Es Necesario Nacer de Nuevo
   
  Por: Héctor A. Delgado
   
 
          “Rita Tyson es un milagro viviente. Ella recibió 2 trasplantes de corazón en el intervalo de 23 horas. Después de 2 horas de haber recibido el primer corazón transplantado, el cuerpo de Rita lo rechazó. Cuando se conoció la emergencia, otro hospital estaba en condiciones de auxiliar. Los tejidos del corazón se pueden preservar sanos sólo por 4 horas fuera del cuerpo. Gracias a la rapidez de las comunicaciones y a los avances técnicos de la cirugía, el segundo corazón transplantado empezó a palpitar exitosamente 3 horas y 20 minutos después que había sido extraído del donante. Rita agradece a Dios cada día por este milagro.”
¡Cuán importante es tener un buen corazón! Pero no solo en el aspecto físico, también en el ámbito espiritual. Ya lo expresó el Señor: “Oh, si tuviesen tal corazón que me temiesen y guardasen todos mis Mandamientos todos los días, para que les valla bien a ellos y a sus hijos” (Deut. 5:29).
Las Escrituras revelan con mucha claridad la urgente necesidad que tienen todos los seres humanos de ser transformado por la gracia divina. Si esta transformación no toma lugar la enemistad natural del corazón humano hacia Dios existirá para siempre. El “dilema de Dios” como dijo un escritor cristiano es lograr que esta enemistad injustificada llegue a su fin.
 
La Necesidad de Experimentar un Cambio
En el Nuevo Testamento, en el capítulo 3 del evangelio del apóstol Juan, se registra uno de los relatos bíblicos más trascendentales. Allí se narra la conversación de Cristo con uno de “los  principales príncipes de Israel” (Juan 3:1). Nicodemo pertenecía al “Concilio Nacional”, era un hombre importante de la nación judía. El mismo Cristo lo llamó “maestro de Israel” (v. 9). Nicodemo vino a Jesús “de noche” (v. 2 pp.) y le dijo: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como Maestro; pues nadie puede hacer esta señales que tú haces si Dios no está con él” (v. 2). “Has hecho una buena observación”- pudo contestar Cristo. Pero como las palabras de Nicodemo no estaban destinadas a “expresar e infundir confianza”, sino que reflejaban “incredulidad”, Cristo respondió: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” (v. 3). Jesús le respondió así por que leyó lo más profundo del corazón de Nicodemo, y descubrió en él a un hombre que “buscaba la verdad”. Pero la respuesta le dejó perplejo y perdiendo el “dominio propio” contestó lleno de ironía: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” (v. 4). Cristo entonces fue más certero y claro, pues le dijo esta vez: “El que no naciere de agua y de espíritu no puede ver el reino de Dios” (v. 5) Jesús no le estaba hablando a Nicodemo del nacimiento natural, le estaba hablando del nacimiento espiritual en los caminos del Señor. No importa cuantas veces pueda uno nacer en este mundo - en caso que sea posible - siempre será un ser “carnal, vendido al pecado” (Rom. 7:14), siempre será un hombre que es llevado “cautivo al pecado” (v. 23), siempre será por “naturaleza hijo de ira” (Efe. 2:3). Esta es la verdad que Cristo quiso que Nicodemo entendiera cuando le dijo: “Lo que nace de la carne, carne es...” (v. 6).
 
¿Por qué es necesario nacer de Nuevo?
Esta pregunta nos interesa ahora. El mismo Jesucristo dijo que es necesario “nacer de nuevo”, es decir, “nacer de agua y del Espíritu”, porque de otra manera nos será imposible “heredar el reino de Dios” (vv. 3,5). De ahí que el nuevo nacimiento sea la condición para obtener entrada al “reino de Dios” y vivir con Él por la eternidad. La Biblia revela que el hombre en su condición natural de enemistad con Dios y rebelión abierta a los principios de su gobierno, no puede encontrar paz en la compañía de un Dios santo. El apóstol Pablo reconoce lo siguiente:
 
“La intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la Ley [de los Diez Mandamientos] de Dios ni tampoco puede [por sí misma]... la Ley es espiritual, más yo [al igual que todos los hombres] soy carnal, vendido a la sujeción del pecado” (Rom. 8:7; 7:14).
 
Si el hombre ha de volver a Dios debe haber una reconciliación entre ambos. Y en efecto, la Biblia dice que Dios ha preparado el camino, porque logró esa reconciliación en Cristo. Mira como dice la Escritura:
 
 “Cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo...” “Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo y no tomándoles en cuenta sus transgresiones...” (Rom. 5:10; 2 Cor. 5:19).
 
Como la “reconciliación” es ya un hecho, pues está basada en la bondad de Dios y su deseo de salvar a “todos los hombres” (2 Tim. 2:4), es que Cristo no amonesta hoy diciendo: “¡Reconciliaos con Dios!” (2 Cor. 5:20). Debes creer estas Buenas Nuevas y aceptarlas de todo corazón. Es en el “corazón” que se cree para obtener la justicia que nos dará acceso al Cielo, y con “la boca” se confiesa esa justicia para salvación (Rom. 10:10). Sí amigo y amiga, es necesario nacer de nuevo. Por lo tanto “todo el que cree en El no será avergonzado” (v. 11).
 
¿Qué es el Nuevo Nacimiento?
Cuando Cristo habló con Nicodemo sobre la experiencia del nuevo nacimiento le explicó que no estaba hablando del nacimiento natural que nosotros conocemos. Después de decirle que es necesario “nacer de nuevo” le aclaró a qué tipo de “nacimiento” se estaba refiriendo: “nacer de agua y Espíritu” (v. 5). El estaba refiriendo a este “maestro de Israel” a una gran verdad, a lo que se conoce como “conversión”. Esto era lo que Cristo quiso decirle cuando dijo: “Lo que nace del Espíritu, espíritu es” (v. 6).
Recuerdo a Jessica, una joven que recibía estudio bíblicos de mi esposa. Ella tenía una gran diferencia con una vecina y no se trataban: “no la soporto” - solía decir -. Pero a medida que los estudios fueron avanzando y el corazón de ella fue siendo ganado por Cristo, su actitud de enemistad fue cambiando. Un día, mientras ella estaba al frente de su casa la otra señora pasó sin saludarla y curiosamente, tropezó cayendo estrepitosamente al suelo. Acto seguido Jessica corrió a ayudarle y mostró gran preocupación por su estado físico. Jessica le ayudó hasta dejarla en su casa. Entonces su amiga entendió que Jessica había cambiado milagrosamente. La realidad era que Jessica había “nacido de nuevo”. Su vida era diferente. Dios la había transformado.
En la experiencia del nuevo nacimiento producida por el Espíritu Santo (vv. 3,5,8) se produce una muerte espiritual de la antigua vida de pecado, rebelión contra Dios y los principios de su gobierno y se produce una resurrección a una nueva vida (2 Cor. 5:17). El corazón que una vez no entendía lo espiritual se produce un reavivamiento de las facultades mentales dañadas por el pecado. Las cosas que antes se despreciaban y se rechazaban, hoy son amadas y retenidas con gran amor. La vida de rebelión que era característica, es suplantada por una vida de amor a Dios y al prójimo. El corazón en su nuevo estado está dispuesto a ser llevado por los caminos de justicia. La Ley de los 10 Mandamientos que resultaba tan penosa y difícil de cumplir está ahora entronizada en el corazón y rige la conducta y modela todo comportamiento. Ahora reina la paz y la justicia (Rom. 6:17,18,22; Gál. 5:1; Sal. 40:8; 119:165). Si amigo y amiga, nacer de nuevo es estar plenamente reconciliado con Dios y su santa Ley de amor.
 
¿Cómo se Produce el Nuevo Nacimiento?
Cristo le dijo a Nicodemo que también era “necesario” que algo pasara para que el nuevo nacimiento fuera una realidad en la vida de todos los seres humanos. Los versos 14-15 dicen: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado [en la cruz]. Para que todo aquel que crea en El no se pierda más tenga la vida eterna”. El mismo Jesús expresó que cuando el “fuera levantado” a todos atraería hacia Sí mismo (Juan 12:32). Esta atracción puede ser resistida por los hombres y mujeres, pero si esta resistencia no se produce serán atraídos y ganados por Cristo, serán salvados.
 
El acontecimiento referido por Cristo en el vers. 14 debemos considerarlo brevemente. En el libro de Números capítulo 21 leemos que en medio de la impaciencia el pueblo murmuró contra Dios y su siervo Moisés. Entonces aparecieron una “serpientes ardientes, las cuales mordían al pueblo, y murió mucha gente del pueblo de Israel” (vv. 5,6). La lección en todo tiempo es la misma: “La paga del pecado es la muerte” (Rom. 6:23 pp.). La mala noticia es que todos hemos sido mordidos por la “serpiente antigua que se llama diablo y Satanás” y estamos muriendo (Apoc. 12:9; Gén. 3:1-7).
Dios no abandonó al pueblo a pesar de haber “hablado en contra” suya, y ordenó a Moisés que construyera una serpiente de bronce y la colocara en un asta. “Y sucederá - dijo Dios - que cualquiera que sea mordido y la mire, vivirá” (vers. 8). El registro bíblico nos informa que Moisés hizo como Jehovah le ordenó “y sucedía que cuando alguna serpiente mordía a alguno, si éste miraba la serpiente de bronce, vivía” (v. 9). La lección en todo tiempo es la misma: “La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús” (Rom. 6:23 up.). La buena noticia es que Cristo ha sido “levantado” en la cruz para que “todo aquel que en el cree [lo aprecie y contemple en busca se salvación] no se pierda, más tenga la vida eterna” (Juan 3:15,16).
Nota algo interesante, Cristo dijo que el que nace de nuevo verá “el reino de Dios”, y dijo también que el que creen en Él “tiene vida eterna”. Entonces, la experiencia del nuevo nacimiento se produce por la fe en Cristo. Es por fe de principio a fin.
Mira a Cristo amigo y amiga, Él “fue despreciado y desechado por los hombres Varón de dolores, experimentado en el sufrimiento” (Isaías 53:3) y todo para que pudieras tener un lugar en su reino eterno. No le menosprecies ni dejes de estimarlo, pues “Él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores,... por darnos la paz cayó sobre Él el castigo” (vv. 4,5). Sí, Cristo fue “hecho pecado por nosotros, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en Él” (2 Cor. 5:21). Este precio pagó Jesús por tu salvación. Él estuvo dispuesto a perderlo todo con tal de ganarte para su reino.
Contémplale en el Getsemaní, sufriendo por ti, y síguele hasta el Calvario, donde te demostró que verdaderamente te amó hasta el fin. Te aseguro una cosa, si le contemplas como es tu privilegio hacerlo, tu corazón será quebrantado y experimentarás lo que el mismo Cristo llamó nacer “del Espíritu” (Juan 3:8 up.).
El nuevo nacimiento es el “don de Dios” para todo aquel que creen en su Hijo y lo acepta como su único Salvador. Es la experiencia que te permite reconciliarte con Dios y su santa Ley de amor por toda la eternidad.
El cambio de corazón de Rita es sólo un pálido reflejo de lo que Dios quiere hacer en nosotros. Su palabra dice: “Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu recto dentro de vosotros. Quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré mi Espíritu dentro de vosotros y haré que andéis según mis leyes, que guardéis mis decretos y que los pongáis por obra” (Eze. 36:26,27).
   
 

I N I C I O