La Lay y los Pactos
 

en la Historia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día

   
 

(4ta. Parte)

 

Por: Paul Penno

   
 

E. White concibió el asunto de la ley en Gálatas como de importancia secundaria. Ciertamente no era un "hito", no era una doctrina pionera en la iglesia. Debido a eso, no podía comprender cómo había causado una "incomprensible crispación" de aquella magnitud. En cuanto al tema de los pactos, estaba a punto de romper su silencio.

Desde la asamblea de Minneapolis E. White había estado animando al estudio de la Biblia sobre ese aspecto de la verdad. Ni la palabra de E.J. Waggoner ni la de Uriah Smith debían tomarse por la verdad. Ella misma procuró mantenerse al margen de la controversia, no habiendo tomado posición sobre la ley en Gálatas, o sobre los pactos.

Ahora había llegado el momento. Llegó luz de lo alto. El martes 6 de marzo de 1890, le fue mostrado a E. White el tema de los pactos. Escribió una carta al hermano Smith el sábado siguiente, el 8 de marzo:

"Anteanoche se me mostró que las evidencias en relación con los pactos eran claras y convincentes. Usted mismo, el hermano Dan Jones, el hermano Porter y otros están empleando en vano sus poderes de investigación, intentando sostener una posición sobre los pactos diferente a la que el hermano Waggoner ha presentado. Si hubieran recibido la verdadera luz que brilló, no habrían imitado ni seguido la misma forma de interpretar y tergiversar las Escrituras que caracterizó a los judíos. ¿Qué los hizo tan celosos? ¿Por qué estaban pendientes de las palabras de Cristo? ¿Por qué lo siguieron espiando sus palabras? Para poder repetirlas, malinterpretarlas y tergiversarlas de forma que significaran lo que querían hacerlas significar sus mentes desprovistas de santidad. De esa forma engañaron al pueblo. Suscitaron falsedades. Manejaron aquellas cosas que podían utilizar como medios para entenebrecer y confundir las mentes. El asunto del pacto es una cuestión clara, y será recibida por toda mente sincera que esté libre de prejuicios; pero fui llevada allí donde el Señor me dio una comprensión en este tema. Ustedes han vuelto la espalda a la clara luz porque temían verse obligados a aceptar la cuestión de la ley en Gálatas. En cuanto a la ley en Gálatas, no tengo ni he tenido nunca preocupación" (Carta de Ellen White a Uriah Smith, 8 marzo 1890, Battle Creek, Mich., Carta 59, 1890. EGW 1888, p. 604).

Eso fue un sonado espaldarazo de E. White a los pactos, tal como los presentó E.J. Waggoner. Como es natural, el Señor observó la gran desunión existente en el liderazgo de la iglesia. Estaba procurando llevarlos a la unidad en la verdad tal como es en Jesús, siempre que estuvieran dispuestos a andar en la luz que presenta la Escritura.

El otro aspecto del apoyo dado por E. White consistía en la comparación entre los judíos de los días de Cristo, y el liderazgo de la iglesia en el momento. Declaró que tenían ideas confusas que desconcertaban al pueblo. En el contexto de los pactos, los judíos creyeron que el pacto Sinaítico era la elección irrevocable de Dios hacia el pueblo hebreo. En consecuencia, rechazaron a Cristo cuando afirmó ser el Mediador del pacto de Dios.

De igual forma, el hermano Smith había presentado una comprensión del antiguo pacto que representaba a Israel como al pueblo elegido de Dios, en virtud del pacto de Abraham. La condición del corazón y la fe ejercida en Cristo eran temas secundarios, en relación con la elección de Dios. Su postura sobre el viejo pacto tenían un cierto regusto a predestinación. Presentando sus confusos puntos de vista sobre el antiguo pacto, el hermano Smith estaba actuando tal como hicieron los judíos en los días de Cristo, quienes cazaban sus palabras y lo representaban con falsedad ante el pueblo.

E. White advirtió al hermano Smith:

"Si rechaza un rayo de luz por temor a tener que aceptar posiciones que no está dispuesto a recibir, la luz se convierte para usted en tinieblas, de forma que si está en el error, sostendrá sinceramente que es la verdad" (Id., p. 605).

Efectivamente, el hermano Smith tenía ese preciso temor, el de que si cedía en el asunto de los pactos, tendría que aceptar la cuestión de la ley en Gálatas. El hermano Smith acababa de escribir a E. White el 17 de febrero de 1890 sobre ese tema. Pudo ver la mano misteriosa escribir sobre la pared lo que le era contrario, y ello le perturbaba grandemente. Su divergencia con E. White era tal, que le llevaba a cuestionar los Testimonios. Si caía una sola ficha del dominó de su teoría, todo el montaje se vendría abajo.

El hermano Smith escribió a E. White concerniente a Waggoner:

"...posición sobre Gálatas, que yo juzgo errónea... él [E.J. Waggoner] tomó su posición sobre Gálatas, la misma que usted ha condenado en su padre [J.H. Waggoner]" (Carta de Uriah Smith a E.G. White, 17 febrero 1890, Battle Creek, Michigan. MMM, p.154).

Y luego, U. Smith dijo sin ambigüedades a E. White:

"En mi opinión, después de la muerte del hermano [James] White, la mayor calamidad que jamás haya venido sobre nosotros fue cuando el Dr. Waggoner publicó en Signs sus artículos sobre el libro de Gálatas. Supuse que la cuestión de la ley en Gálatas había sido ya resuelta en 1856... Me sorprendieron los artículos, puesto que me parecía entonces, y me lo sigue pereciendo ahora, que contradicen de forma tan directa lo que usted escribió a J.H. Waggoner..." (Id., p. 152 y 153. Los artículos de E.J. Waggoner a los que se refería el hermano Smith, eran la serie de nueve "Comments on Galatians 3," ST 12, del 8 julio al 2 de septiembre de 1886).

El domingo 9 de marzo, el día siguiente de haber enviado al hermano Smith su declaración de apoyo al asunto del pacto tal como lo presentaba Waggoner, E. White hizo esta confidencia a su hijo W.C. White:

"No tengo ahora ningún freno que poner. Me siento en perfecta libertad, llamando luz lo que es luz, y tinieblas a lo que son tinieblas. Ayer les dije que creo en la posición sobre los pactos, tal como la presento en el volumen 1 Patriarcas y Profetas. Si esa era la posición del Dr. Waggoner, entonces tenía la verdad" (Carta de E.G. White a W.C. White y Mary White, 9 marzo 1890, Battle Creek, Michigan. EGW 1888, p. 617).

La dirección de la iglesia se había reunido juntamente con E. White la tarde del sábado 8 de marzo, en la capilla de la oficina de la Review" (Carta de E.G. White a W.C. White y Mary White, 10 marzo 1890, Battle Creek, Michigan. EGW 1888, p. 623).

"Me satisface grandemente saber que el profesor Prescott está dando a los estudiantes en su clase las mismas lecciones que el hermano Waggoner ha estado dando. Está presentando los pactos... Desde que hice la declaración el sábado pasado acerca de que la comprensión de los pactos, tal como ha sido enseñada por el hermano Waggoner, era verdadera, parece haber habido un gran alivio para muchas mentes" (Id.).

E. White informó de lo sucedido:

"Estaba presente un gran número de personas. Los hermanos Olsen y Waggoner dirigieron la reunión. Vino sobre mí la bendición del Señor, y todos supieron que descansaron sobre mí el Espíritu y el poder de Dios, y muchos resultaron grandemente bendecidos. Hablé con fervor y decisión..." (Carta de E.G. White a W.C. White y Mary White, 9 marzo 1890, Battle Creek, Michigan. EGW 1888, p. 617) [Olsen informó: "...creo que probablemente esta cuestión del pacto abarca más de lo que podemos ver en ciertos respectos. La hermana White ha intervenido muy oportunamente". Carta de O.A. Olsen a R.A. Underwood, 18 marzo 1890, Battle Creek, Michigan].

E. White dirigió la atención de ellos a su declaración en Patriarcas y Profetas a propósito de los pactos, y afirmó que armonizaba con el Dr. Waggoner. Esa resultó ser una reunión pública crucial, ya que su aprobación de la comprensión de Waggoner sobre los pactos sólo se había dado hasta entonces mediante cartas escritas a Uriah Smith, W.C. White y Mary White. Ahora, daba a conocer la "luz" en un acto público" (Desgraciadamente, alguien que jugó un papel principal no se encontraba presente en aquella reunión. Por dos días, Dan Jones se perdió esa declaración crucial. E. White escribió a su hijo W.C. White: "He sabido que el hermano Jones ha llegado esta tarde a casa". Eso ocurría el 10 de marzo. Carta de E.G. White a W.C. White y Mary White, 10 marzo 1890, Battle Creek, Michigan. EGW 1888, p. 623. Había estado en Tennessee, en el enjuiciamiento real. Carta de Dan T. Jones a R.M. Kilgore, 16 marzo 1890, Battle Creek, Michigan., p. 963. General Conference of Seventh-day Adventists Archives).

E. White tomó la palabra el sábado de tarde, en la capilla de la oficina. Les dijo qué posición sostenía exactamente en aquel conflicto. Se refirió a la revelación recibida la noche del jueves 6 de marzo. Dijo:

"...la luz que me vino anteanoche expuso una vez más claramente ante mí la influencia que ha estado obrando, y a dónde conduciría... Estáis recorriendo precisamente el mismo camino por el que anduvieron en los días de Cristo. Habéis conocido la experiencia de ellos; pero Dios nos libre... Os habéis interpuesto directamente en el camino de Dios. La tierra tiene que ser alumbrada por su gloria, y si permanecéis donde estáis hoy, podéis fácilmente decir que el Espíritu de Dios era el espíritu del diablo...

...no os aferréis al hermano Smith. Os digo en el nombre de Dios que no está en la luz. No ha estado en la luz desde que estuvo en Minneapolis...

...Permitid que la verdad de Dios venga a vuestros corazones; abrid la puerta. Os digo ahora aquí ante Dios, que el asunto de los pactos, tal como ha sido presentado, es la verdad. (E.G. White, Sermón, 8 marzo 1890, Battle Creek, Michigan. EGW 1888, pp. 595, 596).

E. White relacionó aquí la verdad del pacto con luz del Espíritu Santo.

Era la misma luz del evangelio eterno que habría de alumbrar la tierra con la gloria de Dios (Apoc. 18:1). Rechazar la verdad de los pactos era rechazar el Espíritu de Dios, llamándole espíritu del diablo. Era el mismo trato que los judíos habían dado a la verdad que Cristo presentó.

Dar crédito a la postura sostenida por el hermano Smith sobre los pactos, era transitar por caminos de tinieblas. Su postura había sido objeto de análisis en numerosas ocasiones. Debiera por entonces haberse llegado a diferenciar claramente entre la verdad y el error. No había duda alguna en cuanto a la posición que tomó E. White sobre los pactos: se alistó con E.J. Waggoner. El pacto eterno era la luz de la justificación por la fe. Era la luz que debía darse al mundo. Al recibirla, vendría la bendición del Espíritu Santo para terminar la obra.

A principios de 1890, E. White había estado ocupada en la preparación del primer volumen de The Spirith of Prophecy. Cuando recibió confirmación divina, el 6 de marzo de 1890, relativa a la posición de Waggoner sobre los pactos, la incorporó en su edición revisada que llevó por título Patriarcas y Profetas (E.G. White, "The Law and the Covenants," The Patriarchs and Prophets -Oakland, California: Pacific Press Publishing Company, 1890-, p. 363-373. En castellano, Patriarcas y Profetas, p. 378-390). Se trataba de material completamente nuevo. Fue una de las declaraciones más abarcantes acerca de la relación entre los pactos y la justicia por la fe (Tim Crosby, "Ellen G. White and the Law in Galatians: A Study in the Dynamics of Present Truth," p. 29). Patriarcas y Profetas se publicó el 26 de agosto de 1890 (Ver Ron Duffield, "The Return of the Latter Rain," manuscrito no publicado). E. White dijo:

"Este mismo pacto le fue renovado a Abraham en la promesa: ‘En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra’ (Gén. 22:18). Esta promesa dirigía los pensamientos hacia Cristo. Así la entendió Abraham (Véase Gál. 3:8, 16), y confió en Cristo para obtener el perdón de sus pecados. Fue esa fe la que se le contó como justicia. El pacto con Abraham también mantuvo la autoridad de la ley de Dios...

La ley de Dios fue la base de ese pacto, que era sencillamente un arreglo para restituir al hombre a la armonía con la voluntad divina, colocándolo en situación de poder obedecer la ley de Dios.

Otro pacto, llamado en la Escritura el pacto ‘antiguo’, se estableció entre Dios e Israel en el Sinaí, y en aquel entonces fue ratificado mediante la sangre de un sacrificio. El pacto hecho con Abrahán fue ratificado mediante la sangre de Cristo..." (E.G. White, The Patriarchs and Prophets, pp. 370, 371. En castellano, p. 387).

E. White distinguió entre dos pactos, en términos de cuándo y cómo fueron ratificados. No confundió ambos pactos, tal como hacía el hermano Porter.

Luego afirmó la validez del nuevo pacto en tiempos del Antiguo Testamento:

"Es evidente que el nuevo pacto estaba en vigor en los días de Abrahán, puesto que entonces fue confirmado, tanto por la promesa como por el juramento de Dios, ‘dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta’ (Heb. 6:18)" (Id., p. 387 y 388).

E. White continuó sus observaciones relativas a los pactos:

"Pero si el pacto confirmado a Abrahán contenía la promesa de la redención, ¿por qué se hizo otro pacto en el Sinaí? Durante su servidumbre, el pueblo había perdido en alto grado el conocimiento de Dios y de los principios del pacto de Abrahán. Al libertarlos de Egipto, Dios trató de revelarles su poder y su misericordia para inducirlos a amarle y a confiar en él. Los llevó al mar Rojo, donde, perseguidos por los egipcios, parecía imposible que escaparan, para que pudieran ver su total desamparo y necesidad de ayuda divina; y entonces los libró. Así se llenaron de amor y gratitud hacia él, y confiaron en su poder para ayudarles. Los ligó a sí mismo como su libertador de la esclavitud temporal.

Pero había una verdad aún mayor que debía grabarse en sus mentes. Como habían vivido en un ambiente de idolatría y corrupción, no tenían un concepto verdadero de la santidad de Dios, de la extrema pecaminosidad de su propio corazón, de su total incapacidad para obedecer la ley de Dios, y de la necesidad de un Salvador. Todo esto se les debía enseñar...

Los israelitas no percibían la pecaminosidad de su propio corazón, y no comprendían que sin Cristo les era imposible guardar la ley de Dios; y con excesiva premura concertaron su pacto con Dios. Creyéndose capaces de ser justos por sí mismos, declararon: ‘Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos’ (Éx. 24:7)... apenas unas pocas semanas después, quebrantaron su pacto con Dios al postrarse a adorar una imagen fundida. No podían esperar el favor de Dios por medio de un pacto que ya habían roto; y entonces viendo su pecaminosidad y su necesidad de perdón, llegaron a sentir la necesidad del Salvador revelado en el pacto de Abrahán y simbolizado en los sacrificios. De manera que mediante la fe y el amor se vincularon con Dios como su libertador de la esclavitud del pecado. Ya estaban capacitados para apreciar las bendiciones del nuevo pacto.

Los términos del pacto antiguo eran: Obedece y vivirás... El nuevo pacto se estableció sobre ‘mejores promesas’, la promesa del perdón de los pecados, y de la gracia de Dios para renovar el corazón y ponerlo en armonía con los principios de la ley de Dios" (Id., p. 388 y 389. Original sin atributo de cursiva).

E. White tomó incluso de Waggoner la expresión de que "no podían esperar el favor de Dios" mediante un pacto [el pacto de ellos] que ya habían roto. Su pecaminosidad vino a quedar patente. Sintieron "su necesidad de perdón". Fueron llevados al Salvador del pacto hecho con Abraham. Ahora, en lugar de venir con sus promesas, quedaron vinculados a Dios mediante "la fe y el amor" verdaderos. Tenían ahora un nuevo aprecio de su liberación de la esclavitud del pecado. En las declaraciones de E. White encontramos reflejados los términos exactos que Waggoner había empleado para describir las relaciones existentes entre el antiguo y nuevo pactos. Si es que el Espíritu Santo aprobó algún concepto de forma más clara que otros, es sin duda el pacto eterno del mensaje de 1888.

E. White enfatizó que el antiguo pacto era legalismo, tal como había enseñado Waggoner. Sólo la promesa del nuevo pacto proveía el perdón de los pecados y la ayuda divina. La declaración de Patriarcas y Profetas es uno de los comentarios más bellos y concisos acerca de las buenas nuevas del pacto eterno, aparte de lo contenido en las Escrituras.

Posteriormente en ese mismo año, Porter regresó a Minnesota y recibió una carta de Dan Jones que continuaba alimentando su negativismo hacia el mensaje del pacto. Dan Jones le escribió:

"Compruebo que la agitación sobre la cuestión del pacto y la justificación por la fe no ha disminuido en intensidad al ir extendiéndose por las diferentes partes de la obra, sino que más bien ha cobrado fuerza y ha adquirido rasgos objetables, hasta el punto en que se lo ve hoy en una luz mucho peor de lo que es en realidad" (Carta de Dan T. Jones a R.C. Porter, 5 mayo 1890).

Resumiendo brevemente los eventos significativos del Instituto bíblico ministerial: El sábado 8 de marzo de 1890, E. White dio un testimonio a los dirigentes de la iglesia. Había recibido una visión en la noche del 6 de marzo, confirmando que el hermano Waggoner tenía la luz sobre el tema del pacto. Lo confirmó también mediante cartas enviadas a Uriah Smith y a W.C. White.

Si bien Dan Jones no estuvo presente el 8 de marzo, cuando E. White hizo la declaración pública de apoyo a la comprensión de los pactos de E.J. Waggoner, con toda seguridad debió ser un tema de conocimiento general. A su retorno a Battle Creek sin duda debió ser informado de lo que había expresado E. White. A pesar de esa declaración pública, Dan Jones escribió:

"Por un tiempo parecía que la hermana White vendría y apoyaría plenamente la posición del Dr. Waggoner sobre la cuestión del pacto, y me causó gran perplejidad el saber cómo abordar el asunto; pues a mí me parecía claro que sus posiciones no eran todas correctas. Pero... el asunto doctrinal no era de ninguna manera el punto importante. La hermana White y el Dr. Waggoner dijeron que no les preocupaba lo que creyéramos sobre la ley en Gálatas o sobre los pactos..." (Id., p. 976).

Dan Jones asumió, pues, que ni E. White ni E.J. Waggoner pensaban que la ley o los pactos fueran un tema crucial.

No obstante, hay evidencia confiable a propósito de que E.J. Waggoner no abandonó nunca su posición sobre la ley o los pactos. Por lo que respecta a E. White, apoyó su comprensión de los pactos, aunque no se había pronunciado aún sobre el asunto de la ley.

Otra falsa asunción sobre la que Dan Jones estaba operando es que Waggoner había renunciado a un punto clave de su enseñanza. Según Dan Jones, Waggoner "había desistido en su posición de que en el antiguo pacto las promesas vinieran enteramente de parte del pueblo, y no de parte de Dios" (Id.). No hay evidencia alguna de que Waggoner renunciara a su posición.

Dan Jones parecía sentirse aliviado al escribir:

"Yo había pensado que eran de considerable importancia los puntos doctrinales implicados en las cuestiones de la ley en Gálatas y los dos pactos" (Id.).

Así, si no se trataba realmente de un asunto doctrinal, ¿en qué radicaba el conflicto? La mente de Dan Jones había imaginado en qué consistía el auténtico problema. Escribió:

"[E. White] objetó solamente contra el espíritu manifestado, espíritu del que el hermano Waggoner estuvo exento. Ambos, la hermana White y el Dr. Waggoner, declararon que los puntos doctrinales no eran el tema importante. Eso despeja el asunto que preocupó a mi mente todo el tiempo" (Carta de Dan T. Jones a R.M. Kilgore, 16 marzo 1890, Battle Creek, Michigan., p. 963).

Él razonó que al fin y al cabo la doctrina no era importante, de forma que podía concebir una apariencia de orden en una mente que se debatía en el conflicto. Pero esa racionalización no le había traído mucha paz, ya que dijo: "...El Instituto ministerial está a punto de terminar. La investigación sobre la cuestión del pacto terminó sin mejor satisfacción de la que existía antes que comenzara" (Id.). La situación de Dan Jones era lamentable. Una vez que hubo desechado el Espíritu de verdad, le resultó más fácil caminar en la luz de su propia lámpara. La verdad resultaba para él algo demasiado complejo.

El domingo 16 de marzo tuvo lugar otra reunión en la capilla de la oficina. Se encontraron algunos de los hermanos dirigentes. E. White informó sobre lo sucedido. Escribió así a W.C. White, en relación con el evento:

"Entonces habló el hermano Dan Jones. Afirmó que se había sentido tentado a abandonar los testimonios; pero si hacía así, sabía que lo abandonaría todo, ya que había considerado los testimonios como entretejidos con el mensaje del tercer ángel; y habló sobre terribles escenas de tentación. Sentí auténtica pena por él" (Carta de E.G. White a W.C. Whitey Mary White, 16 marzo 1890, Battle Creek, Michigan. EGW 1888, pp. 629).

E. White se refirió a la obstinada resistencia hacia el mensaje de Dios, de parte de algunos de los dirigentes:

"El domingo de mañana, aunque agotada y casi desanimada, me aventuré en la reunión... presenté ante ellos lo que habían hecho para dejar sin efecto aquello que el Señor había estado procurando realizar, y por qué. La ley en Gálatas era su única discusión.

Les pregunté: -‘¿Es vuestra interpretación sobre la ley en Gálatas más querida para vosotros, y tenéis más celo por mantener vuestras ideas al respecto, que por conocer las obras del Espíritu de Dios? Habéis estado midiendo cada precioso testimonio enviado del cielo según vuestras propias escalas, de acuerdo con vuestra interpretación de la ley en Gálatas’. No os puede llegar nada relacionado con la verdad y el poder de Dios, a menos que lleve vuestra marca, las preciosas ideas que habéis idolatrado sobre la ley en Gálatas.

Esos testimonios del Espíritu de Dios, los frutos del Espíritu de Dios, carecen de peso a menos que vengan estampados con vuestras ideas sobre la ley en Gálatas. Temo por vosotros y por vuestra interpretación de cualquier escritura que se manifieste en un espíritu tan anticristiano como el que habéis exhibido, y que me ha costado tan innecesaria labor. Ya que sois tan cautos y críticos como para temer recibir algo que no esté de acuerdo con las Escrituras, pido que vuestras mentes vean esas cosas en la verdadera luz. Ejerced vuestra cautela en considerar si no estáis cometiendo el pecado contra el Espíritu Santo. ¿Han considerado vuestras mentes críticas esa cuestión? Afirmo que si vuestras posiciones sobre la ley en Gálatas, y los frutos, son del carácter que he visto en Minneapolis y a partir de entonces, mi plegaria es que pueda permanecer tan lejos de vuestra comprensión e interpretación de las Escrituras como me sea posible. Temo toda aplicación de la Escritura que necesite un espíritu tal, y que lleve un fruto como el que habéis manifestado. Una cosa es cierta: por tanto tiempo como Dios me conceda raciocinio, no armonizaré jamás con ese espíritu.

Ahora hermanos, no tengo nada que decir, ninguna preocupación sobre la ley en Gálatas. Ese asunto me parece de importancia menor, en comparación con el espíritu que habéis traído a vuestra fe. Es exactamente de la misma clase que el manifestado por los judíos en relación con la obra y misión de Jesucristo. El testimonio más convincente que podemos dar a otros de que tenemos la verdad, es el espíritu con el que se defiende esa verdad. Si santifica el corazón de quien la recibe, si lo hace cortés, amable, perdonador, verdadero y semejante a Cristo, entonces llevará cierta evidencia del hecho de que posee la genuina verdad. Pero si actúa como hicieron los judíos cuando fueron confrontadas sus opiniones e ideas, entonces no podemos ciertamente recibir un testimonio tal, puesto que no produce los frutos de justicia. Sus interpretaciones de la Escritura no eran correctas, sin embargo los judíos no estarían dispuestos a recibir la evidencia de la revelación del Espíritu de Dios, y al ver contradichas sus ideas llegarían a asesinar al Hijo de Dios" (Id., p. 631-633. Original sin atributo de cursiva).

Resulta claro que el error trajo asociado un espíritu de persecución.

La verdad se evidenciaba mediante el Espíritu de Dios manifestado en la vida. E. White tenía el don del discernimiento. No quiso tener nada que ver con interpretaciones de la Biblia que conllevaban una actitud de maldad tal, que de darles rienda suelta "llegarían a asesinar al Hijo de Dios".

El Espíritu Santo estaba llevándoles a una verdad más profunda en cuanto a los pactos y la justicia por la fe, pero estaban resistiendo a la luz. (Aquella mañana de domingo, E. White habló ente el Instituto ministerial, diciendo: "Sé que [Dios] tiene una bendición para nosotros. La tenía en Minneapolis, y la tenía para nosotros con ocasión de la asamblea de la Asociación General aquí. Pero no hubo recepción*. Algunos recibieron la luz para el pueblo y se alegraron en ella. Hubo otros que le dieron la espalda, y su posición ha dado confianza a otros para hablar incredulidad...". En el lugar del asterisco va incluida esta anotación de A.L. White: "Las palabras de esta frase son claramente deficientes, ya que aisladamente no está en armonía con lo que sigue, ni con otras declaraciones a propósito de la asamblea de la Asociación General de 1889". "[Released in this form to combat a distorted use of a sentence in public address.--A. L. White.]" Eso demuestra hasta dónde están dispuestos a ir algunos, en su defensa de la "teoría de la recepción" de la justicia por la fe por parte de los dirigentes de la iglesia, inmediatamente después de 1888. Ver Manuscript Release nº 253, E.G. White Estate)

Si aceptaban los pactos tal como los enseñaba Waggoner, temían tener que renunciar a sus ideas acariciadas sobre la ley ceremonial en Gálatas.

Hasta aquí, E. White no había tomado posición sobre la ley en Gálatas. La había tomado –públicamente- sobre los pactos, apoyando la comprensión de Waggoner. Los hermanos seguían aferrados a sus interpretaciones acariciadas sobre la ley en Gálatas. No querían dar ningún paso en el tema de los pactos, por temor a lo que habrían de hacer con el tema de la ley. Manifestaron un espíritu mezquino hacia los mensajeros del Señor.

En ese contexto, E. White dijo: "La ley en Gálatas no es una cuestión vital, ni lo ha sido nunca" (Id.). Aclaró qué era lo que rechazaba: "Me veo forzada, por la actitud que han tomado mis hermanos y por el espíritu que han evidenciado, a decir: -Dios me libre de vuestras ideas sobre la ley en Gálatas..." (Id.).

E. White estaba abandonando la posición de la "vieja guardia" sobre la ley. Discernió los trágicos resultados que estaba teniendo en la iglesia. El Espíritu Santo y la verdad estaban siendo objeto de rechazo. Se apercibió de que "vuestras ideas" no podían ser correctas.

"Dejando de alimentar el espíritu de Cristo, tomando posiciones equivocadas en la controversia sobre la ley en Gálatas -una cuestión que muchos no han comprendido plenamente antes de tomar la postura equivocada-, la iglesia ha sufrido una gran pérdida" (E.G. White, Diary Entry, 27 febrero 1891. EGW 1888, p. 894. Original sin atributo de cursivas. Para más detalles acerca del cambio de posición de E. White sobre la ley en Gálatas, ver Ron Duffield, "Ch 14. Stand by the Landmarks," en su manuscrito no publicado: "The Return of the Latter Rain").

El 27 de febrero de 1891, E. White sostenía ya con firmeza que la posición de la ley ceremonial en Gálatas [en oposición a la presentada por E.J. Waggoner] era errónea.

"Se admite generalmente que hacia el final del Instituto ministerial, en marzo de 1890, tuvo lugar uno de los momentos de cambio decisivos, en el prolongado debate sobre la ley y los pactos" (George R. Knight, From 1888 to Apostasy: The Case of A.T. Jones -Washington, D.C.: Review and Herald Publishing Association, 1987-, p. 51. Knight señaló como evidencia la carta de Dan Jones a W.C. White. Dijo: "Esas explicaciones demostraron ser un gran punto de inflexión en el conflicto subsiguiente a Minneapolis". Id., p. 52. Cf. George R. Knight, Angry Saints: Tension and Possibilities in the Adventist Struggle Over Righteousness by Faith -Washington, D.C.: Review and Herald Publishing Association, 1989-, p. 93).

La evidencia no apoya esa conclusión. Basarse en las interpretaciones que hizo Dan Jones acerca de los testimonios de E. White es pisar arenas movedizas, un terreno demasiado inestable sobre el que fundar una conclusión de esa envergadura.

Se ha escrito que "El mensaje, tal como lo vio E. White, no es doctrinal. No la encontramos preocupada por la ley en Gálatas, los pactos o la Trinidad" (George R. Knight, From 1888 to Apostasy, pp. 69, 52).

Analícese esa suposición, a la luz de lo dicho por E. White aquel sábado 8 de marzo, cuando apoyó los pactos, tal como los había presentado Waggoner.

"Ahora os digo aquí, ante Dios, que la cuestión del pacto, tal como se la ha presentado, es la verdad. Es la luz. Ha sido presentada ante mí en líneas claras. Y aquellos que han estado resistiendo la luz, os pregunto si han estado obrando por Dios o por el diablo... Dije al hermano Dan Jones, no voy a darle mi opinión; mi fe. Profundice en la Biblia" (E.G. White, "Sermón," 8 marzo 1890, EGW 1888, p. 596 y 597).

E. White no le dio a Dan Jones su opinión. Lo que hizo fue apoyar la luz sobre los pactos que procedió de la Biblia.

Además, le preocupaban mucho las actitudes anticristianas que se estaban evidenciando. Las relacionó con puntos de vista erróneos sobre la ley y los pactos, y no quiso tener nada que ver con las interpretaciones de ellos:

"Esos testimonios del Espíritu de Dios, los frutos del Espíritu de Dios, carecen de peso a menos que vengan estampados con vuestras ideas sobre la ley en Gálatas. Temo por vosotros y por vuestra interpretación de cualquier escritura que se manifieste en un espíritu tan anticristiano como el que habéis exhibido, y que me ha costado tan innecesaria labor... Afirmo que si vuestras posiciones sobre la ley en Gálatas, y los frutos, son del carácter que he visto en Minneapolis y a partir de entonces, mi plegaria es que pueda permanecer tan lejos de vuestra comprensión e interpretación de las Escrituras como me sea posible. Temo toda aplicación de la Escritura que necesite un espíritu tal, y que lleve un fruto como el que habéis manifestado. Una cosa es cierta: por tanto tiempo como Dios me conceda raciocinio, no armonizaré jamás con ese espíritu" (Carta de E.G. White a W.C. White y esposa, 13 marzo 1890, EGW 1888, p. 631 y 632. Discutía aquí las actitudes de los hermanos que se oponían a la enseñanza de Waggoner).

E. White identificó las doctrinas que sostenían, como estando en el origen del espíritu que manifestaban.

La defensa de doctrinas falsas requería un espíritu duro y dictatorial que reforzara su posición, puesto que no podían demostrarla a partir de las Escrituras. Descontar la verdad, disociándola de la experiencia, es siempre un dilema falso. Las dos eran absolutamente esenciales en la consecución de una vida semejante a la de Cristo.

E. White dijo de ambos, Butler y Smith, que habían "tomado su propio curso de acción" en lo relativo a la "luz" de Dios.

"La obra de Dios necesitaba cada jota y tilde de la experiencia que había dado al hermano Butler y al hermano Smith; pero han tomado su propio curso de acción en algunas cosas, desatendiendo la luz que Dios ha dado" (Carta de E.G. White a S.N. Haskell, 1 junio 1894. EGW 1888, p. 1248).

Eso calificó el valor que tuvieron las confesiones que hicieran a la iglesia los hermanos Butler y Smith. Por más sinceros que fueran en sus disculpas, el hecho es que continuaron oponiéndose al mensaje y a los mensajeros. Jamás aceptaron los conceptos centrales sobre los pactos o la ley en Gálatas que E. White apoyó. A.G. Daniells escribió posteriormente (en 1902) a W.C. White a propósito de ese año.

"No es solamente los veteranos que actuaban cuando el hermano Butler, Morrison y otros peleaban esta batalla, sino que algunos de los hombres más jóvenes que están llegando, están impregnados de esas viejas herejías procedentes de los hombres en la obra que siguen aún sin convertirse a esta nueva luz" (Carta de A.G. Daniells a W.C. White, 14 abril 1902, Battle Creek, Michigan. MMM, p. 320).

El concepto de E.J. Waggoner sobre los pactos no se podía comprender a través del paradigma de dos dispensaciones ligadas al tiempo, grupos étnicos o naciones. El modelo de Waggoner fue claro y consistente a lo largo de todos los años, en sus escritos. En 1893 dedicó un artículo completo al dispensacionalismo. Ofreció allí una exposición abarcante del tema.

Dijo que hay dos dispensaciones, pero no se trata de eras distintas, sino de distintas actitudes del corazón:

"...la ‘dispensación cristiana’ comenzó para el hombre al menos tan tempranamente como se produjo la caída. Hay ciertamente dos dispensaciones: una dispensación de pecado y muerte, y otra de justicia y vida; pero esas dos dispensaciones han venido discurriendo de forma paralela desde la caída. Dios trata a los seres humanos como personas y no como naciones; no las trata de forma distinta según el siglo en el que hayan vivido. No importa en qué período de la historia del mundo, uno puede pasar en cualquier momento de la antigua a la nueva dispensación" (E.J. Waggoner, "The ‘Two Dispensations,’" PT 9, 23 – 7 septiembre 1893-, p. 356).

Waggoner escribió: "La ley y el evangelio estuvieron unidos en el Sinaí, como lo han estado siempre. En el Sinaí brilló la gloria del Calvario tan claramente como lo hace ahora" (Id.). "El Calvario en el Sinaí", era una nueva revelación para muchos adventistas del séptimo día. "Sinaí" incluía la ley y el evangelio, combinados en Cristo.

Por lo tanto, las dos dispensaciones eran dos caminos paralelos que han discurrido uno al lado del otro desde el mismo jardín del Edén. "La antigua dispensación es el yo; la nueva, Cristo" (Id., p. 358). Las dispensaciones eran, pues, dos principios antagónicos que operan en el corazón del ser humano. Se trataba de dos condiciones del corazón. Nada podía ser más claro, ni más bello. Quedaba despejada toda la confusión del dispensacionalismo progresivo. Quedaba preservada la unidad de los Testamentos. El plan de la salvación sólo en Cristo, fue el mismo en todas las edades. Eso era adventismo bíblico.

El año 1896, E. White se pronunciaría sobre la ley que era el "guía" o "tutor" (Gál. 3:24). Marian Davis, su secretaria, mandó por correo a Uriah Smith la declaración más definitiva sobre la ley en Gálatas hasta el momento. Una vez más, apoyaba la posición de E.J. Waggoner, consistente en que la ley aludida en la epístola a los Gálatas, era la ley moral.

Esta fue la declaración de E. White en su integridad:

"’De manera que la Ley ha sido nuestro guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe’. En esa escritura, el Espíritu Santo, mediante el apóstol, está hablando especialmente de la ley moral. La ley nos revela el pecado, y hace que sintamos nuestra necesidad de Cristo, y que corramos hacia él para el perdón y la paz al ejercer el arrepentimiento hacia Dios, y fe hacia nuestro Señor Jesucristo.

La falta de voluntad para abandonar opiniones preconcebidas y aceptar esta verdad, están en el fundamento de gran parte de la oposición manifestada en Minneapolis contra el mensaje del Señor a través de los hermanos Jones y Waggoner. Suscitando esa oposición, Satanás tuvo éxito en expulsar de nuestro pueblo, en gran medida, el poder especial del Espíritu Santo que Dios quería impartirles. El enemigo impidió que obtuvieran esa eficiencia que podía haber sido suya para llevar la verdad al mundo, tal como la proclamaron los apóstoles tras el día de Pentecostés. La luz que tenía que alumbrar toda la tierra con su gloria fue resistida, y ha sido en gran medida mantenida alejada del mundo por la acción de nuestros propios hermanos" (EGW 1888, p. 1575).

El primer párrafo exponía Gálatas 3:24 tal como lo había explicado Waggoner a partir de la Biblia. La ley traía convicción al pecador culpable. Dirigía entonces al pecador al único remedio posible. La justicia de Cristo era el único remedio para la ley violada. La visión de E. White confirmaba las investigaciones bíblicas de Waggoner.

El segundo párrafo es sobrecogedor. Afirma que el tema de la ley en Gálatas suscitó la oposición al mensaje de la justificación por la fe y los pactos de Jones y Waggoner. Se trataba del "mensaje del Señor" que el Espíritu Santo había dispuesto para que toda la tierra resultara alumbrada por la gloria de Dios. La recepción de la verdad habría ido acompañada del derramamiento inicial del Espíritu Santo, tal como sucedió en el día de Pentecostés. Pero el enemigo logró evitar que sucediera eso, excitando la oposición de los hermanos contra la verdad que Dios quería enviar al mundo.

"La luz que tenía que alumbrar toda la tierra con su gloria fue resistida, y ha sido en gran medida mantenida alejada del mundo por la acción de nuestros propios hermanos" (Id.).

Eso aludía a Apocalipsis 18:1. Se trataba del mensaje del poderoso cuarto ángel que se une con los tres ángeles de Apocalipsis 14 para llamar, preparar y madurar la cosecha del mundo para la venida del Señor. El poder de ese mensaje tenía que fortalecer los mensajes de los tres ángeles precedentes.

Así era exactamente como Dios había dispuesto que sucediera. El mensaje que trajeron los mensajeros tenía origen divino. Estaban ordenados por el Espíritu Santo. Dios vino a sus amigos, los dirigentes de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Les proporcionó luz adicional que era absolutamente esencial para ellos. De haber sido aceptada, la habría acompañado el poder necesario para cumplir la comisión. Sin embargo, "la acción de nuestros propios hermanos" mantuvo aquella luz "alejada del mundo" "en gran medida".

Tan tempranamente como en 1887, A.T. Jones resumió con estas palabras la razón por la que se escribió Gálatas:

"...el libro de Gálatas se escribió para colocar la ley ceremonial, la ley moral y el evangelio en sus verdaderas y correspondientes posiciones, y para aniquilar por siempre el ceremonialismo" (Carta de A.T. Jones a E.G. White, 13 marzo 1887, Healdsburg, California. MMM, p. 66).

Por lo tanto, la epístola a los Gálatas corregía el error de usar ambas -la ley moral y la ceremonial- como medios de justificación, en detrimento de Jesucristo.

E. White afirmó que el "guía" o "tutor" se refería a ambas leyes, moral y ceremonial [si bien "especialmente" la moral]. En algún momento durante el año 1900, había dicho:

"Se me pregunta acerca de la ley en Gálatas. ¿Cuál ley es el ayo para llevarnos a Cristo? Contesto: Ambas, la ceremonial y el código moral de los Diez Mandamientos" (E.G. White, Manuscrito 87, 1900 -Washington, D.C.: Review and Herald Publishing Association, 1958-, Mensajes Selectos, vol. I, p. 274).

Era esa la posición que había tomado Stephen Pierce "en la década de 1850, es decir... que el tutor era la ley en todas sus formas" (C. Mervyn Maxwell –27 febrero 1983-, citado en: Tim Crosby, "Ellen G. White and the Law in Galatians: A Study in the Dynamics of Present Truth," p. 48). La ley, en Gálatas 3:24, se refería a ambas leyes, la moral y la ceremonial (Tim Crosby, "The Law of the Prophet," RH 163, 21 –22 mayo 1986- p. 549).

En ese sentido, A.T. Jones y E.G. White estaban edificando sobre el fundamento puesto por E.J. Waggoner. Éste último había limitado el "tutor" primariamente a la ley moral de Dios. Sin duda, eso fue lo que tenía in mente el "guía" de E. White en 1888, cuando le inspiró a que escribiera al hermano Butler:

"Él [el guía de E. White en aquella visión] extendió sus brazos hacia el Dr. Waggoner y hacia usted, hermano Butler, y dijo en esencia lo siguiente: ‘Ninguno de los dos tiene toda la luz sobre la ley; ninguna de las dos posiciones es perfecta’" (Carta de E.G. White a G.I. Butler, 14 octubre 1888, Minneapolis, Minnesota. Manuscript Releases, vol. 9, p. 326).

Waggoner estaba comenzando a recibir los rayos de la luz sobre la justicia por la fe y sobre la ley, que vendrían a desarrollarse hasta convertirse en el mensaje pleno de Dios para su pueblo.

De entre la generación que presenció los eventos de 1888, W.W. Prescott fue el último en publicar una serie de artículos sobre los pactos en la historia bíblica. Sus escritos llegaron en pleno siglo XX (W.W. Prescott, "The Gospel of the Covenant," RH 113 –20 agosto a 1 octubre 1936-). Prescott reconoció cuán importantes eran los pactos a fin de comprender el mensaje de los tres ángeles. Dijo:

"Se nos ha instruido cabalmente al efecto de que la justificación por la fe ‘es el mensaje del tercer ángel en verdad’, y con toda propiedad, teniendo en cuenta que la justificación por la fe es el rasgo esencial del pacto hecho con Abraham, tal como enseña Gál. 3:8... el pacto hecho con Abraham es la esencia misma del mensaje del tercer ángel... Debiéramos proclamar el pleno significado de ese pacto desarrollado desde el tiempo de Abraham hasta ahora. Es el ‘evangelio eterno’ que ha de ser predicado a todo el mundo, como preparación para la gran consumación" (W.W. Prescott, "The Gospel of the Covenant. IV--The Doctrine of the Promise-Covenant," RH 113, 47 –10 septiembre 1936-, p. 8).

La promesa que Dios hizo a Abraham contenía todo lo necesario para preparar a una generación pecaminosa para la traslación, en la segunda venida de Cristo.

En relación con los dos pactos, se han destacado estos puntos:

· La salvación viene sólo mediante la promesa de Cristo, según el nuevo pacto.

· Jamás se salvó nadie mediante las promesas hechas por el hombre, según el antiguo pacto.

· Los dos pactos no son dispensacionales en el tiempo; es decir, no son secuenciales, no se suceden en el tiempo el uno al otro, ni están ligados a ninguna época en la historia.

· Los dos pactos describen dos condiciones opuestas del corazón, son dos opciones que han discurrido paralelas a lo largo de la historia de la humanidad.

· El pacto eterno es el mensaje del tercer ángel.

El antiguo pacto son las promesas del hombre de obedecer y vivir. Es un pacto de obras que produce "esclavitud". Jamás se debe confundir el antiguo pacto con el pacto eterno [nuevo pacto, o segundo pacto].

¿Por qué es la historia del antiguo y del nuevo pacto una historia tan desconocida? Porque una mayoría de cristianos ha aceptado irreflexiva y gratuitamente la suposición de que el antiguo pacto fue la forma en la que Dios salvó a las personas en el Antiguo Testamento, mientras que el nuevo sería la forma de salvarlas en el Nuevo Testamento. Ese error de concepto ha llevado a un dispensacionalismo en la comprensión de los pactos.

Pacto eterno es lo mismo que nuevo pacto. Son las buenas nuevas del evangelio. Cristo crucificado es el sustituto y garante del pecador. El pecador es incapaz de cumplir sus obligaciones con respecto a la ley. Cristo, el Fiador del pacto, cumple la justicia de la ley en beneficio del pecador. 

Modelo dispensacionalista del pacto (G.I. Butler, U. Smith)

 

 

 

Ley ceremonial

CRUZ
DE
CRISTO

Venida de la fe

Guardados bajo la ley

No más bajo la ley ceremonial

Antigua dispensación

Nueva dispensación

 

Modelo enseñado por E.J. Waggoner
Los pactos: una condición del corazón
 

 CRUZ DE CRISTO 

<--------------------------- Nuevo Pacto --------------------------->

Edén <-------------------------------------------------> 2da. venida

<------------------------ Diez Mandamientos --------------------------->

<--------------------------- Antiguo Pacto ------------------------------>

   
 

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Cortesía de: www.libros1888.com

   
 

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