La Lay y los Pactos
 

en la Historia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día

   
 

(3era. Parte)

 

Por: Paul Penno

   
 

En relación con Gálatas 3, el hermano J.H. Morrison dijo, según informan las notas manuscritas que tomó W.C. White en la ocasión, "El argumento de Pablo en el capítulo 3 [de Gálatas]... Yugo de servidumbre, la ley ceremonial..." (W.C. White, "Notes Made at Minneapolis, Minnesota, October, 1888." MMM, p. 426). Morrison lideraba la posición tradicional.

El hermano J.H. Morrison habló sobre Gálatas 5:1. "¿Qué significa yugo de servidumbre y ley de libertad? El yugo no era la ley de los Diez Mandamientos, sino los preceptos ceremoniales" (Id.).

E. White refirió, a propósito de las disertaciones de los hermanos Kilgore y Smith, y de la presentación del hermano Morrison:

"Cuando llegaron a la reunión por la mañana, me sorprendió oír del hermano Kilgore el tipo de discurso que presentó ante una gran audiencia de creyentes e incrédulos, un discurso que sabía que no venía dictado por el Espíritu del Señor. Le siguió el hermano Smith, quien hizo afirmaciones similares antes que el hermano Morrison iniciara su discurso, que estaba calculado para ganar simpatías, y que yo sabía que no era según los caminos del Señor. Era humano, pero no divino. Y por primera vez comencé a pensar que no estábamos sosteniendo puntos de vista correctos, al fin y al cabo, sobre la ley en Gálatas, pues la verdad no necesita de un espíritu como ese para sostenerse" (E.G. White, "Looking Back at Minneapolis," noviembre o diciembre 1888. MMM, p. 221. Original sin atributo de cursiva).

Eso revela que E. White, hasta entonces, había aceptado el punto de vista tradicional sobre la ley ceremonial en Gálatas.

No obstante, fue el espíritu manifestado durante esa reunión lo que la llevó a recapacitar. Pasaría algún tiempo antes que apoyara la posición de Waggoner sobre la ley, pero ese fue su punto de inflexión. Comenzó allí a dudar de la posición sostenida por los tradicionalistas sobre la ley en Gálatas, debido al espíritu que manifestaban al defenderla.

En el debate entre el hermano George I. Butler y E.J. Waggoner había dos documentos clave. George Butler preparó una carta abierta a los delegados de la asamblea de la Asociación General de 1886, titulada La ley en el libro de Gálatas. E.J. Waggoner tituló su respuesta: El evangelio en Gálatas (La carta de Waggoner a G.I. Butler estaba fechada el 10 febrero 1887, pero la mantuvo sin publicar hasta después de la asamblea de la Asociación General de 1888. R. Dewitt Hottell estaba leyendo La ley en el libro de Gálatas y El evangelio en Gálatas tras la asamblea de Minneapolis, el 10 de noviembre de 1888. Clinton L. Wahlen, "Selected Aspects of Ellet J. Waggoner’s Eschatology," p. 70). Los títulos dados a cada una de las dos cartas revelan mucho en sí mismos, en cuanto a la consideración de su respectivo autor acerca de cuál era el tema en la epístola a los Gálatas. Butler destacaba la ley en Gálatas. Waggoner se concentró sobre el evangelio en el nuevo pacto.

En Gálatas 3, el hermano Butler dijo:

"La ley ‘añadida a causa de las transgresiones’ se refiere de forma inequívoca a un sistema restaurador de duración temporal, ‘hasta que viniera la descendencia’. Se señala la ley moral como aquella que fue transgredida. Pero la ley ‘añadida’ de la que Pablo está hablando, hizo provisión para el perdón de los pecados en figura, hasta que fuera ofrecido el Sacrificio real" (G.I. Butler, The Law in the Book of Galatians –La ley en el libro de Gálatas-, p. 44).

Waggoner replicó:

"Si bien la ley existía en toda su fuerza antes del Éxodo, no obstante, ‘entró’, ‘vino’, fue ‘pronunciada’ o ‘dada’, fue ‘añadida’ en aquella ocasión. Y ¿por qué? Para que pudiera abundar la ofensa, es decir, ‘a fin de que el pecado, por medio del mandamiento, llegara a ser extremadamente pecaminoso’ (Rom. 7:13); a fin de que lo que ya antes era pecado, pudiese quedar más plenamente expuesto como tal pecado. Así, fue añadida ‘a causa de las transgresiones’. De no haber sido por las transgresiones, no habría habido necesidad de que la ley fuera introducida en el Sinaí. ¿Por qué lo fue debido a las transgresiones? ‘Entró para que el pecado creciese’ (Rom. 5:20), para que el pecado se hiciera más patente que nunca antes, de forma que los hombres fueran llevados a la sobreabundante gracia de Dios tal como se manifestó en Cristo. [La ley] Vino de esa forma a ser un guía, un pedagogo, para llevar a las personas a Cristo a fin de que fueran justificadas por la fe, y hechas justicia de Dios en él. Así, se declara más adelante que la ley no va contra las promesas de Dios. Actúa en armonía con la promesa, ya que sin ella, la promesa no tendría efecto. Y eso testifica de la forma más enfática acerca de la perpetuidad de la ley" (E.J. Waggoner, The Gospel in Galatians, p. 19).

Esa ley calificada como guía o ayo, Butler la aplicaba

"...a ese sistema provisional y temporal de leyes en el que los judíos y sus prosélitos estaban ‘encerrados’, hasta que fuera ‘derribado’ ‘el muro de separación’. Se trataba de un sistema severo, de un ‘yugo de servidumbre’ que no podían soportar, que les era ‘contrario’" (G.I. Butler, The Law in the Book of Galatians, p. 53).

Algunas de las afirmaciones que hizo el hermano Butler eran indicativas de un dispensacionalismo latente de estilo adventista.

"No había, pues, motivo alguno para seguir manteniendo el muro de separación entre ellos y los demás. Todos estaban ahora a un mismo nivel ante los ojos de Dios. Todos debían allegarse a Dios mediante el Mesías que había venido al mundo; sólo mediante él podía el hombre ser salvo" (Id., p. 10).

Waggoner identificó dos métodos de salvación en el esquema propuesto por el hermano Butler: uno mediante Cristo, y el otro mediante el sistema reparador. Respondió así a Butler:

"Sus palabras parecen implicar que antes de la primera venida, el hombre se allegaba a Dios mediante la ley ceremonial, y que a partir de entonces lo hacía mediante el Mesías; pero hemos de ir fuera de la Biblia para sustentar la idea de que alguien haya podido jamás allegarse a Dios de otra forma que no sea mediante Cristo. Amós. 5:22; Miq. 6:6-8 y muchos otros textos muestran de forma concluyente que la ley ceremonial nunca podía por ella misma capacitar a las personas para allegarse a Dios" (E.J. Waggoner, The Gospel in Galatians, p. 8).

El hermano Butler hablaba sobre un perdón figurativo de los pecados, antes de la primera venida de Cristo.

"Se hace referencia a la ley moral, como aquella que fue transgredida. Pero la ley ‘añadida’ de la que Pablo está hablando, hacía provisión para el perdón de esas transgresiones en figura, hasta que fuera ofrecido el Sacrificio real" (G.I. Butler, The Law in the Book of Galatians, p. 44. Original sin atributo de cursiva).

Waggoner expresó su horror ante esa declaración de Butler:

"...la cita referida expresa una idea que temo que se haya estado enseñando últimamente en cierta medida. Consiste en que en la así llamada dispensación judía, el perdón de los pecados era sólo figurado. Sus palabras indican claramente que no existía un perdón real de los pecados hasta ser ofrecido Cristo, el Sacrificio real..." (E.J. Waggoner, The Gospel in Galatians, p. 29. Original sin atributo de cursiva).

Waggoner señaló que la teología del hermano Butler restringía la salvación sólo a la generación que vivió en la primera venida de Cristo.

"Pero usted dice que el apóstol está razonando acerca de dispensaciones, y no de experiencias individuales, y que llevarlos a Cristo significa llevarlos a su primera venida, y ‘al sistema de fe que en ella se inauguró’. Ahora bien, esa es la más débil de todas las posiciones que podía tomar, ya que de ser ese el significado, entonces la ley sólo podía cumplir su propósito para la generación que vivía en los días de la primera venida de Cristo. Nadie más vino a Cristo, en el sentido en el que usted emplea el término. La única forma en que la ley habría podido llevar a las personas a Cristo, en el sentido en que usted la aplica, es decir, a su primera venida, habría sido prolongándoles la vida. Adán habría tenido que vivir al menos 4.000 años. Permítame que lo repita: El texto no dice que la ley sea un guía para señalar a los hombres a Cristo, sino para llevarlos a él" (E.J. Waggoner, The Gospel in Galatians, p. 32 y 33).

Así pues, Waggoner vio que la obra de la ley consistía en encerrar a los hombres en su pecado para llevarlos a Cristo el Salvador. La ley moral cumplía su función tanto en tiempos del Antiguo como del Nuevo Testamento, y hasta la segunda venida.

El hermano Butler reconocía la justicia por la fe, pero guardar la ley y el sábado eran los puntos más importantes en su agenda. Según él, Dios había dado a Israel la ley ceremonial bajo el antiguo pacto a fin de distinguirlos del resto del mundo como su especial pueblo escogido. Si obedecían esas ordenanzas, vivirían.

Según Butler, los dos pactos venían a ser casi dos métodos de salvación. El antiguo pacto era para Israel antes de Cristo, y el nuevo pacto para los israelitas espirituales, después de la primera venida. Es como si la salvación por las obras fuera adecuada para los judíos, bajo la antigua dispensación. Habían sido elegidos por encima de todos los demás.

E.J. Waggoner vio la ley moral como ordenada para vida. Cuando el hombre pecó, cayó bajo su condenación y penalidad. Se "añadieron" o pronunciaron los Diez Mandamientos en el Sinaí, debido a que los israelitas no reconocían su pecaminosidad, a diferencia de su padre Abraham. Dios enfatizó la ley moral a fin de llevar a Israel a Cristo, su única justicia. La ley no tenía una función dispensacionalista. Los Diez Mandamientos sirvieron siempre el propósito de llevar pecadores culpables a los pies de la cruz, de forma que pudieran ser salvos por la fe de Jesús.

El antiguo sistema reparador de los sacrificios fue el medio de expresar la fe en Cristo. Existió antes del Sinaí para Abel, Noé y Abraham. Todos se valieron de él. Los sacrificios no eran el medio por el que se obtenía el perdón de los pecados. Sólo Cristo perdona los pecados. Quienes participaban en las ordenanzas por la fe en Cristo, demostraban que era genuina su fe en el futuro sacrificio de su Salvador. Ese sistema carecía de significado una vez que Cristo murió en la cruz.

Waggoner llegó a su comprensión de la justificación por la fe a través de su comprensión de los pactos. El viejo pacto era en esencia: "Obedece y vivirás". Consistió en la promesa del pueblo: "Haremos todo lo que Jehová ha dicho" (Éx. 19:8). Una declaración tan jactanciosa como esa no tenía en cuenta la pecaminosidad de la naturaleza humana. Situaba al que hacía la promesa bajo un yugo de esclavitud, ya que no podía obedecer la ley. El viejo pacto era, pues, una condición del corazón, y no estaba asociado a ningún período de tiempo en particular. Todos los que tuvieran una mentalidad similar en cuanto a su relación con Dios, estaban bajo el yugo del viejo pacto.

Por otra parte, el nuevo pacto consistía exclusivamente en la promesa hecha por Dios. Dios dio su salvación a todos los que creían en Cristo. La condición para la salvación era perfecta obediencia a la ley de Dios. Esa condición fue satisfecha por Cristo. Esa fue la promesa que Dios dio a Abraham, Isaac y Jacob. Dios la renovó a Israel en Sinaí, pero el pueblo de Israel la rechazó en gran medida con su incredulidad.

El nuevo pacto estaba tan presente en los tiempos del Antiguo Testamento, como después de la primera venida de Cristo y de su muerte en la cruz. La ratificación del nuevo pacto mediante el derramamiento de la sangre de Cristo, existía anticipadamente antes de la cruz. Eso no restaba ninguna realidad a la eficacia de la salvación antes de la cruz. Después de ella, los creyentes gozan de la realidad del nuevo pacto confirmado, y por la fe pueden dirigir sus ojos al Calvario.

Las dos cartas abiertas escritas por George I. Butler y E.J. Waggoner fueron una fuente primaria para determinar los temas tratados en la asamblea de la Asociación General de Minneapolis, en 1888. En resumen, el asunto era la justicia por la fe en su adecuada relación con la ley de Dios. Waggoner concibió la justificación a través del motivo del viejo y nuevo pactos.

De acuerdo con la teología de Waggoner, los Diez Mandamientos eran el guía o tutor que llevaba al pecador "a Cristo, a fin de que pudiera ser justificado por la fe". E. White, si bien no coincidiendo con todas sus posiciones (hasta donde podía comprenderlas), lo apoyó en ese punto central, en la contienda de 1888. "Veo", dijo a los delegados,

"la belleza de la verdad en la presentación de la justicia de Cristo en relación con la ley, tal como el doctor la ha expuesto ante nosotros. Armoniza perfectamente con la luz que a Dios ha placido darme durante todos los años de mi experiencia" (Id., p. 164).

La ley llevaba a las personas a Jesús, a fin de obtener perdón.

¿Qué tipo de espíritu demostró E.J. Waggoner en sus presentaciones? E. White dijo: "Insistí en que debía manifestarse allí un espíritu correcto, a semejanza del de Cristo, como el que había revelado el hermano E.J. Waggoner a lo largo de las presentaciones de sus puntos de vista..." (E.G. White, "Looking Back at Minneapolis," Ms 24, 1888. EGW 1888, p. 219). Evidentemente, no era su conducta personal la responsable del prejuicio en la audiencia.

El sábado 4 de noviembre, el último día de la asamblea, E. White escribió a su nuera Mary White:

"Este ha sido un encuentro por demás laborioso, ya que Willie y yo tuvimos que estar atentos a cada punto, a fin de evitar que se efectuaran movimientos, se aprobaran resoluciones, que fuesen en detrimento de la obra en el futuro" (Carta de E.G. White a Mary White, 4 noviembre 1888, Minneapolis, Minnesota. EGW 1888, p. 182).

El grupo de Butler, Smith, Kilgore y Morrison procuró forzar una votación para establecer la posición correcta del credo, en relación con la ley y el evangelio.

Posteriormente A.T. Jones relató dicho intento en la asamblea:

"En Minneapolis, en 1888, la ‘administración’ de la Asociación General hizo todo lo posible para que la denominación votara en favor del pacto ‘Obedece y vivirás’, o justicia por las obras.

Por aquel entonces fracasó el intento; pero desde ese día hasta hoy, ese espíritu y ese elemento no han cejado nunca en su empeño. Vieron que no podían conseguirlo entonces, e hicieron profesión y apariencia de aceptar la justicia por la fe. Pero no la aceptaron nunca en la verdad que contiene. Nunca la aceptaron como vida y justicia provenientes de Dios, sino sólo como una ‘doctrina’ que añadir a un listado o serie de ‘puntos’, junto a otros ‘temas doctrinales’" (Alonzo T. Jones, "God’s Everlasting Covenant," Remarks made in the Battle Creek Sanitarium Sabbath School, n.p., 20 julio 1907, p. 31).

El intento por forzar esa votación pudo haberse dado en más de una ocasión. W.C. White mencionó lo que sigue:

"Casi hay una obsesión con la ortodoxia. Se presentó una resolución en la reunión sostenida en el seminario, al efecto de que no se enseñase allí ninguna doctrina nueva hasta no haber sido adoptada por la Asociación General. Mi madre y yo logramos su anulación tras ardua lucha," (Carta de W.C. White a Mary White, 3 noviembre 1888, Minneapolis, Minnesota. MMM, p. 123).

Toda la evidencia existente de primera mano y digna de crédito, indica que Waggoner presentó la justificación por la fe en el contexto de los pactos y la ley en Gálatas, Romanos y Hebreos. Si bien las propias disertaciones de Waggoner no quedaron registradas, testigos presenciales tales como W.C. White, informes en las revistas y el "Daily Bulletin", así como notas y relatos apoyan esa conclusión (Clinton Wahlen, "What Did E.J. Waggoner Say at Minneapolis?" Adventist Heritage 13, 1 -invierno 1988-, p. 22-37). Además, los artículos y panfletos que Waggoner publicó inmediatamente antes de la asamblea de Minneapolis indican que ese fue el mensaje que trajo a la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Es preciso recalcar que el mensaje de E.J. Waggoner sobre la justicia por la fe estaba incorporado y entretejido con la comprensión que él tenía de la ley y los pactos. Equivocar, descontar o rechazar algún aspecto de ese trío, equivale a distorsionar el mensaje de 1888. La ley en Gálatas no puede considerarse como un hito, a pesar de lo cual resultó crucial para comprender el plan de la salvación de Dios en la historia.

Muchos dirigentes de la Iglesia Adventista del Séptimo Día rechazaron en Minneapolis el mensaje de la ley en Gálatas. E. White siguió abierta al tema, en espera de mayor estudio de las Escrituras. Cabe decir lo mismo con respecto a su comprensión de los pactos. A pesar de ello, apoyó plenamente el mensaje de la justificación por la fe como mensaje del tercer ángel en verdad (E.G. White, "Repentance the Gift of God," RH –1 abril 1890-).

El resultado de la asamblea de 1888 fue la confusión doctrinal en esos puntos, y los sentimientos de enemistad entre hermanos. A la iglesia le esperaba un largo viaje hasta ver resueltos esos asuntos.

Otra oportunidad para educar a la membresía de la iglesia con respecto al mensaje de 1888 sobre los pactos, fue las "Lecciones de Escuela Sabática sobre la Carta a los Hebreos -para adultos-". Se editarían entre el 5 de octubre de 1889 y el 21 de junio de 1890. El hermano J.H. Waggoner había sido el autor de las lecciones los tres trimestres anteriores. Murió por rotura de aneurisma, el 17 de abril de 1889 (J.N. Loughborough, "Elder J. H. Waggoner," ST 15, 19 –20 mayo 1889-, p. 294), y se pidió entonces a E.J. Waggoner que completara la edición. E. White mencionó que E.J. Waggoner fue el autor de las lecciones para la Escuela Sabática del primer trimestre de 1890 (Carta de E.G. White a Willie y Mary White, 13 marzo 1890, Battle Creek, Michigan. EGW 1888, p. 627. Se discute también sobre ellas en una Carta de Dan T. Jones a E.W. Farnsworth, 9 febrero 1890, Battle Creek, Michigan).

Bien valía la pena el estudio de aquellas lecciones. Refiriéndose al pacto de Horeb, Waggoner preguntó: "¿...En qué respecto fue defectuoso el primero [pacto]? Respuesta: -En las promesas" (Sabbath-School Lessons on the Letter to the Hebrews for Senior Classes. 4 enero al 29 marzo de 1890, -Oakland, California: International Sabbath-School Association, 1889-, p. 10). (Heb. 8:6 y 7). "Por consiguiente, el primer pacto fue una promesa de parte del pueblo, al efecto de que ellos mismos se harían santos" (Id., p. 11). Se trataba de algo imposible.

Waggoner continuó el estudio con la pregunta:

"¿...Dónde está la gran diferencia entre el primer pacto y el segundo? Respuesta: -En el primer pacto, el pueblo prometió santificarse a sí mismo; en el segundo, Dios declara que hará esa obra por ellos" (Id., p. 13).

"Esa justicia cubre todos los pecados pasados, se materializa en la vida presente en buenas obras" (E.J. Waggoner, "Letter to the Hebrews. Capítulo 8:8-12. Lección 16." -18 enero 1890-, p. 10).

Citando Gálatas 4:24, Waggoner señaló que el viejo pacto "engendra hijos para esclavitud". El hombre estaría obligado a obedecer la ley a fin de poder ser liberado de los "pecados pasados" y caminar en libertad. Pero dado que es incapaz de eso, el primer pacto no proporciona más que esclavitud (Id.).

Dios nunca hizo un pacto con los gentiles (Efe. 2:12). Los pactos fueron hechos con los judíos (Rom. 9:4). Si los gentiles creían en el Redentor, se hacían depositarios de las bendiciones de los pactos, [dejando entonces de ser gentiles] (Efe. 2:13-20) (Id.).

Si no había perdón de los pecados bajo el antiguo pacto, ¿cómo se salvaban? La circuncisión era una señal de que Israel podía disfrutar las bendiciones del pacto de Dios con Abraham [Rom. 4:11].

"Ese era un pacto de fe, confirmado ya previamente por la palabra y el juramento del Señor, en Cristo, el Descendiente [Simiente], y no quedaba anulado por ninguna disposición posterior (Gál. 3:15-17)" (Sabbath-School Lessons on the Letter to the Hebrews for Senior Classes. 4 enero al 29 marzo 1890, -Oakland, California: International Sabbath-School Association, 1889-, p. 17).

El primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal (Heb. 9:1). "Pero se trataba de añadidos que de ningún modo eran necesarios para el pacto, si bien lo eran como tipos del sacrificio y sacerdocio del nuevo pacto" (Id., p. 18). Eran de naturaleza típica. No había en ellos perdón inherente. Eran símbolos que señalaban al nuevo pacto. Las personas se habían de valer de ellos como expresión de su fe en el nuevo pacto.

Waggoner continuó así:

"Todas las transgresiones cometidas bajo ese pacto que fueron perdonadas, lo fueron en virtud del segundo pacto del que Cristo es mediador. Aunque la sangre de Cristo no fue derramada sino cientos de años después que se hiciera el primer pacto, los pecados eran perdonados tan pronto como se confesaban" (Id., p. 26).

Dios había confirmado ya su pacto con Abraham, mediante su propia promesa y juramento.

Esas "dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta" (Heb. 6:17 y 18), hicieron el sacrificio de Cristo tan eficaz en los días de Abraham y Moisés, como lo es ahora" (Id.).

El viejo pacto no existía por sí mismo. Waggoner escribió:

"El llamado ‘segundo pacto’ existía virtualmente antes del pacto hecho en Sinaí; ya que el pacto hecho con Abraham fue confirmado en Cristo (Gál. 3:17); y es solamente Cristo quien da valor al llamado segundo pacto" (Id., p. 20).

Después que la denominación hubiera estado estudiando las lecciones durante todo un mes, el hermano Smith publicó en la Review una renuncia a las mismas.

"En cuanto a las muchas preguntas que nos están escribiendo en relación con la nueva deriva teológica en las lecciones de Escuela Sabática, ...la Biblia... es nuestra única regla de fe...

...no hay que suponer que la Review ...apoya todo lo que puedan contener...

...no es sólo el privilegio, sino también la obligación de todos los que detecten que [esas lecciones] están en desacuerdo con las Escrituras, el rechazarlas sin escrúpulos y sin reservas" (U. Smith, RH –28 enero 1890-).

Estaba llegando una gran cantidad de cartas objetando las lecciones de Escuela Sabática, desde todas las partes del país, incluyendo Iowa, Nebraska, Idaho, Michigan e Indiana. Dan Jones informó al hermano Olsen que

"todo está marchando bien, excepto en relación con las lecciones de Escuela Sabática. Entiendo que hay una considerable agitación a propósito del pacto. Es objeto de continuas discusiones en las diferentes clases de maestros" (Carta de Dan T. Jones a O. A. Olsen, 16 enero 1890. Battle Creek, Michigan).

Dan Jones era maestro de Escuela Sabática en la iglesia de Battle Creek. Le inquietaban mucho las lecciones editadas por E.J. Waggoner. Escribió al hermano George I. Butler:

"Me refiero especialmente a las últimas lecciones de Escuela Sabática, en las que se ha presentado el tema del pacto de tal forma, que jamás en toda mi vida me había sucedido algo que me afectara de ese modo. Me sentí tan contrariado por ese asunto, que a duras penas supe cómo reaccionar. Nos llegó como el relámpago inesperado procedente de un cielo despejado... Pero de una u otra forma, el asunto se ha ido complicando hasta estar ahora en pleno apogeo" (Carta de Dan T. Jones a George I. Butler, 13 febrero 1890. Battle Creek, Michigan).

Dan Jones informó en estos términos a E.W. Farnsworth:

"...acaban de llegar las lecciones de Escuela Sabática, y hay en ellas mucho que yo no puedo apoyar acerca del tema del pacto, de forma que dimití como maestro de Escuela Sabática, y dejé de asistir por dos semanas" (Carta de Dan T. Jones a E.W. Farnsworth, 9 febrero 1890. Battle Creek, Michigan. General Conference of Seventh-day Adventist Archives).

Esas lecciones habrían de precipitar la revisión de todo el tema de la ley y los pactos. La denominación no había resuelto esos puntos en 1888. Habrían de continuar siendo puntos álgidos, causantes de tensiones, vez tras vez. Era como una repetición de Minneapolis.

Si la asamblea de 1888 en Minneapolis estuvo centrada en la justicia por la fe y la ley en Gálatas, el Instituto Bíblico ministerial del 5 de noviembre al 25 de marzo de 1890 se centró en los pactos ("El instituto ministerial, a lo largo del invierno de 1890... Los pactos fueron el tema central del debate teológico. Las lecciones de Escuela Sabática de Waggoner habían desencadenado recientemente ese debate" George R. Knight, A User-Friendly Guide to the 1888 Message -Hagerstown, Maryland: Review and Herald Publishing Association, 1998-, p. 120). A.T. Jones presentó los pactos. Un estudiante que estuvo presente en aquellas clases, el hermano E.P. Dexter, escribió:

"Desde que asistí a las clases del hermano [A.T.] Jones, he dedicado un considerable estudio a los pactos, y si bien he aceptado gozosamente la luz avanzada que ha acompañado su exposición de este tema, no puedo ser ciego al hecho de que nuestro pueblo no lo comprende plenamente. Esa deficiencia y falta de armonía quedó evidenciada en las lecciones de Escuela Sabática sobre Hebreos. Desde entonces, tengo la impresión de que se ha evitado hablar sobre este tema" (Carta de E.P. Dexter a E.G. White, 11 marzo 1891. Dexter dijo que "El hermano A.T. Jones [estuvo] en el instituto ministerial, Battle Creek, 1888-89..." Original sin atributo de cursivas).

A.T. Jones se vio obligado a abandonar la ciudad de Nueva York antes de la Navidad de 1889, para poder redactar el Sentinel. E.J. Waggoner vino a tomar el relevo de Jones. Dan Jones informó a H.E. Robinson de que "el Dr. Waggoner fue designado para ocuparse del resto de la serie, a pesar de resistencias considerables..." (Carta de Dan T. Jones a H.E. Robinson, 3 enero 1890, Battle Creek, Michigan).

E.J. Waggoner estaba dando un curso sobre el libro de Isaías durante la última parte del año 1889 (Carta de Dan T. Jones a M. Larson, 2 enero 1890, Battle Creek, Michigan), pero a principios de año hizo cambios, y anunció que enseñaría sobre los pactos.

El hermano Dan T. Jones, secretario de la Asociación General, tenía a su cargo el seminario, en ausencia de su titular -el profesor W.W. Prescott-, quien había tenido que salir en viaje de negocios. El hermano Dan T. Jones escribió a propósito de lo sucedido:

"...supe que el Dr. Waggoner había anunciado en su seminario que abordaría el tema del pacto la mañana del lunes siguiente... Pensé en ello por algún tiempo, y decidí ir a hablar con el hermano White y el Dr. al respecto, intentando prevalecer sobre ellos a fin de que no se abordara ese tema, al menos hasta que pudieran estar de regreso el profesor Prescott y el hermano Olsen" (Carta de Dan T. Jones a E. W. Farnsworth, 9 febrero 1890).

Dan Jones creía que siendo que Waggoner no había consultado con el "comité de dirección del seminario o con los otros miembros de la facultad, habría causado una gran insatisfacción en todas partes" (Carta de Dan T. Jones a C.H. Jones, febrero 1890).

Dan Jones acudió primero al hermano W.C. White con el problema. El hermano White le recomendó que hablara con el Dr. Waggoner para solucionarlo. El viernes, Dan Jones habló con Waggoner con el propósito de diferir la enseñanza de los pactos a los pastores, hasta que pudiera ser decidido por el profesor Prescott y el hermano Olsen. Dan Jones y Waggoner hablaron durante un par de horas sobre el problema. Waggoner ya lo había preparado todo para comenzar el curso el lunes, y no estaba dispuesto a cambiar sus planes.

El lunes, sobre las seis de la tarde, el Dr. Waggoner entregó a Dan Jones una carta de renuncia a la hora de clase que tenía que haber dedicado a la enseñanza de los pactos. Eso dejó a Dan Jones confundido en cuanto a qué hacer. El martes intentó que el Dr. Waggoner lo reconsiderase, pero ninguno de los dos estaba dispuesto a llegar a un compromiso en su posición. Dan Jones y W.C. White decidieron entonces que fuera el hermano Smith quien diera las clases.

Entonces, Dan Jones y Uriah Smith

"decidieron suavizar el incidente tanto como pudieran ante la clase, diciendo que se había pensado que sería mejor que viniera el hermano Smith, en razón de su actual agenda de trabajo, dejando aparcada la cuestión del pacto por el momento debido a que el Dr. Waggoner tenía exceso de trabajo y necesitaba descanso, motivo por el cual se había considerado la ayuda del hermano Smith en el seminario bíblico, etc. Entonces me encomendaron a mí presentar el asunto ante la clase. Tras haber tomado la decisión, teníamos sólo diez minutos antes que comenzara la hora de clase asignada al hermano Smith. Así, llegué junto al hermano Smith unos minutos antes de que el Dr. terminara su clase. Después que hubo terminado, [el Dr. Waggoner] dijo: ‘A veces sucede lo inesperado, y a mí me ha sucedido algo muy inesperado. Se han presentado objeciones a mi enseñanza sobre el pacto en este seminario, para gran sorpresa mía, y no lo voy a abordar por ahora. El hermano [Dan] Jones les explicará el cambio que se ha efectuado’. Eso echó por tierra completamente la pequeña charla que había preparado, así es que todo cuanto pude decir fue que se había considerado más oportuno posponer la cuestión del pacto, al menos por el momento, y que el hermano Smith trataría el tema del santuario" (Carta de Dan T. Jones a George I. Butler, 13 febrero 1890. Battle Creek, Michigan).

Parece que el hermano Dan Jones no fue demasiado honesto con los estudiantes a propósito de lo sucedido, cosa que propició que Waggoner abandonara esa clase.

El domingo 16 de febrero por la mañana, en la capilla anexa al Este de la iglesia de Battle Creek (Carta de Dan T. Jones a J.O. Corliss, 16 febrero 1890, Battle Creek, Michigan), Smith presentó una breve reseña de su posición sobre los pactos. Describió el plan de la salvación a través de los pactos dados a Adán, Abraham e Israel. Smith dijo que Israel estaba "bajo el pacto Adánico, bajo el pacto Abrahámico" (Uriah Smith, "Remarks of Eld. Uriah Smith at the Bible-School, 16 febrero 1890," p. 3). Si "le obedecían, si guardaban sus leyes y mandamientos", entonces haría de ellos una gran nación. Smith concluyó:

"Por lo tanto, entiendo que los dos pactos fueron las dos dispensaciones mediante las cuales Dios obró para llevar a cabo su plan establecido originalmente con Abraham" (Id., p. 4).

El Dr. Waggoner hizo su presentación el lunes 17 de febrero, durante dos horas (se tomaron notas de las presentaciones de Uriah Smith y R.C. Porter, pero no hubo notas disponibles de las presentaciones de E.J. Waggoner). Dan Jones observó:

"No hubo nada de lo presentado a lo que el hermano Smith o cualquiera que estuviera al corriente de los pactos pudiera objetar, hasta el final de la última sesión, cuando el Dr. Waggoner trazó un paralelismo entre el viejo y nuevo pactos, mostrando que cada uno de ellos tenía tres objetivos: primeramente la justicia; en segundo lugar la herencia de la tierra, y en tercero, un reino de sacerdotes. Pero en el primer pacto todo dependía de la obediencia del pueblo; mientras que en el segundo, o nuevo pacto, Dios lo hace por el pueblo" (Carta de Dan T. Jones a R.A. Underwood, 18 febrero 1890, Battle Creek, Michigan, p. 817).

Dan Jones objetaba a la idea de que el viejo y el nuevo pacto fueran dos pactos diferentes.

Según Dan Jones, había acuerdo entre Waggoner y Smith en lo referente a los objetivos de ambos pactos. El punto conflictivo radicaba en cómo se cumplía. Con toda probabilidad, los opositores a Waggoner habrían afirmado que el primer pacto dependía de la obediencia, más la ayuda de Dios. El segundo pacto dependía también de la obediencia, pero se trataba de la obediencia de Cristo en lugar de la del pecador. El pacto de Dios prometía perdón de los pecados, y ayuda divina.

El pastor O.A. Olsen estaba presente en la presentación de E.J. Waggoner acerca de los pactos. Dijo: "Creo que el Dr. Waggoner ha puesto de relieve una verdad muy importante sobre este tema" (Carta de O.A. Olsen a T.L. Waters, 17 marzo 1890, Battle Creek, Michigan).

El pastor U. Smith continuó su presentación formal el miércoles 19 de febrero de 1890. Edson White tomó notas de sus aseveraciones. Smith dijo que todo estaba en armonía en lo referente a la justificación por la fe. Continuó así:

"Pero en este tema de los pactos hay ciertos puntos, algunas escrituras donde parece haber una diferencia de opinión concerniente a la aplicación dada" (Uriah Smith, "Remarks of Uriah Smith, Bible-school, 19 febrero 1890").

El hermano Smith expuso al punto su dispensacionalismo. Aunque el lenguaje parece algo desmañado debido a que se trata de un informe verbal, es revelador examinar los términos exactos en los que presentó su concepto:

"...creo que la promesa hecha a Abraham comenzó allí mismo, y pasó a su posteridad inmediata discurriendo a través de la descendencia literal [es decir, el pacto era para los descendientes directos], y mediante la descendencia literal vino a resultar en un más amplio desarrollo del plan –alcanzando a la consumación final, la redención del hombre, la renovación de la tierra y la posesión final de la herencia. Y en el desarrollo de esa promesa, entiendo que Dios ha dispuesto dos dispensaciones, dos etapas –por así decirlo- en el desarrollo de esa obra. En el cumplimiento de esa promesa que hizo a Abraham hubo dos etapas, dos dispensaciones, y mediante cada una de ellas estaba llevando adelante la misma idea, buscando el mismo fin; y ambas fueron un paso hacia adelante en el desarrollo del plan: la promesa, primeramente, que abarcaba a la descendencia literal, asegurándoles muchas de las bendiciones y privilegios a disfrutar temporalmente en este mundo, en su estado mortal; pero la promesa hecha a Abraham era de tal naturaleza que todos no podían resultar asegurados en su estado mortal -en esta tierra, en su actual condición- y por lo tanto, se extendía hasta la resurrección final de los muertos; la inmortalidad eterna en la tierra nueva era la plenitud final de la promesa, pero teniendo lugar en esas dos etapas. Ahora nos sentimos capaces de comprender lo que implican algunas escrituras y ver la armonía existente entre ciertas afirmaciones del registro sagrado que no podríamos armonizar si tomáramos la promesa hecha a Abraham como siendo simplemente una promesa que se le hizo a él, y que luego pasó directamente hasta Cristo, dejando excluidos a todos los que hubo entre Abraham y Cristo. Es mi parecer que la promesa hecha a Abraham abarcó todo el período entre él y Cristo; y cuando llegó a Cristo, por supuesto cumplió todo cuanto había de realizarse por medio de él" (Id. Original sin atributo de cursivas).

El hermano Smith vio el pacto del Sinaí como una continuación del pacto Abrahámico.

Explicó lo que Dios había realizado "haciendo ese pacto con el pueblo al sacarlos de Egipto: primeramente, cumpliendo la promesa de Abraham como correspondía a aquel tiempo" (Id.). No vio distinción entre el pacto Sinaítico hecho con Israel, y el pacto Abrahámico. "...Me parece que este pacto está íntimamente relacionado con ese pacto Abrahámico" (Id.).

El pacto del Sinaí había de preservar la pureza de los israelitas en relación con las otras naciones. Cristo podría entonces hacer venir su genealogía como Mesías, desde el propio Abraham a quien fue dado el pacto. La impresión que dejaba el hermano Smith era que la salvación, bajo el viejo pacto, era sólo figurativa. El pacto Abrahámico podía solamente señalar a Cristo, quien era la realidad.

Smith explicó:

"Así, en Cristo se cumplieron las previsiones del pacto Abrahámico, y fueron puestas a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, y otorgadas a las personas. Y finalmente serían llevados a la expiación, momento en el que los pecados serían absolutamente perdonados; y eso, para nadie –ni siquiera en favor de Abel- antes de que la expiación fuera efectuada aquí, en la expiación de Cristo, –llevando a su pleno cumplimiento la promesa de salvación hecha a Abraham" (Id.).

Según el punto de vista del hermano Smith, ninguno de los patriarcas que vivieron por la fe recibieron la expiación por sus pecados hasta la muerte de Cristo. Se les aplicaba solamente un perdón figurativo en anticipo de la cruz.

El apóstol Pablo afirmó: "Decidme, los que queréis estar bajo la Ley: ¿no habéis oído la Ley?, pues está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava y el otro de la libre" (Gál. 4:21). El hermano Smith interpretaba aquí la ley diciendo: "De Jerusalén habían venido ciertos maestros inquietándolos, y declarando que debían circuncidarse y guardar la ley de Moisés" (Id.).

El hermano Smith sostenía que el apóstol Pablo estaba abordando un problema del viejo pacto que existía en su día, a propósito de los judaizantes y de los cristianos de Galacia. Estos estaban queriendo volverse atrás, a la circuncisión, a fin de ser salvos tal como se supone que lo fueron los israelitas bajo la antigua dispensación. Según eso, Pablo no estaba hablando en términos negativos del antiguo pacto, durante el período de tiempo de Israel para el que fue instituido. Era una buena cosa que Dios había dispuesto para la salvación de ellos, aunque careciendo de valor después de la cruz.

Un pastor que participaba en el instituto bíblico, S.A. Whittier, expresó su opinión ante los dirigentes, en relación con los pactos:

"...Nuestra posición sobre los dos pactos no me pareció clara" (Carta de S.A. Whittier a O.A. Olsen, 22 enero 1890, Battle Creek, Michigan).

El presidente, el hermano O.A. Olsen, calificó de "pintoresca" la posición de los dirigentes sobre los pactos.

"He tenido ocasión de recabar de los hermanos dirigentes cuáles son sus posiciones al respecto de los pactos, y la verdad es... que no he encontrado a dos de ellos que sostengan particularmente los mismos puntos de vista. Ello me ha llevado a concluir que nuestros hermanos no tienen claro el tema, ni poseen la plena luz al respecto..." (Carta de O.A. Olsen a R.A. Underwood, 16 febrero 1890, Coopersville, Michigan).

Lo anterior es indicativo del estado de confusión existente entre los dirigentes, en lo relativo al tema de los pactos.

Pocos días después de la presentación del hermano Smith, el lunes 24 de febrero, habló el hermano R.C. Porter, de la Asociación de Minnesota (El comité de la Asociación General trajo al hermano Porter estando ya iniciado el Instituto Bíblico. Había de ejercer como profesor en el seminario. Dan Jones refiere que el comité creía que "El hermano Porter tenía ciertas cualificaciones naturales que le harían encajar bien en esa línea de la obra..." Carta de Dan T. Jones a Allen Moon, 3 enero 1890, Battle Creek, Michigan. Cf. Carta de Dan T. Jones a R.C. Porter, 2 enero 1890, Battle Creek, Michigan). Expuso su tesis con estas palabras: "Entiendo que el pacto Abrahámico abarca ambos, el viejo y el nuevo pactos..." (R.C. Porter, "Remarks of Eld. R.C. Porter, at the Ministers’ Bible-school," February 24, 1890. General Conference of Seventh-day Adventist Archives. Edson White tomó notas de la presentación de Porter "sobre la cuestión de los pactos que dio el invierno pasado en el instituto bíblico". Carta de Dan T. Jones a R.C. Porter, 5 mayo 1890, Battle Creek, Michigan). Continuó así: "...El llamado antiguo pacto se estableció a fin de cumplir el pacto hecho con Abraham..." (Id.). Porter no hizo distinción alguna entre el viejo y el nuevo pactos. El uno no era sino la extensión del otro. El hermano Porter repitió varias veces una afirmación que aparentaba estar en sintonía con lo que el Dr. Waggoner había venido enseñando. "El Señor no esperaba que el pueblo guardara ese [antiguo] pacto en la propia fuerza de ellos" (Id.). Repitió varias veces que Dios proveyó ayuda divina para guardar el viejo pacto. "...Se les dio allí mismo la promesa de ayuda divina, a fin de capacitarlos para cumplir las especificaciones del antiguo pacto" (Id.). Waggoner había dicho que no había en el antiguo pacto una promesa tal de ayuda o perdón divinos. Porter intentaba rebatir a Waggoner en ese punto.

Según la comprensión de Porter, bajo el antiguo pacto Dios hizo provisión para que las personas fueran justas.

"...El Señor deseaba ver justicia en ese pueblo; y ciertamente no la habría esperado a no ser que hubiera provisto un camino mediante el cual pudieran obtener esa justicia que el Señor esperaba de ellos" (Id.).

Evidentemente se trataba de afirmaciones hechas con la intención de refutar a Waggoner.

Y entonces, atacando la premisa básica de la comprensión del Dr. Waggoner sobre el antiguo pacto –un pacto fundamentado en las promesas del pueblo-, el hermano Porter dijo: "Las condiciones bajo las cuales se estableció ese [antiguo] pacto fueron las de obediencia real, y no de promesas de obediencia" (Id.). La implicación era que Israel debía obedecer los mandamientos como condición del antiguo pacto. Y podrían obedecer, ya que Dios les ayudaría. Según él, el antiguo pacto no era la promesa de obediencia hecha por el pueblo. No cabía una refutación más esmerada del mensaje de Waggoner sobre los pactos.

Finalmente, el hermano Porter dio fe de su acuerdo con el hermano Smith en lo relativo al dispensacionalismo. "El pacto Abrahámico es el pacto eterno; y los dos pactos no son sino los medios, en las diferentes épocas, de lograr el cumplimiento de ese plan..." (Id.). Pacto Abrahámico equivalía a pacto antiguo más pacto nuevo. Los pactos antiguo y nuevo eran los mismos medios en "diferentes épocas", a fin de restaurar al pecador "al favor para con Dios".

La reacción de E. White a su presentación fue un rechazo sonado. "...Hermano Porter... usted no anda en la luz. No le sorprenda que rehúse entrevistarme con usted, siendo que está en las tinieblas" (E.G. White, Sermón, 8 marzo 1890, Battle Creek, Michigan. EGW 1888, p. 595).

El trío formado por Dan Jones, Uriah Smith y R.C. Porter estaba aunando esfuerzos para demoler las buenas nuevas del pacto eterno. Procuraban de toda forma posible confundir las mentes de los dirigentes de la iglesia durante el encuentro pastoral de 1890. Hay que señalar que no hacían eso con ninguna intención maliciosa. Creían estar defendiendo la verdad de Dios en total sinceridad. No obstante, estaban sincera y totalmente engañados.

Otro ejemplo de cómo Dan Jones actuó solapadamente para menoscabar la influencia del Dr. Waggoner, fue cuando N.W. Allee le escribió pidiéndole consejo acerca de los oradores para un instituto en la Asociación de Missouri. Era obvio que Allee quería que vinieran A.T. Jones y E.J. Waggoner como oradores invitados, pero Dan Jones le aconsejó contrariamente. Escribió en estos términos a Allee:

"...no tengo mucha confianza en la forma que tienen de presentar las cosas. Todo lo procuran hacer a su manera, y no admiten que sus posiciones puedan ser objeto del más mínimo criticismo. Dicen: ‘Es verdad, y todo cuanto habéis de hacer es estudiarlo como yo he hecho, y lo comprenderéis!’... Pero nuestros hombres más competentes, los hermanos Smith, Littlejohn, Corliss, Gage y otros, no están de acuerdo con ellos en muchas de las posiciones que toman sobre... los pactos, la ley en Gálatas... Ellos, no obstante, allí donde van, hacen prominentes esas cosas... en las que existe una diferencia de opinión entre nuestros hermanos dirigentes. No creo que desee llevar ese espíritu a la Asociación de Missouri" (Id., p. 675).

Dan Jones remató su consejo a Allee caracterizando la teología de Waggoner como "una teoría presuntuosa que nunca ha funcionado, y que no funcionará nunca en ninguna parte" (Id., p. 675).

Algunos han analizado la historia denominacional de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en la década de 1890, exclamando: "Se registraron gloriosos resultados" (LeRoy Edwin Froom, Movement of Destiny -Washington, D.C.: Review and Herald Publishing Association, 1971-, p. 343. "Rising Tide of 1890’s Followed by Temporary Recession."). No obstante, el hermano J.S. Washburn, que vivió de cerca los acontecimientos, expresó una opinión más sobria al respecto:

"Fui uno de aquellos que el comité de la Asociación General dispuso que asistiera al Instituto ministerial en Battle Creek el invierno pasado, pero no pude ir debido a diversas enfermedades en la familia. No obstante, algunos de los informes me hacen pensar que hasta cierto punto se trató de una repetición de ‘Minneapolis’. Tengo la impresión de que Dios está reteniendo de nosotros una gran bendición; que antes de otorgárnosla está esperando a que estemos dispuestos a recibirla, y que se trata de verdadera santidad, y cuando nos entreguemos a nuestros deberes y privilegios al respecto, nuestra obra avanzará con el ‘fuerte pregón’" (Carta de J.S. Washburn a E.G. White, 17 abril 1890, Clarinda, Iowa. MMM, p. 174).

En resumen, el Instituto bíblico ministerial de 1890 estuvo centrado en el tema de los pactos. Cuando el Dr. Waggoner intentó abrir esa discusión en una clase, Dan Jones pensó que temas tan controvertidos como ese requerían la aprobación del comité del seminario. Waggoner renunció entonces a enseñar en ese segmento -de una hora- del tiempo que tenía asignado.

Cuando llegó por fin el director del seminario, el profesor W.W. Prescott, se permitió que hubiera presentaciones de ambas partes. La evidencia indica que había confusión en las mentes de los pastores de la iglesia, y también en la de algunos dirigentes, con respecto al tema de los pactos.

E. White abogó por una discusión abierta e imparcial de ese tema por parte de los pastores. Expresó su desaprobación de la posición tradicional presentada por el hermano R.C. Porter.

La evidencia indicaba que ciertos dirigentes de la Asociación General -Dan Jones, Uriah Smith y R.C. Porter- estaban en oposición hacia Waggoner y el mensaje de los pactos. E. White dijo que se estaban efectuando maniobras ocultas. La forma en la que Dan Jones intentó disuadir a la Asociación de Missouri de traer a A.T. Jones y E.J. Waggoner como predicadores invitados es un ejemplo de ese tipo de proceder.

La iglesia no resolvió el tema de los pactos en el Instituto de 1890. Continuaría siendo objeto de contención en los años subsiguientes. Pero E. White hizo un anuncio público durante el Instituto, referente a qué decía la autoridad divina. Las Escrituras eran la base para la doctrina y la práctica. La Biblia habría de resolver el asunto.

Hubo unos pocos, entre ellos el hermano Corliss, que estudiaron la Biblia, viniendo a estar en armonía con E.J. Waggoner sobre la ley y los pactos. D.T. Bourdeau fue claramente otro de ellos, puesto que presentó junto a Waggoner una predicación favorable al nuevo punto de vista.

   
 

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