Historia de la Caída

 

Paso a Paso

  Por: Hermes Tavera B.
   
 
Es interesante notar que la historia de la caída se inicia con un “pero” (heb. wau). Este “pero” tiene la función de contrastar los dos relatos e introduce la acción de la serpiente. Es como si el autor inspirado nos dijese: “el hombre vivía feliz y en comunión con Dios (Gén. 1 y 2) pero Satanás lo arruinó todo (Gén. 3). Este “pero” nos dice que Satanás no podía quedar tranquilo ante la felicidad del hombre.
 
“No siéndole posible continuar con su rebelión en el cielo, Satanás halló un nuevo campo de acción para su enemistad contra Dios, al tramar la ruina de la raza humana. Vio en la felicidad y en la paz que la santa pareja gozaba en el Edén el deleite que él había perdido para siempre. Estimulado por la envidia, resolvió inducirlos a desobedecer y atraer sobre sí la culpa y el castigo del pecado. Trataría de cambiar su amor en desconfianza, y sus cantos de alabanza en oprobio para su Creador. De esta manera no sólo arrojaría a estos inocentes seres en la desgracia en que él mismo se encontraba, sino que también ocasionaría deshonra para Dios y pesar en los cielos.” (PP: 34)
 
De este párrafo aprendemos que los motivos de Satanás para la tentación de nuestra raza fueron la enemistad contra Dios y la envidia a los seres humanos. Se proponía, al parecer, involucrar a los hombres en su enemistad. Nótese que trataría de cambiar “sus cantos de alabanza en oprobio para su Creador”. Trataría de separar al hombre de Dios.
 
El Relato de la Caída
Notaremos, por un lado, la estrategia de Satanás y por otro lado los pasos descendentes del hombre hacia el pecado. En primer lugar al Tentador se le llama “la serpiente”. La Biblia nos aclara que ésta fue tan solo un medio (¿médium?) usado por el “Diablo y Satanás” (Apoc. 12:9). El autor inspirado se afana en decirnos que esta serpiente se contaba entre las criaturas “que Jehová Dios había hecho”. Al parecer el mensaje que se quiere transmitir es que los argumentos siguientes del Tentador en cuanto a llegar a ser Dios eran falsos, porque él mismo se contaba entre los seres creados. Al mismo tiempo se nos presenta como una paradoja el hecho de que este enemigo de Dios había sido creado por Dios. El pecado es un acto de ingratitud. Estudiemos primero la estrategia de Satanás
 
a)  Satanás puso en duda la Palabra de Dios: El Tentador dijo: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Gén. 3:1). Literalmente Satanás puso un signo de interrogación al dicho, a la Palabra de Dios. Con esto se proponía crear dudas en cuanto a lo que Dios había dicho.
 
b)  Satanás tergiversó la Palabra de Dios: Según Génesis 3:1 Satanás dijo que Dios había prohibido comer “de todo árbol del huerto”. Esto era falso. Dios, al contrario, había ordenado comer “de todo árbol del huerto” (Gén. 2:16) menos de uno (Gén. 2:17). Con esta exageración se proponía sugerir lo arbitrario de la prohibición divina.
 
c)  Satanás contradijo la Palabra de Dios: Aunque Dios había dicho al hombre claramente que, tras la desobediencia, “morirás” (Gén. 2:17), Satanás dijo rotundamente “no moriréis” (Gén. 3:4). Creerle a Satanás era hacer mentiroso a Dios.
 
d)  Satanás trató de rebajar a Dios: Un análisis cuidadoso hace notar que desde Génesis 2:4 Dios es nombrado como “Jehovah Dios” (Gén. 2:4,5,7,8,9,15,16,18,19,21,22). Incluso en el capítulo 3 se usa esta nominación (Gén. 3:1,8,9,13,14,21,22) o simplemente “Jehová” (Gén. 3:23). Con este nombre el escritor nos dice que el “Dios” es “Jehová”; así le reconoce un carácter personal y único al “Dios” de su relato (Cf. Éxo. 3:14,15). Sin embargo encontramos alguna excepción a esta regla. Notemos que cuando Satanás se refirió a Dios, se refirió a él simplemente como “Dios”: “¿Con que Dios ha dicho...? bien sabe Dios...” (Gén. 3:1,5). Al hacer esto trató de cambiar la concepción en un Dios personal, Jehová, a un concepto general. Es como si dijese: “Ser Dios no es prerrogativa solamente de Jehová, él tan solo es un ser divino más”.
 
e)  Satanás acusó a Dios: Génesis 3:5 nos muestra a Satanás afirmando que Dios egoístamente había ocultado algún conocimiento útil al hombre: “sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.” Al mismo tiempo sugería que la información que Dios había provisto al hombre en cuanto al árbol era falsa, por lo tanto Dios era un mentiroso.
 
f)   Satanás hizo falsas promesas: “Serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Gén. 3:5). Satanás le prometió que al “abrírseles los ojos” obtendrían una sabiduría superior. Más tarde encontramos que al abrírseles los ojos lo único que el hombre llegó a saber fue “que estaban desnudos” (Gén. 3:7). Les prometió que llegarían a ser “como Dios”. Con esta promesa daba a entender que ser “Dios” era un estado al que se “llegaba a ser”, y por lo tanto Jehová no había sido Dios desde la eternidad, (y así no era necesario que fuera Dios eternamente). En el mismo sentido involucraba al hombre en sus propios planes de llegar a ser Dios. Al hacerlo partícipe en su rebelión pretendía también hacerlo partícipe de las consecuencias. Si Dios perdonaba al hombre, tendría que aceptarlo también a él. Satanás prometió además que el hombre conocería “el bien y el mal”. En realidad lo único que el hombre llegaría a conocer sería el mal, puesto que ya conocía el bien. Con esto Satanás indicaba que Dios no había mostrado todo el bien al hombre y que era necesario conocer también el mal. Encontramos aquí los remotos orígenes de la idea de que el mal es necesario y que Dios lo creó para que hubiese un equilibrio en el Universo.
 
Podemos observar que Satanás primero atacó a la Palabra de Dios, pasó a atacar a Dios mismo para luego hacer sus falsas promesas. Notemos también que el Tentador actúa gradualmente: primero pone en duda, luego tergiversa y concluye contradiciendo y rechazando abiertamente la Palabra de Dios. En su ataque a Dios, primero lo rebaja y luego lo acusa descaradamente. Luego que Dios y su Palabra han sido pisoteados, hace sus ofertas pecaminosas. La gran lección es que las falsas promesas de Satanás encuentran cabida solamente en el corazón en donde Dios y su Palabra no tienen un lugar especial.
 
“Tal ha sido la labor que Satanás ha llevado adelante con gran éxito, desde los días de Adán hasta el presente. Tienta a los hombres a desconfiar del amor de Dios y a dudar de su sabiduría. Constantemente pugna por despertar en los seres humanos un espíritu de curiosidad irreverente, un inquieto e inquisitivo deseo de penetrar en los inescrutables secretos del poder y la sabiduría de Dios. En sus esfuerzos por escudriñar aquello que Dios tuvo a bien ocultarnos, muchos pasan por alto las verdades eternas que nos ha revelado y que son esenciales para nuestra salvación. Satanás induce a los hombres a la desobediencia llevándoles a creer que entran en un admirable campo de conocimiento.  Pero todo esto es un engaño. Ensoberbecidos por sus ideas de progreso, pisotean los requerimientos de Dios, caminando por la ruta que los lleva a la degradación y a la muerte. Satanás hizo creer a la santa pareja que ellos se beneficiarían violando la ley de Dios. ¿No oímos hoy día razonamientos semejantes? Muchos hablan de la estrechez de los que obedecen los mandamientos de Dios, mientras pretenden tener ideas más amplias y gozar de mayor libertad. ¿Qué es esto sino el eco de la voz del Edén?” (PP: 37,38)
 
Los pasos que del hombre hacia el pecado
a)  Se acercó a la tentación: Encontramos en Génesis 3:1 que la serpiente “dijo a la mujer...”. La pregunta es ¿cómo logró la serpiente encontrarse con la mujer? “Satanás no los seguiría continuamente con sus tentaciones; sólo podría acercarse a ellos junto al árbol prohibido. Si ellos trataban de investigar la naturaleza de este árbol, quedarían expuestos a sus engaños.” (PP: 35). Eva se acercó al árbol prohibido. La Biblia nos aconseja a “huir” del pecado (1 Cor. 6:18; 10:14; 1 Tim. 6:11; 2 Tim. 2:22; 2 Ped. 1:14).
 
Un detalle interesante es que la pregunta con la que Satanás abre la conversación con  Eva es “¿conque Dios ha dicho...? Este “conque” para iniciar una conversación es posible sólo si la Serpiente ha estado meditando en la prohibición divina o, por otro lado, si la Serpiente está repitiendo lo que Eva ya se ha planteado. “El fruto era bello, y (Eva) se preguntaba por qué Dios se lo había vedado.” (PP: 36). De este modo lo que la Serpiente le preguntó no fue más que “el eco de sus pensamientos”. (PP: 36).
 
b)  Eva le respondió al Tentador: El relato nos dice que “la mujer respondió a la serpiente” (Gén. 3: 2). “En lugar de huir de aquel lugar, permaneció en él.” (PP: 36). Satanás inició sus palabras con una pregunta (Gén. 3:1) para motivar una respuesta y así exponer a la mujer a sus engaños. El enemigo había tergiversado la Palabra de Dios; Eva responde, al parecer, para vindicar a Dios y aclararle a Satanás cuál era la verdadera prohibición. Pero al responder al enemigo se sumergía más aún en el engaño del pecado. En cuanto a la tentación de Jesús en el desierto se nos dice que “aunque Jesús reconoció a Satanás desde el principio, no se sintió provocado a entrar en controversia con él... No quiso parlamentar con la tentación.” (DTG: 95).
 
c)  Eva también rebajó a Dios: Eva imitó a la serpiente al nombrar a su Creador simplemente como “Dios” (Gén. 3:3). Al ponerse en contacto con Satanás evidentemente rebajó la concepción que de Dios tenía ella.
 
d)  Exageró la prohibición divina: Una comparación de la prohibición divina (Gén. 2: 16, 17) con las palabras de Eva (Gén. 3: 3) nos muestra que Eva agregó una prohibición que Dios no había hecho: Dios no dijo que el árbol no se podía “tocar”. Esta exageración posiblemente sugiere un descontento con la prohibición. (El padre le prohíbe a su hijo jugar en la calle y el niño explica “mi padre no me deja ni siquiera salir de mi casa”). Eva le responde a la serpiente porque ésta ha tergiversado la Palabra de Dios y termina ella haciendo lo mismo.
 
e)  Le creyó a Satanás: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar sabiduría” (Gén. 3:6). Eva creyó todo lo contrario a lo que Dios había dicho del árbol. Desconfió de la palabra de Dios. Esta es la base de todo pecado. “Eva creyó realmente las palabras de Satanás, pero esta creencia no la salvó de la pena del pecado.  No creyó en las palabras de Dios, y esto la condujo a su caída. En el juicio final, los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.” (PP: 38)
 
f)  Eva finalmente pecó: “Y tomó de su fruto, y comió” (Gén. 3:6). El pecado es el producto final de tratar con el enemigo y desconfiar de la palabra de Dios. Satanás despertó el deseo pecaminoso en Eva, y ella sintió el pecado como algo “agradable” (Gén. 3:6); y “la concupiscencia (o deseo pecaminosos), después que ha concebido, da a luz el pecado” (Sant. 1:15).
 
g)  Eva se hizo instrumento de perdición: “Y dio también a su marido” (Gén. 3:6). “Y ahora, habiendo pecado, ella se convirtió en el agente de Satanás para labrar la ruina de su esposo.” (PP: 39). Eva le hizo a Adán lo que Satanás le había hecho a ella. Satanás no tuvo que tentar a Adán, Eva lo hizo por él. En otras palabras, el pecado convirtió a Eva en una “sierva” de Satanás y en su agente de perdición. (cf. Rom. 6:16). 
   
 

I N I C I O