La Justificación
 

Una Propuesta

 

(2da. Parte)

  Por: Héctor A. Delgado
   
 
Los Sacrificios Vespertinos y Matutinos (Éxodo 29:38,39;
Número 28:3,4)
Aparte de los sacrificios personales, en el servicio del Santuario eran ofrecidos dos sacrificios diarios, que eran llamados “sacrificios continuos”. Uno de estos era ofrecido en la mañana y el otro en la tarde diariamente. Cada uno de estos era quemado a fuego lento para que alcanzara el otro (Lev. 6:9). El de la mañana duraba hasta la tarde y el de la tarde hasta la mañana. A diferencia de los demás sacrificios, estos no eran realizados por alguna persona en particular, sino para toda la nación.
Por medio de los sacrificios diarios (continuos) Dios estaba ilustrando una lección maravillosa del Evangelio a los israelitas (Heb. 4:2) y a las generaciones futuras de creyentes: Dios ha hecho algo, aun antes de que nos demos cuenta de nuestra deteriorada situación delante de Él, aun antes de que el pecado sea cometido. Según se sabe, los sacrificios diarios constituían una “expiación provisoria y temporaria” para todo Israel.12 Este holocausto continuo “representaba a toda la nación... proveía un ‘manto’ hasta que el pecador pudiese comparecer personalmente en el tabernáculo y ofrecer su ofrenda individual”.13 Esta es una verdad maravillosa, y constituye en sí misma la mayor evidencia de que Dios es capaz de hacer algo por los pecadores aun antes de que estos reconozcan su pecado e incluso aun antes de que entren en una relación salvífica con Él.
En este contexto, uno de los casos más interesantes que podemos mencionar se encuentra en el libro de Job. Según la inspiración bíblica, Job acostumbraba a sacrificar “siempre” un holocausto por cada hijo cada vez que estos se juntaban a comer en sus casas. Job pensaba que tal vez en medio de esas celebraciones “maldecían a Dios” (Job 1:4-5). Aunque Job no sabía a ciencia cierta si sus hijos habían pecado él se preocupaba por ellos y ofrecía los holocaustos. Se reconoce que estos sacrificios tenían el objetivo de “cubrir” a sus hijos de posibles errores o pecados. Hasta que “ellos pudieran ofrecer sus propios sacrificios, Job actuaba en lugar de ellos”.
De la misma forma encontramos a Cristo asumiendo la responsabilidad del pecado del hombre sobre él y dándole un “manto” de protección temporal hasta que este se percate de tan buenas nuevas. ¿Cómo es posible que podamos entender esta lección de las Escrituras y al mismo tiempo adoptemos una actitud apática y de rechazo hacia la doctrina de la justificación temporaria universal? ¿Es posible que Job tuviera preocupaciones más genuinas y motivos más profundos de los que Dios mismo puede experimentar por todos sus hijos? Si Job siendo malo, ¿fue capaz de tener preocupaciones tan genuinas e intereses tan abarcantes hacia sus hijos “fiesteros” cuánto más nuestro padre celestial? (Mat. 7:11; Luc. 11:13). Recuerde, Dios no hace acepción de personas.
Así como el sacrificio diario proveía un “manto”, que cubría provisional y temporalmente los pecados del pueblo hebreo hasta que reconocían sus pecados y traían su ofrenda personal, de la misma manera, el sacrificio de Cristo provee un “manto” provisional y temporal que cubre los pecados del mundo, dándole a los seres humanos una segunda oportunidad para que vivan. Dios tiene fe, por así decirlo (pues “todo lo cree, todo los espera” - 1 Cor. 13:7), en que esta demostración de amor incondicional despertará en los corazones de los seres humanos una respuesta de amor que se llama Fe, pues sólo el amor despierta el amor (1 Juan 4:19). Su fe es grande, porque su provisión es grande, y los resultados serán maravillosos porque sus acciones a favor del desvalido agente humano fueron maravillosas.
Juan el Bautista sabía que todo animal sacrificado diariamente en el santuario era ofrecido por la nación de Israel, pero por revelación divina descubrió que este sacrificio tenía implicaciones mucho mayores que aquellas ya conocidas. En realidad comprendió que el “Cordero de Dios” sería ofrecido por “los pecados del mundo” entero (Juan 1:29). Más tarde Cristo mismo confirmaría esta gran verdad (Juan 6:33,51).
 
La Enseñanza de los Dos Adanes (Romanos 5:12-21)
En Romanos capítulo 5 se encuentra otro ejemplo (sino el más contundente de todos) de la justificación universal de la raza humana. El argumento de Pablo en este pasaje es que el pecado de Adán nos afectó dramáticamente. Su razonamiento teológico es profundo. Él revela que el acto de desobediencia de Adán fue un pecado en el que estuvieron implicados todos los hombres. Veamos:
 
“... por la transgresión de uno (Adán v. 12) murieron los muchos,... ciertamente el juicio surgió de un solo pecado resultando en condenación,... por la transgresión de uno solo, por ese uno reinó la muerte,... por la transgresión de uno vino la condenación,... por la desobediencia de uno, los muchos fueron constituidos pecadores” (Rom. 5:15-19).
 
Las implicaciones teológicas de estas declaraciones son importantísimas para todos los cristianos. El argumento del apóstol Pablo es concluyente y sólo puede entenderse adecuadamente si lo miramos desde la óptica de la doctrina bíblica de la identidad corporal, en la que un solo hombre representa a todos los demás. La enseñanza de la solidaridad corporal de la raza humana en Adán y en Cristo es uno de los temas dominantes del Apóstol en sus escritos. Esta verdad es referida frecuentemente bajo las expresiones “en Adán” y “en Cristo”.
Es cierto que la frase “en Cristo” tiene en varios pasajes una significación subjetiva (Rom. 8:1; 1 Cor. 15:17-19; 2 Cor. 1:21-22; 2 Cor. 2:14, etc.), pero en otros pasajes - y son muchos - tiene un significado puramente objetivo (Rom. 6:11; 1 Cor. 1:4; 15:22; Efe. 1:3,11; 2:4-7; 4:32, etc.). Según el relato del Apóstol, los seres humanos no sólo han sido afectados negativamente por la “transgresión” y el “pecado” de Adán, han sido afectados positivamente por la “obediencia” y “justicia” de Cristo. En los mismos versículos ya citados leemos:
 
“... abundaron la gracia y el don de Dios para los muchos por la gracia de un solo hombre, Jesucristo... por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida”.
 
Es claro entonces que fuere lo que fuere que vino sobre toda la raza humana por causa del pecado y la desobediencia de Adán fue revertido por Cristo, el segundo Adán (v. 14). Así como el pecado del sumo sacerdote afectaba al pueblo, trayendo condenación sobre ellos, así mismo el pecado de Adán trajo condenación sobre todos los hombres. Desde esta perspectiva estamos condenados y perdidos desde antes que podamos elegir pecar. Sin un salvador, estaríamos eternamente perdidos. Pero por un acto milagroso y divino Dios unió nuestra naturaleza humana corporal pecaminosa a la naturaleza divina sin pecado de Cristo, nuestro Sustituto y Garante. Así, “el verbo llegó a ser carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Las implicaciones de esta declaración del apóstol Juan son las siguientes:
 
“... Cristo Jesús, el cual siendo en la forma de Dios, no se consideró el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó (literalmente ‘vació’) así mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante  a los hombres, y hallado en su porte exterior como hombre, se humilló a sí mismo, al hacerse obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:5-8).
 
“Al que no conocía pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” (2 Cor. 5:21).
 
“Ya conocéis la gracia del Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que nosotros seamos enriquecidos con su pobreza” (2 Cor. 8:9).
 
Evidentemente, la encarnación de Cristo fue el medio ideado por Dios para constituirle en el segundo Adán, el representante corporal de toda la humanidad. De la manera que el pueblo estaba corporalmente en el sacerdote, estaban todo hombre, mujer, niño y niña incorporados en Cristo. En un sentido misterioso e inexplicable para la mente humana todos estábamos en Él. Es por eso que Pablo puede decir: “Aun estando muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo... y juntamente con Él nos resucitó, y así mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efe. 2:5-6, las cursivas son nuestras). El Espíritu de Profecía nos dice en un lenguaje inconfundible (aunque sin usar la designación “justificación universal”) lo siguiente:
 
“[Cristo] se apoderó del mundo sobre el cual Satanás pretendía presidir como en su legítimo territorio. En la obra admirable de dar su vida, Cristo restauró a toda la raza humana al favor de Dios”.14
 
“Cristo... redimió la desgraciada caída de Adán, y salvó al mundo”.15
 
“‘De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito’. Mediante este don único, todos los demás se imparten a los hombres. Diariamente todo el mundo recibe las bendiciones de Dios. Cada gota de lluvia, cada rayo de luz prodigados sobre la humanidad ingrata, cada hoja, flor y fruto, testifican de la tolerancia de Dios y de su gran amor... Todas las bendiciones de esta vida y de la vida venidera nos son entregadas con el sello de la cruz del Calvario”.16
 
“Con su sangre Cristo firmó los documentos de emancipación de la humanidad”.17
 
Antes de concluir esta sección queremos aclarar un detalle que preocupa la mente de los estudiantes de las Escrituras cuando son confrontados con esta enseñanza. No estamos proponiendo el universalismo, pues esta doctrina propone erróneamente la idea de que como todos los hombres fueron redimidos, finalmente todos serán salvados. ¡NO! Las Sagradas Escrituras son claras el decir que sólo los que reciben a Cristo por la fe serán salvados de la perdición eterna (Juan 3:16,36; Rom. 2:7-8; 1 Juan 5:11-12). No podemos entender cómo algunas personas pueden creer el universalismo. Es cierto que la Biblia dice claramente que Dios hizo una obra de alcance universal para todos los seres humanos y los invita a aceptarla porque desea su salvación final y definitiva (2 Ped. 3:9; Rom. 2:11; 1 Tim. 2:4). Pero también es cierto que la Biblia enseña (y no hay razón para confundir esto) que no todos responderán a la tierna invitación de Dios. Muchos por su propia elección se perderán definitivamente por toda la eternidad (Apoc. 20:7-15).
Es injusto y falto de honestidad cristiana relacionar la doctrina de la justificación temporaria universal de todos los seres humanos con el universalismo. Pero esto tiene una razón de ser: Satanás sabe que hay en esta gran verdad, un poder evangelístico oculto de proporciones enormes, que de ser percibido rompería las cadenas del pecado en la vida de multitudes de personas de nuestro mundo. Bien se reconoce:
 
“Las evidencias de los aspectos corporativos de la salvación son numerosas y apremiantes. Cuanto más abierto está uno a reconocerlas, más fácilmente las descubre. Y cuanto más transformado resulta uno por las mismas, mayor su potencial evangelístico. A Pedro se le instruyó en visión: ‘Lo que Dios limpió, no lo llames tú común’. Eso comenzó a derribar en él barreras espirituales que habrían obstaculizado su ministerio evangélico. Así, poco después de su primera reunión con los gentiles, estuvo en condiciones de confesar: ‘me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo’ (Hech. 10:15,28).
“De igual manera, una revelación del amor de Dios transformó a Saulo, el fariseo separatista y perseguidor, en Pablo, el dinámico predicador del Evangelio, quien declaró: ‘De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne’ (2 Cor. 5:16). Al resultar verdaderamente constreñido por las dimensiones universales del amor (ágape) de Dios (‘porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos son muertos’, vers. 14), uno ve a las personas no ‘según la carne’, sino con ojos espirituales.
“Así es como Cristo vio a todos. Y las personas son sensibles a ese espíritu; son atraídas poderosamente por él. Hace nacer la esperanza. Está lleno de gracia. ¡Así es como Dios ve a la raza! Obsérvese esta profunda descripción de esa dimensión:
 
‘Dios dirigió su mirada a la humanidad, no como a algo vil y sin mérito; la miró en Cristo, y la vio como podría llegar a ser por medio del amor redentor. Reunió todas las riquezas del universo, y las entregó para comprar la perla’.18
 
“Vemos, por lo tanto, que la fe de Dios determina la forma en la que ve a la humanidad. Él es la fuente de justicia, el autor de la fe, y muestra su justicia por su fe. Y puesto que en ello es justo por la fe, su fe obró por el amor y entregó las riquezas del universo para comprar a todos y a cada uno. ¡Qué amor indescriptible!”.19
 
No importa si nos tocara vivir en una época espacial como se presenta en los sueños futuristas de muchos hombres, el mensaje de Dios siempre será el mismo: “Yo soy tu Dios, tu Creador, mío eres tú. A mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable para mí, y yo te amé”. “No temas, porque yo te he rescatado; te he llamado por tu nombre, mío eres tú”. “Yo deshice como a una densa nube tus rebeliones, y como nieblas tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí” (Isaías 43:1-4; 43:1; 44:22).
La justificación legal universal está plasmada en muchas narraciones y textos bíblicos más, pero los pasajes que hemos analizado en esta sección son suficientes para tener una visualización de ella al tiempo que nos motiva al estudio de este interesante tema; un tema que con el paso del tiempo ha venido cautivando el corazón de muchos investigadores sinceros de la Palabra de Dios.  Al concluir esta sección meditemos en las siguientes citas:
 
“Llegada la plenitud del tiempo, la Divinidad se glorificó derramando sobre el mundo tal efusión de gracia sanadora, que no se interrumpiría hasta que se cumpliese el Plan de Salvación”.20
 
“El Señor Dios reunió todas las riquezas del universo, y las dio para comprar la perla de la humanidad perdida. El Padre dio todos sus divinos recursos en las manos de Cristo, a fin de que las más ricas bendiciones del cielo pudieran ser derramadas sobre la raza caída. Dios no pudo expresar amor mayor del que ha expresado al dar al Hijo de su seno a este mundo. Ese don fue dado al hombre a fin de convencerle de que Dios no ha dejado de hacer nada que pudiera hacer, que no hay nada retenido en reserva, sino que todo el cielo ha sido vertido en un inmenso don. La felicidad presente y eterna del hombre consiste en recibir el amor de Dios, y en guardar sus mandamientos”.21
 
“En el don incomparable de su Hijo, ha rodeado Dios al mundo entero en una atmósfera de gracia tan real como el aire que circula en derredor del globo. Todos los que quisieren respirar esta atmósfera vivificante vivirán y crecerán hasta la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús”.22
 
Sobre el tema de la justificación universal de la raza humana en la cruz véase el magnífico artículo
La Justificación Corporativa.
 
 
Notas y Referencias:
 
1 Elena de White, Review and Herald, 12 marzo de 1901.
2 --------, Patriarcas y Profetas, p. 48.
3 --------, Ibíd.
4 --------, Maravillosa Gracia, p. 24, las cursivas son nuestras.
5 --------, El Deseado de Todas las Gentes, p. 87.
6 Algunos que objetan la justificación temporaria universal de la raza humana “en Cristo” dicen que esta creencia conduce al universalismo. Pero no es así, esta declaración falta a la verdad. Es interesante ver la lógica de las explicaciones de quienes sostienen semejante idea. Aunque se admite después de citar textos tales como 2 Cor. 5:18-19 y Rom. 5:10 que “la reconciliación divina en Cristo es ahora un hecho realizado, una realidad objetiva... Esta reconciliación es un don de Dios para toda la humanidad”, se percibe una extraña inclinación de la balanza hacia la subjetividad del concepto (Hans K. LaRondelle, Cristo Nuestra Salvación, p. 30). No logramos entender como es posible que se pueda citar la Biblia (que habla tan claro en estos pasajes) y al mismo tiempo con la lógica del razonamiento se quiera demostrar lo contrario. O la Biblia dice que “Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo y no tomándole en cuenta sus pecados” o no lo dice. Es lo que creemos. Y si no podemos creer lo que leemos en nuestras Biblias, para qué creer lo que nos dice un hombre. Otro escritor, por su lado, explica el pasaje de 2 Cor. 5:19 de la siguiente manera: “La intención de esta declaración es señalar que ‘el Plan de Salvación no consiste en reconciliar a Dios con los hombres, sino al hombre con Dios’. El verdadero significado de quien es justificado en 2 Cor. 5 es que son aquellos que están ‘en Cristo’” (George R. Knight, Guía del Fariseo para una Santidad Perfecta, p. 115). ¡Es increíble!, pero no prueba nada. Interpretar este pasaje así es eliminar el sentido llano y natural del texto. Pensamos que ya que George Knight, nos refiere a los versículos en cuestión, una interpretación coherente de 2 Cor. 5, sería esta: Los vers. 17-20 no pueden ser entendidos hasta que no se leen y comprenden los versos 14-15. Allí Pablo expresa que la muerte de Cristo fue una muerte corporal en la que todos los seres humanos estuvieron implicados (“luego todos murieron”). Por esto dice en el verso 16 que él no conoce a nadie “en la carne”, es decir, conforme a la antigua humanidad - desde que comprendió esa verdad -, sino como son realmente ahora, “nueva creación”. En el verso 17 Pablo expresa que gracias a la muerte expiatoria y representativa de Cristo, fue hecho posible que Él introdujera una “nueva creación” de seres humanos redimidos por su supremo sacrificio. Con su muerte Cristo logra revertir los efectos negativos del pecado de Adán sobre la raza humana (cf. Rom. 5:12-21). En el verso 18 el Apóstol reconoce que el conocimiento del don de Dios a la raza humana “en Cristo” imparte una nueva motivación para la evangelización y la reconciliación que debe realizarse en el plano personal; pero mucho más, Dios nos otorga el privilegio de compartir con Él la “palabra de la reconciliación”. En el verso 19, y en armonía a lo expresado en los vers. 14-15, Pablo dice que como todos murieron “juntamente con Cristo”, están “reconciliados con Dios”. Esta es pues, la manera, entendemos, de comprender cómo es posible que estemos reconciliados ya, y al mismo tiempo se nos llame a una reconciliación personal con Dios (vers. 20). Este tipo de razonamiento es el que el Apóstol usa en el pasaje de Rom. 5:6-10. Hay una reconciliación universal, y una personal. O como dicen los teólogos: hay una fase objetiva y otra subjetiva en el Evangelio.
7 --------, El Camino a Cristo, p. 68, las cursivas son nuestras.
8 --------, El Deseado de Todas las Gentes, p. 615, las cursivas son nuestras.
9 Nota sobre Lev. 4:3 en Biblia de Jerusalén edición Revisada.
10 Comentario Bíblico Adventista, tomo I, p. 742, la cursiva está en el original, pero las negritas son nuestra.
11 M. L. Andreasen, El Santuario y su Servicio, p. 73.
12 Comentario Bíblico Adventista, tomo I, p. 726.
13 M. L. Andreasen, Ibíd., p. 154.
14 Elena de White, Mensajes Selectos, tomo I, p. 402.
15 --------, My Life Today, p. 323.
16 --------, Palabras de Vida del Gran Maestro, pp. 243, 296.
17 --------, Ministerio de Curación, p. 59.
18 --------, Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 90.
19 Esta cita de Fred Bischoff puede conseguirse en el Wed Site: www.libros.1888.com
20 White, El Deseado de Todas las Gentes, p. 28.
21 --------, Your Instructor, 17-10-1895.
22 --------, El Camino a Cristo, p. 68.
   
 

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