
“Un milagro de Dios de tornar un hombre injusto en justo, es tan grande como fue para Él la creación del mundo. Cuando un hombre llama a algo que no existe, como si existiera, está mintiendo; pero cuando Dios llama a algo que no existe, como si existiese, el simple hecho de su llamada crea tal cosa. Dios no solamente hace justo (en la experiencia de la Justificación por la Fe) a nuestros corazones, a pesar de no haber [en ellos] justicia alguna, sino que hace más que esto, Él hace nuestros corazones justos, a pesar de haber allí solamente injusticia”.11
 
Es bueno aclarar que la expresión “ser hecho justo” de los mensajeros de 1888 no es lo mismo que la herejía siempre presente del catolicismo, ni siquiera tiene el sentido que la “Visión Tradicional” dentro de la iglesia ha querido darle. Ser “hecho justo” en los escritos de Waggoner y Jones es el resultado de pasar por la experiencia del nuevo nacimiento en la Justificación por la Fe.
Así, el mensaje de 1888 responde la gran interrogante “¿cómo puede Dios justificar a un pecador y mantener el sentido verdadero de su ley que condena a muerte al pecador?”. Este problema ético encuentra solución en el contexto de este “precioso mensaje”, algo que el “Evangelio Reformado” ni la “Visión Tradicional” han podido hacer.
Waggoner comenta que la Justificación por la Fe “eleva la Ley. El único peligro que existe es el de no recibirla. Ella [la justificación] establece la Ley en el corazón. Justificación es la Ley encarnada en Cristo, puesta en el hombre, siendo de esta manera encarnada en el hombre...’Justificados, pues por la fe’, quiere decir habiendo sido hecho en conformidad con la Ley por la fe”.12
En las palabras de Waggoner, “ser hecho justo” es lo mismo que “ser hechos en conformidad con la Ley”.
De igual manera, Elena de White veía el perdón de Dios como algo más que una declaración del pecado y su culpabilidad. Ella sostuvo:
 
“El perdón de Dios no es solamente un acto judicial por el cual libra de la condenación. No es sólo el perdón por el pecado. Es también una redención del pecado. Es la efusión del amor redentor que transforma el corazón”.13
 
“Ser perdonado de la manera que Cristo perdona no es solo recibir la remisión sino ser renovado en el espíritu de nuestra mente”.14
 
Elena de White veía también la “justicia de Cristo” que nos es imputada no sólo como algo objetivo que se anota en los registros celestiales en la cuenta del pecador. Al igual que Waggoner y Jones coincidió en que es algo dinámico que afecta positivamente al individuo cuando éste la recibe.
 
“La justicia de Cristo... es un principio de vida que transforma el carácter y rige la conducta”.15
 
Juan Carlos Viera, al comentar la Justificación por la Fe, dice:
 
“Ser justificado por la fe, no significa ser excusados, sino ser hechos perfectos. Lo que Dios busca no es justificar nuestra malas acciones en el sentido de excusarlas, sino ‘hacernos justos’ para poder encontrarnos en Él... Dios no solamente quiere ‘declararnos’ justos, sino ‘hacernos’ justos por su poder”.16
 
Otro pastor y escritor adventista observa perspicazmente lo siguiente:
 
“Dios no mandó a su Hijo sólo para liberarnos legalmente del pecado para que Él pudiera declararnos justos. Mucho más, Cristo vino para que Él pudiera liberarnos de la prisión del pecado, y restaurar en nosotros la imagen de Dios”.17
 
Al comentar sobre el perdón y la justificación también dijo:
 
“Es verdad que el perdón es la cosa más maravillosa para nosotros los pecadores, pero tan glorioso como puede ser, el perdón es aún una cosa negativa, porque sólo cubre nuestros pecados para que seamos absueltos o declarados inocentes. Sin embargo, la Justificación por la Fe es una obra doble, una verdad positiva a sí como negativa. Mientras que incluye el perdón de todos nuestros pecados, va más allá que eso, porque nos declara positivamente justos, y así cambia el corazón de ser egocéntrico a ser cristocéntrico (Fil. 1:21)”.18
 
¿Declarado justo solamente?
Con todo, la corriente de pensamiento que ya hemos mencionado como Evangelio Reformado insiste en que la Justificación por la Fe consiste solamente en una declaración legal de absolución. Veamos ahora este argumento:
 
“Justificar es el acto divino por el cual el pecador es declarado justo. Por decreto divino el que acepta a Cristo recibe un nuevo status: absuelto, no más bajo condenación, no más esclavo... Esto, Dios lo hace en virtud de los méritos de Cristo; la justicia inmaculada de Cristo, resultado de su vida santa y de su muerte vicaria, es imputada, puesta, acreditada a la cuenta del pecador... Justificación tiene que ver más con relación que con transformación; el individuo no es hecho éticamente justo, impecable, sino que es declarado no culpable, inocente de todos los cargos que habían contra él, en virtud de Cristo quien asumió todos esos cargos y los liquidó en la cruz”.1
 
El mismo autor reconoce en otra obra de su autoría que la “justificación involucra más que el perdón de los pecados”.2 Pero este “más” que “involucra” la Justificación por la Fe no es una alusión a la transformación, ese cambio “positivo” que sucede en el creyente como fruto de la recepción del “principio de vida” de la justicia de Cristo en el corazón, sostenido por el mensaje de 1888. Es más bien, “un nuevo status en el cual vive” el creyente “mientras se mantenga creyendo en Cristo”.3
Este “nuevo status” es el privilegio de ser “justo” aunque sé es pecador en sí mismo. “Justo y pecador” como diría Martín Lutero.
Después que se expresa este argumento se cita a Elena de White: “Somos pecadores por nosotros mismos, pero somos justos en Cristo”.4 Pero no se comenta la siguiente parte de la cita que dice: “Habiéndonos hechos justos por medio de la justicia imputada de Cristo, Dios nos declara justos y nos trata como a tales”.5
Es evidente que esta cita contiene elementos de verdad que se ignoran o se niegan sobre la Justificación por la Fe.
 
Las buenas nuevas del Evangelio
A estas alturas es interesante observar algunas cosas. Por causa del pecado de Adán la humanidad necesita ser salvada de tres aspectos del pecado:
 
1-     De la culpa y el castigo del pecado.
2-     Del poder y de la esclavitud del pecado.
3-     De la naturaleza y la presencia del pecado
 
La salvación del primer aspecto del pecado es “el medio de nuestra justificación”; la salvación del segundo aspecto es “el medio de nuestra santificación”, y la salvación del tercer aspecto es “el medio de nuestra glorificación”.1
“Es importante que cada creyente se de cuenta de que mientras los cristianos pueden reclamar la justificación como un hecho ya establecido (Rom. 5:1), la santificación es una experiencia continua y en proceso (1 Tes. 4:2-7; 5:23); y la glorificación es una esperanza futura para realizarse en la segunda venida de Cristo (Rom. 8:24,25; Fil. 3:20,21)”.2 Pero la mejor de todas las Buenas Noticias es esta:
 
“Los aspectos de la salvación [que hemos mencionamos] ya han sido realizados o cumplidos en el nacimiento, la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Por lo tanto, los tres aspectos de la salvación son ofrecidos en Cristo y no pueden ser separados [entre sí]. Aquel a quien Dios ha justificado, Él [también] lo glorificará, a menos que [el cristiano] le de la espalda por la incredulidad (Rom. 8:30; Heb. 10:38-39)... Y puesto que estos [aspectos de la salvación] nos llegan en un solo conjunto, Jesucristo, son inseparables y no podemos escoger recibir uno sin recibir el otro”.3
 
Esta es la razón por la que Pablo dijo que en Cristo “estamos completos” (Col. 2:10). Sí, ciertamente Cristo “nos fue hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Cor. 1:30).
La culpabilidad y el castigo que pesaba sobre la humanidad por causa del pecado de Adán fueron aspectos del pecado que quedaron cancelados por el sacrificio de Cristo en la cruz. Esto es lo que precisamente hace que este maravilloso sacrificio sea mucho más que una mera “provisión”. En realidad provee “justificación legal para el mundo entero”.4
Pero esta “justificación legal” no afecta subjetivamente al individuo hasta que este no la recibe por la fe en su corazón. Pero lo ha absuelto de la condenación, librándolo del castigo del pecado. Pero cuando el hombre cree las Buenas Nuevas del Evangelio (la obra terminada y completa de Cristo) toma lugar la experiencia de la Justificación por la Fe y con ella la del nuevo nacimiento, convirtiéndolo en una nueva criatura. Esto es lo que en esencia expresó el Apóstol cuando dijo: “No me avergüenzo del Evangelio (las Buenas Noticias de lo que Dios hizo en Cristo), porque es poder de Dios para salvación a todo el que cree” (Rom. 1:16). Es cuando la persona cree, que “la justicia que viene de Dios” (Rom. 1:17) le toca subjetivamente y la transforma en una nueva criatura.
 
Esto es, en esencia lo que le ofrece “el preciosísimo mensaje” de 1888 a cada creyente adventista.
 

Sigue...  >>

 

Artículo Siguiente   I   Página Principal

   
 

I N I C I O