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¡Sea Crucificado! Por: Hermes Tavera B. “Pilato les dijo: ¿’qué, pues haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: Sea crucificado” – Mateo 27:22 - La iglesia cristiana exhibe la cruz. La predicación, la liturgia eclesiástica y el arte cristiano han revestido este objeto, en otros tiempos tan cruel, en una figura agradable a nuestra contemplación. El hecho de que la muerte de Cristo ha tenido una grandiosa trascendencia para nuestra salvación, nos ha hecho olvidar las atrocidades de la crucifixión. Estoy seguro de que si hubiésemos estado en el tribunal de Pilato, sintiendo un poco de simpatía por Jesús, nos hubiera bastado tan solo una migaja de sensibilidad para que al grito de ¡sea crucificado! nuestro corazón se conmoviera y horrorizara. La Cruz en la Historia La figura de una cruz era utilizada como antiguo símbolo religioso entre los caldeos, fenicios y egipcios.1 Se discute el origen de la utilización de la cruz como método de tortura. Mientras unos creen que se originó en el oriente y así pasó a Grecia y a Roma, otros le adjudican un origen Persa, que vía Cártago, pasó a Roma. De todos modos se tiene constancia de la cruz como suplicio antes y después de la crucifixión de Cristo. Según Josefo, Ciro practicó en su imperio la crucifixión. Antíoco Epífanes crucificó numerosos judíos del período Macabeo. Alejandro Magno crucificó a 1,000 tirios y Alejandro Janeo y los fariseos crucificaron a sus enemigos. En el año 7 de nuestra era un procurador romano crucificó 2,000 rebeldes. Aunque era prohibido por ley, aun algunos ciudadanos romanos fueron crucificados. Durante la toma de Jerusalén una inmensa cantidad de judíos murieron en la cruz. Un Interesante Hallazgo Hasta hace unos escasos años se sabía muy poco sobre los métodos empleados en la crucifixión. No fue hasta 1968 cuando los arqueólogos desenterraron en Givat ha Mivtar, al norte de Jerusalén una tumba que en el nicho número 9 contenía los restos de un hombre llamado en hebreo Jehohanan Ben Haggol (Juan hijo de Ha-ggol). Este hombre cuya edad oscilaba entre los 24 y 28 años y al parecer nunca había realizado labores manuales, de lo que se deduce que pudo ser miembro de una familia acaudalada, o maestro de escuela, muerto por realizar actividades políticas en contra de los romanos. La evidencia arqueológica muestra que Jehohanan fue muerto en el primer siglo de nuestra era, pero antes de la guerra judeo-romana, por lo mismo, durante la vida de Cristo o poco tiempo después. Los restos de Jehohanan constituyen la evidencia arqueológica de la crucifixión, y por su cercanía en tiempo, la única pista segura para aproximarnos a un acontecimiento real de cómo fue crucificado Jesús de Nazaret, nuestro Salvador. Trasladémonos en nuestras mentes a la escena. Arresto y Tortura de Cristo Después del Getsemaní y de su tremenda angustia espiritual (Mat. 26:36-46), Jesús es traicionado y llevado en el alboroto a la casa de Anás (Juan 18:13), donde se le hace a manera de un juicio preliminar. Es allí donde Jesús recibe el primer golpe, una bofetada, de manos de un alguacil al cual Cristo le reclama: "¿Por qué me pegas?" (Juan 18:23). De allí es llevado a Caifás, a la casa en donde su mismo discípulo le niega (Mat. 26:69-75), y a la mañana siguiente se reúne el Sanedrín. Después de un breve interrogatorio los presentes empiezan a escupirle, cubriéndole el rostro mientras le daban bofetadas y puñetazos (Mat. 26:67; Mar. 14:65). Poco después le llevan ante Pilato donde se trata de provocar una sentencia de muerte. Reconociendo su inocencia Pilato trata de calmar la sed violenta de la plebe ordenando azotarlo (Luc. 16:22; Juan 19:1). Los instrumentos de azotar aunque podían variar, por lo general eran construidos por una caña de la que dependían de tres a cinco tiras de cuero o cadena. Durante la cuarta temporada de excavaciones en Herbon, realizada por Andrews University en la década de los setenta, se recubrió un impresionante objeto. Se trataba de una bola de azotes llena de aguijones. Tres a cinco de estas dependían de un mango a través de cadenas o tiros de cuero. El arqueólogo que exhumó esta bola de azotar confesó: "Me estremecí al tomar en mis manos ese cruel objeto que había desenterrado. Me preguntaba cuantas espaldas de infortunadas víctimas había lacerado esa bolita con sus puntas de hierro". Volvamos al caso de Jesús. Pilato luego le envía, en medio de los escarnios, a Herodes (Luc. 23:7-11), quien, luego de avergonzarlo lo devuelve a Pilato. Después de frustrados intentos por soltar a Jesús, lo entregó a la crucifixión, no sin antes azotarlo de nuevo (Mat. 27:26; Mar. 15:15). Es necesario aclarar que el término "azotar" tenía un uso técnico en el mundo romano que equivalía a 40 latigazos. Así se entendía cómo Pablo, a quien por su estatus de ciudadano romano la Ley Porciana prohibía azotar (Hech. 16:37; 22:25,26) recibe de los judíos 3 veces 39 azotes. Debido a que esta cifra equivale a "cuarenta menos un" latigazos por vez, no podría acusarlos ante los romanos de haberlo "azotado" (2 Cor. 11:24). En este sentido, de Cristo, quien no era ciudadano romano, y quien fue "azotado" dos veces, podemos decir que recibió con ímpetu y furia la punzante laceración de los aguijones de las varias bolas de plomo en el látigo que ochenta veces cayó sobre su cuerpo. De esta manera, los hechos nos obligan a imaginar al Salvador con una piel, o talvez sus tejidos internos, completamente magullados. Luego de azotarle lo llevaron al Pretorio, donde le colocaron, en burla, un manto real, una vara y una corona; una corona de espinas que forzosamente le incrustaron en sus sienes (Mat. 27:29; Mar.15:17; Juan 19:2). Podemos entender porqué hubo que ayudarle a llevar la cruz (Luc. 23:2) si sabemos que esa cabeza herida por las espinas recibió además numerosos y contundentes golpes, no con el azote, sino con el palo del azote (Mar. 15:19). A esto siguieron las burlas, lo escupieron, lo abofetearon y le siguieron golpeando (Mar. 15:19, cf. Heb. 6:6). Después le colocaron la cruz, la que tuvo que llevar hasta el Gólgota, donde finalmente le crucificaron (Mat. 27:35). Los clavos que se encontraron en los restos de Jehohanan medían cerca de siete pulgadas, algo semejan-te serían los que sujetaron las manos y los pies de nuestro Salvador. Si tomamos la crucifixión de Jehohanan como modelo, las piernas de Jesús fueron dobladas de costado y un solo gran clavo de hierro le traspasó desde el costado izquierdo del calcañar (tobillo) izquierdo, hasta traspasar también el calcañar derecho desde el costado izquierdo hasta el derecho. Mientras las piernas quedaron de costado, su cuerpo fue torcido para clavar de frente sus manos en el palo horizontal. Tal posición aumentó su agonía, pues los calambres se apoderaron de sus piernas encogidas pero inmóviles. Luego de esto levantaron la cruz del suelo por medio de cuerdas. Es colocada a orilla de un orificio hecho para sujetarla. En un momento, violentamente, dejan caer la pesada cruz, estremeciéndose el cuerpo de Jesús y rasgándose las manos. Una vez levantado en alto se iniciaron una serie de torturas de las que la Inspiración no hace eco, pero que no podemos dudar sufrió Jesús. Séneca, el famoso consejero de Nerón, nos informa que los despiadados romanos a veces incluso clavaban los órganos sexuales de los hombres crucificados. Aunque a Cristo no se le haya dado ese tratamiento, nos puede dar una muestra de las cosas que no sabemos padeció Jesús luego de ser levantado en alto. Según el arqueólogo Siegfried H. Horn "el esqueleto de Jehohanan muestra claramente que los crueles verdugos usaban toda su imaginación para hacer que las para hacer que las últimas horas del condenado fueran tan dolorosas como pudieran". No sin razón la crucifixión era tan espantosa para los contemporáneos de Cristo. Cicerón la consideraba "la tortura más cruel y vergonzosa". Hasta llegó a afirmar: "Que un ciudadano romano sea azotado, es un abuso. Que sea golpeado, es un delito; que sea ajusticiado, es casi un parricidio. ¿Qué diré, pues, si es colgado en una cruz? Para algo tan nefando no hay apelativo adecuado". En otro lugar menciona la cruz como un suplicio "cuyo solo nombre esté lejos no solo de los cuerpos de los ciudadanos romanos, pero también de su pensamiento, de sus ojos, de sus oídos". Por igual el filósofo judío Filón sostenía que la cruz era "la manera más baja y rastrera en que pueda terminar una vida malvada". A pesar de lo dicho, ¡cuánto ignoramos aún el significado real de la afirmación bíblica de que Cristo "sufrió la cruz" (Heb.12:2)! Considerando la inocencia, la bondad y santidad de Jesús, podemos decir que solo el mismo Diablo pudo mover a la infame multitud a clamar ante Pilato: "¡Sea crucificado!". Me alarmo al pensar que "el sufrimiento físico fue solo una pequeña parte de la agonía del amado Hijo de Dios" por ti y por mi. |